Institucional
Medio ambiente
Agosto 3, 2026

Los 450 árboles que dejó la Asamblea IAJU para el cuidado de la casa común

Por: Equipo de comunicación
Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Interinstitucionales 

La Javeriana, como universidad anfitriona de la IAJu en 2025, compensó la huella de carbono sembrando 450 árboles de 29 especies en Armero, Tolima, un proyecto que ahora sirve también como espacio de investigación. 

Hace un año, durante la Asamblea Internacional de Universidades Jesuitas (IAJU), la Pontificia Universidad Javeriana asumió un compromiso que iba más allá de ser anfitriona de un encuentro mundial: responder al llamado de la Compañía de Jesús para convertir el cuidado de la casa común en una acción concreta. En un contexto marcado por el desafío del cambio climático, la Universidad entendió que este compromiso debía traducirse en acciones que reflejaran su misión educativa y su responsabilidad ambiental. 

Vicerrector del Medio Universitario Juan Enrique Casas Rudbeck, S.J.


Durante la Asamblea, que reunió en Bogotá a los rectores y representantes de más de 180 universidades jesuitas del mundo para reflexionar sobre los desafíos de la educación superior, el padre Arturo Sosa, SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, invitó a las instituciones a asumir el cuidado de la casa común como un compromiso transversal de su misión universitaria. En su mensaje de apertura señaló que: "Esto implica ir más allá de oficinas de sostenibilidad o programas de investigación e integrar el cuidado de nuestra casa común en todas las dimensiones de la vida universitaria: nuestros planes de estudio, nuestras operaciones, nuestro compromiso comunitario y la formación de los estudiantes". 

La Javeriana decidió responder a ese llamado con una iniciativa que trascendiera la compensación ambiental y reflejara, desde la práctica, los principios de la ecología integral. Hoy ese compromiso se materializa en un proyecto de restauración ecológica desarrollado en Armero (Tolima), donde la Universidad convirtió la compensación de la huella de carbono de la IAJU en una oportunidad para hacer investigación, formación y servicio. 

La Javeriana optó por sembrar más de 450 árboles de 29 especies, sobre 0,5 hectáreas, con una compensación estimada de 1.282.966 kg de CO₂, privilegiando especies nativas y frutales que favorecen la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la recuperación de la cobertura arbórea. 

La siembra se hizo en la finca Santa Cruz, en Armero (Tolima), una zona de bosque seco tropical transformada durante décadas por actividades agrícolas y ganaderas. El lugar fue elegido no solo por sus condiciones ecológicas, sino también por las condiciones sociales y el compromiso de la comunidad que hoy acompaña el cuidado permanente del proyecto.  

Finca Santa Cruz, en Armero (Tolima)


Por su parte, la selección de especies respondió al propósito de generar beneficios ambientales, sociales y económicos, reafirmando que las acciones en favor del ambiente pueden entenderse como inversiones de largo plazo para los territorios y las comunidades. 

"Más que árboles aislados, buscamos restablecer coberturas arbóreas diversas", señala Carlos Devia, profesor del Departamento de Ecología y Territorio de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales. "Así se recuperan funciones ecológicas como la provisión de alimento para la fauna, la regulación hídrica y la recuperación de un ecosistema que alguna vez existió en esta región". 

La siembra de los árboles articuló la restauración ecológica con la investigación, la formación de estudiantes y el trabajo con las comunidades. Además, permitió que la compensación trascendiera la captura de carbono para generar beneficios adicionales como la recuperación de la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la restauración de funciones ecológicas, en coherencia con los principios de la ecología integral promovidos por Laudato Si'. 

 

 Por su parte, la selección de especies respondió al propósito de generar beneficios ambientales, sociales y económicos, reafirmando que las acciones en favor del ambiente pueden entenderse como inversiones de largo plazo para los territorios y las comunidades. 

 

“Lo más fácil hubiese sido pagar por bonos de carbono; sin embargo, optamos por desarrollar una acción propia, con la posibilidad de verificar sus resultados e incorporar beneficios adicionales a la captura de carbono”, explica Carlos Devia. 
 

Restaurar un ecosistema 

Con el paso de los meses, el proyecto trascendió la restauración ecológica para convertirse en un laboratorio vivo de aprendizaje. Estudiantes de la asignatura Estudios de Vegetación visitaron el predio para medir el crecimiento de los árboles, identificar las especies y generar información utilizada posteriormente en actividades académicas e investigación. Más que una salida de campo, la experiencia permitió comprender que restaurar un ecosistema exige observación, conocimiento científico y un compromiso permanente con el territorio. 

Para Carlos Devia, esa es una de las mayores fortalezas del proyecto: “La acción realizada en Armero propicia espacios efectivos para la investigación, la docencia y el servicio, además de fortalecer las relaciones entre diferentes obras de la Compañía de Jesús”. 

Más allá del proyecto de restauración, la Asamblea dejó instalada una reflexión sobre el papel que pueden desempeñar las universidades jesuitas frente a la crisis ambiental y sobre la necesidad de incorporar la ecología integral en las decisiones cotidianas de la vida universitaria. Al compensar la huella de carbono de este encuentro internacional, esta iniciativa demuestra que las universidades pueden transformar una reflexión en acciones concretas con impacto ambiental, académico y social. Ese es uno de los legados que dejó la Asamblea IAJU en la Javeriana: entender que el cuidado de la casa común no constituye un esfuerzo paralelo a la misión universitaria, sino una manera de vivirla y proyectarla hacia el futuro. 

El reto, concluye Carlos Devia, no consiste únicamente en desarrollar nuevas iniciativas ambientales, sino en fortalecer una cultura institucional de reflexión y toma de decisiones informadas que permita avanzar hacia acciones con impactos verificables. “Cuando lo ambiental se incorpora desde el principio, deja de ser un requisito y se convierte en una manera de hacer las cosas”.