Editorial: Universidad y sociedad: una relación que nos transforma - Hoy en la Javeriana
Universidad y sociedad: una relación que nos transforma
Por: Luis Fernando Múnera Congote SJ
Rector Pontificia Universidad Javeriana
Hay momentos de la historia en los que una universidad debe volver sobre algunas de las preguntas que definen su lugar en la sociedad. Para una comunidad educativa como la nuestra, este es uno de ellos: ¿qué presencia necesita hoy la sociedad de una universidad como la Javeriana?, ¿qué nos demanda para contribuir a transformar realidades con sentido, esperanza, conocimiento, cuidado y responsabilidad pública?, ¿qué necesitamos fortalecer para responder con rigor, criterio y sensibilidad a esas demandas?
En medio de los cambios constantes que experimentan el mundo y nuestro país, necesitamos comprender también cómo es percibida la Javeriana por quienes la conformamos y por sus grupos de interés. Las Jornadas de Reflexión Universitaria son un espacio privilegiado para hacerlo: expresan una cultura académica participativa y autorreflexiva, generan pensamiento universitario y enriquecen nuestra experiencia institucional.
En 2026 fuimos invitados a pensar juntos qué universidad necesita una sociedad en constante cambio. Estudiantes, profesores, egresados, administrativos y directivos de Javeriana Bogotá y Javeriana Cali nos reunimos alrededor de interrogantes de fondo. Una y otra vez, la conversación volvió al vínculo con el país, las personas, los territorios, las organizaciones, el Estado, así como a las transformaciones que interpelan nuestras maneras de formar, investigar y relacionarnos.
Nos preguntamos qué implica sostener un corazón que escucha, una mirada que anima y una inteligencia que discierne; cómo integrar un conocimiento intelectualmente riguroso y profundamente humano para servir mejor a la sociedad; y qué capacidades debemos consolidar o construir ante los desafíos emergentes.
Durante estos días tuvimos muy presente al país y a nuestra Seccional Cali, golpeados por el terremoto del 10 de agosto. La palabra y el testimonio de nuestros compañeros de Cali nos permitió encontrarnos con esta realidad y expresar nuestra solidaridad y compromiso.
La Jornada nos permitió, además, recorrer la entrañable y sugerente exposición “Ventanas de la memoria agradecida”: 36 instalaciones narrativas creadas por facultades y unidades que reúnen objetos, imágenes, textos y otros elementos significativos para representar trayectorias, aprendizajes y huellas de las múltiples formas en que la Universidad ha servido al país y a la sociedad. Al observarlas aparece con fuerza la construcción de país como posibilidad y responsabilidad. Allí están personas, proyectos que han trascendido y una historia construida con compromiso y sentido de pertenencia. Pero también se hacen visibles las tensiones entre lo que ocurre afuera y adentro, entre los ritmos de la Universidad y los de una sociedad que cambia cada vez más rápido.
La voz de los 150 participantes ofreció respuestas y abrió nuevos interrogantes. Ese discernimiento en común, centrado en la relación entre la Universidad y la sociedad, no se agota en esta Jornada, sino que debe ampliarse a otros espacios de nuestra vida universitaria.
Sostener un corazón que escucha, una mirada que anima y una inteligencia que discierne significa mantenernos abiertos y vinculados con las personas y la sociedad, adaptándonos a los cambios sin perder aquello que da sentido a nuestra identidad: el cuidado, la fraternidad, el diálogo de saberes y la transformación social. Uno de nuestros mayores retos es armonizar la rapidez de las transformaciones con el tiempo necesario para escuchar, detenernos y comprender la realidad con rigor y profundidad.
Escuchar exige atención a los cambios culturales, sociales y tecnológicos, prestando atención a los procesos humanos que les dan sentido. Supone comprender las urgencias del presente y los horizontes del futuro, considerando con realismo las condiciones que hacen posible la continuidad de la misión universitaria.
