Del papel al byte

Del papel al byte

Dice el último “Reporte global de tecnologías de la información” del Foro Económico Mundial que en 2020 habrá cerca de cincuenta billones de computadores conectados en el mundo, lo que transformará para siempre el concepto de la comunicación. Hoy en día las personas que establecen contacto físico con otros son incluso una minoría frente a los usuarios activos de la Red pues, según el estudio, cada vez interactuamos más con el otro a través de una pantalla.

Esta tendencia, que no llegó de un día para otro, va a seguir en expansión mientras la tecnología abra más espacios virtuales, y caracterizará a una generación que nació con ella y a la que podría llamársele nativa digital. Incluso invitará a nuevos inmigrantes a que fundan su mundo con el ciberespacio. Entre toda esta población cambiante y llena de retos se destaca la estudiantil. En cada escuela y universidad del mundo alumnos y profesores se enfrentan a una transición enorme entre formatos impresos y digitales, sin los cuales no podrían completar sus procesos diarios de aprendizaje.

Este reto en particular atrajo a tres investigadores de la Universidad Javeriana: Nicolás Gualteros y Gloria Marciales, de la Facultad de Psicología, y Fabiola Cabra, de la Facultad de Educación. Su pesquisa, que inició en 2010 bajo el título “Nativos e inmigrantes: la transición del formato impreso al formato electrónico en estudiantes y profesores universitarios”, dio continuidad a un estudio en el que abarcaron los perfiles de lo que llamaron competencia informacional, entendida como el “entramado de relaciones tejidas entre las creencias, motivaciones y habilidades, las cuales actúan como matriz de referencia de las formas de apropiación de la información”.

La caracterización de varios perfiles estudiantiles resulta valiosa porque permite comprender cómo, a pesar de que la mayoría de los estudiantes universitarios usan el computador en tareas académicas y tienen al menos una cuenta en una red social y aparentes dotes para las nuevas tecnologías, no necesariamente cuentan con las competencias que la sociedad del conocimiento demanda hoy. Las primeras investigaciones adelantadas en esta línea indicaron que cada perfil guarda relación con el contexto cultural, las trayectorias de vida y con factores de orden socioeconómico. Fue por eso que los investigadores emplearon una metodología de carácter exploratorio-descriptivo que dejara en evidencia la trayectoria familiar y escolar de cada alumno, y su relación con las destrezas que manifiestan a la hora de utilizar cualquier fuente en tareas académicas, sea impresa o digital.

El primer paso para lograrlo fue un estudio de corte fenomenográfico, para explorar tendencias generales, y en cuya fase inicial participaron 120 estudiantes a quienes se les aplicó un cuestionario para identificar el perfil predominante. De este grupo fueron seleccionados —en una segunda fase— 24, a quienes se les hizo una entrevista semiestructurada.

Dos perfiles se decantaron con el análisis de los datos: el perfil recolector y el reflexivo.
El primero, el más común en el grupo de estudiantes que participaron, caracteriza a quienes tienen un insuficiente desarrollo de las competencias informacionales y manifiestan dificultades cuando realizan búsquedas de información; y el segundo perfil, poco frecuente entre los evaluados, se identifica por el alto nivel de desarrollo y la complejidad de las competencias informacionales.

Todo empieza en casa

Las posibilidades de desarrollar competencias para usar fuentes de información están en estrecha relación, según Marciales y sus colegas, con experiencias cotidianas en el hogar y la escuela. Las prácticas de lectura en el hogar, así como los métodos de trabajo de los profesores, el tipo de tareas que estos asignan y los criterios que emplean para evaluarlas desempeñan un papel importante a la hora de crear hábitos y competencias informacionales.

En la investigación figuran entrecomillados de las entrevistas, los cuales dejan en evidencia los perfiles y permiten identificar las que podrían llamarse fallas para utilizar correctamente —cualquiera que sea el medio— la información. Por ejemplo, un estudiante manifestó que, siendo huérfano de padre y sintiendo la ausencia de una madre trabajadora, el televisor se convirtió para él “en un amigo”. “En el colegio nunca me leí un libro, lo único que me leí fue Cien años de soledad, y eso fue todo un logro para mí”, explicó.

Sin embargo, hay niños que cuentan desde pequeños con espacios que desarrollan su capital cultural, como salidas a bibliotecas, lecturas de prensa o debates con sus amigos y familiares. “Con mi mami a veces leíamos los cuentitos, ‘Rin, Rin Renacuajo’ […] y con mi papá siempre tengo tertulias […], al ver sus ideas nació en mí esa curiosidad, y ahora me encanta leer”, respondió otro de los alumnos entrevistados.

