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Antonio Curcio Altamar
El paradigma tradicional

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Bodgan Piotrowsky
Literatura y realidad nacional

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Raymond Williams
Ideología y regiones

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Alvaro Pineda Botero
Del mito a la posmodernidad
La fábula y el desastre

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Luz Mery Giraldo
Búsqueda de un nuevo canon
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Cuentos y relatos de la literatura colombiana
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Un siglo de erotismo en el cuento colombiano

 

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Colombia's New Urban Realists

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Gina Ponce de León
Panoarama de la novela colombiana contemporánea

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Jaime Alejandro Rodríguez
Posmodernidad literaria
Narradores del XXI. Cuatro cuentistas colombianos

  María Helena Rueda
La violencia desde la palabra
  María Elvira Villamil
La narrativa colombiana reciente

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La novela policiaca en Colombia
Hubert Poppel


Panorama de la novela colombiana contemporánea

Gina Ponce de León

Tomado de: Mujer, erotismo, mito, utopia y héroe contemporáneo en Alvaro Mutis. Bogotá: Universidad Javeriana, 2002


Álvaro Mutis es un narrador nato cuyo prestigio aumenta con los años, fenómeno común respecto a los autores verdaderamente clási­cos. Y, como es de esperar, también se incrementa el número de lec­turas críticas y estudios dedicados a la obra del gran novelista y poeta colombiano. Por todas estas circunstancias, en buena hora nos llega este estudio lúcido de la profesora Gina Ponce de León, colombiana que ha leído a Mutis con entusiasmo y pasión desde su niñez en la 'Atenas Sudamericana', incluyendo sus años dedicados al estudio de las letras en la Pontificia Universidad Javeriana. Al doctorarse en la Universidad de Colorado, en Boulder, siguió fiel al maestro colombia­no y se dedicó al análisis detallado de su obra.

El joven poeta Mutis apareció en el escenario cultural con su amigo entrañable de toda la vida, Gabriel Garcia Márquez, en los años cin­cuenta. Su generación se codeaba con los intelectuales de la revista Mito que deseaba, ante todo, modernizar y universalizar la literatura colombiana. Estos jóvenes sentían el enorme peso de la tradición lite­raria colombiana, una de las más conservadoras de cualquier nación latinoamericana y muy imbuida de fenómenos tan dispares como la cultura grecolatina, la filología española, la poesía pura, la clásica novela romántica Marta, la otra novela clásica criollista, La vorágine. Viendo este panorama cultural de su país natal, el joven García Márquez declaró que la literatura colombiana era un "fraude" a la nación y se dedicó a escribir, lejos de aquel fraude, su círculo narrati­vo de Macondo. Fue una respuesta, como se sabe hoy en día, univer­salmente notada.

La respuesta de Mutis fue también de índole universal. Desde su primera poesía, Mutis ha llevado a sus lectores en un viaje universal, como lo son todos los viajes espirituales. Apartándose de las tradicio­nes regionales y la retórica española en boga en el momento, Mutis comienza a crear el personaje mítico de toda su literatura -Maqroll el Gaviero-, con el cual logro construir un mundo literario admirado por escritores y lectores, no sólo de toda América Latina, sino también de Europa y los Estados Unidos.

Dados los intereses de Mutis por elaborar una literatura univer­sal y mítica, es bien informada la aproximación de Gina Ponce de León, que se basa principalmente en el estudio del mito. Después de asimilar la mayor parte de los estudios teóricos sobre el mito (partiendo de Eliade, Norton Frye, Rollo May y Henry Donner), Gina Ponce de León analiza, con singular profundidad, asuntos como la utopía y el mito contemporáneos en La mansión de Araucaíma, la aventura del héroe en La Nieve del Almirante y Un bel morir, y la nueva mujer y la utopía en nona llega con la lluvia y La última escala del Tramp Steamer. Dice Gina Ponce de León:

En La manslon de Araucaíma, la Machiche posibilita la sensualidad y el erotis­mo que poseen sin excepci6n las mujeres de Mutis. La mujer es la que posibi­lita las aventuras del Gaviero en novelas como Un bel moliry La Nieve del Almirante. Es también la que rescata al Gaviero de la caída total, como en Ilona llega con la lluvia, y es la que permite la poetizaci6n de la escritura y, por lo tanto, la amplitud del lenguaje narrativo en La última escala del Tramp Steamery, tam­bién, en Ilona llega con la lluvia.

La mujer es esencial en las novelas de Mutis y representa tanto la liberación y el anarquismo como el amor y la aventura. También simboliza la posibilidad de la fantasía.

El erotismo es uno de los temas que se desarrolla con mayor in­sistencia en la obra novelística de Álvaro Mutis. Se observa en La mansión de Araucaíma, donde se muestra como elemento que permite la utopía contemporánea. El erotismo se encuentra en cada uno de los personajes y en cada paisaje que el narrador de las novelas de Mutis describe.

Como ingrediente de la narrativa, el erotismo muestra una nue­va visión del mundo en temas considerados marginales, los cuales entran a formar parte de la contemporaneidad como fundamentos de la forma de interpretar el mundo. El erotismo está representado prin­cipalmente por la mujer, quien ofrece una magnífica posibilidad de apertura de la visión del mundo. Asimismo, se muestra una mujer integral en novelas como nona llega con la lluvia y La última escala del Tramp Steamer. La mujer en estas novelas no es únicamente la mujer ideal o la mujer arquetipo, sino la mujer integral con los defectos y las cualidades que representan al ser humano.

Lo que escribe Ponce de León no busca el ornato. Prefiere la prosa directa y la claridad del análisis crítico, propios del escritor con voca­ción de maestro.

Por la trayectoria de Álvaro Mutis como poeta, como novelista y por su pertenencia al mundo cultural literario, no solamente de Co­lombia y México, sino también de América Latina y Europa, este au­tor tiene plena conciencia de lo que es la escritura, el acto de escribir y las implicaciones de esta labor en el mundo contemporáneo. Por esta razón, el estudio de sus novelas de la década de los ochenta es la creación de un universo autónomo, original y novedoso con todas las implicaciones de la contemporaneidad. El héroe, el mundo mítico, la concepción de la mujer, la crítica al presente, la negación de la histo­ria, el erotismo de la naturaleza y de la vida en general, y todos los paisajes extraños, imaginables y reconocibles son apenas algunos de los espacios de estudio que presenta la obra de Álvaro Mutis, en cuyos vericuetos Gina penetra con pasión y sabiduría.

