¬

Jaime Alejandro Rodríguez
Posmodernidad en la novela colombiana. Narrativa colombiana de fin de siglo - Metaficción en la novela colombiana

¬

Luz Mery Giraldo B.
Narrativa colombiana: búsqueda de un nuevo canon

¬

Alvaro Pineda Botero
Del mito a la posmodernidad - La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana. [1605-1931]

¬

Raymond L. Williams
Novela y poder en Colombia - Posmodernidades latinoamericanas: La novela posmoderna.

¬

Bodgan Piotrowsky
La realidad nacional colombiana en su narrativa contemporánea

¬

Carmenza Kline
Apuntes sobre literatura colombiana -comp.-

¬

Peter G. Earle
Grabriel García Márquez

¬

Angel Rama
La narrativa de Gabriel García Márquez. Edificación de un arte nacional y popular

¬

William Rowe
García Márquez: La máquina de la Historia

¬

Rubén Jaramillo Vélez
La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia - Tolerancia e ilustración

¬

Treinta años después
Ponencias del IX Congreso Nacional de Literatura, Linguística y Semiótica

¬

Héctor H. Orjuela
El desierto prodigioso y prodigio del desierto" de Pedro Solís y Valenzuela. Primera novela hispanoamericana.

¬

Augusto Escobar
La violencia: ¿Generadora de una tradición literaria?

¬

María Elvira Villamil
La narrativa colombiana reciente

¬

María Helena Rueda
La violencia desde la palabra


Rubén Jaramillo Vélez: Tolerancia e ilustración

Desearía comenzar leyendo dos párrafos de un artículo aparecido hace quince días en las Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo. Con el título "Contra la insolencia" y cuyo autor es el doctor ABEL NARANJO VILLEGAS. Dice:

"Nuestro catolicismo... heredó todo el autoritarismo y dogmatismo que la iglesia romana estableció como rompeolas contra las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII. Ortodoxia y moralidad se homologaron hasta tan punto, que el Concilio Vaticano II apenas está logrando disolver ese quiste para que el ecumenismo logre reavivar un cristianismo petrificado en el catolicismo.

"Esta fundición de ortodoxia y moralidad, como estructura de poder, tienen la imagen institucional de un demoteocratismo que prescribe la intolerancia para el pensamiento y aceptación de cualquier conducta".

Lo que me propongo hoy, de manera por lo demás muy aproximada, es reflexionar alrededor del problema de por qué, desde los orígenes mismos de nuestra historia y en razón de la circunstancia a que alude el doctor ABEL NARANJO VILLEGAS en la cita que acabo de leer, hemos sido educados más para la intolerancia que para la tolerancia y de cómo en el comportamiento del autoritario político, tan característico en nuestro medio y contra el cual se ha venido haciendo un esfuerzo que hoy en día refuerza este tipo de actos, muchas veces en vano, se refleja un patrón de comportamiento que hunde sus raíces en nuestro más remoto pasado: en la propia España, que nos colonizó e impregnó nuestra idiosincracia.

Ahora bien, para comprenderlo, debemos ir a las raíces del problema. Desde un principio el asunto de la tolerancia aparece vinculado al de la religión. Cristo mismo podría ser el mejor ejemplo, pues fue víctima de la intolerancia, no de parte de las autoridades romanas que eran, como se sabe, bastante tolerantes para con los múltiples cultos religiosos a lo largo y ancho del imperio, sino por parte de los sumos sacerdotes de la religión judaica, de los filisteos y los fariseos.
El estrecho vínculo que se puede establecer entre religión y tolerancia -o entre religión e intolerancia- podría explicarse a su vez por el nexo que desde siempre existió entre la religión y la autoconservación. En efecto, en último término es, fue y ha sido esta la preocupación fundamental de aquella, y durante el largo período de desarrollo de la humanidad histórica que precedió a la irrupción de la modernidad, y con ella de la comprensión científica secularizada del acontecer del mundo, tuvo a su cargo la religión no solo la explicación del misterio o de los misterios que enfrentaban los hombres, sino inclusive la intervención más o menos efectiva en la problemática de su cotidianidad: la vida y la muerte, el nacimiento, el crecimiento, la reproducción, la enfermedad, el malestar. El malestar en y de la cultura -sobre el cual reflexionara con extraordinaria lucidez uno de nuestros grandes abuelos, SIGMUNF FREUD- cuyo "horizonte", como afirmara NIETZCHE, ha sido la religión, en nuestro caso y desde hace 2.000 años la religión cristiana.

