Visita al CERN, donde la unión entre arte y ciencia es una realidad

Visita al CERN, donde la unión entre arte y ciencia es una realidad

Perfil-blanco-y-negroEl programa de arte y ciencia Suratómica seleccionó a ocho artistas colombianos para hacer una residencia artística de 15 días en el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN por sus siglas en francés), un laboratorio de investigación internacional ubicado en Ginebra, Suiza, donde se realizan los experimentos más potentes del mundo en física de partículas.

Desde principios de este año, Suratómica –un espacio de creación y colaboración entre ciencia y arte dirigido a artistas del sur global- ha promovido frecuentes encuentros entre algunos de los principales científicos colombianos que trabajan con el CERN y diferentes artistas nacionales interesados en tomar como punto de partida de sus creaciones los datos, teorías y conceptos con los que se trabaja en esta organización para expresarlos en sus producciones artísticas que serán presentadas en abril de 2020.

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El acelerador de partículas de 27 km de recorrido circular y a 100 metros de profundidad sobre la superficie terrestre del CERN, busca reproducir a partir de colisiones entre protones, altísimas energías cercanas a las del Big Bang para investigar sobre las partículas elementales que conforman el modelo standard: los ladrillos elementales de la materia y de la vida.

De esta manera, los artistas han tenido la oportunidad de mantener un permanente diálogo a través de conferencias, visitas a laboratorios y encuentros con los físicos que orientan sus investigaciones en temas como la antimateria, la materia oscura, la consciencia cuántica o el origen.

¿Mi pregunta de investigación en arte y ciencia?

Yo indago sobre la belleza detrás de la asimetría entre materia y antimateria. Según la ecuación de Einstein E=MC2 y confirmado en los laboratorios del CERN hace ya unas décadas, de la energía se crea materia. Lo que sucede es que hasta ahora en todos los experimentos realizados, siempre que se produce materia a partir de energía ocurre en pares idénticos de materia y antimateria.

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Todas las partículas que conocemos tienen su antipartícula que es idéntica pero con carga contraria; la antipartícula del electrón es el positrón y la del protón es el antiprotón. En 1995 en los laboratorios del CERN se consiguió por primera vez conectar dichas antipartículas para producir el primer átomo de antihidrógeno.

El problema es que la materia y la antimateria se aniquilan mutuamente al ponerse en contacto entre sí y vuelven al estado de energía en forma de fotones. En el origen del universo se rompió la simetría entre materia y antimateria, lo cual permitió que una pequeñísima porción de materia sobreviviera y no se aniquilara con su antimateria. De esta pequeñísima porción de materia se formó el universo, las estrellas, las galaxias, los planetas y nosotros, toda la vida que habita el planeta tierra.

Mi proyecto ha sido acompañado por Jairo Alexis Rodríguez, físico de partículas, decano de la facultad de Ciencias de la Universidad Nacional e investigador del experimento LHCb del CERN. El proyecto tuvo como punto de partida la tendencia de la materia y la naturaleza a la simetría por reflexión pero es en el rompimiento de esas simetrías donde se encuentran algunas de las claves del origen del universo. Por otro lado, hemos revisado el comportamiento de la luz (fotones) al cambiar de medio entre vacío, aire o agua como materialidad para explorar.

Visita al CERN: primer impacto

Viajé del 16 de septiembre al 3 de octubre Bogotá – Ginebra. El CERN se encuentra a 16 minutos en tranvía desde el centro de la histórica ciudad de Ginebra, Suiza. La entrada principal donde está el icónico Globo, se encuentra a escasos 80 metros de la frontera con Francia. Desde sus instalaciones y durante los días despejados se tiene una monumental vista al Mont Blanc.

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No todo el mundo tiene la oportunidad de visitar el CERN y menos de bajar 100 metros bajo tierra a conocer sus cuatro experimentos principales. Nuestro anfitrión fue el físico y fotógrafo Michael Hoch director de art@CMS; contamos también con el apoyo del experimento ATLAS y el IdeaSquare.

A simple vista el campus del CERN parece un complejo industrial, con grandes espacios y edificios de la década de los años cincuenta y sesenta, enormes tanques que almacenan diferentes tipos de gases y gigantescas naves del tamaño de hangares donde prueban y ensamblan los detectores que después desplazan bajo tierra.

Dentro de sus instalaciones se vive un ambiente internacional, académico y de investigación, incluso de competencia profesional entre los científicos de los diferentes experimentos. La cafetería principal es un gran punto de encuentro donde convergen científicos de todas partes del mundo desde premios Nobel de física o la directora Fabiola Gianotti hasta jóvenes programadores, físicos teóricos y experimentales. Es allí donde ocurren las conversaciones más interesantes de las jornadas.

Después de convivir 15 días en sus instalaciones, se siente y se contagia la pasión y el convencimiento con el que los científicos hablan de sus teorías y experimentos. Fue emocionante compartir con algunos de ellos, pues siempre estuvieron dispuestos a sacar un rato dentro de su agitada rutina para conocer nuestros proyectos artísticos y retroalimentar nuestras líneas de investigación.

Segundo impacto

La aparente calma que se vive en la superficie contrasta con los sofisticados experimentos que se llevan a cabo bajo tierra en éste, el laboratorio de física de partículas más grande del mundo. Los hangares de la superficie son grandes salas de control llenas de pantallas donde cientos de científicos siguen de cerca los datos que arrojan las colisiones. En cada uno de los cuatros experimentos principales trabajan más de tres mil científicos de todas las partes del mundo.

Pero abajo es donde sucede la acción y llegar hasta allá se logra bajo estrictas medidas de seguridad. Cada uno de estos experimentos tiene diferentes protocolos de seguridad desde tokens personalizados, lectores biométricos hasta puertas inteligentes. Para ver con los propios ojos los experimentos se deben pasar estos filtros siempre acompañados por un experto que autoriza la entrada en cada puerta y un ascensor que desciende entre 60 y 100 metros dependiendo del experimento. Todo esto para asegurarse de que ninguno de ellos se ponga en marcha hasta una total evacuación.

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Tuvimos la suerte de bajar a los cuatro experimentos principales, empezando por ATLAS (Aparato Toroidal del LHC) el más grande de los experimentos y junto al CMS (Solenoide Compacto de Muones) son los que detectaron el famoso Bosón de Higgs en 2012. También conocimos a ALICE (Gran Colisionador de Iones) que se encarga de investigar las propiedades del estado plasma quark-gluon, un estado de la materia que se formó justo después del Big Bang y finalmente visitamos el experimento LHC-beauty encargado de buscar la antimateria perdida del universo.

Los enormes detectores de más de 20 metros de alto por 26 de ancho y unos 50 de profundidad se esconden imponentes bajo tierra. Son las cámaras más potentes del mundo, una extensión de nuestra visión capaz de detectar las trayectorias de las efímeras partículas subatómicas que aparecen, debido a las altísimas energías que se producen durante las colisiones.

Como una sofisticada máquina biónica, el detector se impone como un enorme y tecnológico globo ocular. Millones de cables como diminutas venas viajan de los extremos del cilindro al centro, la pupila que observa las colisiones. Como la retina, los sensores se organizan en una matriz de diferentes capas y se encargan de detectar la trayectoria de partículas como fotones, muones, quarks o antiquarks.

Actividades diarias

Además de bajar a los experimentos, conocer los emblemáticos edificios y máquinas que hacen parte de la larga historia del CERN acompañados siempre por Dr. Michael Storr, un apasionado jubilado encargado de recibir todas las visitas, tuvimos la oportunidad de asistir a algunas de las conferencias que se ofrecen diariamente en el auditorio principal, así como a diferentes reuniones/talleres con físicos con los que intercambiamos las ideas de nuestros proyectos. También compartimos con tres artistas internacionales que nos apoyaron en los proyectos desde la perspectiva artística en las contemporáneas instalaciones del IdeaSquare.

