Experimentos económicos para evidenciar la cotidianidad

Experimentos económicos para evidenciar la cotidianidad

Juan David tiene 22 años, es un universitario de clase alta que recibe cerca de 400.000 pesos semanales para su manutención; sin embargo, él, como muchos otros estudiantes, gasta su dinero en rumbas, conciertos, salidas a cine y cenas en restaurantes de renombre. En placeres efímeros. Aunque esta práctica es común hoy día, en realidad, la apropiación de este modelo de distribución de dinero podría ser una razón por la cual con los años prevalece un común denominador en la población colombiana: el endeudamiento generalizado, que se escenifica, por ejemplo, al comprar regalos de Navidad para satisfacer necesidades inmediatas pese a las deudas adquiridas para lograrlo.

Con la intención de analizar estos casos y entender las causas que motivan a las personas a tomar decisiones en términos económicos, la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana creó en 2018 el Laboratorio de Investigación Conductual, un espacio diseñado para analizar los sesgos que afectan a los jóvenes universitarios a resolver retos financieros cotidianos —economía del comportamiento— e implementar ejercicios de toma de decisiones para evaluar veracidad de las teorías clásicas de la economía en su cotidianidad  —economía experimental—.

Dejarse llevar por primeras impresiones o referencias previas de un producto antes de comprarlo, o ser influenciado por familiares y amigos antes de invertir dinero, son algunos sesgos evaluados mediante preguntas abiertas o cerradas y a través de juegos en el Laboratorio. Por ejemplo, imagine que un estudiante tiene 20.000 pesos para comprar unas fotocopias; sin embargo, en el camino se encuentra con sus amigos, quienes lo invitan a beber algunas cervezas para celebrar el cumpleaños de uno de ellos. En ese caso, ¿qué decisión tomará el joven y por qué? ¿Qué factores contribuyen a que decida gastar su dinero en consumo en vez de invertirlo en fotocopias? ¿Qué tan importante es la influencia de su grupo?

Christian Diego Alcocer, doctor en Economía de Michigan State University, y Alexander Gotthard Real, doctor en economía de Ohio State University, son docentes de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana y líderes del laboratorio. Ellos convocan periódicamente a estudiantes javerianos quienes, frente a un computador, responden casos sobre construcción de expectativas al fijar precios, decisiones de oferta sobre estos mismos costos, valoración de precios futuros y distribución del dinero.

Con estas respuestas, Alcocer y Gotthard actualmente trabajan en una serie de investigaciones relacionadas con la equidad en la distribución de incentivos económicos por parte de la comunidad académica, las respuestas políticamente correctas que darían los estudiantes ante casos en los que el bienestar personal prima sobre el común y un análisis de las decisiones que los participantes tomarían en situaciones de riesgo e incertidumbre. Estos datos también les permiten a los investigadores tener insumos suficientes para comprender las prácticas cotidianas de la población universitaria del país y proponer debates en torno a las nuevas fronteras de las teorías clásicas económicas.

“Nuestra intención con estos experimentos es ver qué supuestos de la teoría clásica están bien y cuáles están mal, no para pelear con las teorías que ya existen sino para ver cómo extenderlas para hacerlas más realistas”, menciona Alcocer.

Por ejemplo, la teoría clásica supondría que las personas son, en general, egoístas y además infinitamente inteligentes, por lo que no cometen errores sistemáticos al momento de tomar decisiones. Sin embargo, experimentos como el ‘Overconfidence and Excess Entry: An Experimental Approach han mostrado que muchas personas tienen un sesgo optimista respecto a sus habilidades; es decir, cuenta con una tendencia a creer que sus destrezas son superiores a las que verdaderamente tienen y eso los puede llevar a tomar decisiones equivocadas, como emprender proyectos con poca probabilidad de éxito. A este caso se le denomina sobreconfianza (overconfidence, en inglés).

En los ejercicios del Laboratorio de Investigación Conductual participan estudiantes javerianos que se inscriben a través de internet y reciben en promedio 30.000 pesos por sesiones de 30 minutos a dos horas. Estos experimentos les otorgan incentivos económicos porque, según Alcocer, su intención es que los jóvenes tomen decisiones económicas reales donde sean ellos quienes escojan lo que quieren, “porque si fuera con puntos o un score de Pacman, los resultados cambiarían”.

Por el momento, los investigadores javerianos continúan en el desarrollo de experimentos para analizar los sesgos que afectan a los jóvenes al momento de tomar decisiones, crear modelos económicos y políticas públicas que se adapten a la realidad, y proponer extensiones a las teorías clásicas de la economía para incidir en nuevos escenarios a nivel nacional e internacional.

“Muchos ejercicios en economía experimental ocurren dentro de laboratorios en universidades porque es una forma relativamente económica de recolectar datos. Aunque los resultados de un solo experimento en un laboratorio no son generalizables, si esta actividad tiene resultados lo suficientemente relevantes, posiblemente se repetirá en otros países y contextos”, puntualiza Gotthard Real.

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Qué es la clase media en Colombia?

¿Quién puede considerarse afortunado en Colombia? ¿Cómo se mide este tipo de realidad: desde factores subjetivos como la alegría, la cohesión familiar o el éxito profesional? ¿O, simplemente, es una cuestión material, del dinero que una persona tiene en el bolsillo al iniciar el día y lo que utiliza para satisfacer sus necesidades?

Parte de esa respuesta debe explicarse con números. Según las mediciones más recientes del Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 26,9% de la población en 2017 vivía por debajo de la línea de pobreza, esto quiere decir que alrededor de 12,2 millones de personas tenían serios problemas para adquirir con sus ingresos los elementos de la canasta familiar, los artículos y servicios más básicos del mercado. Este indicador es muy parecido al más reciente estudio regional realizado por la CEPAL, en el cual la pobreza afecta a 30,2% de la población de América Latina y el Caribe (alrededor de 184 millones de personas).

Recientemente, el DANE ha venido refinando sus métodos de medición para definir con mayor exactitud este tema. De acuerdo a su director, Juan Daniel Oviedo, en Colombia una persona puede considerarse pobre si gana al día menos de $12.000, o si llega a final de mes con ingresos por $360.000; su condición mejora si, al día 30, en su bolsillo, encuentra $900.000, el límite de lo que se considera como “vulnerabilidad económica”.

Pero si encuentra más, podría considerarse como afortunado: hace parte de ese grupo de la población llamado “clase media”, aquellos que, por lo que ganan, pueden permitirse una vida cómoda. ¿Quiénes son? ¿Hay gente en Colombia que pueda ser mucho más afortunada? ¿Qué compran en una jornada como hoy, cuando se celebra el Día Mundial de los Derechos de los Consumidores?

Sobre este tema se refiere Luis Carlos Reyes, doctor en economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, quien analiza, a través de una serie de columnas de opinión en video, el estado de la economía colombiana y cómo puede afectarse ante la posibilidad de una nueva reforma tributaria.

En sus siguientes columnas, Reyes se refirió a:

La ciencia de los unicornios

La ciencia de los unicornios

Allá arriba, en la esquina superior derecha, coronando una adusta biblioteca de madera, reposan dentro de una caja de cartón. De portada corrugada y hojas de tono amarillo, escritos con tintas de color azul, verde, negro, rojo, con indicaciones de ortografía, notas al margen donde el hilo académico se rompe para hacer una rápida conversión de dinero o capturar el espíritu de una revelación. Son los cuadernos que acompañaron al filósofo Carlos Arturo López por cerca de cinco años, cruzaron de su mano el Atlántico, recorrieron antiguos anaqueles en las bibliotecas alemanas y fueron construyendo así, cita a cita, su tesis doctoral de historia en la Universidad Libre de Berlín.

Pasar esas páginas y adentrarse en las curvas de su letra cursiva es ir descubriendo una Colombia lejana, tanto en el tiempo como en el espíritu de la época, que, sin embargo, se mantiene viva en el transcurrir político del país actual. En ellas se abordan las diferencias ideológicas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la Regeneración conservadora, a su manera de puño de hierro, buscaba darle forma a un país que venía de guerra civil en guerra civil, y donde las ideas contrarias eran perseguidas con todo el peso de la ley.