Por cierto que el mismo NIETZSCHE afirmó en alguna ocasión, exagerando, como lo hacía con frecuencia, que no había existido en realidad sino un cristiano: el que murió en la cruz, un asunto que de todas maneras valdría la pena considerar en el contexto de lo que nos ocupa aquí, porque bien pronto su prédica del amor dio paso justamente a la práctica de la intolerancia. Ya en San Pablo, quien declaraba por ejemplo todo el saber antiguo como no válido y como locura, incluyendo a PLATON Y ARISTOTELES.

Ejemplo de intolerancia militante a partir de esta actitud es en la temprana Edad Media San Agustín, obispo de Hipona, aunque el mismo durante mucho tiempo viviera en la herejía maniquea. La integración de la iglesia y el estado desde Constantino -que después de perseguir a los cristianos pensó que al convertir su religión en la oficial del imperio evitaría su desintegración- contribuyó notablemente a polarizar las actitudes hacia la intolerancia. Es con el "Constantinismo" que se integra el destino de la religión al del estado , en contra de la prédica original de Jesús y del espíritu evangélico. La intolerancia, tan característica de la edad media y de la cual constituyen una prueba fehaciente y cruel de las persecuciones contra las sectas; contra los cátaros o albígenses, contra los valdenses, contra los franciscanos, que pretendían justamente volver al espíritu tolerante del Evangelio, a la religión del amor, es un testimonio evidente de ese vínculo entre la iglesia y el poder secular del estado.

Pro ello, el tema de la tolerancia vuelve a aparecer propiamente en esa "epoca de primavera" como denomina ERNEST BLOCH al Renacimiento. La experiencia de la tolerancia corresponde a un período de secularización de la cultura y de afirmación universal de los valores humanos a través del Humanismo del renacimiento. La burguesía, el tercer estado, que se había venido gestando desde las postrimerías del siglo XI enfrentándose al feudalismo, formula una teoría universal del hombre que opone a la concepción estamentaria que aseguraba y legitimaba la preeminencia de la nobleza feudal, afirmando ante la pretensión particularista de la "nobilitas" la universalidad de la "humanitas", la existencia de valores universalmente válidos y por lo tanto de una cultura del hombre en cuanto hombre, el cual debería realizar en esta tierra su proyecto.

Esta liberalidad se manifiesta también en forma de un extraordinario sincretismo que permitía por ejemplo a Marcillo Ficino (uno de los maestros de la Academia Platónica fundada por Cosme de Medicis al mediar el siglo XV, traductor de toda la obra de PLATON al latín y de muchos de sus diálogos al italiano) en su calidad de canónigo iniciar sus prédicas en el Duomo -la catedral de Florencia - con las palabras "amadísimos hermanos en PLATON ". para luego pasar a explicar el Evangelio.

Esta primavera de la humanidad moderna, el Renacimiento, tiene como ambiente natural la tolerancia, y la recuperación de un profundo sentido de lo humano por la afirmación y proyección de los ya mencionados valores humanos universales. Como lo han afirmado RUGGIERO ROMANO y ALBERTO TENENTI en su obra Los fundamentos del Mundo Moderno1, el Humanismo "había querido claramente restablecer el equilibrio armónico de la criatura hasta entonces metafísicamente escindida en materia y forma, y más aún en alma y cuerpo", una reivindicación que se había traducido en dirección a una explícita toma de conciencia sobre el valor autónomo de las actividades humanas, comenzando por la cultura y por sus manifestaciones. No se afirmaba aún de manera directa la dignidad del hombre en cuanto hombre, porque el mismo PICO DELLA MIRANDOLA (como FICINO también profesor de la academia y uno de los maestros de Lorenzo el Magnífico) afirma en su Oratio Pro Dignitate Homini la divinización del hombre más que su dignidad en cuanto tal.

