De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

La comida y sus transformaciones revelan historias complejas que conectan, desde los actos cotidianos, geografías distantes del territorio nacional. Cada plato en la mesa expresa relaciones de poder, sistemas socioecológicos y formaciones culturales que se traducen en experiencias con sensaciones, sabores y olores propios.

Cada receta es una ventana a un lugar de Colombia, a sus complejas realidades. Por eso, Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora adscrita al Instituto Pensar, de la Pontificia Universidad Javeriana, propuso visibilizar las múltiples dimensiones del conflicto, el extractivismo y el despojo en el país a través de recetas tradicionales de cada región. Para lograrlo, trabajó con el guionista Pablo Guerra, los antropólogos Sonia Serna y Julio Arias, y otros cinco coinvestigadores, entre geógrafos, escritores y artistas.

Así nació la novela gráfica Recetario de sabores lejanos, un proyecto de investigación-creación que conjuga la narrativa gráfica con aproximaciones etnográficas a diferentes formas de violencia, el sufrimiento, las estrategias de resistencia y las formas de reivindicación de comunidades rurales, urbanas, étnicas y campesinas que se tejen alrededor de ecosistemas, cultivos, fogones y mesas.

“Hemos explorado las potencialidades de la narrativa gráfica a la hora de contar complejas historias de guerra y de violencia, desde una perspectiva que permite entender cómo se abren paso la vida y la resistencia en medio de circunstancias dolorosas”, explica Ojeda, y añade: “La narrativa gráfica es un lenguaje donde estas historias se pueden contar en un tono íntimo que permite tender puentes a través de la distancia y la diferencia”.

Esta obra recoge las historias del despojo socioambiental que hay detrás de ocho platos. Cada uno de ellos da cuenta de los productos, las formas de preparación, los rituales y las historias individuales y colectivas de las tradiciones culinarias. Además, para cada plato hay una producción fonográfica que, a modo de podcast, permite profundizar en la información.


Viuda de bocachico

  • Lugar: bajo río San Jorge, departamento de Córdoba
  • Investigador: Alejandro Camargo, doctor en Geografía

El bocachico se hierve entre vegetales, envuelto en hojas de plátano, y se sirve sobre una cama de guiso fresco. Este plato es el más representativo del bajo río San Jorge, en el departamento de Córdoba, y al mismo tiempo su historia narra los conflictos, tensiones e incertidumbres que rodean la actividad pesquera en la región.

Por un lado, el despojo histórico de la tierra y el agua hizo que los campesinos se dedicaran mayoritariamente a la pesca y, por el otro, la competencia por los pescados llevó al uso generalizado de tecnologías de extracción que han incidido negativamente en la disponibilidad de las especies. Estas prácticas disminuyeron la cantidad y tamaño de peces como el bocachico, transformaron la dieta y el acceso al alimento, y generaron el consumo de especies antes no contempladas por razones culturales.


Cerdo guisado con tungos de maíz

  • Lugar: sabanas del departamento de Casanare
  • Investigadores: Íngrid Díaz Moreno, máster en Antropología, y Julio Arias Venegas, candidato a doctor en Antropología

 

Ante la incertidumbre por la expansión de monocultivos a gran escala en los llanos colombianos, la autosubsistencia y la abundancia de comida son fundamentales para la gente de las sabanas del Casanare, pues son prueba de su autonomía y soberanía. El cerdo guisado con tungos de maíz ―una especie de bollos de mazorca― es central en su dieta, porque denota la importancia de la agricultura para el mantenimiento de las familias en la región, matiza la idea del sufrimiento por la escasez de alimentos, aleja a las personas del imaginario de la carne de res asociada con la ganadería extensiva y la tala de monte, y pone en duda la idea de la existencia de territorios disponibles para alimentar al mundo con agroindustria a gran escala. La carne de cerdo es adobada con hierbas de las huertas y se sirve acompañada con yuca, plátano o maíz cultivados en medio del monte.


Sancocho de coroncoro

  • Lugar: hacienda Las Pavas, sur del departamento de Bolívar
  • Investigadora: María Alejandra Grillo, abogada y antropóloga
  • Ilustrador: Henry Díaz

Sabores P45 3

La hacienda Las Pavas está ubicada en la isla de Papayal, en el departamento de Bolívar, entre el río Magdalena y el brazuelo de Papayal. Desde los años 60, han llegado personas interesadas en ella por su ubicación geográfica, entre las que se cuentan inversionistas ganaderos con dineros presuntamente provenientes del narcotráfico, grupos armados al margen de la ley y empresarios de la palma aceitera.

Esta situación ha implicado una profunda alteración de las reglas vecinales de convivencia y ha ocasionado que los actores foráneos pongan en riesgo la vida de los habitantes tradicionales de la isla de Papayal. Recientemente, los campesinos ganaron la disputa jurídica por la tierra de la hacienda Las Pavas contra la empresa Aportes San Isidro SAS, que desde 2007 defendía su propiedad ―aunque no la utilizaba― a través de un cuerpo de seguridad encargado de quemar casas, cortar cultivos e intimidar a los campesinos, bloqueando el retorno de la población desplazada.


Productos de la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales

  • Lugar: piedemonte amazónico, departamento de Putumayo
  • Investigadora: Kristina Lyons, doctora en Antropología

Putumayo es una compleja zona de colonización, receptora de campesinos, indígenas y afrodescendientes desplazados de otras regiones del país. Con la expansión de monocultivos de coca, los ecosistemas de la región han perdido sus recursos naturales. Además, la población ha sido víctima de la guerra debido a las aspersiones con glifosato, los bombardeos militares, las minas antipersonales, la deforestación y la contaminación de los suelos y los ríos por la destrucción de los oleoductos.

Una iniciativa liderada por la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo, Baja Bota Caucana y Cofanía Jardines de Sucumbíos (Nariño) (Meros), a través del Plan de Desarrollo Integral Andino- Amazónico (Pladia 2035), busca rechazar las prácticas agroextractivistas, resistir el desplazamiento, permanecer en fincas agroproductivas sostenibles y promover la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales.


Mote de palmito

  • Lugar: Montes de María, región del Caribe colombiano
  • Investigadora: Diana Ojeda, doctora en Geografía

El mote de palmito es una sopa hecha a base de ñame, cebolla, ajo y el palmito que crece de manera silvestre en Montes de María, entre los departamentos de Sucre y Bolívar, región fuertemente afectada por el conflicto armado. Aunque este plato era indispensable para las comunidades en las celebraciones familiares o fechas importantes, como Semana Santa, la incursión de paramilitares en la región hacia finales de los años 90 trajo como consecuencia la destrucción de varias especies del monte, incluyendo el palmito.

Las condiciones de vida de los campesinos de Montes de María todavía son precarias, ya que intentan defender estrategias de sustento, como huertas y parcelas colectivas, en medio del despojo, las amenazas y los atentados contra su vida, y las crecientes dificultades para acceder a tierra y agua debido a la expansión de los grandes monocultivos de palma aceitera, teca y piña.


Aguacafé con limón

  • Lugar: departamento del Quindío
  • Investigador: Juan Camilo Patiño, máster en Estudios Culturales

La historia de la economía de la región del Eje Cafetero ha estado marcada por las bonanzas y las crisis. La caficultura pasó de ser la actividad agrícola que más ingresos generó al país a la que más subsidios necesita del Estado.

En este contexto, Colombia ha intentado posicionarse como el mejor productor de café suave del mundo, siendo el departamento del Quindío el abanderado para hacerlo. Con el fin de competir a nivel mundial, el departamento ha impulsado el auge de los cafés especiales, y con ellos no solo la manera en la que se cultiva el grano, sino también en la que se procesa. Del café de greca y el tinto frío mezclado con aguapanela y limón se pasó a uno mucho más elitizado. Los buenos cafés son de exportación, no para el consumo de los quindianos… La receta evidencia esta ironía.