La residencia artística en el CERN hizo parte de la etapa inicial de investigación y en los siguientes meses estaremos haciendo pruebas y experimentos para definir la materialidad de las piezas artísticas que deben exponerse en abril del siguiente año.

 

* Doctor en Arte de la Universidad Politécnica de Valencia. Director del Proyecto nanoDiseño del Departamento de Estética de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana. Profesor, investigador y artista.

Una ventana a la memoria de los colombianos

Una ventana a la memoria de los colombianos

Queda poco para iniciar la función. Unos diez minutos apenas, antes de que suene el tercer timbre, apaguen las luces y empiece la función. Aún hay tiempo para asegurarse de ocupar la fila indicada, el asiento correcto, y ser testigo de la variada selección de cortometrajes, documentales y videoclips que se reproducirán por primera vez en Centro Ático como parte de la Muestra Audio-Visual Universitaria Ventanas 2019.

Se trata de un espacio creado a inicios del 2005 a manera de laboratorio artístico y cinematográfico que da vida, para algunos, a años de trabajo y, para otros, a solo meses de rodaje; esto, con un fin particular, motivar el intercambio de opiniones y reflexión de estudiantes universitarios de todo el país sobre su creatividad, expresada en propuestas audiovisuales, radiales, publicitarias y fotográficas.

Aunque en principio, este espacio era exclusivo para estudiantes de la Universidad Javeriana, con los años la necesidad de vincular a jóvenes universitarios del resto del país llevó a Maria Urbanczyk, profesora de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Javeriana y coordinadora del proyecto, a ampliar su visión y apuntarle a una meta mucho más ambiciosa: hacer un encuentro anual para la presentación de producciones audiovisuales y así dar a conocer el talento y conocimiento —a veces oculto– en todas las regiones del país, con un espíritu participativo y fuera de un contexto competitivo.

Para el 2015, Urbanczyk ya había sido curadora y jurado del material presentado en las últimas 11 ediciones de la Muestra Ventanas, junto con un equipo de cineastas, documentalistas, video artistas, artistas sonoros, realizadores de radio, críticos de cine y televisión, académicos. Esa experiencia fue suficiente para que la polaca reconociera un patrón común en cada uno de los trabajos que había evaluado: una mirada constante a la memoria colectiva del país, tejida alrededor de la historia nacional. Es decir, cómo los jóvenes recurrían a sus productos audiovisuales como medio para presentar los significados e imaginarios del pasado en Colombia y las necesidades comunitarias del presente, con la intención de modificar el futuro.

Este tema llamó profundamente la atención de Urbanczyk, lo que la motivó a iniciar un doctorado en Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad Javeriana. Su propósito inicial era comprender cómo a partir de las narrativas audiovisuales de trabajos universitarios se construye la memoria en Colombia. Usó como fuente los trabajos que había evaluado en la Muestra Ventanas, por un periodo de diez años, de 2005 a 2014.

“La Muestra Ventanas ha reproducido más de 450 productos audiovisuales a lo largo de sus XV ediciones.”

Fueron más de cien videos analizados. Cortometrajes de ficción, documentales y otros formatos como animaciones, videos experimentales y video clips; días completos reproduciendo una y otra vez los mismos trabajos para construir una matriz de información que le permitiera encontrar características en común y así clasificar los tipos de memoria (memoria de alteridad étnica, memoria del conflicto armado, memoria intergeneracional y memoria de conciencia ambiental). Así, los personajes principales, los escenarios en que se desarrollan los videos y las temáticas y problemáticas abordadas en cada trabajo, le permitieron comprender cómo perciben los jóvenes al país.

“Con frecuencia los videos universitarios no logran transcender las aulas de clase porque quedan archivados u olvidados, y la misma academia parece desconocer el valor que tienen estas obras universitarias como constructoras del sentido, de la memoria y de la comprensión de la complejidad de lo social, lo humano y lo artístico”, menciona Urbanczyk, quien también es una apasionada por la literatura rusa y los dramas polacos.

Los hallazgos

A inicios del 2018, Urbanczyk finalizó la investigación Itinerarios de la memoria colectiva del país en las narrativas audiovisuales universitarias colombianas: Muestra Ventanas 2005 – 2014 , gracias a la cual encontró hallazgos reveladores. Por ejemplo, identificó la reiterada intención de los jóvenes de narrar el conflicto armado en Colombia a partir de experiencias de sufrimiento y dolor como un factor determinante en sus obras, y la importancia de exaltar la paz como un elemento supremo en el pensamiento universitario.

Contar con un panorama nacional también le permitió a la investigadora comprender los intereses narrativos de los jóvenes por regiones. Por ejemplo, identificó la afrocolombianidad y el reconocimiento de las comunidades indígenas como un asunto de especial interés para los estudiantes del Valle y Cundinamarca. De hecho, las muestras audiovisuales presentaron la preocupación por preservar a las comunidades indígenas y la exaltación de características de identidad de los afrocolombianos a partir de sus sonidos, su música -la mayoría del Pacífico- y sus costumbres.

Para sorpresa de la investigadora, los modelos y los estilos de vida contemporáneos que están centrados en el consumo, la tecnología y la inmediatez fue el tema de mayor inconformidad de los estudiantes, pues, su real interés está concentrado en la preservación del medio ambiente.

Con esta información, la investigadora javeriana, quien es miembro del grupo de investigación Comunicación, Medios y Cultura de la Universidad, se propuso crear un producto interactivo para visualizar los videos que analizó en estos años de trabajo y que recogen de manera completa el proceso de producción audiovisual que realizan los jóvenes universitarios, desde el nacimiento de la idea hasta el producto final, la circulación y la socialización del mismo.

Así, año tras año y ahora que se lleva a cabo la XV versión de la Muestra Audio-Visual Universitaria Ventanas 2019 en la Universidad Javeriana del 16 al 18 de octubre, Urbanczyk valida su hipótesis, aquella que dice: “la mayor contribución que tienen los jóvenes universitarios, a través de sus narrativas audiovisuales, es la construcción de memorias de un país multiétnico, pluricultural y multilingüe que está en constante transformación”.

Literatura infantil, clave para resolver conflictos de niños y niñas

Literatura infantil, clave para resolver conflictos de niños y niñas

Había una vez una niña bonita, bien bonita.
Tenía los ojos como dos aceitunas negras, lisas y muy brillantes.
Su cabello era rizado y negro, muy negro, como hecho de finas hebras de la noche.
Su piel era oscura y lustrosa, más suave que la piel de la pantera cuando juega en la lluvia”.

Este es el inicio del cuento Niña Bonita, escrito por la brasileña Ana María Machado. Es uno de los ocho cuentos que los profesores de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, Andrea Escobar y Mario Gutiérrez, utilizaron como herramienta para entender el rol que asumen los niños frente a conflictos o situaciones que se les presentan en la cotidianidad a partir de la literatura. Buscan con ello trabajar temas como la ansiedad por el abandono o el encuentro con los amigos, entre otros.

Su interés por conocer cómo los niños se posicionan frente a los conflictos nace de diversas preguntas: ¿Cómo están resolviendo sus problemas? ¿Cómo hablan de sus puntos de vista? ¿Cómo los transforman? “Este proceso se da por medio del uso de herramientas que pertenecen a su cotidianidad, no por herramientas pedagógicas o psicológicas. El cuento resulta ser un mediador muy importante que propicia entender al otro y, gracias a éste, surgen posiciones diferentes en el diálogo, encuentros y desencuentros acerca de lo que pasa en la narración”, explica Escobar.

La metodología de investigación se concentró en varios espacios de lectura con los niños de un colegio en el barrio El Codito, al norte de Bogotá. En estos momentos compartidos por niños de transición a quinto de primaria, leyeron con ellos varios cuentos para ver cómo interactuaban con la historia teniendo en cuenta que hay un conflicto subyacente a lo largo del cuento y posiciones diferentes entre los personajes.

