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Alvaro Pineda Botero: La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana. (1605-1931)


Tránsito (1886)

Luis Segundo de Silvestre (1838 - 1887) fue abogado y se desempeñó como secretario de don Mariano Ospina. Participo en la guerra civil de 1876-77; escribió una biografía de Manuel Briceño, algunos cuentos y la novela que comentamos. Luis Segundo conoce de primera mano los escenarios que describe en su ficción: la zona entre Neiva y Honda que comprende pueblos como Girardot, Saldaña, Coello, Guamo, Purificación, Ibagué y Ambalema, pues su padre se ocupaba del negocio del tabaco por estos valles del Magdalena, e incluso escribió un opúsculo a este respecto dedicado al general Mosquera.

La novela tiene veinte capítulos. Los primeros diez comportan un espacio, un tiempo, unos personajes y unos hechos que, en su conjunto, establecen una narración completa, una especie de novela corta intercalada de gran intensidad, frescura y belleza. Describen un viaje por el río Magdalena, entre Purificación y Girardot, en una balsa de guaduas. Los siguientes diez son una especie de anticlimax; un añadido artificial que tiene por objeto satisfacer el impulso costumbrista del autor. En ellos se diluye la trama, lo mismo que el efecto estético y el dilema moral logrado en los primeros capítulos.

La historia es contada por el propio protagonista, Andrés, un joven blanco oriundo de Bogotá, quien labora con un tío en Girardot. Éste es dueño de uno de los establecimientos más ricos de la zona, dedicado al beneficio y la venta del tabaco, y Andrés debe desplazarse por los pueblos del valle del Magdalena como administrador de los negocios del tío. La novela se inicia cuando Andrés contrata dos bogas para que, en una balsa de guaduas llevada por la corriente, lo transporten desde Purificación hasta Girardot. Cuando la balsa comienza a separarse de la orilla para iniciar la travesía, una joven salta a bordo sin la autorización de Andrés. A pesar de las protestas de éste, los bogas continúan su labor y la balsa se aleja de la orilla.

Se trata de Tránsito, una campesina "calentana" de gran belleza, nacida en el hato de paime, por los lados del Guamo. En la narración se la describe como "bastante limpia, ojos negros y vivarachos, andar desembarazado, como si toda fuese de goznes" (p.28)1 y más adelante se dice que es inteligente y tan segura de sí misma que lega a ser "imperante" (p.151). Poco después de la partida, bajo un sol ardiente del que difícilmente pueden protegerse los navegantes, Andrés escucha de boca de la joven la tragedia que ha vivido por culpa de las persecuciones de don Urbano, el propietario de las tierras donde ella habitaba: por negarse a sus propuestas, toda la familia es obligada a abandonar . . El padre, Fermín Atuesta, está en la cárcel; la madre, Ursula Perdomo, y las hermanas, Petrolina y Micalela, dispersas en varios buscan trabajo. Como a pesar de esto Urbano no desiste de sus propósito, Cirpiano Quimbayo y Juan Briñes, los bogas contratados por Andrés y familiares de Tránsito, le proponen llevarla hasta Girardot donde, según creen, estará segura. La narración acompaña el paso de las horas y el deslizarse de la balsa por el río. A veces callan y entonces admirran la belleza del paisaje; otras desvían la conversación y se refieren a las costumbres de los ribereños y a sus mitos: hablan, por ejemplo, del Mohan, descrito como "un indio cabezón, con las piernas cortas y con aletas de pez en las espaldas, muy moreno, con el pelo flechudo y caritriste" (p.58). Habita en los remansos y los bogas le temen. Hablan también del Pora, un indio brujo que vive en el cerro de Pacandé, quien habría enseñado a Bolívar la forma de sacar de la tierra a los chapetones (p.63). Andrés, para hacer gala de civilizado, se burla de tales creencias.

Pero admira la belleza de la joven. Su picardía, su carácter y presencia de ánimo lo van cautivando. En alguna pausa de la conversación intenta componer unos versos a sus «lindos pies» (p.50). Se da cuenta desde el primer momento, sin embargo, que entre él y ella no podrá existir ningún tipo de relación, pues pertenecen a castas diferentes. El tío le ha advertido sobre la necesidad de evitar esta clase de mujeres, por «peligrosas» (p.91). Comienzan los dilemas del joven: al contemplar a Tránsito, bella e inerme bajo el sol, siente crecer su deseo y se hace el propósito de ayudarla; pero al recordar las palabras del tío y la diferencia de castas que los separan, su buen propósito se desvanece. Le preocupa cada vez más que al llegar a Girardot le vean descender en compañía de la joven y decide entonces desembarcarla un poco antes de su destino, en el sitio de Peñalisa. Al final de la tarde, Tránsito observa cambios importantes en la corriente y le pide a Andrés que desembarque con ella antes de llegar a Girardot. Los afluentes que descienden de la cordillera vienen crecidos y la navegación pronto será peligrosa. Andrés piensa que se trata de una estratagema de la joven para seducirlo; la deja en la orilla y ordena continuar. Un turbión sorpresivo frente a Girardot les impide ganar el puerto. Briñes intenta amarrar la balsa a un árbol, la cuerda se rompe y la balsa continua con un solo boga. Cuando choca contra unas rocas, Quimbayo, experto nadador, sale a la orilla y Andrés, quien no sabe nadar, aferrado a un tronco queda al arbitrio de la corriente. Pierde toda esperanza y se prepara para morir ahogado. Pero Briñes ha encontrado una canoa y maniobrando ágilmente se le acerca y lo salva. En la ribera se hospedan en casa de unos campesinos; todos están de acuerdo que las burlas de Andrés desencadenaron la ira del Mohan.

