La Misión de Sabios se construye en la academia

La Misión de Sabios se construye en la academia

¿Cómo está Colombia en materia de educación sobre las industrias culturales y creativas? ¿Existe o no articulación entre los creadores y el sector privado? ¿Qué retos hay en la circulación y visibilización de los contenidos culturales en el país? Estas preguntas fueron discutidas por representantes de la academia, la industria y el Gobierno durante conversatorios y mesas de debate en universidades como Los Andes y Nacional durante los últimos cuatro meses. Su intención, dentro de una estrategia planteada por la Pontificia Universidad Javeriana para fomentar el diálogo entre actores del sector, recoger experiencias, reflexiones y propuestas en el marco de la Misión Internacional de Sabios, es incidir en la creación e implementación de la política pública en educación, ciencia, tecnología e innovación del país.

La primera reunión tuvo lugar el 28 de febrero en la Universidad de los Andes. El tema central fue el Valor simbólico y cultural de las industrias creativas, dejando como resultado una reflexión consciente en materia de educación: uno de los grandes problemas es la relación entre universidades e industria, ya que en ambos escenarios se utilizan tiempos y velocidades muy distintos a los de la academia. En palabras de María Catalina Rodríguez, artista visual y master en Gestión de eventos artísticos y culturales, “es clave generar espacios en las universidades para que ambas velocidades conversen”.

El 20 de marzo, la Javeriana fue la casa del taller sobre Formación en industrias culturales, cuyos temas centrales fueron la articulación entre propósitos de formación y contextos de desempeño laboral, entre niveles de formación, el empleo actual y futuro de las industrias culturales y creativas, así como la formación de públicos, audiencias, usuarios y consumidores; como resultado de esta interacción, se reconoció la necesidad de invitar a los medios masivos de comunicación, la academia y los usuarios a unirse en una cadena creativa de contenidos.

Por último, el 26 de marzo en la Universidad Nacional de Colombia, el diálogo giró en torno a la Circulación, visibilidad y apropiación de contenidos en la industria cultural, del cual surgieron conclusiones importantes sobre la construcción de estrategias para analizar las lógicas de las nuevas plataformas de visualización y, así, adoptar políticas de divulgación; también se abordó la promoción del turismo como medio propicio y con potencial para el desarrollo de las economías creativas y, finalmente, la conversación entre medios públicos y miembros de la industria para ampliar, cooperativamente, sus públicos a través de la creación de productos de carácter cultural y educativo.

 


El foco de Industrias culturales y creativas en contexto

Esta estrategia surgió el 8 de febrero pasado, cuando el presidente Iván Duque presentó la Misión Internacional de Sabios con la intención de elaborar un documento que reúna las directrices de 46 expertos, nacionales e internacionales, en ocho focos de trabajo: Ciencias de la Vida y la Salud; Energía Sostenible; Océanos y Recursos Hidrobiológicos; Tecnologías Convergentes e Industrias 4.0; Industrias Creativas y Culturales; Ciencias Básicas y del Espacio; Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía; y Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad.

Investigadores y académicos, como los javerianos Elizabeth Hodson, microbióloga (pertenece al foco de Biotecnología, Medio Ambiente y Bioeconomía), Rodolfo Llinás, médico cirujano (foco de Ciencias de la Vida y la Salud), Sara Alvarado Salgado, psicóloga (Ciencias Sociales, Desarrollo Humano y Equidad), y el médico Alejandro Jadad (Ciencias de la Vida y la Salud), trabajan desde marzo ad honorem en la construcción de diagnósticos, recomendaciones factibles y propuestas relevantes para responder a los desafíos productivos y sociales de la nación para los próximos 30 años (2019 – 2049).

Las universidades públicas y privadas también aportan su grano de arena en la dirección de cada foco; la Javeriana, por su parte, asumió la responsabilidad a inicios de este año de ejercer la Secretaría Técnica del foco Industrias Creativas y Culturales por solicitud de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, así como por su trabajo en la producción y visibilización de contenidos culturales y creativos, evidente, por ejemplo, en facultades como Comunicación y Lenguaje, Arquitectura y Diseño, y Artes; el Centro Ático, la Asistencia para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación y su Catálogo de obras artísticas.

Actualmente, los integrantes de la secretaría técnica javeriana trabajan de la mano del músico Edgar Puentes, académico, antiguo miembro de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y coordinador del foco de Industrias Culturales y Creativas, para formular conjuntamente el documento de diagnóstico, recomendaciones y preguntas. Para conseguirlo, formularon nueve ejes temáticos como esquema de trabajo que serán rastreados, documentados rigurosamente y tratados por los miembros de la misión cada 15 días.

En las próximas semanas se adelantarán nuevos talleres sobre los demás ejes temáticos del foco: en la Universidad Central, el 8 de mayo se discutirá sobre articulación entre creadores e industria. La Universidad de Caldas y la Universidad de Bellas Artes y Ciencias de Cartagena realizarán conversatorios sobre la integración de cadenas de valor, mientras que la Universidad EAN participará con un evento sobre infraestructura y tecnología para las ICC.

Adicionalmente, en Medellín y Cali se realizarán talleres similares sobre la totalidad de los ejes temáticos el 4 de julio y el 15 de agosto próximos, respectivamente.

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Del cuento de hadas a la realidad y el mercado

Los sonidos abundan en medio del inmenso espacio de techos altos, luces por doquier y paredes de ladrillo: los gritos infantiles que se repiten de stand en stand, las expresiones de asombro, el paso de las hojas, las voces de los padres explicando ―incluso leyendo― lo que se encuentra en cada página, la pregunta inevitable: “Mami, ¿me lo compras?”. Escenas que se repiten una y otra vez en los pabellones 10 a 16 de Corferias, en Bogotá, el espacio dispuesto durante la Feria Internacional del Libro 2019 para un público especializado y exigente: los lectores de literatura infantil y juvenil.

Decenas de expositores se reúnen en este espacio, acogen las preguntas sobre libros puntuales, proponen nuevos títulos, incluso rebuscan en su inventario o en el de sus allegados por esa edición especial. Sobre las mesas se encuentra todo tipo de mundos: cuentos de hadas, fantasía, novela gráfica, álbumes ilustrados, adaptaciones de clásicos literarios, versiones en prosa de éxitos cinematográficos… Ni qué hablar de los múltiples temas tratados: problemas en el colegio, la llegada de un nuevo hermano, los cambios en la fisionomía, el primer amor, la guerra, la justicia, la decepción, la amistad…

Es el resultado, a fin de cuentas, de un género literario con vida propia. “Es un campo donde se pueden hacer los textos más tradicionales posibles y también los experimentos más diversos”, explica Andrés Montañés Lleras, doctor en Literatura para Niños y Jóvenes de The Ohio State University, autor de El dragón de vapor (Norma, 2015)  y otros libros para el público infantil y profesor de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Pontificia Universidad Javeriana, quien enumera algunas de sus características distintivas: “Más allá de contar con imágenes, sus personajes tienden a ser niños, las temáticas están conectadas de alguna manera con la infancia, la narración tiende a ser lineal y tiende a privilegiarse la perspectiva del niño, así como la acción y el diálogo sobre la descripción”, precisa el académico.

Curiosamente, para muchos autores e ilustradores reconocidos la asociación de sus libros con un público infantil es accidental. Por ejemplo, fueron famosas las palabras de Maurice Sendak, creador de Donde viven los monstruos ―en 2009 se estrenó la película basada en este libro infantil, dirigida por Spike Jonze― sobre su aversión a los niños, producto de una infancia problemática, pues su obra era más bien un escape para expurgar esos demonios internos. Otros autores, como Quentin Blake, han declarado su preferencia por una vida en pareja sin hijos.

Pero es la posibilidad de crear relatos a través de las experiencias personales y esa alquimia entre arte y literatura lo que más atrae a los autores a escribir, principalmente, para niños. O, en el caso de los escritores de historias para jóvenes, hablar sobre los temas que, supuestamente, están vedados al público infantil.

