¡De vuelta a la nieve!

¡De vuelta a la nieve!

Mientras paso esta época de cuarentena extrañando a mi familia y a mi país, agradezco el hecho de poder estar en un lugar hermoso, con gente maravillosa y alejada de ciudades grandes. Creo que es un gran privilegio estar en este momento rodeada de naturaleza y poder salir a caminar a la montaña para observar la diversidad de fauna y flora, aprendiendo al mismo tiempo sobre especies que no había visto antes.

Luego de estar en la Antártida y de pasar por el Caribe Tropical (Puerto Rico), la nieve me trae de nuevo hacia ella, pero esta vez hacia el otro hemisferio del planeta. Me encuentro en el norte de los Estados Unidos, en un lugar que se caracteriza por sus montañas verdes en primavera y verano, y por su invierno largo y frío. Estamos finalizando abril y sigue nevando, lo cual realmente disfruto muchísimo, me encanta ver caer la nieve y observar cómo el pasto y los árboles se van envolviendo y llenando de ese blanco particular.

Tuve la oportunidad de acampar por una noche y hacer una caminata de dos días por las hermosas montañas blancas de New Hampshire, las cuales hacen parte del Bosque Nacional de las Montañas Blancas. Esta es un área protegida con una extensión aproximada de 303.859 hectáreas. Fue un recorrido bastante exigente, caminamos aproximadamente siete horas diarias en la nieve, la cual no nos dejó avanzar mucho. La mayoría de los pasos que dábamos representaban que mis pies terminaran hundidos hasta las rodillas, y cuando lograba levantarme, mis botas quedaban llenas de hielo y tenía que sacudirlas. Por esta razón, no pudimos cumplir con nuestro objetivo: “coronar” dos de los 48 picos que tiene esta cadena montañosa. Sin embargo, el paisaje es espectacular y logramos ver huellas de alce en el camino.

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Cuando el clima no es muy frío o por lo menos cuando la temperatura no está por debajo de los cero grados, salimos a caminar en la noche. Es bastante interesante porque se pueden ver criaturas que no se logran observar durante el día. Nos encontramos con un hermoso puercoespín norteamericano (Erethizon dorsatum), que subía por las ramas de un árbol. En toda América tenemos cinco géneros de estos animales, con alrededor de 20 especies. Son mamíferos roedores como los ratones, ardillas, castores, entre otros, que se caracterizan por tener unos incisivos afilados para roer la madera, alimentarse o defenderse de los depredadores. Además, este bello animal es nocturno y solitario, puede medir entre 70 y 120 centímetros, incluyendo su cola; y tiene un abrigo de púas por todo su cuerpo, con excepción de su cara, vientre y patas, las que utilizan como mecanismo de defensa.

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En otra ocasión, también durante la noche, nos encontramos con un individuo bastante interesante. Vimos una salamandra moteada (Ambystoma maculatum), un anfibio con extremidades cortas y robustas que presenta dos hileras de manchas amarillas desde su cabeza hasta su cola, llegando a medir entre los 18 y 25 centímetros. Es nocturna y se alimenta de lombrices e invertebrados pequeños. En primavera, que es la estación en la que nos encontramos en estos momentos, se reproducen en los cuerpos de agua, donde la hembra pone de una a varias aglomeraciones gelatinosas, entre 50 y 100 huevos cada una. Este es un animal muy bonito y bastante peculiar, ya que es el primer vertebrado que establece una relación simbiótica con un alga (Amblystomatis oophila) (banner). Esta entra al huevo cuando se encuentra en el agua y utiliza el dióxido de carbono producido por el embrión para realizar la fotosíntesis, y cuando el alga produce oxígeno la célula lo utiliza para su desarrollo.

Finalmente, también tuvimos una visita inesperada. Una noche salimos a caminar y cuando regresamos a la casa vimos que los comederos para las aves, que contienen semillas para que se alimenten, no estaban. Las varillas donde debían estar se encontraban dobladas y había pasto levantado alrededor. Unos días atrás, una cámara trampa (que se activa con el movimiento) se había colocado cerca de donde se ubican los restos de comida para hacer compost y pudimos resolver el misterio: un oso negro (Ursus americanus) nos había visitado en la noche y se había llevado los comederos. Esta especie es la más común en Norteamérica, se encuentra distribuida desde México hasta Alaska; es más pequeño que el oso polar y el oso pardo, llegando a medir entre 2.5 y 2.9 metros y a pesar entre 100 y 280 kilos. Aunque es omnívoro, la mayoría de su dieta se basa en plantas.

