Las consultoras: culpa y descargo

Las consultoras: culpa y descargo

En 1951, la firma McKinsey publicó un artículo en la Harvard Business Review que acaparó la atención de la élite empresarial estadounidense. Mostraba cómo el salario de empleados de rango medio crecía tres veces más rápido que el de los ejecutivos de primer nivel, quienes, por supuesto, querían hacer algo al respecto. Las consultoras entraron en escena y una de las consecuencias fue un contundente recorte de personal. Y eso dejó servida en bandeja de plata la posibilidad de que los pagos de los chief executive officer’s (CEO) recieran 937 % entre 1978 y 2013, según el columnista Michael Skapinker, del Financial Times.

Este es un ejemplo icónico de lo que un estudio realizado por dos investigadores del área de economía y negocios comprobó: una organización se siente mucho menos culpable de tomar una decisión impopular cuando ha recibido el consejo de hacerlo de parte de un consultor. Aunque es una idea muy intuitiva, los economistas Lucas Coffman, del Boston College, y Alexander Gotthard-Real, de la Pontificia Universidad Javeriana, quisieron someter al análisis científico esta hipótesis con 716 estudiantes de la Universidad de Ohio, donde ambos laboraban cuando iniciaron el experimento.

Los académicos los convocaron a participar en un juego de roles con decisores, consejeros y observadores que juzgaban las acciones de cada quien en la tarea de cuidar su propia cuenta de tres tokens, cada uno equivalente a seis dólares. Se enfrentaban a un escenario sencillo y abstracto en el que debían decidir si salvaban su cuenta quitándole tokens al otro o cooperaban entre ellos. No fueron expuestos a casos hipotéticos para no darles pistas de lo que los científicos estaban auscultando y reducir la emocionalidad y los prejuicios que una situación particular despierta. Al final del juego, sus determinaciones definían su pago: los más egoístas terminaban con más plata en el bolsillo que los más cooperantes.

La conclusión fue clara: tener un asesor disminuye la percepción de responsabilidad de un tomador de decisión, el cual aumenta en 27 % la incidencia de sus acciones egoístas y disminuye en 18 % la percepción de inmoralidad y castigo. “Aunque hay que hacer estudios complementarios, uno podría pensar que este principio es relevante en el contexto de las firmas consultoras, que son expertas en saber arreglar problemas, pero también proveen la oportunidad de diluir la responsabilidad del tomador de decisiones”, asegura Gotthard-Real, para quien es notorio que muchas veces las compañías ya saben lo que quieren, pero les es difícil tomar unilateralmente una determinación, y por eso llaman a las consultoras. De ahí que se diga con insistencia que estas existen para decirles a las directivas empresariales, sus contratantes, lo que quieren escuchar, y eso pone sobre el tapete un evidente conflicto de interés. “Y aunque los consejeros no tengan

la intención de diluir responsabilidades, lo que probamos en el laboratorio es que ese efecto está presente”, añade este mexicano asentado en Colombia hace un lustro y quien dirige el Departamento de Administración de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana.

 

Es solo un juego

¿Acaso una prueba de laboratorio alcanza a abordar las tensiones y presiones —con su consecuente carga emotiva— que una crisis corporativa genera? No. La realidad es irremplazable. ¿Cuál es la arena que se pisa para definir lo que es moral y lo que no? Eso depende de cada ejercicio, y la respuesta es muy relativa. Sin embargo, estos juegos son el pan de cada día de los economistas experimentales en el estudio de lo que se denomina ‘economía de comportamiento’. Y pese a ser juegos, ofrecen validez científica a lo que puede ocurrir en un campo donde es muy difícil recolectar información certera, principalmente por estar blindado con acuerdos de confidencialidad, que hacen que escudriñar sea imposible.

“El valor de este estudio está en mostrar que la moralidad tiene varios elementos que la pueden manipular en una u otra dirección, y en eso venimos trabajando ya muchos investigadores”, sostiene Juan Camilo Cárdenas, exdecano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. “Esta investigación aporta una palanca más que mueve las cosas: la licencia moral que da un ‘asesor calificado’. Es fascinante entender cómo se puede reducir la prosocialidad y la responsabilidad moral del decisor cuando el consejo llega de afuera y no de un juicio moral interno”.

No obstante, para Cárdenas, realizar estos experimentos sin un marco de referencia resulta problemático: “El laboratorio siempre tendrá niveles de abstracción, pero el riesgo de hacerlo tan abstracto es que no sabemos si la persona está embebida en las condiciones cognitivas y emocionales que se están tratando de modelar. No sabemos cuál framing está usando el jugador si no le damos uno mínimo”.

Entre tanto, una asesora entra a capotear. No niega que en el mundo de la consejería se presenten este tipo de situaciones, pero advierte que cada vez ocurren con menor frecuencia, por varias razones. “Las consultoras han migrado de ser netamente estrategas a implementadoras de sus planteamientos, y eso las hace cada vez más corresponsables”, asevera Natalie Nehme, consultora senior de una firma con sede en Londres. “Así, dentro de cada compañía contratante hay grupos internos que validan esas estrategias y trabajan en equipo con la consultora, en un esquema de par-par. Y es mala idea venderle pajaritos en el cielo al cliente, porque una consultora tiene una reputación que velar, y si sus propuestas son desfasadas, no solo pone en riesgo la estabilidad corporativa de su cliente, en un ambiente altamente cambiante y vulnerable a múltiples variables, sino la posibilidad de continuar trabajando con él en el mediano y largo plazo”.

Estos juegos de poder no tienen lugar solamente en el sector privado ni exclusivamente por medio de una relación contractual. También se dan en la palestra pública, en la que los planteamientos de organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial de la Salud, podrían facilitar a los gobiernos tomar decisiones impopulares y disminuir su percepción de responsabilidad, bajo el amparo de la fórmula ‘esta fue la recomendación o la condición de esa entidad’.

Quizá una coyuntura tan desafiante como la COVID-19, que ha alterado sin resquemor todos los aspectos de la vida humana, sea una prueba de fuego para determinar la contundencia del principio expuesto por los investigadores. ¿Esta pandemia nos ha hecho más prosociales y, por ende, más resistentes a las influencias negativas de los demás? Ya la historia lo dirá.

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Moral Perceptions of Adviced Actions
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Alexander Gotthard-Real y Lucas Coffman
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Departamento de Administración
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014-2019

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Barú: un paraíso sin tierra para su pueblo

Barú: un paraíso sin tierra para su pueblo

Hace más de 300 años, la isla de Barú se convirtió en el refugio de un grupo de cimarrones, hombres negros, fuertes y de mirada profunda, que huyeron de las murallas de Cartagena. Se trataba de una comunidad afrodescendiente que escapó de los conquistadores españoles con el fin de preservar sus costumbres, reivindicar sus derechos y ser un pueblo libre. Con los años, cuidadora de sus tradiciones, la comunidad de Barú se dedicó al cultivo de coco, ciruela, papaya, níspero y yuca; a la pesca y a la celebración de fiestas patronales al ritmo de tambora.