Pero más allá de proyectos de nación frustrados o de legislaciones para (re)fundar un país que los académicos llaman “pre-moderno”, los cuadernos del profesor López perseguían las bases filosóficas que lo conformaron. Ese fue su interés académico: hallar los puntos de encuentro en las ideas de los bandos contrarios y cómo se expresaban a partir de la escritura, durante una época alejada de la historia nacional en la que expresar lo que se pensaba podía resultar en un ejercicio peligroso…

“Para muchos, lo que logró la Regeneración fue unificar la nación, generar un sentido de nación, consolidar unas instituciones después del desorden que había generado el Olimpo Radical, pero esa historia ya la contaron en esa época y no me deja de parecer extraño que aún sigamos diciendo lo mismo”, explica López, quien se desempeña hoy como investigador del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana. Su trabajo consistió en adentrarse en las publicaciones de algunos representantes ideológicos del espectro conservador y liberal —que no una simple oposición—, las cuales se consignaron en ensayos, artículos periodísticos o críticas, pues las revistas especializadas en filosofía aparecerían medio siglo después; en ellos buscó puntos de encuentro a partir de la escritura, pues su objetivo, desde el principio, fue desembarazarse de la tradicional —y pareciera que eterna— disputa ideológica entre bando y bando.

“Lo que me parece muy sospechoso es que terminamos contando historias como las contaron los protagonistas. Uno debe reconstruir los procesos como los vieron ellos, pero hay que hacer un desdoblamiento de ese proceso”, comenta, repasando las páginas de El terreno común de la escritura: Una historia de la producción escrita de filosofía en Colombia, 1892-1910, la edición de su tesis doctoral publicada por la Editorial Javeriana en 2018.

Carlos Arturo López, doctor en Historia, se especializa en historia del pensamiento en español e historial de la filosofía en Colombia.
Carlos Arturo López, doctor en Historia, se especializa en historia del pensamiento en español e historial de la filosofía en Colombia.

Sus 311 páginas son el resultado de un proyecto que nació en los salones de la Javeriana durante su pregrado de Filosofía y que fue consolidándose con su maestría, en la misma universidad, en Historia: compilar la historia de la filosofía colombiana, tarea en la que también hay muchos desencuentros.

“Estudiar filosofía en Colombia es como hacer ciencia de los unicornios. A pesar de que hay mucha cosa escrita, cuando uno se mete de lleno a eso, en general, es homogéneo y pobre, es una historia que se viene contando de un modo muy similar”, explica López. Ese relato resalta los años 40 del siglo XX, con la fundación del Instituto de Filosofía de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional (actual Departamento de Filosofía) y, posteriormente, con la fundación de la revista especializada Ideas y valores, como la cuna del pensamiento filosófico colombiano. En el fondo, se trata de una estrategia discursiva que terminó comprometiéndose con las ideas liberales de la República liberal (1930-1946), época señalada, además, como la entrada de Colombia a la modernidad.

La investigación de López añade elementos para valorar la escritura filosófica local desde otra perspectiva. Por eso se centra en 1892, año en que se acoge la reforma educativa propuesta por el Colegio Mayor de El Rosario, que escalonó los grados de enseñanza, estableció una serie de requisitos mínimos para avanzar de curso en curso, y estableció el estudio de la filosofía como una carrera independiente. Desde aquí se imponen unas reglas claras en la argumentación, al igual que en la producción que se publicaba en espacios abiertos al público, fuera de las aulas, pero lo más importante: se tenía un sentido histórico del trabajo filosófico.

“Ya empieza a proyectarse la nación hacia el futuro. Por eso la historicidad empieza a ganar un papel relevante, por la cuestión de hacia dónde va el Estado. Es una pregunta que está a toda hora, porque la filosofía es fundamental, servía para algo, tenía que servir para algo. Usted pensaba el problema de la filosofía para orientar el Estado, para orientar la sociedad, para orientarse individualmente, sea como un laico que cree que las leyes de la naturaleza nos van a llevar hacia algún lado, o sea como un religioso que quiere alcanzar la salvación”, asegura López.

Su pesquisa concluye en 1910, cuando, por la conmemoración del primer centenario de la Independencia, se dio un boom de publicaciones de libros y artículos sobre la historia del país. Durante los cinco años de su aventura académica en Berlín, López le siguió los pasos a las ideas de Miguel Antonio Caro, Rafael María Carrasquilla, Sergio Arboleda o Marco Fidel Suárez, entre otros.

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La tesis doctoral del profesor López fue publicada por Editorial Javeriana en 2018 y presentado en la Feria del Libro de Bogotá de ese año.

Su propuesta ha calado de diversas formas entre la comunidad académica. Por ejemplo, Damián Pachón Soto, doctor en Filosofía y Letras y docente de la Universidad Industrial de Santander, consignó en una crítica publicada por El Espectador sus diferencias con varios apartes del libro: “Los normalizadores mismos siempre fueron muy conscientes de que filosofía hubo en Colombia desde la época colonial, y no siempre acusaron a esa filosofía como atrasada o mera copia de la europea”.

Por su parte, Renán Silva, sociólogo, doctor en Historia moderna y profesor de la Universidad de los Andes, afirma que “el libro del profesor López Jiménez trae a la discusión un periodo de la actividad filosófica en Colombia menos conocido de lo que se piensa, sin dejar de examinar con ojos críticos pero equilibrados los análisis de quienes antes de él se han ocupado del problema. Con un enfoque que muestra los vínculos entre historia del pensamiento e historia de sus soportes textuales, esta obra se esfuerza por restablecer los contextos sociales e institucionales que ayudan a la comprensión de los textos más notables del periodo, tratando al tiempo de restablecer las conexiones de esos trabajos con el universo cultural hispanoamericano y, más en general, europeo. Todo un impulso para la renovación de un sector del análisis histórico que no siempre ha mostrado la atención que merece”.

Para López, su trabajo no busca reevaluar los conceptos que la academia colombiana ha depositado sobre una época concreta de la historia y el saber nacional, como tampoco resaltar el trabajo de autores que propusieron un modelo nación. La suya es una apuesta para abordar los conceptos y las discusiones sin el apasionamiento binario de las ideas partidistas, incluso académico, que ha determinado, y sigue determinando, las disputas en nuestros días —sin importar el acervo argumental que pueda brindarse ante el contrincante—.

“Yo creo que esto es un trabajo a largo plazo. Esperaría no solo que impulsara más trabajos de historia de la filosofía, sino que, metodológicamente, al menos el modo que se cuestiona el relato hegemónico con el que pensamos la historia de la filosofía pueda usarse para pensar la formación del Estado, para pensar las relaciones en ese Estado, para pensar el lugar de las mujeres en la historia de Colombia. Hay muchas historias que se pueden contar desde ahí…”, concluye.

El día a día de López está enfocado en esa meta. Frente a su computador, rodeado de un silencio férreo, teclea con decisión mientras sigue las indicaciones en el cuaderno de turno. Su nueva aventura consiste en indagar, buscar, escoger, destacar los apartados filosóficos que han calado en la historia de Colombia, y con ellos construir una nueva versión de ese saber en esta esquina de Suramérica. Es su nuevo plan para describir el unicornio que lleva persiguiendo a lo largo de su vida académica.

Nuestra historia se lee al ritmo de la salsa

Nuestra historia se lee al ritmo de la salsa

Transcurría la década de los 60 y a lo lejos, en pleno barrio popular de cualquier lugar de Latinoamérica, la radio. Un sonido llamativo corría por los aires, algo similar al son cubano o a la música tradicional puertorriqueña, pero no lo era; posiblemente un jazz, pero tampoco. ¿Qué sonaba? Era la mezcla de todos y a la vez de ninguno. ¿Quién la interpretaba? Difícil reconocerlo: ¿un puertorriqueño, venezolano, colombiano, cubano, panameño tal vez? Indescifrable, solo se sabía que los cantantes eran latinos, el sabor estaba implícito en cada nota, en cada letra.