“Mucho artista plástico que ha sido ilustrador se ha pasado a este campo porque se da cuenta de que es un espacio idóneo para la experimentación, donde siempre está abierta la posibilidad de crear, de abordar los intereses personales desde lo narrativo hacia lo visual”, destaca Juliana Capasso, artista plástica, magíster en Ilustración para Niños y Jóvenes de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, ganadora de varios concursos de ilustración y edición infantil y juvenil, y docente de la Especialización en Literatura Infantil y Juvenil de la Javeriana.

C´redito
Ilustración de ‘Donde viven los monstruos’, de Maurice Sendak. / A. Currell, Flickr.


Y Caperucita roja se volvió adolescente…

De entre las miles de opciones que un padre puede elegir para su hijo a la hora de comprarle un libro infantil, sobresalen los cuentos clásicos para niños. Historias como Caperucita roja o Barba Azul, por ejemplo, a menudo editadas en gran formato y con ilustraciones multicolor, consideradas aptas para niños por traer un mensaje aleccionador. Lo curioso es que, en sus orígenes, estos relatos distaban mucho de ser aquellos “cuentos inocentes” que conocemos hoy en día.

“En la época de los Hermanos Grimm, lo que el adulto creía que el niño debía conocer no es lo mismo que el niño de hoy necesita. Y como esa concepción de la infancia cambia según la cultura, el tiempo y el contexto, también lo hace en la literatura”, explica Capasso para ilustrar que los llamados cuentos de hadas a menudo tratan historias de muerte, abandono, castigos extremos por fallas en el comportamiento (como la curiosidad femenina, precisamente, en el caso de Barba Azul), guerra…

Un caso especial es Caperucita roja, la historia clásica del folclor europeo cuyo origen puede rastrearse hasta el siglo X. La versión más conocida es la adaptación hecha en 1697 por el escritor francés Charles Perrault sobre la niña que se pierde en el bosque por desobedecer a su mamá y cae víctima de un lobo malvado, para, al final, ser rescatada por un leñador; sin embargo, la obra original de Perrault no contemplaba el rescate y terminaba de forma trágica pero aleccionadora: “Era un cuento específico para las niñas que vivían en la Corte del rey, pues corrían ciertos peligros”, añade Capasso.

Aquella versión traía una moraleja que se perdió con el tiempo:

“La niña bonita, la que no lo sea
que a todas alcanza esta moraleja,
mucho miedo, mucho, al lobo le tenga,
que a veces es joven de buena presencia,
de palabras dulces, de grandes promesas,
tan pronto olvidadas como fueron hechas”.

Crédito
/iStock.

Hablar sobre los orígenes de la literatura infantil es entender también el nacimiento de la industria editorial. Si bien algunos teóricos se remontan a la Grecia antigua para señalar a las fábulas de Esopo como el primer referente histórico, un consenso generalizado establece a la Europa del siglo XVII como su cuna. Y el pionero es Orbis Sensualium Pictus (cuya traducción puede ser El mundo visible en imágenes), un libro de texto escrito en latín y alemán por el educador checo John Amos Comenius, publicado en Nüremberg (actual Alemania) en 1658, que explicaba lecciones sobre religión, botánica, zoología y actividades humanas, entre otros temas, por medio de grabados. “Es el primer libro álbum, el primero con imágenes, aunque con un fin educativo”, explica Montañés.

En las décadas siguientes, Inglaterra fue consolidando su industria editorial con innovaciones técnicas y nuevas temáticas que muy pronto conquistaron audiencias entre los más chicos; así surgieron otros referentes como John Newberry, creador de A Little Pretty Book For Children o The History of Little Goody Two-Shoes, textos con protagonistas humildes que gracias a su virtud logran salir de la pobreza. Pero más allá de sus historias, Montañés resalta su visión: “Él, curiosamente, fue más editor que autor. Fue el primero en darse cuenta de la existencia de un negocio para venderles libros a los niños; de hecho, sus primeras ediciones venían en combo con un juguete incluido”.

Más adelante, tras la Revolución industrial, se crearon las condiciones propicias para el desarrollo de un mercado. “Desde el punto de vista de industria, muchos de los inventos y de las innovaciones editoriales estaban en Inglaterra. De una u otra manera había que pasar por ese mercado para distribuir libros. Es también cuando los editores se dan cuenta de que la audiencia es una mina de oro y los autores se convierten en celebridades. Y surge el potencial de lo que es un personaje, una colección, una serie que gira en torno a ese protagonista”, comenta Capasso, quien pone de ejemplo a Beatrix Potter, creadora de Peter Rabbit, un conejo travieso que apareció a comienzos del siglo XX en seis álbumes con ilustraciones a color, todo un avance para la época. Potter se convirtió en una auténtica celebridad porque fue de las primeras escritoras en conceder derechos para la explotación comercial de sus personajes, que aparecieron en figuras cerámicas, platos, muñecos, entre otros.

El siglo XX trajo también sus propias transformaciones, incluido el surgimiento de la llamada literatura juvenil. Fue debido a las guerras mundiales y a sus trágicas consecuencias que los autores comenzaron a tratar ciertos temas “vedados” para el público estrella del mercado editorial, tales como la guerra, la muerte, y la idea de un mundo idealizado que se ha perdido para siempre. Estas historias comienzan a mezclarse, en un primer momento, con la fantasía y la ciencia ficción, produciendo referentes como El hobbit y El señor de los anillos, del académico inglés J.R.R. Tolkien.

El segundo momento se daría en los años 60 en Estados Unidos, producto de la contracultura y los cambios sociales de la época , así como la aparición del adolescente (que en el mundo editorial suele situársele a partir de los 15 años) como consumidor. “Se empieza a hablar de enfermedades mentales, sexo, padres solteros, divorcio, alcohol, drogas, pandillas, todo muy relacionado a eventos como la revolución feminista y la lucha por los derechos civiles”, cuenta Montañés.


¿Y la producción colombiana?

A la salida del Pabellón Infantil en la FILBO, los gritos, las preguntas y expresiones de asombro vuelven a repetirse. Padres y niños se centran ahora en la exposición ‘Pombo, el aprendiz’, que la Fundación Rafael Pombo ha dispuesto con réplicas de los conocidos personajes del escritor bogotano: Simón el Bobito, La Pobre Viejecita, El Gato Bandido, Mirringa Mirronga.

Pombo es, de hecho, el padre de la literatura infantil en Colombia, pero su trabajo fue muy diferente del que se acostumbra a enseñar en el aula de clase. “Hay que destacar a Rafael Pombo, pero él no es autor: fue traductor y adaptador, y uno muy bueno”, comenta Capasso. La investigación literaria ha establecido que el colombiano se sirvió, durante sus viajes a Nueva York en la segunda mitad del siglo XIX, de las canciones populares inglesas para crear su particular mundo: Simón el Bobito reproduce pasajes específicos de Simple Simmon, un ingenioso niño que busca salir de la pobreza, o Rin Rin Renacuajo se asemeja bastante a Frog Went A-Courting, cuyo protagonista es una rana con tintes de donjuán.

Sin embargo, Capasso desestima cualquier reparo que pueda surgir ante el trabajo de Pombo: “El cogió textos ingleses y norteamericanos, los trajo al país y los tradujo al español adaptándolos al costumbrismo cachaco de la época. Y eso no lo demerita para nada: es dificilísimo ser un buen traductor y adaptador”.

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Pasaje ilustrado de ‘Simple Simmon’. /Internet Archive Book Images, Flickr.

Durante el siglo XX, aquel sería un cuadro común del mercado editorial colombiano, mucho más pequeño que sus contrapartes europeo o norteamericano: las traducciones y las adaptaciones dominarían la producción nacional. Pero a finales de los años 70, con la presencia de Carlos Valencia Editores y de Norma, se dio un renacer del campo, pues fueron los responsables de la publicación de nuevos referentes, como Chigüiro, de Ivar da Coll, y el descubrimiento de nuevos talentos.

Estos esfuerzos se tradujeron también en políticas públicas para promover la lectura, y prueba de ello es el surgimiento de Fundalectura, en 1990, uno de los responsables de que el país cuente actualmente con planes lectores en los colegios. Sin embargo, los años 90 trajeron consigo cambios abruptos en materia económica, lo que llevó a la quiebra o la fusión de los principales actores de la industria. Así, muchos autores se quedaron, de repente, huérfanos. Y por si fuera poco, abundaron las teorías sobre la inminente desaparición del libro a favor de los formatos digitales y electrónicos.

