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Antonio Curcio Altamar
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Raymond Williams
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La novela policiaca en Colombia
Hubert Poppel


¿Dónde estamos? (a manera de epílogo)

Luz Mary Giraldo

Tomado de Más allá de Macondo, traducción y rupturas literarias. Luz Mary Giraldo. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2007


I. MITOS Y REALIDADES

Con la particularidad de los puntos de encuentro que permiten explicar varias obras, resulta interesante aproximarse temáticamente a algunas publicaciones recientes: La multitud errante (2001), de LAURA RESTREPO, Sobre la faz del abismo (2002), de AZRIEL BIBLIOWICZ, Hotel en Sangri-Lá (2004), de OCTAVIO ESCOBAR, y Malena (2003), de MIGUEL MÉNDEZ CAMACHO. Al representar diferentes formas de indagación articulan el presente: la cuestión testimonial dotada de profundo intimismo y de elementos que aproximan a la tensión entre lo mítico y lo real (RESTREPO), la dialéctica entre caos y cosmos en la con­temporaneidad (BIBLIOWICZ), la intercomunicación de un mundo globalizado que repite modelos ancestrales y refleja las formas de felicidad de la sociedad consumista (ESCOBAR) y la vida que as echa como un juego que impone sus trampas (MÉNDEZ).

- La multitud errante. Precedida por un epígrafe de JOHN STEINBECK que alude al terror de la huida ya las cosas extrañas que oscilan entre la crueldad y la esperanza sucedidas mientras se huye, La multitud errante se presenta como una historia de amor ligada a la angustia de una constante travesía .

 

Una historia con principio y sin fin en medio de la violencia que, según se sugiere, puede evolucionar en otra de redención al lado de una mujer buscada, y la que corresponde a la voz narradora. Una historia, en fin, que proviene de la realidad y que la escritura expresa en su oficio colectivo, dice la autora tendiendo un puente con las inquietudes del cronista ALFREDO MOLANO.

En Del tiempo y el río (1935), el norteamericano THOMAS WOLFE proponía el tema de la errancia asociándolo al desarraigo, a cierta condición de viajero sujeto a la incertidumbre, lo que significa un estado vital que puede asociarse a lo individual 0 a lo colectivo. Así se pregunta el narrador, al reconocer que los viajeros abandonan "una oscuridad para sumirse en otra": " ¿Dónde hallarán la paz los seres fatigados? ¿En qué puerto encontrará por fin refugio el viajero vagabundo? ¿Cuándo cesarán las marchas a tientas, ambiciones estériles que se vuelven despreciables tan pronto son alcanzadas?" (WOLFE, p. 71 I ).

"A las gentes que andan huyendo del terror [ . . . ] les suceden cosas extra­ñas; algunas crueles y otras tan hermosas que les vuelven a encender las fe" (RESTREPO, p. 9), dice el epígrafe que aprovecha RESTREPO, y que indica que no está muy lejos de WOLFE el escritor californiano y Premio Nobel JOHN STEINBECK, cuando a propósito de la crisis económica y social de 1929, recreada en Las uvas de la ira ( 1939), señala la tortuosa experiencia de los trabajadores del campo, inquilinos de tierras ajenas, que son impulsados a abandonar su lugar de nacimiento, su trabajo, sus muertos y su arraigo a causa del desarrollo industrial y capitalista: "Refugiados del polvo y de la tierra agotada, del trueno de los tractores y de la propiedad perdida, de la lenta invasión del desierto" (STEINBECK, p. 138), reconoce familias enteras que fueron expulsadas de su raigambre, y huyen del terror y la infamia mirando sin saber adónde van ni qué harán, y con miedo de ir a un sitio desconocido tratan de seguir viviendo. Van y vienen frases interrogantes que denotan perplejidad y expectativa: ¿de dónde les viene el coraje y la fe para hacerlo? , pregunta el narrador frente a doscientas cincuenta mil personas, "despojos en la carretera, abandonados", gente que huye "del terror que quedaba atrás", sucediéndoles "cosas extra­ñas, algunas amargamente crueles y otras tan hermosas que hacían renacer su fe con brillo imperecedero" (PP. 138 y 139). "¿Qué va a ser de nosotros?", se preguntan ellos. "Nunca llegaremos a nada concreto. Siempre andaremos vagando. Siempre yendo y yendo a alguna parte [...] La gente se mueve. No sabemos porqué ni cómo. Se mueven porque tienen que hacerlo [...] Porque quieren algo mejor que lo que tienen. y ésta es la única manera de que puedan lograrlo algún día. Deseándolo tendrán que ir en su busca" (p. 145). La carre­tera "pasa a ser su hogar y el movimiento su medio de expresión".

" ¿Quién siembra la tierra desnuda?", se pregunta en la novela de WOLFE, afirmando que se siembra y fecunda la inmensidad con sangre: "Trescientos de nuestra carne y hueso están confundidos en la tierra natal; nosotros les brindamos el lenguaje y la soledad, un pulso al desierto" (WOLFE, p. 334).

Errar, vagabundear, buscar, alejarse del pasado, olvidar el paraíso, afrontar el exilio, asumir la rudeza y refugiarse en el silencio y la desolación. En las dos novelas, como en la de RESTREPO , es evidente la imagen del desplazado, de aquel que padece el extrañamiento frente al sitio que se deja y el lugar al que se llega. Así, Siete por Tres, o Veintiuno, como se llama al personaje alrededor del cual se teje el discurso en la novela de la colombiana, busca infructuosamente a Matilde Lina, desaparecida en uno de tantos episodios de las guerras que han agobiado a Colombia. Enajenado por el abandono, el recuerdo y la pérdida, da constancia de su trashumar, de su ser que errante vagabundea a la búsqueda de alguien, de algo, de sí mismo. Recreado como un ser extraordinario y co­rriente a la vez, ha aparecido en una suerte de "de repente" ( como hubiera dicho JUAN RULFO) a la salida de misa de gallo en los escalones de una iglesia, en ese remoto pueblo situado en los límites del Tolima y el Huila, Santamaría Bailarina. Sus inciertos orígenes en la "Guerra Chica " cuando los conserva­dores pintaban "de azul todas las puertas del pueblo" y la violencia entraba como un espectáculo de luces, son circunstancias que conmueven en el relato. Su mirada huraña y sus pocas palabras, su negro pelo indígena y su expre­sión que revela honda desolación, suscitan en la voz narrativa la más intensa solidaridad. Enaltecido, como el ángel de su novela Dulce compañía (1995), quien pareciera "una criatura de otra esfera de la realidad" (p. 43), Siete por Tres va en busca de Matilde Lina, la joven mujer con quien aprendió a errar siguiendo sus huellas, con quien conoció las voces de los animales y quien lo acogió en la infancia dándole calor maternal y arraigo. Amada y deseada (virgen y madre), Matilde Lina es causante de años de agonía y soledad. El niño que crece y se hace adulto confirma su vacío cuando pretende encontrar reposo a su errancia en un albergue regentado por monjas francesas para toda clase de perseguidos, y lo encuentra con la narradora, quien ocupa allí un importante lugar en el que se desempeña como "enfermera de sombras" .

En la brevedad del texto todo ha sucedido antes del relato, insistiéndose en lo que ha dejado la historia de la violencia que avanza ciega hacia ninguna parte con su río de cadáveres y desaparecidos, mientras genera el infierno de la huída y el limbo y la angustia de la ausencia y el vacío. Lo que pasa está en la interioridad, en la intimidad, vuelto escritura novelesca.

