Estudios genéticos cada vez más cerca de la predicción del cáncer de seno y ovario familiar

Estudios genéticos cada vez más cerca de la predicción del cáncer de seno y ovario familiar

Hacer de conocimiento público las realidades de una enfermedad como el cáncer no es una tarea fácil. El tema parece espantar a muchos; la mayoría simplemente prefiere evadirlo como si su sola mención pudiera atraerlo. La realidad es que el cáncer vive entre nosotros y que cualquiera puede encontrárselo en la mitad del camino. Por esto, merece la pena conocerlo y, dado el caso, tomarlo por sorpresa aún antes de que éste se manifieste. Los exámenes genéticos, resultado de investigaciones como la que aquí reseñamos, permiten determinar con qué probabilidad se desarrollará el cáncer en una persona, para orientar así las estrategias de prevención.

El grupo de investigadores del Instituto de Genética conformado por los investigadores Ignacio Briceño, Diana Torres y Ángela Umaña con el apoyo de médicos mastólogos de reconocimiento nacional y el soporte académico y tecnológico de la doctora Ute Hamann del Instituto de Cáncer (DKFZ) en la ciudad de Heidelberg, en Alemania ha logrado después de más de ocho años de investigación, identificar las mutaciones que predisponen a cáncer de seno y ovario familiar en Colombia.

Según estadísticas, una de cada diez mujeres desarrollará cáncer de seno en algún momento de su vida. El riesgo se incrementa progresivamente con el número de parientes en primer y segundo grado afectados. Una persona portadora de una mutación en uno de los genes BRCA puede transmitirla a cada uno de sus hijos con un 50% de probabilidad.

Los genes BRCA1 y BRCA2, identificados en los años noventa, son los genes de mayor predisposición para cáncer de seno y de ovario de tipo hereditario. Mujeres portadoras de una mutación en uno de estos genes y con fuerte historia familiar, pueden llegar a tener hasta un 80% de probabilidad de desarrollar cáncer de seno y hasta un 40% de desarrollar cáncer de ovario. Por su parte, los hombres portadores de la mutación tienen un riesgo incrementado a desarrollar cáncer de seno y cáncer de próstata.

El reto para este grupo de investigadores ha sido la identificación de las mutaciones en los genes BRCA, específicas de población colombiana a estos dos tipos de cáncer. Además, ha sido importante desarrollar técnicas de biología molecular que permitan la tipificación de estas alteraciones, de manera accesible a nuestra población.

La presencia de las mutaciones varía de un grupo étnico a otro, según explica a Pesquisa el doctor Ignacio Briceño, genetista clínico. Por ejemplo, entre los judíos Ashkenazi un grupo bastante aislado del que se dice que quienes tienen mutación descienden de sólo tres mujeres, la detección del factor hereditario del cáncer de seno es sencilla y por tanto muy económica, ya que el examen se concentra en sólo tres mutaciones. Algo similar ocurre entre los islandeses, en quienes una mutación en el gen BRCA2 explicaría la mayoría de casos de cáncer de seno para esta población. Colombia hace parte del grupo de países con mutaciones fundadoras, lo que facilita el análisis, ya que el mismo análisis se concentra en estas mutaciones en particular.

La prevención, el mejor tratamiento

Como es bien sabido mientras más temprano se detecte el cáncer, tiene un mejor pronóstico; es más fácil de tratar. En Colombia, no había disponibilidad de exámenes para detectar las mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, hoy, con la realización de las pruebas se puede saber qué probabilidad tiene la hija de una madre con cáncer de seno de desarrollarlo también. Después del examen, la recomendación para la mujer a la que no se le encontró la mutación, es seguir con sus controles periódicos normalmente. En cambio, si tiene la mutación deberá intensificar esos controles, acudir al mastólogo cada seis meses y realizarse mamografías a partir de los 30 años, mucho antes de lo que actualmente recomienda el sistema de salud colombiano.

Para el tratamiento preventivo del cáncer de seno y ovario también se utiliza el tamoxifeno, que es un bloqueador hormonal. El tamoxifeno tiene la propiedad de prevenir que las hormonas naturales estimulen el crecimiento de las células cancerosas, aunque puede tener algunos efectos, y como con cualquier otro medicamento, su administración debe ser consultada con un médico.