Y sin embargo, de todas maneras los humanistas, para continuar citando a ROMANO Y TENENTI, "mantuvieron una prolongada lucha por la belleza y por la poesía, por una libertad cultural que era fundamento y condición de la recuperada autonomía del juicio individual", En realidad, como bien lo han demostrado las conquistas del arte, "el anhelo de ideales en cierto modo todavía supraterrenales no excluía en absoluto la voluntad de hacer del hombre no solo un imitador en absoluto la voluntad de hacer dl hombre no solo un imitador sino un heredero original".

Surge así la idea del hombre como Homo Faber ("ontocreador", para decirlo de una manera moderna). Un filósofo de una generación subsiguiente a la de PICO, PIERTRO POMPONAZI), "no temió demostrar en su Tractatus de Inmortalitate Animae, que según la verdadera doctrina de ARISTOTELES, a la que estaba adscrita por entonces una gran parte de loa teología, no solo la inmortalidad del alma era indemostrable sino que el intelecto individual estaba destinado a extinguirse con el cuerpo", como escribía ya en el año de 1516. Con toda su inconsecuencia, con todas sus contradicciones y a través de sus limitaciones, a través de su carácter asistemático y fragmentario, de su sincretismo, el pensamientoi renacentista expresaba en todo caso la irrupción del individuo humano, en el cual encuentra su centro la virtud "toda vez que solo gracias a él se hace realidad la exigencia universal de obrar el bien", y cuando el individuo lo ha querido y logrado "de ello se sigue, inseparadamente, un sentido autónomo de felicidad que no debe esperar por tanto de nadie, ni buscarlo en otro mundo".

En este contexto se debe ubicar también el esfuerzo de otro precursor de la Modernidad y el ideal de la tolerancia. Erasmo de Rotterdam, que vive del año 1466 al año 1536, un crítico implacable de la decadencia de las costumbres de su época, de la superstición, de la iglesia, y que por ello mismo plantea también la recuperación de un sentido integral para el individuo cuando publica en 1511 su Elogio de la Locura, texto precursor de un moralismo laico que de algún modo, así lo podemos considerar hoy, se anticipa a la Reforma y de ese modo proyecta elementos de la primera etapa de la conciencia burguesa en los tiempos modernos.

Mientras el Elogio de la Locura y algunos coloquios de ERASMO indican que el camino a seguir es "la lucha de un elevado buen sentido contra las exigencias exclusivas y contrastantes del alma y del cuerpo, obras tratarán de alcanzar una conciliación y un compromiso entre sus exigencias". Pero como comentan ROMANO Y TENENTI, "la diosa Razón había hecho ya una aparición sobre la tierra a la que poco después seguirían otras".

Particularmente en relación con ERASMO resulta bien pertinente recordar la cita del doctor ABEL NARANJO VILLEGAS con la que iniciábamos esta intervención , porque en España aquel alcanzó a tener un gran eco y otro hubiese sido el destino de ese país y de los nuestros si se hubiesen seguido los consejos de Gattinara, consejero del emperador Carlos V y discípulo de Erasmo, y no se hubiese perseguido luego, como se lo hizo a lo largo del siglo XVI, a los eramistas españoles.
También se debe recordar en este contexto, que por la misma época de los humanistas florentinos a que se ha hecho alusión, ya el preceptor del propio Papa Sixto IV le decía que quien viviera correctamente y actuara según las leyes de la naturaleza entraría en el cielo sin que importase a qué pueblo perteneciera. Surgió con ello una actitud generosa, de una gran amplitud, que reconocía en la religión natural, en la práctica del bien y en la virtud moral la única condición del ser cristiano, tal y como lo expresará cien años más tarde MIGUEL DE MONTAIGNE.

De otra aparte, también debemos recordar de qué modo algunos lustros después del aplastamiento del levantamiento Husita, la primera revolución de masas campesinas en el centro de Europa, que había tenido su origen en un acto de intolerancia (la muerte en la hoguera de Juan Huss, rector de la Universidad de Praga, por orden del Concilio de Constanza, en 1418), meditaba el cardenal Nicolas de Cusa con un espíritu de fraternidad cristiana sobre la posibilidad de una reunión no solo de los rebeldes de Bohemia, de los campesinos husitas, sino de los ortodoxos griegos, de los musulmanes e hindúes, en una religión común que asegurase una "concordia universal" y diera paso a una "paz religiosa perpetua". Resulta bien significativo constatar de esta manera como aparece ya en el Cusano esta noción de paz perpetua, que será el título del célebre tratado que escribiera KANT tras la firma de la Paz de Basilea -el primer triunfo diplomático de la Revolución Francesa- en 1794.

