Cartillas pedagógicas que guían a víctimas y funcionarios sobre la justicia transicional

Cartillas pedagógicas que guían a víctimas y funcionarios sobre la justicia transicional

Investigadores javerianos crearon una caja de herramientas compuesta por un juego de mesa de roles, videos, podcasts y dos cartillas: una para víctimas y otra para funcionarios públicos, con el fin de entregar una guía para la atención de las personas que participaron en el conflicto armado colombiano.

Estos productos fueron elaborados por el Programa de Educación Para la Paz de la Dirección de Educación Continua y Consultorías de la Pontificia Universidad Javeriana, la Fundación Panamericana para el Desarrollo y el Ministerio de Justicia y del Derecho.

El material didáctico tiene como objetivo cerrar los baches existentes entre la comprensión integral de las rutas de atención a las víctimas del conflicto y el desarrollo de las habilidades que requieren los servidores públicos para garantizar, a través del el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, el acceso de las víctimas a la justicia transicional.

Mire el video para conocer más sobre este proceso.

Si desea obtener las cartillas, escriba al correo cruz.juan@javeriana.edu.co, de Juan Daniel Cruz, Coordinador académico del Programa de Educación para la Paz, de la Pontificia Universidad Javeriana.

Educación virtual: realidad o ficción en tiempos de pandemia

Educación virtual: realidad o ficción en tiempos de pandemia

La actual situación de pandemia ha puesto sobre la mesa a la educación virtual como una oportunidad para que el sector educativo continúe operando. Las cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES) refuerzan esta idea al reflejar un crecimiento de estudiantes en la educación virtual, que pasó de 16.042 en el año 2012 a 200.742 en el año 2018. Si bien esta cifra resulta alentadora para pensar en la pertinencia de la decisión del Ministerio de Educación Nacional frente al sector educativo, es importante indicar algunos aspectos que pueden ayudar a comprender la implicación de implementar un modelo educativo virtual de calidad en nuestro país y preguntarnos cómo resolver elementos técnicos, educativos y de regulación postergados en los últimos años pese al crecimiento de programas y matrículas.

 

Conectividad

El acceso es una de las primeras características que se debe tomar en cuenta para implementar un modelo educativo virtual. Al revisar las cifras de conectividad en la educación básica y superior se encuentran brechas que requieren fuertes inversiones para su reducción. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) indica que solo alrededor de un 26% de los estudiantes en zonas rurales tienen conectividad frente a un 89% en zonas urbanas.

Para resolver esta situación, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTic) implementó el proyecto “Puntos y Kioscos Vive Digital” para llevar internet a la población más vulnerable. Sin embargo, la sostenibilidad administrativa de este programa resulta un reto de índole financiero y educativo para generar comunidades educativas en torno a la apropiación de tecnología como mediación de la enseñanza. En este punto también resulta importante mencionar a las redes comunitarias como una estrategia para proveer internet por fuera de los operadores tradicionales.

Según Internet Society (ISOC) la red comunitaria es “la infraestructura de telecomunicaciones implementada y operada por un grupo local con el fin de satisfacer sus propias necesidades de comunicación. Son el producto de personas que trabajan mancomunadamente, combinan sus recursos, organizan sus esfuerzos y se juntan para achicar la brecha de conectividad y cultural”. En Colombia existen iniciativas desde 2005, pero se requiere regulación para generar licencias e incorporar políticas públicas que incentiven estos desarrollos donde los operadores de internet no llegan por densidad poblacional y costos de inversión en territorio.

 

El modelo de educación virtual

La mayoría de las instituciones no está implementando una modalidad educativa virtual en un sentido amplio. Se están desarrollando clases remotas con mediación de tecnologías, pero ello no implica modificar de fondo prácticas de educación propias de un escenario análogo.

La tecnología no debe cumplir una función instrumental para el ejercicio de la práctica docente; la didáctica en la virtualidad implica concebir ritmos de aprendizaje, modificar el rol docente, trabajar tendencias educativas para la mediación tecnológica, flexibilizar la evaluación, entre otros aspectos. La producción de Ambientes Virtuales para el Aprendizaje (AVA) requiere un abordaje interdisciplinario. Allí el diseño instruccional cumple un papel fundamental como estrategia para identificar las bases pedagógicas, actividades, contenidos, nivel de interacción y tiempos propios de una dinámica virtual. El trabajo en los espacios asincrónicos (offline) debe ser mayor que los espacios sincrónicos (video llamadas) y esto implica cambios para docente y estudiante, quienes van acompañados de intenciones pedagógicas orientadas a una generación digital.

Finalmente, el Ministerio de Educación Nacional habilitó el programa “Aprender Digital” como una posibilidad de apalancar la educación a distancia en alianza con RTVC y Señal Colombia. Esta acción abre una posibilidad para resolver la falta de conectividad. En Colombia existen casos de éxito premiados como Radio Sutatenza, que sirve como ejemplo para esta coyuntura, sin embargo, debemos esperar que el programa “Aprender digital” no tenga el mismo final que Radio Sutatenza, pues como indicó una nota del periódico “El Espectador” en su momento, “en 1989, ante la venta de Radio Sutatenza, el país enmudeció. Nadie hizo nada y Caracol finalmente adquirió instalaciones, equipos y frecuencias, con el favor del gobierno de turno y algunos poderosos del país”.

¿Podrá entonces el sistema educativo adaptarse a la velocidad de la evolución tecnológica?, ¿la situación de pandemia será una oportunidad para reducir las barreras del sistema educativo?


*Profesor de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Psicólogo de la Universidad Externado de Colombia y Mestre em Ciências da Educação de la Universidad Nova de Lisboa, Portugal. Asesor en Proyectos para el Ministerio TIC, Universidad del Rosario, Función Pública, Ministerio de Educación Nacional, Computadores para Educar, ESAP, entre otras.

Ficción para entender la realidad médica

Ficción para entender la realidad médica

El mundo de la medicina es particular, con lenguaje propio, protocolos estrictos, espacios que desbordan de información (paredes blancas, bolsas rojas que indican peligro, avisos de UCI). Máquinas diseñadas para mostrar el cuerpo humano en números y gráficas; herramientas que se unen al cuerpo de los médicos para mejorar sus sentidos (los lentes de ultra-aumento, el fonendoscopio para escuchar más fuerte), entre otros instrumentos, ayudan a los especialistas a leer el cuerpo como ningún otro ser humano lo puede hacer.

Así lo demuestra la investigación antropológica Lenguaje y dispositivo. Un análisis de la serie Dr. House como caso paradigmático de la práctica médica colombiana, con la que los antropólogos javerianos Juan Camilo Deaza, Jairo Clavijo y Valeria Sánchez estudiaron las dinámicas y las formas como se percibe el cuerpo humano en este entorno.

Para ello tomaron la serie televisiva estadounidense Dr. House, que gira alrededor del doctor Gregory House, quien dirige el departamento de diagnóstico médico y atiende, en compañía de otros colegas, casos complejos que resuelve como un ‘Sherlock Holmes’ de la medicina. Los investigadores javerianos seleccionaron apartados de tres capítulos de la serie: ‘Comité de trasplante’ (capítulo 14 de la primera temporada); ‘Tecnología de punta’ (capítulo 10 de la segunda temporada), y ‘Consentimiento informado’ (capítulo 3 de la tercera temporada), y analizaron estas situaciones que, aunque ficticias, se acercan a la realidad.

 

Radiografía de la práctica médica

El diagnóstico y tratamiento del SARS-CoV-2 es uno de los escenarios que aqueja a los profesionales de la salud hoy en día y sirve como ejemplo para comprender algunas de las afirmaciones que hacen los investigadores.