Niña Bonita, por ejemplo, cuenta la historia de un conejo blanco que ha quedado sorprendido por la belleza de una niña afrodescendiente, especialmente por su color de piel, que considera hermoso. Esta situación puso en conflicto a los niños no solo por su concepción de la belleza, sino de la mentira, pues cada vez que el conejo le preguntaba a la niña “Niña bonita, niña bonita, ¿cuál es tu secreto para ser tan negrita?”, la niña inventaba alguna respuesta. La resolución de conflictos en los niños se da desde aceptar que el otro puede equivocarse, y al ponerse en sus zapatos -en este caso de los personajes- entender que los demás sienten y piensan igual que ellos. A la vez hay cosas que les duelen, desarrollan comprensión y aceptación frente a quienes los rodean.

A partir de esta experiencia notaron reacciones particulares por cursos. Inicialmente, les llamó la atención que “el niño pequeño está mediado por el punto de vista del adulto y cuenta mucho más lo que pasa con éste. A la vez, lo que más rescatan suele ser la apariencia física del conejo o de la niña, pero más relacionados con me gusta o no me gusta, o con experiencias de la vida de ellos”, continúa Escobar. Por el contrario, a medida que aumenta la edad, la descripción de personajes pasa a un segundo plano y se van introduciendo temas nuevos, “por ejemplo, hablar de racismo fue algo que apareció hasta tercero de primaria y es traído por ellos gracias a la manera como los niños conversan frente al cuento infantil. Eso nos llevó a pensar si realmente los niños más pequeños estaban hablando de racismo en algún punto, y encontramos que no. Es algo que se va construyendo, entre otras cosas por el contacto del niño con el entorno, o con otros actores sociales”, agrega.

También resultó llamativo que la edad no impedía a los niños disfrutar de la lectura del adulto, pues, como dice la escritora infantil Yolanda Reyes, “el cuento lo que le genera al niño es la sensación de que mientras él esté con el adulto y el cuento dure, el vínculo no se va a acabar”. De ahí la importancia de leer cuentos con niños y niñas; es ese vínculo con el adulto lo que realmente lo hace interesarse por la historia del cuento.

Durante los momentos de reflexión que se llevaron a cabo después de leer los cuentos, los psicólogos notaron que aunque los niños tendían a ser quienes guiaban las conversaciones, las niñas aportaban comentarios con mayor contenido temático para las discusiones. Y aunque hubiese algunos niños que parecían distraídos o tímidos frente a la conversación propuesta, al conectarse, aportaban puntos de vista que muchas veces cambiaban el ritmo de la discusión e introducían otros temas de debate. Esto se encontró principalmente en los cursos superiores, es decir, niños de tercero, cuarto y quinto realizaron un análisis con mayor profundidad frente a la historia misma y la implicación de las identidades múltiples de los personajes en el desarrollo del cuento, lo cual demuestra que a medida que los niños crecen tienen mayor posibilidad de realizar análisis de los conflictos, contando con muchos más elementos que enriquecen la trama, y al leer cuentos con historias conflictivas podrán situarse desde muchas más perspectivas y entender el conflicto desde diferentes puntos de vista.

Desde el psicoanálisis, Escobar concluye: “Hay que tener cuidado con la estereotipación de los marcos teóricos. Muchas veces, en el afán de clasificar características, se fuerza un marco teórico sobre un hallazgo, y en este caso no podemos decir que todos los niños tendrían más o menos el mismo tipo de posicionamiento de la identidad frente a conflictos ni podemos hablar de una identidad única, total, acabada, íntegra, sino más bien de posiciones de la identidad de acuerdo con los temas que asumen”.

Una de las conclusiones principales de esta primera fase de la investigación es que es fundamental generar conversaciones desde la literatura con los niños. Desde las que se les permita no solo interactuar con la historia misma, sino con los conflictos que puedan vivir los personajes para reconocer al otro como un ser diferente de sí mismo. Además, dicen, se generan espacios de reflexión y aprendizaje en la vida propia, especialmente en el contacto con el otro que le permiten al niño desarrollar múltiples posibilidades para su identidad a un ritmo único en cada caso.

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

La huella migrante en la música del Pacífico colombiano

Ya se cuentan las horas para el comienzo del Festival Petronio Álvarez 2019, el encuentro cultural y artístico afro más importante de Latinoamérica, que reúne a cerca de 600.000 personas para celebrar la tradición, la música y la culinaria del Pacífico colombiano. También, para generar reflexiones y conversación en torno a estas prácticas. En ese otro componente, Manuel Sevilla, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana Cali y coordinador académico del Festival, explica, en entrevista con Pesquisa Javeriana, la propuesta conceptual, los invitados que vendrán y algunos desafíos del sector artístico de la región.

Sevilla viene trabajando en el Petronio desde 2008, cuando se consolidó el espacio académico en el Festival, a través del programa La ruta de la marimba, convocado por el Ministerio de Cultura. También ha participado como músico (llegando a las finales) y jurado.

Las jornadas académicas se desarrollan en dos grandes espacios: del 12 al 14 de agosto se realiza el Petronio en las universidades, y del 15 al 17 del mismo mes, al tiempo del Festival, el programa académico se efectúa en la Ciudadela Petronio con la participación de artistas y actores culturales para escuchar no solo su música sino sus experiencias y reflexiones en torno a su cotidianidad.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo nos presentaría el Petronio Álvarez?

Manuel Sevilla: El Festival Petronio Álvarez, que inició en 1997 impulsado por la Gobernación del Valle del Cauca, y que actualmente lidera la Secretaría de Cultura de Santiago de Cali, es una plataforma que permite hacer visible la música y la cultura del Pacífico colombiano. Cuenta con 23 ediciones y con el paso del tiempo se ha convertido quizás en el espacio más importante para la visibilización no solamente de la música sino de otros elementos culturales que integran lo que podemos llamar el panorama cultural del Pacífico colombiano. Allí caben, además, la culinaria, las bebidas tradicionales, la danza —en menor medida—, y en general toda una propuesta estética en torno a las culturas del de la región. 


PJ: ¿Cuál es la importancia de conservar un festival con estas características?

MS: Son varios niveles los que hay que tener en cuenta. El Pacífico colombiano se caracteriza porque ha tenido un proceso de migración circular, es decir, hay gente que sale de los territorios del Pacífico, va a otras ciudades del país y regresa permanentemente, viven con una presencia migratoria constante. Allí radica la primera apuesta del Festival que le ha permitido a los jóvenes afropacíficos, que habitan territorios lejanos a los de sus ancestros, conocer de primera mano las prácticas musicales que han definido el perfil cultural de sus comunidades de origen, contar con un punto de referencia y de reafirmación. En segundo lugar, el Festival es una oportunidad para los colombianos que no viven en la zona litoral y ribereña del Pacífico, para conocer de manera privilegiada y cercana las prácticas musicales y culturales que son patrimonio nacional. Y en tercer nivel, el Petronio se ha convertido en un espacio para que las personas que sí habitan los territorios puedan dar a conocer y circular sus prácticas musicales, dialogar con otros músicos con los cuales, paradójicamente, no dialogan con frecuencia dada la dificultad de comunicación dentro del territorio.


PJ: Si se busca generar diálogos entre las comunidades del Pacífico, ¿no tendría más sentido realizar el Festival en esas zonas litorales o ribereñas?

MS: Es importante considerar dos elementos. En primer lugar, el Festival ha sido un esfuerzo público, que está por encima de los $3.000 millones y que se ha subsidiado con los impuestos de los caleños. En segunda instancia, Cali es el punto de llegada de muchas comunidades de la región y radican allí 18 colonias del Pacífico constituidas formalmente. No es el caso de otras ciudades que no cuentan con el nivel de concentración diversa que sí tiene la capital del Valle. 


PJ: ¿Cómo le aporta el componente académico del Festival a este encuentro de comunidades?