La bala

  • Lugar: Bogotá, Cundinamarca
  • Investigadora: Sonia Serna, máster en Estudios Culturales
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 7

La bala sabe como suena. Se trata de una curtiembre de plátano en puré que se hierve y luego se macera con queso y coco. Aunque este plato es propio de Tumaco (Nariño), donde tiene la función cultural y gastronómica de convocar a la mesa a quienes escuchan el golpe de la piedra sobre la laja de barro, el desplazamiento de las comunidades del Pacífico a Bogotá ha implicado que comerlo se convierta en un lujo, debido a los altos costos que en la capital alcanzan productos como el coco o el aceite de coco, el tiempo que implica prepararlo y las dinámicas sociales alrededor de la mesa.


Tapao de doncella

  • Lugar: Medio Atrato, departamento del Chocó
  • Investigadora: Natalia Quiceno, doctora en Antropología Social
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 8

El tapao de doncella, manjar del Medio Atrato, suele prepararse con bocachico, doncella, dentón o barbudo. Es salado, ‘sequito’, y con un sabor bien intenso luego de ponerse un día al sol. El ciclo de estos peces definió por años las actividades pesqueras, la alimentación y las relaciones sociales de la región, pero desde hace más de diez años los pescadores del Atrato dicen que no volvieron a ver una subienda de verdad, que el pescado se ha ‘apartao’ y que muchas especies han desaparecido, ocasionando transformaciones importantes en la dieta de la comunidad.

Una de las razones que los investigadores encuentran de la desaparición paulatina del pescado es la presencia de mercurio en los ríos. El caso que prendió las alarmas ocurrió cerca del río Quito, en la cuenca del Atrato, porque no solo hay poco pescado, sino que el que aparece está envenenado por los desechos producidos por la minería y la explotación de oro en ríos subsidiarios de dicha cuenca, como el Murri, el Sucio y el Truandó.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Recetario de sabores lejanos
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Ojeda Ojeda
COINVESTIGADORES: Pablo Guerra, Sonia Serna y Julio Arias.
Instituto Pensar
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-2018

Nuevos mundos en el arte

Nuevos mundos en el arte

De la necesidad vital por crear experimentando nace RecLab, semillero de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, y con él producciones de expresión audiovisual que se concentran en escenas inspiradas por el cuerpo y lo abstracto; el movimiento se ensambla armónicamente con el sonido y la tecnología juega un papel protagónico como detonante para hacer de la investigación toda una obra de arte.

En la escena de las creaciones se trazan mundos donde los lugares que parecen distantes se desdibujan para convertirse en uno solo, los pies corren intensos mientras las manos acarician lentamente un rostro y el olvido se revive al pisar unas cuantas teclas. En obras como Audiovisiones 002, Ascenso, Hiperespacio, RecOrder, Homenaje pasajero, entre otros, lo inimaginable simplemente sucede, la experiencia de vivir una ilusión desata emociones reales y los sueños se confunden entre verdaderos y falsos a través de la experimentación, la interactividad, lo multimedial y la tecnología.

“Las obras audiovisuales de RecLab abren el camino a una nueva forma de investigación-creación en artes, dando como resultado nuevos procesos de composición, producto de un diálogo sincrético que ha permitido desarrollar en sus integrantes habilidades para la creación colectiva logrando reflejar las propias sensibilidades” explica Jorge Corredor, integrante del semillero.

El colectivo arrancó con la fuerza de lo salvaje en 2008, cuando las ganas de cruzar las líneas de las disciplinas despertaron en el profesor Camilo Cogua el deseo por crear y de preguntarse por el lugar de lo vivo en lo audiovisual; esta iniciativa hizo que las diferencias que pudieran existir entre las artes visuales, escénicas, la ingeniería, el diseño y la música se abrazaran para nutrirse en conjunto, y así reflexionar acerca de las posibilidades estéticas de transmitir el movimiento, el cuerpo, el espacio y el sonido desde la investigación-creación a través de la tecnología, el video y el arte. Fue aquí cuando los experimentos se convirtieron en obras, y con ellas el fino croquis de la historia de este semillero se empezó a escribir.

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Las obras fugaces creadas a golpes de emoción por este equipo han participado en festivales como el de la Imagen, en Manizales, y fueron premiadas en otros como en el Festival Internacional de VideoMovimiento, organizado en Colombia; de aquí también han salido reseñas, trabajos de grado y publicaciones.

Juana Galindo, artista escénica del semillero, comenta que “el colectivo es una oportunidad de diálogo con las otras artes para crear desde la versatilidad y salirse de lo individual, para apoyarse en otros conocimientos y así darle forma a los proyectos”.

RecLab se ha dedicado a romper los límites de lo mágico y a crear nuevos mundos. Músicos, animadores, ingenieros y artistas escénicos confluyen para generar experiencias que se van fijando en la memoria de los espectadores. Ya son diez años en los que todo ha pasado por la luz del proyector, pequeñas partículas de polvo flotando por una década han sido testigos de la hermandad que se ha construido entre profesores, estudiantes y egresados al crear proyectos, instalando, programando, ensayando, cargando cables al hombro y registrando imágenes. Inicialmente el trabajo giraba en torno a la creación de videos experimentales en tiempo real, en superficies de proyección diferentes a los de la pantalla convencional, como edificios, techos, paredes o ventanas; ahora la lectura del cuerpo transformado se integra para seguir mostrando lo vivo.

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Camilo Cogua se ha entregado como tutor a este proyecto con el deseo de compartir sus conocimientos para crear y con la convicción de aprender a diario de su equipo. Como un integrante más, sin deseo de protagonismo, reconoce en el grupo un trabajo que con dedicación y amor ha forjado su camino dotando de buenas experiencias alrededor del montaje de un proyecto.

“El grupo es uno de los móviles más chéveres para estar en la universidad, donde hay un amor hacia el hacer, a la investigación; es una experiencia de construcción de familia y de formar un colectivo. La esencia del grupo es sólida, cada miembro llega con un saber y un deseo de enseñar a todos para seguir creciendo en conjunto”, explica.

De las creaciones de este grupo que con pasión, gusto y lucidez se interesa en la creación de la imagen y juega con el cuerpo, el movimiento y el sonido, queda la visión de lugares creados que nacen de la imaginación y de tiempos que, para la realidad, lucen impensables pero que suponen a los espectadores la posibilidad de deslumbrarse a través de la tecnología, la experiencia y el video.

El aventurero errante

El aventurero errante

Inquieto, juguetón e intrigado por objetos viejos y las cosas abandonadas, así creció Germán Ortegón. Desde que tenía 13 años, recuerda, colgaba sobre su cuello una cámara Olympus duplicadora que pertenecía a su madre, con un lente fijo y un pequeño zoom. Recorría las calles capturando imágenes, sin llegar a imaginarse que este hobbie lo convertiría en fotógrafo de la BBC y no propiamente por su rigurosidad periodística, sino porque era el designado para bautizos, bodas y comuniones. Sí, primeras comuniones.

Germán Ortegón

Nació en Manizales, en el seno de una familia de pura cepa: los Ortegón Pérez.  Aunque su pasión escondida siempre fue la fotografía, decidió, durante su adolescencia, estudiar comunicación social y periodismo. Se especializó en televisión, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el Instituto RTVE en Madrid, España.

Desde joven este manizaleño supo que lo suyo era narrar, narrar las historias de personas, sus experiencias y su memoria. Por eso dirigió el programa Agenda CM& en el Canal Uno, produjo los Juegos Centroamericanos y del Caribe – Cartagena (2006) para Señal Colombia, y realizó el magazín Los Ojos de mi Calle para RCN (2005).

Las primeras publicaciones sobre su trabajo con cámaras ocurrieron cuando era periodista del diario La Patria,  en Manizales. Aunque su función no era hacer fotoperiodismo, recuerda que las postales que tomaba le servían como un ejercicio de memoria personal. En su catálogo de fotografías todavía conserva alrededor de 27.000 imágenes.