Los pacientes que llegan a los hospitales no están diagnosticados con la COVID-19. En el ‘triage’ se hace la primera clasificación de los que ingresan por síntomas respiratorios y los que vienen por otras patologías. Los respiratorios pasan a unos cubículos especiales, se les pregunta sobre estos síntomas y se les mide la temperatura para saber si tienen fiebre. Si cumplen con los criterios establecidos se convierten en casos sospechosos. Así describe Fernanda Flores* el protocolo que manejan para este tipo de coronavirus. Ella es una de las profesionales que trata a pacientes con el virus en un hospital de Bogotá.

Cuando la doctora menciona el triage, protocolo que determina la gravedad de los síntomas y el tipo de atención que deben recibir los pacientes, a través de pruebas de pulsioximetría (que mide la saturación de oxígeno en la sangre), frecuencia cardiaca, temperatura, lectura de enfermedades previas, además del cuestionario sobre síntomas respiratorios, o los 38°c de fiebre, queda claro, como asegura el profesor Deaza, que “los médicos son capaces de convertir el cuerpo humano en datos, los cuales sirven de insumo para llevar a cabo su labor”.

La doctora Flores trata de explicar el procedimiento de forma sencilla y sin los tecnicismos que podría utilizar con sus colegas, sin embargo, se vuelve inevitable incluir el lenguaje propio de la medicina y hablar de las tecnologías que usan como mediadoras para comprender lo que hay en este ‘libro cargado de información’ que es el cuerpo humano.

“Cuando se cumplen los criterios para un caso sospechoso se le toma la prueba PCR al paciente, una que sacamos de las secreciones nasales y luego hacemos los anticuerpos, pruebas de sangre con las que se busca determinar si la persona ya tuvo contacto con el virus”, dice la médica.

“Los médicos no tratan directamente con el cuerpo, sino con los datos que se crean a partir de él, información sacada de prácticas, discursos, máquinas y más, (en este caso, Flores trabaja con los resultados obtenidos del PCR y los anticuerpos). Así, podemos decir que la relación del médico con la persona siempre está mediada por un conjunto de tecnologías”, dice Deaza y explica que las tecnologías no son necesariamente un objeto: “también son las acciones, las formas de actuar, los saberes que tiene un médico, los procedimientos y protocolos que han sido inventados, perfeccionados y desarrollados sin cesar”.

En este sentido, muchos de los componentes del sistema de la práctica médica están mediados por tecnologías que pueden ser objetos, instrumentos tecnológicos que guían la observación del médico; sujetos, los doctores; códigos, resultado de la conversión del cuerpo en datos; normatividades legales como el consentimiento informado o la Ley 100 en el caso colombiano; entre otros elementos, que forman un ‘dispositivo’ capaz de orientar, determinar, controlar y asegurar, conductas, opiniones y discursos de los seres vivos, aseguran los científicos.

 

La medicina como dispositivo

Los fragmentos de la serie Dr. House que estudiaron los antropólogos explican algunas de las dinámicas, no muy alejadas de la realidad, que demuestran el funcionamiento al interior del ya denominado “dispositivo médico”.

En primer lugar, los investigadores analizaron los comités médicos como una de las tecnologías que da el poder a los doctores para tomar decisiones, basadas en criterios que solo ellos comprenden. Por ejemplo, pueden determinar si una persona es apta para un trasplante o si un individuo diagnosticado con la COVID-19 requiere un tratamiento especial. “Esto orienta lo que será la conducta y situación del paciente después de la decisión”, dice el profesor Deaza.

En segundo lugar, comprobaron que la labor del médico en la serie se basa en convertir el cuerpo humano en datos. Deaza afirma que esto no es algo nuevo: “es verdad que las relaciones médico-paciente han cambiado con el tiempo, antes había un contacto más directo con el cuerpo físico que ahora. Actualmente hay más mediación de máquinas que entregan números concretos y estandarizados del cuerpo sin necesidad, en muchos casos, de tocarlo. Esto no quiere decir que antes el cuerpo no se transformara en datos, también se hacía, solo que a partir de criterios más cualitativos. Tanto antes como ahora, las relaciones médico-paciente siempre han estado mediadas por el conocimiento, aparatos, lectura de signos”.

Por último, los investigadores analizaron la tecnología del consentimiento informado, documento que autoriza al médico a practicar determinada intervención sobre el paciente y ya que no se tiene certeza sobre los resultados del procedimiento, el paciente reconoce y acepta los riesgos. Esta herramienta sirve como intermediaria entre el médico y el paciente, asegurando control frente a la conducta, opinión y discurso de las personas a quienes tratan.

En conclusión, estos tres momentos abordados en la investigación evidencian el funcionamiento de la medicina como un dispositivo que les da poder a los médicos y los diferencia de cualquier otra persona. Ellos tienen la capacidad de incidir directamente en la vida de alguien mediado por múltiples tecnologías (un comité, una máquina, un examen, un documento, etc.). Además, se demuestra la importancia de la conversión del cuerpo en datos, pues hace parte, como dicen los investigadores, del ideal médico contemporáneo.


*Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Proyectos javerianos trabajan para mitigar la COVID-19

Proyectos javerianos trabajan para mitigar la COVID-19

En diciembre de 2019, el mundo conoció la existencia de una extraña enfermedad que conmocionó a la población de Wuhan (China). Se trata de la COVID-19, producida por un virus de la familia de los coronavirus, generalmente asociado con síntomas de un resfriado común, pero que, en casos severos, ocasiona neumonía y síndrome de dificultad respiratoria aguda. Desde entonces, entidades nacionales e internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Salud y Protección Social (Minsalud) y el Instituto Nacional de Salud (INS), así como universidades de todo el país, trabajan persistentemente en encontrar alternativas que mitiguen sus efectos.

A mediados de abril, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), a través de la convocatoria Mincienciatón, seleccionó cinco propuestas de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana para ser financiadas, con el propósito de dar soluciones a las problemáticas actuales de salud relacionadas con la pandemia de la COVID-19. PESQUISA JAVERIANA conversó con los líderes de los proyectos sobre sus propuestas, la trayectoria y experiencia de sus equipos de trabajo, y la estrategia que abordarán para afrontar la actual crisis sanitaria.

 


 

3Proyecto 1. Desarrollo y evaluación de modelos matemáticos y epidemiológicos que apoyen la toma de decisiones en atención a la emergencia por SARS-CoV-2 y otros agentes causales de IRA en Colombia utilizando data analytics y machine learning

Investigadora principal: Magda Cepeda Gil
Facultad de Medicina

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Magda Cepeda: Usaremos estrategias avanzadas de análisis de datos, como machine learning, para generar modelos que describan, en tiempo real, la dinámica de la epidemia de la COVID-19 en el país, cuáles son las necesidades que se han generado y con qué recursos cuenta Colombia para responder eficazmente a la epidemia.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
M. C.: El proyecto cuenta con expertos en la generación de modelos usando métodos de aprendizaje basados en los datos y en la conducción de estudios poblacionales. El Centro de Excelencia ―Alianza Caoba― tiene amplia trayectoria en el desarrollo de proyectos sobre análisis de datos.

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
M.C.: El equipo consolidará alianzas entre las instituciones participantes y otras instituciones relevantes, para obtener la información necesaria para generar los modelos de análisis y conducir el estudio de seroprevalencia de SARS-CoV-2 en la población general. El proyecto se terminará en seis meses, una vez se firme el convenio con Minciencias.

 


 

2Proyecto 2. Sistema de monitoreo remoto de pacientes con COVID-19

Investigador principal: Julián Colorado
Facultad de Ingeniería

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Julián Colorado: Este proyecto propone el desarrollo de un sistema de monitoreo remoto de los signos vitales de pacientes con la COVID-19 en tiempo real, 24/7. Para esto usaremos tecnologías emergentes basadas en el internet de las cosas (IoT, por su sigla en inglés).

