La producción de concreto, acero y vidrio utilizados para la construcción, y la energía que consumen millones de edificios, explican una parte importante de las emisiones que contribuyen al calentamiento global. Según Naciones Unidas, el sector de los edificios y la construcción concentra cerca del 37 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Reducir esa huella requiere avances tecnológicos y materiales más eficientes, pero también profesionales capaces de incorporar criterios de sostenibilidad en las decisiones que dan forma a la infraestructura que habitamos.
Con esa premisa nació CLESAL, el Curso de Liderazgo para Edificaciones Sostenibles en América Latina, gracias al apoyo de la cooperación suiza. Se trata de un programa de formación que reunió a más de 200 profesionales del sector de la construcción en la región para enfrentar los desafíos ambientales asociados a esta actividad, y que ya completó dos ediciones.
La primera de ellas fue desarrollada en 2022 por las sedes Bogotá y la seccional Cali de la Pontificia Universidad Javeriana, cuya propuesta de curso fue seleccionada entre iniciativas presentadas por otras universidades de la región. La segunda fue en Lima, en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en abril de 2026.
Más allá de los edificios eficientes
La construcción sostenible suele asociarse con paneles solares, jardines verticales o sistemas de ahorro de agua. Sin embargo, el concepto abarca decisiones que comienzan mucho antes de que se levante un edificio y continúan durante toda su vida útil. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el sector de la construcción ha concentrado históricamente buena parte de sus esfuerzos en reducir el consumo energético asociado a la operación de los edificios, pero las emisiones incorporadas en la producción de materiales como el cemento, el acero y el aluminio representan una fracción cada vez más relevante de su huella climática.
Por ejemplo, el cemento es responsable de cerca del 8 % de las emisiones globales de dióxido de carbono. Si la industria cementera mundial fuera un país, sería el tercer mayor emisor del planeta, solo por detrás de China y Estados Unidos. Parte de esas emisiones proviene de la energía necesaria para alcanzar temperaturas cercanas a los 1.450 °C en los hornos industriales que producen el cemento, pero otra parte se libera durante las reacciones químicas que transforman la piedra caliza en clínker, el principal componente de este material. Por esa razón, la descarbonización del sector constructor no depende únicamente de edificios más eficientes, sino también de cambios en los materiales y procesos que hacen posible su construcción.

Esa discusión ha cobrado fuerza en América Latina a medida que los países incorporan metas de reducción de emisiones y nuevas exigencias para el sector constructor. Sin embargo, buena parte de las experiencias desarrolladas para responder a estos desafíos siguen presentándose de manera aislada, en proyectos o instituciones específicas de cada país, lo que limita el intercambio de conocimiento entre profesionales que enfrentan desafíos similares en distintos lugares de la región.
De ahí la importancia de CLESAL, y de la participación javeriana en este programa. Según Carolina Valbuena, directora del Departamento de Arquitectura de la Pontificia Universidad Javeriana, la experiencia de la institución en construcción sostenible fue uno de los factores que hicieron posible que la primera edición se realizara en el campus: “la Universidad Javeriana es un laboratorio vivo que es ejemplo para el mundo. Somos de las únicas universidades en el mundo que tiene cinco edificios certificados con el estándar EDGE. Tenemos altas eficiencias en energía, agua y materiales. Es decir, nuestro campus es un claro ejemplo de que la construcción sostenible es posible cuando se enfoca en todos los recursos”, afirma.
La primera edición reunió en Colombia a más de 120 profesionales provenientes de 13 países. Durante dos semanas, los participantes recorrieron distintos territorios del país y compartieron espacios de trabajo centrados en problemas concretos de sostenibilidad. El objetivo consistía en crear condiciones para el intercambio de experiencias, de manera que el aprendizaje surgiera tanto de los contenidos académicos como de la interacción entre los asistentes.
Aunque el programa nació como una experiencia académica de corta duración, uno de sus resultados más importantes apareció después de finalizar las actividades, pues comenzó a consolidarse una red regional de especialistas en edificaciones sostenibles que impulsó una segunda edición del programa y sentó las bases de una comunidad que hoy supera los 200 integrantes.

Colombia ante la descarbonización de la construcción
La segunda edición de CLESAL se realizó entre el 19 y el 25 de abril 2026 en Lima, en alianza con la Pontificia Universidad Católica del Perú. A diferencia de la primera versión, centrada en una experiencia inmersiva de formación e intercambio, esta edición organizó sus actividades alrededor de desafíos planteados por Colombia, Ecuador, México y Perú. Cada país propuso un problema concreto de construcción sostenible y los participantes trabajaron durante una semana en el desarrollo de soluciones que pudieran seguir fortaleciéndose después del encuentro.
Esta versión, que reunió a 78 profesionales de distintos países de América Latina, se desarrolló sobre cuatro desafíos vinculados con algunos de los principales retos de la sostenibilidad en la industria de la construcción: la descarbonización de la construcción, la renovación del parque edificado, el uso de materiales bajos en carbono y el fortalecimiento de políticas públicas, incentivos y certificaciones para acelerar la transición sostenible. La metodología se basó en el desarrollo colaborativo de propuestas aplicables a situaciones reales, con el propósito de que los resultados pudieran alimentar procesos posteriores de toma de decisiones en cada país.

El reto presentado por Colombia se enfocó en la descarbonización del sector constructor. La elección respondía a un proceso que el país viene impulsando desde hace varios años y que lo ha convertido en uno de los referentes regionales en esta materia. En 2022 se presentó la Hoja de Ruta Nacional de Edificaciones Neto Cero Carbono, una estrategia que plantea metas para reducir las emisiones asociadas tanto a la operación de los edificios como a los materiales utilizados en su construcción.
Sin embargo, para Valbuena, el principal desafío ya no consiste en definir metas, sino en convertirlas en transformaciones concretas. “La existencia de metas y herramientas técnicas no garantiza por sí sola la transformación del sector”, afirma. En su opinión, la descarbonización exige fortalecer capacidades a lo largo de toda la cadena de valor de la construcción, desde quienes diseñan los proyectos hasta quienes los construyen, operan y gestionan.
Bajo esa lógica, el desafío planteado por Colombia en la segunda edición de CLESAL buscó generar propuestas que contribuyan a cerrar la distancia entre los compromisos establecidos en los documentos de política pública y las decisiones que terminan definiendo cómo se construyen las ciudades. Más allá de los resultados del encuentro, la red de profesionales que surgió alrededor del programa seguirá activa incluso después de que en el 2027 finalice el apoyo de la cooperación suiza. En una región donde muchas experiencias permanecen aisladas, esa articulación puede facilitar que los avances desarrollados en un país encuentren aplicación en otros contextos de América Latina.



