De los agujeros negros a los corales del Caribe colombiano: Pesquisa 56

De los agujeros negros a los corales del Caribe colombiano: Pesquisa 56

Los pasados 29 de abril y 4 de mayo la Pontificia Universidad Javeriana realizó el foro La Vacunación, un asunto de todos, en el que participaron académicos y expertos de otros sectores para analizar cómo avanza la inmunización contra la covid-19 en Colombia y qué aportes podría brindar cada actor desde su especialidad.

Para Luis Miguel Renjifo, vicerrector de Investigación de la Javeriana, el conocimiento producido tanto en laboratorios como en el territorio resulta clave en esta coyuntura y, precisamente, es el tema que aborda en su editorial de la edición 56 de Pesquisa Javeriana. Aunque Renjifo toma como ejemplo el foro sobre vacunación, los demás artículos presentados en esta edición también responden al diálogo entre la academia y diferentes problemáticas en salud, deporte y ciencia, que requieren de la investigación y la innovación para ser resueltos.

Si quiere leer la revista en su versión en PDF puede hacer clic aquí, o si prefiere, navegue por el micrositio de la edición 56 de Pesquisa Javeriana a través este enlace.

Sin más preámbulo, ¡Acá le contamos cuáles son los temas de la nueva edición de Pesquisa Javeriana!

Portada:

¿Cómo mejorar el confort sobre la bicicleta para conseguir mejores tiempos en carrera? Esta investigación permite brindar orientaciones para que los pedalistas, a través de su postura, encuentren mejores condiciones aerodinámicas que los lleven a superar sus propios registros.

Ciencia profunda:

Explicar con palabras sencillas cómo funcionan los agujeros negros no es tan simple. Este artículo se propuso encontrar las palabras adecuadas para entender uno de los grandes misterios del universo, al mismo tiempo que se pregunta qué pasa si algo cae adentro de uno de ellos.

Ciencia y sociedad:

80 % de los colombianos pueden estar infectados con Helicobacter pylori, una bacteria que está asociada a la aparición de cáncer gástrico. Investigadoras javerianas son pioneras en el estudio de la fagoterapia (un tratamiento con virus) como posible alternativa para erradicar esta bacteria.

Salida de campo:

¿El turismo puede ser una amenaza para los corales del Caribe colombiano? Dos investigaciones javerianas indican que hay una relación entre esta actividad y la salud de sus ecosistemas.

Investigar el país:

¿Qué significado le dan las comunidades indígenas de Sibundoy a las fotos de sus ancestros tomadas por extranjeros hace cien años? Esta investigación es un ejercicio de volver a mirar cómo fue registrada “la historia” y qué nuevos aprendizajes se pueden obtener en el presente.

Innovación:

La lucha contra el licor adulterado es un asunto de salud pública. Así lo asumieron investigadores javerianos y la Gobernación de Cundinamarca en un trabajo articulado, crearon un dispositivo para detectar estas bebidas en menos de un minuto.

Jóvenes que investigan:

Esta es la historia de Yerson Penagos, un médico de la comunidad nasa que decidió estudiar esta carrera para mejorar el acceso a la salud de su natal Jambaló, ubicada en el Cauca.

Creación artística:

Preservar la memoria del cuidado del territorio en el campo podría ser una forma de preservar prácticas agropecuarias que se ven amenazadas ante el avance del monocultivo de caña de azúcar en el norte del Cauca. Mi Fink le apuesta a conservar las tradiciones agropecuarias a través de una aplicación.

Novedades editoriales:

¿Cómo usar la sistematización de experiencias para contribuir a la generación, difusión y uso de nuevo conocimiento? En el libro titulado Siembra y cosecha de conocimiento. Suyusama: 15 años de construcción de la vida querida con campesinos e indígenas en Nariño, escrito por Rosalba Frías-Navarro, la autora estudia las ventajas de adaptar modelos de creación de conocimiento organizacional en territorios rurales aquejados por el conflicto armado y problemas sociales.

El joven nasa que estudió Medicina para mejorar la salud en Jambaló, Cauca

El joven nasa que estudió Medicina para mejorar la salud en Jambaló, Cauca

Este texto se publicó originalmente en la edición 56 de Pesquisa Javeriana bajo el título de “Ser médico nasa: el compromiso con toda una comunidad”.

En la cultura indígena nasa, la tulpa es el fogón, el lugar de encuentro con la sabiduría ancestral, donde el indígena y su familia comparten experiencias, alimentos, consejos de los mayores a los hijos y, por esa misma vía, toman decisiones importantes para su comunidad.

