El mensajero del agua

El mensajero del agua

Para los wayuu, los jagüeyes —esos pequeños depósitos de forma lacustre en los que se acumula agua lluvia— son un recurso crucial para abastecerse de agua. De allí les dan de beber a los animales, riegan los cultivos y preparan los alimentos. Cuando se secan, viene la de Troya: una guerra por la supervivencia que, antes de eso, ya es bastante retadora. Con buenas intenciones, llegan entonces carrotanques con el apetecido líquido para repartir entre los habitantes o llenar los reservorios.

Pero la cosa no es así de simple, porque sobre estos la comunidad tiene una visión mística: a los jagüeyes los habitan dioses que controlan la lluvia, la sequía y el arcoíris, y que garantizan el acceso y uso del agua. Es a Pulowi (su diosa) a quien le corresponde enviar a Juya’a (la lluvia).

De ese calado es la complejidad de la situación. De ahí que para Nelson Obregón, a estas alturas de la vida —tiene 52 años—, sea tan evidente que el problema del agua, aquí y en Cafarnaúm, no es científico ni tecnológico, sino ético y psicosocial, pues cualquier solución que altere una cosmogonía o una dinámica cultural no es sostenible, a menos de que sea consensuada. Esa convicción es la que ha venido tejiendo este cucuteño emotivo y carismático que encontró en el agua un amoroso pretexto para estudiar y comprender la vida. No en vano el perfecto matrimonio entre oxígeno e hidrógeno constituye el 70 % de nuestro cuerpo y de lo que contiene la tierra.

Encontrar ese camino y transitar por él no fue una decisión premeditada, sino un acto de la Divina Providencia. No podía ser de otro modo para este espíritu creyente, fervorosamente mariano. De pequeño fue un bachiller ejemplar de la Escuela de Varones número 21 de Guaimaral, el barrio popular de su infancia. Cuando llegó el momento de decidir qué carrera seguir —un privilegio al que accedió el menor de seis hijos—, lo único que atinó a escribir en el formulario de inscripción de la Universidad Francisco de Paula Santander fue “ingeniería civil”, pues tenía solo un referente: la imagen de su padre, un hombre humilde que transportaba material y equipos de construcción en su volqueta, y que solía estar rodeado de ingenieros. A esa sucesión de fotogramas en su mente se aferró con ilusión de conocimiento y progreso.

Su historia de consagración al estudio se repitió, pese a tantas limitaciones. Pero ese solo fue el abrebocas para un hombre que estudió con hambre —literal y figuradamente— no solo su pregrado, sino también su maestría en Ingeniería Civil con énfasis en Ingeniería de Recursos Hídricos y Ambientales, en la Universidad de los Andes. Bogotá lo sedujo rápidamente y esta ciudad terminó dándole todas las oportunidades, de la mano de lo que él llama, sin rodeos, ángeles: su coterráneo y compañero de andanzas, Óscar Robayo; su profesor de maestría, Mario Díaz-Granados; y su mentor de doctorado, Carlos Puente, son solo algunos.

Aunque la capital ha sido su cuenca, su primer viaje fuera del país resultó definitivo para conjurar en él esa visión holística y esencial que lo caracteriza. En 1993 aterrizó en la Universidad de California, en Davis (EE. UU.), sin pronunciar palabra alguna de inglés, pero con la intención de asistir al investigador Puente en un proyecto puntual como auxiliar de laboratorio, encargado de hacer modelamiento matemático y computacional. Combinó su trabajo con el aprendizaje del idioma a través de lecturas técnicas, cursos cortos, el brío mismo de la subsistencia y un lenguaje universal que le arranca pasiones: el fútbol. A punta de muchos partidos, este mediocampista que proclama su afecto por el “doblemente glorioso” Cúcuta Deportivo se ha granjeado decenas de amistades.

Aquella estadía prevista para un año se extendió por un lustro, dado su creciente apetito de saber. Puente, a quien considera como un segundo papá, lo animó a hacer el doctorado en Hidrología y lo sumergió en las aguas profundas de las Ciencias de la Complejidad. “Me enseñó lo que significa ser un Ph.D., un philosophical doctor. De entrada me dijo que la hidrología no era una ciencia y que si quería entender genuinamente la naturaleza debía estudiar su fundamentación. Tomé muchos cursos de física, matemática, termodinámica, fluidos, teoría del caos, turbulencias, entre otros, que no solo me sirvieron para entender mi entorno y cimentar el conocimiento desarrollado, sino para convertirme en un mejor ser humano, que, en últimas, es el objetivo de un doctorado”, relata Obregón, en medio de una oficina austera que revela su actual grado de desapego.

