La capuchina: el tesoro escondido para el desarrollo de productos alimenticios

La capuchina: el tesoro escondido para el desarrollo de productos alimenticios

La capuchina (Tropaeolum majus), planta que crece en Colombia de manera silvestre, tendría escondido un potencial único para reducir el riesgo de algunas enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2.

Conocida también como cachaco de muladar, pues es en esas zonas donde más se la encuentra, desde 2019 está en la mira de nueve investigadores, entre biólogos, químicos, microbiólogos y nutricionistas, que trabajan en su caracterización y uso, por presentar un alto contenido de compuestos que muestran gran potencial para combatir infecciones y contribuir a la prevención de diferentes afecciones. Sus particularidades la convierten en un posible insumo para el desarrollo de productos alimenticios que ayudarían a enfrentar enfermedades crónicas.

Los especialistas partieron de diferentes análisis de laboratorio que fueron realizados por ellos, y por otros colegas en Alemania. Los hallazgos sugieren que los componentes presentes en la planta pueden aumentar la defensa antioxidante. Valentina Guzmán Pérez, científica del Grupo Alimentos, Nutrición y Salud, de la Pontificia Universidad Javeriana, afirma que hay estudios in vitro en células humanas e in vivo en animales que muestran cómo la estimulación con los compuestos bioactivos regula la producción de glucosa y lípidos endógenos (grasas naturales que se generan dentro del cuerpo) en el hígado. “Sin embargo, cuando hablamos de potencial, significa que aún no se ha verificado en humanos; eso es lo que estamos haciendo”, puntualiza.

 

Del ‘muladar’ a la mesa  

Esta especie es originaria de América y, según registros históricos de los jesuitas, ellos la llevaron a Europa en el siglo XVI. Hoy en día es común ver sus ramas adornando balcones y terrazas. Incluso en algunos restaurantes puede degustarse una ensalada decorada con sus coloridas flores, entre rojizas y amarillentas, que le dan un toque de sabor único, o es posible encontrar sus frutos como parte de los encurtidos.

Los investigadores analizan todos los componentes de la capuchina, cuyos efectos en el organismo no se conocen completamente. “En este momento, nos encontramos en el proceso de identificar qué partes de la planta se pueden consumir y cuáles podemos utilizar para desarrollar un producto que preserve sus cualidades benéficas. Esa respuesta aún no la tenemos. El reto con nuestros proyectos es generar un producto que sea agradable para el consumo humano y sobre todo que preserve sus características funcionales”, complementa Guzmán.

 

Análisis científico

Según esta nutricionista, una de las motivaciones para estudiar la capuchina surgió de querer entender cómo los nutrientes y sustancias bioactivas presentes en los alimentos intervienen en la actividad celular, induciendo la expresión de genes y proteínas en el cuerpo que pueden contribuir a la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2.

“Durante mi doctorado en el Instituto de Nutrición Humana en Potsdam (Alemania), evalué varios compuestos extraídos de plantas comestibles y analicé cómo estos podían regular intracelularmente varias funciones. Encontré que los de la Tropaeolum majus podían tener un efecto en ciertos tipos de proteínas y marcadores presentes en células humanas indispensables para la producción de glucosa”, explica la científica.

Hasta el momento, los análisis del efecto de las sustancias presentes en esta planta se han centrado principalmente en ratones y en experimentos in vitro con células humanas. “Nos hemos propuesto ser pioneros en la validación de estos efectos en humanos, dado que existen estudios preliminares que utilizan plantas con compuestos similares y que demuestran una mejoría en la tolerancia a la glucosa, mayor resistencia al deterioro celular (estrés oxidativo) y un aumento de la respuesta inmune protectora. Esto ratifica el potencial de la capuchina para producir alimentos funcionales a partir de ella”, señala Guzmán.

La ejecución de este proyecto implica contar con tecnologías emergentes y de punta para la elaboración de alimentos que permitan preservar la calidad y el potencial funcional de sus compuestos químicos. Por tal motivo, también participa el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional de Colombia, entidad que, según explica la científica, cuenta con los protocolos y la infraestructura necesarios para el desarrollo de productos, actividad liderada por la doctora en química María Soledad Hernández.

Según describe la doctora Guzmán, es una casualidad afortunada que los jesuitas se interesaran en la capuchina hace casi 500 años y que en la actualidad esta misma planta se cultive con fines de experimentación en la finca San Javier, propiedad de la Pontificia Universidad Javeriana, ubicada entre los municipios de Cogua y Nemocón (Cundinamarca). Allí se estableció una parcela piloto en la que el biólogo y especialista en botánica Néstor García vigila la producción del material vegetal necesario para los ensayos de laboratorio y analiza las condiciones de cultivo y crecimiento de la planta. Estos sembrados son un espacio de experimentación y aprendizaje acerca del crecimiento de la capuchina, para transferir este conocimiento a las comunidades, que desconocen su potencial y podrían utilizarla para el autoconsumo o para comercializar sus productos.

De esta manera, se cumple uno de los objetivos de esta investigación, puntualiza Valentina Guzmán: que este trabajo no ‘duerma’ en los anaqueles de las bibliotecas, sino que tenga un impacto directo en algunas comunidades de la Sabana de Bogotá.

 

Para leer másGuzmán Pérez, V. et al. “Benzylglucosinolate Derived Isothiocyanate from Tropaeolum majus Reduces Gluconeogenic Gene and Protein Expression in Human Cells”. Recuperado de https://doi.org/10.1371/journal. Pone.0162397.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Desarrollo de un producto alimenticio innovador a partir de la planta con potencial funcional Tropaeolum majus
INVESTIGADORA PRINCIPAL: Valentina Guzmán.
COINVESTIGADORES: María Soledad Hernández Gómez, Néstor Julio García, Yuri Castillo, Mauricio Espinal, Martha C. Liévano Fiesco, Ana Karina Carrascal, Jorge Eliécer Robles.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2022.

¿Transparente como el agua? Una mirada más profunda al agua que consumimos

¿Transparente como el agua? Una mirada más profunda al agua que consumimos

Es tan transparente que parece inofensiva, pero no hay que confiarse: es mejor saber que el agua que viene en botellas plásticas puede tener sustancias químicas que, en el largo plazo, podrían alterar el sistema endocrino del ser humano, el que se encarga de controlar el funcionamiento de los órganos y mantener el equilibrio químico corporal.

Estos contaminantes ‘emergentes’ encontrados en cuatro tipos de aguas en Bogotá y Cali, llamados también disruptores endocrinos, están presentes también en el agua que corre por las tuberías de PVC, en cosméticos, en perfumes, en algunos electrodomésticos y en los estuches plásticos que guardan alimentos. Se liberan poco a poco, con mayor facilidad cuando entran en contacto con el agua y más aún cuando el material que los contiene se calienta.