Como es frecuente en las ficciones de RESTREPO, hay una íntima relación con la realidad del país, la que se revela al dejar ver su compenetración con la trama y los personajes que busca redimir. Quizá ahí radica el tinte femenino que va más allá de una postura feminista, pues se vuelca sobre la situación apropiándosela, sintiéndola en carne y hueso, viviéndola con todas las gamas de la pasión, desdoblándose en narrador- personaje que se hunde en los recovecos y misterios de la conciencia. La voz inquiere y reflexiona, indaga y afirma, espera y silencia, consulta y atiende. La mujer que narra en la ficción ama, se compromete con la historia, con el desgarramiento de las situaciones, con la intensidad de las sensaciones y, como se afirma en el texto, es la misma que en sus épocas de estudiante universitaria aprendió con RENÉ GIRARD que "la violencia nunca es irracional". Situada con omnipotencia como un intelectual que mira desde arriba -ser superior-, al fin de cuentas sería una redentora, la voz-personaje sostiene profundos vínculos con los protagonistas (generalmente marginales) y narra con dolor la historia de este "tejido ajeno" concentrado en el personaje enajenado, y asume que en sus manos estaría el control de aquella amargura. En conclusión, la narradora, alter ego de la autora, ama la materia que las situaciones y sus personajes le entregan, se vuelca en ella volviéndola morada emocional y reclamando su reconocimiento frente al fantasma que persigue (Siete por Tres, por ej.).

 

La periodista apela al juego de todas las personas narrativas ajustando la oralidad a la escritura, entretejiendo voces y construyendo la subjetividad de las mismas: así articula la voz de Siete por Tres, la de Perpetua y la suya. A través del protagonista sabemos del sentimiento profundo de su búsqueda; gracias a Perpetua conoceremos el pasado del personaje y diversas situaciones apremiantes, sabremos de Charro Lindo, el líder que por ir detrás de una mujer abandonó a la multitud al "sálvese quien pueda"; tendremos también otra versión de Matilde Lina, de los azares de la guerra, la violencia y el desplazamiento; por la narradora se dará la posibilidad de entender no sólo los hechos en el contexto sino en el sentido de la condición del exilio como peregrinaje interno, una suerte de destino fatídico, una constante búsqueda. También, desde la voz narradora comprenderemos la función de la lectura y la escritura como reflejo de sí mismo, manera de vivir o de escapar.

- Sobre la faz del abismo. En 1991 leíamos la primera novela de AZRIEL BIBLIOWICZ, El rumor del astracán, y la crítica la reconocía como nueva novela histórica, de ciudad , específicamente de Bogotá en los años 40, de inmigrantes y de escritura cinematográfica. Los que no teníamos mayor conocimiento de las costumbres, rituales y convicciones de la cultura judía, nos aproximamos a ella ampliando la visión que años atrás, en la década de los 5°, había dado SALOMÓN BRAINSKI en su colección de relatos Gentes en la noria. Experimentando una narración estructurada en secuencias ya tono con las inquietudes contemporáneas, BIBLIOWICZ mostraba el encuentro de varios discursos: el del narrador que cuenta un relato contextualizándolo en un momento específico y el del investigador, sociólogo y periodista que conoce la historia de la ciudad y sus episodios, la letra menuda que está en los testi­monios y las historias de vida, situaciones diarias y asuntos que forman parte de la cultura colectiva. Así, de las hambrunas en Europa de entreguerras se pasa al viaje de una tierra lejana a otra, la del trópico colombiano, primero con el encuentro del paisaje y las costumbres extrañas, luego con los recorridos entre diversas calles de una ciudad lluviosa y gris, ingresando a determinados lugares, habitaciones, cocinas, comedores, escenarios comerciales, parques, en fin, de la mano de lo cotidiano en casas de inquilinato para judíos, asistiendo a sus ceremonias y hábitos, a su concepción de raza, clase, lengua, religión y grupo, a sus negocios y trámites, contrastes humanos, entre otros, al lado de las costumbres bogotanas domingueras, de la economía inmediata donde el precio del tinto o del transporte dan pautas, de las radionovelas y de los temas de entonces.

Un estilo solemne, humorístico y crítico permite acompañar a los perso­najes en su tránsito: seguir a Ruth en su historia de encuentro consigo misma frente a la vivencia de sus angustias, frustraciones y transgresiones, a Jacob en sus negocios puerta a puerta, a los pequeños o a los grandes comerciantes; Es una sociedad burguesa de casi mediados del siglo XX, que en la novela destaca la cultura judía y sus migraciones. La muerte y la vida se unen a la identidad nacional presentada en relación con la identidad de esa otra cultura de inmigrantes. Frente a Sobre la faz del abismo el lector encuentra una nove­dosa colección de textos que bien pueden considerarse postmodernos, por la indefinición de género y forma: cercanos al relato, el comentario, la parábola y la fábula, en ellos alternan alusiones al Antiguo Testamento, sugestivamente asociadas a la realidad de un país amenazante y una ciudad caótica. Es decir, el lector se encuentra frente a vivencias sagradas de un mundo primigenio y situaciones profanas del actual mundo primitivo, inscritas en Bogotá, como en cualquiera otra ciudad del mundo actual. El autor es otro y es el mismo: conocedor de los textos bíblicos y de situaciones de nuestra sociedad contempo­ránea, propone el cruce de los límites en estos textos en los que el comentario, la invención, la realidad y la imaginación moviéndose en los bordes cumplen su propia dinámica desde una fina ironía.

Algunos temas de El rumor del astracán se soslayan. En un país donde "abundan los milagros y sobrevivir es el mayor de todos", donde crece la nómina de desaparecidos, donde la tramitología, las trampas a la honestidad y las leyes de la influencia abundan, donde "la tierra prometida" es la del "sueño americano" que se extiende a otros lugares implicando migración y desplazamiento, donde el fútbol es la más significativa hazaña, donde no es posible la metáfora del ascenso a la montaña como lugar de refugio, soledad, encuentro con la trascendencia o la sabiduría, pues se interponen el miedo y la violencia, donde el caos urbano y la dificultad de comunicación se asemejan a la torre de Babel y al laberinto, donde los libros se pierden con los ángeles ocultos en sus páginas, BIBLIOWICZ le apuesta a la escritura como arma libe­radora o curativa remitiendo al mismo tiempo de nuevo a la tradición judaica en sus textos básicos, exaltándolos y parodiándolos.

"Todo está relacionado con todo", dice, y esto hace posible vincular las Sagradas Escrituras con nuestra profana contemporaneidad. El paraíso te­rrenal, Adán y Eva, el Diluvio universal, Caín y Abel, Moisés y la Tablas de la ley, Moisés y el faraón o Tzipora, el sacrificio de Isaac, Abraham y Sara, la tentación del paraíso, el infierno, el Gehena y el Negustán, Noé, los ánge­les, la torre de la confusión, las contradicciones bíblicas, los sacrificios y las sangres derramadas, entre otros, se desdoblan paródicamente en ambientes o situaciones actuales, tales como un problema de tránsito, la compra de una botella de vino en un supermercado, un encuentro epistolar entre dos mujeres que se disputan el amor alguien, una fila para tramitar visa en una embajada y poder emigrar del país, un atraco, un desaparecido más, un Mesías con beeper , fotografías y demonios, querer ser como dioses, en fin, obligan a la reflexión sobre "verdades eternas" en realidades humanas, así como a la comprensión del doble grandioso en lo insignificante a la vez monstruoso.