Hoy, el panorama es radicalmente diferente. “El público se da cuenta de que hay un valor agregado como libro-objeto: el libro de colección, que vale la pena tener”, dice Capasso, quien pinta una imagen mucho más esperanzadora: gracias a la aparición de editoriales independientes y de librerías especializadas en temáticas infantil y juvenil, se puede hablar de un renacimiento del campo. “Curiosamente, la literatura infantil es el campo más fuerte de la industria, compite directamente con los libros de autoayuda. Es muy diciente que una editorial como Norma haya cerrado su línea de literatura para adultos pero siga con los libros para niños, porque sigue habiendo un público amplio”, añade Montañés.

Según las cifras más actualizadas de la Cámara Colombiana del Libro, la industria editorial colombiana produjo 18.508 títulos en 2017 de los cuales 921 fueron para público infantil (el segundo grupo más importante, por detrás de los 1.341 registros de textos educativos) y 22 de temáticas juveniles. Ese mismo año el sector facturó $673.900 millones con la venta de 36,8 millones de ejemplares, de los cuales 8,25 millones correspondieron a la categoría temática “infantil-juvenil” (el 22,4%). Este momento coincide con un nuevo interés en el país por la lectura: los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la más reciente medición del Dane sobre este tema, revelaron que el 51,7% de los colombianos mayores de cinco años lee libros, con un promedio de 5,1 libros leídos al año.

Para los académicos, en el contexto actual se están dando paradojas como padres que no leen y buscan que sus hijos se aficionen por los libros, así como nuevas oportunidades por parte de los editores para buscar nuevo talento y la próxima gran obra que pueda plasmarse, y reproducirse, en otros formatos, como películas, videojuegos, etc. Pero todo esto puede traer grandes riesgos asociados: “Hay una producción importante, hay consumo de literatura infantil y juvenil, pero estamos quedados en la reflexión acerca del campo y en la creación de un ámbito crítico en torno a él”, señala Montañés.

Un ejemplo se encuentra en la industria editorial local, que, a pesar de este boom, sigue marcada por iniciativas independientes, casi en solitario. “Ha habido prácticas desde lo solitario, pero si no nos unimos como gremio, en todo el sentido de la palabra unión, va a ser muy difícil profundizar en el campo. Hay que dejar de lado el pensamiento de ‘soy yo con mis cosas’, es importante saber cómo funciona la parte del otro y cómo nos damos la mano”, comenta Capasso, quien añade que los espacios académicos pueden tener un fin articulador: “Desde el ámbito académico el mensaje es compartir y hacer un trabajo en equipo, pero ha sido difícil porque la academia ha estado alejada de esta labor”.

/Juliana Capasso
/Juliana Capasso
Ganges: espejo de una crisis ambiental

Ganges: espejo de una crisis ambiental

Recorrer el Ganges para un occidental es darle la oportunidad al cuerpo de sentir, ver y olfatear diferente, es adentrarse en una cultura colmada de contrastes exorbitantes. Dicen que detrás de un río hay un pueblo y el Ganges no es la excepción, a lo largo de sus 2.507 km de extensión emanan las raíces de la cultura india: su arcaísmo, que se entrelaza con lo moderno; la espiritualidad cargada de tradición, el caos y ruido atosigante de las multitudes; y los valores culturales de pureza que se vuelven una paradoja ante los ojos de quienes pisan esta tierra, de colores y sabores singularmente seductores para unos, y abrumadora para otros.

Todos los rituales y experiencias que confluyen en la diosa Ganga, como lo llaman (iniciaciones, exorcismos, la celebración por la vida, el adiós a los que mueren, purificación para el alma de los vivos y alimento para los ancestros que ya no viven), siempre están cargados de una energía purificadora, de liberación y de limpieza de los karmas que llevan a la inmortalidad y bienaventuranza en las vidas futuras. No obstante, aunque el poder de Ganga está todos los días del año, según la tradición y el calendario lunar indio, hay unas fechas en las que el río realza su fuerza salvífica.

Cada tres, seis y doce años se celebra el festival Kumbh Mela, que engloba la peregrinación más grande del mundo. Puede congregar hasta 120 millones de personas durante un mes lunar, y cerca de 8 millones de personas  reciben la ventura que Ganga entrega en uno de sus días más auspiciosos. Multitudes de cuerpos entran al agua helada que baja del glaciar de Gangotri, en el Himalaya, a más de 5.000 metros de altura. Las cabezas se sumergen una, dos y tres veces buscando la inmortalidad, en un ritual acostumbrado por los devotos en esta fecha.

La diosa termina siendo todo un poema difícil de leer y un tanto incomprensible. Es la belleza de la limpieza corporal y espiritual representada en los rituales, en donde todos los karmas se van, frente a la contaminación masiva que consume poco a poco a la que da la vida, purifica y salva. Y así también pide a gritos que la rescaten: en las mismas aguas donde las personas, sin dudarlo, se sumergen para liberar sus karmas, también se zambullen los desechos de  50 ciudades principales, la mayoría con una población superior a los 50.000 habitantes, como Kanpur, Allahabad, Varanasi, Patna y Calcuta; y cerca de 118 pueblos, que viven alrededor del río, y que depositan en las aguas todos sus desperdicios y residuos sin tratarlos.

¿Qué pasa si Ganga desaparece? Ella es más que la diosa de la limpieza ritual, está relacionada con casi todos los aspectos y medios de vida de las poblaciones en las que es venerada. Allí confluyen la biodiversidad, la vida social, económica y ecosistémica de los pueblos; aporta 30% de los recursos hídricos de India, 90% para irrigación de cultivos de arroz, trigo, caña de azúcar, lentejas, papas, así como legumbres, chiles, mostaza, ajonjolí y otros, con los que se sostiene el 43% de la población, o sea, entre 580 y 600 millones de personas en 11 estados de la India. Alrededor de su magna belleza, las expresiones armónicas y espirituales que por ella se manifiestan y su contribución a la economía agrícola, se estima que un tercio de la población india vive en la cuenca del río Ganges y es la directamente afectada por las diferentes causas de deterioro del afluente.

La pregunta de qué pasaría si el río Ganges desapareciera caló en la cabeza de los investigadores javerianos Ana Milena Piñeros, ecóloga y magister en Conservación y uso de la biodiversidad, y de Roberto Restrepo, filósofo y director de cine. “Es como si Jesucristo, quien soporta todo y perdona los pecados para el católico o para el cristiano, desaparece como resultado de la contaminación, acción o intervención humana”, comentan. Sin muchos recursos pero con una enorme cantidad de información recabada a través de largos días de investigación, emprendieron una travesía por el Ganges para conocer las tradiciones y la cultura india, y luego transportarlas al arte audiovisual.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es un largometraje colombiano traído de la India, producto de un viaje de seis colombianos, quienes pasaron tres meses caminando, recorriendo y recopilando historias alrededor del río en el que gira la vida de India, pero que también agoniza lentamente. La cinta se estrenará  en junio, en las pantallas de Cine Colombia de Bogotá, Medellín y Cali.

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“Éste es uno de los ríos más contaminados del mundo, pues recibe a diario aproximadamente 4.800 millones de litros de desechos, de los cuales alrededor del 80% son domésticos y el resto industriales, altamente tóxicos; también se suman amenazas como el cambio climático, con consecuencias en el retroceso de los glaciares del Himalaya, destinados a perder cerca de dos tercios de su extensión para 2100 si continúan las actuales emisiones de gases de efecto invernadero. Esto pone en riesgo la existencia misma del Ganges, el cual es alimentado principalmente por el agua aportada por estos glaciares”, explica Restrepo, quien añade: “sin embargo, para los hindúes, es un sacrilegio decir que el río está contaminado, pues es sagrado”.

El río Ganges es el hábitat de especies que hoy están amenazadas por las distintas causas de deterioro que sufre el río. Entre estas, el Delfín del Ganges (Platanista gangetica gangetica), en peligro de extinción; el tiburón del Ganges (Glyphis gangeticus) y el gavial (Gavialis gangeticus), críticamente amenazadas; así  como la última población de tigre de manglar, el tigre de bengala (Panthera tigris tigris), habitante de las islas de Sundarbans, en la desembocadura del río, donde se encuentra en el manglar más grande del mundo.

