Migrar: entre genes y ciudades, una mirada desde las sociedades y la biología

Migrar: entre genes y ciudades, una mirada desde las sociedades y la biología

La migración como experiencia social ha estado presente históricamente desde los inicios de la humanidad y ha sido impulsada por múltiples razones, como la búsqueda de alimento, la necesidad de hallar mejores oportunidades, el desplazamiento forzado y hasta gusto personal. De acuerdo con datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (ONU DAES), para el 2019 el número de migrantes alcanzó los 272 millones, lo que representa 3,5 % de la población mundial.

Con la intención de comprender los diferentes aspectos que cobija un proceso migratorio desde la perspectiva no solo social sino también genética, el 14 de abril a las 5 de la tarde de Colombia, investigadores javerianos conversarán alrededor de esta experiencia humana en el marco del proyecto “Conversaciones inusuales”, organizado por Maloka.

En este diálogo se explorarán respuestas a preguntas como: ¿Para qué ha servido la migración en las especies/sociedades?, ¿qué factores sociales/biológicos impulsan la migración?, ¿se necesitan las fronteras o límites políticos y ambientales para las especies/humanos?

Puede seguir este evento a través de la cuenta de YouTube y el Facebook de Maloka, Pesquisa Javeriana y el de la Pontificia Universidad Javeriana.

¿Quiénes participarán en esta charla?

Uno de los invitados es Wooldy Edson Louidor, quien actualmente se encuentra adelantando sus estudios doctorales en la Universidad de Leipzig en Alemania. Es magíster en Filosofía Latinoamericana de la Universidad Santo Tomás y licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), México. También es profesor investigador del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana.
Louidor ha publicado varios libros y artículos en torno a los estudios migratorios y a la migración haitiana, colombiana y venezolana. Cuenta con experiencia en el acompañamiento, comunicación e investigación relacionada con migraciones de ciudadanos haitianos y refugiados colombianos en América Latina. Además, fue consultor en Unicef y PNUD.

En esta charla también estará Manuel Ruiz-García, biólogo catalán radicado en Colombia desde hace más de 25 años, actualmente profesor titular e investigador del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana. Hace parte del grupo de investigación de Genética de Población Molecular y Biología Evolutiva de la misma institución. Además, es miembro del grupo de especialistas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en genética de la conservación, investigador asociado del Instituto Nacional de Biodiversidad en Quito (Ecuador), y profesor asociado de la Universidad de Luján (Buenos Aires, Argentina).

Sus líneas de investigación están orientadas a la variabilidad genética en poblaciones humanas, la variabilidad genética en vertebrados neotropicales, con especial énfasis en mamíferos, y en modelos de especiación en insectos. Cuenta con alrededor de 230 artículos científicos sobre sus investigaciones en genética de poblaciones, evolución biológica y sistemática.

El encuentro virtual será moderado por el periodista Daniel Sebastián Zamora, editor web de Pesquisa Javeriana.

Puede ver el evento aquí:

 

 

El punk lucha por sobrevivir a la pandemia en Chapinero

El punk lucha por sobrevivir a la pandemia en Chapinero

Dos años atrás, cuando un toque punk significaba contacto con otros, intercambio de opiniones, goce de la música acompañado de ‘pola’ y compra de productos propios de la escena local del movimiento, era difícil imaginar que abandonarían estas formas en las que compartían su ideología para estar encerrados y ver el mundo a través de una pantalla por culpa de una pandemia.

Con un poco de recelo, quienes han protegido aquel legado, que surgió en los años 70 en Reino Unido, tuvieron que innovar para que los encuentros punk no desaparecieran en medio de la crisis provocada por el nuevo coronavirus.

Con el fin de registrar y entender estos cambios en el circuito punk, el Semillero de Investigación, Música y Resistencia, con la participación de estudiantes del semillero de Desarrollo Estudiantil Javeriano y en cabeza de los profesores Minerva Campion y Javier Rodríguez Camacho, entre junio y diciembre de 2020 se encargaron de reunir testimonios de gestores y participantes del movimiento punk de la localidad de Chapinero, en Bogotá, para el desarrollo de una pesquisa social.

“Esta era una oportunidad para mostrar las implicaciones del virus en un grupo de la población que estaba muy activo a finales del 2019 por las múltiples protestas y ver qué pasó con la elaboración ideológica de su discurso en tiempos en los que no solo es difícil generar ingresos y participar en espacios de socialización, sino establecer labores discursivas e ideológicas”, afirma el profesor Rodríguez.

Radiografía del punk

Como proyecto musical, el punk se ha caracterizado por ser underground o subterráneo, pues a pesar del reconocimiento que pueda llegar a tener, sigue estando enmarcado en un sistema de producción y distribución artesanal, independiente, autogestionado y poco visible a nivel comercial. Por demás, también puede definirse como una cultura juvenil con rituales de vestir, de asociarse, de consumo grupal de bienes culturales y de uso de drogas y alcohol, señalan los investigadores.

Entretanto, históricamente Chapinero se ha distinguido por ser una de las localidades con mayor actividad artística, musical y contracultural de Bogotá. Según el Censo de Música en Vivo Bogotá del 2019, cerca del 67 % de los músicos de la ciudad residen en Chapinero y la mayor concentración de escenarios para la música en vivo (26.3 %), se encuentra en este sector que también ha acogido a este movimiento.

Así, el equipo de investigadores caracterizó a los actores del circuito punk en Chapinero. En este circuito incluyeron espacios como bares y discotecas, tiendas, restaurantes, casas culturales, lugares de ensayo, librerías y talleres que congregan a productores, creadores y consumidores de punk. Así, con entrevistas, encuestas y empleando técnicas exploratorias cuantitativas y de análisis cualitativo, los investigadores encontraron respuestas acerca de las afectaciones que ha dejado la Covid-19 sobre la economía, creación, asociación y organización colectiva del circuito.

Reestructuración económica

El nuevo coronavirus ha afectado a todo el mundo sin distinción de clase, raza o movimiento social; es una nostalgia común que reúne dolor, incertidumbre, reflexión y ganas de recuperar elementos esenciales de una vida cotidiana truncada repentinamente por la coyuntura de la Covid-19.

La recuperación económica ha sido una de las luchas permanentes en medio de la contingencia sanitaria. En el caso de los actores involucrados en el punk, ellos se vieron obligados a realizar una reestructuración en sus modelos de adquisición, destacando la creatividad y diversidad de nuevas actividades.

“Algunos colectivos han realizado transmisiones en vivo de conciertos y continúan haciéndolo. No obstante, esto no alcanza a cubrir los costos en los que incurren”, comenta la profesora Campion. Una alternativa rentable a la que han recurrido ha sido la venta de merchandising o nuevos desarrollos de productos alusivos al género y colectas tipo crowdfunding, “esto ha reemplazado los ingresos que obtenían en la presencialidad con el consumo dentro de los establecimientos y ensayaderos”, complementa la politóloga.

Sin embargo, dicen los colectivos entrevistados que esta migración a lo virtual no es positiva para el punk, pues es un movimiento que necesita de forma casi que fundamental el contacto presencial: “el punk no está para hacer cosas online porque es un género en el que converge la unión, donde la gente quiere ir a tomarse una ‘pola’, a disfrutar de las bandas; cantas, ‘pogueas’, saltas, la pasas bien en el concierto”, dijo para la investigación una representante del ensayadero Alterna.

Además, en una larga ausencia de encuentros se pierde, en cierta medida, la territorialidad nómada, dice Marco Sosa, portavoz de la librería La Valija de Fuego; es decir que la falta de interacción hace que aquellos puntos de referencia donde había punks, se diluyan y desaparezcan por la falta de diálogo, de escuchar música en conjunto, del intercambio de opiniones y construcción de pensamientos mientras se goza al ritmo de las bandas en lo toques.

Ese rasgo nómada, proponen Campion y Rodríguez Camacho, es esencial en el circuito punk, ya que la participación espontánea en los espacios y actividades del circuito, más allá de las delimitaciones urbanas oficiales, caracteriza la movida underground que han estudiado.