La concepción del texto sagrado y las historias primigenias es punto de partida desdoblado en transgresiones contemporáneas. Surge la pregunta por el verdadero autor de la Biblia: ¿por qué no podría escribirla una mujer, si son más hábiles con el lenguaje, más minuciosas en la observación, más sagaces y sutiles? De ahí su afirmación sobre el desorden y las contradicciones surgidas con la creación del mundo a manos de un Dios afanado y narciso, ávido de loas, sacrificios y cuentos. De ahí las reiteradas burlas al paraíso, al vocablo Adán, "sinónimo de abandono y descuido", a la serpiente con su lengua bifurca. De ahí también la ironía frente al cordero pascual, "el sacrificado y el sacrificador", el juego con el falso Mesías y la figura serpenteante de Negustán en el corazón de la ciudad; de ahí también la idea del libro sagrado que se busca. Confirmando una clara conciencia de desde dónde y para qué escribe, el autor confiesa en el prólogo que ha partido de comentarios rabínicos nacidos de las Sagradas Escrituras, en los que la exégesis o la interpretación de las historias bíblicas actualizaban el texto inicial; y en los relatos se reconoce el afán de filiar la creación en la línea del misterio y de la necesidad del arte, lo que expone en una amplia gama de conjunciones que redefinen lo sagrado y lo profano con toda su carga de absurdo, soledad, dolor y temor, mostrando desencuentro entre lo celestial y lo terrenal. La mezcla de éstos se matiza iró­nicamente haciendo ver que los límites no sólo se rompen en la escritura sino en los temas que bordean las diversas posibilidades: una línea atraviesa y Babel puede ser una de muchas torres construidas donde hay genealogías, artificios de salvación, formas de separación y poder, horror colectivo, muralla, palabra multiplicada, confusión de voces; otra surge y la montaña ya no será un lugar de oración e iluminación sino de pavor; en otra Adán y Eva son la encarnación de la soledad y del anhelo fáustico; en otra el sacrificio es un hecho absurdo y tormentoso que muestra la soberbia divina y la confusión original, y en otra el infierno está en nosotros, en la angustia que persigue, en la violencia diaria. Todas ellas convergen en una realidad que se desangra.

Pero una de las líneas traza otro tipo de camino, el que hay que buscar, seguir y construir entendiendo el don de la palabra y la seducción de la escri­tura. Con ella se llega no sólo al libro de los misterios sino al misterio de los libros donde los ángeles habitan. Llegar a su punto preciso es la aspiración. Es ahí donde lo sagrado se encuentra con lo profano. El título, tomado de una de las primeras frases de la Biblia: "Sobre la faz del abismo", muestra vértice y vórtice, intersticio, encuentro de los bordes. y como en la tradición clásica apunta a la palabra que cayendo como una piedra en el silencio reúne la biblioteca universal y revela "la arquitectura del Universo". En este libro la palabra que necesita del lector, como dice en el primer texto, para que se logre la comunicación del mensaje y se advierta la palabra escrita cohabitando con el mito, la violencia y la muerte.

- Hotel en Shangri-Lá. Una lectura de este conjunto de cuentos de OCTAVIO ESCOBAR, conduce a una nueva caverna ya una plaza no comunitaria. Cuan­do JOSÉ SARAMAGO aprovecha en su novela La caverna la analogía de marras para representar el nuevo orden y desorden del mundo y las realidades con­temporáneas, conduce a evocación de la cueva primitiva. Una nueva guarida protege de los peligros que asechan en el espacio externo. Si la caverna era refugio, protección, hogar, fuego, lugar de encuentro comunitario y social, las cavernas de hoy, semejantes en cualquier lugar del globo donde se mundia­lice la sociedad de consumo, aquellas que tienen como foco los megacentros comerciales, no son solamente un remedo de refugio sino también de ciudad yuxtapuesta y superpuesta.

Opera en ellas el secreto recuerdo que del mundo primitivo pasó a la aldea y de ésta a la jungla urbanizada: lo ancestral. Algo de la tradición subyace en estos lugares cuyos efectos reclaman, a la vez que experiencias nómadas, necesidad de privacidad y exposición a la mirada del otro. Ángulos inestables y multiplicidad de fragmentos entran en ese juego del presente en el que la imaginación se invade con imágenes rápidamente amenazadas por el agota­miento en la multiplicación de lo diverso y lo banal. Si de alguna manera se anulan los viejos arquetipos, de otra éstos se reconfiguran o resemantizan a tono con el asedio de la superabundancia.

En esos dos extremos van lo primitivo y lo nuevo, vivenciando cambios radicales: el lugar para guardarse o para morar -la caverna primigenia y luego la casa- ha modificado sus valores frente a aquel que conteniendo a muchos no alberga sino amontona, no alcanza a ser refugio ni morada, no existe en él el espíritu comunitario que conduce al reposo sino el del vagabundeo, el de la superabundancia y el consumo que invita y obliga desde técnicas de seducción y persuasión a consumir, desear, comprar o desechar, sin lograr sustraerse de ese gran ojo que fuerza a ser visto y ser mirado. Si bien esta nueva caverna convoca como una plaza comunitaria, las autoritarias leyes que la rigen apuntan a la individualidad masificada y alienada. "Templos del simulacro", dicen los estudiosos cuando se refieren al espacio público que se ve invadido y recorrido por transeúntes. Templos del mundo contemporáneo donde el vagabundeo resulta una ordenada deriva del mercado que lo reemplaza todo, anulando la intimidad, la ciudad misma, la historia y sus tradiciones, al saturar con lo hiper abundante de las sensaciones, de la velocidad extrema, de la visibilidad y multiplicidad de imágenes en movimiento, de la levedad que se impone bloqueando la gravedad, de la exactitud de un nuevo orden que puede ser reemplazable. En estos templos la máscara está a la orden del día y el disfraz esconde lo frágil y lo quebradizo.

Es ésta la realidad recreada en los seis cuentos de Hotel en Sangri-Lá, Premio Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia . Cada uno es fragmento de una maquinaria que pasa rápidamente, casi imperceptible, simulando lo real como un gran supermercado en el que transitan personas desoladas e insatisfechas. Cada cuento es una dependencia de ese Megacentro llamado Babilonia, entretejido como una puntada más de un gran conglo­merado. Babilonia deriva de esa Torre de Babel que señala en la mitología cristiana el caos de la comunicación, la imposibilidad de encuentro de len­guas, la condena al desorden y desde luego a la soledad. El microcosmos de ese espacio alusivo ya la vez representativo de la contemporaneidad aglutina sujetos y objetos, almacenes sectorizados, bares y restaurantes, compucentros y telecentros, cines, parqueaderos y zonas de diversión, sonidos y ruidos, miles de rostros que pueden ser mirados pero no siempre vistos en el sentido profundo del término (ver para conocer), no sólo representa el mundo como un gran supermercado, sino también como el nuevo laberinto donde el centro se disemina y cualquier sector puede ser lugar central. Esa Babel o lugar de confusión y desorden, se consigna como lugar de paso, de neonomadismo, de listo para llevar, definiendo y concentrando el verdadero no lugar, aquel cuyas coordenadas y referencias pueden cambiar y variar a tenor de las necesidades o caprichos de los comerciantes, los publicistas o los transeúntes.

