Comunidad Javeriana
Semblanza
Julio 29, 2026

Jaime Eduardo Bernal Villegas, maestro capaz de contagiar con el ejemplo

Por: Karem Priscila Díaz Díaz
Coordinadora de comunicación institucional, Dirección de Comunicaciones 

La Pontificia Universidad Javeriana rendió homenaje a uno de los científicos e investigadores más importantes de los últimos años, fundador del Instituto de Genética Humana de la Javeriana y líder de la Expedición Humana: el Dr. Jaime Eduardo Bernal Villegas. 

El legado del Dr. Bernal Villegas trascendió la Javeriana, la ciencia, la genética y, en definitiva, marcó la vida de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de ser sus alumnos, sus colegas y compartir la pasión por la genética. 

Ceremonia de homenaje al Dr. Jaime Eduardo Bernal Villegas

 

Estudió Medicina en la Javeriana y al hacer su Phd en la Universidad de Newcastle se convirtió en el primer médico en Colombia en tener un doctorado enfocado en la investigación científica. Cuando regresó a Colombia y a la Javeriana, tenía el firme objetivo de estudiar la diversidad genética del país, siendo este el origen de la Expedición Humana y del Instituto de Genética en 1980. 

Aquí puede ver el Ethos del Dr. Jaime Bernal Villegas 

El 28 de julio se realizó una eucaristía en la capilla El Arca de la Universidad Javeriana, donde se reunieron familiares, compañeros y amigos del doctor Bernal para rendirle un homenaje luego de su muerte ocurrida el 29 de mayo de 2026. Allí, el rector de la Universidad, P. Luis Fernando Múnera Congote, SJ, exaltó sus publicaciones sobre la expedición humana y recordó el entusiasmo con el que el padre Gerardo Arango, SJ, contaba todo lo que significaba esa gran expedición para el Dr. Villegas y para la Universidad. “La mirada, los ojos, hablaban de la genética, su persona, su curiosidad académica e investigativa, su pasión por la diversidad humana y también su vocación de maestro. Él decía que a investigar se aprende, no se enseña, sino que se contagia. Maestro capaz de contagiar con el ejemplo”, fueron las palabras que expresó el rector para recordar la esencia de Jaime Eduardo Bernal Villegas. 

Artículo relacionado: 40 años del Instituto de Genética Humana 

Al final de la eucaristía la semblanza completa sobre el Dr. Jaime Bernal la hizo el doctor Ignacio Zarante, actual director del Instituto de Genética de la Universidad. Hoy en la Javeriana, reproduce aquí el texto completo escrito por el Dr. Zarante: 

Padre Luis Fernando Múnera de la Compañía de Jesús, rector de la Pontificia Universiada Javeriana. Familiares, compañeros y amigos del doctor Bernal. Queridos expedicionarios. Miembros del Instituto de Genética, la Facultad de Medicina y de la comunidad Javeriana.  

Hay momentos en los que los cargos y los títulos pesan de una manera distinta. Hoy me corresponde hablar como director del Instituto de Genética Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, pero quizá nunca había sentido con tanta claridad que ocupó un lugar que fue imaginado, construido y entregado a las siguientes generaciones por otra persona. 

Antes de ser un Instituto, antes de tener laboratorios, profesores, investigadores, estudiantes y programas de formación, el Instituto de Genética Humana fue una convicción en la mente del doctor Jaime Bernal Villegas. La convicción de que Colombia necesitaba estudiar su propia genética, formar sus propios científicos y comprender su extraordinaria diversidad humana.  

Por eso, hoy no es fácil hablar de la ausencia del doctor Bernal. Porque no estamos despidiendo solamente a un científico destacado, a uno de los precursores de la genética médica en Colombia, a un profesor o a un gran gestor universitario. Estamos despidiendo a alguien que ayudó a fundar una parte esencial de nuestra historia y que, al hacerlo, transformó la vida de muchas personas, incluida la mía. 

Jaime Bernal fundó en 1980 la Unidad de Genética Clínica, que años más tarde se convertiría en el Instituto de Genética Humana. Desde aquellos primeros cariotipos y aquellas primeras preguntas sobre los cromosomas, la herencia y la enfermedad, construyó una comunidad académica que fue creciendo alrededor de su curiosidad, de su capacidad de convocar y, sobre todo, de su confianza en las personas. 