El acto obligado de virtualizar el movimiento es una experiencia, en general, poco grata para los productores y consumidores de punk, por lo que, incluso, ha habido algunos encuentros clandestinos para continuar realizando las discusiones acostumbradas y para pensar alternativas económicas que les generen nuevos ingresos como movimiento.

“En todas las entrevistas se hizo referencia a la importancia del contacto cara a cara; esto nos llevó a comprender que, además de los momentos para ‘parchar’ o compartir en persona, el espacio físico ofrece un lugar para propiciar el pensamiento contracultural entre las personas que asisten, lo que no ha sucedido en lo virtual”, señala el profesor Rodríguez Camacho.

Todo esto sin profundizar en los problemas técnicos que les ha representado la virtualidad. Según los colectivos, las dificultades en términos de costos, disponibilidad de las bandas y calidad de video y sonido, no ha sido un terreno fácil de navegar; y aunque las medidas impuestas forzaron a algunos miembros de los colectivos a cerrar sus locales físicos o a trasladar sus modelos de negocio al campo virtual y con pocas reuniones, los gestores punk continúan firmes en la idea de seguir impulsando su movimiento.

La resistencia sigue y más allá de la fiesta está la solidaridad del parche

Los colectivos punk reconocen que el cierre de los espacios también supone no poder llegar a impactar a tanta gente por fuera de la escena, esto en razón de la falta de espacios. A pesar de esto, hay quienes creen que el pensamiento y las actitudes contraculturales han sabido mantenerse fuertes, como sostiene la profesora Campion.

“Dentro de las cosas que han hecho que estas redes hayan perdurado está la solidaridad evidenciada en propuestas como las ollas comunitarias y colectas que han realizado los integrantes punk con el fin de apoyar a la gente que se ha visto afectada y la ha pasado mal durante la pandemia, independientemente de si hacen parte del circuito punk o no”, complementa Rodríguez.

Algunos escenarios del circuito ya empezaron a hacer aperturas bajo las medidas de seguridad acordadas por el gobierno; pero otros han abandonado su actividad, lo que abre el interrogante de si se trata de una circunstancia económica inevitable, o quizás si es que alguna vez se apropiaron de la ideología punk o si solo tuvieron un paso por la misma. Sin embargo, quienes continúan se han unido en busca de fortalecer redes para que, de a poco, el punk en Chapinero vuelva al estilo de antes.

Para conocer más:

https://lasillavacia.com/iq/pontificia-universidad-javeriana/efectos-del-coronavirus-circuito-punk-chapinero-partir

https://issuu.com/redepunk/docs/fanzine_redes_02__2_

“La utilidad del conocimiento inútil”

“La utilidad del conocimiento inútil”

Julio Mario HoyosCon este título, en 1939 el educador estadounidense Abraham Flexner publicó un artículo en Harper´s Magazine sobre la importancia de la ciencia básica en la aplicada. Desde mi punto de vista, este escrito cae “como anillo al dedo” ante la situación que estamos viviendo con la pandemia que nos aqueja. ¿Esto por qué? Porque la investigación que se ha desarrollado con el fin de descubrir las características moleculares, las potencialidades infecciosas y las formas de atacar de este espinoso virus, difícilmente se hubiera podido llevar a cabo en tan poco tiempo sin una ciencia básica poderosa de respaldo.

La controversia entre esos, llamémoslos así, tipos de ciencias, no es nueva. Un proceso ilustrador es el que nos muestra el invento de la lámpara para mineros por el químico inglés Humphry Davy quien, en 1815, demostró que su sabiduría básica en química era aplicable en la construcción de algún dispositivo, transformando así aquella en lo que se conocía como “el conocimiento útil”.

Al afirmar que la investigación básica se lleva a cabo por el deseo de satisfacer la curiosidad, respondiendo así a preguntas sobre la estructura y función del mundo en que vivimos, Flexner pone el ejemplo del trabajo aplicado llevado a cabo por el ingeniero italiano Guglielmo Marconi en la transmisión de mensajes de manera inalámbrica por el telégrafo, y las investigaciones teóricas fundamentales de los físicos alemanes Heinrich Hertz y James Clerk Maxwell sobre magnetismo y electricidad a finales del siglo XIX.

Los que trabajamos en ciencia básica, sabemos las dificultades que esta tiene para ser financiada y para lograr hacerla necesaria ante entidades que consultan a otros investigadores, es decir, a colegas nuestros. A este conocimiento “inútil”, el premio Nobel de química de 1967 George Porter prefería llamarlo “investigación aún no aplicada”: ¿por qué no adoptar más bien esta denominación? Volviendo entonces a la malhadada pandemia, podríamos decir que los logros que se han tenido en el descubrimiento de la estructura y función del virus y, sobre todo, en la producción de las vacunas contra el SARS-CoV-2, de manera tan rápida, es producto del inmenso conocimiento previo que hay al respecto, desde el descubrimiento de la estructura de los ácidos nucleicos, hasta los estudios del RNAm y su potencial uso en la obtención de vacunas. Esto último ha sido fundamental para que, en menos de un año, hayan aparecido vacunas con esta tecnología, principalmente por el trabajo hecho en los años 90 del siglo XX por la bióloga húngara Katalin Karikó quien parece ser que fue la primera persona en sugerir en hacer tratamientos y vacunas con base en el RNAm. Todo lo anterior muestra que los Estados deben mantener el apoyo a la investigación básica, pero, ojalá, esta enfermedad no sea la única fuente de interés de las instituciones financiadoras pues necesitamos dinero para muchos otros trabajos teóricos y prácticos en investigación “aún no aplicada”.

Julio Mario Hoyos es profesor titular adscrito al Departamento de Biología de la PUJ, Unidad de Ecología y Sistemática (UNESIS), desde 1988. También es biólogo de la Universidad Nacional de Colombia con Maestría en Sistemática de la misma Universidad, tiene un DEA en Sistemática del Museo de Historia Natural de París, Francia, y un Ph.D. en Ciencias del mismo museo* Continue reading

4 reflexiones sobre la fe y la experiencia espiritual en Semana Santa

4 reflexiones sobre la fe y la experiencia espiritual en Semana Santa

¿Por qué motivo se reunirían musulmanes, evangélicos, cristianos y budistas en un mismo lugar? ¿Se le puede dar una mirada diferente al concepto de la culpa tan presente en la Biblia? ¿Qué podríamos aprender sobre la espiritualidad de alguien que padeció los horrores del Holocausto? Estas son algunas de las preguntas que investigadores javerianos resolvieron en distintas publicaciones y que fueron comentadas en Pesquisa Javeriana.

La propuesta de esta recopilación de artículos es reunir en un solo lugar distintas miradas a temas como la fe, la espiritualidad y la celebración condicionada de las liturgias de Semana Santa debido a la pandemia de la Covid-19. Los autores de cada una de las investigaciones que motivaron la escritura de estos artículos ofrecen su voz para profundizar en temas que suelen volver a discutirse en el marco de esta celebración religiosa.

Sin más preámbulo, presentamos cuatro artículos que podrían llamar su atención y, además, un tema bonus sobre la conservación y restauración de las capillas construidas durante la época de la Colonia en Colombia.

La Semana Santa: cambios durante la pandemia 

La Semana Santa del 2020 se celebró un mes después de que se declarara la emergencia sanitaria mundial por la pandemia del nuevo coronavirus. Para ese entonces Colombia, como muchos otros países, estaban cerrados y la mayoría de la población estuvo confinada. ¿Cómo hizo la Iglesia Católica para continuar con sus liturgias? ¿Qué medidas tuvieron que tomar para continuar con sus prácticas religiosas? 

Para responder a estas preguntas, Pesquisa Javeriana habló con José Luis Meza, doctor en Teología y docente de la Pontificia Universidad Javeriana, quien recuerda cómo se vivió la más reciente celebración de Semana Santa y cuenta algunas reflexiones alrededor del Antiguo y Nuevo Testamento a la luz de la pandemia que comenzaba en ese entonces.

