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Las huellas que permanecen en la Javeriana
Melissa De La Hoz P., periodista de la Dirección de Comunicaciones
"Esta no es mi segunda casa, esta fue mi primera casa". Con esas palabras, Luxi Pedraza Hernández resumió lo que para muchos trabajadores significa cerrar una etapa laboral en la Pontificia Universidad Javeriana: despedirse de un lugar que también fue vida, comunidad, aprendizaje, servicio y pertenencia.
A ellos, a quienes durante años entregaron su trabajo, su tiempo y su compromiso a la Universidad, la Javeriana les dijo gracias. Gracias por cada tarea realizada, por cada gesto cotidiano, por cada servicio prestado y por la huella que dejan en la construcción de una comunidad educativa que se reconoce también en las personas que la han hecho posible.
El homenaje a los pensionados, realizado el 4 de junio, fue una expresión de gratitud hacia los colaboradores que culminaron su etapa laboral e iniciaron un nuevo momento de vida. La jornada incluyó una eucaristía presidida por el rector, P. Luis Fernando Múnera Congote, SJ, en el auditorio Alfonso Quintana, SJ, y un acto de reconocimiento en el restaurante El Mirador, donde recibieron una placa conmemorativa por sus años de servicio.
El encuentro fue una manera de reconocer una historia compartida. Como lo expresó el rector, la Universidad puede entenderse “como un cuerpo diverso, con distintos órganos, que tienen distintas tareas, que están en distintos lugares, pero donde todos nos ponemos al servicio de un fin: el cultivo de la humanidad y del saber, buscando una sociedad mejor”.
Desde esa mirada, cada labor dentro de la Universidad tiene un sentido que va más allá de las funciones de un cargo. En la vida universitaria, el trabajo cotidiano también forma, acompaña y transforma. “En cada gesto, en cada lectura, en cada clase, en cada servicio, estamos haciendo un acto de formación, un acto de humanidad y un acto que finalmente transforma nuestra manera de ser y de relacionarnos”, señaló el padre Múnera.
Por eso, el reconocimiento a quienes finalizan su etapa labora en la Javeriana, tuvo un significado especial: celebrar la permanencia, la entrega y la fidelidad a una misión común. “Hoy también celebramos la fidelidad paciente de aquellos y aquellas que en el día a día han construido un proyecto de vida, de amor y de servicio aquí entre nosotros, en la Universidad Javeriana”, manifestó el rector.
Esa fidelidad se expresa en trayectorias como la de Luxi Pedraza Hernández, quien durante 30 años trabajó en distintas áreas de la Javeriana, desde el sector salud hasta seguridad e información, despidiéndose como auxiliar de auditorios. Frente al inicio de esta nueva etapa, aseguró sentir “muchas expectativas, un poco asustada, porque fueron muchos años en la Universidad, pero asumiendo que es un nuevo rol y es una nueva experiencia”.
Su mensaje para la Javeriana fue una invitación a cuidar aquello que, para ella, hace única a la Universidad: la cercanía entre las personas. “Que no se pierda la parte humana. Si nosotros nos colaboramos unos a otros, la Javeriana va para arriba. Esa parte humana no la podemos perder, el tú a tú, el cara a cara”, afirmó.
También Juan Carlos García Díaz, profesor de planta del Departamento de Ingeniería Industrial y director de la Maestría en Analítica para Inteligencia de Negocios, expresó la emoción de cerrar un ciclo con gratitud. “Siempre da tristeza irse de la Universidad, pero con mucha satisfacción por el deber cumplido y también con muchas expectativas por todo lo que viene de aquí en adelante”, comentó.
Para él, la Javeriana es una institución que debe seguir fortaleciéndose. “Es una gran universidad, que hay que seguir fortaleciendo, seguir luchando por ella porque tiene un potencial inmenso”, señaló. Mientras que a sus estudiantes les dejó el siguiente mensaje: “Están en una universidad excelente y toda la vida la van a llevar en su corazón; deben sentirse muy orgullosos de ella”.
La gratitud también marcó las palabras de Flor Esperanza Peña Barrera, quien se desempeñó durante cerca de 28 años como secretaria de pregrados de la Facultad de Educación. Al recordar su trayectoria, describió este momento como una mezcla de emociones: “Por un lado, la tranquilidad del deber cumplido y, por el otro lado, la tranquilidad de irme a descansar después de una jornada feliz, pero ardua”. Y se refirió a la Universidad con una frase sencilla y profunda: “Le debo mucho, mucho. Esta Universidad me lo brindó todo: estabilidad, mi casa, mi hijo, la educación de mi hijo, todo. Solo tengo gracias que darle a la Javeriana”.
Durante la eucaristía, el rector también invitó a volver sobre la identidad y el propósito institucional frente a las exigencias del entorno contemporáneo. “Tenemos siempre que volver a esa idea de cuál es nuestra identidad y nuestro propósito, intentar mantenernos fieles a eso que nos da vida finalmente”, expresó.
Esa fidelidad, cultivada durante años por quienes hoy se pensionan, deja frutos que permanecen. “Los frutos que se dan demasiado pronto son ácidos y solo los frutos que se han dejado madurar por el sol, por el viento y por la tierra son aquellos que alcanzan dulzura”, dijo el padre Múnera, antes de agradecer la huella que los homenajeados han dejado en la institución.
Hoy, la Javeriana recoge esas huellas y ese legado con gratitud. En cada persona que se retira reconoce años de trabajo, servicio y compromiso; pero, sobre todo, una forma de pertenecer y de aportar a un proyecto educativo que seguirá caminando con algo de lo que ellos sembraron.