Justo alrededor de una tulpa en Jambaló, Cauca, una vez terminada su educación secundaria en 2011, Yerson Penagos, un aplicado joven indígena de 18 años, se reunió con sus mayores para decidir su futuro.

“Para la ruralidad es difícil acceder a la educación superior, porque nuestra formación académica no es buena y porque tenemos interiorizado que eso no es para nosotros”, comenta.

Sin embargo, dado el potencial que mostró al ganar varias veces matrículas de honor en secundaria y respondiendo con creces a las expectativas de su mamá, que a los 11 años lo llevó a estudiar a Santander de Quilichao porque la calidad educativa era mejor, la familia decidió que él no sería agricultor, profesor o tecnólogo, como la mayoría de sus pares. “Conversando llegamos a que nuestro territorio necesitaba un médico permanente”.

Con el convencimiento de no solo haber decidido su futuro, sino de asumir una responsabilidad con toda su comunidad, Yerson inició un camino lleno de retos.

El primero, conseguir cupo universitario. “Mis profesores me llevaban a ferias universitarias y así supe de una beca para minorías étnicas que tiene la Javeriana Cali”, recuerda. En el examen del Icfes había ocupado el séptimo puesto a nivel departamental y el decimoprimero en el contexto nacional, y, guiado por sus docentes, empezó a buscar universidades públicas, por las limitaciones económicas de su familia. “Siempre me aparecía la opción de Javeriana, entonces la abrí, me presenté y quedé; pero tenía que resolver cómo pagar. Participé para la beca, que era del 100 %, y la gané”.

El siguiente reto fue la adaptación, pues enfrentó experiencias de discriminación, por su forma de hablar o sus recursos limitados, y una crisis con su formación, cuando hacía sus rotaciones clínicas. “La interculturalidad no hace parte de la formación en salud. Nos cerramos a que el modelo biomédico es lo que debemos implementar y cuando llegan familias indígenas diciendo cosas que van en contra de eso, el argumento es: ‘Usted está mal, haga caso’… Estaba frustrado”.

Con apoyo de la universidad, Yerson se pudo tomar un semestre para volver con su familia. Regresar a la tulpa fue decisivo para retornar a la academia con mayor claridad.

Su misión no termina

“Al volver, la universidad me permitió hacer el primer semestre de la Maestría en Salud Pública en mi último año de pregrado. Fue un espacio de gente que tenía muy presente la importancia de la salud pública en nuestro país. Eso me amplió el panorama, pero sentía que necesitaba ver cómo funcionaba la ruralidad”. Terminó la universidad, en 2017 hizo su servicio social obligatorio en Jambaló y retomó la maestría, entendiendo qué pasaba con la salud en su territorio.

Su proyecto de tesis de maestría se concentró justamente en la sistematización de la experiencia de promotores en salud comunitaria en Jambaló, que, considera, debe formalizarse como programa intercultural, pues resulta clave para mejorar el acceso y la atención en salud, y garantizar el buen vivir (o wët wët fxizenxi, que en lengua nasa yuwe quiere decir ‘vivir sabroso’), desde una visión de diálogo entre el saber ancestral de su comunidad y el conocimiento científico occidental.

Hoy, Yerson es el médico permanente de Jambaló, dicta una cátedra sobre interculturalidad en la Javeriana seccional Cali, y no deja de tener presente su misión: “Bonito estar en esta publicación pues cumple un objetivo de mi proceso de caminar: motivar a los chicos a investigar, a que hagan preguntas. Si puedo generar ejemplo y motivación, me siento más que agradecido… La ruralidad necesita que la vean, que la investiguen, que la entiendan y la transformen”, concluye.

                          

Las pasiones de la sexualidad humana

Las pasiones de la sexualidad humana

Daniela Garrido Ríos se graduó del programa de Psicología en la Pontificia Universidad Javeriana en 2019, pero desde que estaba en el colegio, al ver algunos embarazos adolescentes en su entorno, comenzó a hacerse muchas preguntas sobre la sexualidad. Una vez ingresó a la carrera, buscó estar cerca de quienes tienen recorrido académico en el tema, lo que la llevó a tocar la puerta de la oficina de la profesora Linda Teresa Orcasita, sin saber en ese momento qué podía pasar.