Además, en esta entrevista Meza envía un mensaje para celebrar la fe personal, más que extrañar el hecho de congregarse en un espacio físico, una medida que para la Semana Santa de 2021 no está prohibida pero que tiene limitaciones de aforo.

Para leer la entrevista completa a José Luis Meza, puede hacer clic aquí.

La fe desde la compasión y no desde la culpa

Luego de conocer la historia de Mileidys, una mujer desplazada y reclutada a los 14 años por la guerrilla quien creyó no tener salvación tras asesinar a su compañero sentimental (quien la maltrataba y violaba), cuando lo vio abusando de uno de sus hijos, la teóloga Susana Becerra pensó en los siglos de prédica bíblica alrededor de la culpa y no de la compasión, así que tomó la decisión de impulsar una fe basada en la acción y no en una actitud sumisa de solo aceptar “la palabra de Dios”, sino de comprender su sentido para realizar obras liberadoras.

Para lograrlo, Becerra plantea tres acciones: identificar las principales fuentes de sufrimiento en cada comunidad; que clérigos y laicos, basados en el primer plan, construyan programas de mejoramiento pastoral integrando especialmente la voz y las necesidades femeninas; y, finalmente, que todos en conjunto trabajen para transformar sus realidades.

Esta mirada alternativa le da un aporte práctico al análisis teológico, lo que permitiría encontrar otras herramientas para la consolidación de la fe. ¿Qué piensa sobre esto el jesuita Carlos Novoa, director de posgrados de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana? Si quiere saber la respuesta, oprima aquí

La espiritualidad en tiempos de crisis 

¿Pueden tener algo en común otras experiencias de pandemia, el conflicto armado colombiano y la Segunda Guerra Mundial? Para la doctora en Teología, Rosana Navarro, detrás de toda crisis hay un concepto espiritual en el que se explican las inquietudes del sentido humano.

Su investigación partió de la historia de Etty Hillesum, una víctima del Holocausto que registró en un diario su particular forma de vivir esa época de agobio. Para la investigadora javeriana, el testimonio de esta mujer es una propuesta contemporánea de vida en la que se ofrece una mirada de la idea de Dios, la religión y la relación con los demás seres humanos.

“Dentro de mí hay un pozo muy profundo. Y ahí dentro está Dios. A veces me es accesible. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo”, dice parte del diario de Hillesum.

Navarro también desarrolla una interpretación de otras ideas alrededor de la vulnerabilidad, los cambios, la angustia y la fragilidad, conceptos que, aunque estudiados en el marco del diario escrito durante la Segunda Guerra Mundial, siguen generando reflexiones en época de pandemia. Si quiere conocer más sobre esta investigación puede hacer clic aquí.

Una iniciativa interreligiosa para salvar el planeta 

Cada tanto leemos acerca de alguna investigación que alerta sobre los peligros de la rápida deforestación del Amazonas y, en general, de las selvas y bosques de todo el mundo. Generalmente son los científicos y los movimientos ambientalistas y de conservación los que mueven el debate acerca de la importancia de generar mejores prácticas de extracción de recursos y la necesidad de impulsar la reforestación.

Sin embargo, en 2017, el espectro de la conversación se abrió y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), convocó a líderes de distintas religiones para que a través de su influencia expandieran la discusión en cada una de sus comunidades y se lograran compromisos para frenar la deforestación y de paso cuidar la Tierra. Esta apuesta se conoció como la Iniciativa Interreligiosa de Bosques Tropicales, que se celebró el 19 de junio de 2017 en Oslo, Noruega.

En aquella ocasión representantes cristianos, judíos, hindúes, taoístas, musulmanes y budistas dejaron sus diferencias a un lado para hablar de algo que nos une como especie: el cuidado de la naturaleza.

A finales de 2018, la Pontifica Universidad Javeriana fue escenario del primer encuentro interreligioso que tenía como fin presentar un diálogo entre diferentes comunidades religiosas para encontrar soluciones a la deforestación tropical. Fomentar modelos económicos como alternativa al extractivismo tradicional y un mayor compromiso en la gestión y defensa del medio ambiente por parte de las comunidades, fueron algunas de las conclusiones.

Si quiere conocer más sobre este evento y qué otras perspectivas desde la ética y la moral se pusieron sobre la mesa alrededor del cuidado de nuestro planeta, puede hacer clic acá

Bonus: 

Una apuesta por la memoria: ¿Cómo salvar las capillas construidas durante la Colonia?

En los siglos XVI y XVII no se construían estructuras con medidas sismorresistentes, así que las capillas que se erigieron durante esa época y que actualmente se mantienen en pie en Colombia, corren un grave peligro si se llegase a presentar un fuerte sismo.

Esta situación llevó a la arquitecta Cecilia López y al ingeniero Daniel Ruiz, de la Pontificia Universidad Javeriana, a unir sus conocimientos para hallar un plan que salvaguarde la integridad arquitectónica de las capillas doctrineras construidas durante la Colonia en caso de un temblor.

Esta idea, encaminada en la restauración de estas estructuras, planteó la posibilidad de recubrir los muros con estructuras de mallas de acero o madera. Al momento de realizar las pruebas de sismorresistencia a escala, los resultados fueron positivos, lo que podría hablar de una idea práctica para conservar estas obras que hablan de la historia de Colombia y de cómo se configuraron los pueblos y ciudades, inicialmente, alrededor de las capillas e iglesias.

Si le interesa descubrir cómo se realizó esta investigación, puede hacer clic aquí para conocer más detalles.

 

 

 

 

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

A un año de clases por WhatsApp: ¿cuáles han sido los retos según profesores y rectores?

Cuando el presidente de Colombia, Iván Duque, anunció que desde el 16 de marzo de 2020 los colegios del país debían suspender las clases presenciales como medida preventiva tras la llegada de la COVID-19 a Colombia, y que las instituciones educativas debían adoptar nuevas metodologías para la enseñanza remota, en Ubaté, a dos horas de Bogotá, Sandra Moya, profesora de cuarto y quinto grados de un colegio rural, recibía la noticia con angustia. “¡Cómo le enseño matemáticas a un niño por teléfono!”, se preguntó.

“Ninguno estaba preparado para eso”, se apresura a decir Amparo Ladino, rectora de la Institución Educativa Departamental El Volcán, un colegio que cuenta con seis sedes de primaria y una de bachillerato ubicadas en tres veredas de Ubaté: Volcán, Guatancuy y Soagá.

“Lo creímos fácil porque desde hace cuatro años manejamos un sistema de educación orientado al desarrollo de habilidades para la autonomía. Nuestros estudiantes ya manejaban guías físicas. Dijimos ‘vamos a llamarlos, a conectarnos por internet para supervisar los avances’ y nos fuimos muy tranquilos. Pero nos estrellamos de inmediato con la realidad. El 90 % de nuestros niños viven en una zona rural, el celular que manejan es del papá y no muchos cuentan con datos móviles. Arrancamos con el 4 % de estudiantes que tenían internet”, revela Ladino.

Institución Educativa El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

Un reto para la educación

El confinamiento nacional traería implicaciones que afectarían la pedagogía habitual de las instituciones educativas del país. Y eso lo tuvo claro el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Pontificia Universidad Javeriana, que desde abril y hasta noviembre de 2020 llevó a cabo un seguimiento a través de encuestas realizadas a 4.527 docentes y 905 rectores de 762 instituciones educativas oficiales distribuidas en 16 entidades territoriales, entre ellas, Arauca, Barranquilla, Bogotá, Quibdó, Montería, Tunja y Tuluá.

Como resultado de este trabajo, el pasado mes de febrero se publicó el informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, en el que se establece que la principal razón por la que los estudiantes no participaron en actividades académicas fue la ausencia de internet.

“Fue uno de los retos y rezagos más grandes para dar una educación remota y el impedimento más grande para desarrollar clases, sobre todo sincrónicas (aquellas donde hay interacción en tiempo real entre el docente y estudiante a través de videoconferencias o llamadas). No éramos tan conscientes sobre los rezagos tan grandes que hay en términos de conectividad”, explica Luz Karime Abadía, codirectora del LEE.