Sin embargo, fue hasta la abolición de la esclavitud en 1851 que el pueblo barulero pudo comprar siete caballerías (2961 hectáreas) para formalizar la propiedad de sus tierras. Aunque el quilombo de sonrisas blancas y manos laboriosas se apropió e instaló en la isla, hoy, cerca de tres siglos después, la comunidad ancestral aún le reclama al Estado el reconocimiento de la titularidad de sus predios.

En septiembre de 1969, el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora), hoy Agencia Nacional de Tierras (ANT), señaló que “los predios que existían en la isla de Barú habían salido del patrimonio del Estado y eran de propiedad privada”. Esta decisión, el desconocimiento de la pertenencia de las tierras a sus habitantes originales y el crecimiento acelerado del turismo durante los últimos 30 años han cercado y reducido el asentamiento de la comunidad afro un 20 %, modificando drásticamente el ecosistema y transformando las prácticas culturales de la población.

 

El contexto territorial de Barú

Estudiar las dimensiones territoriales, históricas, sociales y ambientales de los baruleros fue la primera fase de un proyecto que inició en 2011. Un equipo de investigadores, tesistas y practicantes visitó Barú e implementó un trabajo cartográfico para dar cuenta de la existencia de esta comunidad y de su relación patrimonial con la tierra. Allí encontró una población profundamente arraigada a sus costumbres, responsable del legado ancestral de preservar su territorio, inmersa en conflictos con el Estado y con la industria hotelera por la ocupación de sus predios, y estrechamente vinculada con el ecosistema, que está en riesgo debido a la tala de manglares, bosques secos y la erosión marino-costera.

“Este es un tema dramático en términos ambientales, porque las intervenciones humanas están fragmentando los ecosistemas”, afirma Johana Herrera, ecóloga y líder de la investigación. “Es un tema complejo en términos sociales, porque a pesar de que las lagunas marino-costeras contribuyen a la regulación de agua dulce para la comunidad de Barú, otros actores las desecan para construir playas”, continúa Herrera, quien actualmente es la directora del Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Pontificia Universidad Javeriana.

Ante esta situación, en 2015 se desarrolló el diplomado Herramientas para la Autonomía Territorial, con el fin de proporcionar a los baruleros lineamientos conceptuales y metodológicos que les dieran alternativas para proteger su territorio. Luego de este ejercicio y de la reflexión de la comunidad, en junio de 2017 el Consejo Comunitario de Barú le solicitó a la ANT iniciar el trámite de titulación de su territorio. Sin embargo, en abril de 2019, la ANT negó la petición, por tratarse de un área insular privada. En respuesta, el Consejo Comunitario interpuso en enero de 2020 una tutela ante el Tribunal Superior del Distrito de Bogotá, demandando al Estado y a la ANT por su negligencia en el procedimiento.

Según el Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Javeriana, aún hay pendientes al menos 271 solicitudes de titulación colectiva a nivel nacional, de las cuales 132 están en el Caribe colombiano.

 

 

 

Un trabajo con y para las comunidades

Conscientes de la negativa de la entidad territorial, en 2019 los investigadores iniciaron la tercera fase del proyecto, para contribuir con documentación académica y jurídica al proceso legal, a favor de la comunidad. “Encontramos que estas tierras sí son susceptibles de titulación colectiva y que el manglar, el bosque seco y las lagunas marino-costeras estarían mejor preservadas bajo figuras de administración y manejo en las que participe la comunidad”, puntualiza Herrera.

Durante la investigación, y por solicitud del pueblo de Barú, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) entregó en noviembre de 2019 el Concepto E-2019- 562045, en el que confirma que los baruleros son una comunidad ancestral y que, en tanto el Estado no proporcione protección, estaría expuesta a una extinción cultural.

“Si no se titula colectivamente el territorio, la comunidad puede desaparecer; eso es matar al pueblo, acabar con un legado, destruir una cultura. Eso significa arrasar con todo, porque la vida del nativo es su tierra y sus ecosistemas”, afirma Ruby Arcila, gestora del Consejo Comunitario de Barú y habitante de la isla, quien a su vez hace un llamado a la conservación y preservación del territorio.

Por el momento, la comunidad avanza en un proceso de consciencia social sobre la titulación colectiva y la preservación de sus tradiciones, mientras que el Observatorio gestiona recursos para capacitar a jóvenes de la región, con los objetivos de profesionalizar sus prácticas ancestrales y mejorar sus actividades de pesca, lectura de instrumentos cartográficos, restauración del ecosistema, entre otros aspectos.

“Las comunidades locales tienen un conocimiento ecológico tan sofisticado como el que nosotros tenemos a partir de los métodos basados en la ciencia. Hay un saber que reside en la racionalidad de la gente de Barú y que está en diálogo con nosotros, los investigadores. A eso lo llamamos en el Observatorio co-construcción de conocimiento”, precisa Herrera.

La titulación colectiva es el derecho que tienen las comunidades afrodescendientes a administrar legalmente su territorio.

 

Documental sobre Barú: 300 años de historia afrodecendiente

 

Para leer más: Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos (2020). Barú: Territorio colectivo desde 1851. Análisis ambiental y cartográfico 2020. Bogotá: Rights Resources-Consejo Comunitario de Barú-Pontificia Universidad Javeriana.


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Tenencia colectiva en las playas, áreas de bajamar y manglares de Barú.
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Johana Herrera Arango y Manuel Pérez Martínez
COINVESTIGADORES: María José Arrieta, Paula Kamila Guerrero, Lina María Cortés, Dicky Pacheco, Ruby Arcila, Ivonne Vargas, Mónica Narváez, Cristian Guerrero y Elías Helo
INVESTIGADORES JURÍDICOS: Silvio Garcés, Óscar Chávez, Juan Fernando Sánchez. Facultad de Estudios Ambientales y Rurales Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos Pontificia Universidad Javeriana. Consejo Comunitario de la Comunidad Negra de Barú B20
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2011-2019

 

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Explorar lo invisible en ecosistemas de condiciones extremas

Explorar lo invisible en ecosistemas de condiciones extremas

La pandemia ha demostrado que los microorganismos están en todas partes: en el cajón de la cocina, en el pasto del parque, en los árboles del Amazonas, en el viento, en su estómago, en el mar, en la nieve.

Tres investigadoras los buscan en los ambientes más inhóspitos, como las aguas termales de Paipa o los paisajes gélidos de páramos y nevados. Hasta allí llegan con sus equipos de trabajo para recolectar no precisamente peces, mariposas o ranas. Van tras lo que no se ve sino en el microscopio, pero que también puede tener colores vistosos y formas artísticas. Persiguen bacterias, hongos y otros microorganismos, porque “son fascinantes”, dicen, cada una con su bicho preferido. A la vicerrectora de investigación y creación de la Universidad de los Andes, Silvia Restrepo, la atrapan los hongos que encuentra en suelos, aguas y sedimentos; María Mercedes Zambrano, directora científica de la Corporación CorpoGen, busca las actinobacterias que viven en líquenes; y Sandra Baena, profesora del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, le interesan las bacterias y arqueas que viven solamente en condiciones de alta temperatura y salinidad.