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
J. C.: El proyecto cuenta con la participación de profesores investigadores del Departamento de Electrónica y, en particular, con las capacidades del Centro de Excelencia y Apropiación en Internet de las Cosas (CEA-IoT). Además, contamos con la participación de un grupo élite de médicos investigadores del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
J. C.: El proyecto cuenta con ocho meses de ejecución. Para ello tenemos cinco fases de desarrollo. En la primera, seleccionaremos e integraremos sensores a partir de requerimientos clínicos establecidos para la COVID-19, luego adecuaremos las aplicaciones móviles, prepararemos la plataforma para lograr la escalabilidad del sistema en el manejo remoto de miles de pacientes, haremos una prueba del sistema en un ambiente controlado intrahospitalario y, finalmente, la misma prueba en condiciones de monitoreo remoto, en el marco del programa de Extensión Hospitalaria del HUSI.

 


 

5Proyecto 3. Eficacia y seguridad del extracto P2Et en el tratamiento coadyuvante en pacientes con COVID-19

Investigadora principal: Susana Fiorentino
Facultad de Ciencias

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Susana Fiorentino: Vamos a llevar a cabo un estudio clínico en pacientes diagnosticados con enfermedad respiratoria que tengan sospecha o diagnóstico comprobado de la COVID-19. Serán tratados con la terapia convencional establecida en las guías de tratamiento y, además, suplementados con un fitomedicamento, desarrollado por nuestro grupo de investigación, denominado P2Et. Este fitomedicamento podría modular la respuesta inmune de los pacientes, disminuyendo la inflamación generada por la infección, así como la carga viral, al incrementar los mecanismos de autofagia (limpieza intracelular) y, por ende, la replicación viral.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
S. F.: El grupo de Inmunobiología y Biología Celular fue creado hace 26 años. Lleva 16 años realizando investigación y desarrollo (I+D) en el área de inmunología y cáncer, buscando moduladores de la respuesta inmune y medicamentos antitumorales, particularmente a partir de plantas. El grupo ha recibido financiación de Colciencias (hoy Minciencias), el Sistema General de Regalías y del Banco Mundial para avanzar en la búsqueda de medicamentos contra el cáncer.

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
S. F.: Contrataremos una agencia que supervisará el estudio clínico, se abrirá el centro de investigaciones en el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI) y empezaremos a darles medicamentos a los pacientes inmediatamente. En paralelo, iniciaremos los estudios básicos en células, en animales (en Ginebra, Suiza) y sobre el virus, para identificar los mecanismos moleculares de acción del fitomedicamento. Esperamos tener los primeros resultados en un plazo de seis a siete meses.

 


 

4Proyecto 4. Efectividad del uso de elementos de protección personal más hidroxicloroquina para la prevención de SARS-CoV-2 a trabajadores de la salud

Investigadora principal: Sandra Valderrama Beltrán
Facultad de Medicina

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Sandra Valderrama: Los trabajadores de la salud son la primera línea de atención de pacientes con la COVID-19, y por eso queremos disminuir su riesgo de infección a través del medicamento hidroxicloroquina, que parece tener un efecto de inhibición sobre el virus. Lo que haremos es evaluar si este sirve como una estrategia farmacológica de prevención para la infección, sumado al uso de elementos de protección personal.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
S. V.: En el proyecto participan cuatro grupos conformados por instituciones de salud filiales de importantes universidades del país: el primero es el grupo de la Clínica Colsanitas y la Fundación Universitaria Sanitas; seguido de la alianza de la Secretaría de Salud de Cundinamarca con el Hospital Universitario la Samaritana (sedes Bogotá y Zipaquirá); el de la Universidad Nacional de Colombia y el Hospital Universitario Nacional; y, finalmente, el grupo de Epidemiología Clínica y Bioestadística y el Grupo de Investigación en Enfermedades Infecciosas de la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
S. V.: Estamos haciendo el alistamiento de los centros para iniciar el reclutamiento de los participantes del estudio, posteriormente administraremos el medicamento o el placebo y realizaremos el seguimiento de estos casos con pruebas moleculares, pruebas de anticuerpos y controles de seguridad clínica de la intervención. Al terminar el reclutamiento, realizaremos el análisis de los datos y esperamos estar compartiendo resultados en un plazo de seis a ocho meses.

 


 

1Proyecto 5. Desarrollo y evaluación de un bionanosensor portable, ultrasensitivo y de respuesta rápida para el diagnóstico y seguimiento del SARS-CoV-2

Investigador principal: Andrés Jaramillo Botero
Facultad de Ingeniería, Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali

PESQUISA JAVERIANA: ¿En qué consiste esta investigación?
Andrés Jaramillo: Nuestro programa permitirá diagnosticar de manera temprana la COVID-19 en una persona, aun en fase asintomática, a partir de la detección y medición directa, rápida y en concentraciones ultrabajas del virus en ella, mediante una nueva tecnología molecular no invasiva, portable y de bajo costo.

P. J.: ¿Cuál es la experiencia del grupo de investigación?
A. J.: Contamos con un grupo de primer nivel de seis profesores con experticia en infectología-virología clínica, biología molecular, química y electroquímica de sensores materiales y dispositivos nanoestructurados, además de dos estudiantes de maestría y doctorado, y varios participantes del programa Jóvenes Investigadores e Innovadores Agentes de Cambio, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias).

P. J.: ¿Cuál será su estrategia de trabajo?
A. J.: Adquiriremos e instalaremos el recurso necesario para la ejecución del proyecto técnico, reclutaremos ―a través del Hospital Universitario Fundación Valle del Lili― un grupo de personas para extraer y preservar muestras de fluido nasofaringeo, realizaremos un diagnóstico preliminar, demostraremos la detección y medición rápida, estableceremos la probabilidad de contagio en cohabitantes de pacientes con la COVID-19 y, finalmente, escalaremos la tecnología de detección y medición electroquímica por bionanosensores para su posterior masificación.

 


 

Finalmente, la Pontificia Universidad Javeriana, sede Bogotá, será coejecutora del proyecto “Efectividad y seguridad del tratamiento farmacológico para el SARS por COVID-19, Colombia. Estudio controlado aleatorizado pragmático”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia. En esta investigación participan los académicos javerianos Carlos Gómez, Nelcy Rodríguez y Viviana Alejandra Rodríguez, de la Facultad de Medicina.

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Lecciones de la pandemia a la ciencia colombiana

Lecciones de la pandemia a la ciencia colombiana

“La profesora Marylin Hidalgo ha sido una pieza fundamental de esta iniciativa desde la Facultad de Ciencias”, dice el vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, Luis Miguel Renjifo. Fue ella la que, sin dudarlo y con toda la disposición, empezó a hacer gestiones, junto con la Facultad de Medicina y el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI), en la Universidad y fuera de ella, para que la Javeriana se ofreciera a realizar las pruebas de diagnóstico de la COVID-19.

Por su trabajo durante varios años en el Instituto Nacional de Salud (INS), Hidalgo sabía perfectamente que esa entidad necesitaba apoyo y que la experiencia de la investigación universitaria podía responder para agilizar su labor y ampliar la capacidad de respuesta del país.

El llamado de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá (SDS) para certificar laboratorios universitarios capitalinos incluyó una capacitación de investigadores en el INS, paso que ya cumplió la Javeriana. Ahora, el INS y la SDS visitan las universidades para verificar los estándares de calidad en la adaptación de sus instalaciones, de manera que puedan empezar a procesar muestras. Ya las universidades de los Andes, el Bosque y Rosario iniciaron el trabajo. El HUSI y el Instituto de Genética Humana (IGH) de la Javeriana se preparan para unirse a esta red de laboratorios para el diagnóstico de la COVID-19, la cual está coordinada por Gabriela Delgado, bacterióloga y Ph. D. en Ciencias Farmacéuticas.

