David Villamarín habla de manera reposada, como seleccionando la palabra apropiada al compartir su pasión. Inició sus estudios de biología en la Universidad Javeriana y a la mitad del programa, una asignatura lo conectó con un proyecto académico ambicioso: comenzar de manera simultánea el programa de microbiología industrial. Y para culminar sus estudios de licenciatura en las dos disciplinas eligió la microbiología agrícola.

Su trabajo de grado consistió en probar si diferentes enzimas peptinolíticas producidas por bacterias, podían incrementar el porcentaje de germinación en semillas de plantas de maracuyá (pasiflora edulis). Y encontró que algunas encimas tienen la capacidad promover ese proceso, incrementando el número de semillas que germinan.

Para explicar qué son las encimas peptinolíticas, David hace una pausa y avanza: “dentro esos componentes vegetales está la peptina, que es un polisacárido; estas enzimas son unas proteínas producidas por bacterias, por microorganismos, que tienen la capacidad de romper este polisacárido y generar unos azúcares más simples que después la bacteria usa para su alimentación”.

Dicho de manera más simple, el proceso se podría asemejar a la imagen de una pared con muchos ladrillos; “llega la enzima, rompe la pared y deja a disposición los ladrillos. Eso es lo que hace la enzima, romper ese polisacárido y dejarlo en formas más simples, en este caso los ladrillos que lo componen”.

El resultado del proceso, asegura Villamarín, es alcanzar un mayor número de semillas que germinen y, por tanto, el incremento en el rendimiento en procesos de producción de maracuyá que, no dudo, se puedan extrapolar a otras especies de Passiflora. Y esto se conecta con su pasión por la Microbiología y sus aplicaciones en la industria farmacéutica, la cosmética, la de los alimentos, la agrícola y la ambiental.

Hace un año David se vinculó al Programa GAT en calidad de estudiante de maestría, luego de haber realizado sus prácticas en el Laboratorio Asociaciones Suelo, Planta, Microorganismo -LAMIC- con la profesora Lucía Ana Díaz. Ahora sus intereses están enfocados en evaluar si hongos de micorriza que estén presentes en suelos con diferentes formas de fertilización, pueden tener un efecto sobre la producción de compuestos medicinales en la Guadua angustifolia.

El interés en esta planta se relaciona con el hecho de que sintetiza moléculas con actividad medicinal, anticancerígenas, antimicrobianas, antinflamatorias, producto de su actividad biológica. “Estos hongos podrían -es lo que yo vengo a evaluar- incrementar la producción de esos compuestos, es decir, inducir mayor concentración, mayor cantidad de compuestos. Esto le podría dar un enfoque medicinal a la producción de guadua en Colombia, y agregaría valor a su producción.

Y este es precisamente parte del trabajo del programa GAT en el proyecto Recursos vegetales con potencial farmacológico. De hecho, asegura David, además de literatura científica que soporta el hecho de que en la guadua angustifolia se encuentran compuestos con potencial acción medicinal hay un trabajo avanzado que evidencia la presencia de compuestos fenólicos, compuestos de tipo flavonoide en esta planta, que se podrían incrementar según el manejo que se de.

Las actividades de investigación en campo que lleva acabo este estudiante de maestría, tienen como sede la estación Bambusa, de Geoambiente, situada en el municipio de Pacho, Cundinamarca. Allí tiene dispuestos cuatro bloques aleatorios de plantas divididos en parcelas, cada una con 16 chusquines de guadua, utilizando dos fertilizantes químicos, un fertilizante natural y el control.

“Parte del trabajo que estoy realizando tiene que ver con evaluar si diferentes productos biológicos tienen la capacidad de contribuir con el funcionamiento que hay en el suelo y de esa forma incrementar los compuestos fenólicos, esto supone un uso menos invasivo del suelo que podría tener un efecto positivo sobre su uso”.

El trabajo de Villamarín se enfoca en evaluar si diferentes formas de fertilización tienen un efecto sobre la comunidad de hongos Glomeromycota con el fin de evidenciar si éstos, al asociarse con una planta de Guadua angustifolia, podrían contribuir o tener algún efecto sobre la producción de compuestos medicinales propios de la planta.

Villamarín está a la expectativa de los resultados que logre obtener del trabajo con sus plantas. Su deseo es que “los hongos tengan un efecto positivo, es decir que incrementen la concentración de los compuestos fenólicos de estas moléculas, eso es lo que a mi me gustaría como resultado. Esto es lo que espero con el cultivo de guadua, que al final se pueda dar un uso más verde -menos duro con el ambiente- al cultivo, con el fin de darle este enfoque medicinal, o determinar a partir de este, qué otros usos potenciales se pueden dar a la planta.”

Si bien hay una trayectoria importante en este campo, en guadua aún falta bastante por descubrir admite finalmente el investigador.

 

Contacto: Camilo Palacios Á. – comunicaciongat@javeriana.edu.co

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