Falta de equipos: otro desafío

La mayor parte de las tres veredas en las que se encuentra el colegio El Volcán es zona de páramo y la señal de telefonía es deficiente. “Perdimos dos meses viendo cómo contactar a los estudiantes, nos tocó ir a la escuela y reunir a algunos padres para decirles: vamos a trabajar así, llévenles el mensaje a sus hijos”, recuerda la profesora Sandra Moya. Pero aún cuando pudieron comunicarse, dictar clases fue una odisea. “Empezamos a grabar clases cortas. Los videos no podían durar más de dos minutos porque no les descargaban”.

Ante esta situación crearon un plan padrino para buscar donantes de equipos y recargas con el fin de que los 512 estudiantes de las diferentes sedes del colegio tuvieran la posibilidad de seguir recibiendo clases. La difusión de la campaña comenzó entre junio y julio de 2020 y algunas de las sedes lograron equipar a la totalidad de sus estudiantes. Este plan contribuyó a que la deserción escolar fuera mínima. Solo 6 estudiantes de los 512 no continuaron con su educación.

“Nos donaron computadores, pero un equipo así en una vereda sin internet es un aparato muerto, así que le hicimos más fuerza a los celulares. Algunos papás pudieron comprarlos pero nos decían: ‘profe, no tengo para la recarga’, así que los padrinos hacían donaciones de 20 mil pesos pero a los cuatro días el niño no tenía datos. Los chicos descargaban música y acababan los datos. Claro nos ofreció un plan de solo WhatsApp y ahí empezó el tema de que las recargas sean solo para esa red y así los pudimos tener conectados”, añade Moya.

Según el informe del LEE, después de la ausencia de conectividad a internet, la segunda causa por la que los estudiantes no participaron de actividades académicas fue la falta de dispositivos, ya sean computadores, tabletas o teléfonos inteligentes.

Educación en pandemia Colombia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Clases sincrónicas vs asincrónicas

Según la encuesta del LEE, seis de cada diez estudiantes realizaron actividades académicas bajo la modalidad sincrónica (con interacción en tiempo real), y cuatro de cada diez hicieron trabajo asincrónico (donde no es necesario que el docente esté presente para su realización, como guías, cartillas y tareas).

El informe también arroja que el 27 % de los docentes encuestados no continuó dictando clases bajo alguna modalidad. Algunas de las razones, según la investigadora Abadía, fueron “porque el docente no tenía contacto con sus estudiantes, no pudo seguir con sus actividades académicas, no tenía herramientas para una clase remota o su asignatura se hacía muy difícil de dictar. Las clases de educación física y artes son más complicadas de dar con métodos asincrónicos”.

Educación en Colombia durante el confinamiento

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Según el mismo informe, los métodos de enseñanza más utilizados por los profesores fueron las guías físicas, envío de material educativo por chat, correo electrónico, programas de televisión y hasta de radio, como sucedía hace más de cincuenta o sesenta años.

“El Ministerio de Educación, al darse cuenta de esta realidad, empezó a promover estos métodos antiguos, de cuando se aprendía por radio en Colombia. Puede haber el caso de un docente que no tiene ninguna forma de comunicarse con los estudiantes porque está en una zona rural donde simplemente está la herramienta de radio o televisión para ellos, otros docentes, según experiencias que nos contaron, sugieren ver ciertas franjas de televisión complementado con algunas otras actividades”, explica Abadía.

Para Gloria Bernal, codirectora del LEE, “la educación con televisión es mejor que nada, pero de todas formas emite unos programas estándar y el estudiante puede estar en tercero, quinto, noveno, once y de todas maneras estar viendo lo mismo. Es imposible controlar que a todos los estudiantes, de todos los grados, les pueda servir el mismo material. Tiene bastantes limitaciones”.

Estudiar por WhatsApp

Ante la limitación del acceso a internet y a equipos, una de las estrategias adoptada por el equipo de profesores del colegio El Volcán fue la de realizar clases por WhatsApp. “Al principio fue terrible, enviaba un video y aparecían 40 preguntas, ¿cómo les respondo todo eso en un video corto? Me sentía incapaz de solucionar tantas cosas en tan poco tiempo”, describe la docente Sandra Moya.

Y aunque se nota el esfuerzo por hacer lo mejor posible con los recursos disponibles, “este tipo de herramientas no son métodos de enseñanza sino salidas de emergencia que adoptaron los maestros ante la coyuntura porque aquí no hubo tiempo de prepararse. Esos métodos no están diseñados para enseñar y menos a niños y adolescentes”, anota Luz Karime Abadía.

Capacitación tecnológica para los profesores

Según el informe del LEE, la edad promedio de los 4.527 docentes encuestados es de 44 años y más de la tercera parte lleva entre 20 y 40 años enseñando en forma presencial, lo que además, para Abadía hizo más difícil que los docentes se adaptaran y afrontaran los retos de la enseñanza remota utilizando medios digitales.

Colegio El Volcán

Institución educativa El Volcán. Imagen tomada antes del confinamiento nacional producido por la COVID-19*

“Y hay varias razones: muchos colegios oficiales no tienen acceso a internet ni a computadores, y si los tienen, a veces es limitado. La gran mayoría usa métodos tradicionales por falta de tecnología pero también por falta de conocimiento. Es cierto que la población oficial docente se está envejeciendo. Entran a carrera y pueden jubilarse e igual siguen dictando clase. En un estudio basado en pruebas PISA en el que le preguntan a los rectores si consideran que sus docentes tienen los conocimientos técnicos y pedagógicos para involucrar la tecnología en sus prácticas de enseñanzas, cerca del 48 % de los rectores de colegios oficiales dice: no, versus un 12 % de colegios privados”.

Educación en Colombia en la pandemia

Imagen tomada del informe Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia*

Para notar las diferencias no hace falta comparar la educación de una ciudad capital con la de un municipio pequeño. Para Sandra Moya, solo las brechas entre un estudiante de Ubaté y los de las veredas aledañas, saltan a la vista.

“Los puedes escuchar decir: ‘profe, yo quiero conocer ese país de Bogotá’. Todo funciona como un cuento para ellos. El cine es un imaginario, no lo conocen. Puedes encontrar un niño de 14 años que no conoce Ubaté. El gobierno tiene muy abandonadas las veredas. En el pueblo la mayoría tiene internet, y si no, se puede ir a cualquier café internet, pero en las veredas no hay y no tenemos forma de conectarnos y estar con los estudiantes el tiempo adecuado”.

Para Luz Karime Abadía, “una de las grandes lecciones que nos ha dejado todo esto es darnos cuenta de que tenemos un sistema educativo muy precario que necesita con urgencia una transformación para cerrar brechas digitales de aprendizaje”.

Regreso a clases y alternancia

A comienzos de febrero comenzó el regreso paulatino de algunos estudiantes a modalidad presencial en sus colegios. Bajo el hashtag #LaEducacionPresencialEsVital, expertos en salud como la epidemióloga Zulma Cucunubá, y académicos como Moisés Wasserman y Alejandro Gaviria se han unido a la conversación por Twitter para impulsar el regreso a clases.

Algunos han compartido en sus redes sociales información que indica que luego de un año de cierre, más de 7 millones 500 mil niños y jóvenes siguen sin asistir al colegio, además, alrededor de 8.700 colegios oficiales continúan cerrados.

Estos datos fueron compartidos a partir de la información encontrada en las páginas de las secretarías de educación, los cálculos con base en establecimientos educativos (EE) y matrículas del 2019.

A la fecha, el 4.7 % de estudiantes (376.110), ya están en trabajos de alternancia, mientras que el porcentaje restante (95.3 %) sigue en casa. Mil cincuenta y un sedes están abiertas y permanecen cerradas 8.737.

En las siguientes imágenes se puede apreciar cómo está el regreso a clases presenciales por regiones en el país.

¿La educación está preparada para un nuevo confinamiento?