Tenemos reuniones periódicas con todas las universidades para compartir experiencias técnicas y algunos postulados científicos asociados con el diagnóstico y con el seguimiento. En ese sentido, los investigadores han sido muy generosos, compartiendo sus saberes y reactivos. Ver a las universidades trabajando conjuntamente es muy satisfactorio”, le dijo Delgado a PESQUISA JAVERIANA.

¿Cómo ha sido el proceso en la Universidad? La bacterióloga, Ph. D. en Ciencias y líder del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Ciencias, Marylin Hidalgo, y el genetista y director del Instituto de Genética Humana (IGH), Fernando Suárez, quienes han sido claves en la preparación y montaje de los laboratorios universitarios para aportar a la superación de la pandemia en Colombia, hablan acerca de esta experiencia.

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué los motivó a llamar la atención de la Universidad para participar en las actividades propuestas por el INS y la SDS?

Marylin Hidalgo: Durante mi trabajo en el INS enfrentamos dos alertas epidemiológicas muy complicadas, el ataque 9/11 con el ántrax y luego el H1N1, lo que me sirvió para entender cómo funciona el Instituto, cómo manejar esas alertas, y cuáles son las necesidades en esos momentos de angustia. Ahora en la universidad puedo trasladar el conocimiento y las fortalezas que tenemos desde la academia para aportar a esas emergencias. Tenemos gente muy bien formada, que piensa y ve las cosas de manera diferente a la del Instituto. La respuesta del INS tiene que ser inmediata; la de la academia debe ser complementar esta respuesta y de apoyo incondicional.

Fernando Suárez: Con la capacidad técnica en infraestructura que tiene la Facultad de Medicina, vimos la necesidad de acompañar al INS en la realización de las pruebas. Mientras mayor cantidad de pruebas se realicen, se podrá conocer mejor la magnitud del problema.

P. J.: ¿Cómo se ha preparado la Javeriana para ofrecer el servicio una vez el laboratorio esté certificado?

M. H.: Hicimos un profundo análisis, evaluando infraestructura, riesgos y revisando rutas biosanitarias. El HUSI es un eje central, porque para ellos es más fácil asumir el diagnóstico, lo hacen de rutina. Simultáneamente, pensamos extender una parte del Laboratorio de Biología Molecular de la Facultad de Ciencias al IGH, por su cercanía con el Hospital, lo cual evita que estemos circulando muestras por toda la universidad. El riesgo se disminuye mucho.

F. S.: La SDS solicita adaptar mejor el laboratorio para que sea compatible con el diagnóstico. Por ejemplo, señalizar las áreas de desecho. Debemos tener una ruta sanitaria muy bien definida para saber por dónde van a entrar las muestras, por dónde van a salir los desechos biológicos. Aunque esto ya lo tenemos, ahora debemos ajustarnos a un estándar diferente. Estamos haciendo esos ajustes. Pero ya contamos con la capacidad del diagnóstico porque, con un equipo de cuatro investigadoras, logramos estandarizar la técnica. Si hoy llegara una muestra de un paciente, ya podríamos hacer el diagnóstico.

“Colombia tiene una masa sólida y crítica de investigadores en salud que hoy en día está al servicio del país y del mundo”.
Gabriela Delgado, SDS.

P. J.: ¿Cuáles han sido los obstáculos para adaptarse a las nuevas responsabilidades y cómo los han superado?

M. H.: El sistema es lento y no fluye tan rápido como uno quisiera. Uno se enfrenta a situaciones que no son fáciles de superar. Por ejemplo, no se pueden comprar los reactivos de inmediato, porque no hay disponibilidad. Por otro lado, las realidades de cada persona son diferentes. Hay quienes les da temor procesar o recibir las muestras, porque eso tiene un riesgo. Esas situaciones humanas son comprensibles.

F. S.: Necesitábamos un congelador especial para guardar el RNA de los virus, y ha sido muy difícil porque todo el mundo lo está comprando. Los reactivos están escasos. Es un problema mundial. Como en Colombia no se producen, toca importarlos. Se juntan todos los problemas que uno encuentra en la investigación, pero comprimidos en muy pocos días. Son los problemas de siempre: el dólar más caro, hay que importar materiales y reactivos, pero uno tiene tiempo. En cambio aquí no hay tiempo. El reto grande es tener todo listo en poco tiempo.

P. J.: ¿Cuáles han sido las lecciones en este proceso?

M. H.: Reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Una fortaleza grandísima es la alianza con otras instancias o facultades de la Universidad. La Facultad de Ciencias siempre ha tenido una relación muy cercana con el HUSI, pero ahora hemos visto que esa alianza es más que necesaria. Tenemos un laboratorio y un hospital muy buenos, y muchas capacidades en las facultades de Ciencias y Medicina, lo que nos ha permitido unirnos por una necesidad común. Desde la Facultad de Ciencias hay que destacar la generosidad que han tenido sus investigadores de todas las áreas con sus conocimientos y con su apoyo en equipos y en materiales.

Con los investigadores de otras universidades hemos creado unas alianzas maravillosas. Nos hemos reconocido en la emergencia. Nunca se había visto la generosidad en protocolos y préstamo de reactivos, no en beneficio de las universidades y de los investigadores, sino del país. Todas las universidades estamos unidas para apoyar a la Secretaría Distrital o al INS. La solidaridad ha sido una de las lecciones más importantes.

F. S.: Los obstáculos se han convertido en oportunidades de conocer otras personas, trabajar con ellas, integrar servicios. Hemos hablado con universidades con las que no hablábamos, con puntos de vista diferentes, eso es muy interesante. En el IGH se trabaja con otros virus que sirven, por ejemplo, para inmortalizar líneas celulares, pero no en un genoma viral en particular. Lo que hemos aprendido nos servirá para la investigación en el futuro.

P. J.: ¿Cómo se beneficiará la ciudadanía colombiana con esta nueva infraestructura y con el personal capacitado?

M. H.: El HUSI podrá procesar aproximadamente 300 muestras diarias, porque tienen un sistema automatizado.

F .S.: En el IGH serán unas 200 muestras diarias, o sea, 1000 a la semana, lo que será un alivio inmenso para la Secretaría.

P. J.: ¿Qué viene ahora?

F. S.: Supongo que la escasez de reactivos disminuirá. Pero hay algo muy importante que viene ahora. Estamos pensando en los pacientes, como es obvio, pero no hemos pensado mucho en el personal del sector salud que atiende este tema en las UCI y directamente a los afectados: se supone que se les debería hacer el test cada siete a nueve días. Ese es un reto grande.

Otro problema es que puede haber reinfección. Podríamos tener que repetir la prueba varias veces al año. Mientras no haya vacuna o un medicamento que funcione, esto puede durar años.

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Se vale pensar en cambios laborales durante la pandemia

Se vale pensar en cambios laborales durante la pandemia

Las medidas instauradas por el Gobierno para mitigar los efectos humanitarios y económicos que ha generado la pandemia son insuficientes para solucionar la problemática laboral del país a largo plazo. Así lo asegura el psicólogo javeriano e investigador en el área del trabajo, Hernán Camilo Pulido, para quien además sus colegas y la academia juegan un papel esencial en la visibilización de las deficiencias del sector laboral y en la construcción de políticas públicas para generar cambios estructurales.