Lo que fuimos 1

Con el paso de los años Germán supo que contar historias audiovisuales no era suficiente, que el país estaba cansado de ver muertos, tragedias y desastres; y que él también, como periodista, estaba molesto de encontrar cómo los protagonistas de sus producciones terminaban amenazados o revictimizados. A inicios de 2010, y con el objetivo de narrar desde otros puntos de vista, descubrió en las fotografías una forma de contar realidades. Una metáfora de la vida que, aunque cruda y dolorosa, también puede ser bella.

Este fue el gran salto en su carrera profesional. Notó, por primera vez, que no necesitaba de secuencias fotográficas para contar anécdotas, sino que una sola imagen podría contener millones de historias según la posición espacio-temporal del observador. Eso fue suficiente para darle un giro a su vida y emprender un diálogo con los objetos desde una estética bizarra mediado por la sensibilidad. Ellos le hablan de sujetos que aun los habitan y que dejaron su espíritu en su interior, tal como dice.

Trincheras de paz 3

“Descubrí que la gente se estaba volviendo insensible por lo que sucedía en el día a día”, enfatiza Germán Ortegón. Porque, según él, este ejercicio le permitió encontrar en las imágenes “…las experiencias de las personas, de lo vivido y no vivido. Encontrar sentimientos estremecedores sobre aquello que, aunque no experimentaron, sí se los contaron o asociaron con su pasado”.


Nuevos retos

En 2014 este amante de los viajes asumió el reto de recorrer el país con trípode en mano y maleta al hombro para contar, a través de su lente, la memoria de las víctimas del conflicto armado. Caminó toda la región de Gualivá, en el departamento de Cundinamarca, por alrededor de cuatro años. De este ejercicio resultaron 70 fotografías de objetos desgastados, personas y paisajes que evidencian el maltrato, abandono y desplazamiento de campesinos colombianos.

No fue un ejercicio de reportería, sino un encuentro programado por el destino con los testimonios que le contaban las cosas viejas. Entabló un dialogo con los objetos, sentía sus voces, llamándolo y observándolo. Así entendió que esos elementos que alguna vez usó para contextualizar los documentales que les presentaba a los televidentes, ahora le permitían narrar la complejidad de la violencia. Aunque no se considera un hombre sensible, reconoce que aprendió a ver diferente. A entender que “…en el universo, todo dialoga con todo”.

En marzo de 2017, Ortegón, quien también es profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, registró la serie fotográfica Lo que fuimos en el Catálogo de Obras Artísticas de la misma institución Según Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación, su obra cuenta con un valor patrimonial y estético de especial importancia para la Universidad.

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“Cuando muestro por primera vez Lo que fuimos, me encuentro con personas que empiezan a llorar viendo las imágenes; mi interés no era que lloraran, sino tocarlos. Lo que pretendía era indagar en la sensibilidad y las vivencias de las personas y es que a veces surgen sentimientos estremecedores que no se pueden evitar”, recuerda Ortegón.

Su misión no terminó allí. De hecho, en diciembre de 2017, Ortegón y seis estudiantes del Semillero de Investigación Aplicada en Periodismo Audiovisual de la Javeriana viajaron al Sahara Occidental, a la República Árabe Saharaui Democrática gracias a una invitación hecha por su embajador Mujtar Leboihi Emboiric. Este territorio, su población y gobierno son autónomos; sin embargo, su soberanía no ha sido reconocida internacionalmente.

El propósito de este viaje fue realizar trabajo social con la comunidad saharaui, construir casas, hacer actividades con los niños, conocer los hospitales y al mismo tiempo recorrer los campamentos de refugiados para fotografiar el concepto del dolor de la guerra, ya que esta región ha vivido en conflicto constante entre el Frente Polisario,  Marruecos y Mauritania por mantener el dominio militar y colonial de la zona desde mediados de los años setenta.

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Una grata experiencia, según cuenta Germán, ocurrió a los pocos días de llegar al desierto. Porque, aunque viajaron en diciembre del 2017 y las especificaciones del tiempo para la época correspondían a sequía, el grupo javeriano presenció una fuerte tormenta de arena y, poco común, una tarde lluviosa. De ahí, nació una de las fotografías más bellas de la colección Memorias de arena, se trata de una gran duna vestida por un rojo intenso ocasionado por el agua que la bañó.

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Esta obra, conformada por 20 imágenes, se prepara para presentarse a lo largo de 2019 en países como Sudáfrica, la Liga Árabe, Francia, Alemania, Estados Unidos y España, con el apoyo de la embajada saharaui. Memorias de arena ya tocó territorio colombiano al haberse exhibido en las pantallas gigantes de la Javeriana y estar en proceso de registro en el Catálogo de Obras de la misma institución.

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Como si fuera poco, el gusto por comunicar formas de vida involucró a Germán desde hace un par de años en el proyecto de la docente javeriana Paula Ospina Saavedra: Hacia una cartografía discursiva de la reconciliación en Colombia, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje. ¿Su objetivo? Entender los discursos de actores sociales sobre el proceso de reconciliación sin caer en lugares comunes de revictimización.

“Mi aporte a esta investigación siempre ha sido una reflexión de cómo difundir las experiencias de reconciliación sin dañar y en especial buscando no revictimizar a nadie”, menciona Ortegón. Desde aquí hace una propuesta fotográfica para rendir homenaje a las mujeres víctimas y victimarias en La Macarena – Meta, “ambas han vivido los dos roles en diferentes momentos” aclara. El ejercicio de narrar fue fotografiando los pies de las mujeres porque, según él, “lo importante no es saber quién es guerrillera o campesina, ya que al final todas son campesinas”. Este trabajo no tiene un nombre definido aún, sin embargo, lo reconoce como Huellas.

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Del lente al papel

Cada vez que Ortegón encuentra un objeto le asaltan preguntas. ¿De quién será? ¿Qué habrá pasado con su dueño? ¿Para dónde se fue? Porque, como reconoce, para saber a dónde ir es necesario conocer de dónde se viene, por eso lo primero que hace antes de iniciar una sesión fotográfica es recordar su pasado.

Él es paisa, muy paisa. Su acento lo delata. Incluso, mucho más que el tinto con panela y la arepa blanca que se ‘zampa’ al desayuno. Aunque lleva más de 29 años en Bogotá, no ha perdido sus raíces. Su familia paterna proviene del norte de España, de una comunidad de desplazados que llegó a América y a Colombia por el departamento de Santander. Quizá por eso considera que los objetos, esos que en algún momento fueron desechados, son los que ahora conducen sus creaciones.

Es riguroso y metódico. Trabajar con ‘basura’, con objetos despreciados, como muchos le dicen, no implica desorden. Él es estricto con la calidad de sus fotografías. No imprime en papel tradicional, lo hace en tipo barytas por sus fibras en algodón; no utiliza tinta láser sino pigmentos naturales para realzar la calidad de la imagen; y no emplea marcos unidos en sus esquinas sino de una sola pieza. Todo lo hace en calidad museo, nada se toca con las manos, todo se toma con pinzas. Eso habla de su trabajo, de él mismo.

Debido a este ejercicio y a su trayectoria profesional, Ortegón, quien también es director audiovisual del medio de comunicación javeriano Directo Bogotá televisión, fue invitado como conferencista a la XXV Cátedra Unesco de Comunicación en la categoría Memoria, verdad y comunicación, que se realizará el próximo 2 de noviembre en la Javeriana.

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Allí conversará sobre la relación entre memoria, subjetividad, credibilidad y las pugnas por el sentido a partir del trabajo fotográfico que ha desarrollado con Lo que fuimos, Memorias de arena, Huellas y otras producciones independientes, como Trincheras de paz, que aborda la arqueología de la memoria en los municipios de Mesetas y la Macarena, en el departamento del Meta; Hombres de Maíz, un recorrido de cuatro años por México, Guatemala, Honduras y Belice contando la historia maya a través de las piedras; y la mística del caribe colombiano con Mar eterno.