En época donde las migraciones eran constantes, los de cultura negra y origen afroantillano viajaban de un lugar a otro llevando consigo ritmos tradicionales (la bomba y la plena de Puerto Rico, el merengue dominicano, la cumbia y el currulao colombianos, el tamborito panameño o el calypso de las Antillas menores), y con ellos nació la salsa, un nuevo género musical estallando en letras que le cantaban a lo popular, al desarraigo y a lo marginal.

Los barrios latinos de Nueva York, entre ellos el Spanish Harlem y el South Bronx, fueron por mucho tiempo el singular laboratorio donde, derivado de ritmos antillanos, guajiros y campesinos, se creó este folklore como una experiencia de entretenimiento dirigida a muchos migrantes latinos que frecuentaban los salones de baile. Al llegar a Nueva York y enfrentar el desarraigo y los problemas ligados a la vida urbana, los inmigrantes latinos reconocieron en estos ritmos su esperanza”, expresa el investigador y sociólogo javeriano Nelson Gómez, quien ha dedicado 10 años de su vida a seguirle la pista a la salsa, su historia y lo que este ritmo, como huella que no se borra, ha dejado en las sociedades que la escuchan y la bailan, convirtiéndose en parte de su identidad cultural.

El sorprendente conjunto de elementos musicales tomados del mambo, la descarga, el bolero, el jazz y el bogalú, ha agrupado este “sonido bestial”, como lo reconoce Gómez, sumado a las vivencias de la calle y de lo cotidiano que en sus letras se relata. Por otra parte, la asociación entre personajes como el empresario estadounidense Jerry Massuci y el líder de la música cubana dominicana, Johny Pacheco, resultó en 1964 en un sello discográfico que reunió a los mejores músicos de salsa del momento, quienes de forma revolucionaria y con el nombre de Fania All Star impulsaron el nuevo ritmo en América Latina.

 

Qué rico, qué rico bogalú bogalú, bogalú, qué rico bogalú (bis)
Oye, ven, vamos a bailar, no hay nada más rico que cumbanchar
No hay nada más rico que vacilar
Tus pies no deben parar, no dejes de gozar…

La exuberancia de esta expresión musical, con su valioso patrimonio de ritmos, entró a los barrios populares de Latinoamérica por diferentes canales (los conciertos, los salones de baile y por el mercado de discos de casi todas las ciudades), pero Gómez menciona que uno de los medios de difusión más importantes fue la radio.

Lo bailan en Venezuela, lo bailan en Panamá.
Este ritmo es africano y donde quiera vá acabar.

A Colombia el género llegó en los setenta y se difundió con rapidez. El investigador comenta que desde su llegada y masiva difusión, la salsa nunca fue vista como extraña o ajena, sino que siempre se asumió como propia. Su ritmo era toda una sorpresa y producía un inevitable aumento en la temperatura emocional, especialmente en los jóvenes.

Salsa Xi 1

“Ellos empezaron a escuchar música en la radio de los años 70 y, cuando se dieron cuenta de que la salsa hacia parte de un gran repertorio, reconocieron en ella una música de muy buena calidad y un nuevo gen que haría parte de la tradición”, dice el investigador.

No había titiritero que manejara pies y manos; al escucharla, el cuerpo solo quería moverse. Esto se tradujo en la creación de agrupaciones salseras orquestales y de baile, distintivamente en Cali, pero, sin duda, la salsa forjó un significado social y cultural que se incorporó a través de lo que Gómez define como “la educación sentimental”. Es decir, fue con las experiencias festivas, los carnavales, festivales, eventos salseros, el comercio de la salsa, la tertulia salsera, el coleccionismo de acetatos principalmente, el baile y los músicos de salsa que se construyó sociedad, familiaridad, relaciones en las calles y se dibujaron territorios de goce en torno a la salsa.

“La salsa cautivó los oídos, colonizó los gustos y dominó los cuerpos”, así lo hacen saber los profesores Nelson Antonio Gómez y Jefferson Jaramillo en su investigación Salsa y cultura popular, que se publicó en el libro De norte a sur: Música popular y ciudades en América Latina (2015). Asimismo, la salsa dio licencia de poner la tristeza en canciones de ritmo alegre que han pasado de generación en generación; de indignarse, de emocionarse, de contar lo popular, de reír y de llorar.

Después del gran auge de este género en los 70 y su fuerte contenido de denuncia social, con el que se identificó la cultura popular, en los 80 y 90 empezaron a circular canciones amorosas y sexuales, dando origen a la salsa romántica. Ya entrado el siglo XXI, como bien cultural, la salsa se mantiene fija en nuestra identidad: ha hecho parte de los procesos de crecimiento, madurez y sociabilidad de nuestro país y lo continúa haciendo.

Para nuestros días, versos como “pronto llegará / el día de mi suerte”, “me importa tu ausencia / te sigo esperando”, “qué bueno es vivir así / comiendo sin trabajar”, “ella era una chica plástica / de esas que veo por ahí” o “la vida te da sorpresas / sorpresas te da la vida (…) quien a hierro mata / a hierro termina”, siguen resonando en la memoria pero también los apropian las nuevas generaciones; han descrito, con singularidad, un abanico popular de realidades y han liberado sensaciones, sentimientos y distintos estados de ánimo.

Tan revolucionaria fue la exposición salsera que pasó de cautivar los espacios populares a fascinar a la clase media y llegar a las élites de las ciudades, quienes la incorporaron a sus actividades sociales, reuniones y festividades de acuerdo con su propia idiosincrasia. Este ritmo ya no sonaba solo en las esquinas del barrio y dejó de ser exclusivo de los jóvenes: sonaba en las cocacolas bailables, las viejotecas, aquellas que nacieron a finales de los 90; también en la casa, en las reuniones sociales privadas; unió a los inmigrantes, a la gente de calle y a los de conservatorio, y si algo queda claro es que “la salsa se ha caracterizado y se caracteriza por desenvolverse en los circuitos comerciales de la fiesta”, como asegura Gómez.

“Más que como un género musical, la salsa se debe abordar como una experiencia sociocultural similar a la literatura: una manifestación artística que establece una narrativa sobre la identidad cultural de cada territorio, que comprende la transformación de las ciudades y sus poblaciones”, resalta.

 

La salsa ha sabido adaptarse a las diversas formas de comercialización para permanecer vigente, y espacios como los festivales públicos (Salsa al Parque en Bogotá, el Mundial de Salsa o la feria en Cali) o las fiestas y carnavales populares de distintas ciudades han contribuido a que el género se mantenga, se convierta en patrimonio y convierta a países como Colombia en referentes del género; de hecho, según el investigador, suele afirmarse que este país es uno de los pocos donde la salsa mantiene su prestigio por los festivales que tienen lugar en las principales ciudades y la adopción del ritmo como propio.

Salsa Xi 2

Sin embargo, así como la salsa ha sabido trascender fronteras, no ha sido ajena a fenómenos sociológicos como el florecimiento de nuevos ritmos que han hecho de su época dorada un recuerdo. “Hoy la salsa no es la de las grandes mayorías, ahora es el reggaetón como en su momento lo fue el rock, pero es parte de la vida comercial y se mantiene presente”, dice Gómez; tampoco ha sido ajena a la muerte de la ‘vida de barrio tradicional’ como escuela: las fiestas de barrio o de esquina como espacios de aprendizaje de los pasos de baile han dado lugar a las academias de danza, y, por su parte, las emisoras comerciales dedicadas a la salsa han desaparecido. Los programas especializados han sido relegados a las emisoras universitarias, culturales y públicas.

A pesar de los cambios que ha atravesado la narrativa del género, hay que decir que, aunque pasen los años, cambien las letras y la modernidad camine acelerada, la salsa está puesta como un libro para leernos a nosotros mismos, para leer las transformaciones de nuestras ciudades y nuestros pueblos, sacando a la luz las emociones de las épocas. Bailar las canciones puede ser una buena forma de leerla y escuchar salsa como escuchar un audiolibro de nuestra historia.