“Queríamos descubrir especies con nuevas potencialidades, porque la idea es saber qué servicios ecosistémicos ofrece la biodiversidad, como por ejemplo el control de patógenos en general”, explica Restrepo, quien durante 2019 trabajó como comisionada en la Misión Internacional de Sabios.

No es la primera vez que este trío de biólogas con doctorados en diferentes campos trabajan juntas. En esta ocasión las unió el programa Colombia Bio, del entonces Colciencias, en un proyecto aprobado que buscó ampliar el conocimiento sobre la diversidad de especies que viven en el territorio. Cargaron sus morrales con decenas de frascos y bolsas estériles y se fueron para el Parque Nacional Chingaza, los termales de Paipa y el Parque Nacional los Nevados. Usando técnicas de biología molecular, Restrepo secuenció el genoma de un hongo, Epicoccum, con potencial biotecnológico para controlar otros hongos que afectan los cultivos, como el Fusarium.

Zambrano dedujo que la cuarta parte de los microorganismos de los líquenes muestra actividad antimicrobiana con potencial uso farmacológico. Y Baena encontró que algunas de las colonias microbianas sumergidas en aguas termales producen pigmentos que podrían ser aprovechados, como tintes naturales en la industria cosmética.

 

La utilidad de estos pequeños organismos

Zambrano analizó los microbiomas de siete géneros de líquenes de páramos colombianos, donde encontró además cepas bacterianas que actúan contra microorganismos de interés clínico. Baena estudió los compuestos activos de una bacteria halófila contra diferentes líneas celulares de cáncer, con resultados exitosos. Otra razón para dedicarse a estudiar estos microorganismos: “Más de un tercio de los medicamentos aprobados corresponde a productos naturales o han sido derivados de compuestos que se encuentran en organismos vivos”, dice uno de los artículos publicados recientemente por las investigadoras en revista internacional. Así, han puesto la mira en aquellos microorganismos que les gusta vivir en ambientes extremadamente salinos, como los halófilos ―que pueden ser arqueas o bacterias―, porque “representan reservorios de nuevos metabolitos bioactivos con diversos grupos de estructuras químicas” y, por tanto, pueden ser útiles en el futuro.

 

Colombia Bio busca fortalecer los conocimientos de la biodiversidad del país y comprender sus posibles usos y aplicaciones, forjando las bases de bioeconomías locales a través del reconocimiento de la diversidad de los territorios y su autonomía.

 

Además, en un trabajo minucioso de laboratorio, encontrar que los microorganismos recolectados producían pigmentos las llevó a nuevas preguntas, como “¿qué tipo de pigmentos acumulan?, ¿cómo es la estructura? y ¿en qué condiciones se expresan esos pigmentos?”, señala Baena. De este modo, descartaron más de 50 cepas de diferentes especies encontradas, para concentrarse en tres arqueas y una nueva especie de bacteria de la familia Salinisphaeraceae.

“Las coloraciones rosa, naranja, marrón y amarilla de las colonias pueden indicar producción de carotenoides”, dice Baena. “Un estudio que profundice en la identificación, características y propiedades de los carotenoides producidos por estas cepas puede ser de gran relevancia para ampliar el conocimiento biológico sobre estos microorganismos y así aprovecharlos como ingredientes naturales en diferentes productos”, concluyen las investigadoras.

 

Coleccionar microorganismos

Así como hay herbarios e insectarios, en la Javeriana, los Andes y CorpoGen existen colecciones certificadas de microorganismos. Depositadas allí las cepas que se identificaron en el laboratorio a partir de las muestras recolectadas, las “podrán seguir estudiando otros grupos, porque quedan a disposición de la sociedad colombiana”, explica Baena.

Las tres científicas están satisfechas con los resultados y continúan investigando para conocer en detalle los microorganismos de su preferencia, a veces juntas, a veces con colegas de sus respectivas instituciones. “Cuando hay confianza se da mucho más fácil esa colaboración”, explica Restrepo, y por eso, continúa Zambrano, “seguimos, cada una buscando, por un lado, lo que cada grupo quiere o puede hacer y, por otro, cuando encontramos oportunidades de poder colaborar, pues ahí siempre estamos: a veces la unión hace la fuerza”.

Las cepas que hoy reposan en sus colecciones representan un insumo invaluable para explorar posibles productos a partir de sus componentes, lo cual contribuye a la valoración de la microbiodiversidad en nuestro país, coinciden las investigadoras. “Es importante continuar analizando y conservando la biodiversidad microbiana en ambientes extremos del país, pues allí su riqueza biológica ha sido poco explorada”, concluyen.

 

Para leer más: Sierra, M. A. et al., “The Microbiomes of Seven Lichen Genera Reveal Host Specificity: A reduced core community and potential as source of antimicrobials”. Recuperado de https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/ fmicb.2020.00398/full
Díaz-Cárdenas, C., Bioactive Potential of Extracts of Labrenzia Aggregate Strain USBA 371: A halophilic bacterium isolated from a terrestrial source, Molecules, 25(11). Recuperado de https://www.mdpi.com/1420-3049/25/11/2546


Título de la investigación: Identificación, valoración y conservación de diversidad microbiana de ambientes extremos y endémicos seleccionados de Colombia
Investigadoras principales: María Mercedes Zambrano, Sandra Baena y Silvia Restrepo
Coinvestigadores: Alba Alicia Trespalacios, Gina López, María Paula Parada, Carolina Díaz-Cárdenas, José Salvador Montaña, Marcela Guevara, María Alejandra Sierra, Juan Manuel Anzola
Corporación CorpoGen, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Javeriana Vicerrectoría de Investigación y Creación Universidad de los Andes
Periodo de la investigación: 2017-2019

 

 

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De colegiales y poder en las élites de la Colonia

De colegiales y poder en las élites de la Colonia

Mientras hacía su tesis doctoral en España, la historiadora Juana María Marín Leoz empezó a sospechar algún tipo de poder que determinaba dónde estudiaban los jóvenes santafereños a finales del siglo XVIII. Profesora hoy del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana, su sospecha se convirtió en una investigación histórica en la que descubrió detalles sobre los pulsos de poder social durante la Colonia.

La tesis era sobre Pedro Mendinueta y Múzquiz, virrey de la Nueva Granada (1797- 1803). La profesora intuyó que en esa época los descendientes de los conquistadores, a los que generalmente se les llamaba beneméritos, estudiaban en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (actualmente más conocido como Universidad del Rosario), mientras que los descendientes de los españoles que trabajaban para las instituciones, lo que hoy conocemos como funcionarios, lo hacían en el Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé de Santafé (hoy Colegio Mayor de San Bartolomé), manejado por los jesuitas. Pero ¿por qué?

La investigación corroboró la sospecha y mostró un elemento más allá del lugar común que indicaba que se trataba de dos bandos aparentemente contrarios: los criollos y los peninsulares. Encontró que los enfrentamientos se daban entre diferentes facciones de las élites. Para la investigadora, lo interesante es que cada uno de estos grupos se sentía, en alguna medida, menos que el otro. “Son pares, pero construyen unas diferencias entre ellos para tener prerrogativas y premios frente a la Corona, que al final es la que los premia y los utiliza en su beneficio”, explica.

Era la competencia de dos colegios por demostrar cuál formaba la verdadera élite de la época, a los poderosos.

“El proyecto pasaba por estudiar quiénes eran los colegiales de San Bartolomé y cuál era su proceso de selección, tomando como eje vertebral la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767”, continúa la profesora Marín. “Se fue juntando todo, la posibilidad de consultar parte del Archivo Histórico Javeriano, la pregunta que tenía desde mi investigación doctoral y una que surgió por el camino, y era qué había pasado en el Colegio San Bartolomé después de la expulsión de los jesuitas, porque siguió abierto, lo que no pasó con la Universidad Javeriana, clausurada ese año”.

 

En la Santafé de Bogotá de finales del siglo XVIII, dos colegios de prestigio siguen caminos distintos luego de la expulsión de la Compañía de Jesús.

 

Cuando Marín se planteó el objetivo de la investigación, el archivo del Colegio San Bartolomé estaba cerrado al público, pero en el Archivo Histórico Javeriano encontró parte del material: 110 microfilmes con aproximadamente 1500 folios.

La investigación analizó los interrogatorios a los que se debían someter quienes querían entrar a estos colegios, encontrando que debían demostrar la limpieza de su sangre, que eran hijos de matrimonios legítimos, que no habían desempeñado oficios mecánicos, ni habían sido sentenciados por la Inquisición ni por ningún otro tribunal, y que, por ende, eran distintos a los que sí tenían algunas de estas condiciones.

La historiadora encontró que la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 coincidió con el aumento de la exigencia y de las preguntas de los interrogatorios en el Colegio San Bartolomé, pues los encargados de dirigir la nueva fase del colegio querían demostrar que sus colegiales eran igual de nobles que los rosaristas. Concluyó que los cambios tenían más que ver con una confrontación con el Colegio del Rosario, lo que, de nuevo, confirma una pugna entre diferentes sectores de la élite capitalina.

Marín explicó que el hecho de que la Compañía de Jesús educara a los hijos y nietos de quienes manejaban las instituciones de Gobierno, es decir, a quienes iban a heredar esos cargos, generó una relación de poder. “Cuando se expulsa a la Compañía, por supuesto que es un trauma, pero quienes van a dirigir el Colegio de San Bartolomé, aunque no son jesuitas, son formados por ellos”, lo que, según la profesora, evitó que hubiera grandes cambios, a pesar de que ya no estuvieran los jesuitas. Eso explica que el colegio siguiera funcionando sin mayores traumatismos.

“Investigaciones históricas como esta rompen mitos y ayudan a esclarecer lugares comunes, la identidad como país, así como saber de dónde venimos”, concluye Marín.

 

Para leer más: Marín Leoz, J. M. Institucionalidad y poder. La expulsión de los jesuitas y los colegiales reales del Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé, Santafé de Bogotá. Revista de Indias, 2018, 78(273), 459-503. Recuperado de https://revistadeindias.revistas.csic.es/index.php/revistadeindias/article/view/1077


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: La familia bartolina. Los colegiales del Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé, 1742-1792
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Juana María Marín Leoz
COINVESTIGADORES: Erika Parrado Pardo, Andrés Farfán Castillo y Jorge Mestre Acuña
Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Historia Grupo Cultura, Conocimiento y Sociedad
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2013-2015

 

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Las verdades de Justicia y Paz

Las verdades de Justicia y Paz

El 14 de diciembre de 2006, en Barranquilla, alias el Loro dio sus primeras palabras. Frente a él, atentos, estaban algunas víctimas, magistrados, fiscales, testigos, periodistas, entre otros. Ese acto representó el inicio de la tercera fase del proceso de justicia transicional entre los paramilitares y el Estado colombiano, conocido como Justicia y Paz. Ese día iniciaron las ‘versiones libres’ de paramilitares desmovilizados. Wilson Salazar Carrascal, el Loro, fue el primero.

La fecha quedó en la memoria de algunos y, a partir de entonces, surgieron varias inquietudes: ¿será que Justicia y Paz es un sistema judicial efectivo?, ¿habrá impunidad?, ¿repararán a las víctimas?, y… ¿habrá verdad?

En 2016, Andrés Dávila Ladrón de Guevara y Juan David Velasco, politólogos y profesores de la Pontificia Universidad Javeriana, decidieron conmemorar los 10 años de las confesiones del Loro, tratando de establecer, precisamente, la calidad de la verdad judicial de Justicia y Paz.

¿Cómo evaluar ―medir― el cumplimiento del derecho a la verdad en Justicia y Paz de forma objetiva? Esa era la cuestión.

Entendiendo la magnitud del proyecto, Dávila y Velasco ―con un equipo de ocho investigadores―encontraron que las sentencias condenatorias realizadas por las salas de Justicia y Paz eran instrumentos cuantificables, y que en ellas había todo un universo de verdad judicial.

Recolectaron las 51 sentencias proferidas entre 2006 y 2017 ― cada una con cerca de 600 páginas― y, a partir de su revisión, teniendo en cuenta los estándares nacionales e internacionales del contenido del derecho a la verdad en instrumentos judiciales (razones de hecho, no repetición, reparación y señalamientos), analizaron y clasificaron la verdad revisando cuatro variables: la determinación de los móviles del delito, la determinación de las circunstancias de tiempo y lugar, la determinación de los responsables y la prevalencia del testimonio considerado.

Mejor dicho, buscaron responder ¿cuántas sentencias determinaron los móviles del delito?, ¿cuántas determinaron las circunstancias de tiempo y lugar?, ¿cuántas determinaron a los responsables?, ¿cuántas les dieron prevalencia a las víctimas en el testimonio?

Y, con base en esas respuestas ―las variables―, midieron el cumplimiento de los mínimos del derecho a la verdad de las víctimas y, adicionalmente, la calidad de la verdad: a mayor cantidad de elementos, la sentencia tenía una calidad alta, sin que su ausencia significara una calidad mala.

“Nosotros propusimos una metodología inédita en las mediciones de la verdad judicial de todo el mundo. Creamos un índice y un porcentaje del valor y, con estos elementos, valoramos la calidad de la verdad judicial en Justicia y Paz, clasificamos las redes de apoyo al paramilitarismo y analizamos cómo las víctimas contribuyeron o no a la narración de los hechos judiciales”, explica Velasco, quien además trabaja como asesor de la Dirección de la Unidad de Investigación y Acusación de la Justicia Especial para la Paz (JEP).

 

“No pretendíamos decir qué tan buena o mala es Justicia y Paz, sino bajo qué medida la verdad judicial se cumplía en mayor o menor medida”. Lina Chaparro, investigadora javeriana

 

Las cifras consignadas en el libro La verdad en las sentencias de Justicia y Paz arrojaron que la calidad de la verdad judicial en Justicia y Paz era baja en un 44 %, media en un 55 % y alta en un 1 %. También se evidenció que en el 72 % de las sentencias hay 573 señalamientos contra terceros (Ejército Nacional, Policía Nacional, Armada Nacional y empresarios) como presuntos miembros de la estructura paramilitar. Y, finalmente, entre otros hallazgos, se reveló que la fuente de los hechos legalizados se corresponde en su mayoría con las versiones de paramilitares (79 %), mientras que los testimonios de las víctimas ocuparon tan solo un 6 % del total.

Esas cifras y muchas otras se hicieron públicas en marzo de 2019, cuando el grupo de investigadores presentó el libro. Días después, El Espectador publicó un texto titulado “La verdad que aún nos debe la Ley de Justicia y Paz”, en el que citaba las cifras de la investigación, y comentaba: “Resulta muy difícil hablar de verdad cuando lo más básico para encontrarla no se logra determinar”.

 

El derecho a la verdad

“En su momento la investigación fue descontextualizada”, dice Lina Chaparro, investigadora y profesora de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana, “nuestra intención era clasificar más que calificar. No pretendíamos decir qué tan buena o mala es Justicia y Paz, sino de qué manera podían medirse los esfuerzos por el cumplimiento de los estándares jurídicos de verdad judicial en justicia transicional. Y en ese sentido son sentencias de gran calidad”.

“Lo que nosotros hacemos en el informe es valorar, a pesar de sus limitaciones, falta de recursos y demoras, el proceso de Justicia y Paz”, dice Andrés Dávila. “Lo que se contó y se cuenta gracias a Justicia y Paz ―incluyendo la voz de las víctimas y sus testimonios― devela lo que hicieron los paras en el conflicto junto con otros actores ―como los empresarios y las Fuerzas Militares―, y eso es supremamente valioso”.

Es tal el valor de Justicia y Paz ―coinciden los investigadores― que muchos mecanismos fueron adaptados o aprehendidos por la JEP. La experiencia de Justicia y Paz, y de sus magistrados y fiscales, en temas como desaparición forzada, homicidio e investigaciones de contexto ha sido vital para el desarrollo de la JEP. También han sido vitales, por ejemplo, los registros de las víctimas de secuestro con que cuenta Justicia y Paz, que fueron el primer insumo de la JEP para involucrar a las víctimas de ese crimen a manos de las FARC-EP.

“Aunque la JEP fue muy crítica con Justicia y Paz, aprendió y se nutrió de lo bueno y lo malo… pero eso casi nadie lo va a reconocer”, afirma Dávila. Y concluye: “En esta investigación estamos, en el fondo, haciendo justicia a una cantidad de información que está en las sentencias y que no se está aprovechando”.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: La verdad en las sentencias de Justicia y Paz
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Juan David Velasco
COINVESTIGADORES: Mónica del Pilar Burgos, Lina Chaparro, Vanessa Clavijo, Andrés Felipe Gómez, Claudia Medina Aguilar, Paula Angélica Muñoz y Diana Katherine Rico
Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITpax), Instituto de Salud Pública, Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Departamento de Ciencia Política, Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2018

 

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Proteína bovina, esperanza para combatir cáncer e infecciones

Proteína bovina, esperanza para combatir cáncer e infecciones

Leche para el café, una malteada, un jugo o un postre. Ese líquido, tan importante en la cocina y para diversos sectores de la economía, es así mismo bien ponderado en los laboratorios de investigación. Gracias a las proteínas que se encuentran en su composición química, se están generando soluciones para contrarrestar el cáncer y las infecciones.

Así lo demuestra un estudio en el que participan investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia. Tres años de trabajo conjunto se traducen en la obtención de un péptido (porciones pequeñas de las proteínas) que con modificaciones químicas puede matar o controlar hongos y tumores.

Las proteínas utilizadas por este grupo de científicos provienen de la lactoferricina bovina. De acuerdo con ellos, la lactoferricina de vaca se asemeja en un 90 % a la humana, por lo que este líquido es muy versátil para sacar compuestos antitumorales y antibióticos que beneficien a las personas con enfermedades como el cáncer de seno o infecciones por hongos.

“Hay una serie de variaciones en este tipo de cáncer que son muy resistentes a los procedimientos actuales; otros son más fáciles de tratar, pero hay que tener en cuenta los efectos colaterales de la quimioterapia, que son muy grandes”, explica la bacterióloga Claudia Marcela Parra Giraldo, coinvestigadora de este proyecto. “Encontrar un método de gran cobertura y dirigido solo hacia las células tumorales sería ‘eureka’, es poder matarlas y dejar las células buenas para que sean capaces de restablecer el sistema”.

Ahí radica la importancia del desarrollo de los péptidos, que mediante transformación química podrían tener una forma selectiva de aniquilar los tumores y los hongos, con menos efectos, porque provienen de seres vivos.

 

El proceso en el laboratorio

Los hongos comparten el diseño estructural de las células humanas, por lo que analizarlos en varias pruebas de laboratorio permite, en el camino, hacer la búsqueda de los efectos antitumorales y antifúngicos. Por eso, la evaluación de los péptidos ha potencializado ambos grupos.

Los especialistas de la Universidad Nacional hacen los péptidos en recipientes de laboratorio, cuyas condiciones de pH y temperatura son ajustadas previamente para que se produzcan las reacciones químicas. Estos péptidos se van tejiendo por medio de enlaces químicos. Luego, esas uniones se evalúan a través de diversas pruebas, entre las que se incluyen varios equipos. Uno de ellos es el llamado HPLC, que verifica si los péptidos se obtuvieron, así como su pureza.

Si todo ese proceso funciona, se inician las pruebas biológicas. En ellas el primer paso es comprobar que estos péptidos no sean hemolíticos, es decir, que no rompan los glóbulos rojos, porque la mayoría se adhiere a las membranas biológicas. Posteriormente, se evalúa la toxicidad para células normales y, finalmente, el efecto en cultivos tumorales y hongos.

 

Un grupo de universidades bogotanas comparte sus capacidades y conocimientos sobre los microorganismos para combatir enfermedades como el cáncer.

 

Para el caso del trabajo con hongos, Parra explica que en una placa, no más grande que una mano, se ubican 96 ‘pocillos’. En cada uno se coloca un elemento fúngico en una concentración equilibrada y se utiliza un equipo que lo agita permanentemente para garantizar su crecimiento. Dicho aparato también va leyendo la cantidad de partículas que aumentan su tamaño. Si el péptido es exitoso, los hongos de la muestra se mueren o no crecen más, algo que se realiza paralelamente en placas con pocillos más grandes, y mediante microscopía y citometría de flujo (tecnología de láser) se evalúa el efecto antitumoral. Los dos grupos cuentan con estudiantes de doctorado compartidos, que aprenden de manera transversal sobre química, química farmacéutica, microbiología, y biología celular y molecular.

En cuanto al desarrollo de antifúngicos, se buscan terapias que controlen el crecimiento de hongos, más que su eliminación total. “Muchas veces los microorganismos no son peligrosos si se controla su crecimiento y cantidad. Arrasar completamente con aquellos que estén naturalmente en el cuerpo abre la puerta para que ingresen otros nuevos. Y de los nuevos no se conoce nada. Ahí es mejor malo conocido que bueno por conocer”, explica Parra, quien además cuenta con un doctorado en parasitología y microbiología.

 

Lo que viene

Estos científicos están migrando hacia una nueva fase de la investigación, en colaboración con la Universidad de los Andes. Actualmente se encuentran diseñando ensayos con peces cebra. “Estos peces se pueden infectar con células tumorales y hongos, y como son transparentes, uno puede hacer el seguimiento por microscopio de la actividad del péptido. Luego se les hacen estudios de patología para observar los cambios de las células que se colocaron”, detalla la bacterióloga.

Aunque falta mucho camino para cumplir con el objetivo de materializar la investigación en la fase clínica, los científicos asumen con paciencia el paso a paso de una exploración de este tipo. Si los análisis son exitosos, pasarían de experimentar con peces a con ratones. Después de eso, podrían continuar su iniciativa con biopsias de humanos. Para Parra, en esta investigación se logró formar una comunidad académica multidisciplinaria compuesta por especialistas y más de 30 estudiantes, que ya van mostrando resultados para el avance de la ciencia colombiana. Además de encontrar alternativas para hacer frente a infecciones por hongos multirresistentes, también trabajan en otros tipos de cáncer.

 

Para leer más: Barragán Cárdenas, A. et al. (2020). Selective cytotoxic effect against the MDA-MB-468 breast cancer cell line of the antibacterial palindromic peptide derived from bovine lactoferricin. Recuperado de https://pubs.rsc.org/en/content/articlelanding/2020/ra/d0ra02688c#!divAbstract


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Desarrollo de un medicamento contra el cáncer de mama basado en un péptido polivalente derivado de la LfcinB: estudio de la fase preclínica (fase cero), caracterización fisicoquímica de un lote del fármaco para estudios preclínicos INVESTIGADORES PRINCIPALES: Javier García Castañeda y Zuly Rivera-Monroy
COINVESTIGADORES: Andrea Barragán-Cárdenas, Maribel Urrea-Pelayo, Víctor Alfonso Niño-Ramírez, Adriana Umaña-Pérez, Jean Paul Vernot, Claudia Marcela Parra Giraldo, Ricardo Fierro-Medina
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional de Colombia Facultad de Medicina, Departamento de Ciencias Fisiológicas, Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Javeriana PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2016-2020

 

 

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Minga House: arquitectura e ingeniería con sentido social

Minga House: arquitectura e ingeniería con sentido social

La palabra de origen quechua minga se refiere a la antigua tradición, en las comunidades indígenas latinoamericanas, de reunirse para realizar un trabajo comunitario que beneficia a todos. Lo anterior hace que su uso aún sea frecuente no solo en los grupos aborígenes que sobreviven, sino también en las comunidades afrodescendientes.

Y como evocación de ese sentido grupal, entre mediados de 2018 y diciembre de 2019, más de 60 personas de Cali y Brasil, entre estudiantes y docentes de 10 programas académicos relacionados con el diseño y la construcción, se unieron para participar como equipo en el Solar Decathlon Latin America & Caribbean 2019, el concurso internacional de arquitectura e ingeniería patrocinado por el Departamento de Energía de los Estados Unidos y el Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL, por su sigla en inglés), también de ese país, que por segunda vez se realizaba en Cali. De la fusión entre la tradición y esta convocatoria actual surgió el nombre de Minga House para el proyecto.

Según Iván Osuna Motta, docente de arquitectura javeriano e investigador principal del proyecto, el objetivo de esta minga, que se adecuaba a las condiciones del concurso, era “hacer un prototipo de vivienda que formara parte de un proyecto urbano, también diseñado por el grupo, y que considerara 120 viviendas por hectárea. Cada una debía ser mínimo para cinco personas, tener entre 60 y 80 metros cuadrados, estar 100 % abastecida por energía solar y caber en un lote que suministra el concurso”.

La motivación para participar en el certamen, que combina diez categorías ―entre ellas, sostenibilidad, eficiencia energética, diseño urbano, comunicaciones y confort―, resultó de la confluencia de varias circunstancias: primero, además de recibir invitación y de que la sede era la capital del Valle del Cauca, la Javeriana seccional Cali tenía el antecedente de haber ocupado el segundo lugar en 2015, con el proyecto Casa Alero; segundo, en 2014 los brasileros habían participado en el concurso en Europa, y, finalmente, el proceso de aprendizaje que se podía generar resultaba muy atractivo para estudiantes, docentes e instituciones educativas, pues durante año y medio llevarían a cabo tanto la investigación como el diseño y la producción de una obra arquitectónica.

 

En cada minga house, de no más de ochenta metros cuadrados y alimentada por luz solar, caben al menos cinco personas.

 

“Muy pocas veces, en la construcción, tenemos la posibilidad de vivir el proceso completo. Las prácticas laborales muchas veces son solamente para estar en diseño o gestión de la construcción o investigación. Este proyecto permitió ir de la investigación hasta materializar el trabajo en una obra”, cuenta Ana Lucía Ordóñez, estudiante de Arquitectura que actuó como project manager de Minga House.

En lo académico, cuenta Osuna, “la Universidad ha resaltado que este proyecto representa lo que debería ser la educación javeriana: un trabajo en el que participan ocho programas académicos, de tres facultades distintas, que permite una interdisciplinariedad que no es fácil, que hace posible un proceso de aprendizaje significativo y que genera beneficios, como fortalecer nuestra red de conocimiento, al conectarnos con otras instituciones interesadas en los mismos problemas”.

 

La minga benefició a todos

El primer paso fue entregar un proyecto para clasificar en la competencia. Durante año y medio, mientras avanzaba la participación de los brasileros, que son fuertes en simulaciones y desempeño energético de edificios, el equipo javeriano se embarcó en la tarea de cumplir con las cinco etapas del concurso. “Organizamos una estructura de integración curricular, es decir, ver en qué asignaturas podíamos cruzar los objetivos del proyecto con los académicos. Tuvimos estudiantes de distintos cursos, de proyectos de grado, de prácticas profesionales y de electivas. Ese equipo se renovaba cada semestre”, comenta el docente.

Y como era un concurso, se pusieron un reto adicional: el proyecto urbano se haría específicamente para el Pacífico. “En Buenaventura, estudiamos la Isla de Cascajal y el continente, pero en consenso decidimos trabajar en la isla y en las comunas tres y cuatro, que son las zonas más vulnerables socialmente, con índices de pobreza muy altos, violencia y con riesgos de inundabilidad”, cuenta Ordóñez.

Dos pilares marcaron su línea de pensamiento, complementa Osuna, “los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que definen un compromiso con el planeta”, y la encíclica papal Laudato si’, “que recoge un factor diferenciador de la Universidad frente a otras: nuestras acciones deben estar dirigidas hacia los más vulnerables como compromiso fundamental. Por eso trabajamos en la Isla”.

El resultado no pudo ser mejor: primer puesto, con distinciones en nueve de las diez categorías, pero además importantes conocimientos generados. “Aportamos en dos temas clave: trabajar con estructuras en madera laminada para edificios en altura, algo poco desarrollado en Colombia y con muchos detractores que no lo consideran posible por nuestra condición sísmica, pero demostramos que sí se puede hacer; y desarrollar técnicas relacionadas con un mejor desempeño térmico del sistema de muros con tablas, buscando que sea un mejor aislante”, cuenta el profesor. “Esta podría ser una solución a los problemas de vivienda en altura en el Pacífico, y que conserva las características tradicionales de sus construcciones”, enfatiza.

Y como la finalidad es el beneficio colectivo, también se cumplió con los habitantes de la Isla de Cascajal. “Siempre le aclaramos a la comunidad: es un ejercicio académico en el que nos podemos comprometer a hacer visible el problema y las posibles soluciones. Muchas veces lo que necesitan son herramientas para poderse acercar a la administración pública y decirle: ‘hay otra posibilidad frente a lo que usted está planteando y puede ser esta’. Siendo claros, para la comunidad eso resulta suficiente”, concluye el profesor.

 

Para leer más: Osuna, I., Ordóñez, A., Villamil V. (2020). Minga House: propuesta para comunidades sostenibles en el clima futuro. Revista Javeriana, 156(861).


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: “Minga House” – Solar Decathlon Latin America & Caribbean 2019
INVESTIGADOR PRINCIPAL: Iván Osuna Motta COINVESTIGADORES: Iván Otálvaro, Orlando Cundumí, Estéfany Rey, Anita Gutiérrez, Ángela María Correa, María Claudia Villegas, Héctor Benavides, Jorge Pérez y Eugenio Tamura
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño Grupo de investigación Poiesis, en unión con el Instituto Federal de Santa Catarina y la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil)
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2018-2019

 

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Una cita para comprender la creación como conocimiento

Una cita para comprender la creación como conocimiento

Estamos en vísperas del IV Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad, que se realiza este año entre el 7 y el 18 de septiembre. Para esta ocasión, el tema de conversación en los paneles y presentaciones de obras artísticas rondará la permanente discusión sobre la relación entre lo diseñado en el papel (deber y querer) y las prácticas (hacer) que habitan la cotidianidad del mundo de la creación artística, cultural y creativa. Tanto en escenarios de orden gubernamental como en iniciativas privadas, se reflexionará sobre las condiciones necesarias para desarrollar nuevas obras que cuenten con los circuitos correctos de circulación y que tengan el reconocimiento adecuado en las diferentes instancias.

Con el Encuentro, la Pontificia Universidad Javeriana aporta en esta discusión como una oportunidad de ahondar en las relaciones que se dan de ida y vuelta entre las prácticas y las políticas. Por ello, los paneles de este año generan diálogos en los siguientes ejes: “La investigación + creación (I+C) en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI)”, “El papel de la I+C en la crisis de las industrias culturales y creativas con motivo de la COVID-19” y, por último, “La I+C en la relación entre arte, ciencia y tecnología”.

Con una larga lista de preguntas orientadoras, por medio del Encuentro pretendemos conocer las diversas miradas sobre los aportes de la investigación + creación en el entorno académico y en las industrias culturales y creativas (ICC): ¿Cómo puede ayudar la I+C a poner en relación las artes y las áreas creativas con otros campos de conocimiento? ¿De qué manera la relación entre arte, ciencia y tecnología puede impulsar procesos de innovación? ¿Cuáles son los principales retos a futuro en relación con la I+C y su presencia en el SNCTI? ¿De qué maneras específicas ha afectado el aislamiento obligatorio a las industrias culturales y creativas? ¿Cuáles son en este momento los principales retos de las empresas y organizaciones del sector?

Estas inquietudes y otras más plantean aspectos complejos y también grandes oportunidades. Se trata de reflexiones que se encuentran en sintonía con lo trabajado en el Foco de Industrias Culturales y Creativas de la Misión Internacional de Sabios, que tuvo como uno de sus resultados el libro Arte, cultura y conocimiento, el cual se presenta en el marco del Encuentro.

Esta publicación, editada por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana, contiene las recomendaciones al Gobierno nacional sobre este sector y evidencia claramente las tensiones entre lo propuesto y las realidades. Es toda una apuesta que, no obstante, podría correr el riesgo de convertirse en letra muerta si sus sugerencias no logran apropiarse a partir de las prácticas.

Tanto el libro de la Misión como las conversaciones del Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad ponen sobre la mesa unas discusiones que esperamos convoquen a la sociedad, la empresa, el Estado y el sector cultural y artístico, para transitar caminos que le agreguen valor a la ciencia a través de otras formas de conocimiento. Así es como también se presenta esta semana una serie de textos, cortometrajes, canciones y otros formatos que ganaron la convocatoria Historias en Cuarentena. Estas obras se destacan por sus cualidades técnicas, poder expresivo y su aporte a la memoria de lo que ha significado estar en cuarentena durante este largo 2020 en medio de una pandemia.

A pesar de los contextos actuales, es necesario continuar haciendo pedagogía sobre estos temas, reconocer la generación de conocimiento desde el arte y la creación, y ampliar la visión de la cultura como creadora de identidades, como fuente de valor simbólico y, en algunos casos, como generadora de valor económico.

Estamos convencidos de que la articulación entre la educación, la ciencia y la cultura genera alternativas que transforman la sociedad e impulsan el desarrollo de las regiones en el país. Debemos dejar de concebir como universos separados la ciencia y la creación. Desde las universidades debemos continuar preguntándonos sobre cómo potenciar la ciencia y la innovación a través de un diálogo más fluido, permanente y de ida y vuelta con el arte y la creación. De esta manera, la conversación entre políticas y prácticas se daría en doble vía y se retroalimentaría constantemente para generar impacto a largo plazo.

* Vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

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Novedades editoriales

HumboltianaHumboldtiana neogranadina, edición electrónica
Alberto Gómez Gutiérrez.
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020. Sitio web.

Como el legado de Alexander von Humboldt, la Humboldtiana neogranadina, escrita y dirigida por Alberto Gómez Gutiérrez, continúa creciendo, adaptándose y reinventándose. Con el patrocinio de las universidades Javeriana, Eafit, CESA, los Andes, Rosario y Externado de Colombia, y gracias al concurso experto de la editora Catalina Holguín, esta obra monumental pronto estará disponible en formato electrónico y con acceso abierto para todos sus públicos, incursionando en los contextos interactivos y globales.