Lo primero que le recomendó la profesora fue leer reseñas de artículos y textos científicos. De allí surgieron más preguntas que la docente poco a poco respondía, de modo que esa tarea de diez reseñas semanales fue siendo cada vez más enriquecedora. Después llegaron las monitorías de investigación, y en 2017 ingresó al semillero Conversex. Después de graduarse, su interés no decayó y se presentó a una convocatoria del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias), con la que obtuvo la beca que hoy la tiene como asistente de investigación, produciendo y publicando artículos de la mano de su mentora.

Juan Sebastián Rueda Toro, por su parte, creció entre médicos: su abuelo y su padre, ambos epidemiólogos. Todo estaba servido para que siguiera por esta senda, pero sus intereses se fueron por el lado del comportamiento y la sexualidad humana. Su interés por investigar más el tema ratificó su inclinación a estudiar Psicología en la Pontificia Universidad Javeriana. También desde el comienzo de la carrera se interesó en las monitorías, y por allí comenzó su andadura como joven investigador. Pronto se vio inmerso en la dinámica de la producción académica y aceptó el reto de participar en la realización de un artículo científico sobre homoparentalidad.

En 2018, Juan Sebastián tuvo la oportunidad de realizar un semestre internacional en República Checa, y a su regreso también llegó hasta la puerta de la profesora Linda Teresa Orcasita. De la mano de su tutora, se enfocó en las dinámicas familiares. Entre abril de 2018 y diciembre de 2019 trabajó como monitor de investigación en la Línea de Familias, Género y Sexualidad. Desde febrero de 2020 es practicante de investigación del grupo Bienestar, Trabajo, Cultura y Sociedad (Bitacus), del Departamento de Ciencias Sociales de la Javeriana Cali.

Ni la curiosidad ni la disciplina han abandonado a estos dos jóvenes investigadores, que siguen trabajando en medio de las condiciones especiales de emergencia sanitaria del país, produciendo para el semillero Conversex, además de participar en el diseño de un juego didáctico para la educación sobre sexualidad.

Han aprendido a manejar la frustración que a veces genera la carrera del investigador, por ejemplo, en cuestiones como el rechazo de artículos por parte de las revistas científicas. “Uno aprende a ajustarse a los retos en el terreno, a ser paciente y a estar abierto a todas las posibilidades que se pueden presentar en un tema tan complejo como la sexualidad humana”, afirma Daniela.

Por su parte, Juan Sebastián no duda en señalar que ha crecido con la investigación y con su grupo de trabajo: “Pienso que ahora es muy difícil bajarse de la investigación, pues ya tengo un recorrido que empecé como monitor y que ahora me va a permitir, gracias a la beca de Minciencias, hacer otra pasantía internacional en la Universidad de Oldenburg, en Alemania”.

El talante de la juventud se mantiene en Daniela y Juan Sebastián. Disfrutan, como cualquiera, de las series de Netflix, la lectura, el buen cine y la pizza con los amigos. Sin embargo, saben poner límites a las distracciones sin que eso los vuelva aburridos. Ambos coinciden en una cosa: “Todo es cuestión de pasión por lo que uno quiere”.

 

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Los tweets de Trump impulsan la carrera de Daniela Abisambra

Los tweets de Trump impulsan la carrera de Daniela Abisambra

Qué manera de empezar tu vida laboral”: esas fueron las palabras que le dijeron a Daniela, comunicadora social e internacionalista, después de recibir su premio a la Mejor Tesis de Pregrado, otorgado por el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB).

Daniela es una joven bogotana que entró a la Pontificia Universidad Javeriana en 2013 con la idea de estudiar Periodismo. “Entré a Comunicación Social pensando que iba a ser periodista, pero me pareció interesante la oportunidad que me brindaba la carrera de tener herramientas diferentes al periodismo, en especial hoy en día, que hay tantas transformaciones por todo el tema digital, que ha mutado y sigue cambiando al mundo”, confiesa la comunicadora, que finalmente se especializó en Comunicación Organizacional.

Por el camino, quiso enfrentarse a un reto mayor iniciando doble programa e ingresó a la carrera de Relaciones Internacionales. “Quería conectar la comunicación con algo más, no abandonarla, ni mucho menos, pero sí tener una visión un poco más macro de las cosas”, agrega. Para ella, las relaciones internacionales dan contexto, remiten a la historia y a las transformaciones que experimenta la humanidad.

Su tesis de grado, titulada “La política exterior estadounidense a través de la ‘twiplomacy’ de Trump”, la hizo merecedora del premio a la Mejor Tesis de Pregrado, otorgado cada año por el CPB, así como de la Orden al Mérito Académico Javeriano. La investigación responde a una pregunta que se hacen muchos en el planeta: ¿cómo Donald Trump ha ejercido su política exterior a partir de su cuenta personal de Twitter?