Serendipia en la Biblioteca General de la Javeriana

Serendipia en la Biblioteca General de la Javeriana

En 2016, el investigador Alberto Gómez, en ese entonces director del Instituto de Genética Humana, visitaba frecuentemente la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J. de la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., de la Javeriana. Pasaba horas consultando el Semanario del Nuevo Reino de Granada, la primera revista científica colombiana publicada a principios del siglo XIX, pues allí encontraba pistas para su investigación sobre cómo Alexander von Humboldt y Francisco José de Caldas abordaron la relación de las plantas en su medio ambiente, ciencia que hoy se denomina biogeografía.

Tenía a su disposición dos ediciones del Semanario que se encuentran en la sala: la publicada en Bogotá entre 1808 y 1809, que editó, transcribió y compiló el propio Caldas, y la edición actualizada y comentada que publicó Joaquín Acosta en 1849, cuando era discípulo de Humboldt en París, y que tituló Semanario de la Nueva Granada. En particular, el genetista estaba interesado en esta última porque incluye la transcripción de manuscritos inéditos, cuenta con una mejor impresión y un plegable del mapa de la Geografía de las plantas, que disfrutaba revisar con el tapabocas y los guantes recomendados para consultar los ejemplares de esta sala.

Karen Castañeda, en ese entonces auxiliar de la Sala de Libros Valiosos, había identificado la predilección de Gómez por el Semanario y, a la vez, había comenzado a indagar por los libros del espacio donde trabajaba: “Me dediqué a investigar sobre la sala y sobre lo que había en ella porque me parecía una responsabilidad muy grande y porque los libros me causaban mucha curiosidad”.

Castañeda quería hacer un inventario y un avalúo general de las obras de la sala, en donde se guardan más de 3.500 libros valiosos en un ambiente controlado de aire, humedad (46% a 66%) y temperatura (18° a 21° C) para que sean consultados por toda la comunidad javeriana con carné. Por eso encontró un buscador en el que se indicaba su precio, así como otras herramientas que le permitieron encontrar información sobre los materiales y editoriales de las publicaciones. Poco a poco le fue mostrando al genetista los hallazgos que encontraba en las distintas herramientas de búsqueda.


Serendipia

Como Gómez consultaba tanto el Semanario y viajaba ese año a París a dictar una conferencia sobre la relación de Humboldt y Caldas, le pidió a Castañeda investigar en los buscadores especializados en qué librería o anticuario podría conseguir el libro editado por Acosta en 1849 en esa ciudad, pues quería tenerlo en su biblioteca personal para analizarlo en profundidad.

La bibliotecóloga realizó la búsqueda con el término “Francisco José de Caldas” y, aunque no halló el Semanario, sí encontró un listado de libros adicionales que decidió enviarle vía correo electrónico. A primera hora del día siguiente, Gómez estaba esperando en la puerta de la Sala de Libros Valiosos a Castañeda.
— ¿Usted qué hizo? ¡Mire lo que encontró! —, recuerda Karen que le dijo Gómez.

“Yo no entendía qué era lo que yo había encontrado. Tuvo que traducirme y explicarme porque el título del manuscrito era muy extenso y estaba en francés”, recuerda.

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La Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J., en la Biblioteca General Alfonso Borrero Cabal, S.J., de la Javeriana, guarda más de 3.500 volúmenes.

La búsqueda que realizó Karen había arrojado, nada más y nada menos, que el manuscrito Cuaderno de viajes de Francisco José de Caldas, un documento inédito que recoge las anotaciones del científico criollo sobre la nivelación de las plantas en su viaje a Ecuador. En los 118 folios manuscritos y 76 folios en blanco se demuestra su pensamiento sobre biogeografía a partir de 1802, antes de conocer las reflexiones manuscritas de Humboldt al respecto.

En febrero de 1803 el prusiano enviaría desde Guayaquil a José Celestino Mutis, en Bogotá, su primer manuscrito en francés titulado Géographie des plantes, a través de Caldas —radicado en esos días en Quito—. Pero Caldas tenía ya desarrollado el tema en su mente y en sus cuadernos de viaje, hecho que podrá ser demostrado por Gómez en la publicación que prepara actualmente en el curso de un sabático que le otorgó la Javeriana para tal propósito.

“Hay un término que se llama serendipia: hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. Esto es un clásico ejemplo que surgió gracias a la generosidad de Karen, a la paciencia de mi parte, y a la coincidencia de que iba para París”, explica Gómez.

El genetista dice que la labor de Castañeda fue central en brindar un dato de un elemento desconocido: “Me di cuenta de que Karen tenía un interés por la historia. Fue un encuentro de curiosidades compatibles. Eso hay que resaltarlo de la Biblioteca General, porque parece que fuera un repositorio de libros pero hay que entenderla como un ambiente de personas que tienen unas experticias y una disposición de servicio increíble. Entonces, cuando se logra ese contacto humano resulta un beneficio doble, no solo para quien llega sino también para el que está allí en su puesto, atento. Además, surgen cosas inesperadas”.


La compra

“El manuscrito era costosísimo y yo no lo podía comprar. Llamé al Vicerrector Académico, Luis David Prieto, y al asesor del Secretario General, Carlos Cuartas, y ambos fueron muy sensibles a que ese documento no debería estar en una librería de París sino que era tan importante que la universidad debía hacer el esfuerzo de comprarlo después de hacer una validación con expertos sobre su autenticidad, recuerda Gómez.

La oficina de Compras Bibliográficas de la Biblioteca General se encargó de hacer la adquisición. “Tuve que conseguir un traductor para enviar los mensajes porque todo había que hacerlo en francés”, recuerda Gloria Tinjacá, jefe de la sección. Posteriormente, la Oficina de Suministros se encargó de importar el manuscrito al país con todos sus requisitos legales.

“Ahí se ve la conjugación de una institución como debería ser: desde la curiosidad de sus profesores, pasando por el servicio de sus administrativos, de la Biblioteca General en todas sus dimensiones, hasta el respaldo de sus altas autoridades”, explica Gómez.

El manuscrito está siendo estudiado actualmente por Gómez y otros docentes de universidades colombianas y extranjeras para publicar un libro de tres o cuatro tomos que dará un contexto suficientemente amplio de la obra. Luego de que finalice la investigación, el manuscrito original se podrá consultar en la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J.

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El libro ‘Cuaderno de viajes’ escrito por Caldas y adquirido por la Javeriana en 2016, es la pieza central de la exposición sobre el sabio criollo en el Museo Nacional.

Además, hasta el 24 de febrero de 2018 se exhibe en el Museo Nacional como parte de la exposición “Ojos en el cielo, pies en la tierra. Mapas, libros e instrumentos en la vida del Sabio Caldas”, que es producto de una investigación que viene realizando la Universidad Nacional en asocio con la Casa Museo Caldas de Bogotá, y cuyo hilo conductor es Caldas como ingeniero civil.

De acuerdo con José Antonio Amaya, docente de la Universidad Nacional y curador de esta muestra, el libro en la exposición “viene a iluminar, a documentar el pensamiento que Caldas tenía sobre el espacio y que incluía la relación escrita de los viajes que él hacía por distintos lugares. Y al mismo tiempo, algunas piezas de la exposición también ayudan a comprender mejor el manuscrito”.

 


Otros ejemplares exhibidos en la Sala de Libros Valiosos Arboleda, S.J.

