Articulo: La paz nos llama nos mueve nos une una semana para escuchar - Hoy en la Javeriana
La paz nos llama, nos mueve, nos une: una semana para escuchar, recordar y construir
Por: Melissa De La Hoz P.
Periodista Dirección de Comunicaciones
Del 7 al 12 de septiembre, cerca de 80 actividades reunieron a estudiantes, profesores, colaboradores, egresados y distintos actores sociales alrededor de una misma pregunta: ¿cómo seguir construyendo paz en un país que todavía enfrenta las consecuencias de décadas de violencia?
Bajo el lema “La paz nos llama, nos mueve, nos une”, la XXXIX Semana por la Paz 2026 propuso distintas maneras de acercarse a esta conversación. Hubo encuentros interreligiosos e interculturales, talleres de memoria, conversaciones sobre la implementación del Acuerdo Final, espacios con víctimas y organizaciones sociales y diálogos sobre experiencias territoriales de reconciliación.
Más que una agenda de actividades, la Semana permitió poner en común distintas formas de entender la paz. Para el padre Juan Enrique Casas Rudbeck, SJ, vicerrector del Medio Universitario, las palabras que atravesaron esta experiencia fueron “sentido, conexión y trascendencia”: escuchar el llamado de la paz, reconocer aquello que nos conecta con las historias de otros y comprender que la construcción de paz requiere una mirada que vaya más allá de los intereses individuales.
Una paz que comienza en nosotros
La apertura de la Semana por la Paz estuvo acompañada por un encuentro interreligioso e intercultural, que se llevó a cabo en el auditorio Alfonso Quintana, en el que representantes de diferentes tradiciones espirituales compartieron sus perspectivas sobre la paz.
Para Dairo Jácome, monje budista de la escuela Soto Zen, la violencia puede entenderse como una expresión del sufrimiento humano. Desde la perspectiva budista, habló de tres elementos que alimentan ese sufrimiento: la ira, la codicia y la ignorancia. Frente a ellos, propuso prácticas orientadas a reconocer la interdependencia, comprender al otro y transformar la manera en que nos relacionamos.
Entre los eventos académicos enfocados en paz que se desarrollaron en este contexto estuvo el 8.º Foro Mundial de Aprendizaje a lo Largo de la Vida, donde el padre Francisco de Roux, SJ, fue uno de los conferencistas principales.
El padre de Roux planteó que el desarrollo de la inteligencia artificial representa enormes posibilidades, pero también obliga a preguntarse qué es aquello que hace propiamente humana a una persona. Habló del amor, la sensibilidad ante la belleza, la libertad, la pasión y la sabiduría como dimensiones que no pueden reducirse a una herramienta tecnológica.
Su llamado fue a que la tecnología permanezca al servicio de las personas y no al contrario. Una preocupación que encuentra eco en las propias reflexiones del papa León XIV, quien ha señalado que el potencial de la inteligencia artificial requiere responsabilidad y discernimiento para orientarlo al bien de todos.
Para el padre de Roux, esa humanidad también se cultiva a lo largo de la vida. Recordó su formación en la tradición jesuita, el valor del silencio, la filosofía, la literatura, la historia y las humanidades, y su experiencia acompañando comunidades afectadas por el conflicto armado.
Su recorrido por el Magdalena Medio, su trabajo con organizaciones sociales y su participación en la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición le permitieron escuchar durante años a víctimas y responsables de distintos hechos de violencia. Desde esa experiencia: “Todo lo que la guerra toca, lo daña”. Y por eso, sostuvo que las universidades tienen una responsabilidad particular: “generar espacios de diálogo, comprender las raíces de los conflictos y contribuir a construir condiciones para la convivencia y la reconciliación”.
Recordar también es una forma de construir paz
La memoria también tuvo un lugar central durante la Semana por la Paz. Uno de los espacios que permitió vivirla fue “Mujeres con las botas bien puestas”, en el edificio de Artes de la Javeriana, un taller realizado con integrantes de MAFAPO, la organización de Madres de Falsos Positivos de Colombia.
Allí, estudiantes de diferentes carreras pintaron botas como una forma de acercarse a las historias de las madres y a los procesos de memoria que han construido durante años.
Nicolás Andrés Flórez, estudiante de Derecho, decidió escribir en su bota: “Enséñame el calor que da el perdón”. Lo hizo después de escuchar sobre los procesos de perdón emprendidos por algunas de las víctimas.
Para Nicole Carranza, estudiante de Relaciones Internacionales: "Estos espacios son importantes, porque permiten conocer aspectos de la historia del país que no siempre han tenido el mismo lugar en los procesos educativos". Su mensaje a las madres fue: “Las vemos”.
David Leonardo Murcia, estudiante de Psicología, también se refirió al proceso de perdón. "Lo que más me llamó la atención fue la posibilidad de que quienes han sufrido pérdidas tan profundas puedan emprender caminos de transformación sin renunciar a la memoria".
La estudiante Sofía Claros Palechor, también de Psicología, llevó esa reflexión a su propia historia. Nacida en Caquetá, habló de la importancia de acercarse desde la Universidad a realidades que han marcado a distintas regiones del país. En su bota escribió “El sentido de vivir es amar” y representó, a través de imágenes de tierra, fuego, corazones y cielo, la idea de transformar el dolor.