Inició este trabajo construyendo la matriz, junto con un perfil psicobiográfico de Donald Trump, que abarcó desde su infancia hasta su llegada a la Presidencia de Estados Unidos. Tras realizar una selección cronológica temporal de los tweets publicados por Trump, Daniela analizó todo el primer año de mandato del presidente, a partir de lo cual los clasificó de acuerdo con tres categorías: intención, tono y engagement. “Luego hice un segundo filtro y los dividí en nacionales e internacionales […], o sea, tuve que leer todos los tweets que él publicó”. La muestra inicial fue de 920 tweets y, después de aplicarles las categorías mencionadas, terminó analizando 270.

La comunicadora e internacionalista concluyó que las prioridades temáticas de este periodo giraron en torno a las relaciones internacionales con Corea del Norte, Rusia y China, así como a la seguridad, el posicionamiento, el terrorismo y la migración. En cuanto a la intención y al tono, primaba la idea de superioridad, tanto estadounidense como del mandatario. Concluye, además, que en su mayoría los tweets tenían la intención de agitar, informar y desacreditar. “Este trabajo invita a repensar las dinámicas que se dan en plataformas como Twitter, que dejaron atrás su función de microblog de opinión, para ser tomadas como un referente de la agenda interna y externa de la política contemporánea”,  complementa.

Como profesional, trabaja en la producción de su podcast Curioseame, el cual inició hace cinco meses junto con otra compañera de Comunicación, y que se encuentra en plataformas como Spotify, Spreaker, Apple Podcasts y Deezer. “Es una apuesta innovadora para el periodismo en el país. Con una mezcla de investigación, entretenimiento y educación, queremos que la gente aprenda cosas nuevas de manera diferente e interesante”, aclara. En el podcast entrevistan a líderes de opinión en cada una de las áreas tratadas, que van desde tatuajes, salud mental y fobias, hasta temas coyunturales, que no distinguen sexo, edad ni género.

Ahora viene el camino que se forjará laboralmente. “Siento que eso es el cierre a una vida académica de mucha disciplina. Graduarme con la Orden al Mérito Académico Javeriano es sinónimo y muestra del compro- miso y entrega que he tenido a lo largo de mis dos carreras. Siento que acabé esta etapa con broche de oro y ahora me enfrento a un nuevo mundo de retos en el cual se vienen grandes cosas en el mundo laboral”. Hace unos meses, Daniela empezó a trabajar con IPG Mediabrands, una empresa de publicidad y comunicación digital donde continuará aprendiendo del mundo de la comunicación.

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Carlos Andrés Vergara y las vueltas que da la vida

Carlos Andrés Vergara y las vueltas que da la vida

Hijo de médicos, Carlos Andrés Vergara Sánchez siempre tuvo claro que no estudiaría medicina, porque sus padres trabajaban mucho y poco compartían con él. La demanda de tiempo de la formación de sus papás y la de su ejercicio profesional lo llevaron a crecer sin relaciones fuertes. “Mi mamá hizo especialidad en pediatría, gastroenterología, maestría en epidemiología, y mi papá, como médico general, tuvo que trabajar muy duro todo el tiempo”, dice.

El divorcio de sus padres cuando tenía dos años y los estudios de su madre en el exterior lo obligaron a traslados permanentes entre Cali, México y la Costa Atlántica, para estar con ellos. Dada su soledad, se concentró en sus deberes. “No invertía tanto tiempo en salir y compartir con personas, sino que la pasaba en casa haciendo tareas”.

Además, siempre mostró facilidad para el estudio. “Podía entender un poco más rápido las cosas y sacaba buenas notas sin tanta dedicación”. Gracias a ello, terminó su primaria a los nueve años y la secundaria antes de cumplir 15.

A sus 25 años, Carlos no solo es médico javeriano, sino que, por su esmero, ha obtenido importantes logros: Mejor Estudiante 2012 de Técnicos Auxiliares de Enfermería de la Fundación Salamandra, Beca Mejor Saber Pro 2017 en Medicina y la Orden al Mérito Académico Javeriano. Está certificado por la Educational Commission for Foreign Medical Graduates como médico en Estados Unidos, y su más reciente logro es la beca para Jóvenes Investigadores e Innovadores en Medicina de Colciencias.