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¡Del Continente Blanco al trópico!

¡Del Continente Blanco al trópico!

Mientras escribo las líneas de esta columna, estamos en medio de la pandemia del coronavirus, el cual ha venido en ascenso exponencial. Además, me entero de que Colombia cerraron la frontera y yo aún estoy en el extranjero. No logré entrar a mi país. Sin embargo, creo que lo mejor que podemos hacer es no entrar en pánico, estar en unión familiar, tranquilizarnos, respirar, pensar positivo, disfrutar cada día que la vida nos brinda y acatar las medidas necesarias para no seguir dispersando el virus.

Les quiero compartir la última aventura que la vida me regaló. Luego de terminar mi increíble experiencia en el lugar más hermoso de la Tierra, la Antártica, fui a un lugar un poco más cálido y un poco más cerca de nuestro país. Visité otro magnífico territorio, el archipiélago de Puerto Rico, localizado en el Caribe Tropical. Logré visitar la isla principal y dos más pequeñas: Vieques y Culebra.

La hermosa San Juan y sus fuertes
La hermosa San Juan y sus fuertes

Allí tuve la oportunidad de caminar por la hermosa capital, San Juan. Su arquitectura me recordó un poco a Cartagena, probé el famoso y delicioso mofongo, parecido a un puré, pero de plátano o de yuca. Además, en la isla Culebra, realicé una de las cosas que más me gusta hacer: bucear. Pude observar diferentes especies de peces y de corales, éstos últimos son invertebrados marinos que viven en colonias, conformadas por muchos individuos idénticos llamados pólipos, los cuales miden pocos milímetros de diámetro y pocos centímetros de longitud. Cuando estaba estudiando biología, tomé una electiva en ecología marina y pude aprender mucho sobre los corales. En esta ocasión, me llamó mucho la atención una en especial, Montastraea cavernosa (fotografía del banner). Es realmente hermosa y común en el Caribe; desafortunadamente, me llama la atención ver varias colonias con signos de blanqueamiento.

Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.
Coral Montastraea cavernosa con blanqueamiento.

Los arrecifes de coral son muy importantes para los ecosistemas marinos y para las personas cumplen varias funciones; una de ellas es servir como barrera, protegiendo así las costas de la erosión. Se calcula que son hábitat para el 25% de las especies marinas, incluyendo las que consume el hombre. El blanqueamiento de coral es una enfermedad que sufren cuando las condiciones de su hábitat se ven afectadas, como el aumento de la temperatura del océano por el calentamiento global, la contaminación, el incremento de la radiación solar y las tormentas. Todo esto les causa un estrés considerable. Un coral saludable mantiene una relación simbiótica de mutualismo (interacción biológica estrecha entre dos organismos, en la cual ambos se benefician) con una especie de alga; cuando ocurre algún cambio en el ambiente el alga abandona el coral, el cual se torna blanco, débil y más susceptible a enfermedades. Si los corales desaparecen, se verían afectados todos los ecosistemas y animales marinos de todo el planeta.

También pude oír el hermoso canto de la ranita coquí durante la noche. Es endémica de Puerto Rico y recibe su nombre por la llamada que hacen los machos de dos especies, las cuales suenan como “co” y “qui”. La que se puede observar con mayor frecuencia es la coquí común (Eleutherodactylus coqui). Este anfibio se ha convertido en un símbolo para la isla y su canto aparece en algunas canciones de varios artistas como Rubén Blades y Calle 13.

Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).
Ranita coquí (Eleutherodactylus coqui).

Además, realicé una caminata por el Parque Nacional El Yunque, un bosque lluvioso tropical muy bonito y lleno de vida. Tiene un área de 113 km2, con más de 39 kilómetros de senderos ecológicos. En uno de ellos pude observar un reptil nativo de la isla llamado comúnmente anolis, porque pertenece a este género. En la foto pueden ver el anoli de hierba de tierras altas (Anolis kugri). Esta especie se alimenta de insectos como cucarrones y hormigas, arácnidos como garrapatas y arañas y pequeños gusanos. Los pude ver saltando entre las hojas de los arbustos y árboles. Cuando me acercaba para tomarles fotografías se quedaban totalmente inmóviles.

El recorrido por Puerto Rico, verde y sonoro, fue realmente enriquecedor y totalmente diferente a la experiencia de la Antártica.