Después del largo e impresionante viaje académico de la doctora Gina Ponce de León (que la ha llevado desde el norte de Bogotá hasta el norte de Nueva York, pasando por Ciudad de México), es muy fructífero el resultado que sigue en las páginas que el lector tiene en las manos, un resultado digno de su compañero espiritual Álvaro Mutis.

 

Raymond L. Williams

Universidad de California, Riverside, 2002

 

 

Capítulo I

P ANORAMA DE LA NOVELA COLOMBIANA

 

CONTEMPORÁNEA y LA NOVELÍSTICA DE ALVARO MUTIS

Álvaro Mutis ha sido un escritor destacado tanto en el ámbito de la poesía como en el de la narrativa. Su trayectoria como poeta se ha hecho presente en diversas antologías y su obra literaria ha sido edi­tada y reeditada varias veces, ya se trate de obras completas o de volúmenes individuales, antologías y apariciones regulares en revis­tas (1). En cuanto a la novelística, dos ejemplos de su narrativa han sido llevados al cine: La mansión de Araucaíma (1973), cuya realización estuvo a cargo de Carlos Mayolo e nona llega con la lluvia ( 1987) una coproducción de Colombia, Italia y España, bajo la dirección de Sergio Cabrera. En el ámbito internacional ha sido reconocido con prestigio­sos premios: el premio Xavier Villaurrutia, otorgado en México, en 1988, por su novela nona llega con la lluvia (1987); el premio Médicis, en 1989, otorgado a la mejor novela extranjera traducida al francés, La Nieve del Almirante ( 1986) , editada por Sylvie Messinger (2). En los últimos años del siglo XX y comienzos del siglo XXI, Mutis fue galardo­nado con el premio Miguel de Cervantes, el 2002 NEUSTADT International Prize (3) de literatura, que es otorgado por un jurado in­ternacional de diez autores y con la segunda edición del International Award of Poetry of Trieste, que se lleva a cabo en la ciudad italiana del Adriático; en febrero del 2001 fue nombrado "hijo adoptivo" de la ciu­dad de Cádiz en España, y en abril del 2002, en Alcalá de Henares, recibe el premio Miguel de Cervantes Saavedra, galardón precioso que viene "a poner orden en el discurrir de su vida".

Sus inicios literarios se remontan hacia 1948, cuando aparece su primer poema "El miedo", la narración "El viaje" y la colección de poemas La balanza, que realiza junto con Carlos Patiño (4). En 1953 publica Los elementos del desastre, colección de doce poemas y prosas poéticas, donde aparece la "Oración de Maqroll". En 1955 escribe el Diario de Lecumberri, primera muestra de una narrativa más larga y consistente, y también La muerte del estratega, una narración en pro­sa que tiene como tema un asunto histórico; sin embargo, hasta 1959 publica el primero y, en 1960, el segundo texto. En 1964 aparece Los trabajos perdidos, colección de veinte poemas entre los que se en­cuentra "Amén". En 1973 publica Summa de Maqroll el Gaviero, colec­ciÓn de poemas y prosas escritas entre 1947 y 1970, y en 1978 apare­cen recopiladas bajo el título de Cuatro relatos, las obras concebidas en prisión denominadas: "Soraya", "El último rostro", "Antes de que can­te el gallo" y "La muerte del estratega". En 1981 publica Caravansary, nombre de un poema en prosa que le da título al libro que contiene otras narraciones y poemas. En 1985 aparece Crónica regia y alabanza del reino; éste es un poemario sobre Felipe II, su familia, su corte, y también sobre El Escorial. Todos los poemas de este libro están cen­trados y giran alrededor del ámbito de la realeza.

En lo referente a su novelística, en la década de los setenta es cuando aparece una obra que llama la atención de la crítica, por va­rios aspectos: uno, el autor no era conocido en este género. Sin em­bargo, La mansión de Araucaíma ( 1973), novela que encaja dentro de la novela gótica, muestra desde el primer momento los alcances narrativos de Mutis (5). En 1986 aparece La Nieve del Almirante; en 1987, nona llega con la lluvia; en 1988, Un bel morir, y en 1989, La última escala del Tramp Steamer. Estas cuatro novelas serán objeto de este estudio, al igual que la primera, La mansión de Araucaíma. Las de la década de los ochenta conforman un ciclo productivo, maduro y nove­doso dentro de la narrativa novelística de Álvaro Mutis, mientras que La mansión de Araucaíma presenta el poder de configuración de los ambientes típicos de su narrativa. En los años noventa publica Abdul Bashur soñador de navíos (1991), Triptico de mary tierra (1993), Amirbar (1997) y una publicación conjunta con Elena Poniatowska: Cartas de Alvaro Mutis a Elena Poniatowska ( 1998) .

En este capítulo se presenta una visión general de los aspectos que influyeron en la obra de Mutis, así como de las décadas en que su narrativa se desarrolló; pues ésta se encuentra estrechamente rela­cionada con la generación de Mito, la cual lleva el nombre de la revista de vanguardia que apareció en los años cincuenta -téngase en cuenta que los primeros poemas de Álvaro Mutis aparecieron publica­dos en Mito, porque fue una publicación importante para Colombia y para América Latina y, sobre todo, porque inició la modernización, el salto consciente hacia la literatura universal y cosmopolita, y la libe­ración de patrones literarios tradicionales-. Por otra parte, la novela colombiana de los años setenta y ochenta conforma el ambiente en que se desarrolla la narrativa de Álvaro Mutis; pues es relevante mencionar los autores que han sido contemporáneos a su obra ya los nuevos que han llegado, con él, a ser importantes, por una razón u otra, dentro de la narrativa colombiana en la época contemporánea. Incluiremos también el antecedente narrativo de Álvaro Mutis, el Diario de Lecumberri (1959), pues aunque no es una novela como tal, se pueden observar características particulares de su obra –el narra­dor del diario (en primera persona) capta el ambiente de violencia que ha sido un rasgo de la sociedad colombiana-. Por ultimo, se da una visión general de las novelas sobre las cuales se va a estudiar la obra de Álvaro Mutis, en las que aparecen los elementos permanentes de su narrativa y Maqroll, personaje esencial en sus obras. De esa for­ma, en sus novelas se unen la narrativa y el personaje Maqroll, naci­do dentro del ámbito de la poesía.