Tenía una cualidad poco común: lograba que las ideas inalcanzables parecieran posibles. Y tenía también esa capacidad, que muchos de quienes trabajaron con él seguramente recordarán, de convertir una pregunta en un proyecto y un proyecto en una tarea colectiva. Cuando uno venía a darse cuenta, ya estaba involucrado, ya estaba investigando y, probablemente, ya estaba tratando de responder una pregunta mucho más difícil que la pregunta inicial. Recuerdo que en uno de los primeros días de mi rural entré a su oficina y la instrucción que me dio, tomada de un papelito que tenía en su escritorio, fue que debía encontrarme con un antropólogo en un café del centro de Bogotá y allí planear con él, un viaje a la selva del Guaviare a buscar a los indígenas Nukak. Solo entendí la parte del café del centro, lo demás nunca había estado en mi léxico ni en mi mente. Sin embargo, él lo dijo con tanta naturalidad que a las pocas semanas estaba yo sentado en un “potrillo” o canoa hecha de un solo tronco, en el río Guaviare rodeado de indígenas, guerrilleros, delfines rosados y el antropólogo… 

Hoy seguramente vamos a escuchar una frase que resume buena parte de su vida: “La investigación no se enseña, se contagia”. Él la contagió. La contagió a sus estudiantes, a sus colegas, a los jóvenes investigadores y a quienes encontraron en él no solamente a un profesor, sino a alguien capaz de hacerles creer que sus preguntas valían la pena. La contagió mediante su ejemplo, porque entendía que la formación científica no ocurre únicamente en un salón de clase. Ocurre cuando un estudiante ve a su maestro dudar, preguntar, buscar evidencia, reconocer que no sabe y volver a intentarlo. 

El Instituto que hoy tengo el honor de dirigir es una demostración de que ese contagio continúa. Vive en cada estudiante que formula su primera pregunta de investigación; en cada residente que aprende a mirar con atención a un paciente; en cada profesor que acompaña generosamente a una nueva generación; en cada familia que encuentra una explicación después de años de incertidumbre y en cada investigador que comprende que detrás de una muestra, un cromosoma o una secuencia siempre hay una persona. 

 

Tenía una cualidad poco común: lograba que las ideas inalcanzables parecieran posibles. Y tenía también esa capacidad de convertir una pregunta en un proyecto y un proyecto en una tarea colectiva.  

 

La Expedición Humana fue quizá una de las expresiones más profundas de su manera de entender la ciencia. No se trataba simplemente de recorrer Colombia para recolectar muestras o describir frecuencias genéticas. Se trataba de encontrarse con el país, reconocer su diversidad, escuchar a sus comunidades y comprender que nuestra historia también estaba escrita en nuestros cuerpos, pero que ningún resultado de laboratorio podía contener por completo la dignidad, la cultura y la complejidad de un ser humano. 


Por eso resulta tan significativa otra de sus afirmaciones: “Somos lo que somos a pesar de nuestros genes, no por nuestros genes”. Esa frase, pronunciada por uno de los grandes genetistas de Colombia, contiene una lección científica, pero también una profunda declaración humanista. El doctor Bernal conocía el poder de la genética, pero también conocía sus límites. Sabía que un ser humano nunca puede reducirse a una variante, a un diagnóstico, a un riesgo o a un resultado de laboratorio. Sabía que la biología importa, pero que no explica por sí sola una vida. 

En mi propio recorrido profesional, el doctor Bernal fue una figura cercana a un padre. Tuve el privilegio de trabajar con él, de convivir en situaciones difíciles y maravillosas, de compartir preguntas sobre las anomalías congénitas y sobre las poblaciones indígenas colombianas, y de aprender de su manera de vincular la genética clínica con la realidad del país. Más que respuestas definitivas, siempre nos dejaba preguntas. Y con el tiempo he comprendido que ese es uno de los regalos más valiosos que puede dejar un verdadero maestro. 
 


Un científico puede ser recordado por sus publicaciones, por sus libros, por sus premios o por las instituciones que dirigió. La trayectoria del doctor Bernal fue excepcional en todos esos aspectos. Sin embargo, limitar su legado a una lista de logros sería no comprender su verdadera dimensión. Sus publicaciones pueden contarse; las vidas que transformó, no. Sus cargos pueden enumerarse; las vocaciones que despertó son imposibles de medir. 

Los genetistas hablamos permanentemente de herencia. Nos preguntamos qué se transmite, qué permanece y cómo algo que comenzó en una generación puede expresarse muchos años después en otra. Hoy, frente a la pérdida del doctor Bernal, esa palabra adquiere un significado diferente. 