MS: Desde sus inicios el Festival tuvo algunos espacios satélites en los cuales se conversaba a cerca de la cultura pacífica; sin embargo, solo hasta el año 2008 se consolidó la agenda académica como un evento central. La dinámica del Festival es manejar un formato de grandes tarimas, un poco distante en algunas ocasiones, con lo cual se hace difícil que las audiencias y los músicos puedan establecer diálogos más reposados. Entonces se diseñaron espacios para que los artistas conversen con su público. Con el paso del tiempo se han ido cualificando cada vez más estos escenarios; por ejemplo, desde hace cinco años se creó el Petronio en las universidades, que genera espacios de discusión en la academia.

Óscar Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía
Manuel Sevilla, coordinador académico del Festival Petronio Álvarez. /Cortesía


Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es el enfoque temático del programa académico para esta edición?

Manuel Sevilla: La agenda académica tiene como prioridad brindar un espacio para que la voz de los habitantes de los territorios pueda escucharse. No es un congreso sobre el Pacífico, no es un espacio de ponencias, es, por el contrario, un espacio para conversar. El papel de las universidades es más bien servir en la moderación y en la conceptualización de los espacios, pero la voz es de la gente que nos visita. Para este año se diseñaron dos ejes temáticos: en el Petronio en las universidades se abordará ‘Universo cultural del Chocó’, y en La Ciudadela, el eje transversal es el mismo que tiene el Festival este año: ‘Arrullos de selva, cantos de ciudad’ (acceda aquí a la programación). 


PJ: ¿Cuáles son los temas más destacados en
Petronio en las universidades?

MS: Se hablará, por ejemplo, de los procesos de migración del Chocó, los cuales tuvieron un flujo significativo entre 1930 y 1940 y que no han sido muy visibles, pero que han impactado en la región. También hablaremos de oralidad y espiritualidad en el departamento y tendremos espacio en la Javeriana sobre danzas tradicionales. 


PJ: ¿Y quiénes participarán en esos escenarios?

MS: Por una parte, vamos a tener a José Osías Moreno, narrador oral, y a Pedro González Sevillano, historiador, para hablar de los procesos migratorios; vamos a tener a Jackson Ramírez, muy activo en las fiestas patronales de Quibdó, para dictar un taller sobre patrimonio cultural; estará el colectivo Voces de Resistencia, de Riosucio y Bojayá, hablando de espiritualidad en el Chocó, y participará la profesora Nina Graeff, quien presentará los paralelos entre la música afroamericana, sobre todo la de Brasil, y la música chocoana. 


PJ: En La Ciudadela, ¿qué tienen programado?

MS: El encuentro académico busca ser un espacio para visibilizar el trabajo colaborativo con las comunidades. Por ejemplo, habrá un conversatorio sobre bebidas tradicionales y allí estará el colectivo Destila Patrimonio, activistas para salvaguardar políticas públicas que protejan las bebidas tradicionales derivadas del biche. Otro tema relevante es sobre el aporte del Pacífico a la nueva nación con motivo del Bicentenario, y para ello, Sergio Mosquera, profesor de la Universidad Tecnológica del Chocó, dará una mirada detallada de los personajes de la región que hicieron parte de la historia hace 200 años. Tendremos un conversatorio con la homenajeada de este año, la maestra Aura María González Lucumí, cantadora de Buenos Aires, Cauca. Y, por último, ‘Cocina y migración en el Pacífico’ será el espacio para el lanzamiento del libro Fogón de negros, escrito por Germán Patiño Ossa.


PJ: ¿Por qué la migración ocupó la mayor atención en esta edición?

MS: Hemos identificado, y es un reto para cualquier festival que trabaje músicas tradicionales, que existe el riesgo de ‘museificar’ ciertas prácticas, es decir, que se proyecte una idea de que las comunidades del Pacífico están capturadas en el pasado y muy aisladas. Por el contrario, el Petronio busca generar espacios donde se cuestione esa mirada esencialista, esa idea de considerar a las comunidades quietas, y más bien le interesa mostrar la transformación permanente donde conviven elementos, tradiciones y otros presentes. Allí la migración ha jugado un papel fundamental.


PJ: ¿Y cómo impacta esa migración en las prácticas artísticas y culturales?

MS: Primero, hablando de migración circular, quiénes están viniendo, quiénes están retornando y los efectos en las prácticas culturales en la cocina y la música. Eso se evidencia, por ejemplo, en la chirimías que vienen del Chocó; en algunos grupos se han encontrado letras de denuncia, por ejemplo, sobre la minería indiscriminada y descontrolada o el abandono estatal local. Los artistas siguen con su música tradicional impactada por problemáticas vigentes y el Festival en ese caso busca brindar espacio para que sean oídas esas voces. Existe otro debate fuerte en torno a las bebidas tradicionales, como el biche y sus derivados (la toma seca o las botellas preparadas), que se han vuelto un filón de desarrollo económico para algunas comunidades; allí podemos ver que no se han quedado en el pasado, no son las bebidas que llegan de la memoria, sino que sus creadores están al corte con las discusiones económicas contemporáneas y están buscando diálogo con la Superintendencia de Industria y Comercio para atender asuntos de marca. Nos interesa mostrar que no son comunidades capturadas en un pasado triste, sino que tienen una dinámica cultural y social activa y que están en la base de la música que vamos a escuchar.

Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.
Las transformaciones en la gastronomía del Pacífico a causa de la migración serán tema de estudio en la edición 2019 del Festival.


PJ: Es decir, ¿es la tradición alimentando las prácticas actuales?

MS: Diría más bien que es la actualidad siendo mediada por la tradición y generando nuevas músicas y prácticas. Hay sonidos que se mantienen y que nos interesa preservar, por ejemplo, la construcción de marimba con sonidos tradicionales, pero al mismo tiempo nos interesa que la gente pueda contar cómo las tradiciones han ido cambiando porque la realidad las increpa, entonces se busca que los participantes en el Festival sepan que hay unas tradiciones que se celebran y revindican y, al mismo tiempo, hay otras preocupaciones manifestadas en la música que el Festival reconoce.


PJ: En ese ejercicio de reconocer la realidad y la tradición, ¿cómo se vinculan las dinámicas del mercado y las diferentes formas de circulación a nivel nacional?

MS: Hay un choque que debe dimensionarse muy bien: hace quizás diez años, cuando se trabajaba en el proyecto de industrias culturales de Cali, corrió por el país la idea de que toda forma cultural era susceptible de volverse un emprendimiento. Eso, por su puesto, llegó al Pacífico y se vendió la idea de que habría mercado para toda manifestación cultural, lo cual no fue tan cierto. Hubo frustración en agrupaciones que centraron sus esperanzas en que, de repente, alguien las iba contratar y la realidad del mercado no funcionaba así y menos en un momento en el cual la industria discográfica había desaparecido, se movía en mercados de nicho y planteaba dinámicas diferentes a las que estábamos acostumbrados. Sin embargo, no desconozco que existan ejemplos significativos de músicas fusionadas (por ejemplo, Herencia de Timbiquí) y de corte tradicional (Agrupación Canalón) que lograron encontrar un lugar en el competido mercado musical; a pesar de ello, no se debe olvidar que hay prácticas musicales que tienen propósitos que no cumplen con lógicas del mercado, sino que guardan funciones muy importantes y específicas el contexto social. 


PJ: El Petronio Álvarez se vincula con la Misión Internacional de Sabios a través de un taller. ¿Qué tiene el Pacífico para proponer en política pública en el tema de industrias culturales y creativas? 

MS: En la Javeriana se desarrollará un taller con artistas y gestores culturales del Pacífico con el fin de que la Misión de Sabios conozca lo que está ocurriendo en nuestra región. Hay que ser muy cuidadoso de enviar mensajes en términos de que toda forma cultural es susceptible de convertirse en un negocio que genere réditos económicos. Eso es riesgoso porque puede generar expectativas que no se van a cumplir y, además, puede obligar a las prácticas culturales a entrar a una lógica de transformación forzada que no cumpla con su sentir ni propósito de conservación simbólica. Por otra parte, nos interesa promover la idea de gran desarrollo, es decir, no solo asociado al incremento del dinero disponible sino a cómo esas prácticas contribuyen al desarrollo simbólico, es decir, el reconocimiento de las personas en nuevos contextos. 