Luz Karime Abadía y Gloria Bernal responden con un contundente no. “Creo que seguimos igual, no conozco una política contundente que quiera cerrar brechas en Colombia entre aquellos más desfavorecidos y los que sí tienen más oportunidades”, opina Abadía. “Tenemos un sistema educativo que promueve la inequidad. Desde antes de la pandemia, aquellos que no tienen internet o que sus padres no tienen las condiciones, ya recibían educación de menor calidad que la de estudiantes de colegios privados”.

Y añade: “Irse acomodando a clases por televisión y chat son pañitos de agua tibia. No estamos confinados y la mayoría de las regiones no abre los colegios. Si seguimos así van a ser dos años perdidos, lo cual es gravísimo para una generación que no está aprendiendo las habilidades que se requieren para afrontar la vida y el mercado laboral, los grandes problemas de nuestra sociedad”.

La investigadora Bernal complementa: “En el LEE tenemos un programa llamado TuTutor donde buscamos que estudiantes voluntarios universitarios y también de grados décimo y once, que están en semestre social, presten un servicio con estudiantes de quinto grado de colegios oficiales dictando clases de matemáticas e inglés. Muchas veces se tienen que devolver a temas de segundo porque los niños no tienen esos conocimientos”.

“Esta pandemia abrió las brechas entre estudiantes de bajos y altos ingresos. Los padres con ingresos altos pueden guiar a sus hijos o contratar a alguien para que sigan el proceso académico, mientras que los padres de bajos ingresos generalmente tienen menos posibilidades de darle tutorías a sus hijos, se podría decir que algunos de estos chicos llevan un año sin recibir clases”, agrega.

En la Institución Educativa Departamental El Volcán la alternancia aún no ha comenzado. “Estamos en el proceso de estudio, tenemos cumplidos algunos requerimientos, faltan elementos de bioseguridad que los entes territoriales deben aportar pero es la fecha y no han llegado, y si no llegan, ¡cómo voy a darle seguridad al padre para que mande a su hijo!”, enfatiza Amparo Ladino, rectora del colegio.

“Octavo y noveno están en el mismo salón. Volveríamos con cuatro estudiantes porque los salones son pequeños, el colegio se empezó a construir y se paró la obra por falta de apoyo, aún no está terminado”, añade la profesora Sandra Moya, quien reitera con la voz quebrada que hace falta más ayuda para los colegios ubicados en zonas rurales. “Si a mí me dicen que me venga para el pueblo como docente, diría que no, creo que tenemos que seguirle apostando al campo. Tenemos que entender que en Colombia el campo vale”.

Si quiere consultar el informe completo del Laboratorio de Economía de la Educación, titulado Cambios y retos que enfrentaron los docentes durante el cierre de colegios por la pandemia, puede hacer clic aquí.

Ciber-retórica: convencer y persuadir en las ágoras contemporáneas

Ciber-retórica: convencer y persuadir en las ágoras contemporáneas

Diariamente se observa cómo los influencers, haciendo uso de herramientas virtuales, aumentan sus seguidores en redes sociales y persuaden a millones de usuarios en internet para que consuman su contenido. ¿Cómo logran movilizar a tantas personas? ¿Qué hacen o qué dicen?

El fenómeno de congregarse alrededor de un orador es conocido desde la antigua Grecia. Por medio de su discurso y gestualidad, los oradores buscaban persuadir a una audiencia que se reunía en plazas públicas conocidas como ágoras.

En esta analogía podríamos caracterizar al influencer como un orador actual que, además de hacer uso del discurso y la gestualidad, utiliza a su favor todos los elementos y herramientas digitales disponibles en estos entornos virtuales.

En una investigación conjunta entre la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia, titulada La retórica en internet: análisis de la persuasión en los entornos virtuales, se evidencia que en la configuración y desarrollo de estos espacios podemos encontrar una serie de herramientas retóricas más allá del discurso y la gestualidad.

“La retórica clásica también ha sido utilizada por la publicidad, ya que esta lo que busca es la persuasión.”
Jorge Rojas, del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia

Mónica Brijaldo, candidata a doctora en Formación de la Sociedad del Conocimiento adscrita a la Facultad de Educación de la Javeriana, junto al maestro en Literatura Iberoamericana, Jorge Rojas, del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional, desarrollaron este proyecto de investigación que actualiza la retórica clásica para aplicar análisis pedagógicos en diferentes entornos virtuales.

Uno de los hallazgos más importantes de la investigación fue entender las capacidades de persuasión de estas ágoras contemporáneas. “Además de lo que se dice y cómo se dice, las interfaces son elementos de persuasión y varían según el contenido y el objetivo, es decir, cómo estructuro, presento, comunico e interactúo con los contenidos”, explica la profesora Brijaldo.

El uso de la retórica clásica en entornos digitales

La retórica es una disciplina que se apoya en diferentes campos del conocimiento con el fin de elaborar y preparar un discurso para persuadir. Durante muchos años fue criticada porque su propósito no era buscar la verdad sino convencer sobre un aspecto en específico y de ese convencimiento tampoco escapan los entornos digitales.

“La retórica solo era aplicable al orador y su discurso, pero en esta investigación se traspasa al ambiente web. Hay elementos retóricos en el desarrollo y disposición de los elementos en páginas web, redes sociales o plataformas institucionales. Y también los hay en el diseño, presentación e interacción de la información. En todos estos elementos encontramos diferentes niveles de persuasión”, argumenta el investigador Rojas.

Esta investigación realizó un análisis entre las diez partes en que dividen el discurso retórico y las etapas del desarrollo correspondiente en un entorno web, como se demuestra en el cuadro comparativo que se presenta a continuación.

Se puede apreciar que no se trata solamente de escribir un discurso retórico, sino que son muchos los elementos adicionales que debe tener en cuenta su autor.

tabla-24-mar * Tabla extraída de la investigación

Un segundo hallazgo del estudio fue identificar que en los entornos virtuales se permite la concurrencia de múltiples plataformas para interactuar, a diferencia del orador griego, quien “disponía únicamente de su discurso y de la gestualidad que lo acompañaba; en cambio, el influencer contemporáneo cuenta con una multiplicidad de formatos y medios que se enfocan en la persuasión de su audiencia”, comenta la profesora Brijaldo.

Y es que, si la retórica en la época griega solo contaba con el discurso, los gestos y vestuarios, la ciber-retórica suma herramientas con capacidades de persuasión como la imagen, el sonido, el video, los juegos, las redes sociales, las plataformas e-learning y la interacción, entre otras.

Implicaciones pedagógicas

Aunque la retórica también tiene utilidad para convencer y persuadir en contextos educativos, actualmente “los espacios educativos virtuales convencen, pero no persuaden”, afirma Brijaldo. Además, estas plataformas e-learning son poco intuitivas y amigables entre los usuarios, es decir, “la retórica está en función de la organización de la información y no de la persuasión”, puntualiza la investigadora javeriana.

Esta actualización de la retórica o ciber-retórica se realizó con un “componente etnológico y sociológico en la medida en que hay determinantes culturales que también definen el comportamiento de los individuos en los espacios virtuales”, asegura Rojas.

En otras palabras, los oradores actuales cuentan con herramientas analíticas de los entornos virtuales que permiten realizar segmentaciones de audiencias por idioma, edades, regiones, intereses y demás categorías que puedan ser útiles al momento de convencer y persuadir en las ágoras virtuales.

La investigación La retórica en internet: análisis de la persuasión en los entornos virtuales apoyó cuatro proyectos de la Maestría en Educación de la Javeriana que “hicieron uso de la ciber-retórica en diversos análisis de entornos pedagógicos virtuales que incluían ambientes infantiles multiformato, plataformas e-learning de educación virtual y youtubers”, resalta Brijaldo.

Conscientes o no de la ciber-retórica, los influencers están usándola. Además, esta investigación pone sobre la mesa la oportunidad de aprovechar las estrategias de persuasión con la que triunfan los creadores de contenido para poder enfocarlas en el convencimiento, la persuasión de los estudiantes y lograr una educación remota más crítica.