“La paz la hacemos desde nosotros, desde nuestro interior y la proyectamos hacia los demás”, Dairo Jácome, monje budista de la escuela Soto Zen
"Las cifras ayudan a dimensionar la magnitud de aquello que estas acciones de memoria buscan recordar. En 2021, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) estableció un universo provisional de al menos 6.402 personas muertas ilegítimamente y presentadas como bajas en combate entre 2002 y 2008. En 2026, la Jurisdicción informó que amplió el periodo de análisis del Caso 03, de 1990 a 2016, y la cifra reportada pasó a 7.837 víctimas", expresó Jacqueline Castrillo presidente de MAFAPO.
La paz después de la firma
Una de las conversaciones desarrolladas durante la Semana por la Paz estuvo dedicada a la implementación del Acuerdo Final en Bogotá. Humberto Librado, director del Departamento de Ciencias Políticas, planteó que “la construcción de paz no termina con la firma del Acuerdo Final, por el contrario, empieza desde allí una tarea mucho más compleja y profunda, que es la de convertir lo acordado en transformaciones reales para las personas y las comunidades”.
En su intervención, Librado señaló que el décimo aniversario de la firma del Acuerdo constituye una oportunidad para reconocer los avances, pero también para reflexionar sobre los retos que persisten y sobre aquello que todavía es necesario hacer para que la implementación se traduzca en “derechos, oportunidades, seguridad y dignidad”.
El director de la Carrera propuso, además, ampliar la mirada sobre la implementación del Acuerdo y preguntarse qué significa este proceso para una ciudad como Bogotá. Recordó que la capital ha recibido durante décadas a personas y familias desplazadas por la violencia y señaló que también es escenario de procesos de reincorporación.
En este contexto, destacó que en Bogotá hay cerca de 764 firmantes de paz que adelantan su proceso de reincorporación y explicó que detrás de esta cifra hay “personas, familias, proyectos productivos, procesos de formación, apuestas comunitarias y en general ciudadanos que han tomado la decisión de construir una nueva vida”.
Uno de los retos que identificó fue la estigmatización. “Reincorporarse no significa únicamente acceder a esa oferta institucional o desarrollar un proyecto productivo”, afirmó. También implica “poder ser reconocido como ciudadana, como ciudadano, acceder a oportunidades laborales, reconstruir vínculos sociales y participar en la vida comunitaria, así como construir un proyecto de vida sin ser permanentemente definido o definido exclusivamente por el pasado”.
Para Humberto Librado, abordar estos desafíos requiere fortalecer los vínculos entre “las instituciones, la academia, las organizaciones sociales, los liderazgos territoriales y la ciudadanía”. Por eso, planteó que el encuentro debía ser, ante todo, “un espacio de comprensión, diálogo y proyección”.
Casa 11: memoria, reconciliación y futuro
La Semana por la Paz tuvo como protagonista a Casa 11, Memoria, Reconciliación y Futuro, una iniciativa de la Asociación de Víctimas Hijos de la Verdad, de Toluviejo, Sucre, que fue presentada en la Javeriana en un encuentro organizado conjuntamente por el Instituto de Derechos Humanos y Construcción de Paz Alfredo Vásquez Carrizosa y la Fundación Compaz.
El espacio contó con la participación de Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia y Premio Nobel de Paz; Paula Gaviria, directora general de la Fundación Compaz; Dag Nagoda, embajador de Noruega; Margarita Flórez representante legal de la Asociación de Víctimas Hijos de la Verdad; y Elías Mejía, líder juvenil de Toluviejo y gerente de Casa O11ce, entre otros invitados.
En sus palabras de bienvenida, el rector Luis Fernando Múnera Congote, SJ, explicó que la experiencia de Casa O11ce permite plantear una pregunta sobre la construcción de paz: “¿Cómo hacer sostenible un proyecto de reparación o restauración?”.
El rector señaló que la experiencia surgió de procesos de reconocimiento de verdad y responsabilidad ante la Jurisdicción Especial para la Paz y que la iniciativa busca dignificar la memoria de 11 jóvenes asesinados y, al mismo tiempo, generar oportunidades y medios de vida para sus familias y su comunidad.
Múnera explicó que la sostenibilidad de estos procesos tiene varias dimensiones: “Es social y comunitaria porque requiere aprobación y participación de las comunidades. Es económica porque estos proyectos generan ingresos para las comunidades y es también una sostenibilidad de la memoria porque mantiene el sentido restaurativo y reparador que dio origen a esta iniciativa”.
Igualmente, señaló que esta responsabilidad no puede recaer únicamente en las víctimas y las comunidades. “Requiere compromiso del Estado, de la cooperación internacional, del sector privado, de la academia y de la sociedad en su conjunto”, afirmó.
Para la Universidad, agregó, el encuentro representa una oportunidad para “escuchar y aprender de las experiencias que se construyen en los territorios” y para contribuir a comprender estos procesos, acompañarlos críticamente y generar conocimiento que permita fortalecer las capacidades de las comunidades y las instituciones.
Durante el conversatorio, Juan Manuel Santos preguntó a Margarita Flórez qué significaba para ella ver Casa O11ce funcionando después de los hechos de violencia que marcaron a su comunidad. A lo cual ella respondió: “Casa O11ce es un sueño hecho realidad, un propósito de vida”.- Recordó el acompañamiento recibido durante años por distintas organizaciones y explicó que la iniciativa pasó de ser un conjunto de documentos y sueños a convertirse en una realidad.











