{"id":12256,"date":"2011-04-01T19:02:50","date_gmt":"2011-04-02T00:02:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.javeriana.edu.co\/hoy-en-la-javeriana?p=12256"},"modified":"2020-02-22T19:07:37","modified_gmt":"2020-02-23T00:07:37","slug":"construyendo-suenos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.javeriana.edu.co\/repositorio-hoy-en-la-javeriana\/construyendo-suenos\/","title":{"rendered":"Construyendo sue\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><span><span style=\"color: #808080\">Daniela Vargas, estudiante de Comunicaci\u00f3n social y periodismo, fue una de 250 javerianos que participaron como voluntarios en la jornada de construcci\u00f3n m\u00e1s grande de viviendas de emergencia que ha hecho en Colombia la fundaci\u00f3n Un Techo para mi Pa\u00eds. La siguiente cr\u00f3nica cuenta su experiencia.<\/span><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span><strong><span style=\"color: #003300\">Viernes 18 de marzo 4:00 p.m. As\u00ed empez\u00f3 la aventura<\/span><\/strong> <\/span><\/p>\n<p><span>\u201cNo fue buena idea traer dos maletas\u201d, pens\u00e9 mientras, sostenida de la baranda del colectivo verde, incre\u00edblemente lleno, ve\u00eda pasar de un lado a otro una de ellas. A\u00fan faltaba camino, as\u00ed que me result\u00f3 bastante divertido ver la mochila contonearse al ritmo del bus mientras yo continuaba atrapada entre una mujer robusta y dos sillas. Despu\u00e9s de 40 minutos ya estaba cerca, as\u00ed que tom\u00e9 mi trasteo y timbr\u00e9 con prontitud, pero el bus no par\u00f3 en esa cuadra, ni en la siguiente, ni en otro par de cuadras despu\u00e9s. 5:00 p.m. El encuentro A lo lejos se ve\u00eda una ola de camisas blancas. Unos 800 j\u00f3venes voluntarios de Un Techo para mi Pa\u00eds Colombia se agolpaban hacia el teatro de la Universidad Libre de Chapinero. La energ\u00eda era tal que se contagiaba en segundos, nadie pod\u00eda escapar de ese frenes\u00ed. Sleeping bags, maletas de camping y unos cuantos infladores de colch\u00f3n adornaban la entrada. Se escuchaban risas y parloteos en medio de abrazos y se ve\u00edan caras nuevas expectantes, afanosas de actuar, de ser parte del cambio. Adentro, el teatro estaba a\u00fan m\u00e1s repleto que la entrada, los corazones palpitaban r\u00e1pido y los \u00e1nimos estaban desbordados. Todos cantaban, pero una sola voz se escuchaba \u201cComenz\u00f3 y no para\u201d. Y era cierto, hab\u00edamos empezado a recorrer el camino hac\u00eda un sue\u00f1o, un camino que recorrer\u00edamos juntos, aunque nunca antes nos hubi\u00e9semos cruzado y al cual no renunciar\u00edamos hasta verlo hecho realidad. Muchos hab\u00edan aceptado el reto: construir en un fin de semana 120 techos, en la m\u00e1s grande construcci\u00f3n masiva de la Fundaci\u00f3n. Los buses cargados de herramientas, maletas y manos trabajadoras arrancaron como monstruos, eliminando distancia, prejuicios, diferencias sociales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas; la causa empujaba m\u00e1s que los 200 caballos de fuerza del transporte; este fin de semana s\u00f3lo importaban decenas de familias que, hasta entonces, nadie se hab\u00eda detenido a mirar.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span><span style=\"color: #003300\"><strong>11:30 p.m. La llegada<\/strong><\/span> <\/span><\/p>\n<p><span>Al llegar nuestros cuerpos nos ped\u00edan descanso, pero esta misi\u00f3n ya hab\u00eda empezado, as\u00ed que nos enfilamos a descargar herramientas, maletas y uno que otro voluntario que se hab\u00eda dejado vencer por Morfeo. Las horas de sue\u00f1o fueron pocas, pero la ansiedad por conocer esos nuevos rostros y de empezar a trabajar pudo m\u00e1s que los 5 minutos m\u00e1s de sue\u00f1o que siempre pedimos en casa. <\/span><\/p>\n<p><span><strong><span style=\"color: #003300\">7:00 a.m. El nuevo d\u00eda<\/span><\/strong> <\/span><\/p>\n<p><span>Un pocillo de agua de panela caliente con un trozo de pan bast\u00f3 para empezar la jornada. Cientos de voluntarios empezamos a caminar uno junto al otro; la mancha blanca se apoder\u00f3 de Ciudad Bol\u00edvar, Usme y los suburbios de Soacha, como un ej\u00e9rcito de paz, que empu\u00f1ando palas y martillos construir\u00edan un nuevo amanecer para otros colombianos. De repente empezaron a aparecer frente a nuestros ojos cientos de casitas improvisadas. Pueblitos hechos de papel, lata y cart\u00f3n de los que se asomaban peque\u00f1as cabecitas llenas de ilusi\u00f3n y de vida a quienes s\u00f3lo una mirada pod\u00eda arrancarles una sonrisa. Pronto nos dividimos y cada grupo