Espiritualidad y Sentido
Espiritualidad
Julio 31, 2026

La Mesa Compartida: Espiritualidad, Sazón y Afecto

Por: Juan Enrique Casas Rudbeck, SJ
Vicerrector del Medio Universitario 

De las cocinas mexicanas al sazón colombiano 

La comida es central en nuestra relación con Dios. Tras haber vivido un tiempo en México y ahora al haber regresado a Colombia hace un par de años, he venido cayendo en la cuenta, más y más, de cómo en nuestra América Latina el afecto se expresa entrañablemente a través de la comida y de que las mejores historias se tejen en las cocinas de cada hogar. 

Si en México me deslumbró la calidez alrededor de un comal y la mística de la tortilla recién hecha, hoy en Colombia me conmueve la calidez del ajiaco servido en la mesa, el compartir una arepa al desayuno o el aroma reconfortante de un buen café que convoca al diálogo fraternal.  

Enfatizo la palabra hogar, que viene de “hoguera”, entendida esta como un fuego mantenido voluntariamente para calentarse, cocinar o celebrar ritos o fiestas. Cocinar y comer juntos en casa o con las amistades, como lo hiciera Jesús en la Última Cena, es un ritual lleno de sentido y profundo significado espiritual, aunque a veces no seamos tan conscientes de ello.  

En las culturas contemporáneas, la comida nunca ha sido simplemente una cuestión de supervivencia. La comida narra la imaginación colectiva de aquellos quienes participan en los rituales cotidianos de juntarse para prepararla, luego comer y beber y, después, arreglar la mesa en la que se ha celebrado la vida. La comida involucra un conjunto de imágenes, sueños, gustos, preferencias y valores que habla de quiénes somos desde lo profundo de nuestro ser. La comida nos “habla” de los nexos comunitarios con nuestro pasado.  

Sin comida indudablemente moriríamos. Desde el vientre materno, el alimento y el vínculo son ingredientes esenciales de la receta del sentido de la vida humana. Pero esto es solo el inicio: la comida es también un asunto ético y de relevancia social, un espacio de valores, hospitalidad, salud y solidaridad. Bien aprovechada nos sostiene; mal empleada o desprovista de sentido nos deshumaniza.  
 

Encontrar a Dios en Todas las Cosas: La Sazón de San Ignacio 

El 31 de julio, al celebrar la fiesta de San Ignacio de Loyola, resonamos de manera muy especial con su intuición espiritual clave: “encontrar a Dios en todas las cosas”. Ignacio nos enseñó en los Ejercicios Espirituales que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras, y que las cosas cotidianas como el comer, el beber, la sazón y el encuentro son lugares privilegiados donde el Creador se comunica con la criatura. Ignacio incluso dedicó reglas específicas para ordenar el comer con templanza y gratitud, recordando que cada bocado puede ser una oración si se recibe con el corazón atento. 

 

El Lenguaje Bíblico del Deseo y la Hospitalidad 

En la Biblia abundan imágenes, metáforas y alegorías alrededor de la comida. La comida es algo central en nuestra relación con Dios. Desde el libro del Génesis hasta la sublime sensualidad del Cantar de los Cantares, se habla del mutuo anhelo entre el amor de Dios por nosotros y el de nosotros por Él expresado a través del lenguaje del deseo que se convierte en lenguaje de la comida.  

Los Evangelios muestran a un Jesús que nos enseña a vivir de acuerdo con la ley del amor. Una de las principales formas de amar mostradas por Jesús es compartirse a sí mismo, partiendo el pan del corazón. ¡Jesús fue radical! Él se deleitaba en la amistad y compartía la mesa especialmente con los excluidos, los pecadores y la gente común. Relatos como el de Zaqueo o la multiplicación de los panes reflejan cómo este compañerismo de Jesús resulta sanador y transformador a través de la experiencia de compartir la comida.  

Finalmente, en la Última Cena, Jesús se sienta a comer con sus amigos y amigas. Esta última comida conlleva la referencia simbólica clave para las sucesivas generaciones a través de la institución de la Eucaristía: la vida, entrega y resurrección de Jesús se conmemoran en la fracción del pan. La misión de Jesús es incluyente hasta el final, al punto de compartirse a sí mismo.  

Celebrando la fiesta de San Ignacio de Loyola y agradeciendo el itinerario de la vida, desde los comales mexicanos hasta las mesas colombianas, renovamos el llamado ignaciano a ser personas para los demás. Todos estamos invitados a sentarnos alrededor de la misma mesa, descubrir a Dios en la cotidianidad y hacer nosotros otro tanto.  

¡Feliz Fiesta de San Ignacio de Loyola!