Pájaros, bandoleros y sicarios.
Para una historia de la violencia en la narrativa colombiana
   (Un enfoque desde la Historia de las Mentalidades)  
 
El proceso modernizador en Colombia  

 

 Introducción
 

Relaciones entre literatura e historia de las mentalidades

 

El proceso modernizador en Colombia

 La violencia en Colombia
 Estudio del personaje abyecto
 Ejercicios de análisis: Pájaros, bandoleros y sicarios
 

Crónicas de la violencia de los años 50. El Pájaro

 Crónicas de la violencia guerrillera. El Bandolero
 Crónicas de la vilencia del narcotráfico. El Sicario
 Constancias y congruencias
 

Bibliografía

 

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Hemos utilizado dos planteamientos de Jaramillo Vélez para relacionarlos con el propósito de nuestro trabajo: uno proviene de su artículo Tolerancia e Ilustración , en el que el filósofo reflexiona al rededor del problema de una supuesta "educación para la intolerancia" que caracterizaría nuestros comportamientos en Colombia, y cuya causa estaría enraizada con un pasado hispánico remoto del que  habríamos heredado ciertos rasgos. Tras de hacer un recorrido por ese pasado, Jaramillo llega a la conclusión de que "el asunto de la intolerancia aparece vinculado al de la religión" (Jaramillo, 190) y, a su vez, el asunto de la religión aparece vinculado al de la auto-conservación. Auto-conservación que, para el caso de la España de Carlos V, se justifica en la medida en que la estabilización de la nobleza castellana sólo se podía lograr mediante mecanismos de exclusión y persecución "religiosa". Auto-conservación que, en el caso americano (por vía de la educación y de la contra reforma), se habría heredado como prejuicio, es decir, como abreviación del pensamiento; prejuicio básicamente contra la modernidad, y que pervive, tras 500 años de cultura autoritaria y dogmática, hasta convertirse en mecanismo de agresión y justificación de la violencia.

El otro planteamiento de Jaramillo (proveniente de su artículo: Postergación de la experiencia de modernidad en Colombia), útil a nuestros propósitos, consiste en mostrar el particular comportamiento de, nuestros procesos de modernización, los cuales se vieron afectados, desde un comienzo, por dos condiciones: una es la que Jaramillo llama ingenuidad o infantilismo en la puesta en escena de factores de modernización. La segunda, el peso que significaba, para el país, la facticidad del carácter de la colonización española.

A un primer momento, caracterizado por el intento a ultranza de abandonar el influjo del pasado colonial español, con su dos contrapesos: la ingenuidad y la facticidad de ese pasado, sobreviene uno segundo en el que se combina un retorno a la tradición hispánica y la iniciación de un proceso de consolidación nacional: el llamado periodo de la regeneración, en el que, a nombre del orden, se fortaleció la represión y  se entregó a la iglesia católica los aparatos ideológicos para su manipulación, todo lo cual constituyó en realidad una gran reacción contra los "errores" de los tiempos modernos. Aunque el clero sólo cumplió un papel subalterno en relación con un esquema productivo que el poder dominante impuso (los valores "hacendarios"), sin proponérselo intencionalmente, se convierte en agente propagador de las racionalizaciones que legitimaban ese poder, "condicionando cada uno de los actos colectivos e individuales y dando un perfil característico al grupo cultural entero" (Jaramillo, 45).

Pero lo más interesante de este periodo es la contradicción que se desarrolla en el sentido de que, mientras el proceso de consolidación nacional exige el cambio acelerado de la estructura socioeconómica del país, en el campo ideológico se produce un retorno, y de ese modo, las estructuras de poder no cambian simultáneamente, "ni las imágenes míticas del consenso colectivo, creando un caso excepcional en la historia de la América latina" (Jaramillo, 45): ese sincretismo colombiano sui géneris, esta modernización en contra de la modernidad, que permitiría en los primeros decenios del siglo XX avanzar en el terreno infraestructural sin variar, substancialmente la concepción tradicionalista o la visión de mundo y la ideología (46).

La consecuencia más dramática es que la "modernidad" como ideología se inserta en un esquema utilitarista, pero no se integra mentalmente. Esta ausencia de asimilación efectiva y real de la modernidad como ideología y el avance técnico imparable, conduce, en un tercer momento: nuestra contemporaneidad, a enfrentar sin preparación los embates de una anomia social. "La carencia de un ethos secular, afirma Jaramillo, de una ética ciudadana, constituye nuestro mayor problema" (Jaramillo, 49). Y este problema parece estar en el núcleo de comportamientos anormales, peligrosamente diseminados en Colombia.

Con relación a ese "mimetismo" modernizador (que sólo copia signos pero no asimila esencias), Daniel Pecáut, afirma en su artículo: Modernidad, modernización y cultura, que ésta actitud corresponde a lo que podría denominarse una pseudo o para-modernidad, es decir, a un proceso de modernización superficial, cuya explicación estaría en una serie de bloqueos culturales y políticos que habrían forzado a una entrada por vía negativa de la modernidad en Colombia.

Entre los obstáculos culturales que destaca Pecáut, están: el poder de bloqueo de la iglesia católica, que sobre todo en lo ideológico ha constituido siempre una resistencia al proceso modernizador y a todo el espíritu de la modernidad. Otros factores antimodernizadores serían: el arraigado provincialismo de nuestras élites, la débil apertura hacia el mundo exterior, la vinculación de los intelectuales a los partidos tradicionales y el peso de los valores rurales en la vida colombiana. Entre los obstáculos políticos Pecáut menciona: la ausencia de identidad de clases medias y populares, la precariedad del estado, la fragmentación del poder, la inestabilidad de la vida política.

Quizás todo este panorama corresponda a lo que ya García Márquez reseñaba en su célebre proclama Por un país al alcance de los niños:

Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad. Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, en el amor y en el odio (6)... Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad... En cada uno de nosotros cohabitan de la manera más arbitraria la injusticia y la impunidad.... No porque unos seamos malos y otros buenos, sino por que todos participamos de ambos extremos. Llegado el caso -y Dios nos libre- todos somos capaces de todo (García Márquez, 7).

Y finalmente advierte García Márquez algo que ha servido para guiar nuestros análisis:

Tal vez una reflexión más profunda nos permita establecer hasta qué punto este modo de ser nos viene de que seguimos siendo en esencia la misma sociedad excluyente, formalista y ensimismada de la Colonia... tal vez estemos pervertidos por un sistema que nos incita a vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la población malvive en la miseria... Conscientes de que ningún gobierno será capaz de complacer esta ansiedad, hemos terminado por ser incrédulos, abstencionistas e ingobernables, y de un individualismo solitario por el que cada uno de nosotros piensa que sólo depende de sí mismo (García Márquez, 7).

Bajo el marco de la modernización concretamos un amplio y útil espectro de nuestra idiosincrasia: prejuicios culturales e ideológicos que nos confunden, auto-conservación a ultranza que nos conduce fácilmente a la intolerancia, la paranoia y la violencia "justificada".Siguiente

  Jaime Alejandro Rodríguez
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