¿Podrá el gobierno aplanar la curva del desempleo y la informalidad?

¿Podrá el gobierno aplanar la curva del desempleo y la informalidad?

Por: Miguel Ángel Martínez // Fotografía: IStock y Miguel Ángel Martínez

En el Día Internacional del Trabajador, dos profesores de la Pontificia Universidad Javeriana analizan la informalidad laboral y las acciones del Gobierno en medio de la pandemia para contrarrestarla.

La COVID-19 tiene en crisis al mercado laboral del país. Tres escenarios de contexto, las cifras oficiales, la informalidad y el accionar estatal en medio de la pandemia, permiten analizar para dónde va una de las preocupaciones más grandes de los colombianos: el empleo.

Las cifras actuales

El último informe sobre trabajo y desempleo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), que registra el período diciembre 2019 – febrero 2020, arroja que el desempleo en Colombia alcanzó el 12,2%. Esto representa 3 millones de desempleados, 101 mil más que el mismo lapso del año anterior. Existe aún diferencia entre la tasa de desempleo por género: el 9% de los hombres y el 16,5% de las mujeres no tienen trabajo.

Las ciudades con mayor tasa de desempleo son: Quibdó (20,6%), Ibagué (18,8%) y Cúcuta (18,1%). Barranquilla (8,9%) y Cartagena (9,1%) son las ciudades capitales con menor número de desempleados. Este último dato\ concuerda con que el sector turístico logró crear 190.000 puestos de trabajo. Por otro lado, en Bogotá la tasa es del 10,8%.

La informalidad en capitales es del 46,7%, lo que representa un aumento del 0,8% en comparación con el año anterior. Cúcuta (71,4%), Sincelejo (67,5%) y Riohacha (63,9%) son las ciudades con más trabajadores informales, mientras que Bogotá (41,7%), Medellín (40,8%) y Manizales (40,7%) son las urbes con las cifras más bajas.

Ibagué (29,8%), Neiva (28,5%) y Valledupar (27,8%) tienen las cifras más altas de desempleo de jóvenes entre 14 y 28 años. La tasa nacional es del 18,7%.

El informe del DANE revela que en el sector agropecuario se perdieron 252.000 puestos de trabajo y en el sector de comercio y reparación de vehículos 336.000.

 

Frente a estas cifras quedan algunos temas para el análisis. Para Samuel Vanegas, profesor del Departamento de Sociología de la Pontificia Universidad Javeriana, estos números pueden esconder detalles, uno de ellos la vinculación laboral. El 67% de las unidades productivas del país son de hasta 9 trabajadores. “La probabilidad de que en esta modalidad exista un contrato formal de trabajo es muy baja. Podemos pensar en micronegocios como un taller de mecánica o un taller de fabricación de muebles; allí hay arreglos entre dueño y empleado, en los cuales se gana en la medida en que exista demanda, si no hay demanda de los productos o servicios, no puede haber pago”, afirma.

Para este investigador, otro punto que pone en riesgo el empleo en el país es la capacidad de generación de riqueza. Para él, los circuitos en este aspecto no están necesariamente atados a los circuitos de generación del trabajo. Esto conlleva a que los trabajadores estén en gran desventaja frente a las grandes empresas locales o extranjeras para competir en el mercado. “A un microempresario de muebles, por ejemplo, la importación de aglomerados de madera desde China lo puede acabar. O en caso de que pueda participar del mercado, una gran superficie le ofrece exhibir sus productos, pero el pago es una factura a 90 días, que está sujeto a la demanda”, expresa. En su opinión, esto demuestra fallas en el mercado laboral con alta desregulación en las que el trabajador es el actor más vulnerable.

Caber recordar, y más en esta fecha, la que es tal vez la figura más representativa del movimiento obrero: los sindicatos. Estas asociaciones permanentes son las que defienden los intereses de los trabajadores ante empresarios y ante el Estado. “Frente a ellos, la tendencia es la pérdida de la capacidad para generar acciones colectivas”, dice Vanegas. Recalca además la falta de articulación entre estas organizaciones para las reivindicaciones que son colectivas.

El censo sindical de 2017 muestra que 1’378.626 trabajadores están afiliados a una agremiación de esta clase. Casi la tercera parte está en el sector de la educación y el sector agrícola. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima una densidad sindical en Colombia del 9,2%, cifra inferior a países como Estados Unidos, Alemania, México y Chile.

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El trabajo en medio de la pandemia

El 6 de marzo las autoridades colombianas confirmaron el primer caso de coronavirus en el país. Desde ese día se han tomado medidas al ritmo del avance del virus en busca de proteger a la población del virus y sin duda estas medidas han impactado la vida laboral y económica nacional.

