Gina Pilar López

Gina Pilar López

La historia de la ciencia está llena de personas obsesionadas con descubrir nuevos mundos. Algunas de ellas se embarcaron en travesías por tierras ignotas o viajaron a la luna. Otras se han sumergido en submarinos para explorar el fondo de los océanos. Pero la joven investigadora del Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, Gina Pilar López Ramírez, ha descubierto esos nuevos mundos en lugares que por estar más cerca no dejan de ser sorprendentes y abren puertas a universos inexplorados. Esta microbióloga de 28 años, que cursa su segundo año de doctorado en la Universidad bajo la tutoría de la profesora y científica Sandra Baena, se ha impuesto la misión de entender cómo algunos microorganismos pueden no sólo sobrevivir sino prosperar en ambientes extremos. Una de sus primeras contribuciones a este campo de investigación la hizo durante su trabajo de tesis de pregrado en 2002, cuando documentó, junto con Baena, la existencia de microorganismos reductores de hierro férrico (FE3+) en los manantiales termominerales de Paipa en Boyacá. “Esa etapa fue crucial porque descubrí que me interesaba la investigación. Es muy poco lo que se conoce de ese universo microbiano en ambientes extremos aquí en Colombia y comenzar la búsqueda era, como decía mi tutora, explorar una caja negra”. Esta idea y la de mirar las potenciales aplicaciones para la microbiología industrial guió el ejercicio.
En 2006, con alguna experiencia laboral en el sector de biofertilizantes y en la industria de alimentos, López volvió a trabajar en la Universidad, en la Unidad de Saneamiento y Biotecnología Ambiental (USBA). En ese momento se encontraba motivada por su selección como joven investigadora de Colciencias; bajo este esquema pudo darle continuidad a la primera etapa investigativa. Gina asegura que una de las claves para forjar una carrera científica es la paciencia. Los resultados no se obtienen de manera súbita y sólo la perseverancia y la creatividad permiten resolver problemas con recursos técnicos limitados.

Para esta colombiana la ciencia siempre ha sido parte de su vida. Su padre es un licenciado físico especialista en meteorología y su madre es una ingeniera geógrafa. Pero no todo es laboratorio y microscopios. Reconoce que es necesario tomar distancia de los problemas para volver a ellos con nuevas y mejores ideas. Y en el caso de Gina, nacida por accidente en España, nada mejor que un partido improvisado de básquetbol o una salida a bailar salsa, su música favorita.

Pasión, motor del investigador

Otra parte crucial de su labor científica se ha concentrado en apoyar diversos proyectos de la Universidad, entre los que se encontraba el recuento de poblaciones microbianas en un reactor tipo UASB (por su sigla en inglés, Upflow Anaerobic Sludge Blanket, es decir Reactor Anaeróbico de Flujo Ascendente y Manto de Lodos) para tratamiento de aguas residuales de las cervecerías. Tanto su tesis de pregrado como los resultados con el equipo investigativo javeriano y Colciencias fueron el comienzo de una prometedora carrera en la cual ha recibido el apoyo y la guía constante de su mentora, quien reconoce que su pupila, al igual que los demás jóvenes miembros que componen la unidad, pertenece al tipo de investigadores que hacen su trabajo motivados más por la pasión que por la remuneración. “Son jóvenes que lo dan todo sin reparar en las largas horas de trabajo en los laboratorios. Ellos hacen parte ya de la generación de relevo que está fortaleciendo la comunidad científica del país”.

Gina tiene también en su haber la caracterización de una nueva especie. Junto a Carolina Díaz Cárdenas (también estudiante de doctorado), Sandra Baena y Bharat K. C. Patel, describieron en un artículo publicado en agosto del año pasado en el International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology la existencia del organismo que llamaron Dethiosulfovibrio salsuginis. Esta microbióloga tiene claro que “siempre hay que trabajar en equipo. El que trabaja sólo puede llegar a estancarse y caer en sus propios errores. Se corre el riesgo de trabajar siempre en lo mismo”.

En este momento está explorando la biodiversidad microbiana en el Parque Nacional Natural de Los Nevados. La principal contribución es la de explorar y valorar la diversidad de estos ambientes extremos, con miras a efectuar un estudio de bioprospección, que permita obtener enzimas lipolíticas que tienen gran potencial en el desarrollo de aplicaciones en la industria farmacéutica, cosmética, de alimentos y de química fina. Este proyecto se articula con las actividades investigativas del GEBIX (Centro Colombiano de Genómica y Bioinformática de Ambientes Extremos) en el que trabajan por lo menos diez instituciones que incluyen universidades y grupos investigativos.