La principal herencia que Jaime Bernal nos deja no se encuentra en un cromosoma ni puede identificarse mediante secuenciación, a excepción obviamente de Ana María, Alejandro y Luisa. Es una herencia intelectual, ética y humana. Está en nuestra manera de hacer preguntas, en la obligación de mirar al paciente antes que, al diagnóstico, en la decisión de formar a quienes vienen detrás y en el compromiso de hacer una ciencia que no se aleje de las necesidades de Colombia. 

 

 “Limitar su legado a una lista de logros sería no comprender su verdadera dimensión. Sus publicaciones pueden contarse; las vidas que transformó, no. Sus cargos pueden enumerarse; las vocaciones que despertó son imposibles de medir”. 

 

Como director del Instituto de Genética Humana, recibo esa herencia con gratitud, pero también con un profundo sentido de responsabilidad. Nuestro mejor homenaje no será solamente recordar al fundador. Será mantener vivo aquello que lo llevó a fundar este Instituto: la audacia para imaginar lo que todavía no existe, el rigor para convertir las ideas en conocimiento y la sensibilidad para recordar que la genética solo tiene sentido cuando está al servicio de las personas. 

A su familia, a Adriana, a sus amigos, a sus compañeros, quiero expresarles, en nombre del Instituto de Genética Humana y de toda nuestra comunidad, nuestro afecto y nuestra gratitud. Gracias por haber compartido con nosotros tantas horas, tantos viajes, tantas preguntas y tantos años de su vida. Sabemos que detrás de una trayectoria extraordinaria existen también ausencias, sacrificios y tiempos familiares entregados generosamente a una vocación. 
 

Ignacio Zarante, actual director del Instituto de Genética


Hoy sentimos tristeza porque Jaime Bernal no nos acompaña físicamente. Pero sentimos también una inmensa gratitud porque vivió, porque estuvo entre nosotros y porque decidió dedicar una parte fundamental de su vida a construir esta comunidad. Hoy despedimos a un hombre, pero no despedimos sus preguntas. No despedimos su manera de entender la ciencia. No despedimos el Instituto que imaginó ni la vocación investigadora que contagió a tantas generaciones. 

La edad trae muchos cambios en la vida de las personas, achaques, dolores, cambios. Pero también trae la pérdida de seres queridos y quienes me conocen saben que he perdido a personas muy importantes para mi vida. Y esa realidad hay dos maneras de verla: Entristecernos por no tenerlos a nuestro lado guiándonos en el camino o alegrarnos porque los conocimos y ahora son nuestro faro, nuestro propósito, nuestra razón de vida. Mi mente siempre tratará de responder en automático: ¿Y el Doctor Bernal que nos hubiera dicho en ese momento? 

Querido doctor Bernal: gracias por abrir el camino; gracias por enseñarnos a mirar la diversidad de Colombia con inteligencia y respeto; gracias por recordarnos que ningún gen puede contener por completo el misterio de una vida y gracias por dejarnos una institución que sigue creciendo, preguntando, enseñando y sirviendo. 

Puede descansar tranquilo. Su obra continúa en todos nosotros. 

Ignacio Zarante 

 

Experiencia laboral y reconocimientos al Dr. Jaime Bernal Villegas 
 

Director Instituto de Genética Humana, de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana. Miembro del Consejo Nacional de Biotecnología de Colciencias, rector Gimnasio Campestre, Bogotá; jefe del Programa Nacional de Ciencia y Tecnología de la Salud de Colciencias, miembro del Consejo de Regentes de Pontificia Universidad Javeriana, director de Expedición Humana de la Pontificia Universidad Javeriana, director de la Red Colombiana de Medicina Genética (PREGEN) y director de la Unidad de Genética Médica de la Universidad Javeriana. 

Entre las distinciones obtenidas se encuentran. Lawton Chiles Lecture, Lawton Chiles Centre; Medalla de Servicios Distinguidos Categoría Especial, Policía Nacional; Premio a la Vida y Obra de un Científico Colombiano., Asociaciín Colombiana de Medicina Interna; Conferencia Inaugural Congreso Latino Americano de Nutrición Clínica,Asociación Latino Americana de Nutrición Clínica; Henley International Lecture, University Of Alabama; Investigador Nacional Categoría 1, Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología Conciencias; Orden Francisco Hernández, Panamerican Federation of Medical Schools; Conferencia Inaugural Congreso Colombiano de Medicina Interna, Asociación Colombiana de Medicina Interna; Conferencia Inaugural Congreso Latino Americano de Medicina Nuclear, Asociación Latino Americana de Medicina Nuclear; Premio a la Vida y Obra de un Ex-alumno de la Gran Bretaña, Asociación de Ex-alumnos de la Gran Bretaña.