Los datos presentados por el DANE demuestran una economía altamente informal que para Vanegas tiene muchas variables y matices. “Están los informales de calle que se reinventan cada día, sin que eso sea una virtud. Ya no venden sólo dulces y cigarrillos, también guantes, tapabocas, desinfectante. Pero hay otro tipo de trabajadores informales que son profesionales o técnicos y tienen contratos de dos o tres meses; o personas que, teniendo una formación superior, viven de pequeños proyectos. Éstos también son población vulnerable ante contextos como el actual”, afirma. Además, agrega que pueden tener una mayor connotación de vulnerabilidad porque su condición no les permite acceder a las ayudas que brinda el Estado pero tampoco tienen la posibilidad de mantenerse por mucho tiempo.

Luis Carlos Reyes, profesor de economía y director del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana, también analiza esta situación. Para él, el mayor impacto para los negocios fue la reducción de ingresos por no poder ofrecer sus productos y servicios o porque no hay clientes que compren. “Lo que estamos viendo es una situación perjudicial para toda la economía, pero sin duda especialmente perjudicial para los trabajadores vulnerables, por ejemplo de restaurantes o de la construcción, que tienen que hacer presencia”, puntualiza.

Para Reyes, el punto crucial para proteger la economía pasa por garantizar los salarios de los trabajadores. “Hay otras medidas que han tomado otros gobiernos y que consideramos que se deberían tomar y no se están haciendo. Es, principalmente, subsidiar el trabajo. Gobiernos de Europa y en Chile, por ejemplo, están subsidiando las nóminas de las empresas, precisamente para que no se tengan que ver obligados a despedir a los trabajadores. El gobierno tiene la información y se lo hemos dicho en varios escenarios, pero una medida como esta es costosa”, enfatiza.

Este investigador considera que la medida más importante debe ser endeudarse en este momento para evitar mayores daños en la economía en el futuro. El Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia está alrededor de 1.300 billones de pesos y calcula que lo que se paga en nómina es una cifra cercana a los 340 billones de pesos. El gobierno sólo ha destinado unos 15 billones de pesos en un fondo que creó para atender esta emergencia. “El gobierno no ha querido endeudarse, como debería, para proteger el empleo. Nosotros pensamos que hay campo para hacerlo. La deuda nacional no es excesivamente alta para no tomar medidas de emergencia”, explica, además de afirmar que “ahorrar en este momento puede salir caro”.

Una de las medidas anunciadas desde la Casa de Nariño fue la de ofrecer créditos a las empresas para pagar los gastos de nóminas. Reyes expresa su desacuerdo con esta medida: “no tiene sentido para una empresa endeudarse para financiar una operación que no está produciendo ingresos. Esto será un fracaso en lo que tiene que ver con proteger la economía de las familias”.

Su proyección del desempleo no es alentadora. Una encuesta de Cifras y Conceptos revela que el 38% de encuestados reportaba que al menos un miembro de la familia había perdido el empleo a causa de la pandemia a la tercera semana de cuarentena. “Si asumimos conservadoramente que cada uno de estos hogares tuviera dos personas empleadas, estamos hablando de un aumento de 19 puntos porcentuales en desempleo sumados a las 13 que ya había. Un escenario conservador sería hablar de que vamos a tener un 30% de desempleo”, dice. Encuestas de otras firmas reportan cifras más altas de pérdida de empleo.

Sin embargo, también rescata algunas medidas del gobierno nacional. Reconoce la creación del ingreso solidario que añade nuevos beneficiaros aparte de los que ya había en programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor, a los que además se les hicieron transferencias adicionales. “La recomendación sería que estos programas más la devolución del IVA, más el ingreso solidario, evolucionaran en un futuro a una renta básica universal, que es una buena manera de dar oportunidades a las personas más necesitadas y lleguen a un punto en el cuál no lo necesiten más”, destaca.

La lección para el economista es clara: la recuperación será más rápida si se toman medidas drásticas y oportunas como las que sugieren desde el Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana. Además, resalta que desde la academia y en particular desde la Facultad Ciencias Económicas y Administrativas de la misma Universidad , hay una producción muy valiosa y oportuna frente a la pandemia desde diversos enfoques con sus Análisis de Economía y Negocios – AEN.

Como en muchos otros campos, esta pandemia supone un reto enorme para el gobierno frente al universo del trabajo en Colombia. No sólo el de intentar aplanar la curva de contagiados por el virus, sino el muy importante reto de aplanar la curva tanto del desempleo, como de la informalidad, que vienen creciendo en los últimos años.

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