El problema del agua, dice el hidrólogo Nelson Obregón, no es científico ni tecnológico, sino ético y psicosocial. 

Con título en mano, lo esperaba una tentadora propuesta de trabajo en la Bahía de San Francisco, pero sintió el llamado del terruño. En 1998 regresó a Bogotá sin ninguna oferta laboral. No obstante, él, que juega con las car- tas abiertas y es un convencido del poder de fluir —como el agua—, pronto halló su lugar: la academia. En 1999 ingresó como profesor asociado a la Pontificia Universidad Javeriana y, un año después, la Universidad Nacional de Colombia también le abrió sus puertas.

En la Javeriana, donde ya completa 21 años de trabajo ininterrumpido, ha tenido sus mayores logros: liderar la creación y dirigir la Maestría en Hidrosistemas, el Doctorado en Ingeniería y el Instituto Javeriano del Agua (IJA), un centro de investigación y pensamiento concebido para generar, articular y transferir conocimiento en torno a la gestión de este recurso vital, bajo una visión multidisciplinaria que integra proyectos de consultoría e investigación en sistemas socioecológicos, seguridad hídrica, ecosistemas y biodiversidad, aprovechamiento, conservación e infraestructura sostenible del agua, y que para ello se vale de la capacidad de las 18 facultades del alma máter.

Estos son sus tres hijos institucionales —como los llama—, aunque no los únicos. Además de otros tres de su entraña, tiene muchos hijos académicos. Aparte de los cientos que han pasado por su aula durante el pregrado, ha liderado más de 60 tesis de maestría, tanto de la Javeriana como de otras universidades, y 14 de doctorado, algunas en disciplinas distintas de la ingeniería.

Más allá de los registros de su hoja de vida —seis premios, cocreador de dos softwares, coautor de cinco libros y 53 artículos, entre otros— son sus alumnos los que le hinchan el corazón cuando piensa en un legado. Su pupila Paula Villegas asegura que “su facultad de acoger muchas áreas de estudio e integrar múltiples herramientas de trabajo me cambió mucho la mirada y la forma de resolver problemas. Es sereno, asertivo y con muy buen sentido del humor; un verdadero tutor que inspira”. Francisco Guerrero, quien fue estudiante suyo en maestría, agrega: “Una de las cosas que más recuerdo de él es esa manera que tiene de mezclar filosofía con sabiduría popular para crear una suerte de píldoras para la memoria. Una de ellas era ‘para un gallo fino siempre habrá otro gallo más fino’, con la que pretendía inculcarnos estar siempre vigilantes de nuestro ego, o ‘es más importante que el doctorado pase por usted que usted pase por el doctorado’”.

Nelson Obregón lleva más de 21 años ininterrumpidos como profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana, liderando proyectos como la Maestría en Hidrosistemas y el Doctorado en Ingeniería.

Aunque desde hace unos meses dejó de dictar clases en razón de su compromiso con el IJA, desde hace unos años Obregón se piensa a sí mismo como un profesor integrador, aquel que construye los puentes de unión del saber para poner de relieve las conexiones intrínsecas del universo. Lo conmueve tanto ese propósito que hace más de una década tomó dos decisiones aparentemente mundanas, pero para él trascendentales: no usar celular y despertarse todos los días a las dos de la mañana para pensar. “Me encanta la tecnología y hasta he dictado cursos de inteligencia artificial, pero pienso que los celulares han generado una gran despersonalización de las relaciones y han puesto en jaque una condición humana excepcional: el placer de pensar”. Ese es su mecanismo para cultivar la sabiduría de las personas y los hechos a su alrededor, y aportarles su cosecha a las comunidades y a los territorios: el lugar donde hoy está su corazón.