Y en el curso de esta empresa científica, Gina tiene la tarea de escoger la universidad europea en donde realizará su pasantía internacional, un componente básico de su plan de estudios doctorales.

Luego de unos meses de trabajo en estos laboratorios, volverá para presentar los resultados de su investigación y emprender la recta final de su preparación, que marcará el comienzo de nuevas búsquedas en el inmenso mundo de la microbiología.


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Ricardo Wilches

Ricardo Wilches

Hijo de un veterinario y una contadora santandereanos, Ricardo Wilches Buitrago desarrolló una destacada capacidad de observación y análisis a la que él atribuye su fascinación por las ciencias. Por eso, pese a que muchos en su familia habían optado por la arquitectura, y ésa era la profesión de moda a finales de los años noventa, la balanza se inclinó a favor de las ciencias naturales en el momento de escoger carrera. “Cuando estaba en el colegio creía que la única opción para profesionalizarme en la biología era la medicina, pero luego, al indagar con más gente, vi que el mejor camino era estudiar la primera, pues lo que me interesaba era usar el conocimiento para hacer ciencia”, explica Wilches.

Con ese objetivo se matriculó en la Universidad Javeriana para formarse como biólogo; uno bastante particular como él mismo explica: “Yo era de esos escasos estudiantes a los que les interesaba muy poco ir al campo a contar animales. Lo mío era el trabajo en el laboratorio entre procesos biológicos a menor escala”. Cuando cursaba segundo semestre, se presentó al Instituto de Genética de la Universidad para que le permitieran “estar en el laboratorio y ver qué era lo que hacían allí”. Lo aceptaron como pasante en el de Citogenética. Desde ese entonces, Wilches se apasionó por la genética.

Luego vendría el hallazgo del que él considera su nicho: la genética de poblaciones. Este descubrimiento se dio a partir de la realización de su segunda pasantía, esta vez en el Instituto de Errores Innatos del Metabolismo, de la misma institución. Allí, bajo la supervisión del profesor Luis Alejandro Barrera, se acercó a la bioquímica y encontró su primer modelo para llevar a cabo un estudio con enfoque genético. Desarrolló una investigación sobre la enfermedad de Gaucher, desorden generado por la ausencia de una enzima en el hígado que produce la acumulación de sustancias y el consecuente agrandamiento del órgano.

Después de esa experiencia, Wilches ganó una beca como joven investigador de Colciencias para desarrollar un estudio sobre la hipolactasa, nombre de la condición con la que se denomina la intolerancia a los lácteos. Sin embargo, antes de que la investigación concluyera, debió renunciar por cuenta de otra beca que ganó, esta vez para realizar sus estudios de posgrado en Alemania.

Wilches siempre había tenido claro que debía familiarizarse mejor tanto con la teoría como con las técnicas para el estudio de la genética, por eso uno de sus objetivos era salir del país y acceder a las herramientas y conocimientos disponibles en Norteamérica y en Europa. Así, con mucha expectativa, se radicó en la ciudad alemana de Múnich en 2007.

Pese a que en Colombia venía trabajando con seres humanos, escogió investigar en genética evolutiva, área en la que el modelo de estudio no son las personas sino, para su caso, la mosca de la fruta, científicamente denominada Drosophila melanogaster, un organismo con el que se empezó a investigar en genética a principios del siglo XX y que hoy se usa para estudios en neurobiología y biología del desarrollo, entre otros. Actualmente, para su tesis de doctorado, este colombiano de 28 años se ocupa de identificar, en la Drosophila, los genes responsables de su adaptación climática, pues aunque estas moscas son originarias de África, han sobrevivido por generaciones a las frías temporadas del invierno en las zonas templadas.

Precisamente, durante la última semana del pasado mes de agosto, Wilches viajó a la ciudad italiana de Turín para participar en el congreso de la Sociedad Europea de Biología Evolutiva (ESEB), en donde presentó la primera parte de su trabajo.“Encontramos dos genes que tienen que ver con esa adaptación, sin embargo, el genoma de la Drosophila tiene cerca de 15.000 genes y posiblemente muchos estén involucrados en esa adaptación”. Por eso, tiene claro que lo que queda de su estancia en Alemania lo dedicará a continuar experimentando con las moscas y sus genes.