Hay una tercera opción de prevención que es la mastectomía bilateral profiláctica. Para muchos puede parecer un poco extrema esta posibilidad, ¿por qué operar a alguien que todavía no tiene cáncer? Sin embargo, ante una probabilidad de desarrollar cáncer de seno de hasta un 80% y para aquella mujer que ha debido presenciar el transcurso de la enfermedad en un familiar cercano, puede ser una opción razonable. El doctor Briceño nos cuenta que la respuesta de estas pacientes al cómo se sienten después de la mastectomía bilateral profiláctica es, en la gran mayoría de los casos: “mejor”, han eliminado la posibilidad del cáncer en sus senos y esto las hace sentirse liberadas.
Hay quienes creen que las condiciones de vida actuales han favorecido la presencia del cáncer entre la gente. Sin embargo, el doctor Ignacio Briceño considera que el cáncer es el mismo y que la percepción se debe a que hoy la esperanza de vida es mucho mayor. “A principios del siglo XX, la gente moría por infecciones; la esperanza de vida para la primera parte del siglo era de 50 años, ahora el promedio ha subido a los 80 años y no es raro ver personas de 100. La cuestión es que una vez superadas las causas de muerte en personas jóvenes comienzan a aparecer los casos de cáncer. Cuando la esperanza de vida llegue a los 100 años veremos más diabéticos y el alzhéimer será el principal problema”.

Aún quedan para el grupo muchas preguntas por resolver. ¿Por qué a unos de los portadores de las mutaciones les da cáncer y a otros no?, ¿depende de otros genes? También han encontrado con mayor frecuencia tres mutaciones pero aún no se sabe qué diferencia de riesgo hay entre las tres.

Además, debido a que todavía se siguen presentando mujeres con una fuerte historia familiar afectadas con cáncer de seno y/o de ovario, en quienes no se ha identificado una mutación en alguno de los genes BRCA, se adelanta una fase II de la investigación, en la que se pretende identificar mutaciones en otros genes. Con este fin, actualmente 1.000 pacientes y 1.000 controles se encuentran en proceso de recolección. De forma paralela, mediante un cuestionario exhaustivo, se quiere identificar factores de riesgo no genéticos que puedan estar incidiendo en la aparición de alguno de estos dos tipos de cáncer.

Para leer más…
Briceño, I.; Torres, D. (2005). “Cáncer familiar”. Capítulo 4. Tratado de Medicina Interna. Edit. Médica Celsus. Volumen 1. Cuarta edición.
Torres, D.; Usman, M.; Gil, F.; Umaña, A.; Ramelli, G.; Robledo, J.; Tawil, M.; Torregrosa, L.; Briceño, I.; Hamann, U. High proportion of BRCA1/BRCA2 founder mutations In Hispanic breast/ovarian cancer families from Colombia. En Breast Cancer Res Treat. 2006; 103(2): 225-32./address>
 

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Cartógrafos de identidades móviles

Cartógrafos de identidades móviles

De Túquerres a Pailitas, de Itsmina a Cocorná, de Chinácota a Inírida o de Ubaté a Tuluá. Todos ellos son sólo un ejemplo de las travesías, los territorios y los espacios de diálogo que pusieron a contar a los habitantes de 33 municipios de nuestro país qué es eso de ser colombiano. Los investigadores iban tras el presente de la identidad colombiana, tras los imaginarios y mentalidades que se construyen de conceptos como ciudadanía, nación e identidad, y preguntándose por el papel de los medios de comunicación en este proceso.

Los de la identidad nacional son terrenos movedizos, sospechosos, ambiguos. Se les teme. Crean desconfianza. Son más las preguntas que las respuestas. Los discursos de la identidad están llenos de imágenes, símbolos, frases, palabras, mitos y estereotipos. ¿Cómo acercarse a ellos? Por tradición, desde un enfoque historicista. Poco se ha buscado interpretar el fenómeno en relación con las agendas de los medios de comunicación, desde un enfoque cultural y discursivo. En ello radica el valor de la investigación que aquí presentamos, también las nuevas desconfianzas, especialmente, las que provienen de la orilla de los sectores más tradicionales de las ciencias sociales.