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Este hombre de piel trigueña, apasionado por la música, el arte y la literatura, halló su pasión en la belleza del dolor, luego de 35 años retratando las historias de colombianos; descubrió que ya no es él quien caza historias sino que ellas lo buscan, y que, así como alguna vez gozó de la inocencia de su niñez, ahora con sus fotografías puede llevar a sus espectadores al pasado para revivir en ellos lo que alguna vez los hizo vibrar: sus raíces, su memoria y su cotidianidad.

Manual de emprendimiento para luchar contra el asbesto

Manual de emprendimiento para luchar contra el asbesto

El asbesto es un mineral prodigio debido a todos los usos que puede tener en la industria. Sus fibras largas y resistentes son maleables, aguantan altas temperaturas y sirven para casi todo: en la construcción, como materia prima para productos de fricción, en el sector textil y de empaques, pintura, talcos y mucho más. A pesar de ello, está comprobado que causa cáncer. Desde 1906 se registró la primera muerte en Londres relacionada con el daño que genera en el cuerpo humano.

Hoy en día, el amianto, otra forma de conocer el asbesto, es la sustancia industrial que mayor incidencia tiene con el cáncer pulmonar. Así lo explican miles de estudios científicos de todo el mundo, como el publicado en American Association for Cancer Research Journals por Kennet M. Lynch y W. Atmar Smith en 1935, cuando alertaron sobre el interés que se despertó en ese entonces en la medicina industrial frente al impacto de este mineral en las vidas de los obreros de fábricas.

En los últimos años en Colombia se ha forjado una #LuchaContraElAsbesto que ha reunido a académicos, activistas, congresistas, funcionarios públicos y muchas personas más para encontrar la forma de prohibir su uso en la industria local. El año pasado estuvieron a punto de lograr la aprobación de un proyecto de ley que impidiera por completo su manipulación. Sin embargo, dos nuevos aliados javerianos se sumaron a la lucha: Felipe Rico Atar, realizador audiovisual y director de la Fundación IZE, y el músico Sergio González. Juntos crearon Inextinguible, documental que narra el recorrido vivido por Ana Cecilia Niño, víctima letal del asbesto, y su esposo, Daniel Pineda.

Felipe Rico, quien comenzó la idea de la producción audiovisual, se conoció con Sergio González en la Pontificia Universidad Javeriana en 2016 en un ejercicio de Pitch de emprendimientos culturales, en el marco del II Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, en el que ambos buscaban financiación para sus emprendimientos artísticos y personales. Pero, más allá de obtener recursos para sus proyectos, este espacio generó alianzas para trascender a la industria creativa del país. Así lo explican ambos artistas:

El pitch de emprendimientos culturales de 2016 no dejó dinero para ellos, pero, sin duda, el solo hecho de conocerse en ese lugar, orientado a impulsar iniciativas hacia la industria naranja, pagó el hecho de asistir. Así lo sostienen ambos.

Rico, comunicador audiovisual javeriano con maestrías en Creación digital y en Artes visuales y multimedia, creó y dirige la Fundación IZE, entidad que a través de relatos audiovisuales y multimedia busca darle voz a personas que generan transformaciones positivas para el mundo. Con esta experiencia dirigió Inextinguible.

González, músico javeriano, virtuoso de la guitarra clásica, quiso explorar otras manifestaciones del arte a través de la experimentación de sonidos y del encuentro con otros artistas. Vivir de la técnica no lo llenó del todo, por eso ahora es emprendedor de varios proyectos musicales como la banda @Cocomano y su apuesta personal @Aristi. Es el creador de la canción y banda sonora de Inextinguible.

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Ambos se conocieron hace dos años en la Javeriana mientras preparaba cada uno el discurso con el que buscarían financiar sus sueños artísticos, y en medio de los ejercicios prácticos y de conversaciones llegaron a algunas negociaciones para trabajar juntos en el documental que trata sobre la lucha de las víctimas del uso del asbesto. El primer acuerdo fue que Rico realizaría unos videoclips para las canciones de González, que resultó según lo planeado; el segundo, que este último produciría la canción para el documental, y a pesar de que se registró en coautoría, el músico cumplió con su parte; el tercero, gestionar y promocionar un crowfunding para financiar la postproducción del documental, y recaudaron el dinero esperado y traerlo a Colombia a pesar de las dificultades en los trámites.

Así siguieron sumando acciones para crear de manera colaborativa.

Aún lo siguen haciendo. Septiembre ha sido el mes para desarrollar diferentes actividades promocionales del documental que los unió en una lucha colectiva. Estuvieron en la Universidad del Rosario el miércoles 12 de septiembre y mañana proyectarán y conversarán sobre el documental en el Centro Ático de la Javeriana a las 4:00 p.m.


¿Quiénes son estos emprendedores?

Hablar de Felipe Rico a través de su Fundación y su proyecto audiovisual más ambicioso hasta ahora, Inextinguible, es conocer sus motivaciones profundas hacia la promoción de la “comunicación con sentido”, como él lo expresa.

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo se conecta el proyecto de creación de su fundación con el documental?

Felipe Rico: Cuando iniciamos la Fundación IZE en 2015, comenzamos a apoyar el proyecto Colombia sin asbesto y así surgió el documental Inextinguible, como una propuesta para darle visibilidad a la lucha de Ana Cecilia Niño, Daniel Pineda y las víctimas del asbesto en Colombia. Lo primero fue la producción de una serie de videos de apoyo para la movilización en el Congreso de la República y luego, gracias a la relevancia mediática que tuvo el tema y la empatía con los personajes, construimos un proyecto más ambicioso, un documental.


PJ: ¿Cómo fue la experiencia con Inextinguible?

FR: Ha sido tremenda. De alguna manera fui un poco naive al enfrentarme al proyecto sin la experiencia, los recursos y equipos necesarios; al final pudimos sacarlo adelante a pesar de esas “primiparadas”. Hoy puedo decir que fue un viaje lindo y enriquecedor. El camino incluyó la búsqueda de recursos y alianzas para aspectos técnicos, realizar un crowdfunding para el dinero que hacía falta, empaparse del proceso creativo y largo del documental, desde el guion hasta la posproducción, o más complejo aún, la distribución. Inextinguible es un documental que muestra una dura realidad de Colombia alrededor del asbesto, pero a la vez una historia inspiradora de cómo dos ciudadanos se empoderan y deciden enfrentarse a una maquinaria tan brutal como lo es la industria del asbesto. Después de este camino largo pasó algo genial: llegamos a un acuerdo con Caracol Televisión para que fuera emitido el sábado 21 de julio en el programa ‘Entre ojos’, y en septiembre en Caracol Internacional y en su plataforma de streaming.

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Equipo realizador de ‘Inextinguible’.

Sergio González comprendió que “la música no tiene una naturaleza de competencia”, por ello desvió su interés de continuar su carrera hacia la presentación en diferentes espacios nacionales como la Biblioteca Luís Ángel Arango, en auditorios de las universidades Javeriana, Jorge Tadeo Lozano, la Nacional Sede Manizales y la de Caldas, o en el Banco de la República, sedes Cartagena y Valledupar.

Para ambos artistas javerianos el arte es un mecanismo de transformación. Sus creaciones apuntan a eso. En algunos casos están para generar goce y en otros para reflexionar y cuestionar. Sus exploraciones continúan ese camino activista de visibilizar problemas dramáticos de la sociedad para generar movimiento, por pequeño que sea, en su entorno, en ese que tanto les preocupa y que a diario convierten con sus imágenes y sus notas.

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“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

Alberto Levy está sentado en un sofá frente a un auditorio de más de 70 personas. Alrededor de su cabeza, un encefalograma portátil, que es como una diadema blanca que capta las ondas de su cerebro. Mientras tanto, suena la guitarra interpretada por Carlos Posada, profesor de música de la Pontificia Universidad Javeriana. El proyector muestra los trazos en una circunferencia,proyectados por las señales que emite el cerebro de Levy. Eso es BrainArt.

Cuando sus padres le regalaron un computador, a la edad de 11 años, junto con su hermano prometió valorar ese regalo, que para la época era muy costoso. Aprendió a programar de manera autodidacta en Brasil; mucho tiempo después hizo su maestría en Telecomunicaciones en la Universidad de Nueva York (NYU), el mismo lugar por donde pasaron sus ídolos: Martin Scorsese, Elon Musk y Pharrell Williams.

Levy ha venido a Colombia en varias oportunidades como conferencista invitado. En esta ocasión, la Javeriana fue el espacio para presentar su conferencia Arte, ciencia y tecnología. Pesquisa Javeriana habló con él, sobre su tesis de que el ser humano es por naturaleza creativo y su recomendación de volver a ser niños.

Para Levy la colaboración es una palabra clave. Esto implica poder trabajar con diferentes profesionales: comunicadores, programadores, diseñadores, inversionistas, tomadores de decisiones, etc. Todo este trabajo solo puede derivar en una mezcla entre arte y tecnología.

Alberto Levy ha trabajado con compañías de la talla de Kellogs, Scotiabank, Nestlé y Fundación Telefónica, con la que diseñó La nube de los deseos, invento hecho de algodón, metal y software que le permitía al público subir, a través de redes sociales, una foto y escribir su deseo en la sección de comentarios; entonces, la nube imprimía esa foto para que las personas colgaran ese deseo en el árbol de Navidad. Sin embargo, hay un deseo que esa nube no puede realizar, el más ambicioso de Levy: impactar con su arte a más de un billón de personas.

 

El arte del contacto

El arte del contacto

¿Cómo traducir Being touched? Emociones, sensaciones, formas, sentimientos, cuerpo y movimiento. Todo eso está en el arte, principalmente en el teatro, expresión artística y cultural a la que se ha dedicado la bailarina y académica británica Anna Furse desde que tenía tres años, cuando comenzó a tomar clases de ballet.

Durante su conferencia, Being Touched: Theatre as Ethical Practice, Furse fue llevando a su auditorio a un recorrido por el tacto, la piel, el contacto, mencionando datos históricos de dramaturgos de talla mundial como Bertolt Brecht y García Lorca, enfocando cada una de sus frases en el término TOUCH, y en sus innumerables significados: tocar, palpar, sentir, hacer contacto, rozar… Fue realmente un tratado sobre la palabra mágica, que la ha llevado a desarrollar su propia metodología de movimiento basada en una conjunción de diferentes prácticas artísticas. ¿De qué se trata?

Furse ha sido una de las primeras directoras de teatro en su país, enfocada en temas que van desde el feminismo hasta la propia investigación en su campo. Es miembro de la Royal Society of the Arts, conferencista internacional, directora y promotora de laboratorios experimentales en teatro y drama, entre otras actividades que reúne su larga experiencia. Esta trayectoria le permitió crear su propio modelo artístico basado en el contacto. Y es que esta característica la ha acompañado desde siempre:

La interdisciplinariedad es parte integral de sus producciones y Furse ha promovido proyectos en los cuales participan diferentes actores, en el sentido amplio de la palabra. La investigación científica y el arte, dice, “se tocan cuando los practicantes deciden hacer proyectos en conjunto”. Pero otro componente clave en sus producciones lo constituye la ética:

Anna Furse fue invitada a participar en el III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad que se realiza del 10 al 14 de septiembre de 2018. Estará trabajando con estudiantes javerianos en una puesta en escena que presentará el último día del evento.

Migración, cuerpo y escena

Migración, cuerpo y escena

La casa está distante. La manija de una maleta viajera es empuñada por la mano temerosa de quien ha tenido que dejarlo todo y cuyos pies yacen firmes en tierras desconocidas, sin amigos y sin familia. Los atardeceres ya no son los mismos, el color de las calles es extraño, las voces que recorren las plazas suenan diferentes y la bandera del país visitado suscita sentimientos encontrados. En un mundo sumido en la polarización y fracturado por injusticias, luchas entre bandos políticos, nacionalismos, desarraigos y desplazamientos, el enjambre migratorio es un común denominador en nuestros días.

Cuerpos que van de su país de origen a uno por explorar, como cuando las aves huyen del invierno boreal y de la falta de alimento, con la plena convicción de regresar en primavera, cuando los tiempos malos hayan pasado. Colombianos y venezolanos han sido testigos de migraciones voluntarias e involuntarias que implican una gama de experiencias corporales, sentimientos y emociones generados por dejar una vida en el lugar donde se creció y en el que se construyeron grandes sueños, para transitar después a lo desconocido, únicamente con vivencias, sensaciones, olores y sabores en la memoria.

Con la intención de explorar desde el cuerpo las impresiones físicas, emocionales y mentales desencadenadas por la crisis de la migración, nace la creación artística Hermana república, obra que surge de un impulso visceral y auténtico encabezado por Catalina del Castillo, profesora de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Javeriana, en colaboración con mujeres artistas de diferentes nacionalidades que han experimentado en formas diversas la migración.

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Se trata de una propuesta escénica basada interdisciplinarmente en técnicas de la danza contemporánea, el clown y la acrobacia circense, que hacen de este espectáculo una coreografía armoniosa entre lo abstracto, lo poético, la metáfora, la música y el movimiento, y que, en esencia, como señala Del Castillo, “no pretende hacer un juicio alrededor de la situación o explicar un fenómeno, sino que a través del arte busca reflejar la vivencia emocional y corporal de lo que ha sido este fenómeno, desde una experiencia íntima y personal, buscando conectarse con la experiencia colectiva”.

En esta obra, el movimiento es el actor principal y el cuerpo es capaz de emular lo vivido. El rostro preocupado, adolorido o alegre, las miradas fijas o conmocionadas, y los músculos que danzan y se mueven con delicadeza dibujan las historias con picardía y humor únicos, sin necesidad de pronunciar palabra. Uno de los logros más importantes de Hermana república es sin duda la capacidad de interpretar con neutralidad, desde la poética, una situación dolorosa. “Lo que hicimos fue jugar con el arquetipo y quitarle peso dramático, quitarle victimización, quitarle dolor”, explica la investigadora.

El instinto del hogar, el apego por lo emocional y lo material, el desprendimiento a la hora de empacar, los obstáculos del viajero, los choques culturales, la soledad, el rechazo y, finalmente, la transformación, el aprendizaje y la riqueza que quedan impresos en el cuerpo, son algunos de los elementos que se van delineando al compás de la música en la obra. “La migración tiene mucho dolor de por medio, pero también tiene unas grandes riquezas de universos que se expanden y de culturas que se enriquecen”, indica Del Castillo.

Hermana república despierta en las creadoras y en el público la sensibilidad de la vida del migrante y apuesta por utilizar el arte como vehículo de sanación para eventos dolorosos: “Nuestra investigación tiene un resultado artístico pero también un resultado terapéutico y humano para las mismas artistas que estamos participando en el proceso”.

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Siempre habrá personas y espacios que lleven al recuerdo del hogar, que despierten el deseo de regresar a las raíces. Y así como las aves retornan cuando el invierno se va y la primavera aparece, posiblemente el migrante que añora su hogar regresará y pisará las mismas calles que un día dejó atrás, pero tendrá olores, sabores y momentos nuevos en su memoria, grabados allí por la experiencia en una nación hermana que, aunque no es la suya, le dio la oportunidad de aprender, conocer, emocionarse, vivir y sanar.

El reto está en responder a la pregunta de cómo convertir una experiencia traumática en una experiencia estética de la manera en la que lo hicieron estas artistas, cómo el arte puede ser un espacio de sanación y de crecimiento humano y espiritual. A partir del aprendizaje en el desarrollo de este proyecto, Catalina del Castillo busca alcanzar el objetivo de empoderar a otras personas a partir de las herramientas metodológicas que las artes escénicas pueden brindar: “Experiencias traumáticas tenemos todos los seres humanos y la migración es una de ellas, pero hay muchas. Por ejemplo, nuestros jóvenes tienen temas que necesitan tratar y cuando uno entra en ese lugar sin las herramientas metodológicas apropiadas, se puede desencadenar una crisis más grande”. Es transformar creativamente las situaciones difíciles en arte para sanar.


Para saber más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Hermana república (obra escénica)
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Catalina del Castillo
COINVESTIGADORES: Catherine Busk e Isabel Story
Grupo de Investigación y Creación en Artes Escénicas
Departamento de Artes Escénicas, Facultad de Artes
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2018

A vivir la creación en el III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad

A vivir la creación en el III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad

‘Fronteras éticas y estéticas de la creación’ es el marco conceptual del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, convocado por la Pontificia Universidad Javeriana, para que la comunidad académica participe de las diferentes actividades que reflexionan en torno a la producción de conocimiento artístico y a los procesos de creación-investigación.

Este Encuentro busca fomentar y divulgar las fortalezas de la Javeriana en áreas creativas como música, artes visuales, artes escénicas, diseño, arquitectura, literatura y producción audiovisual. Por ello, en su programación ofrece exposiciones, foros académicos, talleres de diseño y arquitectura, performances, obras de teatro, premios, diálogos con la industria cultural y conciertos, entre otros.

Al abordar las fronteras o límites de la creación se busca generar espacios para continuar la discusión frente a las transformaciones que han venido sufriendo las prácticas artísticas, especialmente en un momento en el que los límites entre arte, ciencia, tecnología e intervención social se han vuelto cada vez más difusos.

Universitarios, gestores culturales y artísticos de Bogotá, Cali y Medellín reflexionarán alrededor de la creación artística y su papel en la sociedad; además, disfrutarán de una muestra estética diversa desde las artes escénicas, pasando por la música, las narrativas literarias, audiovisuales y periodísticas, y terminando en la música.


Invitados internacionales

Anna Furse, dictará la conferencia ‘Ética en la creación’
Martes 11 de septiembre a las 8:30 a.m.

Bailarina de formación clásica en The Royal Ballet. Dirige en la Universidad de Londres la Maestría en Performance Making en Goldsmiths, un programa de laboratorio internacional en teatro/danza/creación de arte en vivo. Ha desarrollado su propia metodología de entrenamiento de movimiento basada en una variedad de influencias de sus estudios con Peter Brook en el CIRT en París, ‘paratheatre’ con Teatr Laboratorium de Grotowski en Polonia, danza postmoderna (por ejemplo, la improvisación de contacto) y las artes marciales (por ejemplo, Tai Chi, Capoeira y Aikido).


Alberto Levy
, dictará la conferencia ‘Arte, ciencia y tecnología’
Miércoles 12 de septiembre a las 8:00 a.m.

Ingeniero en computación que mezcla arte con tecnología para contar historias de formas no tradicionales. Maestro en Telecomunicaciones Interactivas por la Universidad de Nueva York. Considerado un “Innovation Evangelist” por Harvard Business Review y por el Foro Económico Mundial. Conferencista internacional, consultor de tecnología y mercadeo, estratega ejecutivo y alma creativa con la habilidad de continuamente romper paradigmas con nuevas propuestas para la innovación y la transformación en organizaciones, gobiernos, marcas y consumidores. Ha trabajado en más de 10 países, 1.500 proyectos y 300 clientes incluyendo muchas compañías Fortune 500.


Actividades más destacadas

Exposición Desmárgenes
Del 31 de agosto al 20 de septiembre. Edificio Gerardo Arango, S.J. Inauguración 31 de agosto, 5:30 p.m.

Ocho universidades de Bogotá, Medellín y Cali hacen parte de la exposición ‘Desmárgenes’, un espacio que gira alrededor del concepto de frontera, ya sea que se trate de fronteras éticas, geográficas, conceptuales, estéticas o de otra índole. Esto resuena con la reiterada visión de la generación de conocimiento nuevo como un ejercicio de “correr fronteras”. ¿Qué tipo de fronteras pretende abrir el conocimiento generado en el arte? ¿Cómo se entiende el conocimiento nuevo en un proyecto de investigación-creación? O, por otro lado, ¿hasta qué punto la renuncia a traspasar fronteras puede constituir en sí misma una resistencia a una cultura obsesionada con la innovación?


Foros académicos
11, 12 y 13 de septiembre de 8:30 a.m. a 6:00 p.m.

Incluye las conferencias de los invitados internacionales, paneles de discusión con la participación de profesores y artistas nacionales y la presentación de ponencias y poster de resultados de creación e investigación-creación de estudiantes, egresados y profesores javerianos.


Pitch de emprendimientos culturales
12 de septiembre, 5:00 p.m.

Nueve iniciativas de estudiantes, egresados, profesores y empleados administrativos de la Javeriana en las que expondrán su emprendimiento ante compradores, programadores y representantes de las industrias creativas del país.


Conversatorio sobre patrimonio jesuítico y recital en la Iglesia de San Ignacio
14 de septiembre, 9:00 a.m.

Los panelistas serán Felipe González Mora, Jorge Enrique Salcedo S.J., Gloria Zuloaga. Moderará Germán Mejía, historiador y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Javeriana.

En el marco del conversatorio sobre la manzana jesuítica y el patrimonio cultural de la Compañía de Jesús, a cargo del Instituto Carlos Arbeláez Camacho (ICAC) de la Facultad de Arquitectura y Diseño, se interpretará la obra Trisagio al Sagrado Corazón de Jesús, del compositor Daniel Zamudio, quien fuera organista de San Ignacio en las primeras décadas del siglo XX.


Otras actividades:
talleres y muestras de arquitectura y diseño, el primer Congreso Latinoamericano de Vientos y Percusión, performance Los Mayúsculos, Festival de Sonidos Enraizados y la entrega del Premio Nacional de Novela Corta PUJ y el Premio Bienal a la Creación Artística Javeriana.

La entrada a las diferentes actividades no tiene costo, está abierto a cualquier persona interesada. Solo debe inscribirse en www.javeriana.edu.co/arteycreatividad.

Arte entre la ética y la estética

Arte entre la ética y la estética

¿Qué tipo de fronteras crea el conocimiento producido en el arte? ¿Cómo entender el nuevo conocimiento en proyectos de investigación-creación? ¿Hasta qué punto renunciar al traspaso de fronteras constituye una resistencia a la cultura obsesionada con la innovación? Son algunas preguntas que tienen respuesta en Desmárgenes, la exposición central del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad de la Pontificia Universidad Javeriana.

Esta exhibición es la segunda de una serie que inició en el II Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad (2016) con la presentación ‘Artistas al tablero’, la cual contó con más de 17 obras de cinco universidades, entre ellas la de los Andes, la Nacional de Colombia, la Jorge Tadeo Lozano, la del Bosque y la Javeriana.

El concepto de frontera, fronteras éticas, geográficas, conceptuales o estéticas llega al III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad con Desmárgenes, muestra diseñada por la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana, para reunir en un mismo espacio proyectos de investigación-creación de universidades de todo el país con el fin de que artistas y académicos presenten el proceso reflexivo que resultó de dicho trabajo en las categorías de artes plásticas y visuales.

De acuerdo con Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística, estos proyectos “involucran procesos reflexivos porque, para resolver las preguntas de investigación, hay que pasar por un proceso creativo donde la experimentación con el material plástico hace parte del transcurso de la indagación”.

La selección de las obras plásticas y visuales que se presentarán en ‘Desmárgenes’ se dio por una convocatoria liderada por la Vicerrectoría de Investigación javeriana, en la que, según Hernández, “contactamos a los departamentos y las facultades de artes de distintas universidades para que nos contaran cómo han pensado sus proyectos de investigación-creación y los mostraran en el Encuentro”.

En total, se evaluaron 25 postulaciones de ocho universidades por el comité curatorial, en cabeza de María Sol Barón y Ronald Meléndez, profesores de la Facultad de Artes de la Javeriana, y de Óscar Hernández, quien a su vez es doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la misma institución.

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Novela gráfica, videoensayo, escultura, fotografía, entre otros, componen la exposición Desmárgenes.

La selección tuvo en cuenta varios criterios: el primero, que el material de trabajo abordara el concepto de frontera ética y estética de la creación, que reflexionara plásticamente alrededor de la noción de margen o límite y, finalmente, que fuera formulado como un proyecto de investigación – creación.

Como resultado de este proceso se seleccionaron 13 obras, algunas de ellas de carácter interdisciplinario, provenientes de las universidades Nacional de Colombia, Jorge Tadeo Lozano, El Bosque,  los Andes,  de Antioquia y Javeriana Bogotá y su seccional Cali.

En ese sentido, el III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad busca convertirse en “un referente de cómo las universidades colombianas entienden, desde el área plástica, el concepto de investigación-creación. De hecho, ver el producto estético o lo que están produciendo en relación con estas obras en un solo espacio es muy difícil de encontrar”, indica Hernández.

Poder Violeta, por ejemplo, es un proyecto que hace parte de este encuentro; esta iniciativa fue desarrollada por Carlos Torres, profesor asociado del Departamento de Diseño, el Instituto Pensar y colectivos feministas como Polifonía, Observatorio Contra el Abuso Sexual Callejero, Degénero, Mujeres Gordas sin Chaqueta y Rosario sin Bragas, quienes buscan visibilizar y prevenir el acoso sexual sufrido por las mujeres en el transporte público.

La instalación escultórica Traslados de la memoria, de Javier Barbosa de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas; el ensayo audiovisual Abismos, de Mariana Dicker de la Jorge Tadeo Lozano; la novela gráfica La 40, de Manuel Iturralde, Lucas Ospina y el Teatro Abrakadabra, son algunas obras que también harán parte de la exposición.

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Los visitantes pueden contemplar las 13 obras de seis universidades que integran la muestra.

Así, Desmárgenes, inaugurada el 31 de agosto pasado en la galería del edificio Gerardo Arango, S.J. de la Javeriana, contará con una visita comentada con los artistas de la exhibición el jueves 6 de septiembre desde las 5:00 p.m. en la misma galería, y con un conversatorio con los artistas el jueves 13 de septiembre, de 9:00 a.m. a 11:00 a.m., en el quinto piso del mismo edificio.

“En estos espacios los artistas comentarán las reflexiones que giran en torno a sus creaciones, cómo se articulan con los proyectos de investigación, incluso aquellos que son de carácter interdisciplinario como lo es el videojuego feminista Poder violeta”, menciona Hernández.

Instalaciones, esculturas, fotografías, grabados e, incluso, videoensayos o instalaciones multimedia conforman Desmárgenes, exposición que estará disponible del 31 de agosto al 20 de septiembre del 2018 en la Galería del edificio Gerardo Arango, S.J, de la Universidad Javeriana, con entrada gratuita.

Historia corta… de novela

Historia corta… de novela

Prólogo

La llamada le quitó el aliento.
—Es para contarte que se murió Miguel…

Aquella noticia a inicios de 2006 alteró por completo el día de Guido Tamayo. El hilo de sus clases de escritura comenzó a diluirse, al igual que los temas que había preparado para esa sesión; por su mente iba y venía una pregunta constantemente: ¿por qué dejé de hablarme con Miguel? Sin respuesta, una imagen comenzó a intrigarlo, a obsesionarlo.
—Me lo imaginé en el momento de su muerte —recuerda hoy, al ritmo de un café. Con la poca información que le habían dado, vio a Miguel de Francisco, su gran amigo de los años 80, moverse con dificultad por su apartamento de París, enfrentando con dignidad el cáncer que le estaba ganando la pelea. Lo vio dirigirse a la cocina por un café y caer allí, dar el último respiro sobre el piso… Tres días después un vecino encontraría su cuerpo sin vida.

Esa imagen que va y viene en la mente de Tamayo, lo ataca en los recesos entre clases, a la hora del almuerzo, antes de dormirse. Y solo encuentra la paz cuando, en un cuaderno al azar, se dedica a capturar los pocos recuerdos que le quedan de la vida con aquel escritor colombiano olvidado por su propio país, que en los años 80 le enseñó las venas profundas de Barcelona, sus sombras, sus excesos.

Así, Guido Tamayo revivía en el recuerdo al hombre que le enseñó lo que implica la rutina del escritor.
—Fue el momento en que el material documental, el material memorístico y la investigación comenzaron a juntarse con la ficción, que es la que lo moldeó todo —dice hoy, 12 años más tarde, la mirada puesta en un punto que no existe.


Capítulo 1

Un lugar común: una mañana fría en Bogotá. Más allá de la ventana, los carros avanzan con prisa por la Avenida Circunvalar pero no se escuchan: adentro, en la oficina de dos ambientes de la Pontificia Universidad Javeriana, el silencio reina. Perfecto para pasarse todo el día leyendo.

Claro que ese silencio no es constante: se interrumpe con la voz fuerte, profunda de Cristo Figueroa. Sus palabras traen el sonido de las sabanas de Córdoba, se adueñan del escritorio repleto con pequeños papeles y artículos académicos, rebotan en el estante donde reposan los libros de consulta frecuente, se posan sobre la mesa auxiliar, allí donde más de 150 documentos anillados esperan ser leídos.

Y el silencio se rompe con una confesión.
—Todo el grupo de profesores teníamos nostalgia de que se nos haya ido la creación por las orillas, si siempre la hemos cultivado.
Figueroa es un testigo de lujo. Fue estudiante javeriano de arquitectura a inicios de los años 70, cuando el frío de las mañanas se colaba hasta los huesos, pero eso es solo un dato menor: su verdadera historia inicia en el segundo semestre de 1971, cuando cambió las reglas y las maquetas por la filosofía y las letras, pero, en esencia, por la palabra escrita. Y así se fue convirtiendo en una voz autorizada de ese intrincado camino que el estudio literario ha tenido con la Javeriana, en especial desde que el padre jesuita Enrique Gaitán regresó de la Sorbona para fundar lo que hoy es el Departamento de Literatura y enseñar a leer más allá del párrafo.

Si bien en la Javeriana se había impulsado desde el principio el estudio de las obras publicadas, también se había animado a sus estudiantes a incursionar en la creación de textos escritos. Pero con el paso de los años, esa labor se había ido perdiendo en la memoria colectiva; en parte, por pensar demasiado las cosas.
—No sé si fue una especie de timidez o que nosotros todo lo decantábamos, el caso es que la Universidad de Antioquia se nos adelantó con el Premio Nacional de Poesía. Más tarde, el Externado organizó su concurso de cuento y el Ministerio de Cultura lanzó el Premio Nacional de Novela… Y de pronto un día reaccionamos.

Tampoco fue un proceso único, inmediato. Ocurrió en 1998, cuando ya Figueroa se había convertido en uno de los directores del departamento, que ese año invitó al escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez a dictar una serie de seminarios sobre el oficio de escribir. A él le escuchó por primera vez que había que ponerle cuidado a la novela corta, que era su obsesión personal: solía diseccionarla en los cursos de doctorado que dictaba en Nueva York, en Miami, en San Francisco, en Washington.

—Nos comentó que implicaba una mirada peculiar y que era un género que tenía que ver con las urgencias del tiempo. Es una mirada que contrae y dilata. No es un cuento, de una concentración específica, pero tampoco hace suya la ampliación que implica la novela —explica Figueroa entornando los ojos, reviviendo en su memoria aquellos días en que la propuesta fue calando lentamente en todo el cuerpo profesoral—. Eso el país no lo tenía, había que crear una sensibilidad y una praxis, y para eso lo mejor era un concurso.

Aunque la decisión estaba tomada, pasaron muchos años para que se concretara: en el camino había que consolidar económicamente al departamento, fundar la revista especializada Cuadernos de literatura para publicar las investigaciones que se producían cada semestre, becar a los mejores estudiantes para que desarrollaran su obra académica en la Javeriana. Por supuesto, también había que investigar sobre aquello que se llama novela corta…

Más adelante, en 2010, el premio se materializó. Con una partida del presupuesto central lo lanzaron al público, destinaron $10 millones al ganador y, por medio de la Editorial Javeriana, consiguieron que Random House Mondadori publicara la obra ganadora (el segundo lugar vería la luz con el sello javeriano). Así fue como Colombia contó con un nuevo premio literario.


Capítulo 2

Miguel de Francisco seguía con vida. Más allá de los recuerdos de quienes lo conocieron y de sus libros, como las novelas Amigos del alma, Armario de solterones o El enano y el trébol, ausentes en el mercado editorial colombiano, él respiraba, actuaba, se quejaba, deambulaba.

Ahora se llamaba Miguel de Narváez y transitaba las calles de Barcelona, entraba al Marsella, un bar donde bebía absenta, ahuyentaba su soledad por breves momentos en el cuerpo de Encarna, la heroinómana que se vendía a quien pudiera costearle su adicción, se lamentaba por la muerte de la mujer que no completó la traducción de sus libros al francés, trataba de olvidar la herencia que su familia colombiana le había impedido cobrar. Y, por encima de esas tragedias, escribía. Golpeaba con fuerza las teclas de su máquina de escribir para olvidar que era víctima del cáncer de pulmón, un recordatorio incómodo de los bellos años que pasó prendiendo fósforos y aspirando humo.

Eso sucedía en los múltiples cuadernos que Guido Tamayo había venido acumulando por cerca de cuatro años, en el cuaderno rojo en el que trataba de organizar sus recuerdos, en la pantalla del computador donde intentaba darle un orden a todo, hasta el punto de sumar más de 200 páginas.

Así, se dio cuenta de que el texto que aún no tenía nombre ni identidad, era una historia sobre su amigo, sobre él, sobre el mundo que compartieron.
—La novela es muy sobre Barcelona, que cambió tanto con las Olimpiadas de 1992. Es mi testimonio sobre la ciudad que ya no encuentro. Como el café Marsella, que era tan exótico y se volvió un punto turístico espantoso —confiesa.

Entre párrafos y hojas fue recuperando la Barcelona de los años 80, a la que llegó siendo un periodista recién graduado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la ciudad en que iba a doctorarse de Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que dejó a un lado sus sueños de investigador para crear unos más literarios gracias a sus reuniones con escritores latinoamericanos exiliados y olvidados, a las presentaciones de libros, a las novelas en las que se sumergía, a las funciones de cine donde se permitía soñar. Fue una década intensa, que terminó en octubre de 1990 cuando regresó a Bogotá sin su título de posgrado pero decidido a jugársela toda por la gestión cultural. Y por supuesto, por la literatura.

Ya en 2010, Tamayo se encontró con la convocatoria al Primer Premio de Novela Corta de la Javeriana. La condición de entregar un mínimo de 50 páginas y un máximo de 100 (posteriormente, en esa edición, se ampliaron a 120) lo obligó a convertirse en su propio editor. Recortó los recuerdos excesivos para privilegiar escenas concretas, significativas, y también le dio mayor profundidad al diario de Miguel de Narváez, narrado en una tercera persona extraña que, sin embargo, le permite al lector ir entendiendo cada pliegue de su vida.

Al final, Tamayo obtuvo la extensión requerida a pesar de cierto temor en el resultado final.
—La novela está al borde del lugar común absoluto: del romanticismo, el escritor maldito, la ciudad, la absenta, la puta. Y yo era consciente de que todos ellos amenazaban a la novela.

La tituló El inquilino y envió las tres copias reglamentarias al Departamento de Literatura javeriano. Su nombre en un sobre sellado; un augurio en la portada: Miguel de Camus.

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Capítulo 3

En la mañana del 18 de noviembre de 2010 se entregó el premio. Al auditorio Félix Restrepo acudieron los seis finalistas escogidos por los escritores Roberto Burgos Cantor, Luz Mery Giraldo y Rodrigo Parra, los jurados. Su veredicto: El inquilino había sido la novela más destacada de entre los 68 manuscritos recibidos. Guido Tamayo recibió el aplauso del ganador.

Un año después El inquilino vería la luz en una primera edición a cargo de Random House Mondadori, como se había convenido; Malditos hermosos, de Miguel Mendoza Luna, recibió el segundo lugar y fue editada por la Editorial Javeriana. Así se inició la tradición: el premio se entregaría cada dos años a la mejor obra inédita escrita en español por un colombiano (en 2014 ese requisito se eliminó), que sería publicada por una editorial reconocida; el segundo lugar se sumaría al catálogo literario de la Javeriana.

El ganador también se convertiría en jurado de la siguiente edición, salvo contratiempos de fuerza mayor.

Esa tradición ha dejado otros tres premios de novela corta, ganados en 2012 por Carlos Castillo con su relato Alicia Cocaine (por diferencias editoriales fue publicado en 2016 por E-ditorial), en 2014 por el ecuatoriano Raúl Vallejo con Marilyn en el Caribe (Mondadori, 2015), y en 2016 por Marcela Villegas con su ópera prima Camposanto (otras diferencias editoriales la llevaron a ser publicada por Sílaba Editores en 2018); a la par, la Editorial Javeriana ha editado a los segundos lugares: El atajo, de Mery Yolanda Sánchez (2014); El museo de la calle Donceles, de Rigoberto Gil (2015); y Morderse las uñas, de la mexicana Itzel Guevara (2017).

Durante todo este tiempo, El inquilino ha ido conquistando lectores en Estados Unidos, México y Perú, al igual que en Colombia, en las seis ediciones que han salido a librerías (la más reciente, de Tusquets, se dio en 2017); asimismo, Random House Mondadori publicó Juego de niños, la segunda novela de Tamayo, en 2016, a la cual le seguirá otra que hoy atraviesa el mismo camino entre los cuadernos sueltos, el cuaderno rojo que ordena la historia y el computador.

Así ha sido desde entonces. Eso lo acepta Guido Tamayo, quien no duda en afirmar que el Premio de Novela Corta de la Javeriana le torció el rumbo.
—Sin ninguna retórica, el premio lo pone a uno en un lugar que no es esquivo: el de admitir que tiene que dedicarse a la literatura.

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Capítulo 4

La mañana ha avanzado un poco, ahora los carros corren con menor prisa por la Circunvalar. Afuera, el sol ha comenzado a asomarse de manera tímida; adentro, Cristo Figueroa sigue rememorando lo que han sido estos últimos ocho años coordinando la logística del premio.
—Aprendimos que la recurrencia de calidad hace que la gente empiece a ver que la novela corta no es un juego —asegura, y su voz envuelve a los 52 manuscritos (cada uno con tres copias, una por jurado) que descansan sobre una mesa en el ambiente contiguo de su oficina—. Esa dimensión de la complejidad de la trama narrativa ha ido in crescendo.

Mucho más tarde, después de que cada copia fue entregada y leída por los académicos María Piedad Quevedo y Jeffrey Cedeño, al igual que por el escritor Giuseppe Caputo, se decidió que los finalistas de la edición 2018 fueron:

  • Siempre nos quedará Bogotá, de Nina Murray.
  • Una camisa invisible, por Thackeray.
  • La superficie del día, de A. Madero.
  • Si es que el sur es un lugar abajo, escrita por Estéfano Tsitsipas.

Los propietarios de cada seudónimo descansan en un sobre que solo conocen los jurados y el propio Figueroa. El ganador será anunciado el 12 de septiembre, durante la celebración del Tercer Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad.

Pero mientras llega ese día, Figueroa, hoy como profesor pensionado, se aventura a delinear lo que puede venir.
—Ya está decidido que el premio tiene que ser bienal, pero echo de menos si no será necesario crear unos talleres específicos para novela corta como forma de praxis —afirma, y sus ojos se clavan en el estante con sus libros de cabecera —. Tendríamos que volver a hacer un estudio, porque la brevedad también se estira.