Más allá del amor por la lectura y de los hábitos culturales, lo importante de una mente curiosa es que desarrolla fácilmente una posición reflexiva, no traga entero y cuestiona los kilogramos de información que rebotan en su cabeza a diario. Y ese elemento es el verdadero reto para los docentes: no solo generar condiciones para que los alumnos accedan a la información sino crear y proponer estrategias que despierten el interés por el conocimiento. No importa si se estudia con Google o Shakespeare, lo esencial es saber utilizar ese conocimiento o, en términos más científicos, pasar de la “curiosidad a la rigurosidad epistémica”, como lo llamaron los investigadores. El mejor lugar para explotar esas cualidades es la escuela. Marciales y sus colegas identificaron la importancia de que un acompañante, en este caso el profesor, refuerce esas cualidades a través de una pedagogía que no se base en un conocimiento construido y de una sola vía, porque los estudiantes pueden relacionar tal experiencia con la inmediatez y la superficialidad en el conocimiento. Cuando ellos reciben una buena calificación por un trabajo copiado de Internet, interpretan que las tareas académicas son poco demandantes y que no necesitan desentrañar un significado implícito en un libro. Tales condiciones son las que, según la investigación, conducen a que la lectura en cualquier formato pueda llegar a ser valorada por los estudiantes como “si no fuera gran cosa”.

Diferente a esto serían, y es a lo que hay que apuntarle en la docencia, las experiencias que generen “en el estudiante la posibilidad de asumirse como sujeto que se sitúa críticamente frente a un texto para interpelarlo”, como bien lo aconsejan estos tres profesores javerianos. Marciales afirma que “las tareas académicas no pueden ser propuestas como retos para ver si el estudiante logra superarlos, sino como dispositivos para estimular su deseo de aprender”.

TIC para educar

Las Tecnologías de Información y Comunicación, conocidas como TIC, también juegan un rol importante dentro de este estudio. La importancia de la virtualización de la información está cobrando cada vez más vigencia en las aulas de clase.

En el país, el departamento mejor conectado al hablar de TIC es Antioquia, con un 14,5% de población on-line. Al respecto, el ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia, Diego Molano, afirmó que “nunca en la historia un Gobierno había invertido tanto en entregarles a los niños las oportunidades de educación, comunicación, salud y entrenamiento que significa un computador”, y que la administración está “trabajando para lograr que en el país haya mínimo un equipo por cada 12 estudiantes”.

Es común ver que la llegada de la tecnología esté ligada no solo a cerrar la brecha educativa, sino de salud y entretenimiento para cualquier población. No obstante, ante las inversiones, la psicóloga javeriana insiste en que hay que ahondar en la calidad de los planes de desarrollo, porque mucho no quiere decir mejor. “Algunas de las acciones emprendidas en el país van dirigidas a cerrar la brecha en tecnología, pero no la cognitiva que se está abriendo”. Y esto último puede ocurrir sobre todo por la avalancha de computadores que pueden llegar a un salón donde el profesor no cuenta con las competencias para manejarlo, y mucho menos para utilizarlo como herramienta de apoyo para su práctica pedagógica. “No solo se debe capacitar en hardware y software, sino también en las nuevas competencias que deberán desarrollar sus estudiantes”, puntualiza.

La velocidad con la que los formatos migran cada vez más hacia los bytes, dejando atrás el papel, plantea muchos retos, empezando por las competencias de un niño o un joven que apenas está conociendo el mundo y alimentándose de la información que hay en él. Es importante que padres y profesores reflexionen sobre la manera como acompañan procesos en este sentido, y que entiendan que el desarrollo de competencias para usar información no solamente mejora el rendimiento académico; incide también en la formación de ciudadanos con capacidad para tomar decisiones informadas. “Buscar el conocimiento es buscar lo desconocido”, dice Lonergan en una cita al final de esta investigación. Salirse del molde empleando la Red es posible si existen criterios pedagógicos para guiar el proceso.


Para leer más…

+ Cabra, F. & Marciales, G. (2009, mayo-agosto). “Mitos, realidades y preguntas de investigación sobre los ‘nativos digitales’: una revisión”. Universitas Psychologica 8 (2): 323-338. Disponible en: https://www.scielo.org.co/pdf/rups/v8n2/v8n2a03.pdf. Recuperado en: 30/09/2012.
+ Cabra, F. & Marciales, G. (2009). “Nativos digitales: ¿ocultamiento de factores generadores de fracaso escolar?”. Revista Iberoamericana de Educación 50: 113-130. Disponible en: https://www.doredin.mec.es/documentos/ 00520093000138.pdf. Recuperado en: 30/09/2012.


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Dime dónde vives y te diré…

Dime dónde vives y te diré…

Ana está próxima a cumplir ochenta años y padece artrosis. Hoy su enfermedad la obliga a permanecer en su cama con el agravante de que vive sola. Una hija y una nieta que la visitan cada seis meses son la única familia con la que cuenta. Cada día la suerte de Ana depende de la solidaridad de sus vecinos y de los promotores de salud de Suba quienes, además de llevarle comida y acompañarla por ratos, se han encargado de ensamblar en su casa un sistema artesanal de cuerdas, palancas y poleas que le permiten a esta mujer realizar actividades que van desde abrir y cerrar las ventanas de su cuarto, hasta estirar sus cobijas. Pero ni siquiera todos los conocimientos de física de los vecinos de Ana son suficientes para ajustar su vivienda a los requerimientos que le genera su discapacidad.