Ciudadanos, medios y nación es un trabajo revelador. Conjuga los esfuerzos de la Universidad Javeriana, el Centro de Investigación en Educación Popular –Cinep– y Colciencias. Fue capaz de convocar a más de 25 profesionales, entre los que se encontraban sociólogos, periodistas, físicos, matemáticos, músicos, politólogos y antropólogos, quienes con avidez y compromiso impulsaron la búsqueda y lograron una metodología innovadora. Abrió espacios de diálogo y se concentró en el país que es consultado con muy poca frecuencia, salió de los núcleos urbanos y su territorio de observación, se trasladó a pequeñas poblaciones de once regiones del país, aquellas que tienen procesos de construcción de Estado muy desiguales y diferenciados regionalmente.

El objetivo general, comenta el comunicador y sociólogo Camilo Tamayo, su investigador principal, era indagar por categorías muy gruesas: ciudadanía, nación e identidad, pero desde preguntas que apelaran a la cotidianidad de la gente. “No desarrollamos el ejercicio de preguntar a una persona qué entiende por nación o por identidad. No nos interesaba el saber experto, el que indaga por cuánto conoce usted de ciudadanía o de historia de Colombia. Creíamos más en lo que llamamos las preguntas de salida”.

En las preguntas, las claves

“Que qué destaca de su municipio, que qué hace en su tiempo libre, que quiénes defienden sus intereses, que si ha contribuido a solucionar algún problema de su comunidad, que qué no puede faltar en la casa de un colombiano, que dónde se entera de lo que pasa, que quién es el más colombiano de todos los colombianos…”.

Y así hasta completar una rica batería de 18 preguntas, cuidadosamente estudiadas y validadas. De ahí fue de donde partieron los investigadores para finalmente llegar a elaborar mapas regionales y nacionales de agendas ciudadanas y mediáticas, que dieran cuenta de las construcciones simbólicas de lo que hoy puede entenderse como lo nacional o lo colombiano.

La original batería de preguntas hizo parte de una metodología que comprendió un componente cuantitativo, uno cualitativo y otro hermenéutico. La idea era cruzar técnicas y métodos tan diversos como el muestreo estadístico, el sondeo telefónico, entrevistas en profundidad, estructuradas y semiestructuradas, grupos focales y observaciones etnográficas.

Los investigadores definieron tres categorías. A la primera la llamaron “ciudadanías”, con el fin de entender cómo los medios y los procesos de comunicación ayudan a conformar algún tipo de ciudadanía en esos lugares de Colombia. La segunda, fue “nación”, a partir de la cual buscaron mirar qué relatos de país y qué memorias sobre la nación conocen las personas, a través de los medios y en ambientes donde construyen su vida social, como la familia, la escuela y el barrio. Y la tercera fue “identidades”, desde donde estudiaron cómo las identidades de estas personas se ven afectadas por los relatos que vienen de los medios y por las prácticas sociales que desarrollan en sus municipios.

Confirmaron que los medios proveen relatos leves, no oficiales, para construir identidades. La televisión, con sus melodramas, tiene un peso simbólico importante en esa configuración. Es el medio de mayor penetración y a través del cual las personas se enteran de lo que pasa. Identificaron que existe una conexión clara entre estos lugares y los procesos que suceden en el espacio internacional y que en las identidades locales hay referentes culturales y estéticos, ubicados en otros países que se afianzan al pasar por los medios internacionales con los que se tiene contacto.

Los resultados llaman la atención sobre los procesos muy diferenciados y desiguales de construcción de identidades y de nación que vive Colombia y sobre la tremenda heterogeneidad de identidades y naciones que se dan en el país. Los referentes de ciudadanía y la manera como se vive la nación en esos territorios muestran unas colombias muy disimiles y dispares entre ellas. “Si desde la sociología, la ciencia política y la historia se ha analizado que Colombia es un país en proceso de construcción y que tiene una mirada diferenciada regionalmente, podemos decir que desde los procesos comunicativos y simbólicos se generan esos mismos grados de diferenciación”, comenta Tamayo, quien dirigió la investigación junto con Andrés Medina, físico, antropólogo y matemático.