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

¡Hasta pronto, Antártida!

¡Hasta pronto, Antártida!

En los últimos días tuve la oportunidad de conocer la base italiana Mario Zucchelli. Nos organizaron por grupos para poder bajar y pisar por primera vez la Antártida. En aproximadamente dos horas hicimos un recorrido para conocer las instalaciones de la base y a algunas personas que trabajan allí; nos llevaron también a una casita de madera donde todos los que visitan la base escriben lo que quieran y plasman su firma. Fue una experiencia diferente e interesante, pues llevábamos más de un mes abordo, sin hacer mucho ejercicio y con el movimiento constante del barco.

Luego llegó el día del adiós. Dejamos el ‘Continente Blanco’ y tomamos rumbo a Nueva Zelanda. En ese instante me di cuenta de que el tiempo se había acabado. No sé en qué momento se pasaron casi 30 días en ese paraíso. Nos encontrábamos en frente de la estación italiana cuando la jefe científica de la expedición hizo sonar la bocina del barco en tres ocasiones, en señal de despedida. Yo simplemente me quedé afuera, observando el hermoso paisaje, mirando por última vez al volcán Melbourne, un volcán activo de alrededor 2700 metros de altura. En ese momento empecé a tomar fotos de la espectacular Antártida y me embargaron muchos sentimientos, no pude evitar que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Sentí mucha alegría por haber tenido esta mágica experiencia, pero mucha tristeza por dejar el que, para mí, es el lugar más hermoso de la Tierra. Tengo mucha gratitud con el universo y con todas las personas que hicieron posible que este sueño se hiciera realidad. Hay muchos deseos de repetirlo.

Volcán Melbourne
Volcán Melbourne.

Así empezamos seis días de navegación con rumbo a Lyttelton (Nueva Zelanda). Desafortunadamente nos tocó pasar entre dos tormentas en el Pacífico Sur, por lo cual el movimiento se hizo más fuerte a medida que salíamos del mar de Ross. Tengo que confesar que no fueron días muy placenteros, de nuevo muchos de los investigadores se sintieron mal y tuvieron que pasar el mayor tiempo del viaje en cama. Yo sentía un poco de dolor de cabeza, pero lo malo es que no se puede hacer ninguna actividad, no podía sentarme a trabajar en el computador porque me mareaba, solo estuve los dos primeros días en el puente de la embarcación tratando de ver algún mamífero marino, luego me tocó estar en la parte más baja del barco, conversando con otros investigadores, tratando de tocar guitarra, tratando de hacer que el tiempo pasara rápido. Sin embargo, le dije a un investigador que si ese era el precio que tenía que pagar para ir a la Antártida, estaba dispuesta a pagarlo todas las veces que fuera necesario.

Cuando nos encontrábamos llegando a Nueva Zelanda, el clima se calmó un poco y pude volver a retomar los avistamientos. Así fue como observé saltando el lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri), sacando su cabeza del agua para ver el bote y nadando en varias ocasiones.  Su distribución se restringe a Nueva Zelanda y al suroccidente de Australia; puede llegar a medir entre 1.5 y 2 metros; tienen orejas externas y aletas traseras que rotan hacia delante; pueden bucear de 10 a 15 minutos y bajar a profundidades de hasta 300 metros. En la isla sur de Nueva Zelanda hay varias colonias de esta especie.

 

Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)
Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)

El último avistamiento que tuve fue el de los delfines de Héctor (Cephalorhynchus hectori). Fueron solo dos minutos en los que cuatro individuos se acercaron a la embarcación, luego jugaron en la proa y desaparecieron. Esta especie es endémica, es decir que solo la podemos ver en Nueva Zelanda. Desafortunadamente esta especie se encuentra en peligro de extinción, las mallas de pesca han sido las principales responsables de su estado de amenaza ya que muchas son hechas con materiales muy delgados y que en muchos casos estos animales no detectan cuando se alimentan. Este es uno de los cetáceos más pequeños, llegando a medir aproximadamente 1.5 metros y a pesar aproximadamente 50 kilogramos.

Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)
Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)

Quiero agradecer a la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, especialmente al director del Departamento de Biología, Carlos Rivera Rondón, y a la productora general de la revista Pesquisa Javeriana, Claudia Marcela Mejía Ramírez, por su trabajo, apoyo y compañía, para vivir este sueño conmigo. También al jefe de la expedición, Riccardo Scipinotti, quien con su esfuerzo y alegría constante generó un muy buen ambiente de trabajo abordo; además, gracias a toda la tripulación del buque Laura Bassi y a los  investigadores con los que compartí momentos que quedarán por siempre en mi memoria.