Página-anterior                    Siguiente-página                  Regresar-a-p51

El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

El agua en Colombia: retos y desafíos para la gestión integral, conservación y usos del recurso hídrico

Colombia cuenta con una riqueza hídrica excepcional, lo que ha permitido la formulación y ejecución de diversos proyectos de desarrollo en torno al agua, que implican grandes desafíos en su gestión diferencial e integral dentro del territorio dada la complejidad de los escenarios donde se desenvuelven. Proyectos tales como la hidroeléctrica de Ituango (Antioquia), la ampliación de la vía Santa Marta – Barranquilla, las actividades mineras del Cerrejón (Guajira), el fracturamiento hidráulico, la navegabilidad del río Magdalena y la construcción de un megapuerto en el Golfo de Tribugá (Chocó), traen consigo importantes afectaciones a los cuerpos naturales de agua y a los sistemas de que dependen de ella, causando daños irreparables en su estructura y función, para satisfacer a una sociedad en constante crecimiento.

Esto, no solo representa un riesgo para el ciclo hidrológico, ya que son cada vez más son más marcadas las transformaciones en todo el territorio nacional, sino que además se convierte en un riesgo para la salud humana y de los ecosistemas, especialmente por la aparición de enfermedades como el dengue, la alteración de los hidrosistemas, los conflictos por el uso y manejo del recurso hídrico y la falta de acceso en algunas zonas del país. Por tanto, es necesario avanzar en su conocimiento y puntualizar en decisiones fundamentadas por parte de los actores sociales e institucionales, que garanticen la sostenibilidad de los ecosistemas y el agua en el largo plazo, lo cual representa un desafío trascendental en la gestión y sostenibilidad del recurso. En este contexto, el ciclo de seminarios del Doctorado de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, invitó a distintos expertos para presentar sus percepciones y avances sobre el tema.

Es claro que la gestión del agua debe ser integrada con el territorio, donde exista una planificación participativa y articuladora que permita incluir los diversos intereses y necesidades de los actores, percepciones y conocimiento de este recurso, ya que las presiones sobre este, dependen de las dinámicas socioeconómicas y culturales en las que se encuentra inmerso. Por ejemplo, en la Represa del Cercado ubicado entre los municipios de Distracción y San Juan del Cesar (Guajira) y en el Distrito de Riego a Gran Escala de María La Baja, región de Montes de María (Bolívar), el agua es percibida como un recurso necesario en escenarios extractivos principalmente, de monocultivos como el arroz y la palma. Para lograrlo, se han construido infraestructuras al servicio de estas actividades, muchas veces con poca rigurosidad técnica y con una visión cortoplacista, afectando el acceso, uso y control del recurso de manera sostenible.

Guajira-Andres-BlancoIMG_20200202_133440974

De igual manera, la Ciénaga Grande de Santa Marta (Magdalena), ha tenido un proceso histórico de transformación del agua producto de diversos intereses de actores políticos y sociales. Desde las canalizaciones para cultivos, pasando por la ampliación de la frontera agropecuaria, la deforestación, la implementación de grandes obras de infraestructura (carreteras, diques) y la consolidación de distritos de riego, se han modificado los afluentes del sistema. Esto resulta, en una fuerte modificación del complejo cenagoso, alterando su funcionalidad y resiliencia frente a cambios futuros, limitando la oferta de servicios ecosistémicos, fundamentales para la subsistencia y cotidianidad de las comunidades, cuyos medios de vida dependen de este ecosistema.

Hablando de proyectos futuros, el Golfo de Tribugá ha tomado una relevancia reciente, por la iniciativa del gobierno actual, de desarrollar un puerto multipropósito de aguas profundas en el Chocó. Su ubicación geográfica estratégica (en el Pacífico Norte de Colombia) le confiere particularidades oceanográficas que lo diferencian del Centro y Sur del Pacífico colombiano, además de la inmensa riqueza biológica que allí se concentra. Aunque son claros los intereses de algunos sectores económicos y políticos en la construcción de este puerto, existe una preocupación por la alteración e impacto negativo que se puede generar hacia este ecosistema. Esto trae consigo desafíos en la gestión del territorio por parte de las autoridades ambientales y académicas, en el sentido de generar una planificación y gobernanza articuladora y cooperativa, que busquen garantizar la integridad del sistema.

Por otra parte, los procesos de urbanización y de expansión urbana, también alteran el ciclo hidrológico, debido a la eliminación de cobertura vegetal, la generación de residuos sólidos y líquidos, al incremento de áreas impermeables que reducen la infiltración y otras actividades asociadas. La concentración de la población en los centros urbanos y la facilidad en el acceso al recurso, gracias a la infraestructura de acueducto y alcantarillado, influyen en el comportamiento humano frente al manejo del agua en las ciudades, lo que puede llevar por una parte al uso insostenible del recurso y por otra, al almacenamiento de agua para diversos usos, que en algunos casos es mal manejado, favoreciendo la aparición de vectores que trasmiten enfermedades como el Dengue, Chikunguña y Zika, entre otras.