Carlos se enteró de la convocatoria en 2018, mientras hacía rotación en cardiología en Miami. “La directora de carrera me mandó la convocatoria porque sabía de mi interés en la investigación”. Para presentarse, debía pertenecer a un proyecto reconocido por Colciencias, por lo cual, con apoyo de la docente Mérida Rodríguez, presentó una solicitud a la Universidad, que fue avalada vinculándolo al proyecto “Innovación por diseño para fortalecer el acceso a servicios preventivos en cáncer de cuello uterino en una red pública de atención primaria de Cali”, del Departamento de Salud Pública y Epidemiología de la Javeriana. Entre más de 30 postulaciones, Carlos obtuvo el primer puesto.

Hasta febrero de 2020, apoyará la investigación escribiendo artículos, acompañando acciones de campo para conocer barreras de acceso al servicio de citología y formulando un protocolo de validación del Citobot, un dispositivo de inteligencia artificial diseñado para diagnosticar riesgos de cáncer de cuello uterino.

Con la beca encontró un complemento a su interés por la clínica. “He descubierto que extraño a los pacientes con todo el corazón. Tengo que sentir que toco vidas, además de tocar libros y teclados, pero con la investigación descubrí que no puedo estar solo en clínica. Con la investigación puedo tener un impacto poblacional y aportar a mis colegas”.

Mientras repasa sus tareas, recuerda cuándo cambió su posición frente a la medicina. A los 16 años, “extrañamente cerraba los ojos y me veía en un hospital con la bata que decía ‘Doctor Vergara’”. Su certeza llegó antes de entrar a la facultad, mientras estudiaba para ser paramédico en la Fundación Salamandra: “Recuerdo perfectamente una paciente de más de 70 años, muy delicada, que llegaba al hospital por un infarto. Me dediqué a mantenerla estable, tomar sus signos vitales y tratarla bien. Cuando bajé de la ambulancia, la familia y la señora me agradecieron como si le hubiera salvado la vida. Eso me impactó tanto que descubrí que acompañar a una persona en su momento más vulnerable, que es el sufrimiento, es lo más valioso que puedo hacer. Allí encontré la razón para ser médico”, concluye.

En busca de los huevos de oro

En busca de los huevos de oro

“Sentir que puedo contribuir es muy motivante”, dice con la decidida confianza que la caracteriza.

Es Nini Vanesa Rueda. Ha dedicado los últimos seis años de su vida a cambiar calificaciones por descargas eléctricas. Es la creadora de los circuitos utilizados en procesos de descontaminación de agua y de tratamiento de gases, a través de la producción de plasma frío. Para lograrlo, utiliza la tecnología de descarga de barrera dieléctrica, con la cual le ha dado unos minutos más de pureza al medio ambiente.

El plasma es un estado de la materia con características similares a las del gas, pero, a diferencia de este, una porción de las partículas son ionizadas, creando la posibilidad de inyectar energía en diferentes procesos industriales. El trabajo actual de Vanesa implica crear las condiciones eléctricas idóneas para que el plasma permita descontaminar los gases de escape de los motores diésel, gases que contienen material particulado tóxico que llega directo a nuestros pulmones.

“No me considero propiamente ambientalista, pero claramente soy consciente de los problemas ambientales, y que el trabajo que haga tenga un impacto importante fue un punto decisivo para trabajar en este tema”, continúa la ingeniera electrónica que de niña soñaba con ser médica, hacía piruetas de porrista y daba uno que otro paso en las clases de danza del colegio. Aunque nada le generó tanta pasión como la física. Predecir el mundo a través de la ciencia era, entonces y ahora, su obsesión.

Sin embargo, le fue difícil convencer a su padre, el ingeniero civil Álvaro Rueda, al momento de ingresar a estudiar ingeniería. “Decía que nosotros éramos los obreros del mundo, que nunca llegábamos a tener cargos grandes y que revolucionaran. Que éramos obreros con título”. Pero Vanesa tiene claro que no quiere trabajar para otros. Sabe que la investigación le permite apropiarse de lo que hace, reconocerse en sus logros y aprender de sus fracasos. Son suyos. Igual que sus preocupaciones. Y es que ser mujer investigadora no es fácil.

“Me he preocupado bastante, de pronto más conscientemente que los hombres, por dejar siempre una buena impresión con la calidad de lo que hago. No hay muchos modelos a seguir de mujeres en la ciencia y creo que todas siempre estamos demostrándonos y a los demás que la calidad de la investigación no depende del género. Pero es un reto”.

Justo después de embarcarse en la ingeniería, cambió las porras, la danza y las clases de guitarra del colegio por el grupo estudiantil de la Asociación Internacional de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE), del que más tarde se convertiría en líder. Fue allí donde conoció a profesores y estudiantes, ponentes y expertos, que la atraparon con sus experiencias como investigadores y le dieron el insumo necesario para convertirse en joven investigadora.

Desde el final del pregrado hasta la maestría, su trabajo con el grupo de investigación de la Pontificia Universidad Javeriana en Sistemas de Control, Electrónica de Potencia y Gestión de la Innovación Tecnológica (Cepit) fue reconocido en 2015 por el programa Jóvenes Investigadores, de Colciencias.

Después de terminar la maestría en Ingeniería Electrónica con énfasis en Electrónica de Potencia, Vanesa viajó a Francia para hacer una pasantía. Continuó el doctorado y ahora, en cotutela con la Javeriana, vive la mitad del año en Francia y la otra mitad en Colombia, cumpliendo su sueño de ser una viajera incansable.

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“Últimamente me dedico mucho a viajar. Me enamoré de conocer culturas, lugares diferentes y cada vez estoy buscando destinos más lejanos. El solo hecho de planear el viaje, escoger las ciudades y paradas de un roadtrip, te obliga a conocer la cultura y la historia”.

En dos años se graduará como doctora en Ingeniería. Ella sabe quién estará en primera fila: “Mi mamá es mi todo. Mi mamá es la que siempre está ahí, me alcahuetea todo, siempre está superorgullosa de todo lo que hago, está de primeras mostrando los logros y apoyándome”, dice con satisfacción.

Y luego, ¿qué viene? “Quiero seguir en la investigación, ya sea dentro de la academia o en el sector privado. Quiero tener la oportunidad de trabajar en el extranjero para traer luego esos conocimientos de ciencia al país”. Vanesa parece no darse cuenta de que ya lo ha estado haciendo.

El sueño de esta ingeniera es una mezcla de aeropuertos y tecnología. Mientras conoce el mundo, Vanesa busca descubrir sus propias capacidades para innovar y estar detrás del desarrollo de la tecnología en su propio país. Cuando esto ocurra, Vanesa habrá encontrado sus huevos de oro.

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Claudia Marcela López Burbano: “La investigación me permite transformar realidades”

Los pacientes que sufren de enfermedades genéticas necesitan mucha atención”, dice Claudia Marcela López Burbano con un gesto de preocupación, pero con la seguridad que la caracteriza. “Acompañarlos en su proceso y ofrecerles una mejor calidad de vida es lo que me mueve”.

Y es que el servicio y la compasión por los demás han sido su motivación desde niña, actitudes que aprendió de su padre, un comprometido amante y defensor de los animales. “Mi padre siempre ha sentido un amor profundo por todas las clases de animales, es algo que admiro profundamente. Desde los sapos que a veces invaden nuestra casa, pasando por las zarigüeyas que nos visitan de noche, hasta los cinco perros con los que actualmente vivimos”, cuenta, sonriente, esta joven médica.

Justamente de este respeto por la vida en todas sus formas surgió la necesidad de hacer de aquel sentimiento una profesión, un estilo de vida. Y fue en la medicina donde Claudia Marcela encontró una posibilidad para hacerlo.

Aunque sus padres no tenían nada que ver con la medicina ―abogado él, ella ingeniera de sistemas―, y pese a que sus amigos estaban convencidos de que estudiaría alguna ingeniería, ya que era muy buena en matemáticas, la pasión de esta joven payanesa por servir a los demás desde la salud no les dio lugar a sus predicciones.

“Siempre me gustó la medicina por el contacto directo que tienes con las personas; cuando empiezas a ir a los hospitales, te das cuenta de que muchas veces los pacientes van porque necesitan que alguien los escuche, necesitan sentirse valorados, y eso me llena”.

Durante su paso por la Universidad Javeriana Cali, decidió un día vincularse al Semillero de Innovadores en Salud (Issem), hecho que le dio un nuevo rumbo a su vida: el de la investigación. Ahí conoció a la profesora y genetista Paula Margarita Hurtado, quien ha sido su mentora desde entonces y con la que inició su trabajo en la línea de genética y enfermedades huérfanas.

“Ella es una estudiante muy inquieta”, la describe Hurtado, “no se queda con lo que enseñamos en clase. Fue muy interesante ver cómo desde que se vinculó al semillero asumió su liderato de manera espontanea; estos son espacios muy autónomos y la voluntad de estudiantes como ella marca la diferencia”.