Mirar hacia atrás nos permitió reconocer las huellas de quienes han construido la Universidad; mirar alrededor, a las personas y realidades que hoy la interpelan; y mirar hacia adelante, imaginar qué sociedad nos llama a seguir construyendo. Hacer universidad significa no olvidar que detrás de cada proyecto, conocimiento y decisión hay personas y una responsabilidad compartida de poner todo ello al servicio de algo que nos trasciende como individuos y como institución.
Integrar conocimiento riguroso con una perspectiva profundamente humana significa no olvidar la excelencia del conocimiento como compromiso fundamental. Pero también exige fortalecer la confianza, la sensibilidad y la empatía. Integrar lo humano no consiste únicamente en resolver necesidades, sino en comprender qué significa nuestra acción para quien la recibe y cómo se relaciona con el amar y el servir. El rigor nos permite comprender y actuar con responsabilidad; lo humano nos recuerda para quién, para qué y con quién hacemos lo que hacemos.
Integrar lo humano no consiste únicamente en resolver necesidades, sino en comprender qué significa nuestra acción para quien la recibe y cómo se relaciona con el amar y el servir.
El trabajo interdisciplinario, articulado con problemas reales, revela una tensión valiosa: la Universidad tiene el privilegio de pensar despacio, mientras la sociedad y el Estado exigen respuestas inmediatas. Ante esa tensión, ¿cómo aportamos, desde el sello javeriano, al discernimiento y a la toma de decisiones de los distintos actores del Estado y de la sociedad? Sosteniendo una mirada simultánea hacia adentro y hacia afuera, anclada en el propósito superior de la Universidad y en una perspectiva humanista, solidaria y sostenible.
No partimos de cero. Debemos concretar aún más el encuentro entre disciplinas y saberes, fortalecer la empatía, la flexibilidad y el discernimiento, y evitar respuestas instrumentales. Necesitamos profundizar el trabajo con los territorios y con otros sectores propiciando vínculos sostenibles entre estudiantes, profesores, grupos sociales, organizaciones, Estado y sector empresarial; fortalecer nuestra capacidad para anticiparnos a los problemas; ganar plasticidad en contextos cambiantes; y comprender cómo el desarrollo y la cultura digital están modificando las necesidades, expectativas y formas de relacionarse de los jóvenes y la sociedad.
De nuestras conversaciones emergieron capacidades fundamentales para continuar el camino: profundizar la escucha de la sociedad y de los territorios afinando nuestra habilidad para identificar y comprender las preguntas emergentes antes de apresurarnos a responder; integrar cada vez más el conocimiento con el impacto positivo que puede generar; consolidar una cultura de colaboración interdisciplinaria capaz de articular saberes diversos para afrontar problemas complejos; fortalecer la comunidad universitaria como espacio de confianza, corresponsabilidad y diálogo; e innovar sin renunciar a nuestra identidad, adaptando métodos, lenguajes y formas de actuación a los nuevos tiempos.
La Universidad que queremos, en salida para el mundo, nos exige proyectar de manera más consistente las capacidades de nuestro calificado cuerpo profesoral y de nuestra infraestructura física y tecnológica. Los desafíos de la sociedad nos planean la necesidad de superar esfuerzos aislados y construir apuestas institucionales capaces de integrar disciplinas, capacidades y experiencias. En ese marco, la investigación y la innovación encuentran sentidos renovados cuando dialogan con una agenda de país y cuando el conocimiento riguroso, fundado en la ética, se convierte en una herramienta para comprender la realidad, abrir posibilidades y contribuir a transformarla.
Transformar exige también estar dispuestos a transformarnos. El desarrollo digital, las nuevas formas de producir y compartir conocimiento y las nuevas expectativas sociales abren oportunidades que debemos asumir, custodiando siempre lo profundamente humano de nuestro proyecto educativo e integrando de decidida manera la perspectiva del medio universitario en todo nuestro quehacer.
La Javeriana no es una realidad externa a quienes la constituimos. Es una comunidad organizada alrededor de una misión, llamada a dejarse interpelar por la sociedad y, al mismo tiempo, a interpelarla. Cuidar esa relación significa salir al encuentro, construir con otros y hacerlo sin perder aquello que nos define: ser, ante todo, Universidad.