LA GENERACIÓN DE MITO y LA NOVELA COLOMBIANA MODERNA

Se ha denominado generación de Mito a aquellos que participaron de la ideología estética, que contribuyeron a las publicaciones de la re­vista del mismo nombre (1955-1962) y que hicieron de ella un lugar para expresar el inconformismo frente a los valores tradicionales que asfixiaban a la sociedad colombiana de los años cincuenta. Esta revista cambió la manera de concebir la literatura en Colombia, originó nuevas expre­siones y motivó a nuevos escritores para experimentar con lo más mo­derno de la literatura de la época. Por lo tanto, esta revista fue un lugar de diálogo internacional y la puerta abierta para la llegada de las co­rrientes literarias más contemporáneas. Asimismo, incentivó a los es­critores para seguir con sus trabajos y publicar más asiduamente, a fin de desafiar la crítica conservadora y tradicionalista colombiana.

Para los escritores colombianos la revista Mito se convirtió en sinónimo de modernidad y también en un desafío a la tradición literaria, que no se aceptaba las nuevas corrientes y las nuevas ideas que llega­ban del exterior; significó una vanguardia y fue un lugar de comunica­ción y de diálogo con los escritores latinoamericanos, entre los cuales están Octavio Paz y Carlos Fuentes. En fin, fue un espacio abierto para el arte, la cultura, la política y, en conclusión, para todo aquel que qui­siera satisfacer sus necesidades de pertenecer al mundo moderno. Además, fue la primera manifestación directa de las vanguardias en Colombia; por eso, para Rafael Gutiérrez Girardot, la fundación de la revista Mito significó un salto en la historia cultural de Colombia:

Mito desenmascaró, indirectamente, a los figurones intelectuales de la política, 1...] en suma, a la poderosa infraestructura cultural que satisfacía las necesidades ornamentales del retroprogresismo y que a su vez, [...] tenía al país atado a concepciones de la vida y de la cultura en nada diferente de las que dominaban cualquier villorrio carpetovetónico. Desmitificó la vida cultural colombiana y reveló, [...] las deformaciones de la vida cotidiana debidas al imperio señorial (6). Mito cumplió, entonces, con la misión de de sacralizar la cultura colombiana. Fue el orden estructurador de una rebelión de la con­ciencia que posibilitó el desorden romántico vanguardista del nadaísmo (7).

Según Raymond L. Williams, uno de los hechos que ayudó a la desregionalización y modernización de la novela colombiana fue la aparición y publicaciones de esta revista:

La revista cultural Mito, de inspiración moderna y cosmopolita, publicó entre 1955 y 1962 textos de escritores europeos y latinoame­ricanos modernos, [...] En la década de 1960, un grupo de poetas desafiantes conocidos como los nadaístas, se rebeló contra las con­venciones literarias y sociales y auspició un premio para obras novedosas. . . (8)

A partir de este momento la novela colombiana comenz6 su rápido ascen­so hacia lo que se ha considerado como novela moderna. Lo que signific61a generaci6n de Mito, a la cual perteneció Álvaro Mutis, se presenta desde su primer número, que apareció en abril de 1955. Era una revista de cultura dirigi­da por Jorge Gaitán Durán y Hernando Valencia Goelkel, quienes en aquel momento decían:

Las palabras están en situaci6n. N os interesa que sean responsables. Sospe­chamos la ineptitud de las soluciones hechas; por eso nos circunscribiremos a ofrecer materiales de trabajo ya describir situaciones concretas. Pretendemos hablar y discutir con gentes de todas las opiniones y de todas las creencias. Esta será nuestra libertad (9).

Los que participaron en la revista Mito, según Juan Gustavo Cobo Borda, compartían los mismos 'odios', es decir, detestaban el confor­mismo de la sociedad colombiana; ". . . su mediocridad, más letal que todas las tiranías; el inmovilismo y la burocracia" (10). En la revista, aparecieron por primera vez los poemas de Álvaro Mutis: tanto en el segundo número, junio-julio de 1955, como en el número 26, agosto­septiembre de 1959, aparecen poemas del libro Reseña de los hospita­les de ultramar. En el número cuatro, Darío Mesa escribe una carta titulada "Mito, revista de las clases moribundas", en la cual se refiere a Álvaro Mutis en los siguientes términos:

No podemos negarlo: Mito es una hazaña editorial, [...] es una proeza econ6mica y, hasta cierto punto intelectual, [ . . . ] los poetas que Mito ha publi­cado hasta ahora son dignos de la mayor consideraci6n intelectual. Álvaro Mutis por ejemplo, [...] tiene hoy en las letras colombianas una importancia que sería difícil de negar [ . . . ] en su libro Los elementos del desastre ha reflejado como pocos el irracionalismo, la angustia, la desesperanza, la evasi6n y por sobre todo, el cosmopolitismo de un grupo de la pequeña burguesía semicolonial [...] Su poesía, debe ser estudiada como experiencia formal, así se trate de formas utilizadas ya, en parte, por poetas extranjeros (11).

No sobra recordar que la revista marcó una verdadera revolución intelectual en el ámbito literario de la Colombia de la época, debido a la cantidad de escritores y personajes políticos, artistas y nuevos pen­sadores que publicaban en Mito con sentido crítico y liberalidad de pensamiento; pero, además, durante los siete años de permanencia en el medio, la revista se caracterizó por sus exigencias de calidad, entre las cuales se resaltaba el papel de la inteligencia y de la imagi­nación -era un lugar para pensar y un sitio para crear-. Por eso, algu­nos de estos revolucionarios intelectuales fueron Jorge Gaitán Durán, su promotor y principal colaborador, junto con Hernando Valencia Goelkel, Vicente Aleixandre, Luís Cardoza y Aragón, Carlos Drumond de Andrade, León de Greiff, Octavio Paz y Alfonso Reyes, y entre algu­nos que publicaron en la revista se encuentran Octavio Paz, Rafael Gutiérrez Girardot, Carlos Fuentes, Antonio Machado, José Ortega y Gasset y Henry Miller. Aparecen también las "Conversaciones con un sacerdote colombiano: el P. Camilo Torres" y traducciones de Jean­Paul Sartre, Paul Valery, T. S., Eliot, Jean Genet, entre otros (12). Asi­mismo, en Mito aparecieron por primera vez: El coronel no tiene quién le escriba, dos capítulos de La casa grande y los poemas de Gaitán Durán y Cote Lamus.

