Volver a la escuela: una cuestión de derechos

Volver a la escuela: una cuestión de derechos

La incertidumbre del retorno a clases bajo la modalidad de alternancia, propuesta por el Gobierno Nacional, está en veremos, pues las preocupantes cifras de contagios por el actual coronavirus en lo que va corrido del año ha dificultado la implementación efectiva del plan de regreso. Busca combinar estrategias de trabajo educativo presenciales en las instituciones con trabajo en casa, priorizando la protección y el cuidado de los miembros de la comunidad educativa.

Esta dilación en el reingreso ha agudizado problemáticas de acceso, socialización de los niños con compañeros y adultos por fuera del medio familiar, violencia en casa y vulneración de derechos a los niños, de acuerdo con Olga Alicia Carbonell, psicóloga javeriana y experta en desarrollo infantil y familia. Por ello, entidades como el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) insisten en que el cierre nacional de las escuelas debe evitarse en la medida de lo posible. Al respecto, dice la psicóloga, “es una necesidad apremiante volver a la escuela, pero, para esto también se debe preservar el derecho a la salud, por lo que hay que conciliar medidas de bioseguridad que protejan tanto a estudiantes como a docentes.

Expertos y padres coinciden en que hasta que no se garantice la bioseguridad para niños y docentes el drama continuará. Pero, ¿cómo hacemos para que el Estado sea garante tanto del derecho a la calidad educativa como del derecho a la salud? Carbonell dice que esta es una oportunidad para que familia, escuela y ministerios de salud y educación se unan en la formación de líderes de cuidado y promoción del autocuidado y el Estado provea los recursos vitales de bioseguridad. “Si yo aprendo a cuidarme, le enseño a los otros cómo deben cuidarse en la escuela, nos recordamos y estos aprendizajes los transmitimos en otros escenarios como, por ejemplo, la casa”, asegura la psicóloga.

 

“La generación actual es nativa digital y gran parte de sus relaciones las hacen a través de los medios virtuales; pero, de todas maneras, necesitan estar con sus pares”. Olga Alicia Carbonell

 

Organizaciones como UNESCO, UNICEF y la OMS promueven el retorno a las aulas e invitan a los Gobiernos a garantizar la seguridad en las escuelas durante la pandemia, de manera que en el 2021 la educación presencial sea una realidad, siempre que la situación epidemiológica lo permita, se evite el agravamiento de brechas de desigualdad y se garantice el bienestar de la población, poniendo en marcha sistemas de alternancia, grupos reducidos y el uso de espacios abiertos. Por otro lado, es esencial asegurar el acceso al agua y mecanismos de higiene y desinfección, ampliar la conectividad; informar a las familias y comunidad educativa; acompañar y fortalecer las condiciones de trabajo y las habilidades de directivos y docentes para transitar esta emergencia.

 

Importancia de volver a la presencialidad

Martha Fernández* lleva más de 13 años como profesora de un colegio departamental y asegura que, sin conocer mucho de las nuevas herramientas tecnológicas, el año pasado se retó en favor de sus estudiantes, construyó guías, garantizó encuentros frecuentes por plataformas digitales y acompañó a los chicos que no podían conectarse a través de WhatsApp y llamadas telefónicas. “Sé que no es lo mismo que la presencialidad, pero he tratado de hacerles sentir a los niños que estoy ahí y que la escuela está cerca; y no es que los docentes se reúsen a regresar a las aulas; el problema es que no hay garantías de implementos de seguridad que resguarden nuestra vida y la de los niños”, comenta.

A pesar de los esfuerzos por parte de los docentes, son muchos los que, como la profesora Martha, reconocen que el contacto en persona con los estudiantes es vital, no solo porque facilita el aprendizaje y hace del colegio una experiencia mucho más grata, sino porque en medio de la desigualdad democratiza un poco la situación. Carbonell asegura que “vuelven a la escuela y tienen a los profesores y todos los recursos pedagógicos allí, a pesar de que sean limitados; y aunque la calidad no sea la misma para todos, ya que existen inequidades en términos de calidad educativa entre educación rural y urbana, pero, por lo menos el Estado es garante de derechos para quienes no tienen fácil acceso a la virtualidad”.

Según declaraciones de Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, el cierre de las escuelas por la pandemia afectó al 90% de los estudiantes de todo el mundo y privó de acceso a la educación a distancia a más de una tercera parte de los niños en edad escolar. Así que, de no actuar rápidamente, se prevé que este año el número de niños y niñas a nivel global que no van a la escuela aumente en 24 millones.

Si bien el modelo de educación remota (virtual) ha sido el salvavidas para seguir ofertando la enseñanza, la falta de accesibilidad es solo uno de los múltiples factores a los que se ven enfrentados algunos de los niños del país. Están quienes dependen de los menús escolares, otros que no disponen de cuidadores que acompañen su educación, o, quienes son víctimas de violencia en sus hogares.

Ante este último caso, dice Carbonell que la agresión y el trato humillante en pandemia ha aumentado y es más evidente en contextos donde hay patrones generacionales de violencia, es decir, familias que han crecido con la idea de que la solución de conflictos está dada a través del maltrato, tanto físico como verbal. “Colombia, desafortunadamente por su historia padece de una tendencia a actuar de esta manera y transmitir dichos comportamientos de generación a generación”, asiente.

Así, la doctora Olga Alicia insiste en que para darle manejo a situaciones en las que predominan respuestas de este tipo y el desespero empieza a pasar factura, el recurso principal, antes que cualquier grito, golpe o trato humillante, es la disciplina sensible que crea vínculos afectivos entre los niños o adolescentes y los adultos, sean familiares o educadores, la cual implica el diálogo, la negociación y la explicación de las consecuencias a los actos. “Es poner normas y límites a través de la reflexión, con una actitud afectuosa y sin ningún tipo de violencia. Ojo, esto aplica tanto para la casa como para la escuela”.

 

“No enviar a los niños a las instituciones es vulnerar su derecho a la educación y a la socialización y no garantizar los recursos de protección necesarios a su vez vulnera su derecho a la salud”. Olga Alicia Carbonell

 

El drama de la guerra entre padres y maestros

Esta situación también ha visibilizado una guerra de no acabar hasta que no haya un encuentro empático y de cooperación entre padres y docentes, afirma la investigadora Carbonell. Por un lado están los padres con las exigencias a los docentes y comentarios como ‘son mediocres, no hacen bien su trabajo, solo envían guías’, y por el otro, están los docentes, quienes aseguran impartir su esfuerzo y su tiempo con el fin de educar en medio de las dificultades. Ese es el caso de la profesora Fernández: “las jornadas son más extensas, algunas veces iniciamos a las 7 am y terminamos en horas de la noche recibiendo llamadas de los papitos, quienes son exigentes y eso está bien, pero algunos son poco colaboradores con la enseñanza en casa”.