En los siguientes diez capítulos la narración se dilata en escenas costumbristas: describe, al igual que casi todas las novelas de la época (desde Manuela, publicada 30 años antes), las fiestas de San Juan, con sus gallos, bailes, comidas, las formas del trato y demás elementos. Describe también las factorías tabacaleras de Ambalema, Espinal y Girardot y aparecen nuevos personajes, Amaya, Sarmiento y Cardona, que no alcanzan una caracterización convincente.

Tránsito se ha instalado en Girardot y ahora trabaja en la factoría del tío. Allí tienen los jóvenes oportunidad de tratarse con frecuencia. Tránsito no pierde ocasión de manifestarle al muchacho su cariño, pero éste la rehuye. En realidad Andrés sigue deseándola, pero no encuentra el valor para reconocerlo. La novela termina con la muerte de la muchacha: Urbano la encuentra en un baile, una huye y él dispara su arma. Aún en su lecho de muerte, Tránsito le declara su amor a Andrés, pero este la deja morir sin decirle una palabra de cariño. En la tradición literaria es usual que esta escena concluya con el matrimonio de los novios. En este caso él se resiste a casarse y ella no ve coronada su más alta aspiración.

El héroe queda, pues, dibujado como pusilánime, abrumado por prejuicios de clase y raza, inseguro frente a su propio futuro, el cual sólo concibe como derivación de los negocios de su tío, Lo que lo detiene para establecer una relación intima con Tránsito no es propiamente su formación moral, sino el temor de que lo sepan sus parientes. Representa cierto tipo de individuo en ascenso, insensible a las necesidades del pueblo, sin carácter y sin méritos y que, paradójicamente, está destinado a llegar a las posiciones más altas de la sociedad. Pero ésta no es la posición del autor sino mi interpretación. Para Silvestre, Andrés es un modelo de comportamiento, sobre todo si se compara con Urbano. Andrés es «el bueno» porque acepta las jerarquías y se abstiene de «tomar la virtud» de Tránsito, que tan generosamente se le ofrece.

La novela, a pesar de los defectos de estructura mencionados, es interesante porque muestra el sistema rígido de clases que se vivía en el país por aquel entonces, acomodado a los intereses del poder patriarcal. Se trata de una vieja herencia española que se remonta a la Edad Media, según la cual un joven no puede aspirar a unirse legalmente con una muchacha inferior. Si puede hacerlo de manera irregular. pero a condición de que «no se sepa». Con esto se le cierra las mujeres la posibilidad de ascender socialmente por vía matrimonial. En cambio, un muchacho de cuna humilde, en ciertas circunstancias, podía ascender casándose con una mujer de mayor rango, caso frecuente en las novelas época2. Vale la pena resaltar, además, que la cuna humilde se definia por la pobreza, la raza (no ser blanco puro) y, en muchos casos, por ser oriundo de la provincia. Esta posición prepotente de los capitalinos es ambigua, porque ellos mismo estaban listos a agachar la cabeza frente a los extranjeros sobre todo si provenían de Europa, situación que también aparece en la novela de Silvestre. Ahi se presenta con caracteres superlativos a un inglés negociante de tabaco, un caballero de «noble y benévola fisonomía», quien «siempre conservaba la distinción de sus modales, su afabilidad exquisita y los rasgos nobles» (p. 80)3.


1. Cito por la edición de la Biblioteca Aldeana de Colombia, Editorial Minerva, Bogotá, 1936, 172 págs. La primera edición es de la Imprenta de Silvestre y Cia., Bogotá, 1886
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2. Por ejemplo en las novelas, ya analizadas, María Dolores, Amores de estudiante y El poeta soldado.
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3. La novela presenta muy pocas referencias eruditas. Vale la pena, sin embargo, mencionar la cita que se hace a Klopstock, el poeta romántico alemán (p.140).
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