“Claramente son sustancias que causan enfermedades, sobre todo disrupción endocrina”, explica el ingeniero Jaime Lara, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Javeriana e investigador del grupo Ciencia e Ingeniería del Agua y del Ambiente.

“Pero esas no son enfermedades agudas, sino crónicas, es decir, que se ven a nivel poblacional en el largo plazo, por ejemplo, con el aumento de diabetes, o problemas del sistema reproductivo o del crecimiento y del desarrollo corporal”.

 

El agua que provee el sistema de Chingaza, al oriente de Bogotá, tiene menos contaminantes emergentes que la que viene de Tibitoc, la planta que queda al norte, al lado del río Bogotá.

 

No por tomarse una botella de agua de vez en cuando se adquiere la enfermedad, advierte. Son concentraciones muy pequeñas, difíciles de eliminar en las plantas de tratamiento de agua y que, por tanto, llegan al ambiente, afectándolo también. “Es preferible para la salud tomar agua envasada en vidrio”, recomienda.

 

Evidencia en la toma de muestras de agua

Investigadores javerianos y de la Universidad del Valle estudiaron la concentración de plastificantes, fármacos y otros aditivos en el agua potable, el agua de escorrentía, los ríos urbanos y en el agua residual, encontrando mayores concentraciones en esta última. Hallaron residuos de drogas como carbamazepina ―un anticonvulsivo y antidepresivo de uso común—, ibuprofeno y naproxeno, fármacos comúnmente usados para combatir el dolor, pero en mayor proporción unos plastificantes llamados ftalatos, que se usan en los sectores de la construcción y automotriz, en envases plásticos de alimentos y en colonias y cosméticos, porque le confieren elasticidad y flexibilidad al material. Estos ftalatos y la carbamazepina se encontraron en las cuatro matrices acuáticas en niveles superiores a los valores que reporta la literatura científica.

Preocupa así mismo el hallazgo de bisfenol A, plastificante mejor conocido como BPA, que se usa en empaques de alimentos, botellas de agua, equipamiento deportivo, dispositivos médicos y dentales, y en la fabricación de algunos electrodomésticos; también, de hormonas provenientes de anticonceptivos ―estradiol y estrona, principalmente―, que, en el caso de Cali, aunque se encontraron en bajas concentraciones, “se consideran importantes por ser de los compuestos con mayor potencial de disrupción endocrina”, de acuerdo con uno de los estudios publicados por los investigadores de ambas universidades. Cuando esas hormonas llegan al ambiente, pueden alterar, por ejemplo, la reproducción de los peces.

 

Contaminantes diferentes a los usuales

Los contaminantes emergentes son aquellos que solo hasta hace unas pocas décadas se han podido medir, por las concentraciones tan pequeñas en que se encuentran en el ambiente. “Se sabía que existían desde hace tiempo, pero no había técnicas analíticas para medirlos”, explica Lara. Así que midieron 36 compuestos que podrían tener efectos sobre la salud humana, en los que obtuvieron resultados confiables.

Hoy en día no solamente cuentan con estos nuevos métodos de medición, sino que tienen la capacidad de cubrir los costos, que antes eran muy altos. Ahora estos métodos “se están introduciendo a ciencias ambientales y podemos medir concentraciones muy pequeñas”, agrega.

Los resultados obtenidos abren un abanico de caminos de investigación: continuar midiendo estos disruptores endocrinos en las aguas de otras ciudades del país, aliarse con otras disciplinas para comprender los efectos en la salud humana y en el ambiente, buscar estacionalidades y patrones de consumo, y encontrar alternativas seguras y de bajo costo para eliminarlos antes de que alcancen los cuerpos de agua, por mencionar solo algunos. El carbón activado podría convertirse en un sistema de tratamiento para filtrar estas sustancias, pero aún faltan estudios para comprobarlo.

Según Lara, lo ideal sería convencer a la sociedad en general sobre la necesidad de un consumo responsable de medicamentos, y al sector industrial para que busque alternativas ―más respetuosas con el ambiente― a estos productos. “Hay que trabajar para que el Gobierno reduzca la brecha en cuanto a las infraestructuras de tratamiento de aguas residuales en el país, pero eso tardará”. Que se produzca y se consuma de manera más amigable con el medio ambiente debería ser el primer paso para proteger la salud de todos.

 

Para leer más:

Bedoya Ríos, D. F. et al. “Study of the Occurrence and Eco-system Danger of Selected Endocrine Disruptors in the Urban Water Cycle of the City of Bogotá, Colombia”. Journal of Environmental Science and Health, 2018, 53 (4), 317-325. DOI: https://doi.org/10.1080/10934529.2017.1401372.

Madera Parra, Carlos A., et al. “Estudio exploratorio de la presencia de microcontaminantes en el ciclo urbano del agua en Colombia: caso de estudio Santiago de Cali”. Rev. Int. Contam. Ambie., 2018, 34 (3), 475-487. DOI: https://doi.org/10.20937/rica.2018.34.03.10.

Bedoya Ríos, D. F., y Lara Borrero, J. A., “Occurrence of Endocrine Disruptor Chemicals in the Urban Water Cycle of Colombia”. DOI: https://dx.doi.org/10.5772/intechopen.78325.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Monitoreo de disruptores endocrinos en el ciclo urbano del agua en las ciudades de Cali y Bogotá: implicaciones y mecanismos de control.
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos A. Madera Parra, Jaime Lara Borrero.
COINVESTIGADORES: Diego F. Bedoya Ríos, Andrés F. Toro Facultad de Ingeniería Departamento de Ingeniería Civil Grupo de Ciencia e Ingeniería del Agua y del Ambiente, Pontificia Universidad Javeriana Escuela de Ingeniería, grupo de Saneamiento Ambiental, Universidad del Valle.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2016

 

                            

Lecciones de la Covid-19 para una sociedad basada en la ciencia

Lecciones de la Covid-19 para una sociedad basada en la ciencia

Es inconcebible pensar en una sociedad sin ciencia en pleno siglo XXI. Y, lastimosamente, tuvimos que vivir una pandemia de las dimensiones del SARS-CoV-2 para encontrarle sentido concreto a esta afirmación. El afán por comprender de dónde surgió el nuevo coronavirus, cómo tratar la COVID-19 y hallar la vacuna nos tiene en una maratón científica alrededor del mundo para enfrentar este periodo histórico que deja varias lecciones, incluso para la ciencia.

