Editorial
Planeación
Mayo 14, 2026

Ser ecosistema: conexiones y vínculos que nos proyectan

Luis Fernando Múnera Congote, SJ
Rector de la Pontificia Universidad Javeriana

Las universidades se constituyen en espacios de sentido y construcción intergeneracional de futuros posibles. 

Un vibrante primer periodo académico transcurre en nuestra Universidad, en un año 2026 que inició con fuertes movimientos geopolíticos, una guerra en Medio Oriente con impacto global, el crecimiento simultáneo del optimismo y la ansiedad frente a la Inteligencia Artificial e importantes desafíos en el escenario electoral de nuestro país, propiciando con ello un ambiente generalizado de inquietud. 

Se observan signos que están marcando la vida de las personas como el repliegue hacia círculos pequeños de confianza, la sensación de fragilidad, el cansancio político y emocional, así como la exploración de mecanismos para hacer frente a las múltiples dimensiones de la incertidumbre. También hay señales que muestran una búsqueda de comunidad en medio de la fragmentación, el miedo y la sensación de que todo parecería estar perdido, lo que evidencia la necesidad de conjugar opciones individuales con espacios de pertenencia, cuidado, conversación, sentido y acción común. 

En paralelo vemos un panorama dinámico de organizaciones sociales, redes de cuidado, proyectos territoriales, escenarios de colaboración en las ciencias y las artes, articulaciones de sectores productivos y encuentros multilaterales, en el que las universidades se constituyen en espacios de sentido y construcción intergeneracional de futuros posibles. 

En la Universidad Javeriana convergen la fuerza de las personas, sus preocupaciones y sus proyectos de vida, con aquello que se construye y moviliza en conjunto como misión institucional y propósito superior. Por ello, esos futuros posibles están directamente relacionados con la idea de Universidad que tenemos y proyectamos como comunidad educativa. 

Resulta estimulante constatar que nuestras capacidades, individuales y colectivas, están dando vida a la planeación institucional 2025-2030. Esta tarea se construye desde lo que somos y hacemos cada día, desde nuestros roles como profesores, estudiantes, administrativos o directivos de la Universidad, y desde los vínculos que propiciamos. 

Recordemos que, con la planeación, vamos delineando una idea de Universidad que transforma en clave de fraternidad y reconciliación, y que traza caminos ante retos exigentes: habitar con sentido crítico un entorno cambiante, marcado por los nuevos paradigmas de la relación entre lo humano y lo digital; conocer y escuchar a los estudiantes, acompañándolos en la construcción de un futuro esperanzador desde una promesa de formación integral que se hace realidad; asumir una visión comprensiva de la sostenibilidad institucional; y avanzar hacia una gestión del conocimiento con impacto significativo. 

Hoy en la Javeriana es un espacio de encuentro propicio para que, juntos, avancemos en la comprensión y apropiación de las cuatro megas que nos impulsan y congregan en este periodo de nuestra historia. En este Editorial de mayo, invito a profundizar en el Ecosistema Javeriano de Conocimiento y Formación Integral, así como en las preguntas, reflexiones y acciones que este ha suscitado en nuestras conversaciones y en los espacios donde co-construimos Universidad. 

¿Qué es ser ecosistema y cómo opera un ecosistema? ¿Qué implica, a su vez, ser un ecosistema de conocimiento y formación integral, como es nuestro caso? Si hago parte de este ecosistema, como integrante de la comunidad javeriana, ¿cómo me nutro de él y cómo lo alimento? Y si este ecosistema se caracteriza, además, por su capacidad innovadora y empática, así como por su disposición a responder a retos locales y globales mediante el desarrollo adaptativo de interrelaciones flexibles que conectan personas, procesos y actividades, ¿qué implicaciones tiene para mi proyecto de formación, para mi trayectoria como profesor o para mi desempeño en la gestión?  

 

 Esta tarea se construye desde lo que somos y hacemos cada día, desde nuestros roles como profesores, estudiantes, administrativos o directivos de la Universidad, y desde los vínculos que propiciamos. 

 

Los ecosistemas nos convocan, en esencia, porque nos hablan de conexiones, vínculos, pertenencia y sentido. En nuestra vida universitaria, esto supone asumir la opción decidida de conectar ideas, sueños, procesos, aprendizajes, experiencias, personas, grupos, investigaciones, semilleros, proyectos y búsquedas de soluciones. Todo ello, en un mundo que nos llama a ser flexibles y a disponernos al cambio permanente, sin perder la solidez que nace del compromiso con la calidad y la generación de conocimiento. 

Si miramos por el retrovisor los cuatro meses transcurridos de este año 2026, podremos hacer el ejercicio de ir encontrando señales de un escenario universitario en el que el conocimiento no está fragmentado, en el que no actuamos como compartimentos, en el que nuevas conexiones van movilizando esa idea de una Universidad que proyecta una tradición educativa de más de 400 años, al tiempo que se dispone a celebrar, en 2030, el centenario de su Restablecimiento. 

El 2030 será una fecha propicia para reconocer cómo la innovación, la flexibilidad y la adaptabilidad académicas, las nuevas capacidades pedagógicas, la investigación con impacto y una oferta académica diversa, de calidad, contextualizada, sostenible y pertinente se consolidaron como claves para responder a un entorno educativo cambiante y desafiado. Será, también, una ocasión para dar cuenta de cómo la inclusión y la adaptabilidad contribuyeron en estos años a lograr transformaciones sociales y a consolidar un modelo que articula, de forma coherente y adaptativa, la formación de personas, la generación de conocimiento, la investigación, la innovación, la creación y la proyección social de la Javeriana. 

Sigamos pensando con profundidad y rigor; creando con audacia; colaborando y articulándonos; aprendiendo a aprender; y encontrándonos para comprender, discernir y actuar con esperanza.