Cali es una ciudad entreverada con agua. Tiene siete ríos, aguas subterráneas, más de 60 humedales y miles de ranas coquí que llenan las noches con su cantar incesante. Esto, sumado a sus condiciones climáticas y geográficas privilegiadas, le dan ese verdor y esa biodiversidad que tanto deslumbran a quienes la visitan.
Pero, para los caleños, el agua, las aves y las plantas son mucho más que un lindo paisaje. Esos 61 humedales, de los cuales 18 son públicos, son el escenario de todo tipo de actividades. Desde correr alrededor de ellos en la mañana y pasear con mascotas hasta picnics domingueros y sesiones de fotos para oriundos y visitantes.
Los humedales urbanos, además de ser refugios de biodiversidad y reguladores hídricos, son una parte fundamental de la identidad cultural de la ciudad. Lya Sierra y Lida Díaz, doctoras en economía e investigadoras en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali, hicieron parte de una investigación en la que exploraron la relación entre los valores estético, espiritual y cultural que las personas les dan a los humedales y su conservación.
El valor oculto de los humedales
En una ciudad, las zonas verdes son valiosas de distintas maneras. Por un lado, son hogar para la biodiversidad y sirven como corredores para que aves, mamíferos, insectos y demás animales puedan moverse sin tener que lidiar con el ruido, las luces y el caos de la presencia humana.
También ayudan a regular la temperatura y, en el caso de los humedales, funcionan como una suerte de esponjas gigantes que evitan las inundaciones cuando hay lluvias fuertes. “Se llenan con más agua, lo que favorece que los ríos no se desborden. Y, cuando hay verano, esa agua acumulada sirve como un repositorio. Eso es un servicio que nos ofrecen los humedales”, explica Lya Sierra.
Por otra parte, la cercanía a la naturaleza puede tener efectos muy positivos en las vidas de los habitantes citadinos. La recreación, el ejercicio, la belleza, la inspiración artística y la identidad que le da a la ciudad son algunos de los servicios culturales que fueron el centro de esta investigación.
“Esto es lo que quisimos valorar en nuestro trabajo, además, en la literatura vimos que, cuando hay acciones colectivas de las personas alrededor de los humedales, es mucho más probable que estos se conserven en el futuro. Por eso, queríamos indagar qué tipo de factores estaban incidiendo sobre las acciones colectivas en los humedales de Cali”, agrega Sierra.
Comunidad y conservación: un círculo virtuoso
Para entender cómo el valor que se le otorga a los humedales urbanos en Cali se relaciona con su sostenibilidad. Las investigadoras contactaron a personas de distintas zonas de la ciudad y de diferentes grupos demográficos, de las cuales tomaron 276 encuestas. Con ello querían saber cuál era el valor monetario y no monetario que los participantes le atribuían a los humedales.
En las encuestas se les preguntaba a los ciudadanos “sobre la importancia que daban a estos servicios culturales en escalas del 1 al 10, y también sobre el dinero que pagaban o estaban dispuestos a pagar para visitar el humedal. Por otro lado, teníamos un bloque de preguntas orientado a la participación comunitaria de estas personas y otro hacia su percepción sobre el estado del humedal”, cuenta Lida Díaz.
Lo que hallaron es que ese valor no monetario que la gente les atribuye a los humedales urbanos, que proviene de los servicios culturales que ofrecen, está relacionado con su estado de conservación, a diferencia del valor monetario que paga una persona para acceder a ellos. “Encontramos que estas actividades son muy importantes para las personas, lo que lleva a que el humedal se cuide más. Esto las motiva y hace que establezcan una mejor conexión con el humedal. Les interesa que esté bonito, conservado y que las actividades se puedan realizar allí”, expresa la profesora.
Asimismo, la presencia de líderes, organizaciones comunitarias o iniciativas de cuidado alrededor de un humedal también contribuye a su conservación. Sierra afirma que “cuando existían liderazgos fuertes se activaba la acción colectiva y mejoraba la percepción de sostenibilidad del lago. O sea, si hay liderazgo hay más valoración de los servicios y mejores resultados ecológicos”.
Es como un círculo virtuoso. La buena conservación ayuda a que las personas disfruten de los humedales, los valoren y los cuiden más, lo que a su vez mejora el estado del humedal, de manera que el ciclo se repite.
Humedales para todos
No obstante, aunque Cali tenga 61 humedales, tan solo 18 son públicos. El resto está ubicado en predios de clubes, universidades o unidades residenciales. Además, la mayoría están ubicados en el sur de la ciudad, que es la zona de más altos ingresos. Esto, según las investigadoras, afecta su percepción y el tipo de servicios culturales que proveen en comparación a los humedales ubicados en zonas de ingresos medios o bajos.
“En los humedales que están en zonas de altos ingresos hay bastante acción colectiva, buen mantenimiento público y personal de seguridad. En cambio, los de bajos ingresos tienen problemas de contaminación, conflictos por tenencia de tierras y se usan más para la subsistencia ―a través de actividades como la pesca― que para la recreación”, describe Sierra.
Esto hace que una persona que viva en estas áreas deba desplazarse hasta una zona de mayores ingresos para acceder a esos humedales que son más valorados culturalmente, lo que implica un desplazamiento largo y más costoso.
Para las investigadoras, la reflexión principal es que los humedales urbanos tienen un valor inmenso para los caleños, y ese valor contribuye a su sostenibilidad y a su capacidad de continuar brindando esos servicios culturales que los habitantes celebran. Por eso, es importante que estas dinámicas no se limiten a unos pocos humedales, sino que también se incentiven en el resto de la ciudad.
“Una política pública podría consistir en invertir en esos humedales ubicados en zonas de menores ingresos para fomentar en las personas y en la comunidad esa conexión y ese sentido de pertenencia con el ecosistema”, propone la profesora Díaz.
Restaurar los humedales, fomentar las actividades culturales y fortalecer a las comunidades para que puedan apropiarse de ellos son algunas de las acciones que se pueden adelantar para que Cali siga siendo esa ciudad entreverada con el agua y el verde que deslumbra a tantos con su biodiversidad.
Para leer más:
TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
The socio-cultural value of urban wetlands: insights into local sustainable management
INVESTIGADORAS PRINCIPALES: Lida Díaz-Pinzón,
Lya Sierra (Pontificia Universidad Javeriana, Seccional Cali)
COINVESTIGADORES: Francesc Trillas (Universidad
Autónoma de Barcelona) y Leonardo Herrera
(Universidad ICESI)
Departamento de Economía
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas
Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2022-2025
En Cali existen 61 humedales, de los cuales
18 son públicos y se emplean para diversas actividades.