ERASMO no ocultó nunca al principio sus simpatías por LUTERO, a quien escribió en 1519 animándolo a continuar en su empresa. Los enemigos de LUTERO también quisieron vincular a ERASMO al origen del movimiento de la Reforma, porque ya él había protestado en sus escritos contra los abusos de la iglesia oficial, contra la intolerancia, contra las persecuciones. Sin embargo, a este bien pronto le desilusionaron los métodos violentos de los reformadores, aunque siempre se opuso al empleo de la fuerza en contra del agustino. Interpretaba la parábola evangélica de la cizaña que crecía al lado del trigo en forma tolerante y decía:
"Los criados que quieren arrancar la mala hierba antes de tiempo son aquellos que piensan que los falso apóstoles y los heresiarcas debieran ser suprimidos por la espalda y por el castigo corporal, pero el dueño de los campos, el señor Dios, no desea su destrucción, sino por el contrario que sean tolerados, que se enmienden y se conviertan de cizaña en trigo".

Y no es que ERASMO adoptase la nueva doctrina. Cuando en el año 1524 y mientras la Reforma ya había tomado pleno cuerpo, sobre todo a través de los tres grandes escritos de LUTERO tras la dieta de WORMS, publicó su panfleto De Liberum Arbitrium (Sobre la voluntad libre, que contiene una polémica frontal con LUTERO) ya era clara su profesión a favor de la iglesia y ya había manifestado su temor y su pesar ante la escisión de la cristiandad.

Como comenta HENRY KAMEN, autor de una obra clásica sobre la inquisición española, "lo que citó su actitud fue su falta de inclinación a aceptar coerciones en asuntos de importancia secundaria". "En otras palabras, su postura firmemente pacifista hizo que le fuera imposible aceptar que debiera perseguirse a nadie por doctrinas que incluso no habían sido definidas dogmáticamente"2. Y que tampoco exigía ERASMO que lo fueran, pues muy consecuentemente con su actitud tolerante consideraba que cuanto menos dogmas hubiese mayor probabilidad existiría para que los cristianos convivieran con unas pocas verdades. Como lo había dicho en una carta el arzobispo de Palermo un año antes, "el compendio de nuestra religión es paz y unanimidad, pero esto solo puede conseguirse cuando se define lo menos posible y se deja libertad al juicio en muchas materias". Sobre todo porque -agregaba- "existe una gran oscuridad en muchísimas cuestiones..:". Era el momento en que todavía, como sucederá con una generación de eramistas posterior a la muerte del maestro, se albergaba aún la esperanza en una reconciliación.

Por el mismo año de 1524 afirmaba que los luteranos tenían siempre en los labios cinco palabras: Evangelio, Palabra de Dios, Fé, Espíritu Santo. Y sin embargo, decía, "veo a muchos comportarse de un modo que no puedo dudar que están poseídos por el demonio", En 1526 increpó a LUTERO: "Es esto lo que me aflige y conmigo a las mejores personas, que con ese temperamento tuyo arrogante, imprudente y sedicioso, estás agitando al mundo entero con una discordia ruinosa". Ese mismo año escribía al Duque de Sajonia que no era justo castigar con la hoguera un error, fuera de la clase que fuera, a menos que estuviera vinculado a la seducción o a cualquier otro delito que las leyes castigasen con la muerte.

Dos años más tarde se llegaría a un compromiso político patrocinado por ERASMO que se anticipaba al principio de la paz de Auburgo, el cual sin embargo instauró la intolerancia al establecer que los súbditos del principe debían adoptar su religión: Cuyus Regius Eius Religius. En realidad, se dejó pasar por entonces una oportunidad para instaurar efectivamente la religión de la tolerancia, el pacifismo de Erasmo. Este tenía, como lo considera HUIZINGA -el gran humanista flamenco de nuestro siglo- una tendencia a admitir el libre albeldrío, una cierta inclinación racionalista que se expresaba en su desagrado respecto a una concepción dogmática y exclusiva administrada por la iglesia.