Contradicciones al desnudo

Este trabajo arroja muchos datos significativos, acá destacamos sólo algunos. Al indagar sobre lo que hacen los colombianos en el tiempo libre o por las actividades grupales en las que les gusta participar, fue posible comprender cómo se ejerce la ciudadanía, cómo se hace parte de una comunidad y cómo se construye lo público. La fuerza está más en el tipo de ciudadanía que se configura en torno al deporte o a través de los medios, que en las actividades religiosas o políticas. Los habitantes de los municipios consultados destinan la mayoría de su tiempo libre al hogar y a ver televisión, y sólo un 6% participa en actividades políticas, el espacio grupal privilegiado para construir lo público.

En el ejercicio de la ciudadanía se presupone que el Estado tiene una incidencia importante, en la medida en que debe garantizar unos derechos, de ahí que se hiciera la pregunta “¿Quién defiende sus intereses?”. El porcentaje más alto de respuestas fue “mi familia”, 54%, o “yo mismo”, 28%, evidencia contundente de lo ausentes que están en estos territorios el Estado, las instituciones y las autoridades. Y cuando se pregunta al ciudadano si ha contribuido en la solución de algún problema de su comunidad, es revelador encontrar una negativa como respuesta principal. La solución institucional a los problemas, el control político o la mediación en conflictos, asuntos que pasan por procesos formales en el ámbito político, no están presentes.

El estudio permitió observar los procesos de construcción de memoria, en particular de lo que se llamó “memoria mediática”. La gente recuerda las noticias, las novelas y la violencia desde una perspectiva nacional. Lo que preocupa a los investigadores es que en Colombia no exista una diversidad de medios lo suficientemente amplia para generar procesos de memoria y de identificación en lo local. Se destaca que las demandas de las personas al Estado estén relacionadas con las agendas mediáticas, por eso habría que reflexionar sobre la responsabilidad que les compete a los medios en los procesos de construcción de ciudadanía en sus audiencias.

En esto de indagar por la identidad, una pregunta como “¿Qué tenemos en común los colombianos?”, deriva en respuestas sublimes, emocionales, subjetivas: “somos solidarios”, “queremos la paz”, “amamos el país”. Es un imaginario muy positivo que contrasta con la evidencia de una persona que no participa, no construye en lo público y es individual. La investigación desnuda grandes contradicciones de lo que es un proceso de formación de país.

Con los resultados fue posible realizar dos mapas sociocomunicativos que muestran cómo los relatos de país, de nación y de ciudadanía, conectan diversos territorios y contienen elementos e imaginarios compartidos, que permiten trazar las regiones mentales de los participantes.

¿Qué entienden hoy por nación los colombianos? No hay una nación colombiana, sino múltiples naciones y cada colombiano tiene una representación de nacionalidad diferente, muy marcada por los procesos coyunturales que ha vivido en un determinado territorio. Todavía se está construyendo “un relato de nación” que dé cuenta de lo bueno que es ser colombiano y de la nación imaginada. ¿Y cómo se construyen los relatos de identidad? Definitivamente con referentes que pasan por los medios, especialmente por la televisión.

Como bien dicen los investigadores “en este movimiento constante de las identidades, los medios de comunicación y los productos culturales son elementos que generan constantes inestabilidades en las identidades de los sujetos, pues son múltiples y frecuentes los mensajes ante los cuales el individuo escoge y reconstruye constantemente lo que es y de lo que se distancia”.
De ahí la expectativa de quienes participaron en esta trabajo, muchos de ellos haciendo hoy su doctorado por fuera del país, en regresar para dar continuidad a un Ciudadanos, medios y nación aún más poderoso.