Varias opciones conforman su baraja de planes para el futuro. Una de ellas es regresar a Colombia a trabajar en genética de las poblaciones humanas. Indagar sobre la historia genética de los pueblos del país y el continente, e identificar si ha habido cambios adaptativos. Los demás intereses, que debió aplazar por cuenta de los genes y las mutaciones que hasta ahora lo han ocupado, no están descartados por completo. La posibilidad de hacer una maestría en historia de la arquitectura, por ejemplo, sigue latente.

Entre tanto, Wilches disfruta la vida en Alemania, intercalando sus compromisos académicos con los conciertos de música clásica a los que asiste para evocar los sonidos con los que creció, y con el aprendizaje de un par de platos de las distintas tradiciones europeas que prepara por placer propio y para poder compartir con sus hermanas cada vez que tiene la oportunidad de escapar hacia estas latitudes.


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Nicolás Cárdenas Ángel

Nicolás Cárdenas Ángel

Todo empezó en Dibulla, el 16 de agosto de 1970, con el asesinato de Hilario Valdeblánquez por parte de José Antonio Cárdenas. Desde ese momento las familias, pioneras de la colonización dibullera de la Sierra Nevada, y opulentas, gracias a la llamada bonanza marimbera, comenzaron una venganza de sangre.

Ése fue el relato que Nicolás Cárdenas Ángel oyó de boca de los habitantes más viejos en Villanueva, Guajira, cuando en julio de 2001 suspendió un semestre de su carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional para emplearse en el programa Computadores para Educar. Desde entonces, su primer viaje a la zona más septentrional de Suramérica no fue el único.

Cuatro años después, al empezar su trabajo de grado, no lo pensó dos veces: agarró su mochila y junto al también politólogo Simón Uribe partió hacia la costa atlántica a desentrañar una de las historias más famosas de la región. El resultado fue La guerra de los Cárdenas y los Valdeblánquez, una investigación casi antropológica de una guerra familiar que duró cerca de 20 años debido a “un lío de faldas”.

Fuera de los enfoques de análisis del Estado y del sistema político, se arriesgaron a explorar una sociedad casi hermética para dos cachacos que corrieron con suerte al encontrar una especie de padrino bogotano en Dibulla y le apostaron a una escritura sencilla, testimonial, de tal manera que “la pudiera leer hasta la mamá”, como dice Cárdenas.

El proceso de investigación incluyó un arduo trabajo etnográfico en lugares como Villanueva, Riohacha, Dibulla, Santa Marta y Barranquilla, con el cual los jóvenes alcanzaron uno de sus propósitos más importantes: corroborar la riqueza de la tradición oral y entender lo invaluable del conocimiento del otro en la producción de registro histórico.

El estudio empezó a dar frutos cuando fue laureado y publicado por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional. A la vez, los autores fueron merecedores del primer lugar en el área de Ciencias Sociales y Económicas del Concurso Nacional Otto de Greiff de Mejores Trabajos de Grado, año 2006.

Como parte del premio, Cárdenas recibió la beca Jóvenes Investigadores otorgada por Colciencias. Fue acogido entonces por el grupo de investigación Política Social y Desarrollo de la Pontificia Universidad Javeriana, consiguió hacerle el quite al mundo oficinista que aborrece y, entre el calor y los vallenatos, siguió descubriendo la realidad caribeña, esta vez bajo una propuesta titulada: La cultura política en la sociedad criolla de La Guajira.

Conducido por su inquietud profesional vivió en Villanueva durante 2007, año de las elecciones departamentales y municipales. Con el objeto de conocer cómo la cultura intervenía en la participación política, realizó una inmersión en las prácticas cotidianas que los villanueveros tenían para acceder al poder del Estado y a sus instituciones.Concluyó que las elecciones en esta región eran como una dramatización conformada por escenarios, actores y estrategias, en las que los candidatos parecían gallos de pelea, los electores ponedores y el voto, una simple apuesta.

Según Socorro Vásquez, directora del departamento de Antropología de la Pontificia Universidad Javeriana y tutora de este proyecto, Nicolás, “además de tener un alto interés por el conocimiento, siempre estuvo dispuesto a aprender y a someter su escritura a la crítica de profesores y grupos de estudio que enriquecieran su trabajo”.