Inteligencia artificial: una aliada para el desminado humanitario

Inteligencia artificial: una aliada para el desminado humanitario

Históricamente, Colombia ha sido reconocida a nivel global por ser el país de mayor producción de café suave del mundo, el segundo más biodiverso del planeta por kilómetro cuadrado y el único de América del Sur con acceso a costas en los océanos Pacífico y Atlántico ―este último a través del mar Caribe―. Pero, aunque su riqueza es múltiple, desde 1960 este territorio también ha sido testigo de uno de los conflictos armados más prolongados de la historia, librado entre las Fuerzas Armadas colombianas y las guerrillas, paramilitares, carteles del narcotráfico y bandas delincuenciales de crimen organizado. 

La intensa disputa entre el Ejército Nacional y las guerrillas de las FARC y el ELN durante la segunda mitad del siglo XX incluyó el uso de minas antipersonal (MAP) de fabricación industrial como instrumento estratégico de guerra. La expansión de este recurso bélico en los 32 departamentos del territorio colombiano fue una de las razones para que, en 1980, la comunidad internacional restringiera el uso de minas, mediante el Protocolo II de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCW, por su sigla en inglés) y la Convención de Ottawa, en 1997, y convocara a un ejercicio de desminado humanitario. No obstante, las guerrillas, con el fin de cuidar sus campamentos, evitar cercos y apuntalar la retirada de las Fuerzas Armadas en medio de los combates, implementaron el uso de minas artesanales hechas a base de recipientes metálicos, latas de cerveza, plásticos y, en algunas ocasiones, madera ―dificultando su detección―, con metralla casera preparada con clavos, vidrios y trozos metálicos. Aunque el programa Descontamina Colombia, del Gobierno nacional, asegura que, desde 2012, 391 municipios han sido declarados libres de sospecha de minas antipersonal y que el 73 % del territorio se encuentra libre de ellas, en marzo de este año el Comité Internacional de la Cruz Roja aseguró que en 2017 la cifra de víctimas fue de 57, en 2018 subió a 221 y en 2019 se registraron 352. Cerca de una víctima por día. 

Con la asesoría del profesor Carlos Alberto Parra, doctor en Ingeniería de la Universidad de Toulouse III, en Francia, su colega Johana María Flórez desarrolló recientemente un sistema de inteligencia artificial capaz de detectar información en terreno para identificar la posible ubicación de minas antipersonal, particularmente minas artesanales, que normalmente son difíciles de encontrar con los artefactos de búsqueda.

 

Los sensores operan tanto de forma independiente como colaborativa, de acuerdo con una lógica de coordinación asincrónica. 

 

Para el proceso de creación de este dispositivo, llamado Sistema de Toma de Decisiones para Percepción Activa y Heterogénea (DMS-HAP, por su sigla en inglés), Flórez, quien también es doctora en Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana, tomó como referente los avances recientes en robótica móvil y aprendizaje de máquina, con el fin de encontrar instrumentos tecnológicos y dispositivos electrónicos que permitieran rastrear minas bajo tierra, así como la experiencia del grupo de investigación javeriano Sistemas Inteligentes, Robótica y Percepción (SIRP), el cual ha venido trabajando en tecnologías para la detección de minas desde 2003. 

Producto de esta labor, la investigadora javeriana empleó cinco sensores diferentes: un dispositivo digital para medir la temperatura en un área circular; un radar de penetración terrestre equipado con dos antenas, una para la transmisión de una onda electromagnética y la otra para la recepción de la reflexión de estas sobre la tierra; y tres cámaras Nikon D5200, dotadas con distintos filtros para capturar diferentes longitudes de onda, uno para la detección de radiación infrarroja, otro para la captura de imágenes digitales estándar en formato RGB (sigla de red, green, blue), y el último para capturar la información en el rango de rayos ultravioleta (UV).

 

Entre 1990 y 2020, se han registrado 11.947 víctimas por minas antipersonal, según el Departamento Administrativo de la Presidencia de la República. 

 

Equipados con un sistema de procesamiento de señales que comparten información entre sí, integrados a través de un sistema de toma de decisiones basado en técnicas de inteligencia artificial ―como redes neuronales, algoritmos genéticos y lógica difusa― y sostenidos por una estructura de hardware en forma de araña, estos dispositivos hicieron posible la recolección de datos en campo. Posteriormente la información fue procesada para ajustar los algoritmos en relación con el contexto de aplicación y con la detección de minas antipersonal, así como también para generar un consenso sobre la existencia o no de objetos peligrosos en el terreno a través de un sistema de múltiples agentes. 

Luego de cinco años de investigación y del trabajo colaborativo entre los académicos javerianos y los profesores Mario Góngora y Fabio Caraffini, del Instituto de Inteligencia Artificial de la Universidad de Montfort, en Reino Unido, fue posible lograr que “la red de sensores reconociera con éxito los dispositivos con una precisión del 80 % en condiciones de buena iluminación”, puntualiza Flórez. 

De acuerdo con la Dirección para la Acción Integral Contra Minas Antipersonal (Aicma) de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, entre 1990 y marzo de 2017 se registraron cerca de 11.481 víctimas ocasionadas por la detonación de minas antipersonal y remanentes explosivos de guerra, de las cuales 7028 son de la Fuerza Pública y 4453, civiles.

Teniendo en cuenta los retos actuales en materia de desminado humanitario en Colombia, como la lentitud de las plataformas terrestres de detección de minas en campo y la exposición al peligro de las unidades tácticas militares, este proyecto javeriano surge como una alternativa capaz de aumentar la precisión en la búsqueda de explosivos artesanales en el territorio, y de reducir, a través del aprendizaje automático de máquina, la tasa de localización de falsos positivos de minas en el país, así como automatizar el trabajo que actualmente desarrollan el Ejército Nacional y la Armada Nacional de forma manual con instrumentos barreminas y el despliegue de caninos detectores de minas (CDM).

“Ahora, el paso a seguir con esta investigación es desarrollar sensores más pequeños para tomar más muestras en campo, integrarlos en un sistema robótico móvil, como los drones, y probar nuevas técnicas de inteligencia artificial para seguir reduciendo la tasa de error en la detección de minas”, finaliza Flórez. 

Para leer más: Flórez Lozano, J. et al. Cooperative and Distributed Decision-Making in a Multi-Agent Perception System for Improvised Land Mines Detection. Information Fusion (a través de Elsevier), 2020. 

Flórez Lozano, J. et al. “A Robust Decision-Making Framework Based on Collaborative Agents”. IEEE Access, 2020.  

Flórez Lozano, J. et al. Training Data Set Assessment for Decision-Making in a Multiagent Landmine Detection Platform. IEEE World Congress on Computational Intelligence WCCI, 2020. 

Colreavy-Donnelly, S. et al. “Shallow Buried Improvised Explosive Device Detection Via Convolutional Neural Networks”. Journal Integrated Computer-Aided Engineering, 2020. 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Desarrollo físico-mecánico de una estructura con múltiples sensores para desminado humanitario.
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Johana María Flórez
COINVESTIGADORES: Carlos Alberto Parra, Mario Góngora, Fabio Caraffini.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2019 

 

                             

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

Hipopótamos en la sala: ¿qué más se necesita para actuar?

No solo preocupa la invasión de hipopótamos en Colombia por sus potenciales efectos acumulativos y sinérgicos en ecosistemas ya degradados de los que dependen comunidades vulnerables en el valle medio del Magdalena. Preocupa, además, la ausencia de decisiones de manejo informadas que garanticen la contención efectiva de esta invasión.

Se advierte una clásica disonancia en la interfaz entre ciencia y política frente a este y otros problemas de acción colectiva: aunque se reconocen las evidencias sobre lo que implica la invasión en el largo plazo, las decisiones en el corto plazo parecen negarlas. ¿De qué tamaño tiene que ser el problema para que decidamos actuar? ¿Qué tiene que pasar para que el Estado colombiano asuma su responsabilidad constitucional de garantizar un ambiente sano y priorice el valor de la biodiversidad nacional como patrimonio natural?

La semana pasada, el foro Hipopótamos en la Sala, organizado por la Universidad de los Andes y la Pontificia Universidad Javeriana, llamó la atención sobre la necesidad de superar la inacción y de buscar salidas desde una diversidad de visiones a un problema complejo y creciente que cada día será más difícil enfrentar de forma efectiva.