El caso de Ana es uno de los muchos que el equipo investigador de las facultades de Arquitectura y Diseño, Medicina y Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana identificó en el desarrollo de la investigación “Relación entre las condiciones de habitabilidad y el estado de salud de la población colombiana. Una propuesta metodológica para su análisis”.

Bajo el liderazgo de la arquitecta Olga Lucía Ceballos, directora del Instituto Javeriano de Vivienda y Urbanismo (Injaviu), un grupo multidisciplinar de 12 investigadores se dio a la tarea de rastrear la correlación que existe entre las condiciones de habitabilidad y el estado de salud de la población colombiana, para proponer una metodología comprensiva (es decir, que incluyera tanto la mirada cuantitativa como la cualitativa), que permitiera el análisis de esa correlación, tanto en el nivel nacional como en el local.

La mayoría de las personas piensa en la importancia de tener un lugar en donde vivir, pero pasa por alto las condiciones en que las familias habitan dicha vivienda. Y esas condiciones no solo se refieren a las características físicas del lugar, sino que involucran el sitio en donde este se encuentra, e incluso las características psicosociales de la familia, es decir, los hábitos, las conductas o las maneras de ser de las personas en relación con su hogar. A ese conjunto de condiciones es a lo que Ceballos y su equipo de investigadores se refieren como habitabilidad.

Entonces, pensar en la relación entre habitabilidad y estados de salud implica tener en cuenta que una persona puede ver deteriorado su estado de salud a causa de las deficiencias en la calidad de su vivienda. Y, según explica Ceballos, la calidad de la vivienda, en términos de habitabilidad, está determinada por factores urbanísticos como la localización, que involucra tiempos de desplazamiento, equipamiento con el que cuentan los barrios, estado de las vías de acceso, entre otros; factores arquitectónicos que inciden en la higiene (ventilación e iluminación, acabados que faciliten el aseo, número de habitantes por metro cuadrado, entre otros); la protección; la privacidad y la comodidad; y factores sociales, referidos a la seguridad en la tenencia y a la adecuación social de la vivienda entendida en términos de satisfacción residencial, pero también a los hábitos de quienes residen en una misma casa.

Ceballos explica que al considerar estos aspectos como categorías de análisis se puede entender por qué habitar una vivienda ubicada en un barrio en el que no hay parques ni senderos peatonales puede ser la causa de la alta incidencia de enfermedades cardiovasculares, pues sus habitantes no tienen espacios para realizar actividades físicas. Del mismo modo, una casa sin iluminación natural directa hace que quienes la
habitan, además de ser más susceptibles a padecer enfermedades mentales como la depresión, estén expuestos a contraer enfermedades de origen bacteriano, debido a que la luz solar es un agente bactericida.

Los ejemplos abundan: los baños que no tienen acabados en materiales adecuados pueden favorecer la concentración de la humedad y la consecuente proliferación de hongos; las paredes con grietas de más de un centímetro, además de ser evidencia de la debilidad estructural del inmueble, generan polvillo que da lugar a enfermedades respiratorias; las viviendas que no tienen puertas en sus habitaciones y sus baños se convierten en espacios en donde nadie tiene privacidad y esto, al igual que el hacinamiento, es un factor que en muchos casos se traduce en violencia intrafamiliar; y las viviendas en las que no se acostumbra abrir las ventanas hacen vulnerables a sus habitantes a padecer múltiples enfermedades del sistema respiratorio.

Hacia una propuesta metodológica

La investigación contó con el apoyo financiero de Colciencias, duró aproximadamente tres años y se desarrolló en dos fases.

La primera se centró en establecer la relación entre las condiciones de habitabilidad de la vivienda y el estado de salud de la población a nivel nacional, regional y en las cuatro principales ciudades colombianas, a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Salud (ENS) de 2007. El objetivo de procesar estos datos, según Ceballos, era establecer cuál era el modelo estadístico que se debía implementar para medir la relación entre habitabilidad y salud. El matemático Jorge Martínez y el estadístico Ronald Herrera lideraron la construcción de dicho modelo.

En la segunda fase, que buscaba complementar la metodología cuantitativa utilizada en la primera, se planteó y se sometió a prueba una metodología comprensiva que permitiera establecer la correlación entre habitabilidad y salud. Así, en primer lugar se diseñó y se aplicó en 569 hogares un cuestionario que, aunque retomó las preguntas de la ENS sobre salud, incluyó otras relacionadas con las categorías arquitectónica, urbanística y social. En segundo lugar, se trabajó con un sistema de información geográfica (SIG) que, para efectos de la investigación, facilitó la construcción de un índice urbanístico que permitió calificar las condiciones del entorno de las viviendas. Y, en tercer lugar, se abrieron espacios para consultar a la población de la localidad de Suba sobre sus percepciones en cuanto a habitabilidad y salud, lo que constituyó específicamente el eje cualitativo de la investigación.

