Opinión
Elecciones
Febrero 19, 2026

La importancia del voto de los jóvenes en las próximas elecciones

Por: Daniel Felipe Lozano, estudiante de Ciencia Política, Universidad Javeriana 

En Colombia, una situación que se repite constantemente en cada jornada electoral ya sea presidencial, legislativa o local es la pregunta que muchos jóvenes se hacen: ¿para qué votar si nada cambia? Más que desinterés, esta inquietud refleja una creciente frustración frente a una política que sienten distante de su vida cotidiana. 

Cuando llegan las elecciones, el escenario suele ser el mismo: una baja participación juvenil. En muchos casos, esta ausencia se puede justificar por el desconocimiento sobre cómo ejercer su derecho al voto; en otros, por una profunda decepción hacia un modelo político que, con el paso del tiempo, ha debilitado la confianza ciudadana y desmotivado la participación. 

Desde una posición crítica y realista, es importante resaltar que votar no es un procedimiento de protocolo, un acto meramente simbólico o que implique una obligación. Por el contrario, constituye un derecho fundamental mediante el cual los ciudadanos elegimos a los representantes que moverán los hilos más profundos que sostienen a Colombia en materia social, económica y política. Sus decisiones determinan el rumbo del país, no solo durante los cuatro años de un periodo de gobierno, sino todo el futuro de nuestra sociedad. 

Para nosotros, los jóvenes, resulta aún más importante votar, porque a través del voto los ideales de las nuevas generaciones se hacen más visibles. De esta forma, podemos impulsar mejoras en situaciones clave como el acceso a una educación de calidad, ofertas laborales justas y óptimas o espacios seguros en todo el territorio nacional. Por ejemplo, en las elecciones del año pasado para los consejos de juventud miles de jóvenes entre 14 y 28 años tomaron la iniciativa: crearon propuestas innovadoras y fomentaron el ejercicio democrático, con el objetivo principal de promover estas actividades y visibilizar las problemáticas que nos afectan día a día. 

 

 La política siempre responde a quienes tienen un rol de participación activo y no con aquellos que son ausentes. 


A pesar de que poco a poco se ha ido incentivando la votación de los jóvenes mediante estos espacios y se ha fortalecido la pedagogía electoral en universidades de todo el país, en redes sociales o grupos de amigos es muy común escuchar la pregunta: "¿Para qué votar si nada de lo que hay va a cambiar?". Este interrogante es válido y está fundamentado, pero es importante destacar que el ejercicio democrático nunca ha funcionado de manera individual, sino colectiva. Los resultados electorales son precisamente la suma de millones de votos, que representan las decisiones de millones de personas expresando su intención a través de un representante o candidato. Por eso, pensar que un voto no sirve de nada es incorrecto: de voto en voto se consolida la democracia en nuestro país. 

Cuando los jóvenes no ejercemos el derecho al voto, el espacio político no se detiene. Lo que ocurre es  otros sectores más ideologizados o con una estructura social o política más sólida y elaborada lo hacen por nosotros, dando como resultado instantáneo que otros grupos tomen el rol de votantes activos, primando sus intereses por encima de los intereses de los jóvenes que, por poca información electoral o desanimo para votar, pierden la oportunidad de cambiar el rumbo de la jornada electoral y la intención de voto. La política siempre responde a quienes tienen un rol de participación activo y no con aquellos que son ausentes. 

Esto no significa que un solo voto vaya a cambiar o transformar el país a corto plazo. En muchos casos -no solo en Colombia-, el ejercicio democrático es lento y, con frecuencia, frustrante, porque no siempre se cumplen las promesas iniciales. Tampoco votar garantiza mejores gobiernos o condiciones inmediatas. Sin embargo, renunciar al voto es grave: perdemos la capacidad de incidir en las elecciones y, con ella, la legitimidad para criticar o cuestionar las dinámicas políticas. 

En definitiva, votar representa la oportunidad real de incidir en las decisiones que definen nuestro presente y futuro. La participación juvenil fortalece la democracia y permite que nuestras necesidades y expectativas tengan un lugar en la agenda pública. Porque en democracia dejar de votar significa permitir que otros definan el país que nosotros mismos tendremos que vivir.