El análisis de los fenómenos sociales desde la interdisciplinariedad, la constante interacción con la gente y su autoexigencia le han permitido forjar con éxito un camino en el campo investigativo; sin embargo, ésta no es su única destreza. Cárdenas también ha sido profesor de ciencias sociales, editor, diagramador y redactor de revistas universitarias como Vanalidades y Juventud Titiritera y, además, actualmente es pieza clave de Chanfle, el equipo de fútbol de ex alumnos del Colegio San Carlos de Bogotá.

Este politólogo de 29 años, para quien la investigación en Colombia es una opción de vida y una herramienta de trasformación social, desea seguir trabajando en programas sociales que le permitan ampliar su visión de mundo, tal como sucedió con los talleres de recuperación histórica que impartió en los corregimientos guajiros de Mingueo y Tomarrazón y, como sucede hoy, cuando adelanta junto al Instituto Colombiano de Antropología e Historia un estudio sobre el impacto de la declaratoria como patrimonio cultural en San Basilio de Palenque.


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Un joven investigador que se sale del molde

Un joven investigador que se sale del molde

Ése fue el primer trabajo en el que participó como integrante del Grupo de Investigación de Ergonomía, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Javeriana, una oportunidad que le llegó, como a muchos colombianos: de golpe, porque por su mente nunca pasó el tema de la investigación.
A la Javeriana llegó tiempo atrás tocando puertas para presentar su trabajo de grado en Ingeniería Mecánica de la Universidad Santo Tomás, investigación relacionada con la biomecánica. Leonardo Quintana Jiménez, director del Centro de Estudios de Ergonomía, en el Departamento de Procesos Productivos de la Facultad de Ingeniería de la Javeriana, le dio la oportunidad convirtiéndose en su tutor y al terminar este trabajo le ofreció quedarse para afrontar nuevos proyectos.

Christian pensó que sus días como investigador habían terminado cuando presentó a Colciencias una propuesta de investigación que consistía en dar continuidad a lo que había iniciado en su trabajo de grado y el proyecto no fue aprobado. Pero una nueva oportunidad lo llevó a los laboratorios, esta vez con un reto grande, un proyecto patrocinado por la Universidad de Texas.

Esta investigación ahondaba en la ergonomía, específicamente en la medición de condiciones ambientales en el puesto de trabajo, como la vibración, el ruido, el estrés térmico y la luminosidad. Todas éstas hasta ese momento se medían por separado y la misión de Christian era lograr que los datos se procesaran en un mismo momento y en tiempo real. No había protocolos para realizar este tipo de estudios, por lo que su misión fue estudiar cada uno de esos aspectos por separado e intentar establecer la conexión entre el equipo de medición y el computador.

Aunque este joven investigador difiere en todos los aspectos y actitudes de la imagen estereotipada del científico que muestran el cine y la televisión, y que describen en los libros, sí estuvo durante varios meses metido de cabeza en los manuales especializados, haciendo mediciones y trabajando en computadores para sistematizar y analizar la información recolectada. Tras conocer cada detalle del funcionamiento de los equipos inició el proceso de programación, trabajo complejo, según él, porque no todos los equipos funcionaban con protocolos de comunicación iguales.

La seriedad que refleja su rostro se rompe con una sonrisa cuando recuerda lo que responde a quienes le preguntan por su rol de investigador. “No soy investigador, aclaro, soy un asistente de investigación”, es su respuesta. Christian explica que la gente piensa que un investigador es alguien que se dedica a echar números, pero en realidad lo que hace es mirar una necesidad existente y procurar cubrirla a través de la producción de conocimiento.

Y eso era justamente lo que buscaba con agrupar las mediciones ergonómicas. Lo que pretendía con su investigación era poderse subir con todos sus aparatos al puesto de trabajo de un conductor de transporte urbano e investigar las condiciones ambientales que se tienen en el momento de la operación del vehículo.