En este sentido, la escuela y los padres juegan un papel muy importante en la educación de los estudiantes; ambos quieren lo mismo: el bienestar para los niños y jóvenes. Entonces, el contexto escolar y el contexto familiar deben trabajar en conjunto, es decir, bajo un sentido de corresponsabilidad y compromiso, finaliza la psicóloga, quien además afirma que “hay que volver si o si a clases”, ya que la escuela, más allá de su función en el aprendizaje, tiene un rol central en el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes, y, “aunque en la internet está toda la información para aprender, la escuela es generadora de identidad, relaciones, sociabilidad, cultura; impulsa la mirada crítica del mundo; con el juego se aprenden normas, reglas y límites; y el pedagogo en el día a día del salón de clase orienta en valores, en contextos del país y sus problemáticas”.

Para ver más: Lineamientos para la prestación del servicio de educación en casa y en presencialidad bajo el esquema de alternancia y la implementación de prácticas de bioseguridad en la comunidad educativa

* Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

2020: la investigación científica javeriana en pandemia

2020: la investigación científica javeriana en pandemia

Como en todas las actividades humanas, la pandemia de 2020 también incidió en la investigación científica y aún es imposible predecir lo que ocurrirá en 2021, porque lo que se consideraba normalidad ya es algo del pasado. Ahora, el reto es hacer un alto en el camino para pensar en cómo cumplir con los objetivos previstos cuando las condiciones han cambiado tanto.

Sin duda, como lo expresaron algunos científicos javerianos consultados, en 2020 la actividad docente no podía parar, y eso significó dedicar esfuerzos a dictar clases de manera virtual, una novedad tanto para profesores como para alumnos. La Pontificia Universidad Javeriana actuó rápidamente para que esto fuera posible desde el punto de vista técnico y académico. Pero adaptarse a esta nueva modalidad no fue fácil y exigió horas de preparación que le quitó tiempo a la investigación científica.

Así lo expresó Juan Samuel Santos, de la Facultad de Filosofía: “la pandemia y las medidas a propósito de ella nos obligaron a todos los profesores de la universidad a hacer cambios significativos en las labores de docencia y, por tanto, a dedicar menos tiempo y energía a los proyectos en proceso de investigación o a la redacción de material para publicar”.

Carlos Eduardo Nieto, de la Facultad de Arquitectura y Diseño, aseguró: “la pandemia y su emergencia hizo que todo el tiempo, los esfuerzos y los recursos se fueran hacia la docencia y por tanto, la investigación se desaceleró tremendamente”.

Así que la actividad investigativa mermó, pero no solo por la adaptación a la virtualidad en la docencia. En algunos casos, principalmente en aquellas facultades donde el día a día en el laboratorio o las salidas de campo son imprescindibles para lograr resultados, la virtualidad no fue una opción. La investigación científica paró.

“Con el inicio de la cuarentena tuvimos que parar todas las actividades experimentales”, respondió Carlos Javier Alméciga, director del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo. “Esto afectó el avance de los proyectos pues en ese momento el 100% de nuestras investigaciones se encontraban en fase experimental”. A esto se suma que fue difícil obtener financiación para los proyectos propios del Instituto porque “todas las convocatorias y recursos a nivel nacional se enfocaron en proyectos de COVID-19”, continuó Alméciga.

De manera similar, algunas de las investigaciones que tienen que ver con creación artística tendrán que esperar al regreso presencial. “La investigación+creación, al igual que todas las actividades relacionadas con las industrias creativas y culturales, sufrió un importante impacto con la pandemia, pues el núcleo de su trabajo está en la experiencia y el contacto con un material expresivo”, respondió Oscar Hernández, asistente para la creación artística de la Vicerrectoría de Investigación de la Javeriana. “Para algunas áreas, especialmente aquellas relacionadas con la escena (música en vivo, teatro, danza), el contacto directo con el público es insustituible. Esto ha hecho que muchos proyectos de investigación+creación tengan que aplazarse o reformular radicalmente sus planteamientos”, indicó.

En el caso de José Luis Meza, de la Facultad de Teología, la pandemia afectó notablemente sus investigaciones que exigían trabajo de campo, por ser en la modalidad de Investigación Acción Participativa (IAP), que requiere la interacción de los participantes en sus propios contextos. “No hemos podido visitar los municipios en los cuales viven las mujeres (Santo Tomás, Palmar y Soledad) por los rebrotes de COVID-19 y por falta de garantías de bioseguridad. Aunque hemos realizado un acompañamiento virtual y hemos realizado un par de encuentros en un auditorio de un hotel en Barranquilla, la dinámica no es la misma y los gastos se han incrementado”, explicó, refiriéndose a la investigación que estaba prevista para realizar en el año 2020, basada en una reflexión teológica en torno a la justicia de género a partir de la experiencia de dos grupos de mujeres víctimas de la violencia en el departamento del Atlántico.

 

El plan B de la pandemia

Como había que adaptarse, algunos investigadores buscaron el lado positivo de la ‘nueva normalidad’. El mismo Alméciga respondió a Pesquisa Javeriana: “tuvimos tiempo para terminar artículos pendientes, construimos nuevas redes de trabajo, identificamos cuáles de nuestras capacidades pueden ser empleadas en proyectos de investigación más allá de las enfermedades metabólicas y ayudó a los investigadores (y estudiantes) a planear mejor sus actividades”.

Andrés Etter, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, mencionó varios aspectos positivos de la pandemia en 2020: Además de dedicarle más tiempo “de calidad” al procesamiento de información y a la escritura y sometimiento de artículos científicos que estaban en fila, las interacciones virtuales con colegas nacionales e internacionales han sido más intensas, ha sido posible tener acceso y participar desde casa en conferencias y webinars, y la dedicación virtual le permitió incrementar su productividad intelectual, “identificar posibilidades de re-análisis de datos propios, buscar y responder preguntas basadas en las inmensas bases de datos en la nube”.

Desde la Javeriana seccional Cali, Linda Teresa Orcasita, de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, respondió: “Realmente fue un momento para innovar en nuestras propuestas investigativas mediante el uso de plataformas digitales, encuentros con redes investigativas para fortalecer alianzas en la construcción de proyectos de investigación, así como reconfigurar procesos metodológicos que inicialmente se pensaron desde la presencialidad”. Se adaptaron a las circunstancias y desarrollaron un proyecto sobre Conocimientos, Actitudes y Prácticas frente al COVID-19 en la población caleña.

