Articulo: Economia del cuidado el verdadero corazon del problema - Hoy en la Javeriana
Especial 8M | Economía del cuidado: el verdadero corazón del problema
Camila Medina Posada
Profesional relacionamiento y prensa, Dirección de Comunicaciones
Aquí está la grieta estructural que sostiene todas las demás brechas: el cuidado no remunerado. Sin importar cuánto se reformen las leyes laborales o cuántos incentivos se creen para mejorar la participación femenina, si el tiempo dedicado al cuidado sigue estando distribuido de manera desigual, la igualdad será inalcanzable.
La Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT 2024–2025) mostró que 9 de cada 10 mujeres en Colombia realizan trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, dedicando 7 horas y 35 minutos diarios a estas tareas, frente a solo 3 horas y 12 minutos en el caso de los hombres. En regiones como Amazonía y Orinoquía, la carga femenina supera incluso las 9 horas y 47 minutos al día.
Esto significa que, mientras un hombre puede dedicar su energía a trabajar, estudiar o descansar, una mujer arranca su jornada laboral con varias horas de trabajo acumulado en casa. No es una metáfora: es una jornada doble —y a veces triple— que organiza toda su vida en función de los horarios del hogar, no de sus metas profesionales.
Johanna Gómez, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Javeriana, experta en economía del cuidado, explica: “El cuidado sostiene la economía, pero se asume como un ‘asunto privado’ de las mujeres. Ese diseño cultural empuja a muchas mujeres a la informalidad, a jornadas parciales, a renunciar a ascensos; y esa cadena termina en menores pensiones y mayor vulnerabilidad”.
De hecho, el DANE ha estimado que este trabajo no remunerado podría representar alrededor del 20% del PIB, lo cual subraya su enorme valor económico. “Si el cuidado se dejara de hacer, la economía colapsa. Pero como no se remunera ni se reconoce, queda invisible y feminizada”, puntualiza Gómez.
En 2025, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) puso en marcha la Política Nacional de Cuidado, con la triada reconocer–reducir–redistribuir: ampliar la infraestructura pública de cuidado, mejorar mediciones y coordinar servicios para liberar tiempo a quienes cuidan. “Es un paso enorme”, reconoce Gómez, “pero será papel si no llega a los barrios, a lo rural, y si los hombres no se involucran. La corresponsabilidad no es ‘ayudar’: es asumir la mitad”.
Según la evidencia y la experiencia los servicios de cuidado cercanos y accesibles (primera infancia, personas mayores, discapacidad) que liberen horas y permitan empleos formales para las mujeres; la corresponsabilidad en el hogar, es decir, distribución real de tareas entre hombres y mujeres, y la socialización temprana para que niños y niñas crezcan sin ‘roles naturales’ de género; y las trayectorias formativas completas han demostrado servir.
“No habrá igualdad sin igualdad en el tiempo que invertimos al cuidado. Podemos mejorar licencias, flexibilizar horarios y ajustar cotizaciones; todo suma. Pero si no cambia quién cuida, no cambiará quién asciende”, concluye Gómez.

