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Recibir abrazos es una de las estrategias de los niños que afrontan el estrés por cáncer
Por: Mariana Díaz, periodista de Pesquisa Javeriana
En Colombia, cerca de 8.900 niños viven con cáncer. Ante un diagnóstico tan difícil, un estudio de la Universidad Javeriana analizó cómo los niños afrontan el estrés que provoca el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.
Si reuniéramos a todos los niños y adolescentes que padecen cáncer en Colombia, llenarían casi por completo las graderías del Movistar Arena: alrededor de 8.900 pacientes. El diagnóstico puede ser devastador y suele implicar un cambio radical en la vida cotidiana: del patio de recreo a una habitación hospitalaria, de los amigos a las enfermeras. Ante este panorama, una investigación de la Pontificia Universidad Javeriana se preguntó cómo afrontan esta situación los pacientes pediátricos que, de por sí, tienen muchas herramientas.
El estudio, realizado en el Hospital Universitario San Ignacio por el semillero de investigación Enfermería Oncológica y de Cuidados Paliativos (ENONPAL), adscrito a la Facultad de Enfermería de la Javeriana, evaluó a diez pacientes entre los 8 y los 15 años. Los resultados mostraron que los niños “tienen una gran claridad emocional”, según María Elizabeth Gómez Neva, profesora de Enfermería e investigadora líder, utilizan una amplia variedad de estrategias para lidiar con el estrés asociado con la enfermedad y su tratamiento. Entre ellas, las más efectivas se relacionan con el apoyo familiar, el juego y la resolución activa de problemas.
Un estudio desde la formación en investigación
María Elizabeth, a la vez tutora del semillero de investigación ENONPAL, explica que el estudio, publicado en enero de 2026 en la revista Unillanos, surgió como respuesta a las necesidades de cuidado identificadas por los estudiantes del semillero en niños y adolescentes con diagnóstico oncológico, así como en sus familias.
Una de esas necesidades era comprender cómo afrontan emocionalmente la enfermedad. Para estudiarlo, los investigadores utilizaron el Inventario de Estrategias de Afrontamiento de Escolares y Adolescentes (SCSI), una herramienta que permite medir la frecuencia y la efectividad de distintos mecanismos de afrontamiento.
Elizabeth Gómez también destaca la importancia de la participación de la profesora Karol Briñez Ariza, doctora en Enfermería, quien realizó la validación transcultural del instrumento para ser utilizado en Colombia y guio a los estudiantes del semillero ENONPAL para la implementación. , “La pregunta surgió desde los estudiantes del semillero, pero fue la profesora Briñez quien propuso el instrumento. Ella realizó hace varios años la adaptación transcultural del SCSI para que pudiera aplicarse a niños y adolescentes en el contexto colombiano”, explica Gómez.
El SCSI incluye 34 ítems, cada uno asociado a una estrategia para afrontar el estrés derivado del diagnóstico de cáncer, como morderse las uñas, hacer algo divertido, rezar o soñar despierto. Cada estrategia se evaluó según la frecuencia con que se utiliza y su efectividad para reducir el estrés.
Los resultados mostraron que las estrategias relacionadas con la interacción social —como hablar con los padres o cuidadores y buscar contacto físico mediante abrazos— fueron las más utilizadas y también las más efectivas. Según los investigadores, el apoyo emocional de familiares y personas cercanas resulta fundamental, pues proporciona una sensación de seguridad, permite canalizar la angustia y ofrece un espacio para resolver las inquietudes que surgen a raíz de la enfermedad. “Papá y mamá son el lugar seguro”, señala Gómez.
Es decir, las estrategias que implican un afrontamiento activo y directo de la situación tendieron a reducir más el estrés. Esto podría estar relacionado con las dinámicas hospitalarias, donde la presencia constante de familiares y personal de salud favorece la comunicación como una forma de enfrentar la enfermedad.
En contraste, estrategias como aislarse o soñar despierto, asociadas a la evasión, fueron percibidas como menos efectivas. También se identificaron estrategias que, aunque algunos niños utilizan, resultan poco útiles para ellos. “A pesar de ser tan pequeños, fueron muy claros en decir que, aunque existan estrategias como tirar cosas, golpear o gritar, no les sirven. Tienen una gran claridad emocional”, resalta Gómez.
Humanización del cuidado en oncología pediátrica
En el tratamiento oncológico pediátrico, el personal de enfermería cumple un papel clave. “Los enfermeros son quienes permanecen 24 horas con el paciente. Conocen a la familia, a los hermanos; con el tiempo se vuelven casi parte de ella”, explica Gómez Neva.
Se trata de una labor con una presencia constante y un impacto profundo durante el tratamiento. Por ello, desde la investigación en enfermería se busca mejorar continuamente las formas de cuidado.
En el Hospital Universitario San Ignacio, por ejemplo, se promueve un enfoque cada vez más humano en la atención. “El hospital abrió sus puertas al estudio para que identificáramos las necesidades de los niños que atiende”, afirma Gómez Neva. Esta apertura no se limita al personal de enfermería, sino que también involucra a las familias de los pacientes.
Una visión similar se observa en instituciones como el Instituto Nacional de Cancerología, que incorpora la experiencia de los pacientes como parte del proceso de tratamiento. María Isabel Calderón, integrante del Grupo de Políticas y Movilización Social de esta institución, explica que el objetivo en el manejo de pacientes pediátricos es evitar que la enfermedad los desconecte por completo de su vida cotidiana.
Por ello, se promueve que los niños hospitalizados puedan continuar con actividades educativas y recreativas, además de adaptar los espacios hospitalarios para que la experiencia resulte lo más positiva posible. Todo esto se acompaña de apoyo psicosocial tanto para los pacientes como para sus familias.
Mientras tanto, el semillero planea socializar sus resultados con el personal pediátrico del Hospital Universitario San Ignacio. Buscan que estos hallazgos puedan incorporarse en la práctica clínica cotidiana y contribuyan a mejorar el bienestar emocional de los niños durante su tratamiento.