Al movimiento vanguardista de Mito se le acusó de farsa y de ex­cesivo cosmopolitismo y hubo una arremetida contra Gaitán Durán por su preocupación por el erotismo (elemento que será de importan­cia en las novelas de Álvaro Mutis). La revista era contemporánea de la violencia que se destacó en Colombia por motivos políticos. Fue también contemporánea de la dictadura de Rojas Pinilla (1953-1959) y del Frente Nacional (1958-1974), que fue un convenio político entre los partidos tradicionales. También fue contemporánea de la Revolu­ción Cubana a la cual Mito le dedicó un número entero. Por todas es­tas circunstancias de la realidad colombiana, es una hazaña que la revista subsista, como dice en uno de sus apartes:

Mito ha durado mucho más tiempo del que era discreto esperar que durase, dadas sus características y las del medio social en que se difunde. En estas condiciones, que como todas las condiciones sociales tiene su explicación, su interpretación y su justificación, Mito aparece como un conjunto de magníficas extravagancias, la primera de las cuales es su inconformidad con el medio. Mito ha querido ser el antimito nacional. Cuanto en estas páginas se ha impreso ha resultado sumamente fastidioso intranquilizador o incomprensible para la opinión vulgar y corriente. Una zona restringida de lectores, [ .. . ] hallan la revis­ta sincronizada con la actualidad literaria o filosófica del mundo contemporá­neo. Pero a la masa común, [. .. ] les debe parecer Mito un pedante crucigrama hecho por gentes ociosas e insolentes, amiga de escandalizar a los buenos burgueses. No hay tal, las colaboraciones extranjeras y nacionales de Mito parecen lo que parecen no por ningún sádico deseo de mortificar a las gentes, sino por el desajuste entre esos temas absolutamente normales en otro medio y el medio intelectual colombiano [ ... ] Otra cosa excelente de Mito es su actitud ante la opinión ajena. Ninguna consideración política, religiosa, económica o filosófica ha eliminado jamás, ni limita en estas páginas, la expresión de ningún pensamiento contrario al de sus propietarios, directores o redactores (13).

En todas las propuestas del ámbito del arte que aparecían en esta revista, el denominador común era la propuesta lúcida, donde la in­vención y la transmutación, la arbitrariedad y el conocimiento adqui­rían una resonancia mucho más precisa.

La revista fue importante para muchos de los escritores colombia­nos que, a partir de ella, ya habían adquirido la costumbre de trabajar asuntos novedosos y de expresar temas que, por lo general, no eran los más aceptados dentro de una sociedad tradicionalista. También lo fue para Álvaro Mutis, ya que fue el lugar que lo identificó dentro de una cultura literaria renovadora, y que al mismo tiempo le dio un puesto dentro de la historia literaria de Colombia. Mito significó la experimen­tación en la narrativa moderna, pues introdujo la vanguardia e hizo que el lenguaje literario, tanto en poesía como en narrativa, tomara caminos muy diferentes a los conocidos por la tradición. El diálogo con los escritores de otros países y la llegada de ideas modernas significó el cambio definitivo que más tarde se observará en la novela.

P ANORÁMICA DE LA NOVELA COLOMBIANA: ÚLTIMAS TRES DÉCADAS DEL SIGLO XX Y COMIENZOS DEL SIGLO XXI

La novela colombiana, en las décadas de los setenta y ochenta, se caracterizó por todo un movimiento de renovación y experimentación, tanto en las técnicas como en los temas y por sobre todo, adquirió una plena madurez que se evidencia en las más representativas de las dos décadas. Los escritores de estas narrativas tomaron sus propios caminos de creación: fueron desde lo más tradicional hasta lo más posmoderno y trataron los temas del mundo contemporáneo, dándoles interpretaciones tan variadas como renovadoras. La invención, el humor y la ironía fueron predominantes, así como los problemas que acuciaban a la sociedad del momento.

Cuando se habla de la novela colombiana contemporánea es in­evitable referirse a la obra maestra Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez. Sin embargo, varios críticos señalan la aparición de importantes novelas modernas de los años cuarenta y cin­cuenta (14). Entre ellos, Yolanda Forero propone que las obras de la déca­da de los cuarenta, colocadas dentro del contexto colombiano e hispanoamericano, corresponden a los parámetros de lo que la crítica actual considera novela moderna (15). Las obras que estudia como re­sultado del primer proyecto moderno en Colombia, se destacan en las técnicas narrativas; estas obras son: 45 relatos de un burócrata con cuatro paréntesis ( 1941) de Rafael Gómez Picón, De la vida de Iván el mayor (volumen I, 1942 y volumen II, 1943) de Ernesto Camargo Martínez, Babel ( 1943) de Jaime Ardila Casamitjana y Los dos tiempos (1949) de Elisa Mújica. Según Forero, tales novelas son:

... actos simbó1icos de una época en plena modernizaci6n, una época, que [...] al hablar del contexto histórico, propugna por la modernidad que en la situaci6n hist6rico-política colombiana es casi sin6nima de liberalidad. Tal liberalidad no es otra que la expresi6n de un naciente capitalismo burgués. Y dicho capitalismo, a pesar de la apariencia social comprometida con las clases menos favorecidas, saldrá a relucir en todos nuestros relatos (16).

Estas ideas amplían la visión de una primera expresión de la no­vela moderna en Colombia propuesta por Seymour Menton y Raymond L. Williams, en cuanto a que fue La hojarasca, de Gabriel García Márquez, la que inició la novela moderna en este país, en 1955, preci­samente el mismo año de publicación de la primera edición de la revista Mito. Según Williams:

La novela colombiana contemporánea, o sea las obras narrativas que corresponden a la "nueva narrativa" o al "boom", tienen su punto de partida con la publicación de tres novelas clave: La hojarasca (1955) de García Márquez, La casa grande ( 1962) de Álvaro Cepeda Samudio y Respirando el verano (1962) de Héctor Rojas Herazo (17).

Por otra parte, Menton ha destacado la importancia de Rojas Herazo en la novela moderna en Colombia, al hacer notar como Respirando el verano merece ser rescatada del olvido por haber contribuido poco más poco menos, a la creación de ciertos protagonistas clave de Macondo; y por haber dado el ejemplo de una interpretación mágica de la costa tropical de Colombia (18).

Otras novelas de los años sesenta contribuyen al proceso de la novela colombiana moderna; algunas de ellas son: El coronel no tiene quien le escriba (1962) de Gabriel García Márquez, El hostigante verano de los dioses (1963) de Fanny Buitrago, En Chimá nace un santo (1964) de Manuel Zapata Olivella, El día señalado (1964) de Manuel Mejía Vallejo y Los días más felices del año (1966) de Humberto Navarro.

Los novelistas de los años setenta y ochenta tienen pleno conoci­miento del uso de las técnicas narrativas y del poder de la experimen­tación con el lenguaje; sus escritos se caracterizan por una gran producción, que demuestra una experimentación radical en las técnicas, las cuales terminarán manifestándose con la ficción posmoderna. Esto lleva a que en la novela colombiana de esa época los temas novedosos sean aquellos que muestran una nueva manera de ver el mundo, por medio de tratamientos específicos de la forma narrativa.

La ironía, la parodia, el suspenso y el humor son elementos que in­tervienen de diferente manera en estas novelas, mientras que del lado del suspenso encontramos los temas policíacos. Además, en estas dos décadas aparecen los temas considerados tradicionalmente margina­les: el homosexualismo, la mujer en una sociedad dominada por hom­bres, la violación, las creencias supersticiosas, entre otros; sin embar­go, también surgen los temas que transgreden los modelos sociales y culturales establecidos. Es frecuente que aparezcan en estas nuevas novelas los conceptos de historia, héroe, utopía o mito, pero el trata­miento que se les da es diferente, debido a la manera como se insertan en una visión contemporánea del mundo. Los novelistas principales que representan las innovaciones mencionadas en este periodo son Gabriel García Márquez, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Álvaro Mutis, Manuel Mejia Vallejo, Albalucía Ángel, Fanny Buitrago, Andrés Caicedo, R. H. Moreno Durán, Darlo Jaramillo Agudelo y Alberto Duque López.

La narrativa de Gabriel García Márquez se caracteriza por el trata­miento de temas novedosos en las décadas de los setenta y ochenta; periodo cuando publica El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981) , El amor en los tiempos del cólera ( 1985) y El general en su laberinto ( 1989). Aunque el humor, el suspenso, la violencia, la tra­gedia, la fatalidad, la soledad, la enfermedad, el desvarío y el amor son temas que se articulan dentro de todas sus novelas, él los trata de una forma novedosa; por ejemplo, la soledad, la ironía, el humor y el poder pertenecen a El otoño del patriarca; pues en esta novela, según Luís Harss, García Márquez inicia un cambio completo de tema: "... es el prometido de profundis del despotismo" (19) ; mientras que la trama de suspenso aparece en Crónica de una muerte anunciada.

Según opina John S. Brushwood: "De igual importancia es la fre­cuencia del humor, no sencillamente porque nos brinda un rato de placer, sino porque refleja una actitud nueva ante la creación litera­ria. Llevando esta idea un paso más allá, desde luego, sugiere una actitud nueva ante la realidad en que vivimos" (20). El amor en los tiem­pos del cólera, por su parte, es una novela rosa o folletín en la que se escribe sobre la burguesía caribeña y en la cual pormenoriza los años de amor imposible de una pareja que acaba contrayendo matrimonio en la vejez. El amor entre dos personas que prácticamente se encuentran al final de sus vidas es una nueva forma de visión del amor como finalización redentora hacia el final de la existencia. Entre tan­to, en El general en su laberinto aparece el tema histórico, y el trata­miento que el narrador hace del tema en su novela ocupa un vacío que la historia oficial no ha podido llenar.

Es necesario tener en cuenta que las novelas de tema histórico son muy comunes en estas dos décadas, porque se muestra otro pun­to de vista de los héroes de la historia o la otra versión no contada del lado humano de los acontecimientos. Esto ocurre con el protagonista de El general en su laberinto; Simón Bolívar es el ser humano con de­bilidades y enfermedades, obsesiones y sueños que lo acercan mucho más al mundo contemporáneo.

Gustavo Alvarez Gardeazábal se caracteriza por ser novelista reno­vador y productivo en las décadas de los setenta y ochenta. Su novela Dabeiba (1972) muestra el manejo del lenguaje a que ha llegado la narrativa de la época. Según Bruschwood, "Oabeiba [...1 es una verda­dera panoplia de caracterizaciones; si son típicas, se trata de una re­gión tan extraña como el Macondo de Garcia Márquez" (21), En El bazar de los idiotas (1974), del mismo autor, el narrador tiene la función del his­toriador en un plano paródico y su labor es la de recordar y reescribir la historia olvidada del pueblo de Tuluá. Por otro lado, la estructura y la manera de concebir la historia es una parodia de Cien años de soledad.

  Las novelas de corte histórico de esta época se acercan mucho más a lo que Roberto González Echevarría ha llamado "novela de ar­chivo", pues para él son aquéllas que se han originado en los archivos documentales y crónicas y que tienen "el hechizo de [...1 un principio que no ha dejado de serlo porque las cuestiones que engendró siguen vigentes todavía en América latina" (22). En Cóndores no entierran todos los días (1972), Alvarez Gardeazábal cuenta la historia de uno de los personajes que produjeron más muertes liberales durante el periodo de la violencia en Colombia. Se le conoció como 'El cóndor' ya sus secuaces como 'Los pájaros' (23). Gardeazábal trata en esta novela el aspecto del poder que desarrolla un solo individuo. Su novela La tara del papa (1971) es considerada como ejemplar en lo que se define como intrahistoria: "Esta palabra recalca tanto lo interior como lo histórico de esta novela y mucha de la obra posterior de Alvarez Gardeazábal" (24). El tema histórico y social se repite en su novela Los míos (1981), mientras que la homosexualidad, como tema marginal, es tratada en su novela El divino, (1986) en una sociedad tradiciona­lista y pusilánime.

Con su novela ¡Que viva la música! (1977), Andrés Caicedo hace una transgresión de los modelos sociales y culturales establecidos; así como expresa y sintetiza las ambigüedades culturales de Colombia. La tra­ma consiste en la historia de una muchacha que, obsesionada por la música, se interna en la agitada vida nocturna de la ciudad de Cali. Así, la novela se desenvuelve en un ambiente específico que se carac­teriza por ser el lugar en que los jóvenes se reúnen para divertirse. La narración y la trama aparentemente son muy sencillas, pero la obse­sión por la música extranjera y los estilos importados, así como tam­bién por la música típica (la salsa) marcan una serie de cambios, con­trastes y ambigüedades que reflejan una época conflictiva en la sociedad. Finalmente, la protagonista se enreda en asuntos violentos por influencia de un amigo y la chica inocente del inicio de la novela se convierte en prostituta. Williams dice lo siguiente:

Caicedo se balancea delicadamente en el filo de una cultura en crisis; ni Caicedo ni su protagonista encuentran soluciones a estas ambigüedades, a la crisis o a las contradicciones, pero las experiencias creadas por el autor figuran entre las más intensas de la ficci6n colombiana reciente. En cuanto a su técnica narrativa, es una novela de increíble madurez artística para ser la primera novela de un autor de veinticinco años (25).

Con Aire de tango (1973), Manuel Mejía Vallejo proyecta la biografía social y cultural del tango en la ciudad de Medellin. El tango es una aventura social y se puede observar un trasfondo político relacionado con Jorge Eliécer Gaitán. La acción y las anécdotas que cuenta el narrador se desarrollan en el barrio Guayaquil. "El logro esencial de esta novela se encuentra en el impulso creador constante que trans­forma la realidad" (26). Según Brushwood: "La realidad que crea Mejía Vallejo es altamente deseable porque la transforma en un mundo ideal e idealizado. La canción funciona de un modo semejante al cine en La traición de Rita Hayworth: el barrio Guayaquil y sus tres personajes funcionan como una metáfora del arte" (27). Las muertes ajenas (1979), también de Manuel Mejía Vallejo, es otro análisis de la cultura y la sociedad, pero esta vez relacionado con la violencia en la sociedad colombiana contemporánea.

Fanny Buitrago es una de las novelistas que sobresale en el trata­miento de temas marginales, en Los pañamanes (1979) describe y analiza la cultura de una isla; "pañamán" es el grito de las mujeres en el momento de parir. "Este grito es una contracción de la frase inglesa 'spanish man', 'hombre español', una alusión a la violación metafórica de la isla que se repite cuando los hijos ilegítimos nacen. Entonces, esta expresión se vuelve una obscenidad cultural profunda, que aborrecen todos los miembros de la cultura, pero que forma la base de todas sus relaciones" (28). El tema del amor se renueva en esta escritora, y muestra en sus novelas que el amor verdadero no resiste un matrimonio. Los aspectos que analiza en su colección Los amores de Afrodíta (1983) son aquellos que se desarrollan en matrimonios en los que el amor desaparece por conflictos como poder, dinero, ambi­ciones políticas y viajes.

Albalucía Angel continúa la línea de experimentación en estas dos décadas. Williams caracteriza sus novelas por ". . . las relaciones entre la realidad y lo ficticio. I. . .1 por la investigación de los efectos de la realidad y la historia colombiana en la cultura y en las personas. 1...] por el feminismo y por ciertos planteamientos posmodemos" (29). En Los girasoles en invierno ( 1970) , el argumento se entrelaza entre frag­mentos ficticios o reales que ponen en práctica el epígrafe de la nove­la" Let's pretend" . En Dos veces Alicia ( 1972) , la trama es prueba de experimentación: esta novela defiende constantemente el derecho a la invención y éste es su único factor unificador. En su novela Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón (1975), el contexto histórico y político es la violencia en Colombia que llegó a su máxima intensidad entre 1948 y 1958. En cuanto a las novelas que tratan el feminismo y la posmodernidad, se encuentran Misiá señora (1982) y Las andarie­gas (1984). En consecuencia, la obra de Albalucía Angel es considera­da parte de la novelística posmoderna (30).

En las décadas de los setenta y ochenta se ve aparecer la línea de ficción posmoderna con las novelas de R. H. Moreno Durán; línea que se inicia con la trilogía Femina Suite, compuesta por Juego de damas (1977), Toque de Diana (1981) y Finale capriccioso con madona (1983). Esta narrativa "... tiene sus raíces en Borges; no busca un universo organizado sino que más bien lo subvierte, y con frecuencia utiliza como sujeto fundamental el lenguaje o el ingenio verbal. Es más teÓ­rica que orientada hacia el mundo real ya menudo teoriza sobre la misma narración" (31). En Metropolitanas (1986), R. H. Moreno Durán demuestra su dominio en la experimentación del lenguaje; aquí el artificio verbal se superpone a la anécdota y se busca un lector activo que participe del juego de la escritura. Con Los felinos del canciller (1987), Moreno Durán subvierte el lenguaje convencional con el uso de la parodia, el eufemismo y otras estrategias literarias. En Finale capriccioso con madona (1983), se observa una crítica a la sociedad privilegiada, desde la ironía, el humor y la parodia.

Darío Jaramillo Agudelo y Alberto Duque López son otros represen­tantes de la ficción posmoderna en las décadas de los setenta y los ochenta, "La única novela de Darío Jaramillo, La muerte de Alec (1983), es también metaficcional, es decir, una meditación autoconsciente sobre la función de la literatura. Es una epístola dirigida a un 'usted' no identificado, pero sí comprometido con Alec" (32). Con las novelas Mi revólver es más largo que el tuyo (1977) y El pez en el espejo (1984), Alberto Duque López entra en la narrativa posmoderna. Según Williams, estos novelistas se han caracterizado por trabajar dentro de un esquema posmodemo: "... en el sentido de que no se evidencia en la narración un narrador único en el que pueda apoyarse el lector, ni se presenta un discurso autorizado o una figura hacia la que el lector pueda orien­tarse en busca de una verdad objetiva dentro de la ficción" (33).

Antes de los años ochenta Luis Fayad, Germán Espinosa, Fernan­do Cruz y Fanny Buitrago lanzan nuevas propuestas literarias rela­cionadas con los estudios culturales y éticos. Este heterogéneo grupo propició el cuestionamiento de los perfeccionismos y parámetros cul­turales existentes, que fueron vistos como anacrónicos. Por lo tanto, a este grupo pertenece el caleño Rodrigo Parra Sandoval. En su polé­mica obra Las historias del Paraíso, hace una crítica mordaz de lo que representa María y trata de desvalorizar y desmitificar estilos de vida, de educación, de organización política y de clases sociales. En su pri­mera novela El álbum del Sagrado Corazón recopila lo mejor de la cul­tura popular y pone a vibrar el alma nacional con las canciones, nove­nas de santos, noticias parroquiales y concursos de todas las especies, jugoso documento para un estudio cultural nacional y regional. Parra Sandoval es ante todo un escritor-sociólogo comprometido, que no hace pactos con el consumismo y pasa victorioso en medio del "sicariato cultural", en palabras de Luz Mary Giraldo.

Respecto de la obra de Rodrigo Parra Sandoval, Tarzán y el filósofo desnudo, Luz Mary Giraldo anota:

Antecedentes de Tarzán y el filósofo desnudo se encuentran en su primera novela, tanto en las condiciones antinovelísticas como en las estructurales, al presentar en el espacio literario llamado Daguamer6n los libros que nutrieron la adolescencia de Arny (calificativo de Arnovio) y verlos cobrar vida, al tiempo que Tarzán, T antor , Jane, Chita y el reino salvaje se relacionan con el viaje al centro de la tierra, Don Quijote de la Mancha, o la Eneida, que como obras de la aventura y del conocimiento alternan con las aventuras del Llanero Solitario, El Enmascarado de Plata, Zorro, Mandrake o Superman.

De esta manera, Parra Sandoval se introduce con propiedad y en forma burlesca en las aulas universitarias, particularmente en las facultades de filosofia y letras de nuestro país. Así va muy campante Tarzán, el filósofo caleño, recorre nuestra selva curricular, gozando con su antinovela de la solemne estupidez de la "aristocracia de la neurona".

En el cartagenero Germán Espinosa: "se crea una tensión perma­nente entre la visión de un sujeto perteneciente a un momento his­tórico determinado y su relación con un pasado que es recreado como una condición necesaria para la consolidación de su memoria priva­da y pública" (34).

En su trabajo de escritor hay necesidad de ocio, tentación de hacer arte, de sondear los espacios inéditos de la cultura, de terapia para conjurar impresiones de la niñez y desterrar fantasmas. y es precisa­mente Cartagena llena de historia, de fantasmas, de mitos y espantos, el espacio más propicio para penetrar el alma indoamericana, y llenar su narrativa de pasado y presente sin ningún reato cronológico. Los cortejos del diablo (1970) y La tejedora de coronas (1982) están llenas de relatos barrocos, recargadas de detalles y con una mirada subjetiva de la historia. En la primera obra se narra cómo la España de la Inquisi­ción es condenada debido a la censura que hace de la Reforma Protes­tante y cómo el inquisidor Juan de Mañozga es vencido por fuerzas oscuras, como las ideas libertarias venidas de Europa y las fuerzas mágicas de los indigenas y de los negros. En La tejedora de coronas, el personaje central es Genoveva Alcocer, nativa hija de españoles, ami­ga de Luís XIV, amante de Voltaire e integrante, por insinuación de éste, de una logia masónica. Muchos años después regresa a Cartagena con sus ideas de libertad y fraternidad. Genoveva, tejedora de coronas de flores frescas y de coronas siderales, es, en palabras de Amparo Alvarez, "la metáfora que simboliza todas las posibilidades de reinterpretación de la historia oficial, pues Genoveva deviene en símbolo metafórico de libertad interpretativa" (35).

La literatura colombiana de los años noventa y de comienzos del siglo XXI merece un estudio que analice la forma como un país que se pierde en el caos de la violencia, sobrevive en un ambiente cultural que cada día es re evaluado por los escritores en forma diversa y original.

En un artículo publicado por Héctor o. Fernández L'Hoeste, donde analiza la obra de Fernando Vallejo La Virgen de los sicarios (19941, se explica en pocas palabras la situación cultural de Colombia: "La crisis colombiana parece además tener un afecto alterno [...1 Si bien la situa­ción política ha empeorado, en términos de producción cultural [...1 se ha experimentado un auge notable" (36). En el mismo artículo, Fernández afirma que después de Garcia Márquez y Álvaro Mutis, Fernando Vallejo "... es quizás el autor más conocido y leído de la nación" y que su escri­tura o estilo literario es "cáustico, iconoclasta e irreverente -criticón dirían algunos-...". En consecuencia, podemos afirmar que las obras de Fernando Vallejo están directamente relacionadas a la contempora­neidad histórica, además de ser violentas y caóticas.

Por esta razón, tanto en sus obras cómo en las de Laura Restrepo (otra de las escritoras más leídas de estos años la historia, en un sentido trascendental, se organiza, se reevalúa, se reme mora y per­mite una prematura concientización de los hechos que tiene como resultado una expresión cultural que florece dentro del caos. Las no­velas de Restrepo ejecutan una representación histórica que se basa en un espacio, tiempo y tema específicos de un hecho particular. El mejor ejemplo de lo anterior es La isla de la pasión (19891, en la cual la historia es narrada con un profundo conocimiento y entendimiento de los hechos históricos de México. Es en la reconstrucción de un capítulo de la historia perdida de México, mediante la recolección y narración de los acontecimientos olvidados de la revolución, suceso que no está explícito en la novela, pero que se presenta sostenido al margen, por la tradición histórica de la revolución mexicana, sus con­secuencias y todas las expresiones culturales que produjo. Esta ca­racterística "reevaluadora de la historia" se repite en todas sus nove­las, especialmente en La multitud errante (2001).

Asimismo, al hablar de la representación histórica no podemos dejar de mencionar a Jorge Franco con su novela Rosario Tijeras (1999), la que sigue el camino marcado por la necesidad de la representación histórica contemporánea, no como reflejo de la realidad, sino como la misma condición que se presenta en las novelas de Laura Restrepo. Hemos mencionado algunos de los escritores más representati­vos de la literatura colombiana contemporánea. Es necesario men­cionar el estudio hecho por Cristo Figueroa Sánchez sobre la obra de Luis Fayad: Los sonidos de fuego (1968), Olor a lluvia (1974), Los pa­rientes de Ester (1978), Una lección de la vía (1984), Compañeros de viaje (1991) , La carta del futuro. El regreso de los ecos (1993) , Un espejo des­pués y otros relatos ( 1995) .

A lo largo de la obra de Fayad encontramos su afecto por lo rural, particularmente por su gente, influido sin dudas por Juan Rulfo y muy presionado por el proceso de modernización que comienza a vivir Bo­gotá; así como el relato de sus luchas por sobrevivir en un medio muy adverso y que les niega todas las posibilidades de expresión como ciu­dadanos de este país. Posteriormente nos comienza a narrar la llega­da de los habitantes del campo a la gran ciudad, sus luchas para abrir un espacio para la socialización y para poner límites a los dueños del poder socioeconómico urbano.

Después son los seres desprotegidos, solitarios y desesperanzados, que luchan contra fuerzas oscuras y desconocidas en Olor a lluvia. Mientras que en La niña de las rosas rojas, relata con pasión la lucha de una joven pareja de enamorados, quienes son parte de una socie­dad que les niega la posibilidad de hacer realidad sus sueños. Ante esta situación opresora, el optimismo se vuelve añicos; no obstante, en Compañeros de viaje su mirada, desde una perspectiva rural y mar­ginada, se introduce en la Universidad Nacional, en su sede de Bogo­tá, como espacio de la transformación ideológica de la ciudad, y en un tremendo anacronismo, pero revelador de su lucha interna, hace su aparición Camilo Torres, quien murió en 1966.

Y por fin llega la gran reconciliación del campo y la ciudad, así lo plantea en La carta del futuro. Mientras cartas van y vienen, se

. . .establecen puentes entre oralidad rural y conciencia citadina de escritura como una manera de percibir bordes poco conocidos del proceso de moderni­zación de Bogotá. Mientras Inmaculada y Julia en la capital y sus respectivas familias en la vereda oyen y verbal izan la ciudad, doña Graciela y la señora Morelos la escriben al tiempo que leen la provincia. Acacia representa la transi­ción entre una y otra cultura, pues sabe leer y escribir, competencias que todos mitifican y desean para sí porque en la práctica radica la posibilidad de aumentar el conocimiento y mejorar la calidad de vida (37).

Con esto hemos llegado al día de hoy, cuando Bogotá, la gran aldea que ha muerto, debe construir, para tener un puesto en la comunidad universal, una ética y una cultura ciudadana. Y en esto también te­nemos que darle la razón a Fayad.

 

1 Algunas antologías que han estado a cargo de Santiago Mutis Durán son: Alvaro Mutis. Poesía y prosa, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1981. Alvaro Mutis obra literaria. Poesía (1947-1985), Bogotá, Procultura, 1985. Sus novelas han sido traducidas al inglés por Edith Grosmann; la primera tra­ducción incluye tres: La Nieve del Almirante, nona llega con la lluvia y Un bel morir; el titulo del libro es Alvaro Mutis. Maqroll Three Novellas, New York, Harper Collins, 1992. La segunda traducción de Edith Grossmann incluye cuatro novelas; Amirbar, La última escala del Tramp Steamer, Abdul Bashur. Soñador de navíos y Tríptico de mar y tierra. Se titula Alvaro Mutis. The adventures o! Maqroll: Four Novells, New York, Harper Collins, 1995.

2 Álvaro Mutis fue el cuarto latinoamericano en recibir el premio Médicis, después de Severo Sarduy, en 1972; Julio Cortazar, en 1974, y Alejo Carpentier, en 1979.

Otros ganadores de este prestigioso premio han sido también ganadores del premio Nobel: Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Czeslaw Milosz.

3 En un artículo escrito por Aurelio Arturo, que aparece en la revista Semana, del 28 de febrero de 1948, se habla de los dos jóvenes poetas que reúnen en un tomo conjunto sus primeras producciones líricas. En este artículo titula­do "La balanza", Arturo dice que el libro estará bellamente editado y que llevará ilustraciones de Hernando Tejada.

4 Para un estudio de lo considerado como 'gótico' en Álvaro Mutis, se pueden ver los artículos: "La obra de Álvaro Mutis como un edificio mágico y sus rituales góticos de tierra caliente" de Alberto Ruy Sánchez, y "El sueño gótico de Álvaro Mutis" de Julio Olaciregui, publicados en el libro Tras las rutas de Maqro/l el Gaviero (1988).

5 Rafael Gutiérrez Girardot, "La literatura colombiana 1926-1950", en Eco, No.214, agosto, 1979, p. 423.

6 Para más información sobre este tema, se puede ver el libro de Armando Romero, El nadaísmo colombiano o la búsqueda de una vanguardia perdida, Bogotá, Tercer Mundo, 1988.

7 Raymond L. Williams, Novela y poder en Colombia 1844-1987, Bogotá, Tercer Mundo, 1991, p. 69.

8 Juan Gustavo Cobo Borda, Mito 1955-1962, Bogotá, Biblioteca Colombiana de Cultura, 1975, p. 409.

9 Ibid., p. 8.

10 Darlo Mesa, "Mito, revista de las clases moribundas", en Mito, No.4, octu­bre-noviembre, 1955.

11 Para una información completa acerca de todas las publicaciones de la re­vista comprendidas entre abril de 1955 y junio de 1962, se puede ver el libro Mito, 1955-1962, con selección y prólogo de Juan Gustavo Borda (1975), en la parte titulada "Cronología de Mito", p. 409.

  12

13 Hernando Téllez, "Notas sobre Mito", en Mito, No.18, febrero-marzo-abril, 1985, s. p.

14 Entre los críticos que señalan la aparición de novelas modernas en Colom­bia anteriores a Cien años de soledad (1967), se encuentran Raymond L. Williams, Yolanda Forero y Seymour Menton.

15 Yolanda Forero Villegas, Un eslab6n perdido. La novela de los años cuarenta (1941-1949) primer proyecto moderno en Colombia, Bogotá, Kelly, 1994.

16 Ibid., p. 34.

17 Raymond L. Williams, Una década de la novela colombiana. La experiencia de los setenta, Bogotá, Plaza y Janés, 1981, p. 13.

18 Seymour Menton, La novela colombiana. Planetas y satélites, Bogotá, Plaza y Janés, 1978, p. 280.

19 Luis Harss, Los nuestros, Buenos Aires, Sudamericana, 1981, p. 418.

20 John S. Brushwood, La novela hispanoamericana del siglo xx. Una vista pano­rámica, México, Fondo de Cultura Económica, 1984, p. 292.

21 Ibid., p. 314.

22 Roberto González Echevarría, "García Márquez y la voz de Bolívar", en Bole­tln Cultural y Bibliográfico, Nos. 24-25, 1990, pp. 160-166.

23 Sobre la narrativa de la violencia en Colombia se puede ver la obra de Bogdan Piotrowski.. La realidad nacional colombiana en su narrativa contemporánea, Bo­gotá, Instituto Caro y Cuervo, 1988.

24 Raymond L. Williams, Una década de la novela colombiana, Op. cit., p. 60.

25 Ibid., p. 152.

26 Ibid., p. 81.

27 Jhon S. Brushwood, Op. cit., p. 295.

28Teresa R. Arrington, "Fanny Buitrago" en Martín, Diane, E (comp.) Escritoras de Hispanoamérica, Bogotá, Siglo XXI, 1990, p. 72.

29 Raymond L. Williams, "Albalucia Angel", en Martin, Diane, E, Op. cit., 33.

30 Raymond L. Williams, Novela y poder en Colombia 1844-1987, Op. cit., p. 257.

31 Ibíd., p. 256.

32 Ibíd., p. 266.

33 Ibíd., p. 256.

34 Amparo Alvarez, "La narrativa de Germán Espinosa", en Literatura y cultura. Narrativa colombiana del siglo XX, vol. II, Bogotá, Ministerio de Cultura, 2000, pp.567-613.

35 Ibid., s. p.

36 Fernández, Héctor O. "La Virgen de los Sicarios o las visiones dantescas de Fernando Vallejo", en Hispania, No.83, 2000, pp. 757-67.

37 Cristo Figueroa, "La obra narrativa de Luis Fayad. Espacios urbanos en con­flicto", en Literatura y cultura, vol. I, Op. cit., p. 261.

 

 


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