Piñeros, investigadora del documental, añade que “son cerca de 400  millones de personas las que habitan en la cuenca del río Ganges, la más densamente poblada del mundo, compartida con Nepal, India, Bangladesh y China; y aunque se han implementado algunas acciones para salvarlo, como, por ejemplo, la instalación de más plantas para el tratamiento de aguas residuales, éstas no son suficientes para el volumen de desechos allí vertidos, pues menos de 1/4 de las aguas que llegan al río son tratadas y tanto los pobladores, como la biodiversidad en general son los afectados”.

Un occidental podría decir que no ha visto tierra más espiritual y a la vez más sucia que India, porque el modelo de vida se sale de los principios convencionales de su cultura sin reconocer que él vive sobre la mugre que ha tratado de esconder por años. Los occidentales que se consideran conscientes en términos ambientales, mantienen niveles de consumo exorbitantes que son aún más contaminantes que los de la India. “Marginamos la basura, pero dejamos que pase sigilosamente a las cosas vivas. Las nuevas generaciones presentan, cada vez más altos índices de bioacumulación: tenemos plomo en la sangre, mercurio en el cerebro; además, pensamos en términos de marcas, de producción. Creemos que el agua se produce en las fábricas y las fábricas reales están en otro lado, en lugares que estamos descuidando”, asegura Restrepo.

Entre culturas varía la interpretación de conceptos y, lo que para unos es basura, para otros no lo es. En ese sentido, la palabra se queda corta para describir el tamaño de nuestra realidad. Restrepo resalta que “mientras los indios recolectan basura, porque muchos de ellos no la ven como tal, los occidentales, en su obsesión por erradicar la mugre, la esconden, lo que no quiere decir que no exista”.

Aunque parezcan realidades distantes, los documentalistas de Ganges, un viaje por los sentidos del agua, vieron en India una oportunidad para mostrar el deterioro ambiental, que aunque pareciera único se replica en varios lugares del mundo. Una historia que parece ser la más brutal pero que, al mismo tiempo, es el reflejo de lo más humano: de los contrastes infinitos, como la capacidad espiritual que puede tener el hombre frente la irracionalidad ingenua de sus acciones.

Tras la experiencia, el equipo de producción reflexiona sobre la necesidad de pensarnos como humanos, como parte de la naturaleza y no como sujetos individuales. “Hace falta un cambio de paradigma económico, social y científico, pero también se trata de hacer cambios desde el corazón. Debe haber una transformación de la forma en cómo nos relacionamos con todo lo que nos rodea y con la naturaleza, para que haya una verdadera transformación ambiental”, concluyen.

Ganges, un viaje por los sentidos del agua es una invitación a conocer una vida de contrastes humanos que despertará todos los sentidos en una travesía por las aguas de la diosa Ganga.

Ganges 1

Compositores con sello javeriano

Compositores con sello javeriano

Compositores javerianos es un proyecto que promueve la producción discográfica de estudiantes, profesores y egresados de la carrera de Estudios Musicales. Las siete versiones suscitan en la audiencia el recuerdo, la contemplación, la euforia o la tradición, emociones y elementos reunidos en un disco que, edición tras edición, llega con novedosos sonidos que magistralmente producen estos ensambles musicales. Conózcalos en el Catálogo de Obras Artísticas de la Javeriana.

 

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Ensamble decibelio (2001)
Reúne composiciones para clarinete, percusión, violonchelo, corno, piano, flauta, contrabajo y violín, resultado del proyecto de creación “La nueva composición contemporánea en Colombia y el aporte de la Universidad Javeriana”.

 

P46 Compositores 2
Música para guitarra (2005)
Obras para guitarra sola, dos guitarras, y guitarra y piano.

 

P46 Compositores 3
Música para piano (2007)
Estas composiciones rescatan a las grandes figuras y lenguajes del siglo XX. La edición está acompañada de un libro que incorpora las partituras del disco para su comercialización.

 

P46 Compositores 4
Música para cuerdas. Cuarteto Monolov (2009)
Producción discográfica con elementos tradicionales de la composición para cuartetos de cuerdas.

 

P46 Compositores 5
Jazz y músicas populares (2012)
Contiene temas de jazz y música popular creados por profesores, estudiantes y egresados de la Carrera de Estudios Musicales.

 

P46 compositores 6
Ensamble (2015)
En formato mixto, reúne piezas para dos instrumentos de madera y dos de cuerda frotada, acompañados de piano y, en algunos casos, instrumentos de percusión.

 

P46 Compositores 7
Obras para quinteto de cobres y percusión (2018)
En su séptima entrega, la producción discográfica de Compositores Javerianos llega con composiciones para quinteto de cobres. Algunas de ellas se acompañan con instrumentos de percusión.

Nuestras mejores historias de creación artística

Nuestras mejores historias de creación artística

Teatro, música, video, danza, ilustración, diseño, literatura, escultura. El año que acaba de terminar fue prolífico para el arte javeriano, y así lo atestiguamos en Pesquisa Javeriana a partir de las diferentes historias que surgieron como proyectos arriesgados, con la mirada única de sus creadores por interpretar un momento del mundo y de la sociedad.

Todos atravesaron un intrincado proceso de investigación y de experimentación, hasta convertirse en aquellas obras que sus creadores habían concebido en un principio. Ahora son parte de su público.

Por ello seleccionamos nuestras mejores historias de 2018 sobre creación artística, esperando que ellas los inspiren a emprender nuevos proyectos en este 2019 que apenas inicia, y en el cual seguiremos atentos a las ideas que surjan en los talleres, salas de ensayo, salones de experimentación y aulas javerianos. Porque a través del arte también creamos cultura y país.


1. Trascender hacia la fantasía

/Cortesía, Cecilia Traslaviña
/Cortesía, Cecilia Traslaviña

Cecilia Traslaviña, profesora de la Facultad de Artes, ganó en 2014 la primera edición del Premio Bienal a la Creación Artística Javeriana con Fabricia, corto animado que narra el agobio de una niña dentro de una fábrica. En este perfil abordamos su trayectoria artística y su trabajo en el salón de clase, con el que ha formado nuevos animadores para la industria cinematográfica colombiana.


2. El arte de describir el mundo con trazos

/María Daniela Vargas Nieto
/María Daniela Vargas Nieto

Por más de 30 años, Juan Pablo Vergara, ilustrador y profesor javeriano, ha venido enseñando las cualidades, técnicas y la atención al detalle que exigen un arte tan preciso como la ilustración científica. En una de sus clases prácticas, aprendimos también la huella que este oficio ha dejado en la historia de la ciencia en nuestro país.


3. El arte del contacto

/Diederik Ruka
/Diederik Ruka

La bailarina y académica británica Anna Furse fue una de las invitadas principales del III Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, en el cual expuso su experiencia artística a partir del contacto en la danza. Pesquisa Javeriana la entrevistó sobre los detalles y las experiencias que la llevaron a construir esta teoría.


…Y una mención especial

/Camilo Vieco
/Camilo Vieco

Por medio de la novela gráfica, el equipo liderado por Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora javeriana, contó el testimonio de los desplazados por la violencia en Colombia a través de las recetas culinarias de sus territorios de origen, o de los refugios en los que salvaguardaron sus vidas. En nuestra reseña de Recetario de sabores lejanos, abordamos un proyecto artístico que busca construir un nuevo país a partir de ejercicios de memoria, resiliencia y reconciliación.

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

De la tierra al fogón, del fogón a la investigación y de allí al libro

La comida y sus transformaciones revelan historias complejas que conectan, desde los actos cotidianos, geografías distantes del territorio nacional. Cada plato en la mesa expresa relaciones de poder, sistemas socioecológicos y formaciones culturales que se traducen en experiencias con sensaciones, sabores y olores propios.

Cada receta es una ventana a un lugar de Colombia, a sus complejas realidades. Por eso, Diana Ojeda, doctora en Geografía e investigadora adscrita al Instituto Pensar, de la Pontificia Universidad Javeriana, propuso visibilizar las múltiples dimensiones del conflicto, el extractivismo y el despojo en el país a través de recetas tradicionales de cada región. Para lograrlo, trabajó con el guionista Pablo Guerra, los antropólogos Sonia Serna y Julio Arias, y otros cinco coinvestigadores, entre geógrafos, escritores y artistas.