Para leer más…

Diálogos Cinep. Podcast: “Medios, ciudadanos y nación”. Disponible en: https://www.cinep.org.co/node/608. Recuperado 01/10/2010


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La revolución de los fitomedicamentos

La revolución de los fitomedicamentos

Dividivi, tara, quebrancho, huarango, guasango o guaranga. Estos son algunos de los nombres con los que se conoce popularmente a la Caesalpinia Spinosa, un árbol que crece en la región andina colombiana, al que se le han dado tantos usos medicinales como nombres. Desde el periodo prehispánico, esta planta ha sido usada por las comunidades en el tratamiento casero de amigdalitis, sinusitis y bronquitis, entre otras afecciones, debido a sus cualidades como antiinflamatorio, astringente y desinfectante.
Lo que pocos saben es que este tesoro verde, a cuya decocción se le han atribuido muchos beneficios para la salud de generaciones de pobladores de las regiones de Cundinamarca y Boyacá, encierra una riqueza aún mayor en su composición química: hay evidencias de la actividad antitumoral de los frutos del Dividivi y de la función inmunomoduladora de un polisacárido obtenido de sus semillas, llamado Galactomanano.
Esto quiere decir que algunos componentes del Dividivi podrían emplearse como base para el desarrollo de medicamentos contra el cáncer que, además de atacar las células cancerígenas, reducirían la ocurrencia de metástasis y motivarían una respuesta positiva del sistema inmunológico de los pacientes.
La doctora Susana Fiorentino y el grupo de Inmunobiología y Biología Celular de la Pontificia Universidad Javeriana son los responsables de este hallazgo, que no es el primero en su lista de logros, desde cuando se dieron a la tarea de buscar productos naturales antitumorales o inmunomoduladores a partir de plantas colombianas, para producir fitomedicamentos (como se denominan los fármacos cuya base es una planta) para el tratamiento del cáncer.
Antes de explorar el Dividivi, el grupo ya había analizado la actividad de las fracciones moleculares que componen el Anamú, (otra planta típica que se cultiva en Cundinamarca) de la que también obtuvieron resultados satisfactorios al comprobar su impacto sobre células tumorosas de cáncer de mama y leucemia. Con base en estos hallazgos, se inscribieron dos patentes, una nacional y otra internacional, que actualmente avanzan en su trámite. Ahora, dados los resultados con el Dividivi, se tienen dos proyectos de patente que se radicarán tan pronto se tengan los permisos oficiales, solicitados ante el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Territorial.
La magnitud que ha alcanzado el trabajo adelantado por la doctora Fiorentino y su equipo, demanda la constitución de una estructura más amplia, distinta al grupo de investigación. Además, la Universidad Javeriana, desde la Vicerrectoría Académica y sus oficinas jurídica y administrativa, dio vía libre al proyecto que le permitiría al país escribir un nuevo capítulo en materia científica. “En Colombia tenemos los equipos, el apoyo de una de las mejores universidades del país, los científicos, las plantas medicinales, los agricultores que las siembran, es decir, tenemos toda la cadena de valor”, señala Fiorentino, para quien lo único que falta es articular cada una de esas piezas.

Una spin off para la producción de fitomedicamentos

Para cumplir con el objetivo de iniciar la producción y comercialización de fitomedicamentos, el grupo de Inmunobiología y Biología Celular propuso que la Universidad Javeriana, en conjunto con los investigadores e inversionistas interesados, constituya una empresa de base tecnológica, que tenga a los investigadores como socios y se convierta en una estructura nueva y productiva dedicada a la investigación y el desarrollo. Una suerte de spin off, como se les conoce en el mundo a este tipo de estructuras. La más conocida es el prestigioso Silicon Valley, que se gestó desde las universidades de Stanford y Berkeley, en Estados Unidos y que dio lugar a la creación de firmas como Hewlett Packard y Apple.
Para este caso de la creación de una spin off para la producción de fitomedicamentos, resta conseguir el capital de riesgo que puede ser aportado por cualquier persona natural o jurídica decidida a invertir en el desarrollo de la ciencia y el país.
Como explica la doctora Fiorentino, del mismo modo como las personas con recursos deciden comprar acciones de un banco, o las empresas optan por tener su portafolio de inversiones en TES, también existe la opción de invertir en un proyecto científico y tecnológico, que aunque implica un nivel de riesgo más alto que el de las inversiones tradicionales, es una opción muy atractiva, si se tiene en cuenta que a mayor riesgo, mayores oportunidades de ganancia. Pero además de los beneficios que se puedan obtener en materia de rentabilidad, el valor de esta inversión radica en el aporte que se hace al desarrollo del país.