Para Marcela Arrivillaga, del Departamento de Salud Pública y Epidemiología de la Javeriana Cali, los nuevos retos en las formas de hacer investigación científica se plasmaron en pasar a la modalidad de trabajo remoto hasta modificar los procedimientos previstos inicialmente para la recolección de datos en campo. “Al inicio de la pandemia tuvimos que recabar información utilizando medios virtuales de comunicación, y luego con las aperturas graduales debimos adecuar protocolos de bioseguridad para llevar a cabo las tareas”, dijo.

 

¿Y en el 2021? ¿Incertidumbre y nuevos retos?

Hernández no cree que la situación de la investigación en el área artística cambie. “Si bien ha habido una apertura progresiva de espacios, las limitaciones existentes para la aglomeración de personas necesariamente implica que algunos tipos de experiencia van a continuar aplazados hasta que haya una vacunación masiva”. El profesor Nieto, de Arquitectura, tampoco ve buenas perspectivas en el futuro inmediato: “No hay garantía de asignación de recursos internos ni externos, así como tampoco de contar con marcos seguros para el desarrollo de trabajo de campo. Sin estas condiciones básicas lamentablemente no hay margen de programar proyectos de investigación”.

Arrivillaga aprovecha la situación: “La pandemia por COVID-19 dejó clara la relevancia de la salud pública; de ahí que como grupo de investigación tenemos la responsabilidad y el reto de aportar en la generación de conocimiento y en la transferencia de tecnologías en salud para su afrontamiento”. Ella proyecta formular proyectos de investigación interdisciplinarios dirigidos a la “prevención a nivel comunitario en los grupos de población más afectados por la enfermedad y en los territorios donde se presenta mayor mortalidad”.

Meza, de Teología, prevé que habrá “una cuota significativa de trabajo teórico, rastreos bibliográficos, escritura de artículos y formulación de nuevos proyectos”, porque, a juzgar por la experiencia de Etter, “las oportunidades de financiación no han parado y se han adaptado a la situación”.

Buscar financiación internacional, consolidar las redes construidas durante la pandemia y continuar vigentes es el reto hacia 2021.

Con innovación se pone freno a la pandemia

Con innovación se pone freno a la pandemia

Gracias a la alianza entre los sectores público y privado, 212 proyectos pudieron hacer parte del programa de innovación abierta Más Detección, Más Vida, para aportar a la reactivación económica y salvar vidas en medio de la pandemia. Participaron emprendedores, gremios e instituciones de educación superior con diferentes propuestas de detección temprana de la enfermedad, mitigación del contagio, monitoreo a la población y fortalecimiento del sistema de salud. En respuesta a este reto, la Pontificia Universidad Javeriana contribuyó con dos proyectos, uno de los cuales fue seleccionado dentro de las 26 mejores propuestas. 

Ante las consecuencias en salud y los rezagos económicos que ha tenido que enfrentar el país por la emergencia sanitaria producto de la COVID-19, entidades como Connect Bogotá e iNNpulsa Colombia, con el apoyo de Sura y Roche, convocaron esta iniciativa. “Entendimos rápidamente que esta situación que afronta el mundo no es tema solo del sector público, sino que involucra a todo el ecosistema”, dice Ignacio Gaitán, presidente de iNNpulsa, que agrega: “Todos debemos aportar desde nuestros conocimientos y capacidades para salir adelante y superar esta dificultad”. 

En tiempo récord, la academia supo responder de forma oportuna, lo que demuestra el potencial que tienen las instituciones universitarias que, con sus ecosistemas de innovación, emprendimiento y trabajo constante en términos de calidad investigativa, logran pronunciarse en la coyuntura y aportar al desarrollo del país, comenta Fanny Almario, directora de Innovación de la Javeriana. 

Alianza de analítica de datos para afrontar la pandemia COVID-19” fue uno de los adelantos javerianos que participó en la convocatoria, dirigido por el Hospital Universitario San Ignacio. Consiste en el diseño de una plataforma para el análisis, visualización de datos de salud pública y registros hospitalarios en la pandemia. 

El otro, CovidCheck, es un kit de diagnóstico del virus a través de la saliva, con múltiples beneficios que no ofrecen las pruebas convencionales con hisopado, es decir, aquellas que hacen uso de este utensilio con punta de algodón para tomar secreciones de la parte superior de la garganta y la nariz con el fin de detectar el virus, y que se han usado hasta ahora. Por esa razón la propuesta destacó notoriamente, ocupando un lugar privilegiado en la convocatoria. 

 

Lo innovador de CovidCheck 

Los desafíos que enfrenta el país en cuanto al diagnóstico, tratamiento, contención y mitigación del SARS-CoV-2 son evidentes. Dabeiba Adriana García, doctora en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el apoyo del Centro de Investigaciones Odontológicas de la misma institución y un equipo multidisciplinar de expertos de ciencias y medicina, desarrollaron CovidCheck, una tecnología que nació de un proceso investigativo y que hoy se convierte en un producto que aporta a la optimización, celeridad y eficacia en la toma y análisis de muestras para la detección de la COVID-19 a través de la saliva. 

“La mayoría de nosotros siempre ha tenido en mente realizar un sistema colombiano, que fuera nuestro, hecho en casa”, dice la investigadora. “Hay una tendencia a pensar que lo de otros países es bueno y lo de nosotros no, y esto es la prueba de que no es así. Hace algunos años esto era casi imposible y, tras diversos proyectos, la COVID-19 nos da la oportunidad de que estemos cada vez más cerca de hacerlo realidad”.

 

Las alianzas entre el Gobierno, las empresas y la academia aportan a superar la pandemia y ofrecen soluciones a la ciudadanía.

 

Actualmente, el mecanismo mediante el cual se hace la prueba diagnóstica (RT-PCR) para detectar casos de coronavirus es el hisopado, que, de acuerdo con la doctora García, es un proceso invasivo, molesto e incómodo para los pacientes, y riesgoso para el personal médico que lo recolecta, porque el virus permanece activo por largo tiempo. Eso lo hace aún más complicado, ya que “estamos pasando por un momento en el que los hisopos empiezan a escasear, son muy costosos, no llegan al país en el número que quisiéramos y por eso hay la necesidad de empezar a fabricarlos a nivel nacional”, puntualiza. 

De aquí que la saliva resulte ser una alternativa para atender esta necesidad de forma práctica es muy positivo, pues, como asegura la investigadora javeriana, quien también es magíster en microbiología, hacer la detección del virus a través de este fluido tiene múltiples beneficios. A diferencia del procedimiento con hisopado, la prueba por CovidCheck puede ser tomada por el paciente en su propia casa, conservando el material genético de forma segura. “La muestra puede transportarse en cualquier servicio de mensajería de manejo de muestras biológicas, sin necesidad de refrigeración y con un alto grado de seguridad”, afirma García. Además, esta prueba no es dolorosa y no solo identifica la presencia del virus en la persona, sino que cuantifica el número de copias del virus en ella, y así es posible reconocer qué tanto puede llegar a contagiar este individuo a otras personas. 