HUIZINGA llega a constatar cierta cercanía entre él y los anabaptistas que dirigieron la guerra de los campesinos en el 24 y encontraron en Thomas Munzer, como decía BLOCH con el título de su segundo libro (1921), el "Teólogo de la revolución". ERASMO afirmaba que los príncipes conspiraban con el Papa contra la felicidad del pueblo, era conciente de que practicaban la intolerancia.

Con su famoso panfleto Contra las Bandas de Campesinos Salteadores y Asesinos en apoyo a la causa de los príncipes y en especial al Margrave Felipe de Hessen, que los derrotó en la batalla de Frankenhausen e impulsó la decapitación de Muntzer, terminó la actitud tolerante de LUTERO, quien comprendió que la Reforma había desencadenado una revolución social y que la prédica del evangelio entre los sectores oprimidos por la sociedad feudal y también por el incipiente capitalismo renovaba el ideal milenarista que expresaron primero los profetas de Zwickau y luego Munzer: instaurar el Reino de Dios obre la tierra y predicar el evangelio para practicarlo, para realizarlo efectivamente. Pero tal vez deberíamos volver al asunto que nos ocupa, a la reflexión sobre nuestro destino y nuestro proceso como nación y como cultura, considerando también que el año entrante celebraremos los quinientos años de América.

Recordaba que a partir de mediados del siglo XVI se persiguió en España no solo a los luteranos -o "luterizantes", como los "alumbrados" de Sevilla- sino también a los eramistas, a los grandes discípulos que había tenido ERASMO en España, entre quienes se contara un consejero del emperador Carlos. Afirma el historiador británico J.H. ELLIOT3 que para comprender la magnitud del conflicto en que se encontraba la sociedad española a comienzos de la edad moderna y la intensidad con la que la aristocracia y el alto clero se apertrecharon en sus privilegios, se tiene que considerar esa circunstancia tan peculiar de su historia como nación que acababa de concluir la reconquista: en el año de 1492, unos meses antes de que Colón llegara a Santo Domingo, había caído el último baluarte de los moros en el sur.
Inmediatamente los reyes católicos darían inicio a una empresa de persecución contra los árabes y los judíos. Cuando 25 años más tarde se desencadenó la Reforma en el norte de Europa, su nieto las emprendería (también militarmente, desde luego) contra los protestantes, portadores del espíritu de los tiempos nuevos.
Dice ELLIOT:

"Con la expulsión de los judíos en 1492, el problema judío se convertiría en el problema converso. Aunque muchos conversos habían abrazado el catolicismo más ortodoxo y ocupaban posiciones importantes en la jerarquía eclesiástica, los conversos eran, aunque solo fuese por su origen, objeto de sospechas y el hecho de que algunos de ellos se sintieran atraídos por el cristianismo de ERASMO, con su poca estima por las formas externas, no hizo más que aumentar las sospechas de los cristianos viejo.

La sociedad castellana al emerger de la edad media estaba obsesionada por la cuestión de la honra, que se refería no solo a la valía intrínseca de un hombre y su familia sino también a la apreciación de esta valía por los demás y la sociedad en su conjunto. Los nobles estuvieron preocupados por la cuestión de la honra. Pero la mayoría de ellos tenían una grieta en la armadura susceptible de ser explotada por todos aquellos que estaban resentidos por no ser nobles. Era un hecho notorio que la mayoría de las grandes familias castellanas había recibido aportaciones de sangre judía por medio de matrimonios. Así pues, si el noble se jactaba de su honra, el plebeyo envidioso podría alardear de otra, y acaso superior honra, la de proceder de una ascendencia sin mancha".

En realidad, la presencia del elemento judío en el pueblo español es tan profunda que, como sostiene Américo Castro, el eminente historiador y pensador hispanista (el mismo, por su apellido, de origen sefardita) y el gran historiador Fernando Maraval, prácticamente se puede decir que el tercer estado español (la burguesía, derrotada en 1521 en la batalla de Villalar por Carlos V) era en buena parte judía de origen sefardita. De manera que el problema racial en España estuvo directamente vinculado al de la intolerancia. Fue un recurso de la oligarquía, de la nobleza triunfadora en Villalar, para detener en España lo que en opinión de Maraval hubiera sido la primera revolución burguesa de los tiempos modernos, la revolución de los comuneros de Castilla, que se levantaron contra los abusos del séquito de Flamencos y Borgoneses que acompañaron al joven emperador Carlos V cuando llegó a la península a posesionarse de su cargo.