La vivencia de una pandemia nos ha recordado enfáticamente el papel esencial que tiene el nuevo conocimiento en la toma de decisiones de manera asertiva, tanto en las cotidianidades individuales como en las apuestas de nuestros dirigentes. Los gobernantes, en todo el planeta, están poniendo a diario en la balanza las apuestas por garantizar la salud pública y menguar los impactos negativos en otros escenarios, como el político, social o económico, sin que ello implique poner en riesgo las vidas de los ciudadanos.

Ahora más que nunca el conocimiento obtiene un valor incalculable en nuestra sociedad. Es indispensable contar con datos observados, sustentados, contrastados y validados (el método científico en su esencia) para orientar las acciones y dejar de lado la suposición como recurso decisorio, tal como ocurre actualmente en algunos países con desenlaces mortales. La ciencia y la política pública deben conformar una llave para impactar no solo el presente, sino para dirigir el futuro.

Por ejemplo, se hace necesario reaccionar no solamente frente a la COVID-19, sino buscar alternativas de prevención de las pandemias, porque seguro vendrán otras más. Debemos asumir una mirada más integradora de los orígenes de este deterioro de la salud pública mundial. Lo anterior implica atender los escenarios de salubridad, pero también los de relacionamiento con el medio ambiente, como resalta el reporte “Escaping the ‘Era of Pandemics’”, de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por su sigla en inglés): “El riesgo de pandemias puede disminuir significativamente si se reducen las actividades humanas que impulsan la pérdida de biodiversidad, mediante una mayor conservación de las áreas protegidas y medidas que reduzcan la explotación insostenible de las regiones de alta biodiversidad”.

Además de apostarle a la prevención, hay otras lecciones que plantea la pandemia a las instituciones que promueven la generación de nuevo conocimiento y a los investigadores mismos. Sin duda, esta coyuntura exigió flexibilización en los tiempos de respuesta de la investigación. Sin embargo, estos no deben comprometer procesos de verificación y validación de los hallazgos: podemos exponer la salud y la vida de muchas personas. Por ello, fue fundamental la pronta reacción del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (Minciencias) para financiar soluciones relacionadas con la COVID-19, así como el estímulo para trabajar en red. Así tomara unos meses más de los deseados, poco a poco las universidades y centros de investigación han adelantado estudios para comprender la enfermedad en nuestro país y han desarrollado tecnologías para enfrentarla, como CovidCheck, que presentamos en esta revista.

Es evidente, pues, en esta época, la importancia del conocimiento científico. En la medida en que conozcamos a profundidad los ecosistemas y los comportamientos de las especies, podremos enriquecer la toma de decisiones para la protección de nuestro planeta y el bienestar de la sociedad. En estos escenarios, la ciencia pura es fundamental para proyectar soluciones a largo plazo, lo que no fue posible con la COVID-19 por la escasez de tiempo. Así, la investigación básica es imprescindible y hoy la pandemia nos vuelve alertar sobre ello.

Investigaciones de 1990 sobre los coronavirus en los murciélagos concluyeron que estas especies no mueren necesariamente por tener alguno de los SARS y que si conociéramos bien la genética de estos virus podríamos reaccionar de una mejor forma a ellos. El conocimiento profundo de la física cuántica nos ha permitido aplicar sus hallazgos al perfeccionamiento de los teléfonos celulares, por solo presentar un caso de su uso. Ambos tipos de investigaciones eran considerados ‘esotéricos’, alejados de la realidad social y sin implicaciones prácticas. Hoy en día son fundamentales para comprender la COVID-19 y para los avances tecnológicos de uso diario.

La realidad actual nos invita a no bajar la guardia en la promoción, estímulo y financiación de la generación de nuevo conocimiento en todas las áreas. Debemos creer e impulsar esa investigación pura, y también la aplicada, para generar innovaciones y emprendimientos que planteen soluciones para beneficiar no solamente los escenarios de discusión académica, sino los de desarrollo social, tecnológico y ambiental en el país.

Todo momento histórico deja sus enseñanzas. Espero que el que vivimos ahora nos transforme positivamente en cuanto sociedad y nos deje algunos cambios para conservar nuestro entorno, cuidarnos como especie y preservar el planeta. De la ‘gripe española’ se aprendió, por ejemplo, desde la arquitectura, a aumentar el tamaño de las ventanas para ventilar mejor los espacios. ¿Qué lecciones tomaremos de la actual pandemia? ¿Seguiremos siendo los mismos?

* Vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

             

Con innovación se pone freno a la pandemia

Con innovación se pone freno a la pandemia

Gracias a la alianza entre los sectores público y privado, 212 proyectos pudieron hacer parte del programa de innovación abierta Más Detección, Más Vida, para aportar a la reactivación económica y salvar vidas en medio de la pandemia. Participaron emprendedores, gremios e instituciones de educación superior con diferentes propuestas de detección temprana de la enfermedad, mitigación del contagio, monitoreo a la población y fortalecimiento del sistema de salud. En respuesta a este reto, la Pontificia Universidad Javeriana contribuyó con dos proyectos, uno de los cuales fue seleccionado dentro de las 26 mejores propuestas. 

Ante las consecuencias en salud y los rezagos económicos que ha tenido que enfrentar el país por la emergencia sanitaria producto de la COVID-19, entidades como Connect Bogotá e iNNpulsa Colombia, con el apoyo de Sura y Roche, convocaron esta iniciativa. “Entendimos rápidamente que esta situación que afronta el mundo no es tema solo del sector público, sino que involucra a todo el ecosistema”, dice Ignacio Gaitán, presidente de iNNpulsa, que agrega: “Todos debemos aportar desde nuestros conocimientos y capacidades para salir adelante y superar esta dificultad”. 

En tiempo récord, la academia supo responder de forma oportuna, lo que demuestra el potencial que tienen las instituciones universitarias que, con sus ecosistemas de innovación, emprendimiento y trabajo constante en términos de calidad investigativa, logran pronunciarse en la coyuntura y aportar al desarrollo del país, comenta Fanny Almario, directora de Innovación de la Javeriana. 

Alianza de analítica de datos para afrontar la pandemia COVID-19” fue uno de los adelantos javerianos que participó en la convocatoria, dirigido por el Hospital Universitario San Ignacio. Consiste en el diseño de una plataforma para el análisis, visualización de datos de salud pública y registros hospitalarios en la pandemia. 

El otro, CovidCheck, es un kit de diagnóstico del virus a través de la saliva, con múltiples beneficios que no ofrecen las pruebas convencionales con hisopado, es decir, aquellas que hacen uso de este utensilio con punta de algodón para tomar secreciones de la parte superior de la garganta y la nariz con el fin de detectar el virus, y que se han usado hasta ahora. Por esa razón la propuesta destacó notoriamente, ocupando un lugar privilegiado en la convocatoria. 