PJ: ¿Qué le falta al Petronio Álvarez?

MS: A mi juicio, el Festival ha hecho lo que le corresponde año tras año. Quizás otras instituciones de la ciudad podríamos estar en deuda. Las universidades ya comenzamos a sumarnos en el componente académico, pero vale la pena preguntarse qué están haciendo, por ejemplo, los centros comerciales o qué hace la misma red de colonias del Pacífico por acoger a estos músicos que nos visitan durante una semana en el Petronio Álvarez. Tenemos la oportunidad de llevarlo al resto de la ciudad y para eso se necesita el concurso de todos los que estamos en Cali.

Mural en Bosa reafirma la identidad muisca

Mural en Bosa reafirma la identidad muisca

La sede de la Corporación Güe Gata Thizhinzuqa, en la localidad de Bosa, al suroccidente de Bogotá, fue el punto de encuentro entre la comunidad y un grupo de ocho docentes de la Javeriana que trabajaron de forma colaborativa en la construcción de un mural modular, con imágenes inspiradas en los integrantes de la colectividad, sus espacios cotidianos, sus referentes emocionales y la representación de su territorio en tres dimensiones.

Para quienes viven en los barrios del sector, este trabajo dejó un espacio para fortalecer su identidad y su relación con la localidad. Para los investigadores, la experiencia les permitió hacer una conexión vital entre academia y realidad social, aprender a utilizar procedimientos y técnicas propios del diseño y la comunicación visual aplicados a un concepto, además de comprender la importancia de flexibilizar el manejo del tiempo haciéndolo adaptable al momento y a los individuos.


Ideas que derrumban cercos

La forma en la que el grupo de investigadores de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Javeriana, liderado por el profesor Guillermo Andrés Pérez Rodríguez, construyó, abordó y ejecutó este proyecto, demostró que la academia puede entender las necesidades de una comunidad.

Si bien la preocupación inicial del profesor Pérez era el uso racional de los materiales utilizados por los estudiantes en las asignaturas que implican la entrega de trabajos tridimensionales, reduciendo los efectos del desperdicio contaminante y el volumen del material empleado, su reflexión y su búsqueda técnica de soluciones desembocaron en una propuesta de creación estructurada como una cartografía social, con la intervención de la comunidad de Bosa y, especialmente, de los descendientes de los habitantes nativos muiscas, quienes después de varios siglos conservan allí un cabildo indígena que preserva sus tradiciones culturales.

A través de la reconstrucción social del territorio liderada por sus habitantes, a partir de prácticas culturales y simbólicas, es posible que ellos conciban, perciban y vivan su realidad espacial y su propia identidad. El proyecto se desarrolló basando su metodología en el modelo investigación-acción participativa (IAP).

En este caso específico, la problemática identificada partió de la observación realizada por parte del equipo de docentes javerianos. Se trataba de hallar mecanismos y acciones para consolidar la presencia de la cultura muisca en la población, más allá de lo que esta había logrado posicionarla. En especial, se buscaba extender el conocimiento de dicha presencia a toda la comunidad de Bosa, incluyendo a los habitantes que no pertenecían a la etnia muisca.

La idea tomó mayor fuerza gracias a la participación del docente y artista Fernando Maldonado, titular de la asignatura Estructura Humana en el Departamento de Diseño, quien propuso desarrollar una experiencia piloto en colaboración con la comunidad que asiste a la Escuela Mhuysqa de Mitohaceres y Mitoficios, entidad gerenciada por la Corporación Güe Gata Thizhinzuqa, organización que trabaja para preservar las artes y ciencias del pueblo muisca, habitante original de la zona que hoy se conoce como el altiplano cundiboyacense.

El grupo del profesor Pérez planteó la construcción colectiva de un gran mural para la presentación y preservación de los trabajos artísticos realizados por los vecinos del sector. La pieza central de la instalación es una representación del territorio en tres dimensiones; a través de ella, la comunidad pudo desarrollar e interiorizar nuevas formas de habitar y relacionarse con su entorno.

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Aprendizajes y desaprendizajes

El equipo había proyectado ejecutar tres talleres artísticos de cuatro horas cada uno, y cuatro o cinco visitas de campo. La idea era que el tiempo de ejecución fuese máximo de un semestre. Para cumplir ese objetivo, y con el fin de hacer más eficiente el trabajo, se agrupó a la comunidad según su edad ―niños, adolescentes y personas mayores―, de manera que los talleres se planearan y ejecutaran de acuerdo con las características y las necesidades de acompañamiento de cada conjunto de personas.  Sin embargo, estas divisiones se fueron desvaneciendo: el grupo de niños ―y luego el de adolescentes― pidió participar en los otros talleres.

Las tres actividades para el desarrollo y creación con la comunidad de las piezas de arte que se plantearon originalmente terminaron siendo diez, mientras que las visitas de campo llegaron a 22. El proyecto tomó en algunos casos un poco más del triple del tiempo presupuestado, pero la interacción entre personas de diversas edades y el intercambio de experiencias enriquecieron el proceso y fueron un aporte invaluable para el resultado final: un nuevo sentido de pertenencia de la comunidad respecto a su territorio. “El proceso se hizo completamente transversal. Fue la mejor forma”, comenta Pérez, “nos cambiaron todas las dinámicas y presupuestos, pero fue muy enriquecedor”.

El proceso no fue fácil. “Hay cosas que no se pueden delegar ”, dice Pérez. Una de las razones para escoger a esta comunidad en la localidad de Bosa fue el tener un enlace con la población. El nivel con el que la comunidad se involucró en el proyecto permitió que el grupo de investigación cumpliera con los objetivos trazados, documentando e implementando todos los aprendizajes para ajustarlos en el modelo, de modo que hoy esta experiencia se proyecte como un piloto para desarrollar a futuro con otras comunidades. “Fue la misma comunidad la que nos fue guiando. Aunque podamos creer que tenemos un poco de verdad, no podemos imponer esa verdad”, afirma Pérez.

Los profesores del Departamento de Diseño siguen trabajando en encontrar la forma de optimizar el material que usan sus estudiantes en las presentaciones de sus trabajos académicos, pero ahora lo que empezó como una idea ambientalista terminó convirtiéndose en una propuesta de trabajo colaborativo entre la academia y una comunidad a la que le fue posible recuperar el significado del territorio y tejer nuevas relaciones entre quienes lo habitan.

Las expectativas apuntan a que la población del cabildo muisca continúe este proyecto por cuenta propia, generando talleres que permitan gestar nuevas piezas de expresión visual que reemplacen las existentes al cierre del proyecto. Del mismo modo, el grupo de profesores aspira a replicar esta experiencia creativa en otros territorios y comunidades.


Para leer más

  • Bolaños Trochez y C. Duarte (2017). “La cartografía social: herramienta de análisis a las conflictividades territoriales desde los saberes locales y colectivos”. La Silla Llena/Red Étnica.
  • Selener (1998). Participatory action research and social change. 1st ed. Quito: Global Action Publications.