Sin lugar a dudas, esa representación de la realidad concebida en la totalidad de los cuentos, corresponde a la contemporaneidad mundial: si antiguamente el creyente debía asistir al templo sagrado, a este nuevo lo incita la sociedad del consumo y del espectáculo; ha sido construido para comodidad de todos al concentrar al máximo todo lo que cabe de la ciudad en él. Todo al alcance de la mano, del ojo, del oído, del olfato, del gusto, de la piel. El cuerpo y los sentidos, las sensaciones. Democrático sí, aunque manipulado por el ímpetu que apela a la necesidad de consumir. Nadie se siente excluido y sin embargo cada cual es extraño en él. No es lugar para detenerse, y si esto se hace se ve en la quietud de quien allí se muestra urgencia de comunicación o de replie­gue, interrumpiendo su condición de transeúnte. Entrar a un bar para buscar comunicarse sin lograrlo, por ejemplo, mientras el posible interlocutor reme­mora los nombres barajados del sitio estableciendo una cadena entre el juego de ajedrez y figuras literarias o culturales; dar sin quererlo una información equivocada a un cliente y terminar en un absurdo diálogo de sordos telefónico, mostrando no sólo equívocos posibles sino la necesidad de ver al otro para lograr comunicación; aprovechar el descanso de la compra en el Hip como una familia reunida pero reconocer la dificultad de encuentro y el carácter de comediógrafo de cada uno de los miembros, mientras en cualquier corredor del laberinto comercial alguien "mueve los labios sin emitir sonido mientras el walkman le envía una canción de Pink Floyd". Estar entre la inocencia y el horror o entre el placer de la vida y la muerte que se proyectan de manera explosiva en distintas direcciones, hasta dejar un sabor tan ático del cual queda "un coro de sirenas" que acompaña el regreso a casa.

El tiempo de los hechos y del relato transcurren de la misma manera: nada trascendental acontece aunque pasan muchas cosas para los sentidos, reproduciendo así la celeridad con que suceden los hechos y las cosas en la realidad de hoy. El mundo como un supermercado de múltiples centros. A eso nos parecemos hoy. En el caso latinoamericano, si antes veíamos en la cultura española el espejo ausente al que queríamos parecernos y más tarde, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, los ingleses y franceses se convirtieron en nuestra cotidiana imitación, y avanzado el siglo XX lo era la cultura norte­americana, actualmente el nuevo des-orden mundial nos vuelve uniformes, a la manera del gran supermercado que define a las sociedades capitalistas. No sobra recordar el comentario burlesco que intenta definir los contrastes entre las dos culturas a las cuales miramos desde tiempos fundacionales: la mirada hacia Europa deja ver el mundo como un supermuseo; la que se dirige a Norteamérica lo ve como un supermercado. Éste se ha extendido. y como Shangri-Lá, no sólo es un lugar de la imaginación sino que puede estar en cualquier parte, mapa o croquis real o mental.

Todo puede ser transitorio allí. No es pues el lugar para quedarse sino para pasar, representando también los tiempos de lo huidizo y desechable. Allí se repite también el laberinto, pero en éste no hay Teseo que contribuya a la liberación o a la redención, porque los hilos y los pasadizos conducen a nuevas condenas. Si el Megacentro es parte del fluir abigarrado de ese todo contemporáneo donde innumerables caminos se encuentran y repelen, es también un aleph que contiene todos los puntos de la llamada aldea global, posible de ser ubicada en cualquier lugar como solución, amenaza y desvarío. y según los diversos temas que sub yacen en cada uno de los cuentos, los que desde el punto de vista narrativo aportan al estilo literario en el que ciertos vasos comunicantes son como un hilo de Ariadna que se desprende del primer relato, para guiar al lector por una trama común y fragmentada en la que aparecen elementos de la realidad nacional que dan otro tono y recrudecen la ironía y la perplejidad. Esto permite a su vez mostrar un mapa de la historia reciente, salpimentado con asociaciones cinematográficas y musicales que hablan del ritmo de una época en la que todo sucede, desde lo más horrendo de una bomba en un centro neurálgico de una ciudad, hasta una infidelidad a medias, una o muchas discrepancias familiares, permanentes diálogos inconclusos e insatisfactorios que se mueven en distintas direcciones, pasando por diversas peripecias para encontrar el nombre de un lugar, las expectativas para recibir un premio dado por el azar, la posibilidad de encuentro de una insólita pareja de amantes que no se ha consumado, en fin, conduciendo al escepticismo desde una sensibilidad conmovida en un mundo sin grandes expectativas. Ecología, violencia, tráfico, actos o gestos de rebeldía y sumisión, verdades a medias, cansancio, aluden a un mundo sin futuro y sin pasado, sólo con el inmediato presente que, como se insinúa en el último relato, tiene encima del Caos (caverna, Babel y laberinto) la visión tremenda del Apocalipsis. Hotel en Sangri-Lá es una travesía por un universo que en su apertura constriñe, reflejando lo que somos: pompa de jabón, espuma.

- Malena. El paso de la poesía a la prosa ha sido frecuente en algunos autores recientes. Basta recordar a DARÍO JARAMILLO AGUDELO (Santa Rosa de Osos, 1947), JUAN MANUEL Roca (Medellín, 1946), PIEDAD BONNETT (Amalfi, 1951), WILLIAM OSPINA (Padua, 1954) y GONZALO MALLARINO FLOREZ (Bogotá, 1958), entre otros, tema que merece análisis cuidadoso. El caso de MIGUEL MÉNDEZ CAMACHO es particular: sugestivo poeta y cuentista, cronista y periodista, su novela Malena engrana en esa producción literaria donde la vida transcurre con toda una carga de fascinación que pasa de lo emocional a lo erótico, de lo inmediato a lo remoto, de la creación a la reflexión, de la analogía a la ironía, de la comarca al mundo, de la eternidad a la muerte y de la risa a la ensoñación y la melancolía.

Malena es una novela sobre el acto de jugar como hecho vital. Vida y juego se entrelazan y entre los dos el amor y la trampa pueden hacer de las suyas. Retornando a la ficción que relata una historia de apariencia lineal, en la travesía por un episodio de la vida de una mujer, Malena, se propone un marco en el que coexiste el tránsito de la provincia a la ciudad, de la pobreza a la riqueza y del desamor al amor. Irónicamente, cada uno es una constante puesta en escena de la esperanza. Como trasfondo está la búsqueda del padre, la imagen de una madre manipuladora, el juego como arte y estrategia y parti­cularmente la escritura como "goce contagioso. Un delicioso vicio solitario igual que acariciarse, o enumerar pecado como ovejas, para buscar el sueño" (p. 60, cursivas en el original), según afirma en su diario el personaje, a sabiendas de que escribir es barrer ripios, adjetivos y verbos, revisar gerundios, tachar y comenzar permanentemente "un ejercicio humilde que parece fácil y que algunos consideran insulso", en el que "hay que aprender a manejar las manos para que el ruido se convierta en música" (p. 76). Habrá momentos en que se escribe para no pensar en lo que agobia y momentos en que se juega para detener el tiempo en la acción del juego que por sí misma puede parecerse a la escritura, es decir, es una analogía de ésta.

Jugar es aprender a vivir, hacerle el quite a la desolación y la ruina deján­dose seducir por el juego propuesto, casi como siguiendo un impulso erótico, especialmente si está ligado al azar ya la apuesta: de una u otra manera entran en acción no sólo seductor y seducido sino diversa gama de estrategias para ganar. Cada contrincante está dispuesto a la ganancia. Hay aquí una forma de aprendizaje vertida en Bildunsgroman que se expresa con exquisita ironía, pues desde ésta se teje un artificio diversamente policíaca: cómo estafar robando un casino, cómo conquistar a un padre recientemente conocido, cómo seducir a un hombre "resbaloso", como jugar y escribir, cómo amar y jugar. Frente a esto se debate Malena, mientras el narrador la conduce de Punta del Este a Buenos Aires ya San José de los Malos Pensamientos, en esta novela de tránsitos, en donde a los anteriormente señalados se unen el mundo de la quietud al de la escritura reflexiva y el del tango y del juego al de la ensoñación, sabiendo que este último representa un lugar feliz o un lugar infernal.

Si Buenos Aires es una ciudad celestina, San José de los Vientos, también conocida como de los Malos Pensamientos y de los Infiernos, es ciudad fron­tera, "lugar de paso para quedarse o regresar" (p.166), y como ciudades se reconocen en sus albergues, sus cementerios y lugares de juego. Es en ellas donde está la posibilidad de vivir ese juego largo donde hay desquite.

El poeta trocado en narrador aprovecha la poesía que mezcla al relato y hace guiños a NERUDA, a AURELIO ARTURO, a ALFONSINA STORNI, a DAVID BONELLS, a COTE LAMUS, citándolos o evocándolos. El periodista alterna con alusiones a la política nacional e internacional mostrando conciencia del presente y postura crítica, tal como se reconoce en unos de sus apartes: "La auditorira de la Federación depende de la Contraloría, una dependencia autónoma y poderosa que convierte a sus jefes en potentados presidiarios. Los últimos cuatro Contralores Generales reposan tras las rejas escribiendo libros donde se proclaman inocentes. De la Federación sabemos cuándo bajan los precios del café y empiezan a chillar los directivos" (p. 158).

Si Malena escribe su diario y quiere cambiar de vida saliendo de pobre, Anselmo, su padre, es un escritor frustrado que no ha acompañado el cre­cimiento de su hija y que envejeció "dudando de sus capacidades, mientras cambiaba temas, títulos y estilos" (p. 144), se consolaba escribiéndole cartas a los amigos y dedicaba su vida al oficio de jugar, sabiendo que el juego se rige por "progresiones geométricas, no matemáticas" (p. 197). Los dos están impelidos a una misma ecuación vital: jugar-escribir o, lo que podría ser lo mismo: escribir-vivir, vivir-jugar. Los une el azar buscado y la sagacidad de una empresa común: hacerle trampa al casino. Conquistado el territorio, después de jugar también a la máscara y la impostura y confirmar que el juego tiene formas sociales análogas a las reglas de urbanidad, una serie de peripecias salpimen­tadas con escenas y discursos eróticos y amorosos avanzan con las estrategias del relato policíaca. Lector y personaje se comunican entre sí: ¿serán capaces Malena y Anselmo de hacerle trampa al casino? ¿Logrará Malena representar bien su papel? ¿Será reconocida? ¿Descubrirá que su novio la engaña?

Entre lo leve y lo denso se mueve esta novela, jugando con el tópico de la vida como juego y el juego como vida, y de la estirpe de las novelas sobre el mismo tema, como El jugador de DOSTOIEWSKI o Veinticuatro horas en la vida de una mujer de STEFAN SWEIG, por ejemplo. MÉNDEZ destaca y desarrolla no solamente la pulsión lúdica y su condena, la urgencia de apostarlo todo para ganar o perder, sino, sobre todo, propone las estrategias del jugador que busca vengarse del verdugo, en este caso el casino, respondiéndole con las mismas armas. "En juego largo hay desquite", dice el refrán aludiendo no sólo al jugar sino al acto de vivir representado de muchas maneras: es el mismo de la tenacidad, de planear la estrategia que permita no sólo soportar las adversidades con inteligencia sino jugar a ganar, o vivir para ganar. y en este juego novelesco las estrategias narrativas entrelazan con lenguaje directo, alusivo y sugestivo historias de amor y drama, sin dejar de lado apuntes a la vida cotidiana y la realidad nacional, reflexiones de autoconciencia literaria y situaciones expectantes narradas con procedimientos policíaca es sabiamente dosificados con sentido del humor y economía verbal.

 

II. ¿ESCRITURAS DEL NUEVO SIGLO?

 

No acaba de asimilarse el siglo anterior cuando el reciente da zancadas de la mano de un nuevo milenio. Saber cuándo empieza un siglo y cuándo termina otro no es claro. Para algunos, las búsquedas y los estragos de la Revolución Mexicana ( en el caso de América Latina) y de la Primera Guerra Mundial en las dos primeras décadas del 1900 fueron detonantes del paso hacia el siglo XX, cuya prolongada violencia y la diversificación de derroteros y frustraciones se vivieron no sólo con la Segunda Guerra Mundial , los efectos de la bomba atómica, los de la Guerra de Vietnam y los alcances de la Revolución Cubana , sino también con las inquietudes científicas, políticas, sociales, revolucionarias y culturales que agitaron gran parte del siglo haciendo evidentes necesidades de cambio y crisis diversas, entendidas a finales de la década del 90 como cau­santes del desencanto de las utopías ( disolución de la Unión Soviética , caída del Muro de Berlín y los conflictos generados con las políticas latinoamericanas). Atentados en uno y otro lugar, crisis de las representaciones, de poder y de gobernabilidad, degradación de las costumbres, quiebra de las instituciones, de los partidos tradicionales, proliferación de sectas religiosas, en fin, satanizan y estigmatizan la época condicionando la llegada de los nuevos tiempos.

No entrábamos aún al siglo XXI y al tercer milenio, cuando los espectacu­lares atentados terroristas en Norteamérica, dirigidos contra las emblemáticas Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en Washington, conocidos como "I I S", marcan la continuidad del siglo anterior y la inestabilidad de su legado. Cada época tiene su espíritu y sensibilidad que la definen, así como unos modos y unas formas expresivas de vida y pensamiento que la proyectan. ¿Cuáles y cómo fueron éstas en los últimos 50 años y cómo se perciben en el inmediato presente? Las expresiones artísticas son depositarias de ello. En el caso de las letras, el dinamismo inestable del pasado hace eco en el presente y muestra la aceleración y vértigo de los nuevos tiempos.

Un balance de la(s) nueva(s) narrativa(s) colombiana(s), referido más a las más recientes promociones de autores , aquellos nacidos entre los sesenta y los setenta, permite entender que estamos ante expresiones que se ajustan al presente ya modos de narrar que se distancian de los anteriores. Nada de utopías que pretendan cambiar el mundo y la realidad con sus ficciones, nada de gestos que denoten compromisos sociales o ideológicos, nada de actitudes o convicciones mesiánicas, nada de experimentos que se propongan revisión o renovación de las formas, poco de parodias y de risas; sobresalen relatos que hablan del momento actual y reflejan sensación de vacío y escepticismo, de incertidumbre y abandono.

Revisando algunas escrituras, se reconoce en algunos el afán de hacer estudios literarios o postgrados en campos afines, hay quienes se vinculan a revistas o editoriales y otros se radican en ciudades del extranjero: Ciudad de México, Nueva York, París, Roma, Madrid y Barcelona. Parte de esta diáspora, gracias a experiencias de la última década, eligió a España, y de ella a Barcelona, como lugar ideal para vivir y crear. MORENO-DURÁN definía bajo el nombre de "Capítulo Catalán" a los escritores e intelectuales latinoamericanos que entre las décadas de 1960 y 1970 (puede extenderse a parte de la de 1980) lo hicieron, recordando que etimológicamente capítulo "viene del latín capitulum, que significa letra capital". Refiriéndose a la trayectoria personal y colectiva cita un fragmento del capítulo LXXII de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, en el que el Caballero Andante reconoce a Barcelona como una ciudad única en belleza, "albergue de extranjeros" y lugar de escritores y literatos: "me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos, y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única". Varios autores han reconocido que Barcelona ha sido terreno propicio para la literatura desde tiempos remotos, ya que, como afirma el escritor boyacense, "cubierta por el aroma de la tinta y el papel de imprimir" ha conquistado a más de un escritor latinoamericano, convirtiéndose, más que otras ciudades de la Península Ibérica , en la patria buscada, en este caso patria de la lengua y de la cultura. y parafraseando los inicios de Pedro Páramo y evocando el fragmento de Don Quijote de la Mancha, el mismo MORENO-DURÁN se refiere a su estancia en esta ciudad en un destino que estuvo íntimamente asociado al del personaje de la célebre novela del Siglo de Oro. El narrador colombiano recuerda que "Don Quijote, al pasear por las cercanías de la casa donde se alojaba -probablemente en la calle Montcada-, descubrió un letrero que decía: 'aquí se imprimen libros'. Entró en la imprenta y enumeró, describió y alabó todas las actividades e instrumentos para la edición: 'y vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en ésta, enmendar en aquélla, y, finalmente, toda aquella máquina que en las imprentas se muestra" .

Recuerda también MORENO-DURÁN que sus trece años en Barcelona fueron decisivos para su relación profunda con "toda clase de entes de ficción" y "seres de lenguaje", como también lo sería para quienes hicieron de ésta su refugio y lugar de trabajo, los latinoamericanos que allí vivieron, escribieron y publicaron y, aunque sin formar un grupo que los definiera por sus afinidades, proyectos o manifiestos, eran o querían ser escritores . Evocando antecedentes, destaca esa "larga peregrinación de escritores a esta ciudad, domicilio permanente de algunos y hasta la muerte de otros", y entre el siglo XIX y comienzos del XX cita a ANTONIO JOSÉ RESTREPO, JOSÉ MARÍA V ARGAS V ILA y JORGE ZALAMEA, sin dejar de resaltar los años de residencia de GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (1967­1975). Así mismo, insiste en las obras escritas y publicadas por algunos autores colombianos, llamando la atención sobre las distinciones con el Premio Nadal de Novela otorgadas a MANUEL MEJÍA V ALLEJO con El día señalado 1963 ya EDUARDO CABALLERO CALDERÓN con El buen salvaje en 1965.

Si ampliamos el abanico de narradores colombianos cuya presencia ha sido reconocida en España, basta recordar a ÁLVARO MUTIS, distinguido con los premios Reina Sofía y Cervantes, a LINA MARÍA PÉREZ con el Juan Rulfo -modalidad cuento negro- otorgado en Gijón (2000) y mención en Premio Max Aub (2000); a JORGE FRANCO con su Premio en Literatura Negra en Gijón (2000); a HÉCTORABAD FACIOLINCE con el Lengua de Trapo (1999); a ÁLVARO ROBLEDO y RODRIGO PARRA SANDOVAL, finalistas en el Herralde de Novela (1999); a LUIS NORIEGA con el Novela Corta de Ciencia Ficción UPC (2000), a MARIO MENDOZA con el Biblioteca Breve por SU novela Satanás (2002), ya LAURA RESTREPO con el Alfaguara por su novela Delirio (2004). No sobraría reconocer aquí las publicaciones de narradores colombianos en prestigiosas editoriales de España desde fines de los setenta: el ensayo De la barbarie a la imaginación y la trilogía Fémina suite de MORENO-DURÁN (Tusquets, Seix Barral y Montesinos, respectivamente), Los parientes de Ester de LUIS F AYAD y Celia se pudre de HÉCTOR ROJAS HERAZO (Alfaguara), gran parte de la narrativa de ÓSCAR COLLAZOS, y más recientemente CONSUELO TRIVIÑO, PEDRO SORELLA y loS poetas DARÍO JARAMILLO AGUDELO, JUAN GUSTAVO COBO BORDA, PIEDAD BONNET y RAMÓN COTE, por citar sólo unos casos.

Otros colombianos de manera diferente han hecho de Barcelona o Cata­luña su lugar para vivir y construir mundos de lenguaje y seres de ficción:

en narrativa SERGIO ÁLVAREZ (1965), LUIS NORIEGA (1972), JUAN GABRIEL VÁSQUEZ (1973), CAROLINA SANÍN (1973), ANTONIO UNGAR (1974), ÁLVARO ROBLEDO (1977), en poesía ANABEL TORRES (1948) y en minicuento y poesía ARTURO BOLAÑOS. A ellos se unen voces y expresiones artísticas y culturales que hablan desde la joyería, las artes plásticas, el diseño, la cerámica, el cine, la arquitectura, los montajes, la antropología, la publicidad, el periodismo, la investigación, etc., construyendo camino de diversa manera, quienes no sólo buscan y manifiestan su ser y estar en el mundo, sino llevan la sensibilidad de su tiempo y la vena expresiva de su país a otros territorios.

Mirando desde otro flanco, recuerda WILLIAM OSPINA que desde hace largo tiempo los latinoamericanos llevan su cultura al resto del mundo: la música, el baile, las artesanías, las costumbres, las artes, la literatura y la gastronomía. Así mismo reconoce que el boom narrativo hizo notable nuestra cultura a través de sus autores y sus letras, y que desde los años 3° del siglo anterior ritmos musicales como el tango se conocen en París, en los 4° el son y el bolero, en los 50 el mambo, de la misma manera que BORGES, N ERUDA y RULFO, en los 60 JULIO CORTÁZAR, JORGE AMADO, GUIMARAES ROSA, JOSÉ LEZAMA LIMA, CARLOS FUENTES, ALEJO CARPENTIER, ERNESTO SÁBATO, MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS, GARCÍA MÁRQUEZ, así como en artes plásticas FRIDA KAHLO, JOSÉ LUIS CUEVAS, GUAYASAMÍN, DE SYSLO, FERNANDO BOTERO, WILFRIDO LAM (p. 15). La canción protesta, la salsa, el rock, la ópera, determinados músicos, han entrado por puertas grandes o pequeñas a los escenarios mundiales. ¿Llevarán los jóvenes creadores "su música a otra parte"? Acaso la joyería, la antropología, la cerá­mica, los montajes efímeros, el diseño, el cine, el periodismo, el testimonio, el cuento, la novela y la poesía, ¿no están haciendo presencia en contextos propios y ajenos? Lo que quede de ello lo dirá, si es justa, la historia.

 

I I I. ANT ES y DESPUÉS D E "LAS GRAND ES RABIAS Y LOS HERMOSOS ERRORES"

 

Se hace imperativo reconocer que la literatura latinoamericana llegó al nue­vo siglo con una diversidad de propuestas que muestran la convivencia de varias promociones de escritores cuyas tendencias no corresponden única y necesariamente a las convencionales nociones de generación. Esa diversidad revela cambios de perspectiva, de sensibilidad y de estética, lo que en el caso colombiano fue definido como "un largo adiós a Macondo", correspondiente a lo que en otros países significó la despedida del boom narrativo de los sesen­ta. El balance se concreta en una narrativa a tono con la complejidad urbana, alejada de todo ruralismo y del realismo mágico, mítico y maravilloso.

Si los que surgieron a mediados de la década de 1960 y al cerrarse la de 1970, aunque marcados por sueños y utopías revolucionarias se caracterizaron por su deslinde o ruptura del boom, los siguientes no muestran conflicto ante ningún pasado ni autor ejemplar. Partícipes de una cultura polivalente refor­zada por la informática y las telecomunicaciones, fundamentan su formación y su relación con el mundo sin asumir cuestionamientos a la historia de su país o de su tiempo, expresan su realidad en vívido diálogo con lenguajes diversos y ofrecen historias en las que se reconocen contemporáneos de cualquier lugar. Es habitual en muchos de ellos el regodeo de sus lecturas con la ciencia ficción, así como estar entre la fantástico policíaca, la estética y el realismo sucio, la expresión de lo azaroso y vertiginoso de la vida cotidiana, lo panvitalista y neoexistencialista, en contraste con unos pocos que acuden a la sentencia filosófica y la reflexión en la historia o el pensamiento.

 

La coexistencia de escritores que asisten a los grandes debates de las décadas del 60 y 70 y los posteriores, particularmente los de fines del siglo anterior y comienzos del actual, refleja concepciones disímiles. Unos son próximos a los momentos críticos de la historia moderna (ideologías políticas, sociales, culturales o existenciales), buscan explicar o exponer el desastre en una época de relati­vismos e incongruencias; otros viven la multiplicidad como hecho inmediato y cotidiano según sus experiencias personales y / o la permanente puesta en esce­na del diario pasar a través de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías. Si unos revelan muchas veces con humor e ironía el desmoronamiento de las utopías, otros muestran desasosiego a la par que ligereza, vértigo y truculencia, generalmente mediante velocidad y multiplicidad de escenas. Unos asisten a la desilusión, al desencanto y el escepticismo ante las consecuencias de ese derrum­be. Evidentemente, no son iguales los intereses y preocupaciones de quienes iniciaron su recorrido en la búsqueda utópica, viviendo al tanto de los procesos de su país, de Latinoamérica y del resto del mundo, frente a los de aquellos cuyo trabajo literario inicia al finalizar un siglo o comenzar el otro .

 

Búsquedas, imaginarios y representaciones se han diversificado. Los ar­quetipos macondinos y los mundos fundacionales y maravillosos de GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ entraron, con el desesperanzado y eterno aventurero mu­tisiano a formar parte de los clásicos; los fundamentos críticos, paródicos y juguetones contrastan con la inmediatez y el escepticismo de los relatos que narran visual y vertiginosamente. Los nuevos personajes literarios, como sus creadores, se sienten excluidos de todo, como dijo en alguna ocasión GON­ZALO GARCÉS: "de la fiesta de los 60, de la sangre de los 70, de la primavera democrática, del trabajo de hoy, de las grandes rabias y los grandes y hermosos errores". Para éstos no hay lectores dispuestos a desentrañar el mundo secreto, las claves, las esencias y el lenguaje cifrado de una obra que obliga al reto de la lectura y al culto a la sabiduría.

A través del ritmo narrativo, muchos relatos recientes evidencian cosas que acontecen simultáneamente y en apariencia no parece suceder nada excepcio­nal, lo que suscita en el lector la visión escénica de una escritura mimética que calca 0 reproduce lo inmediato. Así por ejemplo, el acelerado y escatológico universo con el que se pretende escandalizar en la narrativa de EFRAIM MEDINA (1964), contrasta con el dramatismo de Opio en las nubes de RAFAEL CHAPARRO MADIEDO (1963-1995), cuya fragmentación y temática refleja los estragos del escepticismo, así como en la de SERGIO ÁLVAREZ (1965) y NAHUM MONTT (1967), quienes con sórdida ironía ponen a prueba lo decadente y truculento de culturas marcadas por ritmos nocturnos y álgidas situaciones en las que crímenes, magnicidios y conspiraciones entretejen la realidad en la ficción. La música y la vida asediada por lo inmediato contrastan con la calculada escritura de JUAN GABRIEL VÁSQUEZ (1973), y la de mundos y personajes escépticos de ANTONIO UNGAR (1974), quienes sin obviar lo contemporáneo construyen estilo y reflexión pensando cada frase, cada concepto, cada suceso. El estilo puntual, reflexivo y en casos meditativo de las narraciones de JUAN CARLOS BOTERO (1960), cuya observación va de la mano de la metáfora del descenso al fondo de sí mismo, invitando al núcleo perdido y al misterio de la existencia, contrasta con las de MARIO MENDOZA (1964) y SANTIAGO GAMBOA (1965), en las que lo policíaca y lo negro reflejan el desastre y la amenaza de las ciudades contemporáneas: MENDOZA lleva al lector por los laberintos de la condición humana aprovechando exploraciones en terribles ciudades neogóticas; y desde su experiencia y agilidad periodística GAMBOA funde la inmediatez del pre­sente con la preocupación del investigador "policíaca" que indaga en el caos, en el horror, en la podredumbre, en el sujeto migrante existente en cualquier lugar. HUGO CHAPARRO VALDERRAMA (1961) entrelaza lo cinematográfico y especular en ficciones que retoman imaginarios y seres fantasmagóricos de la cultura de masas y JORGE FRANCO (1965), ahondando en la soledad y el amor, en la desintegración de valores de la sociedad contemporánea y de su país, aprovecha temáticas cercanas a las de FERNANDO VALLEJO y LAURA RESTREPO, pero sin la actitud "malpensante" del primero o políticamente comprometida de la segunda; indudablemente su escritura, como la de CHAPARRO MADIEDO , ÁLVAREZ, MEDINA, MENDOZA y GAMBOA, es de urgencia y desconsuelo.

Por su parte, las diversas ficciones de HÉCTOR ABAD FACIOLINCE (1958) expresan con burla y juego la desestabilización, aprovechando recursos del erotismo y extractando temas de la picaresca y la malicia de la vida cotidiana de cualquier lugar, así como PHILIP POTDEVIN (1958) explora temas culturales y eternos para replantear el oficio de escritor, sin dejar de lado erotismo y auto­rreflexión, mientras LINA MARÍA PÉREZ PÉREZ (1949 ), quien desde su particular transición (lo tradicional y lo novedoso) y sin hacer literatura feminista, explora universos problemáticos de la experiencia humana, narrados con mucha ironía, deliberada agudeza, sugestión y penetración. PEDRO BADRÁN (1960), EVELIO ROSERO (1958) y JULIO PAREDES (1957) logran que sus personajes y sus mundos sean los de ciudades desintegradas y desamparadas al expresar, cada cual con su propio estilo, su experiencia de la realidad: el primero desde la alegoría y el tránsito de la oralidad a la escritura, el segundo desde lo catastrófico y cierta dosis de realismo-naturalismo, y el tercero, quizá menos referido a un lugar específico, desde lo metafórico. JAIME ALEJANDRO RODRÍGUEZ (1958), sin perder de vista la interioridad del sujeto asume la función de la escritura autoconsciente, revisa la realidad nacional y aprovecha la escritura hipertextual para poner en acción la novela cibernética. ALONSO SÁNCHEZ BAUTE (1964) y RICARDO SILVA (1975) revelan lo cercano, los comportamientos, los medios masivos, los territorios sociales o culturales del ser humano sujeto a la soledad y el aislamiento; el primero desde lo marginal, el segundo aprovechando lo mediático. En el caso particular de su provocadora novela Al diablo la maldita primavera, SÁNCHEZ BAUTE apunta a la realidad del homosexual de manera diferente a lo propuesto por FERNANDO VALLEJO, pues no se trata de exaltar una condición y de aprovechar la diatriba para meter el dedo en la llaga de la realidad nacional, sino de poner de presente una manera de ser que se expresa no sólo en estereotipos sino en la representación de una sociedad excluyente que obliga a disfraces y máscaras. La mordaz narrativa de SILVA se elabora desde el reconocimiento de la tecnología y la era digital o desde la alienación de los medios masivos de comunicación, revelando el vértigo y el vacío que produce la realidad contemporánea. Lo anterior contrasta con el carácter sentencioso de ENRIQUE SERRANO -cercano de alguna manera a la precisión del estilo de JUAN GABRIEL VÁSQUEZ- que, dispuesto a indagar en el pasado de filósofos y sabios de la antigüedad, hace de ellos su fuente nutricia para expresar la convicción de que la sabiduría está en otros tiempos y lugares.

Más allá de Macondo, la ciudad es el gran escenario, la historia es la del presente y la escritura la de la apertura a los lenguajes. Nada de compromisos políticos y sociales, nada de utopías, de experimentos formales o de explica­ciones existenciales. El aquí y el ahora tienen la palabra en gran parte de los narradores más jóvenes, mientras en los del deslinde y la ruptura, vinculados a la historia ya las tradiciones, la pulverización del sujeto y la descentralización del universo, la urgencia y el carácter de emergencia se imponen, y la escri­tura se convierte en el vehículo por excelencia para cuestionar lo establecido y mostrar la crisis de las valores enaltecidos por la modernidad. En varios de éstos la escritura es la forma de expresión del deseo de un individuo agobiado por la pérdida de los atributos.

En esa diversidad la visión es caleidoscópica: con estilos y problemáticas diversas unos constatan el desencanto y otros el escepticismo. Los desencan­tados pueden encontrar posibilidades en la diversidad de la postmodernidad coexistiendo en nuestra realidad y cultura. Entre los utópicos, los desencanta­dos y los escépticos, la escritura se convierte en ciertos casos en el arma para exorcizar demonios y construir entes y seres de ficción que den explicación al transcurrir y al desastre contemporáneo, desde una palabra que relaciona, interpela y burla, acusa y reclama o sustituye.

1. Es frecuente en las novelas de RESTREPO el tema del amor enfocado desde diversos ángu­los, señalando la amenaza del mundo exterior o de la realidad social y política: lo idílico {Dulce compañía, Olor a rosas invisible.), la pesadumbre y la miseria {La novia oscura), lo problemático emocional y social {Delirio ), se despliegan entre la violencia, el erotismo o la soledad.

2. Es interesante recordar que en las novelas de LAURA RESTREPO es frecuente la participa­ción de personajes femeninos que desde una posición superior, intelectuales, reporteras, investigadoras, etc., sucumben al encuentro con aquellos seres desprotegidos ya la vez superiores que definen a sus protagonistas masculinos. Cfr. Dulce compañía, donde se relata la relación que una periodista establece con un "ángel terrenal", viviendo en una barriada bogotana situaciones más maravillosas y sobrenaturales que reales.

3. Para un análisis más amplio de esta novela cfr. nuestro análisis en GIRALDO (comp.). La novela colombiana ante la crítica, cit.; en Narrativa colombiana. Búsqueda de un nuevo canon, cit., y Ciudades escrita. cit.

4. La estructura de este libro de relatos sería semejante a la de Metropolitanas de R. H. MORENO-DURÁN ya la de La amante de Shakespeare de RODRIGO PARRA SANDOVAL, libros que pueden leerse como novelas fragmentadas o cada texto como cuento unitario.

5. Es preferible hablar de promociones antes que de generaciones, por considerar dema­siado problemática esta última, ya que la inscripción en fechas o períodos no logra hoy mayores avances frente a las definiciones o las concepciones anteriores.

6. Es de reconocer que editoriales multinacionales como Alfaguara (Aguilar, Altea, Taurus), Planeta (Se ix Barral, Arial) y Norma desde hace algún tiempo fortalecen la edición de autores nacionales, sobre todo en cuento o novela, privilegiando muchas veces a los más jóvenes narradores y, sin duda alguna, a los de mayor "mercado"; corresponde reconocer también las publicaciones de Villegas Editores, Plaza y Janés, las de Arango Editores y las de Altamir, así como el interés que la nueva narrativa suscita en las editoriales de las universidades EAI'IT, de Antioquia y Bolivariana, las tres de Medellín. También es inte­resante confirmar que un nuevo fenómeno editorial ha surgido de las inquietudes profe­sionales generadas en estudiantes de carreras de literatura, al proponerse la divulgación, difusión y edición o reedición de obras y autores jóvenes, como es el caso de Proyecto Editorial y de El Astillero Imaginador, animados por exalumnos de la carrera de literatu­ra de la Universidad Nacional de Colombia. Unas y otras editoriales harían decir que la literatura colombiana tiene la palabra.

7. Aprovechamos el nombre dado por el autor en este texto que forma parte de su AUGUSTA SILABA, por considerarlo pertinente para estas notas, en el doble sentido de la impor­tancia que ejerce un lugar sobre la literatura, asumida ésta como "letra capital", como palabra que se define.

8. Cursiva en el original.

9. El narrador se refiere a que a comienzos de los setenta Barcelona "era un mosaico de nacionalidades y autores, como SALVADOR GARMENDIA, LUISA V ALENZUELA, NÉSTOR SÁNCHEZ, ALBERTO COUSTÉ, MAURICIO WACQUEZ, ALBA LUCÍA ÁNGEL, JORG!, EDWARDS, JULIO ORTEGA, RAÚL NÚÑEZ, CRISTINA PERI ROSSI, SERGIO PITOL, RICAROO CANO GAVI­RIA, ÓSCAR COLLAZOS", "con la presencia triunfar' de GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, JOSE DONOSO y MARIO VARGAS LLOSA. A esa "heterogénea colonia" se integraron MARTA TRA­BA, EDUARDO GALEANO, ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, los colombianos HECTOR SÁNCHEZ, CARLOS PEROZZO, LUIS FAYAD. Subraya, además, que algunos fueron saliendo poco a poco en desbandada, mientras unos pocos, como él, hicieron de esta ciudad su lugar de residencia durante muchos años. No es el caso de desconocer ahora el valor que otros narradores le han dado a su estadía en la ciudad después de los setenta, entre quienes merece recordar se a FRANCISCO SÁNCHEZ JIMÉNEZ, CARLOS ORLANDO PARDO, SONIA y COLOMBIA TRUQUE, MANUEL GIRALDO "Magir', y más recientemente, entre J 999 y 2000, EVELIO JOSÉ ROSERO y RODRIGO PARRA SANDOVAL. Boom, transición y postboom, encon­traron albergue en Cataluña. La crisis actual de nuestros países, distinta de las de los años de la revolución y los movimientos estudiantiles de años atrás, atrae una nueva y diversa población de intelectuales que se encuentran en contacto o en crisis con otros que se desplazan en búsqueda de nuevos horizontes sociales o vitales. Entre vivir y prepararse, sobrevivir y expresarse, otros emigrantes construyen expresiones en el territorio de las letras.

10. Importante reconocer aquí el trabajo narrativo de LAURA RESTREPO quien se inicia como novelista a fines de los ochenta- con sus propuestas que se nutren de sus investi­gaciones como periodista. Sus novelas han tenido amplia divulgación y recepción, desde temas cercanos a la realidad inmediata nacional, y en ellas prima, más que cualquier pre­ocupación de orden crítico, el deseo de contar una historia que atrape al lector común, aprovechando algunos recursos garciamarquianos o de la inmediatez periodística para expresar el transcurrir y el escepticismo. En sus Cuentos sin antifaz (2001), y Cuentos punzantes (2006), desde un clásico tono policíaca y una fuerte ironía, LINA MARÍA PÉREZ explora temas ligados a la rutina de la vida moderna, generalmente a los letargos de las relaciones de pareja, y entreteje "silenciosamente" motivos musicales a episodios de la historia menuda de Colombia, creando diálogos entre lo serio y lo cómico, lo banal y lo trascendente; la puntual escritura y el tono sostenido la hacen una autora sin par. FER­NANDO VALLEJO (1942), uno de los narradores más críticos e irreverentes de las últimas épocas, también se da a conocer en el campo literario en los ochenta con la publicación del primer libro de su serie El río del tiempo, pero es con su galardonada La Virgen de los Sicarios que, aprovechando un lenguaje lumpesco, expresa la degradación de los valores y una vivencia a la vez que dramática de inmediatez y gozo vital. JORGE FRANCO sintetiza la escritura de los anteriores: historia entretenida, carácter policiaca, realidades contem­poráneas, escenarios urbanos y sensibilidad escéptica.

 

 

 

 


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