 

Lo innovador de CovidCheck 

Los desafíos que enfrenta el país en cuanto al diagnóstico, tratamiento, contención y mitigación del SARS-CoV-2 son evidentes. Dabeiba Adriana García, doctora en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Javeriana, con el apoyo del Centro de Investigaciones Odontológicas de la misma institución y un equipo multidisciplinar de expertos de ciencias y medicina, desarrollaron CovidCheck, una tecnología que nació de un proceso investigativo y que hoy se convierte en un producto que aporta a la optimización, celeridad y eficacia en la toma y análisis de muestras para la detección de la COVID-19 a través de la saliva. 

“La mayoría de nosotros siempre ha tenido en mente realizar un sistema colombiano, que fuera nuestro, hecho en casa”, dice la investigadora. “Hay una tendencia a pensar que lo de otros países es bueno y lo de nosotros no, y esto es la prueba de que no es así. Hace algunos años esto era casi imposible y, tras diversos proyectos, la COVID-19 nos da la oportunidad de que estemos cada vez más cerca de hacerlo realidad”.

 

Las alianzas entre el Gobierno, las empresas y la academia aportan a superar la pandemia y ofrecen soluciones a la ciudadanía.

 

Actualmente, el mecanismo mediante el cual se hace la prueba diagnóstica (RT-PCR) para detectar casos de coronavirus es el hisopado, que, de acuerdo con la doctora García, es un proceso invasivo, molesto e incómodo para los pacientes, y riesgoso para el personal médico que lo recolecta, porque el virus permanece activo por largo tiempo. Eso lo hace aún más complicado, ya que “estamos pasando por un momento en el que los hisopos empiezan a escasear, son muy costosos, no llegan al país en el número que quisiéramos y por eso hay la necesidad de empezar a fabricarlos a nivel nacional”, puntualiza. 

De aquí que la saliva resulte ser una alternativa para atender esta necesidad de forma práctica es muy positivo, pues, como asegura la investigadora javeriana, quien también es magíster en microbiología, hacer la detección del virus a través de este fluido tiene múltiples beneficios. A diferencia del procedimiento con hisopado, la prueba por CovidCheck puede ser tomada por el paciente en su propia casa, conservando el material genético de forma segura. “La muestra puede transportarse en cualquier servicio de mensajería de manejo de muestras biológicas, sin necesidad de refrigeración y con un alto grado de seguridad”, afirma García. Además, esta prueba no es dolorosa y no solo identifica la presencia del virus en la persona, sino que cuantifica el número de copias del virus en ella, y así es posible reconocer qué tanto puede llegar a contagiar este individuo a otras personas. 

Esta tecnología sigue consolidándose, y el apoyo de la Facultad de Odontología, el Hospital Universitario San Ignacio y la Dirección de Innovación ha sido fundamental para cimentar las bases del proyecto y buscar alianzas con inversores interesados en el producto. Según un estudio de mercado realizado por la Dirección de Innovación, hasta ahora no se ha encontrado nada similar a CovidCheck en Latinoamérica, razón por la que es necesario seguir madurando esta innovación para sortear la coyuntura de forma oportuna. 

 Iniciativas como esta evidencian cómo las capacidades de los grupos de investigación pueden ser aprovechadas de manera significativa para atender las necesidades del país, además de despertar en la universidad un interés por pensar sus pesquisas en futuros modelos de innovación y emprendimiento. “La academia tiene una particularidad y es que los avances presentados están basados en investigación y ya han pasado por toda clase de pruebas, por lo que están casi listos para materializarse”, dice Diana Gaviria, directora ejecutiva de Connect Bogotá.

Como esta alianza, son muchos los proyectos de desarrollo que hoy en día congregan a diferentes sectores en la búsqueda de materializar ideas que aporten al progreso, en razón de los poderosos resultados obtenidos. Al respecto, Gaitán afirma que, sin la unión de todas las organizaciones participantes, los resultados evidenciados en las convocatorias no serían los mismos. Esto ratifica la importancia del trabajo conjunto para la consolidación de lo que Fanny Almario describe como un círculo virtuoso de la innovación, en el que se juntan diferentes sectores de la sociedad para producir nuevas ideas, productos, procesos y servicios capaces de introducirse en el mercado para incrementar la productividad y la competitividad, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. 

 

 

                             

El extracto de Susana

El extracto de Susana

A sus cinco años, Lorenzo Odone fue diagnosticado con una misteriosa alteración genética que afectó su desarrollo motor y cerebral. El pronóstico era fatal, a lo sumo dos años más de vida. Sus padres no claudicaron y le apostaron a la idea de un bioquímico que creó, pese a la cáustica crítica de la comunidad médica, un compuesto de ácidos grasos para capotear la progresión del mal: “el aceite de Lorenzo”, conforme lo bautizaron, no lo curó ni le restableció las facultades perdidas, pero le permitió vivir hasta los 30. El conmovedor caso fue llevado al cine y tendió sobre el tapete rojo el calvario que padecen miles de familias con un miembro aquejado por una enfermedad rara, y la urgencia de que la sociedad y la ciencia los tomara en cuenta.

Nadie a su alrededor ha estado enfermo, pero la bogotana Susana Fiorentino sabe lo que es tener el aliento curtido por decenas de batallas contra el establecimiento científico y clínico, por su férreo ímpetu de develar los secretos de las plantas y su potencial sanador. “Me tildaban de yerbatera profesional y durante muchos años me dijeron que era increíble que una inmunóloga como yo pretendiera tratar un cáncer a punta de yerbas, porque eso no tenía sentido”. Pero con su consistente trabajo de laboratorio ha querido quebrar, a cuentagotas, esa incredulidad, y su paciente convicción le ha permitido abrirse camino en una osadía: crear un fitomedicamento.

Su primer desarrollo es un extracto de dividivi, un árbol muy noble cuyas semillas demostraron ser eficaces para disminuir los tumores de cáncer de mama en ratones, activar su sistema inmune y ser agente antioxidante. En estudios clínicos de fase 1 en humanos, el dividivi mostró que era seguro, aunque falta ver si también tiene efecto antitumoral. El segundo es el anamú, un regulador excepcional del metabolismo tumoral a favor de su degradación y activador del sistema inmunitario, en modelos animales. Estas dos especies de plantas son las pioneras de su investigación (que incluye cerca de 90 artículos científicos, ocho patentes otorgadas y tres en trámite), pero en su reino floral ya hay 30 más en exploración y evaluación, gracias al más reciente premio que ella y su equipo de 15 científicos ganaron: 18 000 millones de pesos del programa Colombia Científica.

Su rebeldía y determinación destellaron desde que era adolescente, cuando canceló de tajo sus clases de canto en el conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, porque no soportó que sus padres, un argentino y una colombiana, la acompañaran. Ni su aguerrida y emprendedora mamá, ni su papá, un reconocido cantante profesional y promotor de artistas de la talla de Celia Cruz y de eventos musicales como el Festival del Tango, lograron que Susana continuara una carrera musical, pese a que su talento como soprano descollaba.

A los 16 años se graduó del colegio y se matriculó en Bacteriología en la Pontificia Universidad Javeriana, pese a la reticencia de sus papás, quienes pensaban que el futuro de su retoño sería el análisis de orina, sangre o materia fecal. A Susana tampoco le atraía esta idea, pero fue la ruta que halló para abordar lo que le interesa: entender cómo funciona la vida y qué hay en el interior de las cosas. Y la carrera fue un preámbulo para hacerlo, pero estaba muy lejos de sus expectativas investigativas. Aunque en séptimo semestre dudó de seguir, la culminó por orgullo y por la inspiración de uno de sus mayores guías, el inmunólogo Julio Latorre. Tras graduarse trabajó como investigadora del Hospital Infantil, al lado del también inmunólogo Francisco Leal, como profesora de inmunología en el Colegio Mayor de Cundinamarca y como asistente de otra mentora, la bacterióloga Nelly Susana Rueda. Con el apoyo de su mamá, también se lanzó al montaje de su propio laboratorio, dentro de una clínica privada en el norte de Bogotá.

Aunque fueron años de arduo trabajo, no dejó de cantar, y sobre el escenario del Hotel Cordillera, entonando sus amados tangos, conoció al hombre con el que formó su familia, para ella el cimiento y la brújula de su vida. Durante los ocho años de noviazgo viajó en 1984 a Buenos Aires a estudiar inmunoquímica y virología molecular (áreas que la habían conquistado y en las que aprendió sobre anticuerpos monoclonales junto a un pupilo del premio nobel César Milstein) y luego a Medellín, donde realizó su maestría en Inmunología en la Universidad de Antioquia, bajo la batuta de Luis Fernando García.

Regresó a Bogotá e ingresó de nuevo a su alma mater en calidad de docente e investigadora. No obstante, el apetito por un doctorado en el exterior la instó a presentarse a un programa de becas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Año y medio después, resultó escogida y, junto con su marido, un administrador agropecuario oriundo de Barranquilla y con nacionalidad francesa, decidieron que el destino que mejor se acoplaría para los dos sería Francia. Entre 1992 y 1997 vivieron en la capital gala, donde ella desarrolló su doctorado en inmunología en la Universidad de París, él estableció una importadora de frutas exóticas, y ambos tuvieron a su primogénita, Valeria. La segunda venía en camino, pero nació en Bogotá, que ha sido el epicentro de la familia Barnier Fiorentino.

Susana reanudó labores en el laboratorio que hacía cuatro años había fundado en la Javeriana, pero más temprano que tarde tuvo que suspenderlas, porque la compañía de su esposo hacía agua, así que la familia en pleno se devolvió a París en 1999 para evitar el naufragio. Quería al menos pagarle al otrora Colciencias —hoy Minciencias— la beca de la que había sido beneficiaria, pero la respuesta fue “no queremos que nos pagues, e devuelvas pronto”, a sabiendas de que su conocimiento era mucho más valioso que el dinero. Quizá vieron en ella algo que había advertido su director de tesis doctoral, Jean Gerard Guillet: su naturalidad para visionar el trabajo científico y entender el campo de acción de cada proyecto. En eso coincide su amigo Hernán Jaramillo, ex subdirector de Colciencias, quien la conoció al calor de la discusión y la creación de estrategias y políticas de innovación, ciencia y tecnología para Colombia, esfera en la que ambos son muy activos.

Durante su segunda estancia en París, Susana forjó experiencia como investigadora en un laboratorio nuevo y en el Hospital Saint Louis. En ese tiempo, a ella y a su amigo biólogo Alfonso Barreto les surgió la intuición, basada en antecedentes etnobotánicos, de que todas las moléculas de las plantas —y no solo una, como suele focalizar la industria farmacéutica— interactúan de tal forma que podrían tener efectos sobre diferentes blancos de la célula tumoral y su entorno. Y cuando se devolvió definitivamente de Francia, en 2004, acogieron con firmeza esa línea de investigación que hoy da frutos contundentes y se consolida con la creación de la spin-off Dreembio. Aunque existen, los extractos desarrollados por el equipo que dirige Susana aún no se comercializan, en espera de superar estudios clínicos de fase 2 y 3. Según lo asegura la microbióloga y docente de química farmacéutica de la Universidad Nacional Lucy Gabriela Delgado, en el mercado hay distintos productos que se venden como fitomedicamentos, sin haber establecido una relación de qué tipo de molécula o compuestos generan qué tipo de efecto. Algunos pueden tener evidencia clínica, es decir, reporte de casos en los que se atribuyen distintas propiedades benéficas, pero “tener estudios clínicos, como lo ha hecho Susana, es el camino correcto e idóneo para tener certezas”.

Por su parte, el químico farmacéutico Guillermo Montoya, jefe del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad Icesi, asegura: “Su talante de buena investigadora es evidente. En el campo biomédico tiene mucha suficiencia y demuestra una gran capacidad administrativa y de gestión. Su laboratorio revela mucha fortaleza en temas inmunológicos y moleculares, dada su formación y trayectoria investigativa. Desconozco su solidez en temas técnicos químicos, como el control de los bioactivos y sus concentraciones en la fracción estandarizada, tan importantes como el conocimiento de la aplicación en salud, pero seguramente es un aspecto que trabaja con su equipo”, explica. “Susana toma el conocimiento ancestral y lo reivindica desde lo más avanzado de la ciencia y la investigación clínica para crear fitomedicamentos, sin violar ninguno de los códigos de la ciencia. Su trabajo es muy valioso, no solo por la inmunología aplicada con recursos naturales a través de la biotecnología, sino por su rigor”, afirma Jaramillo. “Ella le demuestra al país un camino de progreso sin caer en el falso dilema de conocimiento científico y sabiduría ancestral”, agrega.

Sin duda, una discusión mal habida que ha tenido eco junto con otro tonto divorcio: el de la ciencia y el arte. Para quien protagoniza esta historia, no puede existir tal si se entiende que el hombre es un ser holístico en el que confluye un universo de complejidades que, desde distintas orillas, se nutren y se complementan. Y esa convicción se plasma en su lienzo más íntimo: sus hijas, una matemática y la otra música. Susana, a quien a sus 58 años le sigue apasionando escarbar en terrenos vírgenes y fluir en la incertidumbre, transita por la ciencia y el arte como aquel tango que reza: “Uno busca lleno de esperanzas / el camino que los sueños prometieron a sus ansias. / Sabe que la lucha es cruel y es mucha, / pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina”.

 

                             

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

¿Reactivar la economía? O más bien ¿repensarla?

La sesión plenaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó, en 2009, una declaración formal que reconocía a las cooperativas como promotoras de desarrollo social. Esta declaración, sin duda, apalancó y afianzó estas organizaciones como un componente importante ―más allá de las empresas capitalistas― en la estructura económica de los países. Sin embargo, lo anterior no ha sido suficiente para que se potencie su visibilidad en el ámbito territorial por parte de los gobiernos. Tampoco ha hecho que los investigadores, en los centros educativos, generen evidencia documentada de la potencialidad de las cooperativas ―que hacen parte del conglomerado empresarial― para construir progreso social en Colombia. 

Eso, por lo menos, es lo que piensa Juan Fernando Álvarez, profesor de planta del Departamento de Desarrollo Rural y Regional, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, de la Pontificia Universidad Javeriana: “Tradicionalmente, el estudio de este tipo de organizaciones solidarias no se cubre de manera transversal, cuando de organizaciones se trata. Esto ni en antropología, ni en sociología, ni en administración, ni en derecho… Mucho menos en economía. Se cree que la única forma de organización es la empresarial, la capitalista. Por eso no existen muchos acercamientos empíricos y conceptuales que demuestren la incidencia de las cooperativas en aspectos como la sostenibilidad empresarial, la dinamización de los territorios y las condiciones para el desarrollo local, lo que es problemático, porque no se tienden puentes entre las economías solidarias, la academia, la sociedad y los gobiernos”. 

Por eso, desde hace varias décadas, el profesor Álvarez, junto con el equipo de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, ha desarrollado proyectos investigativos que evidencian, de manera empírica, la potencialidad e importancia de las cooperativas en la sociedad en general, desde la aplicación de metodologías cuantitativas.  

Una de esas investigaciones, que desarrolló con el profesor Miguel Ángel Alarcón Conde, de la Universidad de Castilla La Mancha, en España, relacionó las contribuciones de las cooperativas ―a través de sus siete Principios Cooperativos― en las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

¿Cuánto aportan los resultados de las cooperativas a los ODS? Esa fue la cuestión. 

Y para responderla, los profesores Álvarez y Alarcón se valieron de dos metodologías. La primera es la encuesta Delphi, con base en la cual los investigadores indagaron entre 16 líderes de cooperativas colombianas y estudiosos cuál podría ser la relación entre los Principios Cooperativos y los ODS. A partir de ese resultado estadístico, desarrollaron la segunda metodología: el análisis de redes sociales, un método matemático en el que se entrelazan nodos ―en este caso, los Principios Cooperativos con más incidencia sobre los ODS― para expresar lazos entre ellos. De esta manera, aplicando una escala de las aportaciones de los Principios a los ODS, identificaron las relaciones más intensas y, a partir de estas, demostraron el impacto, en general, que puede tener, por ejemplo, un principio cooperativo específico ―como la igualdad― en un ODS específico ―el fin de la pobreza―. 

Con base en lo anterior, los investigadores encontraron, por ejemplo, que las cooperativas destinan cerca de un cuarto de sus excedentes a acciones que contribuyen a los ODS, sobre todo en “actividades de preservación medioambiental, captura de carbono, trabajo decente y educación”, de acuerdo con el documento académico.

También descubrieron que más de un 80 % de las cooperativas realiza o financia iniciativas sostenibles. Adicionalmente, entre otros hallazgos, evidenciaron que el principio cooperativo que más contribuye a los ODS es la preocupación por la comunidad, y que este tiene un impacto significativo en dos objetivos: ciudades y comunidades sostenibles, y educación de calidad. 

En ese sentido, concluyen ―a partir de indicadores verificables y contrastables― que las prácticas de algunas cooperativas en Colombia, gracias a su “no prioridad del ánimo de lucro personalista”, están en sintonía con los ODS. 

Ahora bien, advierte el profesor Álvarez, estos resultados son tan solo una generalización: “Son una aproximación susceptible de debates y mejoras y, a su vez, abiertas a su réplica en diferentes contextos”. 

De cualquier forma, la investigación y sus resultados son un aporte a la consolidación del cooperativismo ―y, en general, al estudio de las economías solidarias― desde una perspectiva académica. Ese es su valor: “Imagínate un iceberg. En la punta están todos los estudios económicos sobre el impacto de las empresas capitalistas a la economía, pero abajo están las otras formas de hacer economía y también las otras formas de estudiar y medir los beneficios, que van más allá de los valores monetarios. Bueno, eso es lo que hacemos: medir lo de abajo del iceberg”. Y concluye: “Nosotros insistimos en medir lo que importa medir. ¿Y qué es? ¡Pues el resultado! La capacidad de transformar […]. El indicador no es el dinero”. 

Al profesor Álvarez lo acusaban de “soñador” ―aún hoy― por este tipo de comentarios y apuestas. ¿Cómo así que la plata no es el indicador estrella del éxito de una empresa? 

Pensaban que éramos un grupo dogmático. Nos preguntaban qué habíamos tomado para plantear que la medición de las organizaciones está en su capacidad de generar transformaciones”, sonríe. “Y mira, en octubre el papa Francisco publicó su encíclica social Fratelli tutti y en esta él nombra 14 veces a las economías solidarias y a las cooperativas como una forma para cambiar nuestros hábitos de consumo y producción”, vuelve a sonreír.  

El papa Francisco también es parte de este grupo de supuestos dogmáticos. Ahí está la prueba.

LOS SIETE PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:  

  • Asociación voluntaria y abierta 
  • Control democrático de los miembros 
  • Participación económica de los asociados 
  • Autonomía e independencia.
  • Educaciónformación e información 
  • Cooperación entre cooperativas 
  • Preocupación por la comunidad. 

LOS ODS CON MAYOR IMPACTO GRACIAS A LOS PRINCIPIOS COOPERATIVOS SON:   

  • Ciudades y comunidades sostenibles 
  • Educación de calidad. 

 

Para leer más:  Alarcón Conde, M. Á. y Álvarez Rodríguez, J. F. “El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales”. Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 2020, (99), 57-87. 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: El balance social y las relaciones entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Principios Cooperativos mediante un análisis de redes sociales.
INVESTIGADORES: Juan Fernando Álvarez Rodríguez y Miguel Ángel Alarcón Conde.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2019-2020.

 

                            

Este domingo circula la edición 54 de Pesquisa Javeriana

Este domingo circula la edición 54 de Pesquisa Javeriana

La edición 54 de Pesquisa Javeriana también ofrece en sus contenidos un encuentro con temáticas que se destacan en la agenda científica nacional: estudio y aprovechamiento de la flora colombiana, economía solidaria, análisis de microorganismos y soluciones para enfrentar la COVID-19. Además, la revista tiene como artículo central el reporte de un estudio que evidencia la detección de residuos de plástico, moléculas de diferentes medicamentos y hormonas en algunas fuentes hídricas de Bogotá y Cali.

Por supuesto, en las páginas de nuestra publicación siempre hay un espacio para resaltar a las personas que contribuyen al desarrollo de la ciencia en el país. En esta ocasión, la sección Huellas está dedicada a la inmunóloga Susana Fiorentino, que gracias a su labor en la producción de fitomedicamentos se están encontrando opciones para combatir el cáncer a partir de plantas.

En esta misma línea, en la sección Jóvenes que investigan, usted podrá conocer a Carolina Casallas, una microbióloga que se dedica a estudiar microorganismos que pueden limpiar suelos contaminados con residuos generados por diferentes industrias o por explosivos.

Estos son otros de los artículos incluidos en las secciones habituales de Pesquisa Javeriana:

  • En el Editorial, el vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, hace una reflexión sobre la reacción científica en escenarios de pandemia, destacando que la ciencia pura es fundamental para proyectar soluciones a largo plazo, lo que no fue posible con la COVID-19 por la escasez de tiempo.
  • En Ciencia Profunda les presentamos a la Capuchina, una planta con potencial poco explorado en el sector alimenticio y podría contribuir a prevenir enfermedades crónicas.
  • En Innovación exaltamos la creación de programas asociativos entre el Gobierno, la empresa y la academia que impulsan proyectos novedosos centrados en soluciones a la crisis en salud ocasionada por la COVID-19.
  • En Ciencia y Sociedad se reporta la labor de investigadores javerianos que desarrollan un dispositivo capaz de detectar explosivos en campo con una precisión de hasta un 80 %.
  • En Investigar al país proponemos un artículo sobre la importancia de las economías solidarias y su valor en términos de cooperación, así como su aporte a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
  • La Javeriana Cali también hace su aporte a esta edición con una investigación sobre el seguimiento que se les hace a los fetos para prevenir enfermedades cardíacas en adultos.
  • Las Novedades Editoriales traen las tres habituales referencias bibliográficas, que puede conocer en este enlace. Son cuatro.
Novedades editoriales

Novedades editoriales

LRE_Ecosistemas.jpg

Territorio, planeación y políticas públicas. Variaciones sobre un trinomio imperfecto.

Jean-François Jolly (editor académico). Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 210 pp.

En la búsqueda de construir puentes conceptuales entre campos del conocimiento, este libro responde a la pregunta de en qué medida el territorio es un medio o un producto de la acción pública, como lo indica Jean-François Jolly, su editor académico. Así, se establece una relación epistemológica entre los estudios arquitectónicos y la planificación urbana, para analizar sus políticas de manera interrelacionada e interdisciplinaria. Los planteamientos y las formulaciones de diversos autores integran esta visión holística sobre las lógicas, la organización de los actores y el espacio, a partir de las perspectivas de las ciencias políticas y administrativas, de la geografía y del ordenamiento territorial.

 

comunicarnos.jpg Comunicarnos sin daño. Convivencia y salud mental.

Carlos Gómez-Restrepo, Marisol Cano Busquets, Miriam Forero Ariza y María José Sarmiento Suárez. Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 212 pp.

En este libro se presenta una serie de reflexiones sobre los efectos de la comunicación en los procesos de reconciliación y en la salud mental de quienes consumen información, quienes la producen y quienes la protagonizan. Así mismo, se ofrece un cúmulo de recomendaciones para producir piezas comunicativas que propendan al bienestar general y a la reconciliación, en situaciones como las emergencias de salud pública, la protesta social, los asuntos de género, la migración, el racismo, el conflicto, el posconflicto y las historias de infancia y adolescencia. Así mismo, se tienen en cuenta aspectos transversales, como el uso del lenguaje, el contexto, el manejo de cifras e imágenes, la aproximación a las fuentes, la dignificación de las personas y el respeto a la privacidad.

 

OrganizacionCuidadoLa organización social del cuidado de niños, niñas y adolescentes en Colombia. Experiencias urbanas.

Yolanda Puyana Villamizar, Amparo Hernández Bello y Martha Lucía Gutiérrez Bonilla (editoras académicas). Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 426 pp.

Uno de los interrogantes más importantes en las crisis sociales y de salud, como la que enfrentamos en este momento, es el del cuidado: cuidarnos y cuidar al otro atraviesa nuestro comportamiento como criaturas sociales y, a su vez, forma parte del engranaje cultural. Es a través del cuidado que establecemos puentes simbólicos y armamos la red que llamamos sociedad. Este libro explora la concepción social del cuidado, entendido como un trabajo con una potente acción transformadora dirigida a personas cuya vida y bienestar dependen de una atención particularizada, continua y cotidiana. A partir de este planteamiento, se analizan las dinámicas del cuidado de niños, niñas y adolescentes en el contexto colombiano, en cinco ciudades: Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena y Medellín. Se perciben, entonces, unas prácticas y estrategias para la organización social del cuidado por parte del Estado, el mercado y, finalmente, las redes vecinales y las ONG.

 

CineMaquina.jpgEl cine como máquina de pensamiento y control. Aparatos, dispositivos y autómatas.

Mauricio Durán Castro. Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2020, 190 pp.

Tanto en su complejidad mecánica como en su articulación con el cuerpo social, el cine puede ser entendido como una máquina que tiene la capacidad de representar y narrar el mundo y el ser humano, pero también puede ser visto como un aparato de control y sometimiento de hombres y mujeres, que vigila y registra todo desde cualquier lugar y momento o desde el poder hipnótico de sus imágenes, capaz de mover las emociones de las masas. Pensar la posibilidad de una máquina inteligente a partir de los dispositivos mecánicos de percepción óptica y auditiva permite no solo comparar y confrontar la máquina con su productor, el ser humano, sino que también ayuda a estudiar estas relaciones como una expresión de las sociedades industriales. Mauricio Durán Castro examina en este libro la doble potencia del cine, como una creación que le permite al hombre moderno ampliar su mirada científica y filosófica y, a la vez, atrapar su inconsciente. De esta manera, el cine, con sus creadores y sus espectadores, es estudiado desde las ideas de máquina de guerra, aparato de control, dispositivo de visión y autómata. Este acercamiento crítico invita a revisar la obra de cineastas como Dziga Vértov, Jean Epstein, Sergei Eisenstein, Alfred Hitchcock, Roberto Rossellini, Stanley Kubrick, Alain Resnais, Jean-Luc Godard, Harun Farocki o Chris Marker, a partir de las conceptualizaciones de importantes pensadores del siglo XX, como Gilles Deleuze, Félix Guattari, Walter Benjamin, Michel Foucault, Giorgio Agamben y Henri Bergson.