Esta tecnología sigue consolidándose, y el apoyo de la Facultad de Odontología, el Hospital Universitario San Ignacio y la Dirección de Innovación ha sido fundamental para cimentar las bases del proyecto y buscar alianzas con inversores interesados en el producto. Según un estudio de mercado realizado por la Dirección de Innovación, hasta ahora no se ha encontrado nada similar a CovidCheck en Latinoamérica, razón por la que es necesario seguir madurando esta innovación para sortear la coyuntura de forma oportuna. 

 Iniciativas como esta evidencian cómo las capacidades de los grupos de investigación pueden ser aprovechadas de manera significativa para atender las necesidades del país, además de despertar en la universidad un interés por pensar sus pesquisas en futuros modelos de innovación y emprendimiento. “La academia tiene una particularidad y es que los avances presentados están basados en investigación y ya han pasado por toda clase de pruebas, por lo que están casi listos para materializarse”, dice Diana Gaviria, directora ejecutiva de Connect Bogotá.

Como esta alianza, son muchos los proyectos de desarrollo que hoy en día congregan a diferentes sectores en la búsqueda de materializar ideas que aporten al progreso, en razón de los poderosos resultados obtenidos. Al respecto, Gaitán afirma que, sin la unión de todas las organizaciones participantes, los resultados evidenciados en las convocatorias no serían los mismos. Esto ratifica la importancia del trabajo conjunto para la consolidación de lo que Fanny Almario describe como un círculo virtuoso de la innovación, en el que se juntan diferentes sectores de la sociedad para producir nuevas ideas, productos, procesos y servicios capaces de introducirse en el mercado para incrementar la productividad y la competitividad, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. 

 

 

                             

Los niños preguntan sobre contaminación ambiental; la ciencia responde

Los niños preguntan sobre contaminación ambiental; la ciencia responde

Hay datos que preocupan hasta a los más pequeños. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el mundo ha perdido el 70 % de sus zonas húmedas naturales en el último siglo. Además, las personas son las causantes de un calentamiento global de 1°C por encima de los niveles preindustriales. Inquietos por esta situación, cerca de 130 estudiantes de grado cuarto del Colegio Gimnasio Vermont se reunieron virtualmente con Luis David Gómez, profesor de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, para conversar acerca de la acción contaminante del hombre y las alternativas que como niños pueden tomar para darle un respiro al planeta, especialmente en materia de degradación de plásticos.

A continuación, le invitamos a conocer las preguntas de los estudiantes y profesores de la institución educativa sobre este tema y las respuestas del investigador javeriano, quien además es líder de semillero de investigación Degradación en Polímeros Plásticos Contaminantes de la misma universidad.

 

¿Cómo distinguir la contaminación de la niebla?

 

¿Por qué el ruido es contaminación?

 

¿El humo de las fábricas afecta los mares y los océanos?

 

¿Quiénes crearon las islas de basura?

 

¿Los microorganismos se pueden comer el plástico?

 

¿Qué hay dentro de un microorganismo?

 

Los estudiantes de grado cuarto del Colegio Gimnasio Vermont vienen generando estrategias para la degradación de plásticos. Haga clic en el siguiente audio para conocer en qué consiste.

 

Esta jornada se desarrolló en el marco de la clase STEAM de la institución educativa Colegio Gimnasio Vermont, cuya sigla corresponde a la articulación de las disciplinas Science, Technology, Engineering, Art y Mathematics, en inglés; es decir, Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, en español.

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

La sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó, en 2009, una declaración formal que reconocía a las cooperativas como promotoras de desarrollo social. Esta declaración, sin duda, apalancó y afianzó estas organizaciones como un componente importante ―más allá de las empresas capitalistas― en la estructura económica de los países. Sin embargo, lo anterior no ha sido suficiente para que se potencie su visibilidad en el ámbito territorial por parte de los gobiernos. Tampoco ha hecho que los investigadores, en los centros educativos, generen evidencia documentada de la potencialidad de las cooperativas ―que hacen parte del conglomerado empresarial― para construir progreso social en Colombia. 

Eso, por lo menos, es lo que piensa Juan Fernando Álvarez, profesor de planta del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, de la Pontificia Universidad Javeriana: “Tradicionalmente, el estudio de este tipo de organizaciones solidarias no se cubre de manera transversal, cuando de organizaciones se trata. Esto ni en antropología, ni en sociología, ni en administración, ni en derecho… Mucho menos en economía. Se cree que la única forma de organización es la empresarial, la capitalista. Por eso no existen muchos acercamientos empíricos y conceptuales que demuestren la incidencia de las cooperativas en aspectos como la sostenibilidad empresarial, la dinamización de los territorios y las condiciones para el desarrollo local, lo que es problemático, porque no se tienden puentes entre las economías solidarias, la academia, la sociedad y los gobiernos”. 

Por eso, desde hace varias décadas, el profesor Álvarez, junto con el equipo de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, ha desarrollado proyectos investigativos que evidencian, de manera empírica, la potencialidad e importancia de las cooperativas en la sociedad en general, desde la aplicación de metodologías cuantitativas.  

Una de esas investigaciones, que desarrolló con el profesor Miguel Ángel Alarcón Conde, de la Universidad de Castilla La Mancha, en España, relacionó las contribuciones de las cooperativas ―a través de sus siete Principios Cooperativos― en las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

¿Cuánto aportan los resultados de las cooperativas a los ODS? Esa fue la cuestión. 

Y para responderla, los profesores Álvarez y Alarcón se valieron de dos metodologías. La primera es la encuesta Delphi, con base en la cual los investigadores indagaron entre 16 líderes de cooperativas colombianas y estudiosos cuál podría ser la relación entre los Principios Cooperativos y los ODS. A partir de ese resultado estadístico, desarrollaron la segunda metodología: el análisis de redes sociales, un método matemático en el que se entrelazan nodos ―en este caso, los Principios Cooperativos con más incidencia sobre los ODS― para expresar lazos entre ellos. De esta manera, aplicando una escala de las aportaciones de los Principios a los ODS, identificaron las relaciones más intensas y, a partir de estas, demostraron el impacto, en general, que puede tener, por ejemplo, un principio cooperativo específico ―como la igualdad― en un ODS específico ―el fin de la pobreza―. 

Con base en lo anterior, los investigadores encontraron, por ejemplo, que las cooperativas destinan cerca de un cuarto de sus excedentes a acciones que contribuyen a los ODS, sobre todo en “actividades de preservación medioambiental, captura de carbono, trabajo decente y educación”, de acuerdo con el documento académico.

