¿Qué tiene que ver la lluvia con el valor de su factura de electricidad?
Le explicamos cómo se calcula su recibo de la luz y qué factores determinan la tarifa, a partir de una investigación de la Pontificia Universidad Javeriana que analiza cómo los cambios en el clima repercuten en el precio que llega a su hogar.
POR: EDWARD ALEJANDRO DÍAZ I RECURSOS GRÁFICOS: CAMILA DUQUE-JAMAICA. l
Si usted se ha preguntado por qué su recibo de la luz sube aun cuando su consumo parece igual, la respuesta va mucho más allá de dejar los electrodomésticos encendidos o de un abuso. Detrás del valor final de la factura existe un entramado de factores técnicos, económicos y ambientales, en gran medida invisibles para los usuarios, que moldean silenciosamente el precio que termina llegando a su bolsillo.
Para entenderlo, es clave mirar primero cómo se produce la electricidad en Colombia. La matriz energética del país depende de manera considerable del agua: alrededor del 65% de la generación proviene de centrales hidroeléctricas que funcionan a partir de embalses. Esto significa que el sistema eléctrico está íntimamente ligado a la disponibilidad del agua y, por lo tanto, a las condiciones climáticas. Si se modifican los patrones de lluvia y temperatura, ello incide eventualmente en el precio de su factura.
¿Qué pagamos realmente en la factura de electricidad?
Según la investigación, no todos los cobros del recibo de la luz pesan lo mismo en el valor final. En promedio, y con base en el análisis de tres empresas —Electrohuila, ESSA y Afinia (antes Electricaribe en Córdoba)— el costo se reparte así:
Generación
La producción de la electricidad en hidroeléctricas u otros.
Transmisión
El transporte de la energía por grandes líneas, desde las plantas hasta las regiones.
Distribución
El transporte de la electricidad hasta los hogares y comercios.
Pérdidas
La energía que se pierde en el camino bien sea por fallas técnicas del sistema, calentamiento de los cables, o conexiones ilegales.
Comercialización
La gestión administrativa y de facturación. Por ejemplo, la medición del consumo con el contador, la emisión del recibo, la atención de reclamos o el mantenimiento de plataformas de pago.
Restricciones
Son costos asociados a limitaciones operativas, como cuando una línea está saturada o en mantenimiento y se debe generar energía en otra planta, elevando los costos de producción.
Ahora bien, ¿cómo se ven afectados estos factores por los fenómenos de El Niño y La Niña?
Allí entra en juego el fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), conocidos popularmente como El Niño y La Niña. Durante el primero, en amplias zonas del país disminuyen las lluvias y aumentan las temperaturas, lo que reduce el nivel de los embalses y dificulta la generación de energía. Para evitar desabastecimientos, el sistema acude con mayor fuerza a plantas térmicas que producen electricidad mediante la quema de combustibles fósiles — como gas, carbón o diésel—, usualmente más costosas. En cambio, en La Niña las precipitaciones crecen, los embalses se recuperan y pueden abastecer mejor el suministro eléctrico.
A primera vista, podría pensarse que, en La Niña, la mayor disponibilidad de agua abarata la energía. Sin embargo, el precio final también depende de otros factores, que están en el centro de la investigación de Laura Pulgarín Morales, realizada en el Doctorado en Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana. Pulgarín examinó de manera sistemática cómo estas variaciones climáticas terminan reflejándose en la tarifa de la electricidad en Córdoba, Santander y Huila.*
*El estudio analizó series de tiempo mensuales entre 2009 y 2024 y realizó un análisis estadístico para observar cómo cambian los componentes de la tarifa en periodos de El Niño y La Niña, comparándolos siempre contra condiciones neutras (años “normales”):
Factor
El Niño (sequías)
La Niña (lluvias)

Generación
El costo de generación aumenta entre 9 % y 12 % en los tres departamentos.
Con menos lluvias baja el aporte hidroeléctrico y el sistema se apoya más en termoeléctricas. Primero entra gas, pero si falta gas se recurre más a carbón y, en última instancia, diésel, que es lo más costoso.
El costo de generación disminuye en Huila y Santander (3%), pero en Córdoba aumenta ligeramente (alrededor del 2 %).
Con menos lluvias baja el aporte hidroeléctrico y el sistema se apoya más en termoeléctricas. Primero entra gas, pero si falta gas se recurre más a carbón y, en última instancia, diésel, que es lo más costoso.

Pérdidas
Las pérdidas de energía crecen entre 6 % y 8 %.
Las pérdidas técnicas crecen porque el calor aumenta la resistencia de los cables; las no técnicas, porque la mayor temperatura eleva el consumo (ventiladores o nevera) e incentiva conexiones fraudulentas.
Se mantiene estable

Distribución
La distribución se encarece entre un 5% y 10%
El calor aumenta la resistencia de los cables y reduce su capacidad, y con una mayor demanda (más aires y ventiladores), la red se sobrecarga.
La distribución sube entre 3% y 15% (y transmisión 3%).
Con más lluvias, aumentan deslizamientos y tormentas eléctricas que afectan la infraestructura (postes y red). Eso obliga a reparaciones rápidas y costosas.

Comercialización
El costo de comercialización baja un poco en Huila y Santander, pero sube mucho en Córdoba.
En Córdoba, suben los fraudes (más pérdidas) y, además, al aumentar simultáneamente el precio y el consumo, la factura se dispara y más hogares dejan de pagar, elevando el costo/riesgo de recaudo y gestión comercial
La comercialización
aumenta entre el 1 y 4%

Restricciones
Las restricciones disminuyen entre un 13 y un 19% en todos los casos.
En El Niño, la energía ya es más cara por mayor uso térmico, así que ese costo adicional pesa menos.
Las restricciones incrementan hasta en un 30%
En La Niña hay más agua y más energía hidroeléctrica barata, pero la red no siempre puede transportarla toda. Cuando las líneas se “congestionan”, el sistema debe desviar flujos o usar otras plantas/rutas, y eso eleva los costos por restricciones
Las variaciones en la tarifa eléctrica no se distribuyen de manera uniforme en el territorio y cada departamento enfrenta particularidades que amplifican o matizan su impacto. Huila, por ejemplo, produce más energía hidroeléctrica de la que consume, pero esto no se traduce en tarifas más bajas para sus habitantes. Santander, debido a su geografía montañosa y a redes más costosas de operar, carga históricamente con los mayores costos de distribución, por lo que los cambios climáticos se sienten con mayor fuerza en el recibo. En Córdoba, tras el paso de Electricaribe a Afinia, persisten problemas asociados a pérdidas de energía y comercialización que han presionado al alza las tarifas.
Huila, por ejemplo, produce más energía hidroeléctrica de la que consume, pero esto no se traduce en tarifas más bajas para sus habitantes.
Santander, debido a su geografía montañosa y a redes más costosas de operar, carga históricamente con los mayores costos de distribución, por lo que los cambios climáticos se sienten con mayor fuerza en el recibo.
En Córdoba, tras el paso de Electricaribe a Afinia, persisten problemas asociados a pérdidas de energía y comercialización que han presionado al alza las tarifas.