Se estima que para iniciar la empresa se requiere un millón de dólares y que, al cabo de tres años, la spin off alcanzaría el punto de equilibrio.
No obstante, mientras se concreta la participación de inversionistas y se ultiman detalles de la constitución de la empresa, el proyecto avanza y se consolida con base en mayores evidencias científicas. Actualmente, el equipo está a la espera de la aprobación de un proyecto que presentó al Programa de Innovación y Desarrollo de Colciencias, con el cual se logrará la articulación de la cadena productiva de los fitomedicamentos.
Este proyecto se estructuró en torno a tres ejes: el primero, la obtención de las plantas, que involucra a los campesinos a través de capacitación y hace énfasis en las buenas prácticas de colecta silvestre, así como en la promoción del cultivo de las plantas de interés y en la generación de beneficios económicos para las comunidades implicadas. El segundo, el estudio y desarrollo de métodos biotecnológicos que permitan la propagación de las plantas en el laboratorio y así poder contar con material vegetal controlado. Y el tercero, la producción y estandarización de los medicamentos.
Frente a cada uno de estos ejes hay distintos avances, según explica la doctora Fiorentino. “Estamos trabajando con el Centro Agrícola de Investigación y Desarrollo en la propagación de las plantas en vivero y en la siembra de los primeros mil ejemplares de Caesalpinia Spinosa. Un socio estratégico es Labfarve, laboratorio que cuenta con los mecanismos para comercializar e introducir los fitomedicamentos en el Plan Obligatorio de Salud; por otro lado, en el proceso general del proyecto hemos contado con la estrecha colaboración de la Universidad Juan N. Corpas, que será parte del desarrollo futuro de la spin off”.

Los fitomedicamentos y el tratamiento del cáncer

En el mercado ya existen fitomedicamentos como los que busca empezar a producir este equipo. Posiblemente uno de los más conocidos es el extracto del Castaño de Indias, con el que se producen cápsulas para el tratamiento de la deficiencia venosa. También, desde el año pasado, se vende al público un extracto de té verde en crema, que se usa para el tratamiento del papiloma genital externo.
Según explica la doctora Fiorentino, una de las principales diferencias entre los fitomedicamentos y los fármacos tradicionales, es que mientras estos últimos tienen una sola molécula, los medicamentos que se producen de plantas o hierbas se generan a partir de fracciones compuestas de varias moléculas, en las cuales hay una o dos responsables de toda la actividad y otras que actúan como adyuvantes. Particularmente, en el tratamiento del cáncer, los fitomedicamentos se pueden empezar a usar como coadyuvantes de la terapia tradicional, lo cual permitiría que, con el paso del tiempo, sea posible disminuir las dosis de los fármacos tradicionales, y en esa medida, baje el costo de los tratamientos.
Esto tendría un impacto importante si se tiene en cuenta que, según la Organización Mundial de la Salud, el número de casos de cáncer en el mundo tiende a aumentar, al mismo tiempo que la enfermedad se consolida como la segunda causa de muerte en países desarrollados y, cada vez más, en países de ingresos medios de Suramérica y Asia. Colombia no es ajena a esa problemática y, según cifras del DANE, en 2008, el cáncer de estómago y el de bronquios y pulmón fueron la sexta y la octava causa de defunción en el país, respectivamente. Cerca de 8.382 personas perdieron la vida ese año por cuenta de estos dos tipos de la enfermedad.
En este contexto, la investigación que adelantan la doctora Fiorentino y su equipo adquiere relevancia, no sólo por su potencial en el tratamiento del cáncer y los beneficios que se pueden generar en la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad, sino por sus alcances dentro del contexto científico nacional.


Para leer más…
+Fiorentino, S.; Rueda, N.; Gutiérrez, M. (1994). La inmunología en el diagnóstico clínico. Texto y Manuales. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 1994.
+Fiorentino, S.; Barreto, A.; Castañeda, D.; Cifuentes, C. (2007). “Anti-tumor response and heat shock proteins (HSP): a friend or foe relationship?”. En: Heat shock proteins: potent mediators of inflammation and immunity. Asea, A.; De Maio, A. Dordrechet: Springer, 2007.>
 

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Yenny Real Ramos

Yenny Real Ramos

Yenny Real no se cansa de escuchar cada semestre: “Profe, me acabé de inventar el mejor edificio”. Una y otra vez ha tenido que decirle a sus alumnos que en el siglo pasado a alguien ya se le había ocurrido esa misma idea. Tal vez esta anécdota refleja la importancia que la historia tiene para esta investigadora de 31 años.

No se puede decir que la vocación de Yenny por la arquitectura fue algo heredado. En su familia no hay rastros de arquitectos, dibujantes, artistas ni creadores. De hecho, su padre fue comerciante y su mamá, ama de casa. Sin embargo, fue en el Colegio de La Salle donde empezaron a verse los primeros trazos de su talento. Las matemáticas definitivamente no eran lo suyo, y la balanza empezó a inclinarse por el dibujo.

Después de su grado como bachiller, estudió arquitectura en la Universidad Javeriana. Entonces, viviendo en el centro de Bogotá, se dio cuenta de que muchas obras de la Colonia y de la República se estaban cayendo a pedazos. Supo que esas casas y edificios se podían recuperar, para que no se convirtieran en tristes estructuras abandonadas.
Con esta inquietud en mente y una vez terminado el pregrado empezó la Maestría en Restauración de Monumentos Arquitectónicos, en la misma universidad. Fue entonces cuando vio la oportunidad de trabajar el tema del patrimonio y de aplicar la experiencia y conocimientos adquiridos como practicante en el Instituto Javeriano de Vivienda y Urbanismo, Injaviu.

La metodología de investigación, que afinó cuando trabajaba en el Injaviu, le sirvió como base para hacer los bocetos de lo que se convertiría en su tesis de magíster. Día y noche, como si se tratara de poner un ladrillo sobre otro, esta aplicada estudiante, como la define la profesora Olga Lucía Ceballos, fue construyendo su exploración, hasta que por fin se dieron los resultados.

La idea de la investigación fue dejar un testimonio de lo que era el eje de la Carrera 7ª entre los años 2006 y 2008, tiempo en el que esta joven hizo sus estudios de maestría. Como arquitecta, Yenny es consciente de que cada vez hay más gente, más congestión, más usos del espacio, y de que las propuestas del Metro y de Transmilenio están a la vuelta de la esquina. Pero como ciudadana, también sabe que dentro de unos años, sólo quedará un difuso recuerdo y una indeleble huella de lo que hoy conocemos de este importante tramo de la ciudad.

Posteriormente, el trabajo dio paso a la publicación de su primer libro titulado Paisaje urbano. Estudio patrimonial de la Carrera 7ª de Bogotá entre el Centro Fundacional y Chapinero. Para el estudio, dividió este eje en cuatro unidades: la primera, corresponde al Centro Internacional; luego, el sector universitario con las universidades Javeriana y Distrital a la cabeza, para ser exactos; después, el sector clásico de Chapinero, con sus edificios de cuatro o cinco pisos y casas antiguas, como las de Quinta Camacho y, por último, el centro financiero ubicado en la zona de la calle 72. Al mirar el eje de la Carrera 7ª como un todo, parece un collage de arquitectos expertos y principiantes, de patrimonio y construcciones nuevas, de vidrio y cemento, de amas de casa y ejecutivos, de estudiantes e indigentes, de buses, carros, colectivos, motos y transeúntes.

La 7ª no es estática; ningún espacio lo es. Al caminar por sus andenes, aparecen, ante los ojos de quien la observa como un todo, la diversidad de ciudadanos y vivencias, usos y cotidianidades.

Cuando se habla de patrimonio, muchos piensan en un elemento aislado: un edificio, una plaza, una fachada. Pero la Carrera 7ª, en su conjunto, es una historia llena de retazos. Como eje vial contiene la esencia de Bogotá entre un paso y otro, entre casa y casa, entre cuadra y cuadra. Es escenario fundamental de la vida urbana.

Y fue precisamente esta visión de conjunto del paisaje urbano contemporáneo de la 7ª, uno de los principales aportes del trabajo de esta joven investigadora.

La profesora Yenny Real muestra en su pesquisa algo que todos vemos, pero que pocos observamos. Se adentra en los componentes, las características y las variables del lugar, los valora y los interpreta. Despieza, minuciosamente este territorio. Lo espacial, lo funcional y lo contextual cobran vida.