>> Conoce aquí la aventura completa.


* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Cabo Hallet

Cabo Hallet

Esta semana estuvimos en otro de los lugares más bonitos que tiene el mar de Ross, el hermoso Cabo Hallet. Su paisaje es impresionante, pues está rodeado por una parte de la cadena montañosa Transantártica, la cual separa la Antártida oriental de la occidental. Sus montañas alcanzan los 4.000 metros de altura; además el espejo de agua en muchas ocasiones no se puede apreciar, pues está totalmente cubierto de hielo. Para llegar hasta allí solo se puede acceder en un buque como el ‘Laura Bassi’, un rompehielos.

Tan pronto como empezamos a ver estas montañas, tuve la misma felicidad que he sentido tantas veces en este viaje. Con uno de los investigadores decidí salir a tomar fotos. Parecemos dos niños pequeños, caminando de babor a estribor (de izquierda a derecha), tratando de apreciar toda esa belleza, incluso llegamos a la decisión de que cada uno se quede en un extremo del barco y le avisa al otro si observa ballenas, pingüinos o focas. Así logramos quedarnos afuera por un par de horas. Creo que la alegría nos hizo olvidar el frío que se siente a -6C.

Grupo de pingüinos Adelie sobre el hielo en el Cabo Hallet.
Grupo de pingüinos Adelie sobre el hielo en el Cabo Hallet.

Y así empezamos a ver muchos pingüinos caminando sobre el hielo, deslizándose sobre su estómago o nadando. Pudimos ver al pingüino más grande e imponente de todos, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri). Puede llegar a medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. La hembra pone solo un huevo, el cual es incubado durante dos meses por el macho mientras que ella va al mar para alimentarse de peces, krill y calamares. Cuando la cría nace, se turnan para cuidarla.

Pingüino emperador desplazándose sobre su estómago dejando sus huellas en la nieve.
Pingüino emperador desplazándose sobre su estómago dejando sus huellas en la nieve.

Otra ave que logramos avistar es el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus). La he visto sobrevolando la embarcación o descansando sobre el hielo. Su tamaño es bastante notorio, puede medir, con sus alas extendidas, hasta 2 metros. Además, se alimenta de peces, calamares, carroña y huevos de pingüinos. Algunas veces ataca a aves más pequeñas.

Petrel gigante del sur sobrevolando cerca de la embarcación.
Petrel gigante del sur sobrevolando cerca de la embarcación.

Otra de las especies que tenía mucho anhelo de ver era la foca leopardo (Hydrurga leptonyx). Solo la pude apreciar en una ocasión y fue un avistamiento muy rápido: se subió sobre un bloque de hielo, estuvo moviendo su cabeza y su cola y volvió a entrar al agua. Esta foca puede llegar a medir entre tres y cuatro metros y a pesar entre 300 y 500 kilogramos, es solitaria y agresiva, se alimenta de calamares, peces, carroña, caza a pingüinos y a las crías de otras focas.

Foca leopardo descansando sobre el hielo.
Foca leopardo descansando sobre el hielo.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Aprendiendo sobre la Antártica entre focas y pingüinos

Aprendiendo sobre la Antártica entre focas y pingüinos

Recordando los cuatro aviones que abordó desde Bogotá, las 35 horas entre vuelos y escalas y los ocho días en barco que navegó para llegar al ‘Continente blanco’, Nohelia Farías inició la conversación en la Sala Digital de Maloka con Lisbeth Fog, editora general de Pesquisa Javeriana, y Carlos Rivera, director del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, y alrededor de 200 asistentes entre niños, niñas, profesores y curiosos…

La investigadora, amante de los mamíferos acuáticos, compartió con el público la experiencia de ser la única colombiana en la expedición y una de las 5 mujeres a bordo del Laura Bassi, el buque oceanográfico rompehielos que ha sido su hogar desde el seis de enero de este año.

Entre las exclamaciones por ver una foca Weddell aplaudiendo, las bocas abiertas al dimensionar cuán grande es la plataforma de Ross y los interrogantes sobre cómo se vive con el sol radiando las 24 horas del día, los aprendizajes no se hicieron esperar.