Claudia Marcela quiere explorar hasta lo más profundo de su profesión. “Hacer visible lo invisible”, dice, tomando la frase de la organización World Birth Defects Day. “Existen enfermedades que afectan a un grupo muy reducido de personas, pacientes que no se visibilizan ni en la comunidad ni en el sistema de salud, y es necesario cambiar esta realidad”, señala en tono categórico, con una expresión de inconformidad que es difícil dejar pasar.

En febrero de 2018, esta joven médica, de aspecto amable pero de carácter firme, inició su año rural en investigación: “Creo que investigar te hace mejor médico, te da la capacidad de identificar problemas y estructurar soluciones, transformando el enfoque clínico de tus pacientes. Es una oportunidad de lograr gran impacto mediante acciones pequeñas”.

Gracias al trabajo con su profesora de genética y ahora jefa, descubrió el aspecto humano de este campo, las grandes necesidades de las personas que sufren estas enfermedades y de su entorno: se trata de familias que carecen de información sobre qué hacer para mejorar la calidad de vida de estos pacientes; sufren de ansiedad y en muchos casos no cuentan con los recursos necesarios para adelantar un tratamiento. “Nosotros como médicos podemos hacer algo para acompañarlos personalmente en este camino tan difícil”, afirma Claudia Marcela.

Actualmente, se encuentra vinculada al Programa de Vigilancia Epidemiológica y Seguimiento de Defectos Congénitos, dentro del cual visita clínicas para examinar a todos los niños recién nacidos. En este proceso, identifica si existe alguna anomalía o defecto hereditario de carácter estructural funcional. “Los niños pueden nacer con un dedo extra, lo que se denomina como un defecto estructural, o pueden sufrir de ceguera o problemas auditivos, lo que sería un defecto funcional”, explica.

Esta joven investigadora, que sonríe al mencionar que su sueño es tener una gran fundación para animales callejeros, y que disfruta de fotografiar atardeceres, sabe que desde todas las áreas del conocimiento es posible hacer algo para servir a los demás, y no duda que en la genética médica está el camino que seguirá recorriendo para brindar esperanza a aquellos que la necesitan.

El investigador que hace ciencia desde las aulas

El investigador que hace ciencia desde las aulas

Desde niño, Bryann Esteban Avendaño Uribe supo que quería comprender el mundo y que las visitas a zonas rurales durante las vacaciones con sus papás no eran en vano. A sus ocho años, la inquietud por responder ciertas preguntas —como por qué las plantas son verdes o qué define el tono de voz de una persona—  fue motivo suficiente para soñar con ser un científico destacado, capaz de transformar la historia de la investigación en Colombia.

Este biólogo y ecólogo de 27 años, egresado de la Pontificia Universidad Javeriana, fue becario del Programa de Liderazgo en Competitividad Global de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C. (EE.UU.); ha trabajado en modelos de gestión participativa con campesinos, indígenas y afrodescendientes; y ha liderado estrategias de educación STEM (science, technology, engineering and mathematics).

Fue en el voluntariado Misión País Colombia, en una visita a San Martín de Amacayacu, en el Amazonas colombiano, donde tuvo una experiencia reveladora que lo llevó a estudiar paralelamente biología y ecología. “Yo estaba caminando con un curaca —líder indígena de la comunidad tikuna— y durante el recorrido arranqué un pedazo de liquen de un árbol para observarlo. Su mirada me lo dijo todo, fue una mirada diciente, me habló sin palabras”, recuerda este apasionado de los libros de ciencia ficción y del estudio de los hongos.

Entre 2011 y 2012, Avendaño participó en la investigación “Manejo integrado del cultivo de la guadua”, liderada por la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, en asocio con algunas entidades públicas, en la cual llevó a cabo su proyecto de grado. La inquietud por seguir indagando lo llevó, en 2013, a convertirse en joven investigador de Colciencias, como parte del Semillero de Investigación Agricultura Biológica, de la misma institución.

Pero su vida tomó un nuevo rumbo en 2014 cuando empezó a trabajar con consejos comunitarios de colectividades negras del alto y medio Dagua y del bajo Calima, en zona rural de Buenaventura, en un proyecto marco de la Unión Europea sobre gobernanza y gestión comunitaria de recursos naturales en América Latina, en alianza con la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana.

Fueron casi dos años de investigación. Allí conoció la diferencia cultural entre un refrigerio con papas y gaseosa, al estilo evento de Bogotá, y uno con sancocho ‘trifásico’, al estilo del Pacífico; aprendió que, para acercarse a la realidad de un pueblo, no basta con visitarlo sino que es necesario sumergirse en él; y confirmó que su vida como científico no debía estar en un laboratorio sino en campo, con las comunidades. Y en las aulas, con los jóvenes.

Por eso, desde 2016, Bryann trabaja como docente de la Asociación Alianza Educativa, en Usme, como parte del programa Enseña por Colombia, y encontró la combinación perfecta entre ciencia y educación en el proyecto Clubes de Ciencia Colombia, iniciativa que lleva científicos nacionales e internacionales a zonas rurales para expandir la educación científica de niños y jóvenes.

Escalar al aire libre es su hobby. Reconoce que este deporte es una metáfora de su vida, porque cada cima que ha alcanzado es fruto de su disciplina, persistencia y liderazgo, y que el sacerdote jesuita Francisco de Roux y el matemático Antanas Mockus son sus modelos de vida y quienes lo han motivado a participar en la construcción de la política de creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia, junto con otros investigadores, asesorando a los senadores que la proponen.

Este joven no solo lleva en su maletín una bata de laboratorio, sino una agenda llena con bocetos de la ruta que debe seguir para escalar el monte más alto, su misión de vida: “Mejorar las condiciones para que los científicos puedan hacer ciencia en Colombia e inspirar a las futuras generaciones de investigadores a través de la educación de alta calidad”.

La niña que soñó con ser educadora

La niña que soñó con ser educadora

Cuando les preguntan a los niños qué quieren ser cuando grandes, generalmente contestan “doctora”, “piloto”, “futbolista”. Otros, más extravagantes, responden “¡astronauta!”. Sin embargo, cuando crecen, sus metas cambian y es poco frecuente que se conviertan en los profesionales que soñaban ser de niños. Paula Lucio, sin embargo, es uno de aquellos pocos casos. En su infancia, su respuesta fue “quiero ser profesora de niños”. Y hoy, con 21 años de edad, está a meses de graduarse de la Licenciatura en Pedagogía Infantil.

No esperó hasta entrar a la universidad para empezar a trabajar por el sueño que tenía. En su colegio, cuando cursaba segundo de primaria, le permitieron ser la consejera de los niños del grado de transición: “Me gustaba enseñarles a los que eran más chiquitos que yo”. Así, estaba descubriendo una vocación que reafirmó a lo largo de su vida, primero, siendo profesora voluntaria en una escuela infantil y, más adelante, dando clases en una fundación de niños. Para eso había nacido. Lo que no sabía era que, además de cumplir con la ilusión de su infancia, también se convertiría en investigadora.

En los primeros semestres de su carrera, la invitaron a entrar al mundo de la investigación desde el Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte de la Pontificia Universidad Javeriana, un camino que la condujo a investigar sobre la neurociencia y la dimensión corporal.

¿Qué tiene que ver la neurociencia con la dimensión corporal y los niños? Que estos, desde la primera infancia, aprenden por medio de su cuerpo y la “neurociencia sugiere que el aprendizaje proviene de la exploración y los sentidos”. Paula Andrea Lucio trajo consigo este tema de investigación hasta el final de su formación profesional. Al principio, participando, junto con los docentes Marlucio de Souza y Sandra Posada, en la realización del artículo científico Physical Education in the Early Childhood: a perspective of investigation in education from the neuroscience, reconocido como el mejor en la decimosexta edición de la International Conference on Education and Information Systems, Technologies and Applications (Eista), en Orlando, Estados Unidos.

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Más adelante, siguiendo esa misma línea de investigación, creó, como proyecto de grado, un material de apoyo pedagógico para educar a los niños por medio de actividades lúdicas y así revolucionar la enseñanza. Por ejemplo, “dentro del juego de la golosa (también conocido como rayuela) se pueden potenciar las matemáticas”, explica, pues allí los niños aprenden a contar, a sumar o a restar.

De todas sus experiencias, recuerda la vez que un niño la insultó. Con el amor y la entereza que exige su profesión, hizo que desde entonces los insultos se convirtieran en abrazos que reflejaban el respeto y cariño de los menores hacia su ‘profe’.

Para ella, todo ha sido una aventura, una expedición en la que a través de su percepción, instinto y labor investigativa ha ido escogiendo caminos y descartando otros para contribuir a la evolución de la enseñanza en los niños y dar sus propios pasos para mejorarla cada vez más. Después de todo, como afirmaba Pitágoras en la antigua Grecia, “enseña a los niños y no será necesario castigar al hombre”. Así cambiará la sociedad. De eso está convencida esta joven investigadora.