Con un equipo midió la vibración; con otro, el ruido, además de la postura del conductor. Grabar los datos de las condiciones de la cabina era un trabajo interesante y novedoso. Con estas mediciones los especialistas pueden hacer análisis que permitan sugerir mejoras a los diseñadores de cabinas del servicio de transporte urbano.
“En mi trabajo aplico los conocimientos de ingeniero mecánico a la biomecánica. La parte de programación fue una experiencia nueva y tuve que meterme de cabeza. Ésa es la función del joven investigador, coger un campo y trabajarle”, recalca Christian.
Terminado ese trabajo se vinculó a un proyecto de investigación del Centro de Automatización Industrial en la Facultad de Ingeniería de la Javeriana, relacionado con el desarrollo de un robot. Ahí aplica sus conocimientos en el análisis de materiales, la observación de formas, estructuras y aplicaciones, para tratar de obtener el mejor producto que satisfaga al cliente.

A pesar de que su mente está en constante movimiento, reconoce que en su lugar de habitación no ha hecho ninguna medición ni ha creado nada, pero aclara que, con la debida autorización, “la desbaratamos y la volvemos a armar”.


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Se vende vivienda de madera

Se vende vivienda de madera

Si fuera posible que todos los anhelos de los soñadores se hicieran realidad, el título de este texto podría convertirse en un clasificado que orgullosamente se exhibiría en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales y en el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo (IDEADE) de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Allí, la arquitecta y joven investigadora de Colciencias Sandra Viviana Murillo potenció una sensibilidad especial por los temas sociales y ambientales que la llevó a aportar una serie de proyectos y propuestas que daban al trabajo del IDEADE una nueva dimensión.

Con su participación en el IDEADE, el tema de la recuperación forestal pasó de ser únicamente un asunto de sostenibilidad ambiental para visualizarse como una oportunidad de utilizar la madera como elemento fundamental en la construcción de todo tipo de edificaciones, incluida la vivienda de interés social, además de una valiosa alternativa de producción económica y de renovación forestal.

En Colombia, la vivienda de madera se mueve entre los extremos de la marginalidad –cuando manera rudimentaria e improvisada se recicla para la construcción de viviendas de personas de escasos recursos económicos– y la opulencia –cuando se utiliza en la construcción de edificaciones de recreo de sectores de gran poder económico. Alrededor de esta se mantienen vigentes una serie de mitos con respecto a su durabilidad, así como a sus costos económicos y ambientales. Sin embargo, para esta joven investigadora, la madera es un material que puede reportar muchos beneficios económicos y sociales para el país, en la medida en que su utilización puede generar mayor empleo de mano de obra y la oportunidad para que los menos favorecidos accedan a una vivienda de calidad, confortable y segura.

Se trata de promover una industria maderera que no se limite, como hasta el momento lo ha hecho, a utilizar la madera para el abastecimiento de algunos acabados de las viviendas de construcción masiva, sino que sea capaz de producir partes, susceptibles de ser ensambladas en viviendas construidas totalmente en madera. Ello permitiría la construcción de una vivienda con menores costos de producción y la sustitución de partes deterioradas por el uso o el tiempo, tal como ocurre con la vivienda hecha de otros materiales.

A su modo de ver, la madera es un material tan resistente como cualquier otro utilizado en la construcción. La única condición es que se cumpla con una selección de especies que se adecuen tanto al uso que se les quiera dar como al ambiente en el que se utilicen y, desde luego, que se sometan a un mantenimiento adecuado y periódico que garantice su durabilidad y resistencia.

No obstante, Sandra Viviana Murillo es enfática en sostener que este aprovechamiento de las potencialidades de la madera no puede hacerse a costa de la deforestación de los bosques; es preciso que junto al desarrollo de una industria de la transformación de la madera también se promueva una industria de su producción que lleve a cabo una renovación permanente de los bosques. Lo que indudablemente llevaría a cumplir el viejo sueño de los defensores del medio ambiente de buscar el crecimiento económico, pero con el precepto de la sostenibilidad del ambiente.

Probablemente, esta es la razón por la que los anhelos de Sandra, que también son los de su tutor, el profesor Carlos Alfonso Devia Castillo, han encontrado eco en otros estudiantes y profesionales de la arquitectura que han empezado a apostar por la madera como un recurso importante para la construcción, más allá de las funciones tradicionalmente otorgadas.


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Tras las huellas de los Muiscas

Tras las huellas de los Muiscas

No tenía sentido reeditar un libro sobre leyendas muiscas, publicado por primera vez en 1930, si no se analizaban primero las representaciones que allí se divulgaban sobre esta cultura prehispánica. Al fin y al cabo el Instituto Pensar, de la Javeriana y al que se le había propuesto esta tarea de reedición, tiene entre sus líneas de investigación el análisis de los lugares desde los cuales se crea y se consume la producción cultural en nuestra sociedad.