Continúa ELLIOT:

"Desde mediados del siglo XV, ciertas corporaciones de Castilla comenzaron a insistir en la pureza de sangre -"limpieza de sangre", ser "cristiano viejo" o sea no tener sangre judía- como requisitos indispensable para ser miembro. Pero parece ser que fue durante el reinado de Carlos V cuando el movimiento contra la ascendencia judía tomó verdadero ímpetu. En 1547 el capítulo de la Catedral de Toledo bajo las presiones de un arzobispo de baja cuna, Juan Martínez Silíceo, estableció un estatuto de "limpieza" que hacía de la pureza racial condición indispensable para la obtención de dignidades o prebendas. El estatuto de Toledo sirvió de modelo para una serie de entidades, tanto seculares como eclesiásticas, hasta el punto que aquellos de quienes se sospechaba que tenían antepasados judíos se encontraron con el acceso cerrado a multitud de cargos y con su honra .y por implicación ortodoxia- indeleblemente manchada".

En ningún país de Europa por la época posterior a la gran eclosión renacentista se hizo de la ortodoxia y la intolerancia frente a la otra opinión una actitud tan afirmada como en la España de los Austrias, como en la España de Carlos V y de su hijo Felipe II.

Resulta particularmente interesante la circunstancia en la que se detiene el profesor ELLIOT: que de todos modos los conversos, que eran millones en la España del siglo XVI, los moriscos, los judíos, los llamados marranos (o sea judíos conversos, que tienen una gran importancia en la historia espiritual de España) fueron objeto de sospecha, en particular por su inclinación al Eramismo, es decir a la religión interior, íntima, alejada de los cultos externos, que era una herencia del Humanismo renacentista y que evidentemente había sido precursor de la Reforma. El mecanismo de exclusión y la persecución, el señalamiento, el chantaje permanente a que se sometió al estamento derrotado de la revolución comunera en el año 1521, permitió la estabilización de la nobleza castellana que a partir de entonces domina hegemónicamente a lo largo de la larga decadencia y también detuvo el flujo de las ideas.

Cuando a mediados del siglo XVI se descubrieron células protestantes en ciudades tan importantes como Sevilla y Valladolid -y tengamos en cuenta que Sevilla se estaba convirtiendo en un emporio mercantil tan importante como lo serían luego las ciudades flamencas, porque a Sevilla llegaba todo el comercio de Indias y se estaba formando allí una burguesía que naturalmente encontraba mucho de legitimación en la reforma protestante y en el eramismo-, se produjo una reacción que condujo a la prohibición de la importación de libros extranjeros, estableciéndose la más rigurosa censura para los editados en España. En el año 1559 apareció un nuevo Index Librorum Prohibitorum , un nuevo índice español de libros prohibidos, mucho más rigurosos que los índices anteriores, de 1545 y 1555, y en ese mismo año de 1559 se prohibió a los estudiantes españoles ir a estudiar al extranjero, con la excepción de algunos colegios específicos en Bolonia.en Roma, en Nápoles y Coimbra, en donde los sacerdotes de la Compañía de Jesús (que había sido fundada hacía poco en el proceso de la Contrarreforma) podían impartirles una enseñanza que estuviera alejada del espíritu moderno, y sobre todo de ERASMO.

Por eso dice RAFAEL GUTIERREZ GIRARDOT, que el trabajo de la educación de las masas en América se vio afectado desde un principio por la empresa de la Contra reforma que resumió a finales del primer siglo colonial (concretamente a partir del año 1599) el célebre Catecismo de la Doctrina Cristiana del padre Gaspar Astete. Durante 300 años, afirma GUTIERREZ GIRARDOT que, gracias a su influjo, los niños del siglo XVIII, de los siglos XIX y XX, han sido acuñados en un mundo y de la vida no solamente anacrónica sino determinada por los problemas de militancia que acosaron al catolicismo español del siglo XVI, por los problemas que la plantearon la reforma de LUTERO y el Erasmismo".