Libro Caldas 4

  • Canones universales divi, de Johannis Mesue. Incunable del año 1497
  • De humani corporis fabrica libri septem (De la estructura del cuerpo humano en siete libros), por Andrés Vesalio. Reproducción del libro publicado en 1543 por este ilustre médico. Publicación facsimilar.
  • Diccionario de la lengua castellana, Primer diccionario publicado de la Lengua castellana. Se encuentran palabras del castellano antiguo.
  • Libro de noviciado, de Francisco Trias. Manuscrito encuadernado en pergamino.
  • Historia de la provincia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reyno de Granada en la America, descripción, y relación exacta de sus gloriosas missiones en el Reyno, Llanos, Meta, y Rio Orinoco almas y terreno, que han conquistado sus missioneros para Dios, aumento de la christiandad y extensión de los dominios de su Mag. Católica, de José Cassani, S.J.
  • Nuevo aspecto de theología medico moral, y ambos drechos; obra critica provechosa a parochos, confessores, y professores de ambos drechos, y util a médicos, philosophos, y eruditos, de Antonio Josáe Rodráiguez. Este libro fue mutilado a propósito por la Inquisición. Tiene un edicto escrito en el que se excomulgó al autor de esta obra.
Una paz congelada y un distanciamiento regional

Una paz congelada y un distanciamiento regional

“La paz es un objetivo de todos los colombianos”. Con esas palabras, Iván Duque se estrenó en la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, como presidente de los colombianos. El 26 de septiembre de 2018, en su primer discurso en el organismo multilateral, invitó también a la comunidad internacional a respaldar financieramente la solidez del proceso de paz con las FARC y, sobre el tema de Venezuela, recordó que Colombia está “viviendo la crisis migratoria y humanitaria más indignante de la historia reciente por cuenta de la dictadura”. Una crisis que continuará, pues, de acuerdo con ACNUR, se estima que para diciembre de 2019 lleguen al país cerca de 2’300.000 migrantes.

Hoy, a casi cuatro meses desde su intervención en la ONU, los hechos han marcado distancia de esas palabras: con la adhesión al Grupo de Lima, que desconoce la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro, y tras el reciente atentado terrorista perpetrado por el ELN en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, en Bogotá, que dejó 21 víctimas mortales, el gobierno Duque suspendió los diálogos de paz con ese grupo armado y reactivó las circulares rojas de Interpol contra sus cabecillas.

En medio de este panorama, Pesquisa Javeriana habló con Martha Lucía Márquez, doctora en Ciencias Sociales y directora del Instituto Pensar de la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la política exterior del presidente Iván Duque en estos cinco meses de gobierno. Dos temas sobresalen en esta conversación: la lentitud en la aplicación de lo acordado en La Habana con las FARC y el aislamiento internacional de Venezuela, el cual, en su opinión, no garantizará la transición democrática del vecino país.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo analiza los casi 150 días en materia de política exterior en el gobierno Duque?

Martha Lucía Márquez: La política exterior está fuertemente vinculada a la política interna, como también lo estuvo en el gobierno Santos donde, junto con la diplomacia, fueron catalizadores del proceso de paz. En esa medida, ya que en el gobierno de Iván Duque se ve una intención de ralentizar los acuerdos de paz, por ejemplo, con el nombramiento de personas que no estaban en sintonía con el proceso, no es extraño que el Gobierno asuma una posición de política exterior acorde con esa situación. Esto puede verse en la actitud del gobierno colombiano frente a Venezuela, pues en la medida en que ya no lo requiere como garante del proceso de paz, se han roto los canales de comunicación; de hecho, el gobierno de Venezuela se ha quejado de que la Cancillería colombiana no contesta las notas ni las invitaciones al diálogo.

Cuando se habla de política exterior se dice que uno de los determinantes es lo doméstico. En esa medida, si antes había un gobierno que quería apostarle al proceso de paz y sacarlo adelante, pues diseñó una política exterior para facilitarlo y eso fue lo que le permitió conseguir un equipo de garantes y gente que apoyara el diálogo; sin embargo, en un escenario nuevo en el que se apuesta a frenar algunos puntos del acuerdo de paz, particularmente lo que tiene que ver con el primer punto —el más importante—, la Reforma Rural Integral, entonces la política exterior es consistente con eso, es decir, no necesitamos ya a los vecinos.

Mi afirmación sobre la intención del gobierno de ralentizar o frenar algunos puntos de la implementación deriva del trabajo de campo que hemos hecho en el Instituto Pensar en Norte de Santander y Arauca. Allí encontramos que, aunque en las zonas priorizadas se hicieron los talleres con la comunidad para definir sus necesidades y se elaboraron los Planes de Acción Para la Transformación Regional, no se ha destinado recursos para ello y, en algunos casos, no se han nombrado a las autoridades encargadas de seguir con el proceso.


PJ: Pero el Presidente tiene un compromiso con la comunidad internacional para cumplir estos acuerdos …

MLM: Sí. El presidente Duque en todos los escenarios, y particularmente cuando se dirigió a la ONU, manifestó su interés y su compromiso con la paz. En términos discursivos se mantiene este compromiso, pero en cuanto a ejecución real no lo hay y esto fundamentalmente tiene que ver con quienes ha nombrado en algunos cargos. Frente a la comunidad internacional está el discurso del apoyo, pero lo digo claramente: hacer trizas el acuerdo de paz es no implementándolo porque no se destinan recursos ni se nombra gente comprometida con el proceso.


PJ: Otro de  los puntos de la política exterior de este gobierno es el tema de Venezuela. El Grupo de Lima, Estados Unidos y la Unión Europea han desconocido el nuevo mandato de Nicolás Maduro. ¿Este cerco diplomático lo va a hacer convocar a unas elecciones?

MLM: Lo que todos esperamos que ocurra en Venezuela es una transición a la democracia, es decir, el paso de un gobierno autoritario —algunos lo llaman ‘dictadura’— a un gobierno democrático. Transiciones de este tipo se produjeron en América Latina entre los años 80 y 90, así como en el siglo XXI en Túnez, Egipto y otros, lo que se conoció como la Primavera Árabe. Esos casos históricos muestran que, y particularmente en nuestra región, el aislamiento internacional favoreció a que se diera la transición.

Hoy en día quienes trabajan ese tema encuentran que por unos cambios que se han producido en el sistema internacional, por ejemplo, hacia la multipolaridad, y el hecho de que haya potencias como China y Rusia con gobiernos autoritarios, ocasionan que el cerco internacional a un país autoritario no sea completo. A esto se suma incluso que países que antes eran los defensores de los derechos humanos, como Estados Unidos, parecen no comulgar ahora con los valores liberales, como se puede ver en la administración Trump.

Aunque a nivel regional Venezuela está aislada, y también lo está el mundo occidental liberal, ese aislamiento no es total y no va a conducir a la transición a la democracia porque hay dos cuestiones que explican la permanencia de ese gobierno. Por un lado, la cooptación de los actores políticos y sociales, específicamente de los militares, porque a ellos se les dieron grandes negocios como los de la repartición de comida y se les ha hecho considerables aumentos salariales, y los sectores populares a través de la repartición de comida. Por eso uno ve en las recientes declaraciones de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, invitando a los militares a que abandonen el soporte que le dan a Maduro. Para ello les están prometiendo amnistías.

El otro soporte del régimen es la represión, que en principio parecía de baja intensidad, pero cada vez se vuelve más violenta, como la de los años 80. Y es que a la gente la detienen, la meten a la cárcel, la torturan y sus procesos judiciales son amañados.

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Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana, es doctora en Historia y en Ciencias Sociales. / Cortesía, archivo particular


PJ: Sin embargo, aún los aliados internacionales se mantienen: Rusia, China, India, Irán, Bolivia, Cuba, entre otros. ¿Realmente Maduro se está quedando solo?

MLM: Venezuela tiene el apoyo de China y Rusia, dos gobiernos autoritarios, y ese apoyo es importante porque disuade a EE.UU. de una intervención abierta, un golpe. Este contexto es distinto a aquel en el que se produjeron las transiciones a la democracia en los años 80 y 90, cuando, después de la caída del muro de Berlín y de la división de la Unión Soviética, el mundo era unipolar, es decir, que Estados Unidos se convirtió en el hegemón y sostenía un discurso de libre mercado y de libertades políticas. Sin embargo, hoy en día lo que uno ve es que el mundo es multipolar y que hay otras potencias como Rusia, China, Turquía e Irán que hacen presencia en América Latina a través de créditos y de compra de empresas. Estos países mantendrán las relaciones con Venezuela, por eso es importante que la situación se entienda dentro del contexto internacional.


PJ: De acuerdo con ACNUR, Colombia alberga el mayor número de refugiados y migrantes provenientes de Venezuela: más de un millón que, para finales del 2019, se estima que lleguen a 2,3 millones de personas. ¿Qué debería hacer este gobierno para seguir afrontando esta crisis?