Al final, las preguntas por el cambio climático y la conservación de especies como el pingüino Adelia y la ballena Minke, la especie más pequeña de estos mamíferos, pusieron a reflexionar al público sobre la riqueza natural que alberga el continente ubicado más al sur del planeta.

Compartimos el video completo de la conversación que se realizó en Maloka, este lunes 10 de febrero, en alianza con Pesquisa Javeriana. Allí podrá escuchar a Nohelia desde la Antártica y conocer sobre el ‘Continente blanco’.

La Antártida no para de sorprenderme

La Antártida no para de sorprenderme

Cuando nos estábamos despidiendo de la espectacular plataforma Ross y de la bahía de las ballenas, sentí un poco de nostalgia. Aunque espero volver a este lugar, no sé si ese deseo se haga realidad. Sin embargo, me siento realmente feliz de haberlo conocido, de haber estado tan cerca, de haberlo podido apreciar durante casi cuatro días, de haber tenido la oportunidad de ver tantas ballenas, pingüinos, focas, orcas. ¡Me encantaría repetirlo!

El capitán nos dio otro regalo antes de seguir nuestra ruta: nos dejó bajar del barco y caminar muy cerca de la plataforma Ross. Aunque fueron tan solo unos minutos, tal vez diez que parecieron dos. Fue realmente especial poder bajar del barco, abordar un gran pedazo de hielo que se encontraba muy cerca de esa pared, caminar un poco, sentir el frío y tocar la nieve. ¡Uf, fue una experiencia realmente especial!

Plataforma Ross, Antártida
Sobre el hielo, cerca de la plataforma Ross. Por: Muhammad Hassan Khan

La verdad, creí que después de la plataforma Ross, ningún paisaje me podía sorprender. La Antártida me demostró totalmente lo contrario. Llegamos a otro lugar indescriptible: ‘La lengua del glaciar Drigalsky’, que mide entre 14 a 24 kilómetros de ancho. Además, por primera vez vimos el continente Antártico, divisamos sus imponentes y magníficas montañas de color blanco, rodeadas de mar y de bloques de hielo.

Glaciar Drigalsky
Glaciar Drigalsky

En uno de esos bloques de hielo pudimos observar varios individuos de la foca cangrejera (Lobodon carcinophagus), especie que se encuentra en toda la Antártida; no es tan grande como la foca de Weddell, pero puede alcanzar los dos metros y medio de longitud y pesar los 300 kilogramos. ¿Su color? Puede ser café claro u oscuro. Unos datos adicionales: estos animales viajan grandes distancias y se adentran en los glaciares para morir, y también han descubierto esqueletos de esta especie a más de 20 kilómetros de la costa y a más de 900 metros de altura.

Grupo de focas cangrejeras descansando sobre el hielo.
Grupo de focas cangrejeras descansando sobre el hielo.

También he podido ver casi todos los días una especie de ave que me gusta mucho: el petrel de la nieve (Pagodroma nívea). Por su color blanco, se logra camuflar muy bien en el hielo y se le ve solitario, en grupos de hasta nueve individuos o con otras especies de aves, como el petrel antártico (Thalassoica antarctica). Además del skua del sur, el petrel de la nieve es una de las tres especies de aves que se reproduce únicamente en la Antártida.

Petrel de la nieve sobrevolando sobre cerca de la embarcación.
Petrel de la nieve sobrevolando cerca de la embarcación.

Todas estas aves se ven sobrevolando la embarcación, descansando sobre el agua y algunas veces haciendo presencia en el barco. Para la muestra un petrel antártico decidió posarse en el techo del bote de rescate y dormir ahí durante casi todo el día.

Petrel Antártico descansando en la embarcación.
Petrel Antártico descansando en la embarcación.

Finalmente les cuento por qué mis compañeros italianos me dicen que soy muy afortunada. Primero, este año están estrenando un barco que Italia compró a los ingleses. Ellos dicen que es más cómodo que el que tenían antes. Segundo, tuve la oportunidad de conocer la plataforma de Ross y no muchas personas han ido hasta allá; incluso algunos investigadores creen que es la primera vez que Italia va hasta a ese lugar a hacer investigación. Tercero, varios de mis compañeros dicen que en esta expedición hemos visitamos los lugares más bonitos que tiene el mar de Ross: la plataforma de Ross, la lengua del glaciar Drigalsky y Cape Hallett. Cuarto: esos lugares nunca los habían visitado todos juntos en una expedición. Y quinto, soy la única abordo que esta trabajando con mamíferos acuáticos y pude conocer la bahía de las ballenas, donde observé muchas de ellas. Yo creo que estar en la Antártida, ver todo lo que he visto, conocer investigadores de otros países, hablar con ellos y aprender sobre lo que están haciendo es toda una fortuna.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Llegué al punto navegable más al sur del planeta

Llegué al punto navegable más al sur del planeta

Esta semana en la Antártida he podido apreciar, aprender, conocer, escuchar y simplemente observar lo hermoso que es este lugar. El mar nos ha tratado muy bien y hemos tenido muy buen clima. Desde cuando llegamos a este continente, hemos disfrutado unos días realmente inesperados con un mar muy tranquilo; en el lenguaje de los marineros se diría “el mar ha estado como un espejo”. Hemos cruzado por el hielo varias veces, y finalmente arribamos a un lugar donde todos queríamos llegar: la esperada plataforma de hielo Ross.

Plataforma de hielo Ross.
Plataforma de hielo Ross.

Se preguntarán por qué estábamos tan interesados en llegar allí. Bueno, pues primero la expedición italiana no frecuenta este lugar, en realidad muy pocas personas han viajado hasta allá, por lo cual muchos de los investigadores a bordo, que ya han estado en varias expediciones, nunca habían tenido el privilegio de estar allí. Segundo, Ross es la plataforma de hielo más grande del mundo, llegando a tener un área como la de Francia, con una alta profundidad, de cientos de metros y una altura que puede estar entre los 20 y 50 metros.

Un poco de perspectiva de lo alta que puede llegar a ser la plataforma de hielo de Ross.
Un poco de perspectiva de lo alta que puede llegar a ser la plataforma de hielo de Ross.

Además, nos dirigíamos a un lugar llamado la ‘Bahía de las ballenas’, que se encuentra en el costado más oriental de la plataforma. Por ello yo estaba muy emocionada. Todos los investigadores me decían que muy probablemente iba a ver muchas ballenas. No quería ilusionarme tanto, pues muchas veces los nombres de los lugares no coinciden con la realidad. Sin embargo, este no fue el caso. Definitivamente este sitio le hace honor a su nombre. Nunca en mi vida como bióloga investigando y trabajando con mamíferos acuáticos había tenido tantas observaciones de estos animales. En dos días llegué a tener 25 avistamientos de ballenas, orcas y focas.

Foca de Weddell.
Foca de Weddell.

La foca de Weddell (Leptonychotes weddellii) se puede identificar por sus manchas alrededor de su cuerpo; son animales grandes y pesados. Presentan dimorfismo sexual, es decir, que hay una diferencia entre machos y hembras, en este caso el tamaño. Por lo general ellas son un metro más grande que los machos. Pueden llegar a pesar entre 400 y 600 kilos y las encontramos solamente en la Antártica. Son muy buenas buceadoras, llegando a estar debajo del agua hasta por una hora y pueden bajar hasta los 600 metros de profundidad. Esta foca la he registrado en cuatro oportunidades, siempre descansando sobre el hielo.

Y así, seguimos bajando por la ‘Bahía de las ballenas’ hasta cuando nos encontramos rompiendo el record en el cual un buque italiano ha estado en el extremo más al sur de la Tierra donde se puede navegar. Claro, Colombia está presente en este evento. Yo, realmente, me encontraba fascinada con el lugar, el hielo, la plataforma de Ross, las focas, los pingüinos, las ballenas, las aves. Todos los investigadores nos encontrábamos en el puente de mando, observando el magnífico espectáculo, pues el capitán nos regaló aproximadamente dos horas bordeando el hielo, observando la pared de Ross y su fauna. No sé cuál sería la expresión de mi rostro en ese momento, pero el jefe de la expedición se acercó y me preguntó qué pensaba de ese lugar y yo simplemente le pude responder que no tenía palabras, que ningún adjetivo podía describir la belleza de ese lugar, que simplemente me parecería irreal, me parecía que estaba en un sueño del cual no quería despertar.

Colombia presente en la latitud más sur del planeta tierra. Francisco Ardini.
Colombia presente en la latitud más sur del planeta tierra. Fotografía por: Francisco Ardini.

Otra especie que me encanta ver es el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae). Lo he visto nadando en varias oportunidades, descansando sobre el hielo, en grupos o solitario. Su distribución se restringe únicamente a la Antártida, puede llegar a medir 70 centímetros de altura y pesar 4 kilos. Ellos son muy buenos nadadores, incluso en una oportunidad los vimos en una fila y se lanzaban al agua uno por uno; seguramente es una estrategia de supervivencia para ver si es seguro que sigan entrando al agua. La pregunta sería ¿cómo escogen estos animales al pingüino que salta de primeras? o simplemente ¿es el azar?

Pingüino Adelia nadando.
Pingüino Adelia nadando.

En mi siguiente columna les contaré sobre más lugares del hermoso mar de Ross, más especies y por qué mis compañeros italianos me dicen que soy muy afortunada.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

¡Llegamos a la Antártica!

¡Llegamos a la Antártica!

Para llegar a la Antártica desde Nueva Zelanda nos demoramos alrededor de ocho días y navegamos aproximadamente 1700 millas náuticas (3149 km). Experimentamos diferentes tipos de oleaje, un mar fuerte y uno calmo, baja y buena visibilidad. Además de la nieve, ver nevar sobre el mar fue una nueva experiencia para mí, un poco extraña, ya que hasta ahora he trabajado la mayoría del tiempo en mares tropicales. La temperatura disminuye a medida que comenzamos nuestra ruta hacia el sur. Cuando salimos de Lyttelton (Nueva Zelanda) la temperatura estaba en 9°C y en la Antártica hemos estado hasta -7.6°C.

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Recorrido desde Nueva Zelanda hacia la Antártica. Myway. @PNRA – XXXV Italian Antarctic Expedition.

También tuve la oportunidad de observar el cambio en la presencia de las diferentes especies de aves, hasta ahora he visto 15 especies. Algunas tienen un rango de distribución Subantártico y otras Antártico, es decir, las primeras están en latitudes más bajas que las segundas. En el recorrido hacia la Antártica, por ejemplo, tuve la oportunidad de ver el petrel de pico fino (Pachyptila belcheri), desde que zarpamos hasta la latitud 67° Sur. Esta especie la pude observar durante cuatro días seguidos, sobrevolando y alimentándose cerca de la embarcación, en grupos desde dos hasta veinte individuos. Así como el albatros de ceja negra (Thalassarche melanophris), que también observé desde los 52° hasta los 62° Sur. Esta especie no la vi en grupos grandes, solo un individuo y máximo tres sobrevolando el buque o descansando sobre el agua.

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Petrel de pico fino sobrevolando cerca de la embarcación.
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Albatros de ceja negra sobrevolando la embarcación.

Finalmente, llegamos a la Antártica, un lugar de muchos contrastes y diferentes paisajes. No me alcanzan las palabras para describir este espectáculo de la naturaleza: es realmente un lugar muy especial, lleno de vida, de agua, de hielo, de nieve, de blanco.

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La blanca Antártica que sorprendió a Nohelia Farías Curtidor, egresada Javeriana.

En muchas ocasiones, cuando estoy trabajando, observando el mar para registrar un mamífero acuático o ave, me encuentro maravillada observando el paisaje y una vez más me doy cuenta que estoy en uno de los lugares más hermosos del planeta Tierra.

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Un fragmento de un iceberg antártico.

 

Y así llega el día de mi primer avistamiento de un mamífero marino en la Antártica, una ballena Minke. Era un muy buen día, con condiciones climáticas muy favorables para mi trabajo. El mar estaba tranquilo, no hacía mucho sol y nos encontrábamos navegando, cuando de repente vi un soplo a unos 1.000 metros de la proa de la embarcación –un soplo es el vapor de agua que se forma sobre los nostriles (orificios nasales) cuando la ballena exhala aire–. También logré ver su aleta dorsal, con la cual identifiqué su especie. En la Antártica se encuentran siete especies de ballenas, las cuales se pueden diferenciar por medio de sus aletas dorsales, pectorales, cola o forma de la cabeza.

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Aleta dorsal de la ballena Minke, la especie más pequeña de todas las ballenas.

Esta especie es la más pequeña de todas las ballenas, un adulto puede llegar a medir alrededor de 10 metros de largo. Ningún individuo se ha acercado mucho a la embarcación hasta el momento, siempre los he visto de lejos, cuando están exponiendo su aleta dorsal o cuando están respirando. Sin embargo, no es fácil, ya que su soplo se desvanece muy rápido con el viento. Solamente una vez cuando estábamos en un punto de muestreo con la embarcación casi inmóvil, una ballena Minke paso bajo el agua por la proa y logré verla respirando al mismo tiempo que oía su exhalación. Este mamífero es el que he registrado en más oportunidades con ocho avistamientos, por lo general, sólo uno o máximo dos individuos.

Además, he visto durante tres oportunidades orcas (Orcinus orca). Comúnmente se les llama ballenas asesinas, sin embargo, no son ballenas, pertenecen a la familia de los delfines, pero son las más grandes de este grupo. Tampoco se han aproximado mucho a la embarcación, lo más cerca que han estado ha sido alrededor de 500 metros. Pero vi un grupo grande, de 30 animales aproximadamente, donde pude observar machos, hembras y juveniles. Los otros dos avistamientos han sido grupos más pequeños, de cuatro y cinco individuos. Un adulto de esta especie puede llegar a medir alrededor de 9 metros de largo y los machos se caracterizan por tener una aleta dorsal que puede llegar a medir dos metros de altura.

 

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Grupo de orcas nadando en la Antártica.

En la siguiente columna les seguiré contando sobre los animales antárticos que he tenido la oportunidad de observar hasta el momento.

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* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

¡A la mar!

¡A la mar!


Fue interesante el primer día a bordo. Somos en total 50 personas, 23 marineros y 27 investigadores, entre los cuales hay 45 italianos, dos alemanes, un croata, un británico y una colombiana. Somos cinco mujeres: cuatro investigadoras y la doctora. Conocí la tripulación, todos son muy amables, sin embargo, la mayoría se comunica en italiano y aunque yo empecé a estudiarlo hace un mes por internet, mi nivel no es muy alto; no me fluyen las palabras y sigo prestando mucha atención para lograr entender lo que dicen. No es fácil, pero afortunadamente es un idioma que se parece un poco al español, por lo cual entiendo un 50% aproximadamente. Además, hay un investigador que habla muy bien español y varios que hablan inglés.

Nos reunimos con el capitán, que explicó cosas generales de la convivencia abordo como la limpieza de las cabinas (habitaciones), las horas de las comidas, la temperatura que vamos a tener en unos días (que puede oscilar entre -10 a -20 ºC). El primer oficial nos habló de qué hacer en caso de emergencia, el traje de protección que debemos usar si queremos salir a cubierta y nos hizo un recorrido por el barco para familiarizarnos con nuestro nuevo hogar. Nos lleva a la lavandería, la cocina, el comedor, el puente de mando, nos muestra las dos bicicletas en las que podemos hacer ejercicio y los dos únicos computadores que tienen internet. Sin embargo, hay que esperar entre uno o dos días para poder zarpar porque se aproxima una tormenta.

Comedor del buque Laura Bassi
Comedor del buque Laura Bassi

Finalmente zarpamos a las 2:00 a.m. del 6 de enero. A las 6:30 a.m., desperté y me arreglé para salir a desayunar, pero literalmente el cuerpo no me respondía. El mar del Pacífico Sur nos dio la bienvenida con olas de entre cinco y seis metros de altura, todo se movía de un lado para otro, las cosas que tenía en el escritorio se fueron al suelo. Y yo solo pude quedarme acostada, tratando de controlar la sensación de mareo y náuseas que se apoderaba de mí. Luego de estar cinco horas dormida, me levanté y fui a la cocina para tomar una bebida caliente y comer unas galletas. Lo logré, pero inmediatamente tuve que volver a mi habitación a acostarme de nuevo.

Pasaron dos días hasta que el mar se calmó un poco, y en medio de todo, lo que me hizo sentir bien, fue que no fui la única en esa situación. Creo que el 99% de la tripulación de investigadores pasó por lo mismo, incluso algunos la pasaron peor. Varios tomaron la decisión de tomar pastillas para el mareo o colocarse parches en el cuello para aliviar los síntomas. A mí me gusta más la idea de que el cuerpo se adapte y dejo que así suceda.

Así hemos navegado con rumbo a la Antártica. Hace un par de días vi mi primer iceberg, el primero de la expedición, lo cual fue muy emocionante pues es realmente impactante ver una masa de hielo tan grande flotando a la deriva en el océano. También hemos visto grupos de pedazos de hielo flotando muy cerca del barco.

Además, he tenido la oportunidad de ver varios animales de los que les hablaré en la próxima columna.

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Primer iceberg de la expedición
Primer iceberg de la expedición

* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.