Y agrega: "Tras su forma simple de preguntar y de responder, tras su apariencia "racional" se oculta la intolerancia y su forma decisionista de pensamiento (¡si o no como Cristo nos enseña!, que impone naturalmente el sí y crea la noción de amigo-enemigo popularizada luego en la asignatura de historia sagrada con la frase de Cristo ¡el que no está conmigo está contra mí!).

Dice GUTIERREZ GIRARDOT que "para el niño el mundo histórico se reduce a los partidarios del "sí", los buenos y los católicos, y los del "no", necesariamente los malos y los no católicos. Esta estructura antagonista se profundiza cuando en el curso de los estudios a los adolescentes se le enseña a odiar literalmente a todas las figuras históricas que dijeron no al padre Astete y a lo que él representaba, a los otros que para agravar la maldad no eran españoles, el odio trajo en consecuencia la calumnia, la deformación y al mismo tiempo la hipocresía..."4

Porque se partía del criterio paranoide según el cual "los otros son los malos", lo que "no son como nosotros". Todavía a finales del siglo pasado un erudito castellano, MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO, autor de una obra monumental, la Historia de los Heterodoxos españoles, hablaba por ejemplo de la filosofía alemana como la de "los enemigos de nuestra raza" y de las "nieblas germánicas" que nada tenían que ver con la supuesta claridad latina... e hispánica.
Así es como hemos sido educados en el paradigma del dogmatismo y de la intolerancia. La mediocridad espiritual de España y de América, producto de la falta de filosofía (mientras el idealismo alemán es un resultado secular de la Reforma protestante , porque KANT y HEGEL lo que hacen es profundizar en el camino abierto por LUTERO, de quien dijera HEGEL en sus Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal que fue el primero en haber pensado que el hombre es libre por sí mismo), es un resultado de esta actitud que constituye el meollo de nuestra propia personalidad histórica.

Y es que nosotros utilizamos abreviaciones de nuestras expectativas genéricas: toda cultura se estructura a partir de los prejuicios que son esas abreviaturas. Esto fue lo que pensó un muy agudo crítico de su tiempo y de la cultura humana en general, ARTHUR SCHOPENHAUER, al comprobar la vigencia de esas abreviaturas que operan pragmáticamente en la cotidianidad, como perjuicios. Pensemos nosotros entonces en los 500 años de cultura autoritaria y dogmática, en los prejuicios en contra del espíritu de la modernidad que nos afectan.

Decía al principio que el asunto de la tolerancia aparecía muy ligado al de la religión aparecía muy vinculado al de la auto-conservación. Debemos ahora preguntarnos por la relación que existe entre auto-conservación y perjuicio. Cierto que estamos estructurados a partir de una comprensión previa de los valores, de los criterios fundamentales de la vida, y esa comprensión previa lo es de perjuicios. Entonces debemos considerar un elemento de "amor propio", para hablar en términos psicoanalíticos, freudianos, un elemento de "narcicismo", alrededor del prejuicio.

La costra que envuelve al autoritario es una costra de prejuicios. Es el momento en que el servicio de la autoconservación como prejuicio que esta función de intolerancia, esta abreviación del pensamiento como medio de autoconservación de la vida, se convierte en un instrumento de agresión. En este contexto tendrá que investigarse de verdad la dimensión clínica de "la violencia" en Colombia. Aquí, en este Departamento que tanto sufrió en los años 50, cuando se estigmatizaba al que no pensaba de acuerdo con el pensamiento oficial y cuando se empleaba, como en las guerras carlistas de España en el siglo pasado o como en las luchas de los cristeros contra la revolución mexicana en los años 20, el evangelio en contra del evangelio mismo, porque no era propiamente cristiano perseguir por ejemplo a los liberales o asimilar a los que no pertenecían al partido de gobierno bajo el nombre de "comunismo".

El anticomunismo. Hemos sido testigos en los últimos años de esta infame matanza de dirigentes de la Unión Patriótica y con ello volvemos a ser testigos de una manifestación clara de intolerancia. Porqué no se está discutiendo, no se está argumentando, no se está haciendo la crítica, no se está en la controversia, sino que se está eliminando a través de sicarios a grandes dirigentes de este país como Bernardo Jaramillo Ossa, como el colega de nuestro de la Universidad Nacional, el profesor Jaime Pardo Leal, candidato de la UP antes de Bernardo Jaramillo Ossa, asesinado dos años antes. También en estos casos podemos constatar de qué modo el perjuicio surge como ideología vinculado a la auto-conservación, a la identidad del grupo, a través de ese mecanismo paranoide del tipo proyectivo, junto con la necesidad del odio frente a quien piensa y siente de otro modo, el prejuicio y el odio, que, como dice MAX HORHEIMER es "irrevocable", porque permite al individuo ser malo pero sin embargo considerarse bueno5. Ser malo, asesinar, y sin embargo considerarse bueno.