MLM: Es importante tener en mente tres momentos de la migración: el primero se produjo en 2001, tras un golpe de dos días a raíz del cual Chávez tomó posiciones mucho más radicales con los medios de comunicación y frente al control de la empresa petrolera PDVSA expulsando a muchos directivos; a esto se sumó una especie de ley de reforma agraria, conocida como Ley de Tierras, que condujo a una salida de gente vinculada al sector petrolero. Esa fue la primera ola de gente con mucho dinero que llegó a Colombia y creó empresas como Farmatodo o Pacific Rubiales.

La segunda ola comenzó en 2015 cuando el gobierno de Maduro se inventó una supuesta amenaza en Colombia, de grupos paramilitares que hacían presencia en la frontera. Con este pretexto llevó a cabo una expulsión masiva de cerca de 1.500 colombo-venezolanos; hoy Migración Colombia calcula en 300.000 personas los colombianos o hijos de colombianos retornados, con derecho a la nacionalidad y que vienen en muy malas condiciones. De hecho, el CONPES 3950 dice que un alto porcentaje de esas personas necesitan Sisbén. La tercera ola se produce cuando se profundiza la crisis económica y humanitaria en Venezuela —muy seguida de la anterior—, y para estos dos casos el gobierno colombiano respondió con la Unidad de Gestión del Riesgo, es decir, como si esto fuera una emergencia o un desastre natural. Lo que se hizo inicialmente fue instalar campamentos para la gente, campañas de cedulación y luego se expidió la Tarjeta de Movilidad fronteriza.

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Alrededor de 300.000 colombianos y sus hijos retornaron en 2015 desde Venezuela, en una segunda ola de migración. / Archivo ‘El Espectador’

Mi hipótesis es que el anterior gobierno, al estar enfocado en la cuestión de la paz y porque trató de cambiar el perfil internacional de Colombia quitándonos la imagen de ‘país problema’, no visibilizó la magnitud de la crisis migratoria. También puede pensarse que hizo esto para no entrar en conflicto con el gobierno de Venezuela, pues todavía pensaba que necesitaría a ese país para construir de la paz.

En noviembre de 2018 se expidió el Conpes 3950, orientado a atender la situación de la población venezolana a mediano plazo. Es un plan 2019 – 2021 para el cual el gobierno sabe que tiene que destinar 12 billones de pesos. Lo que pretende es tomar medidas más sostenibles orientadas, por ejemplo, a formalizar a los trabajadores venezolanos con medidas como la convalidación de títulos para que puedan conseguir trabajo y aporten al servicio de salud y pensión. También se incluye la cobertura en salud y en educación. En conclusión, el gobierno parece tener claro lo que debe hacer con esa población.


PJ: ¿ Qué debe hacerse desde la ciudadanía?

MLM: Lo que debemos hacer, y que hemos venido también haciendo desde la Javeriana, es promover una mirada desde un enfoque de derechos humanos y desde la hospitalidad, que conjure cualquier brote xenófobo. Por ejemplo, la Vicerrectoría del Medio, el Centro Ático, el Instituto Pensar y la Facultad de Ingeniería organizamos en octubre pasado una hackaton para resolver problemas de los migrantes en el Terminal de Transporte; también el Hospital Universitario San Ignacio hizo campañas de salud con venezolanos. Seguramente, si otras universidades que cuentan con hospitales universitarios lo puedan hacer, desde la Javeriana podríamos organizar una semana de hermandad colombo-venezolana porque es mucho lo que compartimos. Eso nos acerca al otro. A estas iniciativas particulares debiera sumarse una campaña por parte del gobierno.


PJ: En su análisis del Cinep sobre la política exterior en los 100 primeros días del gobierno Duque, usted asegura que Colombia retorna su mirada hacia el norte. ¿Qué implicaciones tiene ese retorno?

MLM: Esa mirada es consistente con el alejamiento de la región, particularmente de los gobiernos de izquierda: Bolivia, Nicaragua y Venezuela, por supuesto. También es clave porque le quita autonomía a la política exterior y doméstica y se vincula con un aliado que no es fiable en este momento. ¿Qué va hacer el presidente Trump? No se sabe, además Colombia se vincula a EE.UU. justamente cuando este país se ha alejado de América Latina, contrariamente a lo que hizo la administración Obama. Mirar al norte es alejarse de la región, asociarse a un socio que no es tan fiable y que, más bien, se está mirando a sí mismo.


PJ: Por último, ¿qué  puede pasar con las negociaciones con el ELN en Cuba?

MLM: Un hecho es que se suspenden, aunque no creo que hubiera una intención de negociar. Las decisiones que ha tomado el gobierno vuelven aún más costoso reanudar el diálogo, y es que efectivamente  la implementación de los acuerdos se ha parado, de manera que quién va a negociar con un gobierno que al final no cumple lo que había prometido el anterior. Ahora se viene una situación bastante complicada.

 


* Esta entrevista fue editada por brevedad y claridad.

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Las maestras, pioneras del cambio en la educación inicial

Durante varios años, la educación pública en general estuvo en una especie de letargo. Las escuelas estaban estructuradas de forma vertical y jerárquica: arriba estaban las directivas y los profesores, y abajo los estudiantes. La evaluación era la herramienta esencial para medir el conocimiento y, claro, el conocimiento se estimulaba por medio de la memorización, las planas, la repetición y las tareas. Esa era la ‘cultura’: el profesor decía, los estudiantes hacían; el profesor mandaba, los estudiantes cumplían; el profesor evaluaba, los estudiantes pasaban el año o perdían. Simple. Pero la sociedad evoluciona, las políticas cambian y los actores educativos buscan hoy escenarios para hablar de una educación dirigida a niños de cero a seis años que promueva el desarrollo integral, cuya responsabilidad es del Estado, de la familia y de la sociedad.

Hitos como la Política de Estado para el Desarrollo Integral de la Primera Infancia de Cero a Siempre (2016), la Ley General de Educación (1994) y la propia Constitución Política de Colombia (1991), así como compromisos internacionales del país como, por ejemplo, la Convención sobre los Derechos del Niño (1991), han promovido formas de pensar y actuar que construyen programas y proyectos novedosos y pertinentes. En las escuelas oficiales se empiezan a ver niños de dos y tres años jugando, dibujando y cantando en los salones, y a sus profesoras leyendo en voz alta y jugando con ellos.

“Y así comienza esta historia” –sonríe Marina Camargo, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana–, la historia de la investigación titulada “Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia”. Ella y Alba Lucy Guerrero, profesora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, lideraron un grupo de investigadores para realizar un trabajo etnográfico durante seis meses en 2015. Visitando escuelas de Bogotá todas las semanas, organizaron grupos focales con las maestras y entrevistas con padres de familia, pero, ante todo, observaron. A partir de la información recolectada sobre saberes y prácticas que tenían lugar en la cotidianidad, analizaron cómo era posible incluir a niños y niñas tan pequeños en actividades en las que el juego era una herramienta esencial. Desde la perspectiva de las maestras, y con el conocimiento, la experiencia y la voz de los investigadores, encontraron formas diversas de construir un ‘nuevo orden’ en la escuela.

“Estas maestras, no formadas específicamente en educación inicial, se comprometen voluntariamente con el proyecto y transitan por las nuevas concepciones y acciones que se delinean en el momento actual para la primera infancia, generando rupturas, cuestionamientos y tensiones entre los profesores, con las instituciones y con las familias”, explica la profesora Guerrero, quien actualmente dirige el grupo de investigación Infancias, Cultura y Educación, en la Javeriana. “Los profesores acogen la idea de esa nueva pedagogía en la que el juego, las expresiones artísticas, la literatura y la exploración de los entornos sean ejes de la actividad que realizan. Después de escuchar las palabras de los maestros de siete colegios, queríamos evidenciar cómo habían generado nuevas dinámicas, muchas veces de resistencia, frente a dimensiones de la cultura escolar aún ancladas en el pasado”, continúa.