Ceballos explica que la elección de Suba como localidad para obtener más información, y posteriormente llevar a cabo el piloto de la implementación de la metodología, respondió principalmente a que esta es una localidad en la que habitan poblaciones de todos los estratos socioeconómicos.

La directora del Injaviu resalta que, además de establecer la relación entre habitabilidad y salud, la metodología comprensiva que se desarrolló en el marco de esta investigación también buscaba establecer las disparidades en salud atribuibles a las condiciones de habitabilidad. Enfatiza que se usó el término disparidades, en lugar de desigualdades, para hacer referencia a que se trata de situaciones injustas y evitables.

La conclusión del estudio es que “la probabilidad de percibir brechas y gradientes de mala salud aumenta a medida que se deterioran las condiciones de habitabilidad”, lo que en otras palabras significa que sí hay un deterioro del estado de salud de la población, injusto y evitable, derivado de las condiciones de habitabilidad.

Habitabilidad y salud en palabras de la comunidad

María padece la enfermedad de Alzheimer, y aunque muchos aspectos de su vida han cambiado a medida que la enfermedad ha evolucionado, la compañía de su esposo ha sido esa constante que le da estabilidad ante la fragilidad de su memoria. Debido a su enfermedad, María también sufre de claustrofobia, y su tranquilidad se cifra en mantener abierta la puerta de su residencia y permanecer allí para garantizar que nadie la cierre. Ante el temor de que María se vaya, su esposo no tiene otra opción más que contar el paso de las horas y contemplar lo que acontece frente a su casa mientras acompaña a su mujer. Para este matrimonio de adultos mayores la puerta es el escenario en el que transcurre la vida, mientras el interior de su vivienda, sumido en el olvido, se ha convertido en un lugar inhabitable.

Este caso, junto con el de Ana, son los dos que más recuerdan la socióloga Paola Chaparro y la filósofa Olga Lucía Londoño, quienes durante ocho meses trabajaron juntas en la implementación del componente cualitativo de la investigación en la localidad de Suba. “A través del trabajo de campo se logró establecer cuáles son las necesidades sentidas y las expectativas de cambio ante las problemáticas que viven cotidianamente [las personas]y que afectan su calidad de vida”, escribieron Chaparro y Londoño en un artículo publicado en 2011 sobre la labor que adelantaron en Suba.

Y es que, precisamente, las entrevistas grupales y el diálogo permanente con la comunidad permitieron identificar que la relación entre habitabilidad y estados de salud es de doble vía, y que, en casos como los de Ana y María, es el estado de salud (físico en el caso de Ana, mental en el caso de María) el que afecta las condiciones de habitabilidad. Esa relación de doble vía fue uno de los hallazgos más relevantes de la investigación, por cuanto que nadie lo había anticipado y solo se hizo evidente una vez se llevó a cabo el trabajo de campo.

Del mismo modo, como resultado del acercamiento con la comunidad se escogió como población objeto de las entrevistas a las mujeres cabeza de hogar de seis barrios de estrato 2 de la localidad de Suba. Tras incluir a algunos hombres en los sondeos participativos, se encontró que las mujeres son quienes identifican las deficiencias en materia de habitabilidad, mientras que los hombres tienden a priorizar aspectos económicos, como el costo de acceder a una vivienda y de hacerle mejoras, o el hecho de poder tener un empleo para pagar las cuotas del crédito hipotecario. La cantidad de luz que recibe el apartamento o la ubicación de las grietas que se han ido acentuando son detalles que las mujeres tienen más presentes.

Otra de las conclusiones que arrojó el trabajo cualitativo es que el rol del Estado como garante del bienestar de la población es vital para la comunidad. La gente demanda la presencia constante del Estado ante dificultades relacionadas con la habitabilidad, por ejemplo la mala iluminación pública, las deficientes vías de acceso a sus viviendas o la falta de mantenimiento de espacios públicos. No obstante, la comunidad también menciona la importancia de reconocer que sus costumbres y prácticas repercuten directamente en las condiciones de habitabilidad.

La austeridad en la construcción de vivienda vs. el alto costo de la enfermedad

Tras la finalización del estudio, Ceballos señala que existe el interés de mantener abierta una línea de investigación sobre habitabilidad y salud en el Injaviu, con el fin de seguir posicionando el tema de la calidad en la vivienda. De hecho, desde hace unos meses, Ceballos, junto con los arquitectos Milena Rincón y Julián Caicedo, y la doctora Amelia Fernández, vienen realizando una consultoría para la Fundación Suiza de Cooperación para el Desarrollo Técnico (Swisscontact) en relación con el mismo tema.

En el marco de esta consultoría, el Injaviu se encarga de analizar el impacto de las condiciones de habitabilidad en los estados de salud de habitantes de barrios informales en Bogotá, con el fin de establecer unos lineamientos que aportarán al diseño de los programas de capacitación de Swisscontact para los llamados maestros de obra, los ferreteros y los propietarios de vivienda de estas zonas.

Es un hecho que en los barrios informales las personas no recurren a arquitectos cuando deciden hacer adecuaciones en sus casas, sino que, dadas las limitaciones económicas, acuden a maestros de obra y ferreteros. En esa medida, capacitar a estas personas y darles herramientas conceptuales para que hagan intervenciones arquitectónicas más adecuadas podría tener una incidencia positiva en la habitabilidad y, consecuentemente, en el estado de salud de las personas.

Para la directora del Injaviu siempre ha sido inquietante por qué cuando se discute alrededor del tema de la vivienda se privilegia el problema financiero por encima de la calidad. Por eso, destaca que la apuesta de llevar una solución real a los sectores más pobres, como la que propone la fundación suiza, resulta muy interesante como alternativa.

El derecho a la vivienda digna y adecuada está incluido tanto en la Constitución colombiana de 1991 como en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Sin embargo, los hallazgos de esta investigación sobre habitabilidad y salud dejan ver que lo que está marcando el rumbo de la construcción de vivienda en el país, particularmente la oferta para familias de escasos recursos, es la lógica del mercado. En consecuencia, no se están teniendo en cuenta condiciones de mínimos vitales.

Al respecto, la arquitecta Rincón considera que los hallazgos de esta investigación “definitivamente son un llamado de atención a las políticas de vivienda y de salud en el país”, y coincide con Ceballos cuando asegura que las políticas públicas en estos campos se deberían trabajar de manera articulada: “en la medida en que se tienen intervenciones físico-espaciales bien orientadas, se podrían reducir los gastos de inversión en salud, en términos de atención hospitalaria, lo cual permitiría hablar de salud preventiva”.

Invertir lo que se gasta en atender enfermedades prevenibles en una oferta de vivienda adecuada es la propuesta del grupo investigador para que por fin se supere la discusión financiera sobre la vivienda y el debate se dé en términos de calidad. Es posible que, como lo señala Chaparro, esta investigación sirva “como base para establecer políticas habitacionales y de salud” en el futuro.


“>Para leer más…

+ Ceballos, O. (2006). “Política habitacional y calidad de la vivienda. Reflexiones sobre la habitabilidad de la vivienda de bajo costo en Bogotá”. Revista Bitácora Urbano Territorial. Universidad Nacional de Colombia. Disponible en: https://redalyc.uaemex.mx/pdf/748/74801013.pdf. Recuperado en: 12/10/2012.
+ Londoño, O. & Chaparro, P. (2011, julio-diciembre). “Condiciones de hábitat y percepción de los estados de salud. Conceptos categoriales emergentes”. Hacia la promoción de la salud 16 (2). Disponible en: https://promocionsalud.ucaldas.edu.co/downloads/Revista16(2)_2.pdf. Recuperado en: 12/10/2012.


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A mejores diagnósticos veterinarios,  mascotas más saludables

A mejores diagnósticos veterinarios, mascotas más saludables

Bruno sacude su cabeza buscando alivio. Una secreción de color oscuro y maloliente empieza a colonizar sus oídos. El ambiente tibio, húmedo y grasoso que encuentran unas levaduras del género Malassezia en esta parte de su cuerpo les permite crecer allí con gran placer.

Su amo, buen observador y poseedor responsable de mascotas, acude al veterinario en búsqueda de un tratamiento que alivie las dolencias de su perro.

El médico, luego de realizar un detallado examen clínico y de examinar las orejas de Bruno, diagnostica otitis externa, por lo cual toma una muestra de la secreción ótica que será analizada en el laboratorio con el fin de que Bruno reciba los medicamentos apropiados para su enfermedad.

La otitis externa es una patología que se presenta con mucha frecuencia en caninos. Puede ser causada por múltiples factores, como presencia de cuerpos extraños o golpes, o enfermedades de tipo alérgico, inmunológico o infeccioso asociadas a levaduras, bacterias y ectoparásitos.

El alto grado de aparición y la recurrencia de las infecciones óticas, así como la amplia experiencia de Adriana Pulido Villamarín, bacterióloga M.Sc. en microbiología y profesora de la Universidad Javeriana, quien por muchos años se había desempeñado en el servicio de diagnóstico veterinario, la llevaron a plantear la necesidad de desarrollar metodologías para el diagnóstico microbiológico de la otitis externa, que pudieran garantizar la identificación del microorganismo causante y la utilización de fármacos específicos para su tratamiento. Le interesaba particularmente lo que sucedía con las levaduras del género Malassezia spp, una levadura (hongo) que se considera como uno de los principales causantes de la otitis externa en caninos, de la cual se conoce que existen 11 especies; de ahí que epidemiológicamente resultara importante tener certeza de cuál o cuáles especies son las que afectan específicamente a un animal en un determinado momento.