Esta amante del patrimonio, desde hace años cambió el casco y las botas amarillas por el libro y el pizarrón y le apostó a dejar a los bogotanos una memoria que refleja, a escala, la identidad de nuestra capital.

Hoy, cuando se le pregunta sobre sus planes futuros, no sabe aún si el reconocimiento y estabilidad laboral que brinda un doctorado pesa más que el esfuerzo y sacrificios que implican hacerlo. Sobre lo que sí tiene certeza es que cualquier camino que tome estará delimitado por la historia y el patrimonio e influenciado por los trabajos de Frank Lloyd Wright, Antoni Gaudí y Le Corbusier, sus arquitectos de cabecera.


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Investigaciones ambientales para una Colombia sostenible

Investigaciones ambientales para una Colombia sostenible

A finales de la década de los ochenta, nació en la Pontificia Universidad Javeriana, el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo, Ideade, un espacio creado para buscar soluciones sostenibles a las problemáticas ambientales que existen en Colombia.
El Ideade empezó a interesarse por estudiar problemas frecuentes de la industria colombiana relacionados con asuntos ambientales. Entonces, algunas empresas públicas y privadas acudieron al Instituto para recibir apoyo en sus procesos de producción y capacitación de los trabajadores.

Por ejemplo, con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, se avanzó en el ordenamiento de las cuencas hídricas que abastecen la ciudad y en el manejo de ríos urbanos y humedales. Con Corpoboyacá, se trabajó en la formulación del plan de manejo ambiental de la ruta media del río Chicamocha, considerado una importante fuente hídrica para el país.

También se adelantaron estudios que analizaban la dimensión ambiental del cultivo de flores en el país. Otro tema en el que el Instituto incursionó fue en la observación del impacto del trabajo de los puertos carboníferos de la Costa Atlántica colombiana sobre las comunidades aledañas a su operación y la correspondiente responsabilidad ambiental que se deriva de los procesos de explotación minera.

En 1998, cuando se creó la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, el Ideade pasó a ser parte de ella con el desarrollo de tres campos de acción: la investigación, la educación continua y el servicio de consultoría.

Así, hoy, como producto de su trayectoria de dos décadas de actividad, el Instituto cuenta con numerosas investigaciones que abordan, dentro del marco del desarrollo sostenible, temas como la formulación de políticas y sistemas de gestión ambiental, el uso del patrimonio natural y cultural, las tecnologías ambientales para el manejo adecuado de los residuos, la ecología urbana y la educación ambiental.

Con el paso del tiempo, el Ideade se ha consolidado como una firma de asesores expertos, que asume grandes retos y que trabaja bajo la supervisión de la Universidad. Así como el Instituto aporta sus conocimientos a los procesos de consultoría, también se nutre de cada trabajo que realiza con las empresas colombianas.

Hoy, es un grupo interdisciplinario al que se vinculan arquitectos, ecólogos, ingenieros y biólogos, entre otros especialistas. Con sus programas de educación continua como cursos libres, diplomados, seminarios y talleres, ofrece diversas opciones de formación que permiten a los profesionales colombianos actualizar permanentemente sus conocimientos.

En la actualidad una de las actividades de repercusión en las que trabaja es en el asesoramiento técnico de la Red Pries, un proyecto que agrupa a 29 instituciones de educación superior de Bogotá, con el objetivo de mejorar la gestión ambiental de sus campus en un proceso de transformación cultural a partir del cual la comunidad universitaria tome conciencia del impacto de la producción de residuos en la calidad de
vida de los habitantes de la ciudad.

Hoy, el conjunto de estas universidades asociadas, produce 1.281 toneladas de residuos al semestre, de los cuales se podrían reciclar 565, proceso del cual se pueden derivar beneficios ambientales, sociales y económicos.

Con dos décadas de trayectoria, el Instituto de Estudios Ambientales para el Desarrollo, Ideade, aporta conocimiento para la formulación de políticas ambientales, el uso del patrimonio natural y cultural, elmanejo adecuado de los residuos y la proyección de la educación orientada al desarrollo sostenible.


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