inici\u00f3 la b\u00fasqueda de las familias asignadas. La expectativa nos invad\u00eda. Entonces llegaron ellos, hombres y mujeres con rostros marcados por el trabajo y los a\u00f1os, acompa\u00f1ados de peque\u00f1as personitas de naricitas mojadas, cacheticos rojos y zapatos desamarrados. No necesitamos nada m\u00e1s para que nuestros cuerpos y almas se llenaran de ganas de trabajar. Tomamos palas, picas, hoyadores, martillos, puntillas, madera, serruchos y hasta piedras. Y tabla a tabla junto a ellos empezamos a construir su sue\u00f1o, un hogar caluroso, propio y seguro en el que la lluvia no mojara sus d\u00edas ni sus noches. <\/span><\/p>\n<p><span><strong><span style=\"color: #003300\">7:00 p.m. Las noches<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span> Despu\u00e9s de los d\u00edas de trabajo, las noches no se hac\u00edan largas. Tras una jornada de fogata, chistes, juegos de cartas y una que otra serenata, ca\u00edamos en la cama como objetos inanimados. Al principio era f\u00e1cil dormir, el calor humano en el cuarto lo hac\u00eda posible, pero cerca de las 2:00 de la ma\u00f1ana el fr\u00edo se alcanzaba a colar por las ventanas, los huesos de las piernas dol\u00edan y no hab\u00eda cobija ni sleeping que pudieran mantenernos calientes. 6:00 a.m. Los otros d\u00edas \u201cTrabajo bruto pero con orgullo, aqu\u00ed se comparte, lo m\u00edo es tuyo, este pueblo no se tumba con barullos y si se derrumba yo lo reconstruyo\u201d, era lo primero que escuch\u00e1bamos en las ma\u00f1anas al despertar. Despu\u00e9s de ello, el d\u00eda deb\u00eda comenzar con un \u201cba\u00f1o de gato\u201d a punta de pa\u00f1itos h\u00famedos, una lavada de dientes comunal y una fila interminable para desayunar. Ya en la obra, deb\u00edamos terminar de picar piedra para poder ubicar los pilotes \u201315 troncos gruesos de madera que deben ser enterrados en la tierra, para as\u00ed formar la base de la casa\u2013; en mi cuadrilla ubicarlos nos tom\u00f3 casi 2 d\u00edas. Enseguida, debimos colocar las vigas de piso para unirlos y desde all\u00ed a punta de martillo y puntilla empezar a armar \u2013al mejor estilo de un Lego\u2013 la nueva casa. Primero ubicamos los 3 paneles de piso, luego debimos levantar y acomodar las paredes para poner las vigas de techo, las ventanas y la puerta y, finalmente, techar. Todo eso en un solo d\u00eda. Al final lo conseguimos.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p><span><strong><span style=\"color: #003300\">Lunes 21 de marzo 5:30 p.m.\u00a0 Fin de la aventura<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p><span> Al caer la tarde, esa primera misi\u00f3n termin\u00f3. Lo hab\u00edamos logrado y debo decir que en verdad vali\u00f3 la pena. A partir del 21 de marzo 120 familias pudieron descansar resguardadas del fr\u00edo y la lluvia. Es imposible decir que fue f\u00e1cil; los 3 d\u00edas estuvimos acompa\u00f1ados de un clima bipolar de lluvias torrenciales y un sol picante. El trabajo f\u00edsico fue duro; el cansancio, el dolor de los moretones y las heridas peque\u00f1as le ped\u00edan al cuerpo descanso. Pero hubo algo que evit\u00f3 que nos detuvi\u00e9ramos, la ilusi\u00f3n de unos padres que lloran de felicidad porque se dan cuenta que no est\u00e1n solos y el peque\u00f1o rostro lleno de moquitos que te abraza y te llama \u201ch\u00e9roe\u201d \u2013aunque no lo seas\u2013. Fue eso lo que pag\u00f3 las noches de desvelo y los 3 d\u00edas de trabajo duro, pesado e imparable. Pero este s\u00f3lo fue un primer paso de muchos que faltan. En el mundo hay cerca de 2 mil millones de personas que no tienen un techo digno para vivir. Este es el reto que ahora tenemos que asumir, porque esto comenz\u00f3 y no para.\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniela Vargas, estudiante de Comunicaci\u00f3n social y periodismo, fue una de 250 javerianos que participaron como voluntarios en la jornada de construcci\u00f3n m\u00e1s grande de viviendas de emergencia que ha hecho en Colombia la fundaci\u00f3n Un Techo para mi Pa\u00eds. La siguiente cr\u00f3nica cuenta su experiencia. Viernes 18 de marzo 4:00 p.m. As\u00ed empez\u00f3 la aventura \u201cNo fue buena idea traer dos maletas\u201d, pens\u00e9 mientras, sostenida de la baranda del colectivo verde, incre\u00edblemente lleno, ve\u00eda pasar de un lado a otro una de ellas. A\u00fan faltaba camino, as\u00ed que me result\u00f3 bastante divertido ver la mochila contonearse al ritmo del bus mientras yo continuaba atrapada entre una mujer robusta y dos sillas. 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