Los múltiples análisis que había realizado Adriana Pulido en muestras de cerumen de oído de perro, a partir únicamente de citologías, reportaban en el diagnóstico la presencia de levaduras compatibles con Malassezia spp, pero “nunca habíamos manejado la levadura en el laboratorio, con lo cual no se podía afirmar con el ciento por ciento de seguridad el tipo de agente que se observaba; decir Malassezia spp es como decir que se trata de fulano de tal, sin apellido”, explica la profesora a Pesquisa.

Lo que observaba la bacterióloga era que en nuestro país había falencias de carácter paraclínico y epidemiológico con respecto a esta patología; por esto planteó el proyecto “Análisis epidemiológico, clínico y diagnóstico microbiológico de otitis externas causadas por levaduras en pequeños animales”. En esta investigación participaron la médica veterinaria M.Sc. en microbiología Rubiela Castañeda Salazar, la bacterióloga M.Sc. en microbiología (micología) Melva Linares Linares y la bacterióloga M.Sc. en epidemiología Marcela Mercado Reyes.

Lo que buscaban las investigadoras era determinar con un estudio retrospectivo la prevalencia de otitis externa en pequeños animales durante un periodo de doce meses; estandarizar la metodología del perfil bioquímico para la clasificación de levaduras pertenecientes al género Malassezia spp; y aislar, identificar y clasificar las levaduras obtenidas a partir de muestras óticas de pacientes con cuadros clínicos de otitis externa. Su interés era también elaborar una guía de laboratorio para el diagnóstico diferencial de otitis externa causada por levaduras en pequeños animales; correlacionar clínica y paraclínicamente los resultados obtenidos por la técnica de citología exfoliativa versus cultivo y clasificación bioquímica de levaduras obtenidas a partir de muestras clínicas; y determinar el comportamiento epidemiológico de la enfermedad conociendo el agente específico que la causaba. Sin embargo, resulta paradójico que una cartilla para difusión de estas técnicas en facultades, clínicas y laboratorios de veterinaria, producto de esta investigación, no haya podido ser publicada por falta de apoyo económico.

Médicos, propietarios de mascotas e investigadores con un mismo objetivo

Para adelantar el estudio, las investigadoras contaron con el apoyo de cuatro clínicas veterinarias de Bogotá (Clínica de Pequeños Animales de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia, Clínica de Pequeños Animales Abanimal, Centro de Especialidades Veterinarias CEV y Zoovida EPSA).

Durante seis meses, médicos veterinarios y propietarios que acudían a consulta porque notaban molestias en los oídos de sus perros y secreción con mal olor y de color oscuro permitieron la toma de 116 muestras, recolectadas con un copito, a las cuales se les realizó el tradicional diagnóstico por citología para determinar la presencia o ausencia de bacterias, levaduras y reacción inflamatoria. Adicionalmente, en el laboratorio se aislaron los microorganismos causantes de la infección y se procedió a hacer cultivos para buscar bacterias y hongos. Los datos clínicos asociados a la patología se registraron en una base de datos para ser posteriormente analizados en el programa estadístico SPSS 17.

Las investigadoras adelantaron un análisis estadístico para observar si existían diferencias significativas de presencia de Malassezia spp teniendo en cuenta variables como el género, la edad, la raza y el tipo de oreja. Encontraron que la Malassezia spp puede afectar a cualquier tipo de perro, no importa cuáles sean su género, su edad, su raza, e incluso el tipo de oreja que tenga. A pesar de no hallar una diferencia estadísticamente significativa, se reportó una mayor prevalencia de otitis causada por levaduras de Malassezia spp en caninos de razas con orejas pendulosas, entre las que se encuentran el french poodle, el labrador retriever y el golden retriever, contrario a lo que sucede con algunos reportes europeos en donde la mayor prevalencia se da en perros de razas con oreja erecta como el pastor alemán. Según Melva Linares, “las diferencias en los resultados muestran la importancia de este tipo de investigaciones, teniendo en cuenta la existencia de distintos comportamientos de una patología o enfermedad por áreas geográficas, en la que pueden interferir aspectos como la temperatura y la humedad, los hábitos de higiene, la cultura de tenencia de mascotas, etc.”.

“A pesar de que internacionalmente han sido bien estudiadas, en el medio del diagnóstico veterinario en Colombia existe el tabú de la dificultad de manejar en el laboratorio levaduras como las del género Malassezia por sus características nutricionales; sin embargo, aunque su comportamiento no es tan típico como el de otras levaduras, mediante esta investigación logramos ‘palparlas’, manejarlas, conocerlas mejor y establecer protocolos de laboratorio para su identificación”, explica Adriana Pulido.

Un resultado importante de este trabajo es que fue posible establecer la participación de Malassezia pachydermatys como una de las principales levaduras asociadas a otitis externas en los animales que fueron llevados a consulta en las clínicas en las que se realizó el estudio.