Así nació la novela gráfica Recetario de sabores lejanos, un proyecto de investigación-creación que conjuga la narrativa gráfica con aproximaciones etnográficas a diferentes formas de violencia, el sufrimiento, las estrategias de resistencia y las formas de reivindicación de comunidades rurales, urbanas, étnicas y campesinas que se tejen alrededor de ecosistemas, cultivos, fogones y mesas.

“Hemos explorado las potencialidades de la narrativa gráfica a la hora de contar complejas historias de guerra y de violencia, desde una perspectiva que permite entender cómo se abren paso la vida y la resistencia en medio de circunstancias dolorosas”, explica Ojeda, y añade: “La narrativa gráfica es un lenguaje donde estas historias se pueden contar en un tono íntimo que permite tender puentes a través de la distancia y la diferencia”.

Esta obra recoge las historias del despojo socioambiental que hay detrás de ocho platos. Cada uno de ellos da cuenta de los productos, las formas de preparación, los rituales y las historias individuales y colectivas de las tradiciones culinarias. Además, para cada plato hay una producción fonográfica que, a modo de podcast, permite profundizar en la información.


Viuda de bocachico

  • Lugar: bajo río San Jorge, departamento de Córdoba
  • Investigador: Alejandro Camargo, doctor en Geografía

El bocachico se hierve entre vegetales, envuelto en hojas de plátano, y se sirve sobre una cama de guiso fresco. Este plato es el más representativo del bajo río San Jorge, en el departamento de Córdoba, y al mismo tiempo su historia narra los conflictos, tensiones e incertidumbres que rodean la actividad pesquera en la región.

Por un lado, el despojo histórico de la tierra y el agua hizo que los campesinos se dedicaran mayoritariamente a la pesca y, por el otro, la competencia por los pescados llevó al uso generalizado de tecnologías de extracción que han incidido negativamente en la disponibilidad de las especies. Estas prácticas disminuyeron la cantidad y tamaño de peces como el bocachico, transformaron la dieta y el acceso al alimento, y generaron el consumo de especies antes no contempladas por razones culturales.


Cerdo guisado con tungos de maíz

  • Lugar: sabanas del departamento de Casanare
  • Investigadores: Íngrid Díaz Moreno, máster en Antropología, y Julio Arias Venegas, candidato a doctor en Antropología

 

Ante la incertidumbre por la expansión de monocultivos a gran escala en los llanos colombianos, la autosubsistencia y la abundancia de comida son fundamentales para la gente de las sabanas del Casanare, pues son prueba de su autonomía y soberanía. El cerdo guisado con tungos de maíz ―una especie de bollos de mazorca― es central en su dieta, porque denota la importancia de la agricultura para el mantenimiento de las familias en la región, matiza la idea del sufrimiento por la escasez de alimentos, aleja a las personas del imaginario de la carne de res asociada con la ganadería extensiva y la tala de monte, y pone en duda la idea de la existencia de territorios disponibles para alimentar al mundo con agroindustria a gran escala. La carne de cerdo es adobada con hierbas de las huertas y se sirve acompañada con yuca, plátano o maíz cultivados en medio del monte.


Sancocho de coroncoro

  • Lugar: hacienda Las Pavas, sur del departamento de Bolívar
  • Investigadora: María Alejandra Grillo, abogada y antropóloga
  • Ilustrador: Henry Díaz

Sabores P45 3

La hacienda Las Pavas está ubicada en la isla de Papayal, en el departamento de Bolívar, entre el río Magdalena y el brazuelo de Papayal. Desde los años 60, han llegado personas interesadas en ella por su ubicación geográfica, entre las que se cuentan inversionistas ganaderos con dineros presuntamente provenientes del narcotráfico, grupos armados al margen de la ley y empresarios de la palma aceitera.

Esta situación ha implicado una profunda alteración de las reglas vecinales de convivencia y ha ocasionado que los actores foráneos pongan en riesgo la vida de los habitantes tradicionales de la isla de Papayal. Recientemente, los campesinos ganaron la disputa jurídica por la tierra de la hacienda Las Pavas contra la empresa Aportes San Isidro SAS, que desde 2007 defendía su propiedad ―aunque no la utilizaba― a través de un cuerpo de seguridad encargado de quemar casas, cortar cultivos e intimidar a los campesinos, bloqueando el retorno de la población desplazada.


Productos de la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales

  • Lugar: piedemonte amazónico, departamento de Putumayo
  • Investigadora: Kristina Lyons, doctora en Antropología

Putumayo es una compleja zona de colonización, receptora de campesinos, indígenas y afrodescendientes desplazados de otras regiones del país. Con la expansión de monocultivos de coca, los ecosistemas de la región han perdido sus recursos naturales. Además, la población ha sido víctima de la guerra debido a las aspersiones con glifosato, los bombardeos militares, las minas antipersonales, la deforestación y la contaminación de los suelos y los ríos por la destrucción de los oleoductos.

Una iniciativa liderada por la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo, Baja Bota Caucana y Cofanía Jardines de Sucumbíos (Nariño) (Meros), a través del Plan de Desarrollo Integral Andino- Amazónico (Pladia 2035), busca rechazar las prácticas agroextractivistas, resistir el desplazamiento, permanecer en fincas agroproductivas sostenibles y promover la huerta amazónica, la huerta de enredaderas y el huerto de frutales.


Mote de palmito

  • Lugar: Montes de María, región del Caribe colombiano
  • Investigadora: Diana Ojeda, doctora en Geografía

El mote de palmito es una sopa hecha a base de ñame, cebolla, ajo y el palmito que crece de manera silvestre en Montes de María, entre los departamentos de Sucre y Bolívar, región fuertemente afectada por el conflicto armado. Aunque este plato era indispensable para las comunidades en las celebraciones familiares o fechas importantes, como Semana Santa, la incursión de paramilitares en la región hacia finales de los años 90 trajo como consecuencia la destrucción de varias especies del monte, incluyendo el palmito.

Las condiciones de vida de los campesinos de Montes de María todavía son precarias, ya que intentan defender estrategias de sustento, como huertas y parcelas colectivas, en medio del despojo, las amenazas y los atentados contra su vida, y las crecientes dificultades para acceder a tierra y agua debido a la expansión de los grandes monocultivos de palma aceitera, teca y piña.


Aguacafé con limón

  • Lugar: departamento del Quindío
  • Investigador: Juan Camilo Patiño, máster en Estudios Culturales

La historia de la economía de la región del Eje Cafetero ha estado marcada por las bonanzas y las crisis. La caficultura pasó de ser la actividad agrícola que más ingresos generó al país a la que más subsidios necesita del Estado.

En este contexto, Colombia ha intentado posicionarse como el mejor productor de café suave del mundo, siendo el departamento del Quindío el abanderado para hacerlo. Con el fin de competir a nivel mundial, el departamento ha impulsado el auge de los cafés especiales, y con ellos no solo la manera en la que se cultiva el grano, sino también en la que se procesa. Del café de greca y el tinto frío mezclado con aguapanela y limón se pasó a uno mucho más elitizado. Los buenos cafés son de exportación, no para el consumo de los quindianos… La receta evidencia esta ironía.


La bala

  • Lugar: Bogotá, Cundinamarca
  • Investigadora: Sonia Serna, máster en Estudios Culturales
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 7

La bala sabe como suena. Se trata de una curtiembre de plátano en puré que se hierve y luego se macera con queso y coco. Aunque este plato es propio de Tumaco (Nariño), donde tiene la función cultural y gastronómica de convocar a la mesa a quienes escuchan el golpe de la piedra sobre la laja de barro, el desplazamiento de las comunidades del Pacífico a Bogotá ha implicado que comerlo se convierta en un lujo, debido a los altos costos que en la capital alcanzan productos como el coco o el aceite de coco, el tiempo que implica prepararlo y las dinámicas sociales alrededor de la mesa.