 

               

Seguimiento a fetos para prevenir enfermedades en adultos

Seguimiento a fetos para prevenir enfermedades en adultos

“Para lograr cambios en la práctica clínica, en el seguimiento o en las guías de atención a los pacientes, se necesita que muchos investigadores digan lo mismo; tiene que generarse esa consistencia en la producción de conocimiento, y eso toma años”, afirma la profesora Mérida Rodríguez López, docente de los departamentos de Salud Pública y Epidemiología, y de Clínicas Médicas de la Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali, quien, a propósito de sus estudios de doctorado en Medicina Fetal y Perinatal, en Barcelona, y su respectiva tesis, durante los últimos años ha estado vinculada a investigaciones orientadas a entender el impacto de las exposiciones que tienen lugar durante la vida fetal sobre la salud posterior y especialmente sobre el corazón.

La investigación en el feto es relativamente reciente, y es posible gracias al surgimiento de las ecografías prenatales, las cuales permiten estudiar la experiencia del feto dentro del útero y, por esa vía, identificar las condiciones de su desarrollo, que en algunos casos podrían relacionarse con patologías cardiacas en la adultez. Identificar los riesgos tempranamente significa avanzar en la prevención, seguimiento, tratamiento y atención diferencial para poder reducir la ocurrencia de estas patologías.

Dos exposiciones prenatales que podrían tener impacto a largo plazo son la restricción del crecimiento fetal y las técnicas de reproducción asistida. Aunque esta línea de investigación existe hace diez años en el grupo de investigación de Programación Fetal de Enfermedades Cardiovasculares del Hospital Clínic de Barcelona, el proceso implica muchos pasos para validar un conocimiento y hacerlo aplicable.

Específicamente, la profesora Rodríguez ha orientado sus aportes a temas relacionados con los problemas en el crecimiento del feto, y colabora con Brenda Valenzuela en sus investigaciones sobre embarazos por técnicas de reproducción asistida. En ambos casos, con las ecografías prenatales y otras pruebas, hacen seguimiento al desarrollo de los fetos y avanzan en entender la relación de estas exposiciones con indicadores de riesgo cardiovascular en la vida pre y posnatal.

 

Consistencia de los hallazgos

En el 2014, “tomamos un grupo de 80 mujeres con embarazos concebidos por técnicas de reproducción asistida y otro, de 80 embarazos espontáneos”, explica Fátima Crispi, líder del grupo de investigación en el Hospital Clínic de Barcelona. “Las seguimos entre las semanas 28 y 30 de gestación, y después pudimos volver a seguir a una buena cantidad de ellas cuando los bebés habían nacido”, complementa Valenzuela. “Cada vez que entraba al estudio una embarazada con fecundación in vitro, Brenda buscaba otra similar en edad, etnia y estrato socioeconómico, para comparar los grupos. Se hizo el seguimiento hasta los tres años de vida de estos bebés”, continúa Crispi.

El seguimiento en la etapa de feto se concentró en realizar ecografías de corazón, evaluando su estructura y función. Cuando nacía el bebé, se complementaban los estudios con toma de tensión arterial, ecografía de arterias, medición de parámetros de obesidad ―como los pliegues cutáneos, peso, talla, estatura, índice de masa corporal―, nivel de actividad física, desarrollo psicomotor del niño en el hogar y, además, acompañamiento de los padres a este proceso. Un estudio similar se realizó comparando embarazos con fetos que tenían restricción del crecimiento fetal y otros que no.

“Las observaciones permitieron reconocer que los niños in vitro o los restringidos tenían un corazoncito más redondo, una función contráctil diferente y mayor grosor de la íntima-media de la carótida (la pared del vaso) respecto a los grupos de comparación en cada estudio”, comenta Valenzuela. Los in vitro también tenían unas aurículas más grandes. “Se les tomó la presión arterial y, aunque no podemos decir que son niños hipertensos, cuando comparamos con el grupo control, sus niveles eran un poco más altos”, complementa.

“En los fetos con reproducción asistida y en los que tenían restricción del crecimiento fetal, lo que vimos en el feto persiste en el niño”, recalca Crispi. “En el caso de la restricción, nuestro estudio ha seguido a los participantes hasta la preadolescencia y se ha observado persistencia de estos hallazgos”, añade Rodríguez. Otras investigaciones empiezan a registrar hallazgos similares, según resaltan las científicas.

 

Rutas surgidas

Con estos resultados, “en el hospital de Barcelona implantamos un protocolo a las embarazadas con niños pequeños o de fecundación in vitro, y les proponemos una ecografía de corazón durante el control prenatal; si encontramos los signos mencionados, les contamos la importancia de estilos de vida saludables, de la lactancia materna y la alimentación adecuada para una buena salud cardiovascular en la vida posnatal”, dice Crispi.

Además de mantener el trabajo colaborativo, cada una, desde sus contextos, ha buscado nuevos desarrollos. “Luego de llegar del doctorado, uno de mis retos es desarrollar investigación clínica en la Facultad y la línea de estudio en medicina materno-fetal. Creo que tengo camino adelantado por haber trabajado en un equipo de investigación y haber realizado proyectos junto a clínicos”, afirma Rodríguez. También comenta que se evalúa si estos resultados persisten en adultos entre 20 y 40 años. Finalmente, en la línea de Valenzuela, “hoy se estudian las diferentes técnicas de fecundación in vitro, para definir la más segura para el corazón del bebé y se está a punto de generar datos. Eso también aportará a la prevención”, concluye Crispi.

Para leer más

Valenzuela-Alcaraz, B. et al. “Postnatal Persistence of Fetal Cardiovascular Remodelling Associated with As-sisted Reproductive Technologies: A Cohort Study”. Recuperado de https://obgyn.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1471-0528.15246.


 

TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Postnatal Persistence of Fetal Cardiovascular Remodeling Associated with Assisted Reproductive Technologies: A Cohort Study.
INVESTIGADORES PRINCIPALES:(en los estudios referidos):Brenda Valenzuela, Mérida Rodríguez López, Fátima Crispi.
COINVESTIGADORES: Álvaro Sepúlveda-Martínez, Eduard Gratacos, Bart Bijnens, Martha Sitges, Mónica Cruz-Lemini, entre otros. Facultad de Salud, Departamento de Salud Pública y Epidemiología, Grupo de investigación Salud y Calidad de Vida.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2014 – actualmente.