En la investigación que nos ocupa, el grupo de especialistas del laboratorio clínico de diagnóstico y el médico veterinario tratante se apoyaron mutuamente en un trabajo interdisciplinario. Gracias a ello, comenta Rubiela Castañeda, “los veterinarios podrán tener acceso a un diagnóstico preciso del agente que está causando el problema, lo que les permitirá iniciar una terapia específica que redunde en menos costos para el propietario (por menor número de medicamentos utilizados o por disminución en las consultas); y los animales se beneficiarán al recibir un tratamiento adecuado y efectivo, lo que les hará recuperar su buen estado de salud en menor tiempo”.

Este trabajo se convierte en el primer reporte en el país sobre aislamientos de levaduras del género Malassezia spp asociadas a patologías óticas en caninos. Tal como es habitual en la labor investigativa, cada estudio da origen a nuevas preguntas y abre la puerta para nuevas exploraciones. De este, particularmente, se derivan dos investigaciones que le darán continuidad. La primera está orientada a la identificación molecular de las levaduras del género Malassezia spp. La segunda busca profundizar en la sensibilidad de la levadura frente a antifúngicos, es decir, frente a los medicamentos contra los hongos debido a la escasa mejoría que se logra en muchos pacientes después de los tratamientos.

En Colombia los estudios en el área de veterinaria con estos microorganismos asociados a otitis externa son muy escasos, casi nulos, distinto a lo que sucede en el caso de investigaciones con otras especies de Malassezia en clínica de humanos. Sin embargo, el interés por esta levadura ha hecho que empiecen a trabajar en conjunto los especialistas de micología humana de la Universidad de los Andes y los especialistas en diagnóstico veterinario y micología de la Universidad Javeriana. Resulta interesante estudiar, por ejemplo, la posible transmisión de Malassezia hacia los humanos (zoonosis), debido a los lazos afectivos y a la forma como se convive con las mascotas.

Así, la línea de investigación en Epidemiología, Nutrición y Salud Animal del grupo Unidad de Investigaciones Agropecuarias (Unidia), de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana, continúa su trabajo en el área de diagnóstico veterinario con el firme convencimiento de que la primera necesidad a la que debe dar respuesta la investigación es la de identificar cuáles son las principales problemáticas en sanidad animal, no solamente en mascotas, como en este caso, sino también en las especies animales productivas del país, lo que tendría efectos directos en la seguridad alimentaria y la salud pública nacional.


Para leer más…

+ Pulido, A., Castañeda, R., Linares, M. & Mercado, M. (2010). “Diagnóstico clínico-microbiológico de otitis externa en caninos de Bogotá – Colombia”. Revista MVZ, Universidad de Córdoba 15 (3): 2215-2222. Disponible en: https://revistas.unicordoba.edu.co/revistamvz/mvz-153/
body/v15n3a09.html
. Recuperado en: 12/10/2012.


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David Andrés Zamora Ávila

David Andrés Zamora Ávila

Desde que se fue a vivir a Facatativá, David soñaba con ser astronauta. Sin embargo, al mismo tiempo sentía una gran inquietud por los problemas del agua en su ciudad. Pasados los años y haciendo caso de su vocación matemática, David ingresó a estudiar ingeniería civil en la Universidad Javeriana. Una de sus metas al finalizar este ciclo académico era presentar un trabajo de grado en el que pudiera optimizar la rehabilitación de las redes de distribución de agua potable. Pero como la investigación generalmente está vinculada a un hecho cercano de quien investiga, David quiso involucrar en su experiencia a la población que lo vio crecer: Facatativá.

El estudiante se reunió con los directivos de la empresa de acueducto de dicho municipio y empezó a gestar un plan que le devolviera al modelo matemático de la red de distribución de agua potable la verdadera esencia para la cual había sido concebido: representar de forma aproximada las condiciones reales de caudal y presión, de modo que lo convirtiera en una herramienta para el soporte y la toma de decisiones de la empresa encargada de su gestión. Zamora desarrolló un algoritmo para la calibración del modelo digital de la red a través de la inclusión de elementos socioeconómicos y técnicos. De igual manera, logró establecer las mejores alternativas en la rehabilitación para una zona piloto de Facatativá (barrio Pensilvania), a partir de múltiples alternativas de soluciones que beneficiaran a los usuarios y a la empresa.

Como era de esperarse, ese primer trabajo investigativo obtuvo varios alcances: la editorial Académica Española lo contactó para hacer de su trabajo de grado un libro. Gracias a este primer esfuerzo David, de la mano de Nelson Obregón, director del Doctorado en Ingeniería de la Universidad Javeriana, pudo acceder a una beca de la Fundación Ceiba para estudiar la Maestría en Hidrosistemas de la misma universidad.

