Pájaros, bandoleros y sicarios.
Para una historia de la violencia en la narrativa colombiana
   (Un enfoque desde la Historia de las Mentalidades)  
 
Crónicas de la violencia guerrillera: El Bandolero  

 

 Introducción
 

Relaciones entre literatura e historia de las mentalidades

 

El proceso modernizador en Colombia

 La violencia en Colombia
 Estudio del personaje abyecto
 Ejercicios de análisis: Pájaros, bandoleros y sicarios
 

Crónicas de la violencia de los años 50. El Pájaro

 Crónicas de la violencia guerrillera. El Bandolero
 Crónicas de la vilencia del narcotráfico. El Sicario
 Constancias y congruencias
 

Bibliografía

 

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Los textos escogidos para esta parte fueron los que conforman el volumen de relatos: Las muertes de Tirofijo de Arturo Alape. El libro está compuesto por trece relatos, distribuidos en cinco "capítulos": MUJERES, que incluye los relatos: La candela, Yo le llamo valor y El coreguaje amaneció verraco; CURAS, construido por el único relato: La Virgen de Fátima; BANDOLEROS, conformado por el relato: Culebrín; CHULOS, que incluye los relatos: Cuerpos sin sombra; Agonía y muerte del diablo sargento y La cabeza y GUERRILLEROS, con sus relatos: Ricuarte ojos de gato, La verdad, Domingo del difunto, El mono Jorge y Las muertes de Tirofijo.

De alguna manera, esta estructura ya está reflejando la complejización del conflicto que corresponde a lo que hemos llamado, en el marco sobre la violencia, la tercera guerra, caracterizada, como se dijo, porque la dirección militar también es asumida por el pueblo: MUJERES, está dedicada a lo que podríamos llamar el punto de vista del campesino forzado a la guerra, que colabora con la guerrilla, pero que mantiene su esperanza en la vida "normal". El cuento del capítulo: CURAS, ilustra la sutil participación de la institución religiosa en el conflicto y su toma de posición a favor del estado y del gobierno. El relato acerca del bandolero Culebrín, muestra ya lo que será una anticipación de la cuarta guerra, pues ilustra el fenómeno paramilitar y la aparición de otra "punta" del conflicto que ahora enfrentará facciones rebeldes (en este caso: la "chusma" liberal contra los "comuneros"). El capítulo CHULOS, está dedicada a relatos que protagonizan los miembros del ejército (llamados chulos), así como el de GUERRILLEROS muestra la situación vivida por los miembros de las cuadrillas militares de la guerrilla.

Los cuentos de Alape poseen dos características que van a dinamizar el fenómeno de registro de las "mentalidades": de un lado, la recuperación del habla oral que hace que los cuentos cobren relativa autonomía en relación con la intervención de la "mano" del autor, quien, desde esta perspectiva, seguramente asume una reducción consciente de su papel al de etnógrafo o reportero, dando paso a una versión más limpia y directa de los hechos, sin que esto le reste poesía, pero también sin caer en el folclorismo o el costumbrismo artificiosos.

Lo popular aparece entonces expresado por la lengua regional y por una metaforización particular, así como, en este caso, por una lengua transformada en medio del mismo conflicto, de modo que el efecto final es la apreciación de seres más vivos y más verosímiles que nos recuperan, a quienes estamos del otros lado (del de la oficialidad, quizá; del de la escritura seguro), lo inédito, la visión del Otro.

De otro lado, cada relato de Alape está "ensamblado", bajo una perspectiva de exposición dialéctica de los conflictos. Es decir, que al material directo e histórico, se le añade la visión de mundo del autor que los rescata de la "simple" realidad, al poner los materiales en juego; un juego que sólo puede ser expresado y dinamizado (tras su reconocimiento) intelectualmente por el autor.

Obtener una dimensión de las mentalidades en juego, implica atender esta doble dimensión de los relatos: la expresión más o menos directa del lenguaje popular y la visión del autor que les recupera un sentido.

En función de los seis factores de análisis pudimos concluir, respecto de Las Muertes de Tirofijo, lo siguiente:

El procedimiento narrativo
El volumen de relatos de Alape formalmente consiste en la reelaboración de materiales históricos directos (testimonios, historias de los campesinos, etc.), disminuyendo así, lo que podríamos llamar la intervención de la mano del autor, al menos en los niveles de lenguaje registrado, y otorgando la posibilidad de una escucha del otro, con lo que la recuperación de mentalidades y de una consciencia colectiva se hace más transparente. La estrategia de reelaboración deja ver, sin embargo, la ideología del autor, en la medida en que el estatus significativo de los relatos se ofrece a partir de una estructura dialéctica de exposición de conflictos en cada relato. Esta exposición dialéctica, tiene la ventaja de otorgar al lector la posibilidad aposteriori de elaborar una resolución particular que puede o no coincidir con la propuesta en el cuento.