También descubrieron que más de un 80 % de las cooperativas realiza o financia iniciativas sostenibles. Adicionalmente, entre otros hallazgos, evidenciaron que el principio cooperativo que más contribuye a los ODS es la preocupación por la comunidad, y que este tiene un impacto significativo en dos objetivos: ciudades y comunidades sostenibles, y educación de calidad. 

En ese sentido, concluyen ―a partir de indicadores verificables y contrastables― que las prácticas de algunas cooperativas en Colombia, gracias a su “no prioridad del ánimo de lucro personalista”, están en sintonía con los ODS. 

Ahora bien, advierte el profesor Álvarez, estos resultados son tan solo una generalización: “Son una aproximación susceptible de debates y mejoras y, a su vez, abiertas a su réplica en diferentes contextos”. 

De cualquier forma, la investigación y sus resultados son un aporte a la consolidación del cooperativismo ―y, en general, al estudio de las economías solidarias― desde una perspectiva académica. Ese es su valor: “Imagínate un iceberg. En la punta están todos los estudios económicos sobre el impacto de las empresas capitalistas a la economía, pero abajo están las otras formas de hacer economía y también las otras formas de estudiar y medir los beneficios, que van más allá de los valores monetarios. Bueno, eso es lo que hacemos: medir lo de abajo del iceberg”. Y concluye: “Nosotros insistimos en medir lo que importa medir. ¿Y qué es? ¡Pues el resultado! La capacidad de transformar […]. El indicador no es el dinero”. 

Al profesor Álvarez lo acusaban de “soñador” ―aún hoy― por este tipo de comentarios y apuestas. ¿Cómo así que la plata no es el indicador estrella del éxito de una empresa? 

Pensaban que éramos un grupo dogmático. Nos preguntaban qué habíamos tomado para plantear que la medición de las organizaciones está en su capacidad de generar transformaciones”, sonríe. “Y mira, en octubre el papa Francisco publicó su encíclica social Fratelli tutti y en esta él nombra 14 veces a las economías solidarias y a las cooperativas como una forma para cambiar nuestros hábitos de consumo y producción”, vuelve a sonreír.  

El papa Francisco también es parte de este grupo de supuestos dogmáticos. Ahí está la prueba.

LOS SIETE PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:  

  • Asociación voluntaria y abierta 
  • Control democrático de los miembros 
  • Participación económica de los asociados 
  • Autonomía e independencia.
  • Educaciónformación e información 
  • Cooperación entre cooperativas 
  • Preocupación por la comunidad. 

LOS ODS CON MAYOR IMPACTO GRACIAS A LOS PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:   

  • Ciudades y comunidades sostenibles 
  • Educación de calidad. 

 

Para leer más:  Alarcón Conde, M. Á. y Álvarez Rodríguez, J. F. “El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales”. Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 2020, (99), 57-87. 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales.
INVESTIGADORES: Juan Fernando Álvarez Rodríguez y Miguel Ángel Alarcón Conde.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2020.

 

                            

Este domingo circula la edición 54 de Pesquisa Javeriana

Este domingo circula la edición 54 de Pesquisa Javeriana

La edición 54 de Pesquisa Javeriana también ofrece en sus contenidos un encuentro con temáticas que se destacan en la agenda científica nacional: estudio y aprovechamiento de la flora colombiana, economía solidaria, análisis de microorganismos y soluciones para enfrentar la COVID-19. Además, la revista tiene como artículo central el reporte de un estudio que evidencia la detección de residuos de plástico, moléculas de diferentes medicamentos y hormonas en algunas fuentes hídricas de Bogotá y Cali.

Por supuesto, en las páginas de nuestra publicación siempre hay un espacio para resaltar a las personas que contribuyen al desarrollo de la ciencia en el país. En esta ocasión, la sección Huellas está dedicada a la inmunóloga Susana Fiorentino, que gracias a su labor en la producción de fitomedicamentos se están encontrando opciones para combatir el cáncer a partir de plantas.

En esta misma línea, en la sección Jóvenes que investigan, usted podrá conocer a Carolina Casallas, una microbióloga que se dedica a estudiar microorganismos que pueden limpiar suelos contaminados con residuos generados por diferentes industrias o por explosivos.

Estos son otros de los artículos incluidos en las secciones habituales de Pesquisa Javeriana:

  • En el Editorial, el vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, hace una reflexión sobre la reacción científica en escenarios de pandemia, destacando que la ciencia pura es fundamental para proyectar soluciones a largo plazo, lo que no fue posible con la COVID-19 por la escasez de tiempo.
  • En Ciencia Profunda les presentamos a la Capuchina, una planta con potencial poco explorado en el sector alimenticio y podría contribuir a prevenir enfermedades crónicas.
  • En Innovación exaltamos la creación de programas asociativos entre el Gobierno, la empresa y la academia que impulsan proyectos novedosos centrados en soluciones a la crisis en salud ocasionada por la COVID-19.
  • En Ciencia y Sociedad se reporta la labor de investigadores javerianos que desarrollan un dispositivo capaz de detectar explosivos en campo con una precisión de hasta un 80 %.
  • En Investigar al país proponemos un artículo sobre la importancia de las economías solidarias y su valor en términos de cooperación, así como su aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
  • La Javeriana Cali también hace su aporte a esta edición con una investigación sobre el seguimiento que se les hace a los fetos para prevenir enfermedades cardíacas en adultos.
  • Las Novedades Editoriales traen las tres habituales referencias bibliográficas, que puede conocer en este enlace. Son cuatro.
Brechas de género: cada vez más amplias por la pandemia

Brechas de género: cada vez más amplias por la pandemia

Ante las cifras sobre desempleo, horas de trabajo no remunerado y otros indicadores del panorama económico del país, las brechas de género son cada vez más evidentes. Pese a la importancia de las mujeres para el mercado laboral, los avances hasta ahora, aunque destacables en muchos casos, han sido lentos, irregulares, insuficientes y diferenciados.

Esta es la principal conclusión de un estudio divulgado en noviembre por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) a través de la publicación Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia.

Para profundizar en este análisis, Pesquisa Javeriana dialogó con Paula Herrera Idárraga, profesora del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente lidera los informes sobre brechas de género en el Mercado Laboral en Colombia durante la Pandemia, junto al proyecto Género y Economía y el Dane.

 

Pesquisa Javeriana: ¿De dónde surgen las brechas de género?

Paula Herrera Idárraga: Depende de la óptica desde donde uno las analice, pero yo diría que las brechas de género surgen por una cuestión de roles que son una construcción social, es decir, la sociedad es quien decide cuál es el rol del hombre y de la mujer dentro de la misma. En esta lógica, a las mujeres desde hace mucho tiempo se les ha dado el rol de quienes cuidan y quienes hacen labores domésticas dentro del hogar, mientras que al hombre se le ha dado un rol de proveedor -quien lo sustenta.