Hay razones para pensar que el debate permitió reconocer perspectivas y evidencias diversas sobre el fenómeno de la invasión, reflexionar sobre las tensiones éticas entre animalistas y conservacionistas centrales al debate, visibilizar los límites del marco normativo existente para el manejo de especies invasoras y, sobre todo, reconocer el papel determinante que deben tener las comunidades locales en el manejo de la invasión.

No obstante, pese al interés de los panelistas y de muchos asistentes, el debate parece no haber conducido a mayores avances en lo práctico.

Llamó la atención la ausencia del Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a pesar de haber sido invitado. Que el ministro hubiera participado en el foro, manifestando su voluntad política para enfrentar este problema, habría sido un logro.

En cambio, unos días después el ministro se refirió públicamente al tema y en lugar de centrarse en las propuestas fundamentales de los científicos, sugirió que una alternativa para los hipopótamos sería “crear un ecosistema controlado” para albergarlos.

De otro lado, frente al necesario llamado del director del Instituto Humboldt a profundizar en el conocimiento sobre los hipopótamos en el país mediante una minga de recolección de datos y a reactivar el trabajo interinstitucional de manejo de la especie reconociendo el liderazgo regional de Cornare, pareciera más urgente incidir con las evidencias ya disponibles en toma de decisiones concretas con prontitud.

Por ejemplo, un pronunciamiento gubernamental sobre el impacto de las especies invasoras como el hipopótamo en la biodiversidad colombiana, incluir al hipopótamo en el listado oficial de especies invasoras en Colombia, establecer metas razonables que eventualmente conduzcan a que los hipopótamos salgan de los ecosistemas naturales del Magdalena y llamar la atención sobre la incertidumbre de la efectividad de las castraciones químicas como mecanismo de control de la población, son tareas pendientes que pueden hacerse con las evidencias existentes.

Este tipo de acciones de corto plazo ayudarían a desenredar el camino y a construir puentes entre sectores sociales con diferentes intereses, lo cual, sin duda, redundaría en mejores decisiones.

Advertimos un riesgo: mientras se continúa aplazando el prestar atención al problema, las poblaciones de hipopótamos siguen creciendo y más temprano que tarde serán tantos en la cuenca que será imposible actuar.

En ese momento no valdrán los argumentos que minimizan el daño de los hipopótamos comparándolo con el de la ganadería bovina y bufalina (o hasta el de la explotación petrolera) para justificar que no son el peor problema ambiental en el Magdalena y que podrían, en cambio, declararse como una especie residente merecedora de protección, como algunos participantes en el debate sostienen.

Con una población de hipopótamos mucho mayor a la actual, como proyectan los científicos, las transformaciones productivas de la cuenca implicarán aún peores consecuencias en los sistemas sociales y ecológicos, los cuales tendrán menos capacidad de soportar las perturbaciones de la invasión.

A la vuelta de unos años, los impactos sobre la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y el bienestar humano serán difícilmente reparables, por más que algunos pobladores locales tengan hoy en día percepciones positivas de los hipopótamos.

Mientras siga la parálisis frente a la situación, quienes continuarán asumiendo los costos serán las comunidades más vulnerables y la fauna nativa y amenazada que reclaman un lugar visible en las decisiones de política pública.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha ratificado las acciones requeridas para controlar esta población, por esto el llamado a la acción es urgente: el país no puede darse el lujo de dilatar decisiones o de seguir errando en aquellas que se tomen. Las entidades del Sistema Nacional Ambiental no pueden evitar la responsabilidad ética y política de su inacción.

Si algo nos ha enseñado el último año con la pandemia y la conexión entre ciencia y política pública es que la sociedad debe discernir entre evidencias y “hechos alternativos” para guiar procesos de toma de decisiones. El problema de los hipopótamos no es una excepción.

* Sebastián Restrepo Calle, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana
** Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes

A denunciar las violencias de género en las universidades

A denunciar las violencias de género en las universidades

Camila* estudia antropología en una universidad de Bogotá y ha pedido a los miembros de la institución que la llamen por su nombre de registro, pues en los listados aparece como Andrés, apelativo que usaba antes de identificarse como mujer trans. “Yo no quiero que los profesores me digan ‘Andrés pase a exponer’ o lo que sea. Esto de verdad afecta mi salud mental y desarrollo personal”, dice. Los llamados han sido reiterativos, pero esta universidad no cuenta con un protocolo adecuado para ofrecer atención a su caso, a pesar de que estos son obligatorios en todos los centros de formación del país. Tanto la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Ministerio de Educación exigen que las Instituciones de Educación Superior (IES) sean instituciones libres de violencia y de discriminación.

Linda Teresa Orcasita, psicóloga, magíster en familia y experta en temas de derechos sexuales y derechos reproductivos, asegura que situaciones como esta, en las que la falta de acción para acompañar a las víctimas de violencias basadas en género en las IES se vuelve común, han sido analizadas a nivel nacional y local. La investigadora agrega que algunos de estos estudios evidencian que cuando una universidad no tiene un protocolo o una ruta de atención clara frente a estas violencias, se incrementa la gravedad de la situación y de alguna forma se silencia y se invisibiliza. Durante los últimos años, Orcasita, estudiantes de comunicación y psicología, así como docentes del equipo de trabajo han puesto énfasis a esta situación para comprender a profundidad el manejo que le dan los centros universitarios a estos, especialmente donde ella trabaja: la Universidad Javeriana Cali.

Sofía**, por ejemplo, estudia en una universidad de Barranquilla y como muchos estudiantes tampoco se escapa de haber experimentado violencia de género en su academia. Tuvo una experiencia muy fuerte hace tres años que, en sus palabras, marcó su vida. Para ese momento tomaba una clase de historia en la que con frecuencia su profesor le hacía comentarios irrespetuosos. “Me molestaba durante la clase, me rayaba los brazos con marcador en modo jocoso, me tomaba fotos y en general tenía muchas actitudes que me hacían sentir incómoda. Yo no lo denuncié inmediatamente porque quería evitar problemas. Lo único que a mí me generaba tranquilidad era saber que el otro semestre no lo iba a volver a ver. Mucho más tarde me vine a enterar de la existencia de un protocolo para casos como el mío”.

Con el objetivo de implementar una estrategia de visibilización, apropiación y evaluación del Protocolo de violencias y discriminación en docentes y estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, y sobre todo para que casos como los de Camila y Sofía sean debidamente orientados, la profesora Orcasita, junto a un equipo de docentes y estudiantes, desarrollaron el proyecto Genera Cambio, con el que lograron evidenciar la necesidad de que el protocolo de la universidad tuviera un enfoque de género. Entonces, “nuestra propuesta fue visibilizar el enfoque de género para la detección de diversas expresiones de violencias basadas en género”, señala la investigadora.

Asimismo, a través entrevistas a 13 docentes y 250 encuestas a estudiantes de diversas facultades, encontraron que se requiere mayor sensibilización en el reconocimiento de tipos de violencias y rutas de atención que promuevan la no discriminación. “Tanto docentes como estudiantes pueden tener una idea básica del concepto de género, pero se quedan muchas cosas por fuera. Por ejemplo, si bien comprenden la definición, hay carencia de recursos para la identificación de situaciones en donde hay actos de violencia, pues no todos saben que hay diferentes tipos (violencia directa, estructural, cultural, simbólica, entre otras). Por eso, muchas de las personas que no denuncian, simplemente lo hacen porque no tienen claridad del momento en el que fueron violentados”, comenta  la experta.

 

Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.
Estos son algunos de los conceptos que las investigadoras con su estrategia de divulgación tratan de aclarar.

