Editorial: Un pronombre que erosiona la vida en comun - Hoy en la Javeriana
Un pronombre que erosiona la vida en común
Por: Luis Fernando Múnera Congote, SJ.
Rector Pontificia Universidad Javeriana
Como observadores críticos que somos de la realidad hay fenómenos que llaman nuestra atención y nos invitan a profundizar en ellos, a estudiarlos y a analizar sus implicaciones para la vida en sociedad.
El pronombre “ellos” ha ganado un lugar recurrente en la conversación social y política de nuestro país. Nos hemos habituado a escuchar expresiones como “ellos son los culpables”, “ellos quieren destruir”, “ellos van a imponer”, “ellos generan caos”, “con ellos no se puede construir”, “ellos solo defienden sus intereses”, “ellos son el problema de Colombia”.
¿Qué ocurre con una sociedad cuando “ellos” comienza a ser utilizado para explicar, juzgar o excluir a otros; para marcar distancia, profundizar las diferencias e imposibilitar el encuentro; y, además, para condensar adversarios, temores, agravios, amenazas y desconfianzas como lo pudimos constatar en el reciente proceso electoral?
Se trata de un asunto importante si nos planteamos, como lo hacíamos en un reciente editorial de Hoy en la Javeriana, una pregunta esencial: ¿cómo queremos vivir juntos? Y, a partir de ella, otra: ¿qué está dispuesto a hacer cada uno desde sus espacios de influencia para que Colombia no pierda la posibilidad de reconocerse como una sociedad capaz de convivir, deliberar y dar forma a un proyecto común?
El sueño de construir juntos, como decía el papa Francisco, parece cada vez más difícil en medio de las sombras de un mundo cerrado en el que se debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Precisamente por eso, son la riqueza y la belleza de las semillas de la vida en común, como él señalaba, las que deben movilizarnos incluso en los momentos de mayor dificultad o fragmentación.
Si nos aproximamos a este fenómeno desde los estudios del lenguaje, la psicología social, la filosofía política o la historia de nuestro país encontramos valiosas claves para entenderlo y preguntarnos cómo, desde la Universidad, podemos abrir caminos de transformación.
Estudiar la dinámica de los pronombres personales en el discurso político, por ejemplo, permite observar cambios en las relaciones entre líderes, ciudadanía y oposición; identificar cómo se puede pasar discursivamente del adversario al enemigo, advertir cómo los pronombres refuerzan la cercanía con quienes consideramos parte de nuestro grupo y la distancia frente a quienes situamos fuera de él, y evidenciar cuándo esa distancia empieza a parecer irreversible.
El “ellos” no solamente separa, también simplifica. El lenguaje polarizador más eficaz puede instalarse en expresiones aparentemente cotidianas: “nosotros protestamos; ellos generan caos”, “nosotros tenemos convicciones, ellos están ideologizados”. “Ellos” puede ser tan poderoso que convierte a personas bien distintas en un sujeto colectivo al que atribuimos una sola caracterización.
El problema, por supuesto, no está en el pronombre mismo. Aparece cuando “ellos” deja de señalar una diferencia y comienza a contener por sí solo una explicación completa del otro.
Recordemos qué pasó con el lenguaje en nuestro país cuando en el plebiscito de 2016 el “sí” y el “no” dejaron de designar solamente posiciones sobre los acuerdos de paz y comenzaron a nombrar también, en muchos casos, la valoración moral de quien estaba en una u otra orilla. Así puede comenzar a operar la polarización afectiva: además de discrepar sobre políticas o decisiones desarrollamos sentimientos de desconfianza, rechazo o aversión por quienes pertenecen al grupo contrario, con el riesgo de pasar de una distancia política a una distancia existencial.
El “ellos” no solamente separa, también simplifica. El lenguaje polarizador más eficaz puede instalarse en expresiones aparentemente cotidianas: “nosotros protestamos; ellos generan caos”, “nosotros tenemos convicciones, ellos están ideologizados”. “Ellos” puede ser tan poderoso que convierte a personas bien distintas en un sujeto colectivo al que atribuimos una sola caracterización.
Nuestra responsabilidad como Universidad es contribuir a comprender qué ocurre cuando las palabras con las que nombramos nuestras diferencias comienzan a hacer más difícil reconocernos como parte de una misma sociedad. El momento es propicio para preguntarnos cómo podemos superar las fronteras discursivas que la campaña electoral requirió y exacerbó ahora que estamos llamados a trabajar con mirada de largo plazo en aquello que puede unirnos como país.
El reciente terremoto, en medio del dolor y la destrucción, nos abrió a otras posibilidades de encuentro y sentido de lo común. La solidaridad atravesó desde grupos populares que se sumaron a las cuadrillas de rescate hasta empresas que se comprometieron con millonarias ayudas, pasando por profesionales, estudiantes y cientos de personas que aportaron desde sus propias posibilidades. El sentido de común humanidad, la sensibilidad y la compasión nos hablan de una sociedad donde también es posible caminar juntos. De repente, así fuera por unos días, el pronombre “ellos” dejó de fragmentarnos como sociedad.
La Universidad Javeriana tiene la oportunidad y la responsabilidad de aportar conocimiento, argumentos, diversidad de saberes y perspectivas a ese propósito de reconocernos como sociedad plural capaz de fortalecer la dimensión comunitaria de la existencia, así como a hacer conciencia sobre el poder del lenguaje en la construcción de realidades.