Reducir el salario a funcionarios y pensionados con mesadas de entre los 10 y 20 millones de pesos ha sido una de las decisiones implementadas por el Gobierno como fuente para apoyar a los trabajadores independientes y de clase media y baja que se han visto afectados por la COVID-19, medida que regirá desde el primero de mayo hasta el 31 de julio de 2020, según dispone el Decreto 568 de 2020. Pero, ¿qué pasará cuando estos tres meses se cumplan?, ¿cuál será la situación de los trabajadores informales cuando la crisis sanitaria mejore?, ¿cuáles serán sus condiciones laborales? Ni esta medida, ni las otras solucionarán la realidad laboral crítica del país que, como afirma Pulido, está en cuidados intensivos y necesita cambios radicales y de fondo.

Según estadísticas del DANE, la tasa de desempleo en Colombia aumentó de marzo del año pasado a marzo de este año en un 1,8%, dejando a 12,6% de la población en edad de emplearse sin trabajo, lo que es igual a un total de tres millones de personas que no reciben ingresos laborales frente a las más de 20 que sí lo hacen. Sin embargo, el panorama no es alentador al saber que casi la mitad de los empleados son informales (46,7%).

En 2009 esta era la situación laboral de los vendedores ambulantes, trabajadores independientes y de otros oficios, pero luego empezó a mimetizarse en muchos sectores. Para este psicólogo del trabajo, ellos no cuentan con la debida protección social y de salud, no tienen estabilidad económica y son mal remunerados.

Esta situación se complejiza aún más con el tema de la pandemia, afectando en esencia a la clase media y baja con empleos informales, pues el dinero de estos trabajadores y sus familias depende del día a día, situación que ha restringido su labor por las medidas implementadas para controlar la propagación del virus. Adicionalmente, estos hogares no cuentan con alternativas para reemplazar los ingresos que acostumbraban a producir.

Pesquisa Javeriana habló con el profesor Hernán Camilo Pulido sobre los múltiples cuestionamientos que aparecen alrededor de la incertidumbre que hay en el futuro laboral.

 

Pesquisa Javeriana: Después de la pandemia, ¿qué cambios pueden surgir en el ámbito laboral?

Hernán Camilo Pulido: Los estudiosos de las ciencias sociales han advertido, de múltiples formas, que las crisis sirven para que el sistema se calibre al reconocer dónde pueden presentarse problemas y oportunidades, de manera tal que se hagan correctivos para seguir su marcha. Entonces, cambios posiblemente habrá, pero no sabemos si vayan a ser para mejorar, pues dentro de las cosas que ha evidenciado la historia del trabajo es que en momentos como el actual, en el que aparece un evento catastrófico, no precisamente se mejoran las condiciones laborales. Por el contrario, tal como vemos en las propuestas que hoy circulan, se deterioran esas condiciones, por ejemplo, suspendiendo primas y reivindicaciones que los trabajadores habían alcanzado, flexibilizando los contratos laborales o simplemente despidiendo a los trabajadores. Las crisis pueden servir para que los que trabajamos quedemos en una condición más incierta. Se puede ver fácilmente que las soluciones a las crisis, y esta no parece ser la excepción, se conciben alrededor de seguir vulnerando la situación de los trabajadores y protegiendo a las empresas.

En este sentido, la incertidumbre no ha llevado a las personas que diseñan las políticas laborales a pensar en cómo hacer para fortalecer las condiciones de seguridad con condiciones de contratación más estables. Hay más bien una tendencia a pensar en contratos por menos tiempo, con pocas garantías y sin protección. Esto ya se vio en las reformas que tuvieron lugar en el año 2002, con la que se acabó precarizando el trabajo, partiendo del supuesto de que si se levantaban las protecciones sociales habría más empleo; sin embargo, hasta ahora eso no ha pasado, no ha habido una producción de empleo masivo. Entre tanto, se han desdibujado las protecciones sociales que procuraban estabilidad para el trabajador de épocas anteriores.

 

PJ: Desde su experiencia, ¿cuáles son las necesidades inmediatas que debería cubrir la política laboral colombiana?

HCP: La política pública debe pensar en la estabilidad laboral. Un reto mayor está relacionado con cómo hacer para que los ciudadanos en caso de que lo necesiten puedan acceder a una renta mínima que les permita sobrevivir dignamente. Es indispensable pensar en cómo salir de las condiciones en las que estamos, que son condiciones de mucha desigualdad; pensar en qué se puede hacer para que los empleos flexibilizados (informal, prestación de servicios, independiente, etc.) garanticen protección y a su vez cierta estabilidad. Si uno se da cuenta de lo que ha pasado a nivel de legislación, ha sido un constante deterioro a la situación del trabajador. Es necesario retomar cosas que fueron transformadas, tal vez no con las mismas ventajas de antes pero quizá con algunas.

Dentro de la informalidad hay situaciones muy complejas para las personas que trabajan, por ejemplo, una de las cosas que hemos visto en las investigaciones que hemos realizado desde la Facultad de Psicología, es que se ha generado una especie de rivalidad entre los trabajadores permanentes y los que tienen un contrato temporal flexibilizado, pues estos últimos se convierten en los trabajadores que tienen que mostrar su máxima eficiencia, ya que todo el tiempo están a la espera de que los contraten de forma estable y esto los lleva a una suerte de autoexplotación para mostrar que pueden ser más eficientes que los trabajadores permanentes y a la vez a un deterioro del clima laboral de la empresa.

La pandemia nos golpeó y lo que muestra es la situación en la que está el país desde hace mucho. Queda claro que es fundamental pensar en la estabilidad, en condiciones dignas e igualitarias, y aquí el papel de las universidades es muy importante para pensar todos estos problemas y generar posibles soluciones.

 

PJ: ¿Por qué hace énfasis en la relevancia que tiene la academia para pensar el trabajo?

HCP: Las universidades tiene un papel fundamental para discutir los problemas del trabajo y la estructura del sistema. La academia es además un espacio para hacer investigación y traducirla en políticas públicas, así quienes legislan podrán gobernar con herramientas que son reflejo de la realidad, de aquello que está ocurriendo en el terreno. Sin embargo, hace falta mucho camino por recorrer. En Colombia la formación académica sobre el trabajo, especialmente en una disciplina como la psicología, ha estado enfocada en la organización y la gestión y poco en la realidad laboral del país.

Por ejemplo, los profesionales en psicología organizacional y del trabajo se han dedicado a estudiar e intervenir principalmente en lo que compete a las organizaciones, procesos de selección, evaluación, liderazgo, clima y cultura organizacional, tratando de responder preguntas sobre cómo administrar el trabajo. Pero, están dejando de considerar preguntas acerca de los problemas fundamentales como ¿cuáles son los juegos políticos que configuran el mundo laboral?, ¿qué papel juega la psicología cuando solamente considera los afectos de los trabajadores y no busca cuestionar las condiciones laborales?, ¿por qué básicamente respondemos a los problemas de la gerencia?, ¿qué tenemos que decir de las condiciones informales en las que trabaja gran parte de la población?

Por otro lado, en estos momentos, donde hay ansiedad, angustia e incertidumbre, porque el trabajo está en riesgo y por lo tanto la economía también, las respuestas generales de algunos psicólogos giran en torno a: “maneje su estrés”, “haga yoga”, “proporcione primeros auxilios psicológicos”, “haga tele-psicología”, “utilice el tiempo productivamente”, etc. Sin embargo, estas técnicas si bien ayudan, tienden a localizar la problemática sobre el individuo, a responsabilizarlo de lo que pasa, a sabiendas de que el problema central está en la forma en cómo está estructurado el sistema.

 

PJ: Entonces, ¿cuál es el llamado para lo que deben hacer los psicólogos del trabajo en estos tiempos?

HCP: Vale la pena que como psicólogos no solo nos centremos en el individuo como tal, es necesario empezar a pensar en la estructura del trabajo del país. Más allá de responsabilizar al trabajador de que cuide su salud mental y maneje su estrés ante estas circunstancias en donde se siente a la deriva, vale la pena que, como profesionales en el mundo del trabajo, podamos contribuir a repensar el escenario laboral y la posibilidad de hacer cambios estructurales, a través del análisis del contexto. Creo que lecturas de este estilo pueden ayudar para que las soluciones que se piensen no estén concentradas solamente en precarizar y flexibilizar, en suspender reivindicaciones, reducir salarios y primas que, en términos generales, ponen en una situación cada vez más difícil a los trabajadores. Creo que es el momento de repensar la relación entre el Estado, las empresas y los trabajadores, no solo buscando fórmulas que se centren en cómo salvar a las empresas desmejorando la condición del trabajo. De esta relación la Universidad tiene mucho para decir y mucho para mediar en su papel de crítica de la sociedad.

Educación virtual, ¿el desafío es solo tecnológico?

Educación virtual, ¿el desafío es solo tecnológico?

La COVID-19 detuvo al mundo y lo obligó a reinventarse en materia de educación. Según cifras de la Organización de Naciones Unidas (ONU), alrededor de 1.370 millones de estudiantes vieron interrumpidas sus clases presenciales, por lo que se generaron nuevos escenarios de aprendizaje.

En Colombia, por ejemplo, se cancelaron los exámenes de Estado ICFES y se aplazaron las Pruebas Saber 11. La cuarentena fue extendida y las instituciones de educación públicas y privadas debieron migrar a las clases virtuales hasta finales de mayo.

Según un análisis hecho por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Pontificia Universidad Javeriana, el 96% de los municipios del país no tiene los recursos ni la cobertura para desarrollar cursos virtuales. Y es que a pesar de las acciones implementadas a través del Decreto 464 de 2020, que garantiza un paquete mínimo vital de comunicaciones otorgado por los operadores de la industria móvil de Colombia, hay lugares sin acceso a la red donde no aplicarían. Más de un millón de personas en zonas rurales no cuenta con servicio de internet, según el último estimado realizado por el Mineducación en el marco de su Plan Especial de Educación Rural en 2018.

María Clemencia Torres Castillo es la clara muestra de esa situación. Ella vive en la vereda Salitre, en Sutatausa (Cundinamarca). Tiene dos hijas que estudian en la Escuela Rural Salitre, las cuales desde el 16 de marzo no reciben clases presenciales. Además, el 30 del mismo mes salieron a vacaciones obligatorias. Durante la primera semana recibieron, vía chat, algunos talleres.

El panorama en las ciudades revela otras falencias. Muchas instituciones educativas, en especial las de carácter privado, han logrado implementar virtualmente los contenidos diseñados para aplicar en los salones de clase. Sin embargo, “la contingencia que nos tocó vivir con esta circunstancia del virus no es educación virtual, son los procesos educativos presenciales siendo intermediados por herramientas tecnológicas. Es decir, no hay procesos de educación virtual”, afirma Mónica Brijaldo Rodríguez, docente de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.

Una de las características principales de la educación virtual, agrega Brijaldo, es que “en la educación presencial uno puede ir construyendo el proceso a medida que pasa cada semana y de acuerdo con el proceso del grupo de estudiantes. En el tema de lo virtual hay que tener el curso diseñado de principio a fin, es decir, el curso debe estar completo al momento de publicarlo”.

Colombia tiene varios antecedentes en modelos de educación a distancia que podrían ser un punto de partida para crear opciones que se ajusten a nuestros contextos: con la fundación de la Radio Difusora Nacional en 1940 se ofrecieron espacios de formación rural como Radio Sutatenza, además de procesos como el bachillerato por radio y la televisión educativa (con la creación de Inravisión en 1963), los cuales se complementaban con cartillas entregadas a través correo certificado.

“Con la educación virtual se dio una tecnificación de las herramientas de la educación a distancia, incrementando el potencial de lo que pueden representar esas herramientas en términos de comunicación y producción de contenido, y a la vez incrementando las relaciones que se podían causar entre ellas”, analiza Mónica Bermúdez, doctora en educación y directora de pregrados en la Facultad de Educación de la misma universidad.

En Colombia, la migración obligatoria de la educación a los espacios por internet evidenció que el país no está preparado para asumir toda la carga académica de forma remota. De hecho, Brijaldo asegura que a “la educación virtual le hace falta investigación en todos los sentidos. No tenemos criterios frente al proceso de aprendizaje, tampoco criterios para la generación de nuevas experiencias en entornos diferentes a las aulas presenciales”.

Según esta investigadora, el desconocimiento o la subutilización de las herramientas, la escasez o exceso de labores escolares (multitarea) y la demasía en la autogestión son, entre otras, desventajas asociadas a la falta de procesos pedagógicos virtuales. Los imaginarios de informalidad y baja calidad académica rodean desde hace varios años los programas de educación vía web.

Por lo anterior, las instituciones educativas deben entender las circunstancias ocasionadas por la coyuntura de la pandemia como una oportunidad pedagógica para diagnosticar, desarrollar y fortalecer sus procesos. “Yo creo que la educación virtual garantiza la calidad de la formación. Hay metodologías virtuales que están bien integradas a modelos pedagógicos que tienen que ver con la manera en cómo se contextualiza la pedagogía, reconfigurando así las relaciones, los propósitos y los contenidos de los procesos educativos”, afirma la profesora Bermúdez.

Según cifras de la ONU, en Latinoamérica son más de 156 millones de estudiantes que vieron canceladas sus clases por la crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus. En lo que respecta a la educación virtual en Colombia, está todo por hacer. Los retos en cobertura de servicios y tecnologías son enormes, pero ante todo “es un momento interesante para mirar cómo es asumido el rol de docente, para mirar la importancia de la autocrítica frente a las estrategias de aprendizaje y para la autorreflexión de cómo reconfigurar la práctica docente dentro de estos nuevos espacios de encuentro, diálogo, intercambio y construcción de conocimiento”, concluye Brijaldo.

¿Podrá el gobierno aplanar la curva del desempleo y la informalidad?

¿Podrá el gobierno aplanar la curva del desempleo y la informalidad?

La COVID-19 tiene en crisis al mercado laboral del país. Tres escenarios de contexto, las cifras oficiales, la informalidad y el accionar estatal en medio de la pandemia, permiten analizar para dónde va una de las preocupaciones más grandes de los colombianos: el empleo.

Las cifras actuales

El último informe sobre trabajo y desempleo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), que registra el período diciembre 2019 – febrero 2020, arroja que el desempleo en Colombia alcanzó el 12,2%. Esto representa 3 millones de desempleados, 101 mil más que el mismo lapso del año anterior. Existe aún diferencia entre la tasa de desempleo por género: el 9% de los hombres y el 16,5% de las mujeres no tienen trabajo.

Las ciudades con mayor tasa de desempleo son: Quibdó (20,6%), Ibagué (18,8%) y Cúcuta (18,1%). Barranquilla (8,9%) y Cartagena (9,1%) son las ciudades capitales con menor número de desempleados. Este último dato\ concuerda con que el sector turístico logró crear 190.000 puestos de trabajo. Por otro lado, en Bogotá la tasa es del 10,8%.

La informalidad en capitales es del 46,7%, lo que representa un aumento del 0,8% en comparación con el año anterior. Cúcuta (71,4%), Sincelejo (67,5%) y Riohacha (63,9%) son las ciudades con más trabajadores informales, mientras que Bogotá (41,7%), Medellín (40,8%) y Manizales (40,7%) son las urbes con las cifras más bajas.

Ibagué (29,8%), Neiva (28,5%) y Valledupar (27,8%) tienen las cifras más altas de desempleo de jóvenes entre 14 y 28 años. La tasa nacional es del 18,7%.