Pero esos no son los únicos logros de esta promesa de la ingeniería. Mientras David concentraba su disciplina en sus estudios de posgrado, se presentó junto a su tutor, el ingeniero Andrés Torres, a la beca Virginia Gutiérrez de Pineda, y se convirtió en becario de Colciencias. En esta oportunidad, los ingenieros presentaron un proyecto denominado “Métodos Machine Learning aplicados a la predicción de contaminantes en hidrosistemas de saneamiento urbano a partir de espectrometría UV-visible”, con el que buscaban detectar contaminantes en ríos urbanos, sistemas combinados de alcantarillado y afluentes de plantas de tratamiento de agua residual. Mediante la investigación y a través de modelos matemáticos resaltaron la importancia de conocer la dinámica en la calidad hídrica en los sistemas de saneamiento urbano a una escala de tiempo menor y por medio de tecnologías de medición in situ y en continuo, con el fin de conocer su estado y proponer alternativas de cambio.

Para el ingeniero Andrés Torres, David Zamora es “una persona con una gran curiosidad intelectual, abierto a nuevos desarrollos y desafíos y a nuevos retos, lo que hace de él un investigador por naturaleza”. Torres ha tenido la oportunidad de ver a David desempeñándose en terreno, en laboratorio, en computador, en tareas administrativas e incluso en actividades docentes y, según dice, “a pesar de las dificultades propias de investigaciones que contemplan tantas instancias, David ha combinado todo de manera excepcional, lo que lo ha vuelto un profesional muy valioso, con una experiencia que pocos han tenido”.

En la actualidad David divide su tiempo entre la maestría y diferentes proyectos laborales con empresas privadas. Este joven bogotano dice sentirse privilegiado por ser uno de los pocos profesionales del país que ha podido escoger la investigación como opción laboral: “Creo que existen muchos interesados en investigar y, mediante la investigación, en innovar, pero lamentablemente los recursos para la búsqueda y experimentación en Colombia no son suficientes; en esa medida me considero afortunado”.

Las próximas metas que David quiere alcanzar son realizar su doctorado en Holanda, aumentar sus conocimientos para volver a su país e implementar modelos que le permitan a Colombia darle un mejor uso al agua, elemento imprescindible para la vida humana.


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Zine: computación de alto rendimiento para la investigación

Zine: computación de alto rendimiento para la investigación

La explosión de una estrella, el comportamiento del caudal de un río en época de lluvia o de los mercados son problemas de gran escala para cuyo estudio se requiere de simulaciones complejas. He ahí uno de los retos más difíciles que enfrentan los investigadores en las distintas áreas de conocimiento.

Sin embargo, hoy se cuenta con la e-Science, entendida como la resolución de problemas científicos con la ayuda de la tecnología, y más específicamente con la computación de alto rendimiento (high performance computing), que permite reducir el tiempo en el que se llevan a cabo dichas simulaciones gracias a los cluster, los supercomputadores y la computación paralela.

En ese marco nace el Centro de Alto Rendimiento Computacional, Zine, que entró en funcionamiento en la Pontificia Universidad Javeriana el pasado 28 de agosto de 2012. El trabajo mancomunado de las vicerrectorías Académica y Administrativa; las facultades de Ingeniería, Ciencias, Medicina, Estudios Ambientales y Rurales; el Centro Ático y la Dirección de Tecnologías de Información hizo realidad este proyecto.

Dos torres que en su interior almacenan 384 procesadores que funcionan bajo la plataforma Linux y con aplicaciones (middlewares) apropiadas para cada especialidad permiten el procesamiento de problemas complejos en tiempo récord. Mientras que una red estándar funciona a una velocidad de transmisión de información de 4 Mbps (megabits por segundo), la velocidad de transmisión de datos entre los procesadores red de Zine es de 20 Gbps (gigabits por segundo), lo que es posible gracias a la utilización de la tecnología Infiniband, que hace que los tiempos de espera entre las tareas asignadas a los núcleos se reduzcan considerablemente.

Sin embargo, Zine no es solo las máquinas. Además de ser un soporte tecnológico, el centro permitirá crear redes de conocimiento entre los diferentes grupos de investigación que necesiten de la computación de alto rendimiento en el desarrollo de sus estudios.

Detrás de los procesos de simulación está un equipo de expertos que acompaña a los investigadores e incentiva el uso frecuente de los servicios de Zine. “Hay un cambio de concepción en la investigación; ahora es un trabajo colaborativo y participativo en el que los investigadores no están solos”, explica César Julio Bustacara, director del Departamento de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Javeriana.

Investigadores del Instituto Geofísico de la Universidad Javeriana, del Centro de Proyectos para el Desarrollo (Cendex) y de las facultades de Ciencias y Estudios Ambientales y Rurales serán los primeros en hacer uso de Zine, ya que se encuentran en el proceso de capacitación y de elección del software idóneo para las distintas simulaciones.

A Zine tienen acceso todos los docentes y estudiantes de doctorado de la Javeriana y, mediante proyectos interinstitucionales, es posible que investigadores y docentes de otras universidades se beneficien con este centro de alto rendimiento que, tal como está concebido, brinda un amplio universo de posibilidades para el avance y el enriquecimiento de la producción científica colombiana.


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