Tapao de doncella

  • Lugar: Medio Atrato, departamento del Chocó
  • Investigadora: Natalia Quiceno, doctora en Antropología Social
  • Ilustrador: Camilo Vieco

Sabores P45 8

El tapao de doncella, manjar del Medio Atrato, suele prepararse con bocachico, doncella, dentón o barbudo. Es salado, ‘sequito’, y con un sabor bien intenso luego de ponerse un día al sol. El ciclo de estos peces definió por años las actividades pesqueras, la alimentación y las relaciones sociales de la región, pero desde hace más de diez años los pescadores del Atrato dicen que no volvieron a ver una subienda de verdad, que el pescado se ha ‘apartao’ y que muchas especies han desaparecido, ocasionando transformaciones importantes en la dieta de la comunidad.

Una de las razones que los investigadores encuentran de la desaparición paulatina del pescado es la presencia de mercurio en los ríos. El caso que prendió las alarmas ocurrió cerca del río Quito, en la cuenca del Atrato, porque no solo hay poco pescado, sino que el que aparece está envenenado por los desechos producidos por la minería y la explotación de oro en ríos subsidiarios de dicha cuenca, como el Murri, el Sucio y el Truandó.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Recetario de sabores lejanos
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Diana Ojeda Ojeda
COINVESTIGADORES: Pablo Guerra, Sonia Serna y Julio Arias.
Instituto Pensar
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2017-2018

Nuevos mundos en el arte

Nuevos mundos en el arte

De la necesidad vital por crear experimentando nace RecLab, semillero de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, y con él producciones de expresión audiovisual que se concentran en escenas inspiradas por el cuerpo y lo abstracto; el movimiento se ensambla armónicamente con el sonido y la tecnología juega un papel protagónico como detonante para hacer de la investigación toda una obra de arte.

En la escena de las creaciones se trazan mundos donde los lugares que parecen distantes se desdibujan para convertirse en uno solo, los pies corren intensos mientras las manos acarician lentamente un rostro y el olvido se revive al pisar unas cuantas teclas. En obras como Audiovisiones 002, Ascenso, Hiperespacio, RecOrder, Homenaje pasajero, entre otros, lo inimaginable simplemente sucede, la experiencia de vivir una ilusión desata emociones reales y los sueños se confunden entre verdaderos y falsos a través de la experimentación, la interactividad, lo multimedial y la tecnología.

“Las obras audiovisuales de RecLab abren el camino a una nueva forma de investigación-creación en artes, dando como resultado nuevos procesos de composición, producto de un diálogo sincrético que ha permitido desarrollar en sus integrantes habilidades para la creación colectiva logrando reflejar las propias sensibilidades” explica Jorge Corredor, integrante del semillero.

El colectivo arrancó con la fuerza de lo salvaje en 2008, cuando las ganas de cruzar las líneas de las disciplinas despertaron en el profesor Camilo Cogua el deseo por crear y de preguntarse por el lugar de lo vivo en lo audiovisual; esta iniciativa hizo que las diferencias que pudieran existir entre las artes visuales, escénicas, la ingeniería, el diseño y la música se abrazaran para nutrirse en conjunto, y así reflexionar acerca de las posibilidades estéticas de transmitir el movimiento, el cuerpo, el espacio y el sonido desde la investigación-creación a través de la tecnología, el video y el arte. Fue aquí cuando los experimentos se convirtieron en obras, y con ellas el fino croquis de la historia de este semillero se empezó a escribir.

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Las obras fugaces creadas a golpes de emoción por este equipo han participado en festivales como el de la Imagen, en Manizales, y fueron premiadas en otros como en el Festival Internacional de VideoMovimiento, organizado en Colombia; de aquí también han salido reseñas, trabajos de grado y publicaciones.

Juana Galindo, artista escénica del semillero, comenta que “el colectivo es una oportunidad de diálogo con las otras artes para crear desde la versatilidad y salirse de lo individual, para apoyarse en otros conocimientos y así darle forma a los proyectos”.

RecLab se ha dedicado a romper los límites de lo mágico y a crear nuevos mundos. Músicos, animadores, ingenieros y artistas escénicos confluyen para generar experiencias que se van fijando en la memoria de los espectadores. Ya son diez años en los que todo ha pasado por la luz del proyector, pequeñas partículas de polvo flotando por una década han sido testigos de la hermandad que se ha construido entre profesores, estudiantes y egresados al crear proyectos, instalando, programando, ensayando, cargando cables al hombro y registrando imágenes. Inicialmente el trabajo giraba en torno a la creación de videos experimentales en tiempo real, en superficies de proyección diferentes a los de la pantalla convencional, como edificios, techos, paredes o ventanas; ahora la lectura del cuerpo transformado se integra para seguir mostrando lo vivo.

RecLab 2

Camilo Cogua se ha entregado como tutor a este proyecto con el deseo de compartir sus conocimientos para crear y con la convicción de aprender a diario de su equipo. Como un integrante más, sin deseo de protagonismo, reconoce en el grupo un trabajo que con dedicación y amor ha forjado su camino dotando de buenas experiencias alrededor del montaje de un proyecto.

“El grupo es uno de los móviles más chéveres para estar en la universidad, donde hay un amor hacia el hacer, a la investigación; es una experiencia de construcción de familia y de formar un colectivo. La esencia del grupo es sólida, cada miembro llega con un saber y un deseo de enseñar a todos para seguir creciendo en conjunto”, explica.

De las creaciones de este grupo que con pasión, gusto y lucidez se interesa en la creación de la imagen y juega con el cuerpo, el movimiento y el sonido, queda la visión de lugares creados que nacen de la imaginación y de tiempos que, para la realidad, lucen impensables pero que suponen a los espectadores la posibilidad de deslumbrarse a través de la tecnología, la experiencia y el video.

El aventurero errante

El aventurero errante

Inquieto, juguetón e intrigado por objetos viejos y las cosas abandonadas, así creció Germán Ortegón. Desde que tenía 13 años, recuerda, colgaba sobre su cuello una cámara Olympus duplicadora que pertenecía a su madre, con un lente fijo y un pequeño zoom. Recorría las calles capturando imágenes, sin llegar a imaginarse que este hobbie lo convertiría en fotógrafo de la BBC y no propiamente por su rigurosidad periodística, sino porque era el designado para bautizos, bodas y comuniones. Sí, primeras comuniones.

Germán Ortegón

Nació en Manizales, en el seno de una familia de pura cepa: los Ortegón Pérez.  Aunque su pasión escondida siempre fue la fotografía, decidió, durante su adolescencia, estudiar comunicación social y periodismo. Se especializó en televisión, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, y el Instituto RTVE en Madrid, España.

Desde joven este manizaleño supo que lo suyo era narrar, narrar las historias de personas, sus experiencias y su memoria. Por eso dirigió el programa Agenda CM& en el Canal Uno, produjo los Juegos Centroamericanos y del Caribe – Cartagena (2006) para Señal Colombia, y realizó el magazín Los Ojos de mi Calle para RCN (2005).

Las primeras publicaciones sobre su trabajo con cámaras ocurrieron cuando era periodista del diario La Patria,  en Manizales. Aunque su función no era hacer fotoperiodismo, recuerda que las postales que tomaba le servían como un ejercicio de memoria personal. En su catálogo de fotografías todavía conserva alrededor de 27.000 imágenes.

Lo que fuimos 1

Con el paso de los años Germán supo que contar historias audiovisuales no era suficiente, que el país estaba cansado de ver muertos, tragedias y desastres; y que él también, como periodista, estaba molesto de encontrar cómo los protagonistas de sus producciones terminaban amenazados o revictimizados. A inicios de 2010, y con el objetivo de narrar desde otros puntos de vista, descubrió en las fotografías una forma de contar realidades. Una metáfora de la vida que, aunque cruda y dolorosa, también puede ser bella.

Este fue el gran salto en su carrera profesional. Notó, por primera vez, que no necesitaba de secuencias fotográficas para contar anécdotas, sino que una sola imagen podría contener millones de historias según la posición espacio-temporal del observador. Eso fue suficiente para darle un giro a su vida y emprender un diálogo con los objetos desde una estética bizarra mediado por la sensibilidad. Ellos le hablan de sujetos que aun los habitan y que dejaron su espíritu en su interior, tal como dice.

Trincheras de paz 3

“Descubrí que la gente se estaba volviendo insensible por lo que sucedía en el día a día”, enfatiza Germán Ortegón. Porque, según él, este ejercicio le permitió encontrar en las imágenes “…las experiencias de las personas, de lo vivido y no vivido. Encontrar sentimientos estremecedores sobre aquello que, aunque no experimentaron, sí se los contaron o asociaron con su pasado”.


Nuevos retos

En 2014 este amante de los viajes asumió el reto de recorrer el país con trípode en mano y maleta al hombro para contar, a través de su lente, la memoria de las víctimas del conflicto armado. Caminó toda la región de Gualivá, en el departamento de Cundinamarca, por alrededor de cuatro años. De este ejercicio resultaron 70 fotografías de objetos desgastados, personas y paisajes que evidencian el maltrato, abandono y desplazamiento de campesinos colombianos.

No fue un ejercicio de reportería, sino un encuentro programado por el destino con los testimonios que le contaban las cosas viejas. Entabló un dialogo con los objetos, sentía sus voces, llamándolo y observándolo. Así entendió que esos elementos que alguna vez usó para contextualizar los documentales que les presentaba a los televidentes, ahora le permitían narrar la complejidad de la violencia. Aunque no se considera un hombre sensible, reconoce que aprendió a ver diferente. A entender que “…en el universo, todo dialoga con todo”.

En marzo de 2017, Ortegón, quien también es profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, registró la serie fotográfica Lo que fuimos en el Catálogo de Obras Artísticas de la misma institución Según Óscar Hernández, asistente para la Creación Artística de la Vicerrectoría de Investigación, su obra cuenta con un valor patrimonial y estético de especial importancia para la Universidad.

Lo que fuimos 2

“Cuando muestro por primera vez Lo que fuimos, me encuentro con personas que empiezan a llorar viendo las imágenes; mi interés no era que lloraran, sino tocarlos. Lo que pretendía era indagar en la sensibilidad y las vivencias de las personas y es que a veces surgen sentimientos estremecedores que no se pueden evitar”, recuerda Ortegón.

Su misión no terminó allí. De hecho, en diciembre de 2017, Ortegón y seis estudiantes del Semillero de Investigación Aplicada en Periodismo Audiovisual de la Javeriana viajaron al Sahara Occidental, a la República Árabe Saharaui Democrática gracias a una invitación hecha por su embajador Mujtar Leboihi Emboiric. Este territorio, su población y gobierno son autónomos; sin embargo, su soberanía no ha sido reconocida internacionalmente.

El propósito de este viaje fue realizar trabajo social con la comunidad saharaui, construir casas, hacer actividades con los niños, conocer los hospitales y al mismo tiempo recorrer los campamentos de refugiados para fotografiar el concepto del dolor de la guerra, ya que esta región ha vivido en conflicto constante entre el Frente Polisario,  Marruecos y Mauritania por mantener el dominio militar y colonial de la zona desde mediados de los años setenta.

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Una grata experiencia, según cuenta Germán, ocurrió a los pocos días de llegar al desierto. Porque, aunque viajaron en diciembre del 2017 y las especificaciones del tiempo para la época correspondían a sequía, el grupo javeriano presenció una fuerte tormenta de arena y, poco común, una tarde lluviosa. De ahí, nació una de las fotografías más bellas de la colección Memorias de arena, se trata de una gran duna vestida por un rojo intenso ocasionado por el agua que la bañó.

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Esta obra, conformada por 20 imágenes, se prepara para presentarse a lo largo de 2019 en países como Sudáfrica, la Liga Árabe, Francia, Alemania, Estados Unidos y España, con el apoyo de la embajada saharaui. Memorias de arena ya tocó territorio colombiano al haberse exhibido en las pantallas gigantes de la Javeriana y estar en proceso de registro en el Catálogo de Obras de la misma institución.

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Como si fuera poco, el gusto por comunicar formas de vida involucró a Germán desde hace un par de años en el proyecto de la docente javeriana Paula Ospina Saavedra: Hacia una cartografía discursiva de la reconciliación en Colombia, de la Facultad de Comunicación y Lenguaje. ¿Su objetivo? Entender los discursos de actores sociales sobre el proceso de reconciliación sin caer en lugares comunes de revictimización.

“Mi aporte a esta investigación siempre ha sido una reflexión de cómo difundir las experiencias de reconciliación sin dañar y en especial buscando no revictimizar a nadie”, menciona Ortegón. Desde aquí hace una propuesta fotográfica para rendir homenaje a las mujeres víctimas y victimarias en La Macarena – Meta, “ambas han vivido los dos roles en diferentes momentos” aclara. El ejercicio de narrar fue fotografiando los pies de las mujeres porque, según él, “lo importante no es saber quién es guerrillera o campesina, ya que al final todas son campesinas”. Este trabajo no tiene un nombre definido aún, sin embargo, lo reconoce como Huellas.

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Del lente al papel

Cada vez que Ortegón encuentra un objeto le asaltan preguntas. ¿De quién será? ¿Qué habrá pasado con su dueño? ¿Para dónde se fue? Porque, como reconoce, para saber a dónde ir es necesario conocer de dónde se viene, por eso lo primero que hace antes de iniciar una sesión fotográfica es recordar su pasado.

Él es paisa, muy paisa. Su acento lo delata. Incluso, mucho más que el tinto con panela y la arepa blanca que se ‘zampa’ al desayuno. Aunque lleva más de 29 años en Bogotá, no ha perdido sus raíces. Su familia paterna proviene del norte de España, de una comunidad de desplazados que llegó a América y a Colombia por el departamento de Santander. Quizá por eso considera que los objetos, esos que en algún momento fueron desechados, son los que ahora conducen sus creaciones.

Es riguroso y metódico. Trabajar con ‘basura’, con objetos despreciados, como muchos le dicen, no implica desorden. Él es estricto con la calidad de sus fotografías. No imprime en papel tradicional, lo hace en tipo barytas por sus fibras en algodón; no utiliza tinta láser sino pigmentos naturales para realzar la calidad de la imagen; y no emplea marcos unidos en sus esquinas sino de una sola pieza. Todo lo hace en calidad museo, nada se toca con las manos, todo se toma con pinzas. Eso habla de su trabajo, de él mismo.

Debido a este ejercicio y a su trayectoria profesional, Ortegón, quien también es director audiovisual del medio de comunicación javeriano Directo Bogotá televisión, fue invitado como conferencista a la XXV Cátedra Unesco de Comunicación en la categoría Memoria, verdad y comunicación, que se realizará el próximo 2 de noviembre en la Javeriana.

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Allí conversará sobre la relación entre memoria, subjetividad, credibilidad y las pugnas por el sentido a partir del trabajo fotográfico que ha desarrollado con Lo que fuimos, Memorias de arena, Huellas y otras producciones independientes, como Trincheras de paz, que aborda la arqueología de la memoria en los municipios de Mesetas y la Macarena, en el departamento del Meta; Hombres de Maíz, un recorrido de cuatro años por México, Guatemala, Honduras y Belice contando la historia maya a través de las piedras; y la mística del caribe colombiano con Mar eterno.

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Este hombre de piel trigueña, apasionado por la música, el arte y la literatura, halló su pasión en la belleza del dolor, luego de 35 años retratando las historias de colombianos; descubrió que ya no es él quien caza historias sino que ellas lo buscan, y que, así como alguna vez gozó de la inocencia de su niñez, ahora con sus fotografías puede llevar a sus espectadores al pasado para revivir en ellos lo que alguna vez los hizo vibrar: sus raíces, su memoria y su cotidianidad.

Manual de emprendimiento para luchar contra el asbesto

Manual de emprendimiento para luchar contra el asbesto

El asbesto es un mineral prodigio debido a todos los usos que puede tener en la industria. Sus fibras largas y resistentes son maleables, aguantan altas temperaturas y sirven para casi todo: en la construcción, como materia prima para productos de fricción, en el sector textil y de empaques, pintura, talcos y mucho más. A pesar de ello, está comprobado que causa cáncer. Desde 1906 se registró la primera muerte en Londres relacionada con el daño que genera en el cuerpo humano.

Hoy en día, el amianto, otra forma de conocer el asbesto, es la sustancia industrial que mayor incidencia tiene con el cáncer pulmonar. Así lo explican miles de estudios científicos de todo el mundo, como el publicado en American Association for Cancer Research Journals por Kennet M. Lynch y W. Atmar Smith en 1935, cuando alertaron sobre el interés que se despertó en ese entonces en la medicina industrial frente al impacto de este mineral en las vidas de los obreros de fábricas.