 

 


TÍTULO DEL PROYECTO DE CREACIÓN: Cocreación artística para el autorreconocimiento del territorio “cercado que resguarda y defiende las mieses”
CREADOR PRINCIPAL: Guillermo Andrés Pérez Rodríguez
COCREADORES: Fernando Maldonado Rodríguez, Lucas Rafael Ivorra Peñafort, Jaime Pardo Gibson, Ómar Fernando Ramírez Pérez, Ricardo Barragán González, Jorge Enrique Camacho Mariño, Luz Alejandra Estrada Galeano y Andrés Eduardo Nieto Vallejo
Facultades de Arquitectura y Diseño, Ingeniería y Artes.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2018

La Misión de Sabios se construye en la academia

La Misión de Sabios se construye en la academia

¿Cómo está Colombia en materia de educación sobre las industrias culturales y creativas? ¿Existe o no articulación entre los creadores y el sector privado? ¿Qué retos hay en la circulación y visibilización de los contenidos culturales en el país? Estas preguntas fueron discutidas por representantes de la academia, la industria y el Gobierno durante conversatorios y mesas de debate en universidades como Los Andes y Nacional durante los últimos cuatro meses. Su intención, dentro de una estrategia planteada por la Pontificia Universidad Javeriana para fomentar el diálogo entre actores del sector, recoger experiencias, reflexiones y propuestas en el marco de la Misión Internacional de Sabios, es incidir en la creación e implementación de la política pública en educación, ciencia, tecnología e innovación del país.

La primera reunión tuvo lugar el 28 de febrero en la Universidad de los Andes. El tema central fue el Valor simbólico y cultural de las industrias creativas, dejando como resultado una reflexión consciente en materia de educación: uno de los grandes problemas es la relación entre universidades e industria, ya que en ambos escenarios se utilizan tiempos y velocidades muy distintos a los de la academia. En palabras de María Catalina Rodríguez, artista visual y master en Gestión de eventos artísticos y culturales, “es clave generar espacios en las universidades para que ambas velocidades conversen”.

El 20 de marzo, la Javeriana fue la casa del taller sobre Formación en industrias culturales, cuyos temas centrales fueron la articulación entre propósitos de formación y contextos de desempeño laboral, entre niveles de formación, el empleo actual y futuro de las industrias culturales y creativas, así como la formación de públicos, audiencias, usuarios y consumidores; como resultado de esta interacción, se reconoció la necesidad de invitar a los medios masivos de comunicación, la academia y los usuarios a unirse en una cadena creativa de contenidos.

Por último, el 26 de marzo en la Universidad Nacional de Colombia, el diálogo giró en torno a la Circulación, visibilidad y apropiación de contenidos en la industria cultural, del cual surgieron conclusiones importantes sobre la construcción de estrategias para analizar las lógicas de las nuevas plataformas de visualización y, así, adoptar políticas de divulgación; también se abordó la promoción del turismo como medio propicio y con potencial para el desarrollo de las economías creativas y, finalmente, la conversación entre medios públicos y miembros de la industria para ampliar, cooperativamente, sus públicos a través de la creación de productos de carácter cultural y educativo.

 


El foco de Industrias culturales y creativas en contexto

Esta estrategia surgió el 8 de febrero pasado, cuando el presidente Iván Duque presentó la Misión Internacional de Sabios con la intención de elaborar un documento que reúna las directrices de 46 expertos, nacionales e internacionales, en ocho focos de trabajo: Ciencias de la Vida y la Salud; Energía Sostenible; Océanos y Recursos Hidrobiológicos; Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0; Industrias Creativas y Culturales; Ciencias Básicas y del Espacio; Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía; y Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad.

Investigadores y académicos, como los javerianos Elizabeth Hodson, microbióloga (pertenece al foco de Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía), Rodolfo Llinás, médico cirujano (foco de Ciencias de la Vida y la Salud), Sara Alvarado Salgado, psicóloga (Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad), y el médico Alejandro Jadad (Ciencias de la Vida y la Salud), trabajan desde marzo ad honorem en la construcción de diagnósticos, recomendaciones factibles y propuestas relevantes para responder a los desafíos productivos y sociales de la nación para los próximos 30 años (2019 – 2049).

Las universidades públicas y privadas también aportan su grano de arena en la dirección de cada foco; la Javeriana, por su parte, asumió la responsabilidad a inicios de este año de ejercer la Secretaría Técnica del foco Industrias Creativas y Culturales por solicitud de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, así como por su trabajo en la producción y visibilización de contenidos culturales y creativos, evidente, por ejemplo, en facultades como Comunicación y Lenguaje, Arquitectura y Diseño, y Artes; el Centro Ático, la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y su Catálogo de obras artísticas.

Actualmente, los integrantes de la secretaría técnica javeriana trabajan de la mano del músico Edgar Puentes, académico, antiguo miembro de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y coordinador del foco de Industrias Culturales y Creativas, para formular conjuntamente el documento de diagnóstico, recomendaciones y preguntas. Para conseguirlo, formularon nueve ejes temáticos como esquema de trabajo que serán rastreados, documentados rigurosamente y tratados por los miembros de la misión cada 15 días.

En las próximas semanas se adelantarán nuevos talleres sobre los demás ejes temáticos del foco: en la Universidad Central, el 8 de mayo se discutirá sobre articulación entre creadores e industria. La Universidad de Caldas y la Universidad de Bellas Artes y Ciencias de Cartagena realizarán conversatorios sobre la integración de cadenas de valor, mientras que la Universidad EAN participará con un evento sobre infraestructura y tecnología para las ICC.

Adicionalmente, en Medellín y Cali se realizarán talleres similares sobre la totalidad de los ejes temáticos el 4 de julio y el 15 de agosto próximos, respectivamente.

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Los sonidos abundan en medio del inmenso espacio de techos altos, luces por doquier y paredes de ladrillo: los gritos infantiles que se repiten de stand en stand, las expresiones de asombro, el paso de las hojas, las voces de los padres explicando ―incluso leyendo― lo que se encuentra en cada página, la pregunta inevitable: “Mami, ¿me lo compras?”. Escenas que se repiten una y otra vez en los pabellones 10 a 16 de Corferias, en Bogotá, el espacio dispuesto durante la Feria Internacional del Libro 2019 para un público especializado y exigente: los lectores de literatura infantil y juvenil.

Decenas de expositores se reúnen en este espacio, acogen las preguntas sobre libros puntuales, proponen nuevos títulos, incluso rebuscan en su inventario o en el de sus allegados por esa edición especial. Sobre las mesas se encuentra todo tipo de mundos: cuentos de hadas, fantasía, novela gráfica, álbumes ilustrados, adaptaciones de clásicos literarios, versiones en prosa de éxitos cinematográficos… Ni qué hablar de los múltiples temas tratados: problemas en el colegio, la llegada de un nuevo hermano, los cambios en la fisionomía, el primer amor, la guerra, la justicia, la decepción, la amistad…

Es el resultado, a fin de cuentas, de un género literario con vida propia. “Es un campo donde se pueden hacer los textos más tradicionales posibles y también los experimentos más diversos”, explica Andrés Montañés Lleras, doctor en Literatura para Niños y Jóvenes de The Ohio State University, autor de El dragón de vapor (Norma, 2015)  y otros libros para el público infantil y profesor de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Pontificia Universidad Javeriana, quien enumera algunas de sus características distintivas: “Más allá de contar con imágenes, sus personajes tienden a ser niños, las temáticas están conectadas de alguna manera con la infancia, la narración tiende a ser lineal y tiende a privilegiarse la perspectiva del niño, así como la acción y el diálogo sobre la descripción”, precisa el académico.

Curiosamente, para muchos autores e ilustradores reconocidos la asociación de sus libros con un público infantil es accidental. Por ejemplo, fueron famosas las palabras de Maurice Sendak, creador de Donde viven los monstruos ―en 2009 se estrenó la película basada en este libro infantil, dirigida por Spike Jonze― sobre su aversión a los niños, producto de una infancia problemática, pues su obra era más bien un escape para expurgar esos demonios internos. Otros autores, como Quentin Blake, han declarado su preferencia por una vida en pareja sin hijos.

Pero es la posibilidad de crear relatos a través de las experiencias personales y esa alquimia entre arte y literatura lo que más atrae a los autores a escribir, principalmente, para niños. O, en el caso de los escritores de historias para jóvenes, hablar sobre los temas que, supuestamente, están vedados al público infantil.

“Mucho artista plástico que ha sido ilustrador se ha pasado a este campo porque se da cuenta de que es un espacio idóneo para la experimentación, donde siempre está abierta la posibilidad de crear, de abordar los intereses personales desde lo narrativo hacia lo visual”, destaca Juliana Capasso, artista plástica, magíster en Ilustración para Niños y Jóvenes de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, ganadora de varios concursos de ilustración y edición infantil y juvenil, y docente de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Javeriana.

C´redito
Ilustración de ‘Donde viven los monstruos’, de Maurice Sendak. / A. Currell, Flickr.


Y Caperucita roja se volvió adolescente…

De entre las miles de opciones que un padre puede elegir para su hijo a la hora de comprarle un libro infantil, sobresalen los cuentos clásicos para niños. Historias como Caperucita roja o Barba Azul, por ejemplo, a menudo editadas en gran formato y con ilustraciones multicolor, consideradas aptas para niños por traer un mensaje aleccionador. Lo curioso es que, en sus orígenes, estos relatos distaban mucho de ser aquellos “cuentos inocentes” que conocemos hoy en día.

“En la época de los Hermanos Grimm, lo que el adulto creía que el niño debía conocer no es lo mismo que el niño de hoy necesita. Y como esa concepción de la infancia cambia según la cultura, el tiempo y el contexto, también lo hace en la literatura”, explica Capasso para ilustrar que los llamados cuentos de hadas a menudo tratan historias de muerte, abandono, castigos extremos por fallas en el comportamiento (como la curiosidad femenina, precisamente, en el caso de Barba Azul), guerra…

Un caso especial es Caperucita roja, la historia clásica del folclor europeo cuyo origen puede rastrearse hasta el siglo X. La versión más conocida es la adaptación hecha en 1697 por el escritor francés Charles Perrault sobre la niña que se pierde en el bosque por desobedecer a su mamá y cae víctima de un lobo malvado, para, al final, ser rescatada por un leñador; sin embargo, la obra original de Perrault no contemplaba el rescate y terminaba de forma trágica pero aleccionadora: “Era un cuento específico para las niñas que vivían en la Corte del rey, pues corrían ciertos peligros”, añade Capasso.

Aquella versión traía una moraleja que se perdió con el tiempo:

“La niña bonita, la que no lo sea
que a todas alcanza esta moraleja,
mucho miedo, mucho, al lobo le tenga,
que a veces es joven de buena presencia,
de palabras dulces, de grandes promesas,
tan pronto olvidadas como fueron hechas”.

Crédito
/iStock.

Hablar sobre los orígenes de la literatura infantil es entender también el nacimiento de la industria editorial. Si bien algunos teóricos se remontan a la Grecia antigua para señalar a las fábulas de Esopo como el primer referente histórico, un consenso generalizado establece a la Europa del siglo XVII como su cuna. Y el pionero es Orbis Sensualium Pictus (cuya traducción puede ser El mundo visible en imágenes), un libro de texto escrito en latín y alemán por el educador checo John Amos Comenius, publicado en Nüremberg (actual Alemania) en 1658, que explicaba lecciones sobre religión, botánica, zoología y actividades humanas, entre otros temas, por medio de grabados. “Es el primer libro álbum, el primero con imágenes, aunque con un fin educativo”, explica Montañés.

En las décadas siguientes, Inglaterra fue consolidando su industria editorial con innovaciones técnicas y nuevas temáticas que muy pronto conquistaron audiencias entre los más chicos; así surgieron otros referentes como John Newberry, creador de A Little Pretty Book For Children o The History of Little Goody Two-Shoes, textos con protagonistas humildes que gracias a su virtud logran salir de la pobreza. Pero más allá de sus historias, Montañés resalta su visión: “Él, curiosamente, fue más editor que autor. Fue el primero en darse cuenta de la existencia de un negocio para venderles libros a los niños; de hecho, sus primeras ediciones venían en combo con un juguete incluido”.

Más adelante, tras la Revolución industrial, se crearon las condiciones propicias para el desarrollo de un mercado. “Desde el punto de vista de industria, muchos de los inventos y de las innovaciones editoriales estaban en Inglaterra. De una u otra manera había que pasar por ese mercado para distribuir libros. Es también cuando los editores se dan cuenta de que la audiencia es una mina de oro y los autores se convierten en celebridades. Y surge el potencial de lo que es un personaje, una colección, una serie que gira en torno a ese protagonista”, comenta Capasso, quien pone de ejemplo a Beatrix Potter, creadora de Peter Rabbit, un conejo travieso que apareció a comienzos del siglo XX en seis álbumes con ilustraciones a color, todo un avance para la época. Potter se convirtió en una auténtica celebridad porque fue de las primeras escritoras en conceder derechos para la explotación comercial de sus personajes, que aparecieron en figuras cerámicas, platos, muñecos, entre otros.

El siglo XX trajo también sus propias transformaciones, incluido el surgimiento de la llamada literatura juvenil. Fue debido a las guerras mundiales y a sus trágicas consecuencias que los autores comenzaron a tratar ciertos temas “vedados” para el público estrella del mercado editorial, tales como la guerra, la muerte, y la idea de un mundo idealizado que se ha perdido para siempre. Estas historias comienzan a mezclarse, en un primer momento, con la fantasía y la ciencia ficción, produciendo referentes como El hobbit y El señor de los anillos, del académico inglés J.R.R. Tolkien.

El segundo momento se daría en los años 60 en Estados Unidos, producto de la contracultura y los cambios sociales de la época , así como la aparición del adolescente (que en el mundo editorial suele situársele a partir de los 15 años) como consumidor. “Se empieza a hablar de enfermedades mentales, sexo, padres solteros, divorcio, alcohol, drogas, pandillas, todo muy relacionado a eventos como la revolución feminista y la lucha por los derechos civiles”, cuenta Montañés.


¿Y la producción colombiana?

A la salida del Pabellón Infantil en la FILBO, los gritos, las preguntas y expresiones de asombro vuelven a repetirse. Padres y niños se centran ahora en la exposición ‘Pombo, el aprendiz’, que la Fundación Rafael Pombo ha dispuesto con réplicas de los conocidos personajes del escritor bogotano: Simón el Bobito, La Pobre Viejecita, El Gato Bandido, Mirringa Mirronga.

Pombo es, de hecho, el padre de la literatura infantil en Colombia, pero su trabajo fue muy diferente del que se acostumbra a enseñar en el aula de clase. “Hay que destacar a Rafael Pombo, pero él no es autor: fue traductor y adaptador, y uno muy bueno”, comenta Capasso. La investigación literaria ha establecido que el colombiano se sirvió, durante sus viajes a Nueva York en la segunda mitad del siglo XIX, de las canciones populares inglesas para crear su particular mundo: Simón el Bobito reproduce pasajes específicos de Simple Simmon, un ingenioso niño que busca salir de la pobreza, o Rin Rin Renacuajo se asemeja bastante a Frog Went A-Courting, cuyo protagonista es una rana con tintes de donjuán.

Sin embargo, Capasso desestima cualquier reparo que pueda surgir ante el trabajo de Pombo: “El cogió textos ingleses y norteamericanos, los trajo al país y los tradujo al español adaptándolos al costumbrismo cachaco de la época. Y eso no lo demerita para nada: es dificilísimo ser un buen traductor y adaptador”.

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Pasaje ilustrado de ‘Simple Simmon’. /Internet Archive Book Images, Flickr.

Durante el siglo XX, aquel sería un cuadro común del mercado editorial colombiano, mucho más pequeño que sus contrapartes europeo o norteamericano: las traducciones y las adaptaciones dominarían la producción nacional. Pero a finales de los años 70, con la presencia de Carlos Valencia Editores y de Norma, se dio un renacer del campo, pues fueron los responsables de la publicación de nuevos referentes, como Chigüiro, de Ivar da Coll, y el descubrimiento de nuevos talentos.

Estos esfuerzos se tradujeron también en políticas públicas para promover la lectura, y prueba de ello es el surgimiento de Fundalectura, en 1990, uno de los responsables de que el país cuente actualmente con planes lectores en los colegios. Sin embargo, los años 90 trajeron consigo cambios abruptos en materia económica, lo que llevó a la quiebra o la fusión de los principales actores de la industria. Así, muchos autores se quedaron, de repente, huérfanos. Y por si fuera poco, abundaron las teorías sobre la inminente desaparición del libro a favor de los formatos digitales y electrónicos.

Hoy, el panorama es radicalmente diferente. “El público se da cuenta de que hay un valor agregado como libro-objeto: el libro de colección, que vale la pena tener”, dice Capasso, quien pinta una imagen mucho más esperanzadora: gracias a la aparición de editoriales independientes y de librerías especializadas en temáticas infantil y juvenil, se puede hablar de un renacimiento del campo. “Curiosamente, la literatura infantil es el campo más fuerte de la industria, compite directamente con los libros de autoayuda. Es muy diciente que una editorial como Norma haya cerrado su línea de literatura para adultos pero siga con los libros para niños, porque sigue habiendo un público amplio”, añade Montañés.

Según las cifras más actualizadas de la Cámara Colombiana del Libro, la industria editorial colombiana produjo 18.508 títulos en 2017 de los cuales 921 fueron para público infantil (el segundo grupo más importante, por detrás de los 1.341 registros de textos educativos) y 22 de temáticas juveniles. Ese mismo año el sector facturó $673.900 millones con la venta de 36,8 millones de ejemplares, de los cuales 8,25 millones correspondieron a la categoría temática “infantil-juvenil” (el 22,4%). Este momento coincide con un nuevo interés en el país por la lectura: los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la más reciente medición del Dane sobre este tema, revelaron que el 51,7% de los colombianos mayores de cinco años lee libros, con un promedio de 5,1 libros leídos al año.

Para los académicos, en el contexto actual se están dando paradojas como padres que no leen y buscan que sus hijos se aficionen por los libros, así como nuevas oportunidades por parte de los editores para buscar nuevo talento y la próxima gran obra que pueda plasmarse, y reproducirse, en otros formatos, como películas, videojuegos, etc. Pero todo esto puede traer grandes riesgos asociados: “Hay una producción importante, hay consumo de literatura infantil y juvenil, pero estamos quedados en la reflexión acerca del campo y en la creación de un ámbito crítico en torno a él”, señala Montañés.

Un ejemplo se encuentra en la industria editorial local, que, a pesar de este boom, sigue marcada por iniciativas independientes, casi en solitario. “Ha habido prácticas desde lo solitario, pero si no nos unimos como gremio, en todo el sentido de la palabra unión, va a ser muy difícil profundizar en el campo. Hay que dejar de lado el pensamiento de ‘soy yo con mis cosas’, es importante saber cómo funciona la parte del otro y cómo nos damos la mano”, comenta Capasso, quien añade que los espacios académicos pueden tener un fin articulador: “Desde el ámbito académico el mensaje es compartir y hacer un trabajo en equipo, pero ha sido difícil porque la academia ha estado alejada de esta labor”.

/Juliana Capasso
/Juliana Capasso
Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

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“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

Ganges 1

Compositores con sello javeriano

Compositores con sello javeriano

Compositores javerianos es un proyecto que promueve la producción discográfica de estudiantes, profesores y egresados de la carrera de Estudios Musicales. Las siete versiones suscitan en la audiencia el recuerdo, la contemplación, la euforia o la tradición, emociones y elementos reunidos en un disco que, edición tras edición, llega con novedosos sonidos que magistralmente producen estos ensambles musicales. Conózcalos en el Catálogo de Obras Artísticas de la Javeriana.

 

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Ensamble decibelio (2001)
Reúne composiciones para clarinete, percusión, violonchelo, corno, piano, flauta, contrabajo y violín, resultado del proyecto de creación “La nueva composición contemporánea en Colombia y el aporte de la Universidad Javeriana”.

 

P46 Compositores 2
Música para guitarra (2005)
Obras para guitarra sola, dos guitarras, y guitarra y piano.

 

P46 Compositores 3
Música para piano (2007)
Estas composiciones rescatan a las grandes figuras y lenguajes del siglo XX. La edición está acompañada de un libro que incorpora las partituras del disco para su comercialización.

 

P46 Compositores 4
Música para cuerdas. Cuarteto Monolov (2009)
Producción discográfica con elementos tradicionales de la composición para cuartetos de cuerdas.

 

P46 Compositores 5
Jazz y músicas populares (2012)
Contiene temas de jazz y música popular creados por profesores, estudiantes y egresados de la Carrera de Estudios Musicales.

 

P46 compositores 6
Ensamble (2015)
En formato mixto, reúne piezas para dos instrumentos de madera y dos de cuerda frotada, acompañados de piano y, en algunos casos, instrumentos de percusión.

 

P46 Compositores 7
Obras para quinteto de cobres y percusión (2018)
En su séptima entrega, la producción discográfica de Compositores Javerianos llega con composiciones para quinteto de cobres. Algunas de ellas se acompañan con instrumentos de percusión.

Nuestras mejores historias de creación artística

Nuestras mejores historias de creación artística

Teatro, música, video, danza, ilustración, diseño, literatura, escultura. El año que acaba de terminar fue prolífico para el arte javeriano, y así lo atestiguamos en Pesquisa Javeriana a partir de las diferentes historias que surgieron como proyectos arriesgados, con la mirada única de sus creadores por interpretar un momento del mundo y de la sociedad.

Todos atravesaron un intrincado proceso de investigación y de experimentación, hasta convertirse en aquellas obras que sus creadores habían concebido en un principio. Ahora son parte de su público.

Por ello seleccionamos nuestras mejores historias de 2018 sobre creación artística, esperando que ellas los inspiren a emprender nuevos proyectos en este 2019 que apenas inicia, y en el cual seguiremos atentos a las ideas que surjan en los talleres, salas de ensayo, salones de experimentación y aulas javerianos. Porque a través del arte también creamos cultura y país.


1. Trascender hacia la fantasía

/Cortesía, Cecilia Traslaviña
/Cortesía, Cecilia Traslaviña

Cecilia Traslaviña, profesora de la Facultad de Artes, ganó en 2014 la primera edición del Premio Bienal a la Creación Artística Javeriana con Fabricia, corto animado que narra el agobio de una niña dentro de una fábrica. En este perfil abordamos su trayectoria artística y su trabajo en el salón de clase, con el que ha formado nuevos animadores para la industria cinematográfica colombiana.


2. El arte de describir el mundo con trazos

/María Daniela Vargas Nieto
/María Daniela Vargas Nieto

Por más de 30 años, Juan Pablo Vergara, ilustrador y profesor javeriano, ha venido enseñando las cualidades, técnicas y la atención al detalle que exigen un arte tan preciso como la ilustración científica. En una de sus clases prácticas, aprendimos también la huella que este oficio ha dejado en la historia de la ciencia en nuestro país.


3. El arte del contacto

/Diederik Ruka
/Diederik Ruka

La bailarina y académica británica Anna Furse fue una de las invitadas principales del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, en el cual expuso su experiencia artística a partir del contacto en la danza. Pesquisa Javeriana la entrevistó sobre los detalles y las experiencias que la llevaron a construir esta teoría.


…Y una mención especial

/Camilo Vieco
/Camilo Vieco

Por medio de la novela gráfica, el equipo liderado por Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora javeriana, contó el testimonio de los desplazados por la violencia en Colombia a través de las recetas culinarias de sus territorios de origen, o de los refugios en los que salvaguardaron sus vidas. En nuestra reseña de Recetario de sabores lejanos, abordamos un proyecto artístico que busca construir un nuevo país a partir de ejercicios de memoria, resiliencia y reconciliación.