Un nosotros
La recuperación de una conciencia colectiva (o de un inconsciente colectivo) es posible en el texto gracias al planteamiento de un "ellos" que constantemente se pone en juego, ya sea para expresarse en relación con el ejercito (ellos: los chulos) -cuando son los campesinos guerrilleros los que toman la palabra-, o en relación con la guerrilla, como en el cuento Culebrín, en el que la visión se da desde un enemigo, desde el otro que se refiere a un ellos: lo comuneros. En el cuento El Mono Jorge, también se da una relativización de estas perspectivas cuando el protagonista es observado por los dos bandos y él tiene que decidir por uno de ellos. Este juego permite recuperar algunas constantes de identidad, muy claras para el grupo que podríamos denominar "protagonista" de los relatos (el campesinado guerrillero): la lucha como modus vivendi;  una convicción de su destino; la necesidad de contar con elementos de cohesión frente al peligro constante de disolución; el lenguaje que el conflicto les ha obligado a construir, etc.

El personaje
Podemos afirmar que el personaje de los cuentos de Alape es el colectivo que representa a los campesinos inmersos en la lucha guerrillera y que han hecho de ella  un modus vivendi. En este sentido, la abyección no estaría presente de forma directa o trasparente, en la medida en que hay una visible convicción e integración. La cohesión ideológica colectiva facilita esta integración y esta posición de identidad cultural. Hay sin embargo un cuento en que aparece un personaje abyecto: Culebrín, un mercenario que juega no a una idea, no a un destino, sino a calmar su sed de venganza y descubre en el camino la posibilidad de hacer de la violencia un modo de vida, su posibilidad no tanto de sobrevivir, como de bienvivir a costa de la desgracia de otros. El asunto de la venganza también aparece en otro cuento: Cuerpos sin sombra. Ahí, como también en el cuento del Mono Jorge, es posible vislumbrar un planteamiento de factores potencialmente desintegradores. Si lo que se construye es una imagen del "ellos" y no una realidad del ellos, es posible que más monos Jorge se desaten; si lo que enmascara la integración colectiva es en realidad una sed de venganza, entonces habría allí un punto de fuga, una posibilidad de desintegración; incluso un potencial de abyección que surgiría precisamente cuando a cada quien le de por actuar solo.

Actitudes ante la muerte
El cuento que mejor relata las actitudes ante la muerte es el de Culebrín, en el que la queja se traduce en un "nos cambiaron la muerte natural por la muerte afusilada". En este caso, el mercenario actuará como el "pájaro" en las crónicas de la violencia de los años cincuenta. En el cuento La cabeza, se expone también una actitud de sevicia, cuando los Chulos le muestran la cabeza de su marido a la protagonista. Pero la muerte puede ser a también un simple dato, una estadística que necesita ser oficializada, como en le cuento Domingo de Difuntos, o una consecuencia del mal vivir como en La agonía del diablo sargento, o un deseo nunca satisfecho, como en el caso de Las muertes de Tirofijo, donde la muerte de Don Manuel es también siempre un renacimiento.

Relación autor-personaje
Afirmábamos que el procedimiento narrativo empleado por Alape transparentaba mejor la mentalidad que la estrategia de Alvarez en Cóndores, precisamente porque la traslación del lenguaje oral expresa en forma directa esta mentalidad. Pero la otra estrategia, la estructuración dialéctica de los cuentos, deja ver la ideología con la que Alape integra la realidad, es decir le da sentido. En este caso, los personajes y su lenguaje y su mentalidad son significativos solo en la medida en que el autor los inserta en su estructura ideológica. Sólo así, recuperada su dialéctica, los hechos y los personajes que actúan entra en el circuito de sentido del autor. Es decir, que no basta con la recuperación directa de los hechos y del lenguaje, sino que se hace necesaria la intervención del autor, de su visión de mundo para que se alcance una significación.

El lenguaje
Hemos insistido en la recuperación del lenguaje directo. La estrategia de Alape es valiosa en la medida en que el lenguaje utilizado es el de los protagonistas, de modo que la expresión de su mentalidad -una mentalidad inmersa en el conflicto- surge desde la misma expresión de ese conflicto. El conflicto se nombra con un lenguaje especial: los chulos, los comuneros, los collarejos, las camisa azul, los camisa rojo, ellos; lenguaje que sobrevive y envuelve toda la realidad de esa lucha. Es por la lucha que se nombra el mundo; el sociolecto de los campesinos les permite integrar una identidad cultural que se hereda, pero que, a su vez, genera visones estrechas del mundo, como es evidente en el cuento del mono Jorge, en el cual lo que se le cuenta al mono es lo único que conoce el muchacho, pero cuando enfrenta la realidad lo primero que hace es cambiarse el nombre y (de ahí en adelante) cambiarle el nombre a lo demás. Así el lenguaje muestra su relatividad: de un lado genera identidad cultural, deviene sociolecto; de otro, estrecha la realidad  misma a confines  que pueden resultar peligrosos para la supervivencia misma del grupo. Pero en ambos casos, está presente en forma directa, fresca, dispuesto para que el lector saque sus propias conclusiones, extraiga de allí la mentalidad de sus protagonistas; como antes en la estrategia de la dialéctica que también le da esa libertad al lector de hallar en la contradicción una realidad no definida de antemano.
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  Jaime Alejandro Rodríguez
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