El análisis de la información muestra cómo la educación inicial encuentra caminos para desarrollarse en la institución educativa, venciendo obstáculos y potenciando relaciones y procesos. Una cultura escolar distinta empieza a asomarse en estos espacios formales. No se trata solamente de enseñar, sino también de socializar y fomentar una cultura pedagógica diferente, basada en la creatividad y en las necesidades y los intereses de los niños.

En ese sentido, Guerrero y Camargo hablan de la agencia de las profesoras de primera infancia para negociar, responder y adaptarse a los contextos de reformas políticas y cambios de las prácticas en educación. Para ellas, la agencia es ese paso que cruza la línea entre la pasividad y el deseo de actuar, para crear transformaciones culturales.

“Las profesoras en primera infancia han tenido que lucharla”, agrega Camargo, “les ha tocado generar nuevas dinámicas; decirles a los rectores lo que necesitan para usar adecuadamente la ludoteca; crear actividades comprometidas con la vida de los niños; movilizar la participación; superar las limitaciones que imponen los espacios precarios; romper las disposiciones creadas por visiones jerárquicas y dominantes del mundo; pensar que los niños son constructores activos de su propio desarrollo, de su subjetividad, de sus discursos; caminar siempre al ritmo variable, heterogéneo, flexible y particular de los niños; lograr que otros maestros sepan de las prácticas de quienes trabajan en educación inicial y las reconozcan en su sentido educativo y pedagógico”.

Al respecto, Guerrero complementa: “Esta investigación nos permitió mirar la cotidianidad de estas maestras y entender sus prácticas desde sus perspectivas: desde sus agencias. Esto retaba nuestras concepciones y movía nuestro lugar de conocimiento, porque, al final, el conocimiento lo construíamos también con ellas. Entendimos que la educación en primera infancia se renueva a través de la agencia de los profesores y del reconocimiento de los niños como actores sociales capaces de participar en el desarrollo de sus vidas. Ahora, no podemos decir que esto sea igual en todas las maestras o instituciones educativas, sin embargo, sí podemos decir que encontrar a estas maestras es hacer visibles unas situaciones de lucha y tensiones que existen y que, a lo mejor, pueden existir en otros contextos, en mayor o menor medida”.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Saberes y prácticas pedagógicas en primera infancia. Sistematización de experiencias significativas
INVESTIGADORAS: Alba Lucy Guerrero y Marina Camargo
Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana
Facultad de Educación de la Universidad de La Sabana
Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (Cinde)
Secretaría de Educación del Distrito (SED)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016

Una fe que salva al planeta

Una fe que salva al planeta

Salute, a la votre, cheers”, “Bottom’s up” o “¡Salud!” suelen ser expresiones que, junto a un brindis, acompañan reuniones o eventos sociales. Como costumbre, alrededor del mundo, millones de personas se encuentran para celebrar, según sus culturas y religiones, festividades como cumpleaños, navidades, Semana Santa, rituales en comunidades indígenas y otros particulares como el Hanukkah de los judíos, quienes conmemoran la edificación del segundo templo en Jerusalén; el Ramadán para los musulmanes, que es el noveno mes del año y durante él ayunan desde el alba a la puesta del sol; o el Ratha Yatra de los hare krishna, en el cual adoran a su dios Yáganat.

Estos momentos van acompañados por alimentos, cada uno según su gastronomía. En Colombia, por ejemplo, un plato para la cena de año nuevo es un lomo de res sobre leña. La receta es sencilla: tres libras de lomo, semillas de soja, cinco cucharadas de vino blanco, aceite de palma y troncos de madera. Suena delicioso, ¿no? Pero, tal vez lo que no sabemos es que esta combinación tiene los elementos necesarios para aportar una alta cuota al índice de deforestación de los bosques tropicales en el mundo.

El crecimiento de la infraestructura global, el gasto energético con los millones de bombillos encendidos durante las festividades, la extracción de madera, las inmensas listas de libros y cuadernos en temporada escolar o los troncos con los que encendió la fogata de la cena, y los cultivos ilícitos junto a la ganadería extensiva son las principales causas de que el 17,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero provengan de la degradación de los bosques tropicales.

Debido a esta grave situación, surgió la Iniciativa Interreligiosa de Bosques Tropicales el 19 de junio de 2017 en Oslo, Noruega, una alianza internacional y multirreligiosa, liderada por la Organización de las Naciones Unidas, con el propósito de convocar a los principales líderes de tradiciones religiosas, pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas, científicos y ONG para comprometerse a defender el planeta y poner fin a la deforestación.


Un pacto entre creencia y medio ambiente

Si bien es cierto que los bosques tropicales benefician a la humanidad porque protegen las cuencas hidrográficas, contribuyen al equilibrio del oxígeno, del dióxido de carbono y de humedad en el aire, y son el hogar de 1.600 millones de personas en el planeta, no se debe desconocer una cifra alarmante: cerca de 40 campos de fútbol de bosques desaparecen cada minuto en el mundo.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, de la cobertura total de bosques del país (58’633.631 hectáreas), 26,10 millones están en territorios nacionales de comunidades indígenas (koguis, emberas y ticunas, por mencionar algunas) y 4,24 millones en territorios de comunidades afrocolombianas. Esto llama fuertemente la atención ya que la responsabilidad del Gobierno no solo implica velar por los derechos de la ‘madre tierra’ sino también los derechos de quienes la habitan.

Por eso, a finales de 2018, la Pontificia Universidad Javeriana fue la casa del primer encuentro interreligioso entre representantes de la iglesia presbiteriana, anglicana, católica, evangélica y la ortodoxa griega, los pueblos indígenas de la Amazonía, líderes del islam, comunidades negras, afrodescendientes y raizales, y líderes hare krishna en Colombia.

¿Su propósito? Detener el impacto medioambiental a través de un llamado social a la moral y la espiritualidad, entendiendo la fe como motor para aunar esfuerzos y ponerle fin a la deforestación tropical, teniendo en cuenta que “Colombia, Perú, Brasil, República Democrática del Congo e Indonesia conforman el 70% de los bosques tropicales en el mundo”, según Juan Bello, jefe de la oficina ONU Medio Ambiente.

De esta jornada resultaron varios compromisos: fomentar modelos económicos que superen el extractivismo y la industrialización a partir de la visión indígena del buen vivir con la tierra, respetar la autonomía de los pueblos indígenas en la administración de sus territorios ancestrales, exigir la erradicación de las fumigaciones y convocar a las comunidades de fe para que participen y asuman su rol como gestores del cuidado del medio ambiente.

También surgieron llamados de atención al Gobierno nacional respecto a la construcción de políticas públicas que garanticen la conservación de los bosques tropicales y sus pobladores. “Creemos que hay que hacer una incidencia política para que podamos llevar, desde nuestras comunidades de fe, información sobre cómo cuidar el planeta a todos los rincones del país”, dijo Francisco Duque Gómez, presidente del Consejo Interreligioso en Colombia.

Cabe recordar lo mencionado por el papa Francisco en la encíclica  Laudato Si: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”; al referirse al medio ambiente, lamentablemente añade: “La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”.


El problema y el reto

Imagine que se embarca en una expedición a través de la Amazonía colombiana. Seguramente se encontrará entre inmensos bosques, tupidos por árboles y arbustos de unos cinco metros de altura o más, y lo primero que verá serán perezosos meciéndose sobre ramas, anguilas eléctricas por sus ríos, descargando cerca de 600 voltios al contacto con otras especies y un salvaje pero intrigante caimán negro. Sin embargo, esta escena puede no ser la misma de seguir escuchando noticias como que en 2017 la Amazonía peruana perdió cerca de 143.000 hectáreas o lo equivalente a 200.000 campos de fútbol a causa de la deforestación. Un tema serio.

Esto llama la atención sobre los graves efectos de este problema medioambiental. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la destrucción del hábitat y las especies que lo ocupan, el calentamiento global y los gases de efecto invernadero con la tala de árboles que evitan el proceso natural de respiración y la absorción del CO2 de la atmósfera, la erosión del suelo y el aumento de inundaciones serían solo la punta de un iceberg capaz de terminar con la biodiversidad y las condiciones de hábitat de la humanidad, tal y como la conocemos.

Por eso, organizaciones nacionales e internacionales han tomado medidas para controlar estas consecuencias. Por ejemplo, el Gobierno expidió la Política Nacional de Gestión Integral de la Biodiversidad (2012) con la cual establece acciones para balancear los intereses de la sociedad frente a la biodiversidad y el mantenimiento de sus servicios; el Acuerdo Climático de París, gestionado durante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y recientemente, el fallo dictado por la Corte Suprema de Justicia que reconoce al Amazonas como sujeto con derechos.

De esta forma, Colombia, además de ser el segundo país con mayor biodiversidad del planeta o el primero en conservar la mayor variedad de aves y orquídeas, también es el hogar de comunidades indígenas, ancestrales, religiosas, afrodescendientes, entre otras. Que, aunque diferentes entre sí, conservan una misma intención, una misma responsabilidad. Cuidar su casa común, el planeta.

La salsa en la educación sentimental de los colombianos

La salsa en la educación sentimental de los colombianos

Todo comenzó como una explosión

La salsa es un género que atraviesa verticalmente las estructuras sociales de los países y ciudades en los que ha sido adoptado, con una particularidad: se establece principalmente en los barrios populares como resultado de las migraciones poblacionales, especialmente afrolatinas, desde zonas rurales a centros urbanos. La juventud tiene un papel protagónico y diferentes medios de comunicación difunden esta música masivamente. Tales fenómenos son característicos de Latinoamérica durante los años 60 y 70. Posteriormente, la clase media y las élites de las ciudades la apropian y la incorporan a sus actividades sociales, reuniones y festividades de acuerdo con su propia idiosincrasia.

Su evolución como género musical ha sido paralela a la de los diferentes movimientos culturales de la región: mientras en los años 70 estaba íntimamente ligada a los movimientos de vanguardia cultural y al boom de la literatura latinoamericana, lo que tiene como resultado una salsa narrativa con enorme contenido de denuncia social, en los 80 está atada a una comercialización masiva que deriva en el desarrollo de subgéneros enfocados en colonizar otros mercados, con resultados como la salsa rosa o romántica.

La salsa se debe abordar como una experiencia sociocultural similar a la literatura: una manifestación artística que establece una narrativa de la identidad cultural de cada territorio y de la transformación de las ciudades y sus poblaciones. Este es uno de los hallazgos de la investigación de los sociólogos Nelson Gómez Serrudo y Jefferson Jaramillo Marín, en la que estudiaron la evolución de la salsa en Colombia durante más de cuatro décadas.


La vida es un carnaval

La salsa no solo se estableció como una narrativa descriptiva de las estructuras sociales —“en todas las ciudades hay un ‘Juanito Alimaña’ o una chica plástica”, dice Gómez—, pues se convirtió en una forma de entender los sentimientos y las experiencias vitales de quienes la escuchan: una pieza fundamental en la educación sentimental de varias generaciones de colombianos. Las letras de varias canciones son referentes de eventos característicos en los procesos de crecimiento, madurez y sociabilidad de nuestro país. Versos como “pronto llegará / el día de mi suerte” o “no importa tu ausencia / te sigo esperando” forman un vademécum popular al que se acude para expresar vivencias y sentimientos.

El ritmo y la composición sonora del género, junto con la atmósfera desenfadada de la vida de barrio y de las fiestas y las reuniones donde se baila y se escucha, permiten que distintos estados de ánimo —que van desde la melancolía, la rabia o la desesperanza, hasta la alegría, la solidaridad o la confianza— se expresen en la ‘punta del pie’ como una característica festiva de un ritmo que recuerda “que la vida es un carnaval / y las penas se van cantando”.

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La evolución de los espacios salseros de divulgación

La difusión del género ha estado atada a los cambios de los medios de comunicación. Desde las épocas doradas de las productoras musicales, siguiendo la evolución en las formas de distribución de los diferentes sustratos dominantes (discos de acetato, casetes, discos compactos), hasta el dominio de los formatos digitales y las plataformas en línea, la salsa ha sabido adaptarse a las diversas formas de comercialización para permanecer vigente en la cultura popular.

Al igual que en otros géneros, actores en redes sociales, como los críticos en línea y las emisoras en plataformas digitales, han sido vehículos de gran ayuda para la continuidad de su difusión. Paralelamente, cuenta Gómez, eventos como los festivales públicos (Salsa al Parque, en Bogotá, o el Mundial de Salsa, en Cali) o los espacios en las fiestas y carnavales populares de distintas ciudades contribuyen a que el género mantenga su preponderancia.

La trayectoria histórica de la salsa no ha sido ajena a diferentes fenómenos sociales y demográficos, como la desaparición de las fiestas juveniles y populares de muchos barrios tradicionales que eran escenarios de aprendizaje de rituales y artesanías del baile y el disfrute del género. Ante este escenario, han venido emergiendo las escuelas y academias de danza como vehículos de innovación y apropiación del legado salsero, lo que ha llevado a la profesionalización del bailarín y la especialización del bailador, especialmente en la ciudad de Cali.

Por su parte, las emisoras comerciales dedicadas a la salsa han desaparecido paulatinamente: Latina Estéreo, de Medellín, es una de las pocas que transmite salsa durante las 24 horas del día. Esto ha llevado a que sean las emisoras universitarias y públicas las que mantengan viva la salsa desde una perspectiva reflexiva, histórica y cultural, por medio de la creación de franjas especializadas en sus parrillas de programación.


Un marco analítico para entender este género musical

En la investigación se evidencia cómo este género musical es una manifestación de la identidad cultural de cada territorio y que, si bien tiene presencia en gran parte de Latinoamérica —porque creó sus propios espacios de apropiación, consumo y divulgación—, encuentra en Colombia su mayor arraigo social e interés académico.

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Con el fin de compilar información para su estudio, Gómez y Jaramillo exploraron Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena y Medellín, y en su trabajo no solo se remitieron a consultar fuentes académicas, sino que entrevistaron a actores influyentes en el proceso de apropiación y difusión del género musical, como coleccionistas, periodistas musicales, dueños de bares y tabernas especializadas, aficionados, bailarines y bailadores.  Otro de los resultados de este trabajo fue el trazo de los circuitos salseros de cada ciudad —la “cartografía del goce”, la llamaron los investigadores—, su emplazamiento geográfico en los sectores y barrios, y sus mutaciones con el paso de las décadas y de las tendencias musicales de corriente principal.

A lo largo de su labor, Jaramillo y Gómez recrearon la hoja de ruta de la crianza emocional de nuestro país, relatando la historia de la evolución de un género musical popular, íntimo y festivo.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Salsa y cultura popular en Colombia
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Nelson Gómez Serrudo y Jefferson Jaramillo Marín
Grupo de investigación Cultura, Conocimiento y Sociedad
Facultad de Ciencias Sociales
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2017

Una escuela llamada Berlín

Una escuela llamada Berlín

La labor de un restaurador consiste en los saberes de un investigador, un explorador y un campesino. Su tarea es observar y entender el comportamiento de la naturaleza con el propósito de evidenciar las condiciones ambientales de los hábitats deteriorados por la mano del hombre, para luego intervenirlos.

Aunque hablar sobre la restauración pareciera un trabajo individual o de unos pocos, en realidad este ejercicio requiere un acompañamiento permanente de las comunidades. Esta labor, a su vez, ha sido una herramienta de reconstrucción del tejido social en comunidades fragmentadas por el conflicto armado y la violencia.

Pesquisa Javeriana acompañó a la Escuela de Restauración Ecológica (ERE), de la Pontificia Universidad Javeriana, a la Institución Educativa Berlín en Samaná, Caldas, donde implementó un ejercicio de conciencia sobre el tejido social y las consecuencias de las acciones comunitarias en torno a las prácticas ambientales y culturales. El resultado: la formación de un grupo de restauración ecológica liderado por los estudiantes de las veredas.

Revive junto a nosotros esta experiencia: