A Elizabeth Hodson de Jaramillo le gustaba jugar solitario en el segundo piso de su casa, frente a un televisor pequeño y unas fotografías de familia. Lo hacía porque el juego se parecía a lo que había hecho toda su vida como científica: tomar un problema desordenado y, paso a paso, encontrarle un orden lógico y una solución.
Bacterióloga formada en la Pontificia Universidad Javeriana en 1969, con maestría en Fisiología y Genética Vegetal del Instituto Colombiano Agropecuario y la Universidad Nacional de Colombia de 1973, y doctorado en Fisiología Vegetal en la Universidad de Nottingham (Inglaterra) en 1992. Hodson dedicó más de cuatro décadas a construir un capítulo importante de la investigación biológica en Colombia.
También fue exdirectora del Departamento y la carrera de Biología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Javeriana entre 1986 y 1991 y luego otra vez entre 2002 y 2006, profesora emérita, miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN), e integrante de la Comisión Internacional de Sabios, el grupo asesor presidencial de ciencia y tecnología del país durante 2019.
Hace una semana, la profesora Hodson falleció en Bogotá y, de esta manera, la Javeriana despide a una de sus figuras más influyentes de las últimas décadas.
Su carrera profesional inició casi por casualidad. A los quince años terminó el colegio y entró a la Universidad Javeriana. Quería estudiar ingeniería química, una carrera que la universidad no ofrecía, así que se matriculó en Bacteriología porque era la única con cupos disponibles. Nunca le gustó la práctica hospitalaria, pero la bioquímica la deslumbró. Con esta inclinación, recibió la recomendación de una profesora que la llevó a un empleo en el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Allí, con la fisiología vegetal llegó su vocación definitiva: entender cómo sobreviven las plantas, cómo se defienden, cómo desarrollan mecanismos de alta complejidad pese a estar completamente inmóviles, como ella misma le dijo a Pesquisa Javeriana hace unos años.
A comienzos de los años ochenta, cuando era profesora la Universidad Nacional de Colombia, Julio Latorre, director del entonces Departamento de Ciencias Biológicas de la Javeriana, la invitó a fortalecer la microbiología en la Universidad. De esta manera, en 1986 asumió la dirección del recién creado Departamento de Biología, un cargo que ocuparía durante veinte años.
Para ese momento no había un lugar físico donde investigar. “Si no existe ese espacio, ¡pues lo creamos!” fue la respuesta del equipo que ella lideraba, según relató la propia Hodson junto a su colega Sandra Baena en un texto publicado para conmemorar los 50 años de la Facultad de Ciencias. Con la financiación de Colciencias (actual Minciencias) y del Centro Internacional de Itrnvestigaciones para el Desarrollo de Canadá, impulsó la construcción del edificio 53, Jesús Emilio Ramírez, JS en 1991.
Un tiempo después trajo un vehículo campero para las salidas de campo a Chingaza y becas de doctorado para los profesores del Departamento en Europa, Estados Unidos y Brasil. ”¡El Departamento de Biología logró en pocos años casa, carro y beca!, tal como decía el slogan de un banco en ese tiempo”, escribió la profesora Hodson.

Durante esa época fundó unidades de investigación en biotecnología vegetal, agrobiotecnología, biología de cultivos. También atrajo financiación de Colciencias, CAN (Canadá) y la UE para modernizar los laboratorios de la facultad.
Su trabajo científico buscó entender y mejorar las plantas para el beneficio del país. Investigó la resistencia de la papa a las heladas, lideró la transformación genética del maracuyá (Passiflora edulis) para hacerla resistente a un virus que afectaba a agricultores colombianos.
En la década de los 90 se involucró más con la política científica del país. Entre 1992 y 1999 coordinó el Programa Nacional de Biotecnología de Colciencias. Ese trabajo la llevó a un terreno más amplio: la bioseguridad de los organismos genéticamente modificados. Posteriormente, se involucró en temas relacionados con la bioeconomía como modelo de desarrollo sostenible para América Latina.
La vida de Elizabeth Hodson fue una huella en movimiento
“Yo no puedo quedarme quieta… a mí me toca moverme porque no me gusta la monotonía”, dijo en 2019 en Pesquisa Javeriana. Eso explica que haya sido profesora titular y luego emérita de la Javeriana, miembro número de la ACCEFYN. En 2016, se convirtió en la única representante latinoamericana en la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y la Tecnología de la Unesco (COMEST). Además, integró el grupo de expertos en bioseguridad del Protocolo de Cartagena y, en 2019, fue una de las 47 personas convocadas a la Misión Internacional de Sabios, el grupo asesor presidencial de ciencia y tecnología de Colombia del presidente Iván Duque.
Hodson demostró que investigar en un país con recursos escasos exige no solo rigor experimental, sino también capacidad de organizar personas, buscar fuentes diversas de financiación y pensar en políticas públicas que sostengan no solo la investigación, sino que tengan un impacto en la vida de las regiones.
Más allá de sus cientos de publicaciones sobre biotecnología vegetal y bioeconomía, su legado permanece en el Departamento de Biología de la Universidad Javeriana. Desde los mismos edificios que ayudó a levantar, los equipos de investigación que dotaron los laboratorios, pero sobre todo las generaciones de biólogos que desde finales de los años 80 se han formado en búsqueda de una ciencia que aporte a los problemas del país.