En el año 2001, Ana María Gómez, recién graduada de psicología de la Javeriana, llega a este tema gracias al ofrecimiento de una vinculación con el programa de formación para Jóvenes Investigadores de ese Instituto.

Asume, entonces, bajo la tutela de Carmen Millán, la tarea de “ir en pos de las huellas”, para dar cuenta de la condesa alemana Gertrud von Podewils, autora del libro Chigys Mie (que significa cosas pasadas en muisca) publicado durante su estancia en Colombia, entre los años 1928 y 1934.

Siguiendo la metodología de “reconstrucción de archivo de baúl”, revisa cuentos, entrevista a familiares, estudia cartas, busca en anticuarios y, gracias a una beca de investigación otorgada por la Vicerrectoría Académica, desarrolla un multimedia con la biografía y viajes de la condesa.

Entre 2002 y 2003, Ana María obtiene el galardón de una beca-pasantía de Colciencias para Jóvenes Investigadores. Esta vez se concentra en el libro de Gertrud como objeto cultural y opta por analizar, más que el contenido del texto, las fronteras del mismo. En palabras de ella: “todo aquello que pone el texto en relación con el mundo, con la vida cultural del momento y que se expresa en la portada, los epígrafes, las notas al pie, las ilustraciones, los índices, las fotografías y todos los elementos que componen los entornos de producción, circulación y recepción de la publicación”

Es así como nos enteramos de que Gertrud, en sus viajes a países remotos como Egipto, Colombia y la India, escribió libros sobre pueblos primitivos; trabajo que le mereció su nombramiento como miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia.

Para esa recreación libre de 21 leyendas muiscas, la condesa utilizó fuentes consideradas legítimas en el momento, es decir, crónicas españolas, escritos del siglo XIX y principios del siglo XX, haciendo del libro un artefacto cultural al servicio de la construcción de la identidad nacional. No obstante, dedicó el libro “en honor a aquellos por cuyas venas corre la sangre de los chibchas”. Valga recordar que en aquella época surgieron en Colombia los primeros debates culturales sobre la nación, planteados por médicos y psiquiatras, donde se expusieron tesis como la de la degeneración de la raza colombiana.

Para Ana María, Chigys Mie “revisa la mirada biologicista que discute que el componente racial colombiano se mejoraba con la mezcla de tipos raciales como el centro europeo con el nacional, y le concede a la cultura chibcha el estatus de civilización como un componente cultural y racial legítimo”.

Su recorrido ha continuado, entre otros, con una recopilación de estudios recientes sobre los muiscas; con el desarrollo de una caja didáctica para que los jóvenes investigadores del Instituto Pensar puedan aplicar las metodologías de leer un libro como artefacto cultural y aprovecharlas con otros objetos culturales o piezas de museo; y con el inicio de su doctorado en Ciencias de la Cultura en Alemania, realizado en el marco de un proyecto interinstitucional de investigación realizado entre el Instituto Pensar y Lateinamerika Institut de la Freie Universität de Berlín.


Para leer más…
Muiscas. Representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoria, Ana María Gómez
(editora académica), Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2005.
 

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Pasión por los retos del conocimiento

Pasión por los retos del conocimiento

Paula Pavía y su tutora, la doctora Concepción Puerta, desarrollaron una nueva prueba para detectar el Trypanosoma cruzi, parásito responsable de la enfermedad de Chagas, que, según la Organización Mundial de la Salud, es de amplia distribución geográfica y afecta entre 16 y 18 millones de personas en Centro y Suramérica, principalmente de las áreas rurales y pobres. La investigación consistió en diseñar y estandarizar una prueba mediante reacción en cadena de la polimerasa o PCR, utilizando como blanco un gen de dicho patógeno.

“Pruebas de PCR para T. cruzi hay varias. Sin embargo, ninguna es perfecta porque la mayoría amplifica el ADN de Trypanosoma rangeli, un parásito muy similar a T. cruzi, que no es patógeno para el hombre”, dice la doctora Concepción Puerta.