El informe del DANE revela que en el sector agropecuario se perdieron 252.000 puestos de trabajo y en el sector de comercio y reparación de vehículos 336.000.

 

Frente a estas cifras quedan algunos temas para el análisis. Para Samuel Vanegas, profesor del Departamento de Sociología de la Pontificia Universidad Javeriana, estos números pueden esconder detalles, uno de ellos la vinculación laboral. El 67% de las unidades productivas del país son de hasta 9 trabajadores. “La probabilidad de que en esta modalidad exista un contrato formal de trabajo es muy baja. Podemos pensar en micronegocios como un taller de mecánica o un taller de fabricación de muebles; allí hay arreglos entre dueño y empleado, en los cuales se gana en la medida en que exista demanda, si no hay demanda de los productos o servicios, no puede haber pago”, afirma.

Para este investigador, otro punto que pone en riesgo el empleo en el país es la capacidad de generación de riqueza. Para él, los circuitos en este aspecto no están necesariamente atados a los circuitos de generación del trabajo. Esto conlleva a que los trabajadores estén en gran desventaja frente a las grandes empresas locales o extranjeras para competir en el mercado. “A un microempresario de muebles, por ejemplo, la importación de aglomerados de madera desde China lo puede acabar. O en caso de que pueda participar del mercado, una gran superficie le ofrece exhibir sus productos, pero el pago es una factura a 90 días, que está sujeto a la demanda”, expresa. En su opinión, esto demuestra fallas en el mercado laboral con alta desregulación en las que el trabajador es el actor más vulnerable.

Caber recordar, y más en esta fecha, la que es tal vez la figura más representativa del movimiento obrero: los sindicatos. Estas asociaciones permanentes son las que defienden los intereses de los trabajadores ante empresarios y ante el Estado. “Frente a ellos, la tendencia es la pérdida de la capacidad para generar acciones colectivas”, dice Vanegas. Recalca además la falta de articulación entre estas organizaciones para las reivindicaciones que son colectivas.

El censo sindical de 2017 muestra que 1’378.626 trabajadores están afiliados a una agremiación de esta clase. Casi la tercera parte está en el sector de la educación y el sector agrícola. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima una densidad sindical en Colombia del 9,2%, cifra inferior a países como Estados Unidos, Alemania, México y Chile.

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El trabajo en medio de la pandemia

El 6 de marzo las autoridades colombianas confirmaron el primer caso de coronavirus en el país. Desde ese día se han tomado medidas al ritmo del avance del virus en busca de proteger a la población del virus y sin duda estas medidas han impactado la vida laboral y económica nacional.

Los datos presentados por el DANE demuestran una economía altamente informal que para Vanegas tiene muchas variables y matices. “Están los informales de calle que se reinventan cada día, sin que eso sea una virtud. Ya no venden sólo dulces y cigarrillos, también guantes, tapabocas, desinfectante. Pero hay otro tipo de trabajadores informales que son profesionales o técnicos y tienen contratos de dos o tres meses; o personas que, teniendo una formación superior, viven de pequeños proyectos. Éstos también son población vulnerable ante contextos como el actual”, afirma. Además, agrega que pueden tener una mayor connotación de vulnerabilidad porque su condición no les permite acceder a las ayudas que brinda el Estado pero tampoco tienen la posibilidad de mantenerse por mucho tiempo.

Luis Carlos Reyes, profesor de economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, también analiza esta situación. Para él, el mayor impacto para los negocios fue la reducción de ingresos por no poder ofrecer sus productos y servicios o porque no hay clientes que compren. “Lo que estamos viendo es una situación perjudicial para toda la economía, pero sin duda especialmente perjudicial para los trabajadores vulnerables, por ejemplo de restaurantes o de la construcción, que tienen que hacer presencia”, puntualiza.

Para Reyes, el punto crucial para proteger la economía pasa por garantizar los salarios de los trabajadores. “Hay otras medidas que han tomado otros gobiernos y que consideramos que se deberían tomar y no se están haciendo. Es, principalmente, subsidiar el trabajo. Gobiernos de Europa y en Chile, por ejemplo, están subsidiando las nóminas de las empresas, precisamente para que no se tengan que ver obligados a despedir a los trabajadores. El gobierno tiene la información y se lo hemos dicho en varios escenarios, pero una medida como esta es costosa”, enfatiza.

Este investigador considera que la medida más importante debe ser endeudarse en este momento para evitar mayores daños en la economía en el futuro. El Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia está alrededor de 1.300 billones de pesos y calcula que lo que se paga en nómina es una cifra cercana a los 340 billones de pesos. El gobierno sólo ha destinado unos 15 billones de pesos en un fondo que creó para atender esta emergencia. “El gobierno no ha querido endeudarse, como debería, para proteger el empleo. Nosotros pensamos que hay campo para hacerlo. La deuda nacional no es excesivamente alta para no tomar medidas de emergencia”, explica, además de afirmar que “ahorrar en este momento puede salir caro”.

Una de las medidas anunciadas desde la Casa de Nariño fue la de ofrecer créditos a las empresas para pagar los gastos de nóminas. Reyes expresa su desacuerdo con esta medida: “no tiene sentido para una empresa endeudarse para financiar una operación que no está produciendo ingresos. Esto será un fracaso en lo que tiene que ver con proteger la economía de las familias”.

Su proyección del desempleo no es alentadora. Una encuesta de Cifras y Conceptos revela que el 38% de encuestados reportaba que al menos un miembro de la familia había perdido el empleo a causa de la pandemia a la tercera semana de cuarentena. “Si asumimos conservadoramente que cada uno de estos hogares tuviera dos personas empleadas, estamos hablando de un aumento de 19 puntos porcentuales en desempleo sumados a las 13 que ya había. Un escenario conservador sería hablar de que vamos a tener un 30% de desempleo”, dice. Encuestas de otras firmas reportan cifras más altas de pérdida de empleo.

Sin embargo, también rescata algunas medidas del gobierno nacional. Reconoce la creación del ingreso solidario que añade nuevos beneficiaros aparte de los que ya había en programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor, a los que además se les hicieron transferencias adicionales. “La recomendación sería que estos programas más la devolución del IVA, más el ingreso solidario, evolucionaran en un futuro a una renta básica universal, que es una buena manera de dar oportunidades a las personas más necesitadas y lleguen a un punto en el cuál no lo necesiten más”, destaca.

La lección para el economista es clara: la recuperación será más rápida si se toman medidas drásticas y oportunas como las que sugieren desde el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana. Además, resalta que desde la academia y en particular desde la Facultad Ciencias Económicas y Administrativas de la misma Universidad , hay una producción muy valiosa y oportuna frente a la pandemia desde diversos enfoques con sus Análisis de Economía y Negocios – AEN.

Como en muchos otros campos, esta pandemia supone un reto enorme para el gobierno frente al universo del trabajo en Colombia. No sólo el de intentar aplanar la curva de contagiados por el virus, sino el muy importante reto de aplanar la curva tanto del desempleo, como de la informalidad, que vienen creciendo en los últimos años.

Cultura Javeriana de respeto y promoción de la propiedad intelectual

Cultura Javeriana de respeto y promoción de la propiedad intelectual

El avance científico y tecnológico, junto con el acervo cultural de la humanidad, se ha ido construyendo paso a paso, desde el mismo origen del hombre, y a lo largo de los siglos, con la contribución de cada persona, autor, científico, artista o inventor, que con inspiración y esfuerzo logró hacer realidad su aporte intelectual, y contribuir así a la solución de problemas sociales, y a la cultura en general.