 

PJ: Se creería que los departamentos con economías más fuertes tienen mayor participación laboral de las mujeres, como es el caso de Cundinamarca, Valle del Cauca o Santander. Pero ¿qué está haciendo La Guajira, por ejemplo, para tener una de las cinco tasas globales de participación femenina más altas en el país?

PHI: Hay que tener en cuenta que la participación laboral tiene un comportamiento de ‘U’ con respecto al desarrollo económico. Puede ser muy alta en el despegue de la economía porque las mujeres están vinculadas como trabajadoras familiares o en procesos productivos como los agrícolas, siendo parte de la mano de obra.

En la medida en que las economías empiezan a desarrollarse, la participación laboral de las mujeres cae porque hay más desarrollo, más ingresos y las actividades ya no se llevan a cabo en estructura familiar, sino en estructuras de mercado, en las cuales las mujeres empiezan a perder ese estatus que antes tenían cuando el desarrollo era incipiente.

Finalmente, cuando el desarrollo es aún mayor, la participación laboral femenina se incrementa porque aumentan los niveles educativos de las mujeres, sus oportunidades y su remuneración.

También podríamos pensar que la participación laboral femenina no solo depende del desarrollo territorial, sino también de otras variables como los aspectos culturales que pueden ser distintos entre regiones igualmente desarrolladas, por ejemplo, Antioquia, que está por debajo del promedio nacional en esta tasa. Allí puede que los factores culturales primen más que los económicos.

 

PJ: ¿Se podría decir que la maternidad se convierte en un obstáculo para el desarrollo laboral de las mujeres?

PHI: Sí. La razón de ello tiene que ver con los roles de género porque las mujeres terminan siendo las responsables y quienes más tiempo dedican a los cuidados de los menores, los hijos y de los mayores.
Incluso, como lo ha analizado la economista Claudia Goldin, una vez nacen los hijos las mujeres se ausentan del mercado laboral, eso genera un espacio en su trayectoria en donde no acumulan experiencia y tienen depreciación de su capital humano. Cuando vuelven a vincularse, la única forma como lo logran es con salarios menores que los de sus pares hombres, que no tuvieron esa ausencia durante la crianza de los hijos.

 

PJ: Además de promover la educación de las mujeres, ¿qué otros aspectos se deberían fortalecer para eliminar las brechas de género?

PHI: Es importante pensar en políticas públicas y mecanismos que les permitan a las familias disminuir esas cargas de cuidado de los menores, es decir, pensar en guarderías y colegios de jornada única más larga, en lo ideal subvencionadas o gratuitas por parte del Estado, que coincidan con los horarios laborales de los padres. Ante esto, también se podrían pensar tipos de trabajos más flexibles para poder conciliar la vida familiar con la laboral.

Por ejemplo, en el caso particular colombiano se está hablando de una licencia de paternidad similar a la de las mujeres para que las empresas perciban igualmente costoso contratar a una mujer que a un hombre.

 

La discriminación positiva consiste en poner cuotas para la contratación de mujeres.

 

PJ: ¿Por qué hoy aún persisten los sesgos en las profesiones que las mujeres eligen?

PHI: Esto es como el problema de cuál fue primero: el huevo o la gallina. Si una mujer percibe que aunque estudia mucho y trata de ir hacia profesiones que son masculinizadas y romper los ‘techos de cristal’, no consigue ocupar los mismos cargos que los hombres y ganar los mismos salarios, en muchos casos la señal que se envía a otras mujeres es que a pesar de los esfuerzos no va a lograr lo mismo que un hombre.

En la medida en que las mujeres no vean referentes femeninos en cargos de poder, esto será una señal que les seguirá demostrando que es difícil llegar allí.

 

PJ: ¿Para romper las brechas, las mujeres se estarían recargando de trabajo tanto remunerado como no remunerado?

PHI: Sí, las mujeres lo están haciendo. Yo creo que se les está pidiendo demasiado. Aquí es cuando hablamos de la súpermujer que puede hacer todo. Lo cierto es que si una de ellas quiere tener familia, trabajo, hijos y ser una gran profesional, en muchos casos tendrá unas jornadas muy largas o la ayuda de otras mujeres, lo que se conoce en la literatura como las ‘cadenas de cuidado’. Esto significa que las súpermujeres muchas veces realmente lo logran a ‘costillas’ de otras que están dejando sus hogares y aquí es donde viene otro concepto del que casi no se habla: los ‘pisos pegajosos’.

 

PJ: ¿Cómo ve las brechas de género después de la pandemia?

PHI: Aumentando. Los datos ya lo indican. Incluso nosotros venimos alertando sobre estas brechas desde que se publicaron los dos primeros informes sobre Brechas de género en el mercado laboral colombiano – impactos COVID-19, desarrollados en conjunto con el Dane. Por ejemplo, en octubre la tasa de desempleo de las mujeres aumentó 7,6 puntos porcentuales con respecto a 2019, mientras que los hombres 2,9.

Durante la pandemia todos estos indicadores los estamos tratando como una crisis, pero resulta que las mujeres en octubre de 2019 ya enfrentaban una tasa de desempleo del 12,5% y nadie estaba hablando de eso, entonces eso es lo que nos muestra que las mujeres siempre hemos estado en aprietos en temas de desempleo.

Lea la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) Octubre 2020.

 

PJ: ¿Cuál es el desafío para hombres y mujeres?

PHI: Cualquier cambio en donde para uno de los grupos suponga sacrificios y cambio de mentalidad, va a existir incomodidad. Creo que se debe tener un cambio de conciencia desde temprana edad, es decir, estamos frente a una sociedad muy machista y cuando hablamos de machismos no solo es por el lado de los hombres, sino también por el lado de las mujeres.

Cuando uno mira el porcentaje tan grueso de hombres y mujeres que están de acuerdo con afirmaciones sobre cuáles son los roles de género del tipo “el deber de un hombre es ganar dinero y el de la mujer es cuidar del hogar y la familia”, vemos una realidad en donde tenemos un gran reto por delante y es deconstruir esas formas como la sociedad ha decidido que los hombres y las mujeres deben comportarse y asumir ciertas responsabilidades al interior del hogar.

Transparencia y lucha contra la corrupción: decisión de país

Transparencia y lucha contra la corrupción: decisión de país

¿Es la corrupción una causa o un efecto? Desde la apreciación de la ruptura de los valores y principios, es lo segundo. ¿Efecto con base en qué causa?