“El reto consistía, entonces, en desarrollar una prueba de PCR específica para el T. cruzi con una buena sensibilidad o capacidad de detección, teniendo en cuenta que esa técnica  ha sido empleada desde hace más de diez años de manera exitosa para el diagnóstico de agentes infecciosos”, comenta Paula.

Las pruebas para identificar el T. cruzi consistieron en tomar un fragmento de su ADN y amplificar la porción genética que es particular en él. Después se comprobó que esa porción de genes efectivamente podía utilizarse para identificar el parásito y que, a su vez, la técnica de PCR era eficiente en este proceso. A continuación, la investigadora realizó diversos ensayos para probar su eficacia y eficiencia frente a posibles interferencias, así como para determinar las cantidades mínimas de ADN del parásito requeridas para elaborar una prueba confiable.

Paula desarrolló este trabajo en el programa Jóvenes Investigadores de Colciencias con el apoyo de la Pontificia Universidad Javeriana. “Esta experiencia me permitió adquirir independencia para resolver problemas, inquietudes y contribuir con nuevas ideas. Fue una gran oportunidad en mi formación como investigadora”. Ella ya había optado por el camino de la investigación desde que realizó su trabajo de grado para obtener el título de bacterióloga, cuando se vinculó al grupo de Enfermedades Infecciosas, liderado por la doctora Puerta.

El grupo está conformado desde hace seis años y trabaja sobre problemáticas nacionales enfocadas en la salud humana, tales como el mal de Chagas, enfermedad diarreica aguda, enfermedades respiratorias, candidiasis, sarampión y recientemente comenzó a investigar problemas de salud animal.

“A partir de los resultados mostrados en esta investigación, se han realizado otros estudios encaminados a la aplicación de esta prueba de PCR como ayuda de control epidemiológico y diagnóstico de Trypanosoma cruzi en insectos vectores (transmisores de la enfermedad) y en individuos colombianos habitantes de diferentes zonas endémicas del país”, afirma Paula.

Esta segunda etapa de la investigación le permitió obtener su título de Maestría en Microbiología Clínica que conectó con el programa de doctorado en Ciencias Biológicas de la Universidad Javeriana, del cual es estudiante y cuenta con una beca de Colciencias. En este momento, Paula está realizando una pasantía de seis meses en el departamento de Bioquímica y Biofísica de la Universidad de Texas A&M, en un laboratorio donde estudia un parásito africano llamado Trypanosoma brucei, agente causal de la enfermedad del sueño, como se le conoce popularmente.

“Aquí estoy trabajando también en biología molecular, entrenándome en el uso de otras técnicas y tecnologías que son nuevas para mí. Ha sido una experiencia importante y enriquecedora tanto en lo personal, como en mi formación como estudiante de doctorado, y espero poder aplicar y difundir lo que he aprendido en Colombia”.

¿Qué es la enfermedad de Chagas?

Provocada por el parásito Trypanosoma cruzi, esta enfermedad se transmite a los humanos por la picadura de insectos chupasangre, comúnmente conocidos como pitos. Estos insectos depositan heces en la piel de la persona dormida que, al frotarse las picaduras, sin darse cuenta, las introduce en la herida en un corte abierto, los ojos o la boca. El Mal de Chagas también puede transmitirse por transfusión sanguínea de una persona que tenga el parásito. La enfermedad es asintomática en su fase inicial y en su etapa avanzada; las personas pueden llegar a desarrollar lesiones cardíacas crónicas y digestivas irreversibles.

Los pitos se esconden en las paredes y los techos de las casas humildes (de adobe, de paja o con problemas estructurales). Para proteger a las personas que viven en tales condiciones, se deben fumigar las áreas infestadas y mejorar la calidad de las viviendas.

El Mal de Chagas es endémico en los países andinos y centroamericanos. Se estima que en Colombia alrededor de ocho millones de personas están expuestas a la transmisión vectorial de la Enfermedad de Chagas y que hay entre 1.200.000 y 700.000 personas infectadas. El riesgo de transmisión vectorial existe en 137 municipios distribuidos en los departamentos de Arauca, Casanare, Norte de Santander, Santander y Boyacá. Para atender esta problemática de forma integral, en 1996 el gobierno colombiano instauró el Programa Nacional de Prevención y Control de la Enfermedad de Chagas, con la colaboración de varios centros de investigación nacionales con experiencia en el estudio de esta enfermedad.


Para leer más…

https://www.paho.org/spanish/hct/dch/chagas.htm


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