En esta historia, la propiedad intelectual surgió como un instrumento para reconocer moralmente esa capacidad creadora e inventiva de las personas, y al mismo tiempo, proteger su derecho de beneficiarse económicamente de sus obras. Desde ese entonces, dicho instrumento ha venido adquiriendo mayor importancia en las políticas de innovación y competitividad de los países, y justamente en este mes se celebró el Día Mundial de la Propiedad Intelectual (26 de abril), por ser considerada un incentivo de la innovación y la creatividad en la actual economía del conocimiento.

En este contexto, la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ) también reconoce y valora el trabajo creativo, emprendedor e innovador del ser humano. A su vez, reconoce la importancia que tiene la propiedad intelectual y su gestión para el desarrollo social, económico y cultural del país. Por esta razón, en el año 2018 se actualizaron las Directrices de Propiedad Intelectual de la universidad, y desde la Dirección de Innovación, con acompañamiento de la Dirección Jurídica, se ha venido liderando una estrategia de divulgación de esas pautas, con distintas actividades de promoción y sensibilización.

Teniendo en cuenta que los miembros de la comunidad javeriana son personas que crean, innovan, y emprenden, durante mayo de 2020 se llevará a cabo un diagnóstico sobre conocimiento, percepción y apropiación de la propiedad intelectual en la universidad, a partir del cual se redefinirá la estrategia y se implementarán los canales más apropiados, que permitan llegar a cada persona con un mensaje de respeto y promoción del área en mención.

Por lo anterior, se invita a estudiantes, profesores y al personal administrativo de la universidad a participar de este diagnóstico y de las demás actividades que se divulgarán a lo largo del año, a través de las cuales se fomentará una cultura hacia la innovación y el emprendimiento, que con el uso y gestión de la propiedad intelectual genere valor a las creaciones que se desarrollan al interior de la universidad para impactar y transformar la sociedad.


 

* Abogado. Asesor en gestión de actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI). Asesor de propiedad intelectual y transferencia de tecnología en la Dirección de Innovación de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

La fauna silvestre nos habla

La fauna silvestre nos habla

El mundo se paralizó debido a la pandemia generada por la COVID-19 y, aunque difícil para los humanos, esta ha sido la oportunidad para que la fauna silvestre y los ecosistemas se tomen un respiro.

¿Qué pasará cuando regresemos a las calles y retornemos a la cotidianidad?, ¿los animales que hoy se hacen más visibles tendrán que volver a esconderse? Estas fueron algunas de las preguntas que surgieron en el conversatorio web La fauna silvestre nos habla, organizado por la Facultad de Ciencias, en cabeza del biólogo Ph.D y profesor del Departamento de Biología, Germán Jiménez, quien asegura que hay esperanza de cambio.

“Estamos en cuenta regresiva. Muchos lo han dicho, nos quedan entre 50 y 60 años para que empiecen a ocurrir colapsos mucho más graves en los ecosistemas, por lo que tenemos que aprender a contrarrestarlos. Estas acciones no serán cuestión de periodos cortos de tiempo, llevarán décadas”, afirma Jiménez, quien complementa que las sorprendentes imágenes de animales que circulan saliendo a pasear con libertad, de ecosistemas acuáticos libres de contaminación y mejoramiento de la calidad del aire, serán un panorama que no volveremos a ver si no implementamos cambios que puedan ser duraderos y que vayan más allá de lo que la cuarentena nos ha dejado de lección.

 

Ejes de deliberación

La especie humana es una especie inteligente, capaz de sentarse a reflexionar sobre lo que está pasando y generar cambios, dice Jiménez, agregando que “esta situación que hoy aqueja a la humanidad hay que aprovecharla para enviar el mensaje y unirse alrededor del mundo para hacer un llamado a cuidar los ecosistemas, pues es el punto de partida para conservar nuestros propios modos de vida”. Por esa razón el conversatorio se centró en exponer tres temas al público para comprender la dimensión de lo que está pasando con el medio ambiente.

En primer lugar, la reflexión giró en torno a las amenazas que el ser humano ha venido generando en muchos de los ecosistemas donde habita la fauna silvestre y cómo, con lo que está sucediendo de la pandemia, hay un contraste evidente al ver a los animales que salen y deambulan por zonas perimetrales o incluso, en el interior de las ciudades.

Como segundo tema, también relacionado con la pandemia pero desde la perspectiva de las enfermedades, Jiménez expuso la relación histórica entre el ser humano y la fauna, basada, en gran parte, en la explotación. Este hecho, dice el investigador, ha permitido generar espacios y posibilidades para que los animales nos transmitan enfermedades, “no porque ellos lo quieran, sino porque al ser muy cercanos al ser humano existen posibilidades de que puedan transmitirnos los mismos parásitos, bacterias, virus y hongos que traen consigo. Entre más cerca estén filogenéticamente (relaciones evolutivas entre especies) de nosotros, más fácil será la transmisión. Pero, esa es solo una parte, la otra es que también tenemos el potencial de transmitir enfermedades a los animales”, comenta Jiménez, quien tiene una trayectoria de 20 años en investigación y promoción del manejo y conservación de la fauna silvestre.

El tercer punto, que encierra los anteriores, fue una reflexión sobre cómo debe ser nuestra convivencia con los animales cuando termine el confinamiento. “Nosotros hasta ahora veíamos a la fauna en una especie de cuarentena; ahora, que somos nosotros los que estamos en aislamiento, los animales salen a merodear. Hay que saber entender el mensaje y de ahí el título del conversatorio, porque la fauna silvestre nos está hablando, nos dicen que los animales son capaces de convivir con nosotros solo si les damos el espacio para hacerlo, y para ello necesitamos que los ecosistemas permanezcan en su mejor estado”, puntualiza.

Después de abordar estas temáticas y de las intervenciones de los asistentes, una de las conclusiones esenciales es que los seres humanos deben poder relacionarse con la fauna silvestre y los ecosistemas de forma apropiada. La pandemia y el momento coyuntural debe traer tanto cambios positivos para el futuro de la humanidad, asegura Jiménez; como también para la conservación de todas las otras especies y ecosistemas que hacen parte de la tierra. “Nosotros potencialmente tenemos dos opciones: o continuamos con el mismo ritmo que traemos, el cual ya sabemos que es perjudicial para la fauna silvestre y nuestros ecosistemas, o cambiamos nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos y les permitimos sus espacios”, finaliza el investigador.

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¿Cómo lograr una convivencia adecuada con la fauna silvestre?

Se debe dejar de sobreexplotar y contaminar el ambiente para mantener los modelos económicos, dice enfático; es necesario buscar formas de desarrollo mucho más sostenibles que permitan mantener los ecosistemas y la fauna y flora silvestre. Esto, no es más que un bumerang, dice Jiménez. “Basta con ver el cambio climático, las ciudades que están contaminadas tienen la mayor escasez de recursos y todo eso es evitable solo si empezamos con lo que yo llamo ‘la gestión hacia el manejo y la conservación adecuadas de la biodiversidad’, que implica ser mucho más respetuosos con los espacios naturales de fauna y flora, y que comprendamos que no están ahí para ser solamente sobreexplotados y contaminados”, afirma.

También comenta que es necesario cambiar de mentalidad: “No podemos seguir con el mismo ritmo de vida porque el mensaje es claro. De aquí en adelante se viene un trabajo enorme acerca de cuáles van a ser los caminos que vamos a seguir y cómo vamos a presionar los espacios políticos, sociales y económicos para tomar las mejores decisiones”. Además, complementa: “esto es un trabajo tanto de los gobernantes como de la sociedad; en la medida en que nosotros nos comportemos sanamente con la naturaleza podemos exigir a nuestros gobernantes que también lo hagan a través de la implementación de modelos de desarrollo realmente sostenibles”.