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La novela policiaca en Colombia
Hubert Poppel


La hermenéutica de lo policiaco en la narrativa colombiana: Hubert Pöppel

Por Juan Manuel Silva

Hubert Pöppel ha convertido su estudio de la novela policíaca colombiana en un texto de crítica literaria que abre un hito en el ambiguo y, a veces, demasiado esquemático terreno de los análisis locales sobre la narrativa contemporánea nacional. La novela policíaca en Colombia, pese a la especialización de su tema genérico, presenta al lector sus tesis sobre la lógica, el sentido discursivo del género mismo; así como también argumenta sobre el contexto histórico, la recepción, las tendencias desarrolladas y hace, por último, un balance prospectivo sobre los caminos y las obras que se están publicando. Este género enuncia —y no sólo lo aventuro, pues se deduce del ensayo de Pöppel— cómo se ha ido incubando hasta lograr un desarrollo propio o particular. Este tipo de estudios, tanto desde lo analítico como desde lo histórico, abre una perspectiva metodológica diferente sobre la manera de hacer crítica, de observar y estudiar la novela a colombiana en cualquiera de sus aspectos. Desde este ángulo es un ejemplo crítico que sobrepasa el nominalismo vacuo, las caracterizaciones planas que sobre la narrativa colombiana suelen realizarse. Su esfuerzo investigativo sólo puede parangonearse en la actualidad con el conjunto de los trabajos de Álvaro Pineda Botero y con el trabajo en curso, pero igualmente sistemático que, sobre novela y posmodernidad, está realizando Jaime A. Rodríguez, así como también en los de Raymond Williams quien fue uno de los primeros analistas de la novelística contemporánea. Existe, por ello, un aporte inesperado y tangencial de Pöppel, uno que va más allá de su valioso estudio crítico. Me refiero a que La novela policíaca en Colombia es un modelo de crítica sistemática que quiere desentrañar y especificar, desde adentro de lo literario, sin sacrificar la objetividad argumental, cuáles son los ejercicios de narrativa policíaca que se están desarrollando y cómo se los puede contextualizar en cuanto a la lógica del género mismo.

Es evidente, así no se trasluzca en la retórica discursiva, que para Pöppel la novela policíaca —que, por cierto, sintetiza con esa denominación básica sin que importarle las variantes y los recovecos del género—, es para él una auténtica pasión, una "curiosidad" sistemática, similar igual a la que tendría cualquier inspector, investigador, detective o lector intrigado por la resolución analítica y plena de una falla en el sistema, por un crimen. Pöppel no se encuentra tan preocupado ya por la diversión, así sea ésta la que incita en principio a la lectura, sino por la conceptualización, por los puntos de vista desarrollados, por los marcadores narrativos que utilizan las obras y, en general, por la aclaración específica de todos los pretextos y mecanismos utilizados para narrar lo policíaco en cuanto tal.

El circuito cultural, el lector desprevenido, también, requieren de estos esfuerzos. Existe un interés en ubicar la relación de las obras con las diversas y amplias señales que marcarían un género en permanente construcción, una regularidad de las propuestas, de los manejos temáticos posibilita, entonces, el desarrollo de la intriga con contundencia. La mirada de Pöppel tiene, sin embargo, la amplitud suficiente como para no descartar las obras que merodean o que le dicen indirectamente o por reflejo algo al género de lo policíaco. Lo hace, por supuesto, para poder detallar las posibles innovaciones. De hecho, la novelística policíaca no es estrictamente fiel al canon genérico; más pareciera que juega con él, que tiene que adaptarlo a las condiciones que la geografía sociocultural le imponen. La obsesión por ese continuo contraste es la de un cultor y especialista de muchos años. No obstante, posee un sentido lógico, una búsqueda de precisión en la economía de recursos literarios que se maneja, en la retórica argumentativa que es tan importante para el género; y, por supuesto, un sentido literario, puesto que es desde la recepción de la obra, desde las regularidades que se establecen al proponer cierto tipo de coartadas y hasta de crímenes, desde los personajes que asumen en el texto el papel investigativo y, por ende, desde ciertos tipo de caminos de resolución de los enigmas, a más del enigma mismo y de otros factores, es desde allí desde donde se construye un tipo de proceso investigativo, una "objetividad" por resolver. Las temáticas policíacas deben ser mayormente validadas por el lector que en otro tipo de novelas. Deben contar con la aquiescencia de aquél que participa desde el corazón de la cultura en la acción. Otras novelas se resuelven con poesía, con lenguaje, por ejemplo. El lector policíaco, en cambio, participa en la resolución o no de los crímenes. Si no los resuelve es también diciente, es una alternativa de subversión, de criminalización por contraste.

El género precisa, entonces, que los factores del juego, las premisas de la argumentación, estén siempre sobre la mesa de algún modo. Esto sucedería incluso en la narrativa que empieza a dudar de si tiene sentido o no la resolución del crimen, para no referirme, por supuesto, al castigo mismo del criminal. Existen narraciones en las que el crimen sí paga o en la que la conciencia del detective es mucho más peligrosa que la de los criminales a los que contiene, mata o encarcela. Existe un sustrato social muy fuerte en este tipo de narrativa. De allí que las disquisiciones y los artificios que sigan las novelas deban ser estudiados con atención, son las entrañas mismas, la justificación del genero desde la lógica argumental.

Se requiere, también, conocer la secuencia procesal, los llamados casos ya juzgados, la norma establecida por la experiencia "jurídica" en la novela que deconstruye el género y lo "traiciona", en las novelas metaficcionales que desdicen y rompen los esquemas, que juegan con ello hasta exasperar al lector, como por ejemplo, en el Capítulo de Fernell, de Hugo Chaparro. Esa paciencia, ese interés, por encima de todo, demuestran la finura "criminal" del investigador literario que está discurriendo sobre las pruebas textuales, sobre los caminos lógicos y comunicacionales a los que conduce la resolución o la negación de esa perspectiva por un texto. No en vano, algún conocido autor compara la escritura expositiva, la que presenta argumentos, con un juicio en el que un acusado —la idea presentada— tiene que demostrar su inocencia o su verdad. La narrativa policíaca es en sí un ejercicio de pensamiento, así sea muy particular, pues juega con lo excéntrico, con lo retorcido, con los significados que están en la frontera de lo legal. El lector y el narrador de las obras tienen que tomar de manera continua decisiones sobre el modo de la anécdota. Pöppel siempre estará explicando las alternativas que se presentan y que se muestran en cada obra, su especificidad. Y lo hace en la medida en que es ficción. La literalización o ficcionalización de hechos acaecidos es la diversión misma. El narrador policíaco resuelve esa clase de enigmas. Así como el ajedrez es un divertimento lógico, la novela policíaca se constituye en un instrumento de análisis o de crítica social sofisticado ya que requiere minuciosas argumentaciones que determinen el grado de verosimilitud con el que el autor pretende narrar y los juegos de significación que se propone. Esta pretensión genérica se cumple de modo estricto en la obra. Pöppel no duda en sacrificar la facilidad de lectura para cumplir su cometido. Su propósito se relaciona de un modo directo con los orígenes del género mismo, que no son sólo urbanos, pues pertenecen a una decidida intervención socializadora. Incluso, el género negro, surge y se desarrolla a la sombra de esa pretensión, de su agotamiento.

La estrategia discursiva de Pöppel lo lleva a esbozar algunos planteamientos críticos sobre lo que agrupa como lo policíaco para luego analizar, capítulo tras capítulo, los orígenes de esta narrativa en el país, su recepción y, por último, el estudio pormenorizado de diversos grupos de novelas que van desde los textos fundacionales hasta las experiencias paralelas, las que tocan el género, pero que no son consideradas como tales en el país, así sean analizadas de este modo por la crítica internacional, como es el caso único de Crónica de una muerte anunciada. Sin embargo, Pöppel, estudiará en detalle lo que él considera como las principales variantes y perspectivas genéricas. Me refiero a lo policíaco visto desde la perspectiva de la violencia, desde lo histórico, desde lo metaficicional, desde la novela de espionaje, desde la llamada novela de sicarios, desde la novela negra, así como desde las más recientes propuestas narrativas. A este respecto, se puede observar que se trata de una obra en curso, pues sus conclusiones son demasiados rápidas. Quizás falta profundizar en ellas o —y tendría que desdecirme— afirmando que la novela policíaca no se ha afianzado todavía y que su desarrollo en Colombia es relativo. Sin embargo, ésta se encuentra justo en un momento de expansión, de colocación dentro del mercado que ya no sólo edita y lee novelas foráneas.

Ya no estamos condenados a la ingenua suposición de que aquí no existe novela policíaca, y de que es un asunto excepcional y novedoso, como alguna reseña lo planteara no hace mucho al alabar como pionera a Perder es cuestión de método. Si comparamos con la denominada literatura de la violencia, un género tan importante para nuestra tradición literaria, podemos observar que las 67 novelas descritas por Augusto Escobar (Gaceta N° 37: 24) no son significativamente demasiadas, incluso dado su más corto período de publicación, con las más 80 producciones que enuncia Pöppel en su libro. Se supone que la narrativa de la violencia generó una tradición literaria. Pareciera que el género policíaco se encuentra en camino en Colombia para, a su modo, realizar tal función al interior de lo literario.

Pöppel, hemos mencionado, es un consumado detective que tampoco se dejará perder por lo superficial o por lo simple, de su fachada, de un texto. Un caso ejemplar es el análisis que realiza de la obra minimalista de Rodrigo Argüello, Trancón sobre el asfalto.

La novela policíaca en Colombia, sin que lo pretenda tampoco, es una incitación general a escribir este de tipo de novela, a más de descubrirle al lector que el género no es tan simple como parece. No se trata, entonces, de una subliteratura a la que se llega por el consumo. Contiene esta vertiente de la narrativa contemporánea demasiadas posibilidades de desarrollo, así como también contiene una compleja perspectiva textual que es sometida al escrutinio del investigador literario, quien más que perseguir a un autor criminal, a un mal o buen texto, trata de descifrar cuál es la lógica de su discurso. La novela policíaca en Colombia es, de un modo general, un reto útil tanto para escritores, para los críticos como para lectores no especializados. Estos últimos deben comprender las variantes que presenta el género y el crítico, Pöppel, le presta su ayuda al descifrarlas. En general, el género es permeable a este tipo de recorridos.

Los narradores desde un comienzo se han enfrascado en sus obras en un juego de señales con los llamados textos clásicos del genero policíaco o, en este caso, más específicamente, con los del género negro. Esta relación no es desinteresada, pues nuestra cultura posee un pesado contenido urbano que urge de algún tipo de resolución frente a las normas de convivencia. "«Algo anda mal». Con ello empieza para Ernst Bloch (1998: 38) la novela policíaca. Pero lo inexplicable, lo oscuro, lo malo, lo que sale de la norma y que da inicio a la investigación, desemboca en la iluminación, más, concretamente, «en una ilustración (como proceso concreto)» que reconfirma «la Ilustración (como conquista histórica)" (Schulz-Buschhaus. Citado por Pöppel: 153). Esta iluminación obedece a una intención comunicativa que se mantiene, desde Habermas, en todo el ensayo de Pöppel. Tanto el crítico como el lector lícitamente se enfrentan al contenido de verdad expuesto por la ficción. Por ello "la función poética de la novela policíaca no se dirige, entonces, ni a la experimentación lingüística, ni a la elaboración particular retórica, ni a una estructura temporal novedosa, ni a una descripción psicológica de los personajes... La primera meta estética de una novela policíaca es cumplir con las exigencias de las reglas del género" (Poppel: 158). Este acuerdo es continuamente renovado y también derogado para establecer otros acuerdos similares de versosimilitud, de significación. Sin embargo, la vanguardia del género policíaco pone en crisis la racionalidad establecida. La novela policíaca establece, entonces, un contrapunteo con la realidad social que ficcionaliza, de allí uno de sus valores. Pöppel hace un lúcido ensayo sobre la relación entre la teoría social y la literatura policíaca. Esta perspectiva por sí sola entrega suficiente material para un ensayo mucho mayor.

La novela policíaca colombiana desde un comienzo adopta cierta distancia frente al género. Sus titubeos son iluminadores, pues varias obras realizan parodias y burlas. De hecho existe cierta dificultad en legitimizar una acción civilizadora. Esto sucede todavía. Existe, es sabido, un vacío de autoridad y, además, un estado generalizado y continuo de desorden, de violencia, que obstaculizaron y que, quizás, todavía frenen el desarrollo formal y cerrado del género. Es curioso que las novelas de sicarios, de crímenes, que las novelas en las que lo policíaco mismo se convierte en un pretexto temático sean algunas de las más logradas en cuanto a su desarrollo narrativo, por no decir literario. En ellas se encuentran, como tal vez lo diría Pöppel, las posibilidades del género.

Hubert Pöppel. La novela policíaca en Colombia.
Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2001

 

Se han digitado algunos apartes del libro


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