A manera de ejemplo puedo traer a cuento un testimonio dramático de un amigo que, en su calidad de psiquiatria vinculado a las tareas de pacificación en el Urabá antioqueño, encontró por ejemplo que en cadáveres de sicarios que habían asesinado a dirigentes populares la cruz estaba grabada en la uña, precisamente la del dedo que oprimió el gatillo. De este modo, allí se podía ser malo creyendo que se era bueno. De la misma manera que en el levantamiento de La Vendée, en la guerrilla contra la revolución francesa, los "Chuanes" y los campesinos de la Bretaña se tatuaban el corazón ganándose el cielo en la lucha contra la revolución.

Sabemos que el odio colectivo y la proyección paranoide es un resultado de la organización del prejuicio. Porque el prejuicio negativo tiene un aspecto positivo, son caras de una misma moneda. Si se tiene un prejuicio, por ejemplo contra un grupo racial, es porque se está valorando el propio grupo racial, si se tiene un perjuicio contra el negro o contra el indígena es porque se está considerando que la pertenencia a la raza blanca lo eleva a uno automáticamente. La Alemania Hitleriana es un ejemplo impresionante y dramático de cómo todo un pueblo fue sometido a este narcisismo que llama HEINZ COHUT, el gran psicoanalista, el "Self grandioso", la idea de que por el hecho de pertenecer a una determinada comunidad racial se era superior y que por lo tanto todos los demás grupos raciales y étnicos podrían ser objeto de la expropiación y del asesinato, como sucedió en primer lugar con los judíos, pero también luego con los rusos, los eslavos, con todos los pueblos que sojuzgaron los ejércitos nazis.

Tenemos que hacer un esfuerzo, teniendo plena conciencia de esa larga historia de la intolerancia en nuestro medio y recuperando, como decía ABEL NARANJO VILLEGAS en la cita que leí al principio de mi intervención, recuperando de ese catolicismo anquilosado y autoritario el auténtico espíritu evangélico, el auténtico cristianismo, tenemos que hacer un gran esfuerzo en contra del perjuicio que conlleva el autoritarismo. Los autoritarios -y sobre esto víctimas del más grande despotismo que ha existido en la historia, la dictadura hitleriana, realizaron grandes investigaciones, como la obra fundamental La Personalidad Autoritaria- no conocen criterios de solidaridad, de interés genuino por el otro, de amor, no pueden tener un vínculo horizontal, de igual a igual, con los otros.

Pero lo que está en marcha es un proceso de renovación de nuestras costumbres políticas. Acabamos de asistir a una reforma de las instituciones rectoras de la vida ciudadana, la cual puede tener proyecciones históricas o puede conducir también a una nueva y a una de las más grandes frustraciones. Entonces, si nos limitamos a la mera palabrería, al acostumbrado nominalismo colombiano, no estaremos contribuyendo en nada. Tenemos que ser muy constantes de ello si queremos poner en marcha un proceso de auténtica renovación nacional. KANT decía que la verdad es la meta a la cual, en un proceso infinito a través de las diversas generaciones de sujetos finitos, el hombre y el pensamiento se acercaban paulatinamente. Tenemos que ser conscientes de que la única posibilidad de instaurar la tolerancia es una política de la verdad, y una política de la verdad tiene que ser radical en el reconocimiento de los síntomas. Muchas gracias por su atención, espero con esto haber contribuido en algo a la reflexión.


Subir


Programa de actividades

 ¬

Reseñas

 ¬

Foro virtual

 ¬

Talleres virtuales

 ¬

Ensayo final

 ¬

Manual de novela colombiana

 ¬

Síntesis de Modelos historiográficos

 ¬

Bibliografía virtual

 ¬

Bibliografía general

 ¬

Novela Colombiana en la red

 ¬

Contacto académico

 ¬


Pontificia Universidad Javeriana