Gracias a esto, los lectores podrán acceder de manera libre y gratuita, en los fondos digitales de la Biblioteca Nacional de Colombia, a los cinco volúmenes de esta obra y a un índice interactivo y mejorado. Valiéndose de mapas, gráficos de alta calidad, recursos electrónicos y elementos de búsqueda avanzados, este nuevo formato aborda de manera única los viajes y las estadías de Alexander von Humboldt y de Aimé Bonpland por los territorios que hoy conforman Colombia, sus investigaciones acerca de esta región y la perspectiva desde la cual la asociaban con el resto del mundo.

Adicionalmente, se ha aprovechado la oportunidad para enriquecer estos libros con la inclusión de algunas correcciones menores en los textos e índices, así como la inserción de tres fuentes primarias que se encontraban inéditas. De esta manera, los lectores podrán leer en sus dispositivos con acceso a internet una versión depurada de la obra que ha referido el paso a paso y los hallazgos neogranadinos del sabio prusiano y a la que podrán acceder próximamente en la página web www.bibliotecanacional.gov.co.

 

Mundos-Creacion

Mundos de creación de los pueblos indígenas de América Latina
Ana Cielo Quiñones Aguilar (editora académica).
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, AcerVos y Universidad Pablo de Olavide, 2020, 400 pp.

Los pueblos indígenas que habitaron y habitan las tierras americanas viven en sus creaciones, y estas, a su vez, viven en sus creadores y comunidades. Para abordar y entender mucho mejor el sentido fundamental de la vida de los pueblos indígenas, y su modo de ser y estar en la tierra y el cosmos, este libro reúne quince trabajos que estudian a profundidad los mundos de creación de los pueblos indígenas latinoamericanos. De esta manera, se plantean interrogantes que cuestionan el estatuto de las creaciones objetuales indígenas como arte, artesanía o diseño, abriendo nuevos espacios de discusión que giran alrededor de la existencia de mundos de creación diversos que han sido silenciados e invisibilizados.

 

Organazacion-familiar-vejez

La organización familiar en la vejez: cambios en los arreglos residenciales en Colombia, 1973 y 2005
Ángela María Jaramillo DeMendoza.
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 284 pp.

Este libro aborda el envejecimiento demográfico como uno de los principales cambios que enfrentan las sociedades contemporáneas. En nuestro país, el aislamiento de las personas mayores se puede producir en condiciones muy desfavorables, debido a condiciones económicas críticas y a que la Política Nacional de Envejecimiento y Vejez no tiene lineamientos sobre los distintos tipos de hogar.

Por este motivo, Ángela María Jaramillo DeMendoza estudia en esta obra los cambios de los hogares en Colombia debido a la vejez, a partir de los censos de los años 1973 y 2005, para indagar cómo se ha modificado la forma de vivir de las personas mayores, hacia dónde va la tendencia del cambio residencial en la vejez, qué implicaciones sociales, económicas y políticas tienen estos cambios, cuáles son los determinantes del cambio residencial en la vejez y qué nos espera a las futuras generaciones viejas.

 

A-veces-salto

A veces salto fuera de lo humano. Antología poética
Antonio Deltoro.
Prólogo y selección de Francisco José Cruz.
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 130 pp.

Antonio Deltoro, uno de los poetas contemporáneos más importantes de habla hispana, nos presenta gran parte de su obra en esta antología, juiciosamente preparada y prologada por el poeta español Francisco José Cruz. Este libro se compone de una selección de sus ocho libros de poesía, más la entrega generosa de algunos poemas inéditos. En la obra de este autor, nos encontramos ante una manera singular de nombrar y situar las cosas, a partir del ejercicio de la comparación, un procedimiento habitual de su escritura.

En este vaivén, en este movimiento vital, el poeta busca lo otro, para así saltar fuera de lo humano. Se encuentra, entonces, con la naturaleza, los animales y la vegetación, de manera que se une a ellos, se identifica y halla un espacio. Su poesía hace que el lector se acerque persistentemente al asombro, en un afán por conocer los fenómenos de forma distinta: desde la ciencia y la poesía. Así, el goce de la lectura está en ese salto que se nos invita a dar, el que nos adentra en la experiencia poética.

 

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Domingo para leer Pesquisa Javeriana 53

Domingo para leer Pesquisa Javeriana 53

Este domingo 6 de septiembre circula un nuevo número de la revista de divulgación científica de la Pontifica Universidad Javeriana, que en su portada invita a leer un informe especial sobre la isla de Barú, muy cerca a Cartagena de Indias, que hace más de 300 años es el refugio de comunidades afrocolombianas. A través de una investigación, se demuestran los obstáculos que ha tenido esta población para lograr que el Estado reconozca la titularidad sobre su territorio.

Además de este y otros temas de índole social, resaltamos un nuevo estudio sobre los microrganismos que están en los ambientes más inhóspitos, como las aguas termales de Paipa o los paisajes gélidos de páramos y nevados. En estos lugares, tres investigadoras recolectaron varios tipos de bacterias y hongos para investigar su potencial uso.

Tenga presente que usted, amigo lector, puede disfrutar de estos y otros contenidos en nuestra página web www.javeriana.edu.co/pesquisa, ya sea dando clic en cada uno de los artículos y descargando en formato PDF el diseño de la revista impresa.

Encuentre también:

  • La editorial refleja la mirada del vicerrector Luis Miguel Renjifo, que destaca el IV Encuentro de Arte y Creatividad como un espacio ideal para comprender la creación como conocimiento y que empieza este lunes 7 de septiembre. Léala aquí
  • Científicos de varias universidades colombianas, incluida la Javeriana, trabajan con proteínas de la leche bovina con el fin de encontrar una cura para el cáncer y las enfermedades producidas por hongos. Léalo aquí
  • Gracias al estudio de la historia de la Colonia, investigadores sobre los colegiales de esta época muestran el pulso por el poder social. Léalo aquí
  • Ocho investigadores analizaron las salas de Justicia y Paz como instrumentos cuantificables y cómo, en ellas, había todo un universo de verdad judicial. Léalo aquí
  • Dos integrantes del área de economía y negocios de la Javeriana comprobaron de qué manera una organización se siente mucho menos culpable de tomar una decisión impopular cuando ha recibido el consejo de hacerlo de parte de un consultor. Léalo aquí
  • Sesenta estudiantes y docentes de tres universidades y año y medio de trabajo dieron origen a Minga House, proyecto de vivienda sostenible para el Pacífico y ganador de concurso internacional de construcción. Conózcalo aquí.
  • En las novedades editoriales se proponen libros digitales y físicos sobre temas como los viajes y las estadías de Alexander von Humboldt y de Aimé Bonpland, el estudio de la vejez en Colombia en los últimos 30 años, los mundos de creación de los pueblos indígenas en América Latina y un compendio de poesías. Léalas aquí

Tenga presente que del 7 al 19 de septiembre, usted podrá seguir la transmisión del IV Encuentro de Arte y Creatividad, a través de la página de Facebook de la Vicerrectoría de Investigación.