 

Respecto al conocimiento que tienen los estudiantes acerca del protocolo, la investigación evidencia que, como Sofía, el 49% de los encuestados no lo conoce. Por su parte, el 6% afirmó haber escuchado de este, pero desconocer la ruta de atención. Un 13% aseguró conocer el funcionamiento del protocolo y un 6% dijo que lo había usado o conocía a personas cercanas que lo habían hecho.
Sofía cuenta que cuando finalmente usó el protocolo, básicamente lo que hizo fue contar lo que le había pasado y darlo a conocer por escrito, “pero nunca recibí ningún tipo de acompañamiento psicológico ni nada. Cuando todo pasó, yo no quería decir nada porque no me sentía segura. Luego muchos me echaron en cara que por qué no lo había hecho en el momento. En estos casos todos creen saber qué es lo que hay que hacer, pero vivirlo no es fácil”. Sofia agrega que incluso le preguntaban si estaba segura de querer denunciar al profesor, que si tal vez le había dado motivos con sus actitudes. “Me decían ‘piénsalo bien, por los efectos que pueda tener. Todos me metían mucho miedo”, recuerda.

Y es que esta mala costumbre tiende a repetirse especialmente con las mujeres. Según la investigación, de 43 estudiantes que reportaron haber vivido una situación de violencia de género, 37 se identificaron con el género femenino, 4 con el masculino y 2 personas de género diverso. Ahora bien, antes de alertar a la institución, Sofía le contó a uno de sus amigos de clase, “yo le decía a él que me esperara, que no me dejara sola en ningún momento con el profesor. Él y otro amigo fueron los que me impulsaron a denunciar”, expresa.

Con estas acciones parece que los compañeros y amigos son la primera opción para compartir lo sucedido. De hecho, 60% de los encuestados respondieron que en caso de ser víctimas de violencia de género acudirían a un amigo o amiga y menos del 15% a la decanatura o a la oficina de gestión estudiantil.

Las víctimas viven el temor de la catástrofe que les implicaría el hecho de delatar, no hay seguridad que les vaticine la tranquilidad que necesitan. “Los estudiantes tienden a ser incrédulos al reportar estos casos, piensan que no van a ser apoyados y que los protocolos no van a ser activados. Eso hace que exista miedo a denunciar”, expone la psicóloga Orcasita. Respecto a esto, a los encuestados se les preguntó sobre los aspectos que pueden impedir el reporte de casos de violencia de género. El 69,5% reportó que un aspecto sería ser ignorado por la universidad, 59,3% no sabría a dónde acudir, 57,7% tendría miedo a las represalias y el 41,9% por el desconocimiento de lo que es la violencia de género.

 

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Jugando aprendemos y nos cuidamos

Con este panorama, el equipo interdisciplinar de investigadoras Linda Teresa Orcasita, Andrea Lucia Medina, Elba María Bermúdez, Mónica Lozada, Liliana Tamayo, Tatiana Bejarano y las estudiantes María Camila García, Angelíca Orozco, Mayra Escobar y Paola Orozco crearon una campaña en redes sociales para promover el conocimiento de las violencias basadas en género y además diseñaron un prototipo de aplicación para jugar, interactuar, profundizar en el protocolo y evaluar tanto los conocimientos en violencias de género que tienen los usuarios como las actitudes que toman frente a la misma.

La aplicación se llama Violetometro. Según explica la profesora Orcastia, “lo que queríamos en gran parte con esta iniciativa era hacer saber a la comunidad que sí pueden denunciar y que los protocolos son reales, que sí existe una ruta de atención y que la universidad no avala ningún tipo de violencia que ocurra”. En esta App las personas podrán encontrar historias de vida y conocer las rutas que deben seguir en caso de estar experimentando cualquier situación similar. Además, el juego permite profundizar en los temas de interés y realizar un debate con amigos.

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Reconocimiento

El proyecto liderado por la investigadora Linda Teresa Orcasita es el resultado de la participación, junto a otras 56 propuestas, en una convocatoria del Ministerio de Educación y ONU mujeres. La iniciativa fue elegida dentro de las mejores siete estrategias de intervención alrededor de esta problemática, por lo que fue premiada por el Ministerio de Educación y La Presidencia de la República en una ceremonia que recibió el nombre de La noche de los mejores.

Orcasita asegura que lo más innovador fue pensar en una estrategia tecnológica, comunicativa y no sólo de orden investigativo, e incluir a gran parte de la comunidad educativa (docentes y estudiantes) para recoger sus percepciones. Aun así, es consciente de que quedan muchos retos. Para ella es necesario seguir trabajando e incluir a otros actores de la universidad que no tienen el cargo de docente o estudiante, y hacer del prototipo que diseñaron una realidad. “Aquí seguimos. Finalmente, con la divulgación del proyecto empezaron a llegar reportes de casos relacionados con el tema y eso nos hace seguir creyendo en que vamos por buen camino y que los esfuerzos están dando frutos”.

La invitación es a que las universidades se unan en la investigación para combatir estas situaciones y construir iniciativas colectivas que favorezcan a la academia.

* Nombre ficticio por solicitud de la fuente

La fianza, ¿una medida discriminatoria?

La fianza, ¿una medida discriminatoria?

Mediante los proyectos de ley 275 de 2020 del Senado de la República, 161 y 215 del mismo año de la Cámara de Representantes se propone establecer la fianza dentro del proceso penal colombiano y se dictan otras disposiciones. En principio, alternativas al encarcelamiento como éstas deben ser observadas positivamente como un cambio de paradigma en la actividad legislativa nacional, en procura de reivindicar los derechos de las personas privadas de la libertad y la búsqueda tendiente a satisfacer el estándar constitucional mínimo de una política criminal respetuosa de los derechos humanos, conforme lo señalado por nuestra Corte Constitucional en las sentencias que declaran el estado de cosas inconstitucional en el sistema penitenciario y carcelario.

La fianza pretende beneficiar a personas privadas de la libertad preventivamente, quienes a cambio del pago de una suma de dinero, no tendrán que cumplir su medida de aseguramiento en la cárcel.

Ahora bien, el proyecto de ley 161 de 2020 de la Cámara señala que la fianza solo procede para aquellos delitos que tienen prevista además la pena de multa. Importante precisar que la multa es una sanción pecuniaria que hace parte del derecho a castigar del Estado y que se impone de manera única principal o acompañante de la pena de prisión, como consecuencia del comportamiento reprochable, determinado a través de una sentencia condenatoria.

Sobre el cambio de la multa como pena principal, oportuna la reflexión de Rusche y Kirchheimer, directamente relacionada con la discriminación económica que puede acarrear la propuesta legislativa bajo examen, en donde se señala que quienes poseían dinero suficiente para pagar, podían librarse de las penas, mientras que los condenados indigentes (que constituían la gran mayoría en esos tiempos difíciles), estaban incapacitados para salvarse del tratamiento riguroso del derecho penal. Esta postura se asimila a la tesis sobre la discriminación por situaciones de pobreza respecto a la sustitución de la prisión por multa sostenida por la Suprema Corte de los Estados Unidos en los casos Tate Vs. Short, 401 U.S. 395 (1971) y Williams Vs. Illinois, 399, U.S. 235 (1970).

Para solucionar esta situación, se debe incluir la posibilidad de que la fianza pueda ser constituida a través de una póliza de seguros, disminuyendo así la carga económica de las personas que carecen de solvencia para sufragar el valor establecido en los tipos penales como pena pecuniaria – que según el proyecto de ley 161, servirá como parámetro para tasar la fianza. Igualmente, el monto de la fianza no puede ser inamovible, sino que debe ponderar la gravedad del delito y la capacidad de pago del sindicado – como se establece en los proyectos de ley 275 y 215 -, en donde además se amplía el ámbito de aplicación de la fianza para los delitos querellables, que son aquellos considerados como de menor entidad y cuya disponibilidad depende de la víctima, siendo está última la única que puede ponerlos en conocimiento de las autoridades. Así, por ejemplo, en casos de precariedad económica y menor gravedad delictiva en cuanto al daño ocasionado y la ponderación de los bienes jurídicos vulnerados, la fianza debe ser menor.

En definitiva, más allá de criticar la propuesta, consideramos importante formular sugerencias para mejorarla y permitir su viabilidad, sin convertirse en una medida discriminatoria.

 

* Semillero en Derecho Penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana