Especial del papa
Legado
Mayo 23, 2025

Otra comunicación es posible y necesaria

Marisol Cano Busquets
Asesora del Rector

El papa Francisco imaginó una comunicación que fuera capaz de hacernos compañeros de camino, de hablar al corazón, de apostar por la belleza y la esperanza, y de generar compromiso, empatía e interés por los demás. “Sueño con una comunicación que no venda ilusiones o temores”, escribió tres meses antes de su muerte[i].

El pensamiento del papa Francisco sobre la comunicación es rico y diverso, así como son múltiples las reflexiones que se entrecruzan e interconectan con los grandes asuntos y preocupaciones que marcaron su visión del mundo. Leer encíclicas como Laudato Si´ o Fratelli Tutti en clave comunicativa abre nuevos horizontes para ampliar, aún más, el sentido de un legado que no solo es de ideas sino, en esencia, para la acción en este cambio de época que vivimos.

Podríamos afirmar que acuñó dos conceptos que logran una síntesis reveladora: “rapidación” y “algorética”. El vértigo que produce la velocidad del mundo digital y de los cambios tecnológicos ha transformado nuestros estilos de vida y puede encarcelar la existencia, tal como lo planteó en la presentación del Pacto Educativo Global. La Inteligencia Artificial, a su vez, se ha ido convirtiendo en parte integral de nuestras vidas, de ahí la urgencia que sus programas y los algoritmos se diseñen y operen de tal manera que respeten y promuevan valores éticos universales y garanticen la protección de la dignidad humana, la justicia y la equidad, un llamado que hizo el papa Francisco en su discurso en la cumbre del G7 de 2024, en el que profundizó en la “algorética” como un marco esencial ante estas contundentes realidades.

El entorno digital y las nuevas formas de comunicarnos pueden “herir o acariciar”. Al papa Francisco le interesó siempre observar las tensiones y las posibilidades, aportar argumentos, despertar sensibilidades e invitar a actuar y a transformar. Desde su perspectiva, otra comunicación es posible y necesaria en nuestro mundo.

Propuso desarmar la comunicación porque hoy la palabra se utiliza como puñal. Habló de una comunicación no hostil, despojada de estrategias para diseminar informaciones falsas o deformadas hábilmente para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir, a sembrar desesperación, prejuicio, rencor, fanatismo y odio. Manifestó su preocupación por la desinformación y la polarización, que perjudican gravemente a la sociedad y a la dignidad humana, y se preguntó si hablar con el corazón podría ser un mecanismo para contrarrestarlas.

 

 Habló de una comunicación no hostil, despojada de estrategias para diseminar informaciones falsas o deformadas.

 

Sus exhortaciones no se dirigieron solo a los profesionales de la comunicación sino a todos aquellos que hoy tienen la posibilidad de expandir sus pensamientos y sus emociones ─muchas veces sin los mínimos marcos de la ética comunicativa─, para señalar la urgencia de no utilizar los medios de comunicación y las redes sociales para fomentar divisiones y sembrar un rencor que exaspera, genera rabia y lleva al enfrentamiento. Confiaba en que seríamos capaces de ayudarnos unos a otros a tomar conciencia de la importancia de reflexionar con calma, descifrar e interpretar con espíritu crítico la realidad en la que vivimos, y a comunicarla con responsabilidad, pensando en el bien común y en la construcción de un mundo más justo y fraterno.

Estaba convencido de la comunicación como encuentro, como apertura a los otros y a lo otro. Le gustaba referirse a una comunicación atenta, tranquila, capaz de indicar caminos de diálogo. Sabía que en la comunicación están muchas de las claves que favorecen la comprensión mutua y la verdadera sabiduría.

En Fratelli Tutti, el diálogo es un concepto central, que nos invita a dirigir la mirada al diálogo social que está en la base de lo público. Nos invitó a comprender que en un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice, encontrar puntos de contacto y trabajar juntos. A esta idea suma su concepción de la verdadera sabiduría como producto de la reflexión, del diálogo y del encuentro generoso entre las personas. Señaló, por ejemplo, que un país crece cuando sus diversas riquezas y concepciones dialogan y se comunican de manera constructiva: “la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación”[i].

Esta manera de entender el diálogo es algo muy distinto del “febril intercambio de opiniones en las redes sociales”, tan presentes hoy en la vida en sociedad. El papa Francisco quería que estuviéramos atentos a la gran cantidad de información no confiable que se disemina por las redes y a la circulación frenética de opiniones que las movilizan, pero también a las posibilidades de solidaridad y encuentro que nos ofrecen. Entender los efectos que producen la dispersión programada de la atención, la atomización de intereses y la emergencia de comportamientos violentos en las redes, en nuestro ser en comunidad y en nuestra capacidad de trabajar juntos por el bien común, es un paso importante para cultivar esa otra comunicación con la que soñó el papa Francisco.


[i] Discurso en el encuentro con la clase dirigente, Río de Janeiro Brasil (27 julio 2013): AAS 105 (2013),

683-684, citado en Frattelli Tutti. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/recursosdb/papa-francesco_20201003_enciclica-fratelli-tutti.html


[i] Mensaje del papa Francisco para la LIX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2025. https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/recursosdb/20250124-messaggio-comunicazioni-sociali.html