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En el conflicto armado colombiano se ha dado una instrumentalización de la vida y de la muerte. El uso de los cuerpos como armas de guerra los ha separado de su condición humana para volverlos instrumentos de control. El cuerpo actúa como metáfora del territorio al que se somete y se le imponen unas reglas. El reclutamiento de niños y niñas indígenas es también un rapto de su conocimiento del territorio. En las animaciones de La niñez que peleó la guerra en Colombia se expresa, a partir de los relatos de supervivencia y desde la delgada línea que el conflicto armado crea entre la vida y la muerte, lo que Giorgio Agamben denomina como lo viviente, el tránsito del cuerpo entre el control y la libertad.

Las historias comenzaron siendo testimonios escritos por los autores, palabras que se fueron convirtiendo en frases para luego transformarse en imágenes en movimiento. Así, estas imágenes dieron vida a las historias como una serie de transferencias y de contagios entre medios y, a su vez, se convirtieron en la expresión de vivencias que nos permiten imaginar (y ser) el otro. A través del diálogo entre los animadores y los entrevistados, se crearon lugares de identificación y reflexión para hacer que la creación de imágenes cuestionara tanto la representación de dichos eventos como su contexto. Tales discusiones se convirtieron en un reto tanto para los autores como para los animadores, un reto que del mismo modo construyó un proceso único para el universo visual y narrativo de cada una de las diferentes historias.

niñez · conflicto armado · animación · memoria · materialidad


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