La evidencia ha demostrado que esta consecuencia, denominada corrupción, ha migrado de escenarios locales (vicios en los programas de alimentación escolar, entrega de servicios de salud, tráfico de influencias en todos los ámbitos, caso Interbolsa, ‘Cartel de la Toga’, etc.) a convertirse en operaciones transnacionales como el caso Odebretch; Operación Lava Jato (Brasil); las controversias de empresas como Enron y Parmalat, ‘Fifa Gate’, ‘Paradise papers’, Siemens y sus gastos útiles, entre otros, generando consecuencias de mayor implicación y efectos en la economía y el desarrollo social de los países en donde esta práctica es un flagelo.

Mediante el Índice de Retorno Social de la Inversión se ha estimado que por cada unidad monetaria implicada en casos de corrupción se dejan de invertir tres unidades monetarias en políticas sociales.

Son diferentes los índices que miden la percepción de la corrupción. El más conocido es el de Transparencia Internacional, que sitúa a Colombia en la más reciente métrica del 2019 en el puesto 96 de 180 países, con 36 puntos sobre 100. El comportamiento del país en este índice ha estado alrededor de los 36 y 37 puntos, desde 2012 (2016: puesto 90 con 37 puntos; 2017: puesto 96 con 37 puntos; 2018: puesto 99 y 37 puntos).

Más allá de las posiciones ocupadas por Colombia, el planteamiento de los gobiernos de turno debe estar dirigido hacia qué estrategias implementan las naciones, no para mejorar la posición, sino para aumentar la eficacia de la administración de los recursos públicos y privados dentro el contexto de la transparencia.

La sociedad colombiana está en mora de plantear la reconstrucción de la caracterización de principios y valores que identifiquen a cada ciudadano, apropiarse de ellos y reconocer la reputación del país a nivel mundial.

Es innegable que aquí se ha realizado un copioso ejercicio de lucha contra la corrupción desde lo jurídico en diferentes entornos. En el orden internacional se destacan los diferentes compromisos como la Convención de las Naciones Unidas de la Lucha contra la Corrupción, la Convención Interamericana contra la Corrupción, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con base en la inclusión de Colombia como país miembro de la OCDE, la nación debe cumplir con los requerimientos que esta organización tiene alrededor del tema, de manera específica, la Convención Anticohecho o las directrices en materia de Lucha Contra La Corrupción e Integridad en las Empresas Públicas, entre otros.

A nivel interno, las herramientas legales generadas por los diferentes poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) son numerosas. Una de las más recientes es el Estatuto Anticorrupción (Ley 1474 de 2011), que busca fortalecer los mecanismos de prevención, investigación y sanción de actos de corrupción y la efectividad del control de la gestión pública.

Esta normativa presenta diferentes reformas que implican modificaciones en temas como trámites innecesarios en la administración pública; modernización de la organización y funcionamiento de los municipios; responsabilidad de las personas jurídicas por actos de corrupción transnacional; nuevo código disciplinario (Ley 1952 de 2019); Plan Nacional de Desarrollo (Ley 1955 de 2019); fortalecimiento del control fiscal; adopción de cambios en las medidas sobre contratación estatal en el marco Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica (Decreto Legislativo 537 de 2020).

Lo que se observa con este tejido jurídico es buscar la sanción de la corrupción y la prevención, en la que no se ha llegado a la base de la causa.

Hay que encontrar la sostenibilidad de la administración de los recursos públicos con probidad y su distribución de forma equitativa en políticas públicas sociales, que garanticen la oportunidad de mejores índices de desarrollo humano en sectores como educación, salud, justicia y desarrollo. Incluso, en el ejercicio de la democracia que demanda un país como Colombia, debe haber una política de transparencia que se vea reflejada en los comportamientos de la célula núcleo de la sociedad: la familia. A partir de ella se deben escalar, crear y desarrollar herramientas en los escenarios educativos (primaria, secundaria, universidad).

Esta política pública de transparencia debe buscar la cohesión de sus tres clases (activa, pasiva y participativa) y propender por patrocinar los resultados propositivos de forma individual y grupal mediante el empoderamiento de los ciudadanos con su ejercicio sin indiferencia, buscando el bien común y que consolide resultados y efectos prospectivos en lo social, económico y ambiental.

A partir de lo anterior, hay que tener los ojos bien abiertos: a raíz de la COVID-19, todos los mecanismos de control están activos pues los recursos destinados para cubrir las necesidades de partidas para mitigar los riesgos de la propagación del virus están alrededor de los 117 billones de pesos, según declaraciones emitidas por el Ministro de Hacienda, valor que fue confirmado por el Contralor General de la República en un foro denominado “¿Cuánto le ha costado la pandemia a Colombia? A su vez, la Contraloría evidenció una adición presupuestal por 28,9 billones de pesos.

*Doctora en Ciencias Empresariales, docente de cátedra Pontificia Universidad Javeriana, consultora en sostenibilidad corporativa y administración del riesgo.

¿Cómo comunicarnos sin daño?

¿Cómo comunicarnos sin daño?

El señor Palomar está en la orilla del mar mirando cómo van y vienen las olas. “No se puede observar una ola –dice– sin tener en cuenta los aspectos complejos que concurren a formarla, y los otros igualmente complejos que provoca”.

La reflexión del personaje del escritor Italo Calvino, en su obra Palomar, es precisa. Observar con detenimiento las acciones humanas, personales y sociales, se ha vuelto cada vez más importante. Y en la medida en que las sociedades se tornan más complejas, la necesidad se acentúa y acrecienta. Las razones son muchas: los problemas necesitan conocerse para poder generar soluciones efectivas y creativas; la participación se ha convertido en una dimensión fundamental de la vida social y el aprendizaje permite que no se cometan errores que han sido suficientemente detectados.

La comunicación ha ido ganando protagonismo de una manera generalizada y vertiginosa. Los medios de comunicación pertenecen desde hace tiempo a la rutina de la vida diaria y son uno de los instrumentos para circular información, generar imaginarios y producir representaciones sobre los problemas de una sociedad. Es verdad que su papel se ha ido transformando y que ellos mismos están sumergidos en una crisis de grandes proporciones, que ha fracturado su modelo de negocio, sus relaciones de confianza con la comunidad y, finalmente, su mayor capital: la credibilidad. Aunque siguen siendo importantes, los medios de comunicación ya no tienen el poder, ni el alcance que tenían en el pasado.

Entretanto, el paisaje de la comunicación se ha poblado de nuevos habitantes. Las tecnologías han sofisticado los soportes y las infraestructuras de transmisión de información, las redes sociales se han convertido en uno de los lugares privilegiados para la interacción entre los seres humanos, y los computadores, internet y los teléfonos móviles forman parte activa de la vida comunicativa de todas las personas, particularmente de los jóvenes.

En un estudio reciente sobre la apropiación social de las tecnologías (2020), el Centro Nacional de Consultoría constató que Internet ya es el medio más importante para acceder a la información general en Colombia, con un 50 %, seguido por la televisión (37 %) y muy lejos por la radio (8 %) y la prensa (5 %). En valoración de información confiable aparece en primer lugar la televisión (37 %), seguida de cerca por internet (33 %), la radio (16 %) y la prensa (15 %).

Lo que llama la atención de este análisis de la apropiación social de las tecnologías es la caída de la confianza en los medios de comunicación. Cuando se consultan los datos por edad, se constata que los jóvenes confían más en internet (41 %) que en cualquier otro medio.

 

La comunicación más allá de medios y redes

Sin duda la comunicación es mucho más que medios, internet y redes sociales. Forma parte de la vida diaria, se manifiesta en los diálogos y en las formas de interacción cotidianas, permea las relaciones familiares, las celebraciones o los duelos, los contextos de la educación, el mundo de los afectos y del trabajo. Lo interesante de esta ampliación de la comunicación es que las personas, sin exclusiones, pueden llevar a cabo prácticas comunicativas que no produzcan daño.

Este es uno de los objetivos del proyecto titulado Comunicación para la reconciliación y la salud mental, de las Facultades de Medicina y de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana.

¿Cómo unir medicina y comunicación en la perspectiva de los cambios que está viviendo nuestro país? ¿Cómo poner a dialogar a la salud con los diversos caminos de la comunicación para encontrar buenas prácticas que promuevan la paz, la convivencia y la reconciliación?

La evidencia sugiere que una gran variedad de problemas o síntomas de la esfera mental como por ejemplo, insomnio, angustia constante, miedo sin causa aparente y tristeza intensa, están asociados a formas problemáticas de comunicación. Sus repercusiones van más allá de lo personal y el malestar interfiere con el normal funcionamiento familiar, social, laboral y académico del individuo. En otras palabras: la comunicación puede intervenirse o modificarse para estar atentos a las situaciones de conflicto y las vulneraciones que genera y aportar a su solución.

El Observatorio para comunicarnos sin daño, en marcha desde 2019, entiende la comunicación como una apuesta ética y política que involucra a diferentes sujetos y sectores sociales y va mucho más allá de la emisión de mensajes y la difusión de contenidos sobre la reconciliación y la salud mental. Cuenta con un equipo interdisciplinario y la convocatoria a jóvenes estudiantes para incorporarse a la iniciativa. De esa manera se conjugan el observatorio, que tiene reminiscencias de la astronomía, y el semillero, que nos recuerda los afanes de la agricultura. Mirar al cielo y tener polo a tierra, son buenas metáforas para definir un observatorio.

En la comunicación, el Observatorio explora aquellas prácticas que pueden producir daño y se proponen esas otras que ayudan a superarlo. Por ejemplo, a veces la comunicación prioriza información para confirmar creencias o suposiciones, ignorando alternativas que las controviertan. Esta acción, que puede ocasionar daño, se puede contrastar con el pluralismo, la verificación juiciosa y la crítica de los prejuicios.

Hay muchas más posibilidades: frente al uso de una sola fuente está la opinión diversificada; frente al horror que seduce está el contexto que garantiza memoria e historia; frente a la revictimización está la dignidad de toda persona.

Columna-comunicaciones-Interna

 

La comunicación desde sus relatos

En un comienzo el Observatorio funcionó a partir del análisis de tres clases de relatos: los relatos mediáticos, que son las narraciones, informaciones y noticias producidas por los medios de comunicación; los relatos digitales, que tramitan significados que circulan especialmente por redes sociales como Twitter y que son generados por líderes de opinión; y los relatos vitales, que son mensajes construidos a partir de las historias de ciudadanos, colectivos e instituciones tras su experiencia del conflicto y su trabajo por la reconciliación y su papel como veedores.

El país ha vivido durante décadas un conflicto interno, con repercusiones psicosociales de enorme gravedad, degradación e injusticia que inclusive ha adquirido formas nuevas, se ha concentrado en regiones y ha visto aparecer a nuevos actores que acuden a la violencia por afirmar su poder y hegemonía en los territorios. Por eso, los relatos que inicialmente se han analizado en el Observatorio han tenido que ver con el proceso de paz, el post acuerdo y la reconciliación.

La polarización y la estigmatización de los otros, las confusiones y la generación intencionada de desinformación son algunas de las características que no cesan. Basta ver los acontecimientos recientes.
Si bien la comunicación sin daño tiene sus actores entre los periodistas y editores, los productores sonoros y visuales, los constructores de opinión a través de las redes sociales y los grupos e instituciones que inciden comunicativamente en los procesos de paz, no está circunscrita solamente a ellos. Al acudir a diario a muchas formas de comunicación, todas las personas están llamadas a revisar sus prácticas comunicativas y evitar todo aquello que produzca daño a sí mismo y a otros.

La observación de los relatos mediáticos mostró que una parte importante de sus historias respeta la dignidad de los protagonistas y suscita interés y confianza. Pero falta contexto, las fuentes son poco diversas y los géneros reducidos especialmente a las noticias.

En los relatos digitales la interacción se construye a través de identidades de grupo muy marcadas y excluyentes, que rápidamente se posicionan alrededor de líderes de opinión y que suelen estar apoyadas en la simplificación, en la repetición obsesiva de los puntos de vista y, no pocas veces, en emociones desbordadas.

Además de lo que sucede en los medios y en las redes, el Observatorio se ha preocupado por analizar la comunicación en los liderazgos comunitarios. En ellos se ven matices importantes y en cierta forma diferentes. Muchos de ellos han sido afectados directa o indirectamente por el conflicto armado colombiano, y entre sus discursos es valioso identificar cómo están entendiendo la reconciliación y cómo la aplican en sus procesos cotidianos En sus respuestas, los entrevistados subrayaron su relación con las comunidades, resaltando su proximidad con el proceso de paz, sus propósitos de movilización y su estrecha conexión con problemas concretos que sus comunidades vivieron como el desplazamiento o la violencia sexual. Un alto porcentaje utiliza un lenguaje sencillo y una parte de ellos recurre a apoyos audiovisuales en su tarea comunicativa. Hay una certeza en la comprensión de que las soluciones no pueden ser individuales sino colectivas y todos trabajan pensando en lo comunitario más que en lo personal.

El Observatorio ha asumido una tarea social muy importante. Ya ha empezado a hacer aportes al explorar los relatos que sobre la paz y la reconciliación están haciendo los medios, las nuevas tecnologías y los liderazgos comunitarios. Y al hacerlo está mostrando los caminos para llevar a cabo una comunicación sin daño.

Para leer más:
“Comunicación sin daño: convivencia y salud mental”, Editorial Pontificia Universidad Javieriana, 2020. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815610

* Directores e integrantes del Observatorio para comunicarnos sin daño en su versión 2019. Facultad de Medicina y Facultad de Comunicación y Lenguaje, Pontificia Universidad Javeriana