En los últimos años en Colombia se ha forjado una #LuchaContraElAsbesto que ha reunido a académicos, activistas, congresistas, funcionarios públicos y muchas personas más para encontrar la forma de prohibir su uso en la industria local. El año pasado estuvieron a punto de lograr la aprobación de un proyecto de ley que impidiera por completo su manipulación. Sin embargo, dos nuevos aliados javerianos se sumaron a la lucha: Felipe Rico Atar, realizador audiovisual y director de la Fundación IZE, y el músico Sergio González. Juntos crearon Inextinguible, documental que narra el recorrido vivido por Ana Cecilia Niño, víctima letal del asbesto, y su esposo, Daniel Pineda.

Felipe Rico, quien comenzó la idea de la producción audiovisual, se conoció con Sergio González en la Pontificia Universidad Javeriana en 2016 en un ejercicio de Pitch de emprendimientos culturales, en el marco del II Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, en el que ambos buscaban financiación para sus emprendimientos artísticos y personales. Pero, más allá de obtener recursos para sus proyectos, este espacio generó alianzas para trascender a la industria creativa del país. Así lo explican ambos artistas:

El pitch de emprendimientos culturales de 2016 no dejó dinero para ellos, pero, sin duda, el solo hecho de conocerse en ese lugar, orientado a impulsar iniciativas hacia la industria naranja, pagó el hecho de asistir. Así lo sostienen ambos.

Rico, comunicador audiovisual javeriano con maestrías en Creación digital y en Artes visuales y multimedia, creó y dirige la Fundación IZE, entidad que a través de relatos audiovisuales y multimedia busca darle voz a personas que generan transformaciones positivas para el mundo. Con esta experiencia dirigió Inextinguible.

González, músico javeriano, virtuoso de la guitarra clásica, quiso explorar otras manifestaciones del arte a través de la experimentación de sonidos y del encuentro con otros artistas. Vivir de la técnica no lo llenó del todo, por eso ahora es emprendedor de varios proyectos musicales como la banda @Cocomano y su apuesta personal @Aristi. Es el creador de la canción y banda sonora de Inextinguible.

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Ambos se conocieron hace dos años en la Javeriana mientras preparaba cada uno el discurso con el que buscarían financiar sus sueños artísticos, y en medio de los ejercicios prácticos y de conversaciones llegaron a algunas negociaciones para trabajar juntos en el documental que trata sobre la lucha de las víctimas del uso del asbesto. El primer acuerdo fue que Rico realizaría unos videoclips para las canciones de González, que resultó según lo planeado; el segundo, que este último produciría la canción para el documental, y a pesar de que se registró en coautoría, el músico cumplió con su parte; el tercero, gestionar y promocionar un crowfunding para financiar la postproducción del documental, y recaudaron el dinero esperado y traerlo a Colombia a pesar de las dificultades en los trámites.

Así siguieron sumando acciones para crear de manera colaborativa.

Aún lo siguen haciendo. Septiembre ha sido el mes para desarrollar diferentes actividades promocionales del documental que los unió en una lucha colectiva. Estuvieron en la Universidad del Rosario el miércoles 12 de septiembre y mañana proyectarán y conversarán sobre el documental en el Centro Ático de la Javeriana a las 4:00 p.m.


¿Quiénes son estos emprendedores?

Hablar de Felipe Rico a través de su Fundación y su proyecto audiovisual más ambicioso hasta ahora, Inextinguible, es conocer sus motivaciones profundas hacia la promoción de la “comunicación con sentido”, como él lo expresa.

Pesquisa Javeriana: ¿Cómo se conecta el proyecto de creación de su fundación con el documental?

Felipe Rico: Cuando iniciamos la Fundación IZE en 2015, comenzamos a apoyar el proyecto Colombia sin asbesto y así surgió el documental Inextinguible, como una propuesta para darle visibilidad a la lucha de Ana Cecilia Niño, Daniel Pineda y las víctimas del asbesto en Colombia. Lo primero fue la producción de una serie de videos de apoyo para la movilización en el Congreso de la República y luego, gracias a la relevancia mediática que tuvo el tema y la empatía con los personajes, construimos un proyecto más ambicioso, un documental.


PJ: ¿Cómo fue la experiencia con Inextinguible?

FR: Ha sido tremenda. De alguna manera fui un poco naive al enfrentarme al proyecto sin la experiencia, los recursos y equipos necesarios; al final pudimos sacarlo adelante a pesar de esas “primiparadas”. Hoy puedo decir que fue un viaje lindo y enriquecedor. El camino incluyó la búsqueda de recursos y alianzas para aspectos técnicos, realizar un crowdfunding para el dinero que hacía falta, empaparse del proceso creativo y largo del documental, desde el guion hasta la posproducción, o más complejo aún, la distribución. Inextinguible es un documental que muestra una dura realidad de Colombia alrededor del asbesto, pero a la vez una historia inspiradora de cómo dos ciudadanos se empoderan y deciden enfrentarse a una maquinaria tan brutal como lo es la industria del asbesto. Después de este camino largo pasó algo genial: llegamos a un acuerdo con Caracol Televisión para que fuera emitido el sábado 21 de julio en el programa ‘Entre ojos’, y en septiembre en Caracol Internacional y en su plataforma de streaming.

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Equipo realizador de ‘Inextinguible’.

Sergio González comprendió que “la música no tiene una naturaleza de competencia”, por ello desvió su interés de continuar su carrera hacia la presentación en diferentes espacios nacionales como la Biblioteca Luís Ángel Arango, en auditorios de las universidades Javeriana, Jorge Tadeo Lozano, la Nacional Sede Manizales y la de Caldas, o en el Banco de la República, sedes Cartagena y Valledupar.

Para ambos artistas javerianos el arte es un mecanismo de transformación. Sus creaciones apuntan a eso. En algunos casos están para generar goce y en otros para reflexionar y cuestionar. Sus exploraciones continúan ese camino activista de visibilizar problemas dramáticos de la sociedad para generar movimiento, por pequeño que sea, en su entorno, en ese que tanto les preocupa y que a diario convierten con sus imágenes y sus notas.

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“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

Alberto Levy está sentado en un sofá frente a un auditorio de más de 70 personas. Alrededor de su cabeza, un encefalograma portátil, que es como una diadema blanca que capta las ondas de su cerebro. Mientras tanto, suena la guitarra interpretada por Carlos Posada, profesor de música de la Pontificia Universidad Javeriana. El proyector muestra los trazos en una circunferencia,proyectados por las señales que emite el cerebro de Levy. Eso es BrainArt.

Cuando sus padres le regalaron un computador, a la edad de 11 años, junto con su hermano prometió valorar ese regalo, que para la época era muy costoso. Aprendió a programar de manera autodidacta en Brasil; mucho tiempo después hizo su maestría en Telecomunicaciones en la Universidad de Nueva York (NYU), el mismo lugar por donde pasaron sus ídolos: Martin Scorsese, Elon Musk y Pharrell Williams.

Levy ha venido a Colombia en varias oportunidades como conferencista invitado. En esta ocasión, la Javeriana fue el espacio para presentar su conferencia Arte, ciencia y tecnología. Pesquisa Javeriana habló con él, sobre su tesis de que el ser humano es por naturaleza creativo y su recomendación de volver a ser niños.

Para Levy la colaboración es una palabra clave. Esto implica poder trabajar con diferentes profesionales: comunicadores, programadores, diseñadores, inversionistas, tomadores de decisiones, etc. Todo este trabajo solo puede derivar en una mezcla entre arte y tecnología.

Alberto Levy ha trabajado con compañías de la talla de Kellogs, Scotiabank, Nestlé y Fundación Telefónica, con la que diseñó La nube de los deseos, invento hecho de algodón, metal y software que le permitía al público subir, a través de redes sociales, una foto y escribir su deseo en la sección de comentarios; entonces, la nube imprimía esa foto para que las personas colgaran ese deseo en el árbol de Navidad. Sin embargo, hay un deseo que esa nube no puede realizar, el más ambicioso de Levy: impactar con su arte a más de un billón de personas.