Es así como modelos matemáticos desarrollados por el Dr. Mauricio Santos Vega y su equipo del Grupo de investigaciones en biología matemática y computacional, de Ingeniería Biomédica de la Universidad de los Andes, buscan ayudar a entender cómo y porqué en la ciudad de Ibagué, por ejemplo, las poblaciones humanas almacenan agua para usos sanitarios y de reserva, muchas veces sin las medidas de manejo adecuadas, favoreciendo la proliferación del mosquito, vector de enfermedades virales que representan un riesgo para la salud pública de la población.

Adicionalmente, frente a las diferentes formas de ver el agua y los impactos generados sobre ella, existe la necesidad de plantear soluciones para su gestión integra y uso sostenible. Desde el análisis de narrativas y la ecología política, se puede tener una aproximación a otras formas de analizar el agua, según la profesora Catalina Quiroga y su equipo del grupo de investigación Cultura y Ambiente de la Universidad Nacional de Colombia. Más allá de tener una mirada en función de su uso del recurso hídrico para las actividades económicas, las comunidades también tienen un rol importante en asignar un significado propio en donde se ve expresada su cotidianidad, lo que les permite tanto a estas como al Estado, reconocer estas percepciones, en ocasiones antagónicas, pero que coinciden en ofrecer soluciones técnicas y políticas más acertadas de acuerdo con la realidad socioecológica de cada territorio.

Además, la Dra. Sandra Vilardy y su equipo del grupo de investigación de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, resaltan la necesidad de comprender las dinámicas dentro de los hidrosistemas abordando la gestión con base en las complejidades del territorio, a partir de la construcción de la capacidad de resiliencia de los mismos, por medio de lo cual se permita negociar los intereses y necesidades de los diversos actores que usan el recurso. Necesariamente, se debe tener una forma de gobernanza articuladora y cooperativa que incluya elementos basados en la memoria e identidad del territorio, la diversidad ecológica, las innovaciones, el aprendizaje y la adaptación.

Asimismo, resalta la necesidad de consolidar redes de interacción hacia esferas policéntricas, multinivel, multidisciplinarias y con los habitantes, que complementen las debilidades institucionales, reconociendo las limitaciones y sesgos en la comprensión de los fenómenos ecológicos, sociales y culturales, para generar y divulgar información, así como para el diseño de herramientas de política pública y gestión territorial, como insumos para asesorar a los tomadores de decisiones, y que permita revitalizar el capital social, humano y el bienestar de los pobladores.

Otro aspecto a considerar es la búsqueda de alianzas estratégicas con universidades, organizaciones locales y otras instituciones de investigación, que permitan generar estudios científicos con mayor rigurosidad y de alta calidad, a fin de obtener información más acertada, que complemente la evaluación de impactos y riesgos ambientales para la toma de decisiones. Este es el propósito de la Dra. Natalia Botero, directora de la Fundación Macuáticos, durante su estancia postdoctoral en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, quien en conjunto con otras instituciones, como la Universidad de los Andes, la Comisión Colombiana del Océano y Applied Ocean Sciences, busca realizar estudios que permitan obtener informaciones de línea base para los tomadores de decisiones sobre los impactos que pueden tener contaminantes como el mercurio o como el ruido generado por el tráfico marítimo en la salud de las ballenas jorobadas, en áreas estratégicas para su reproducción como es el Golfo de Tribugá.

También es importante promover espacios de discusión con distintos actores sociales dentro de los cuales se visibilicen los impactos ambientales que pueden ocasionar los diferentes proyectos de infraestructura, minería, hidrocarburos, urbanísticos y asociados, tanto para las comunidades locales como para los ecosistemas. Es aquí, donde cobra importancia el enfoque socioecológico que incluye la complejidad del sistema: sociedad y entorno natural, y que aún hoy, se continua en proceso de exploración y entendimiento, donde exista una mirada sistémica y no sectorial para generar soluciones a los problemas relacionados con el agua. Además, debe existir una interdisciplinariedad en el análisis, que permita articular los marcos conceptuales y tratar de acercarse a la realidad de los impactos y relaciones causales, con el fin de entender los mecanismos por los cuales se generan estos problemas.

En este contexto, según el Dr. Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, resulta necesaria la evaluación de los impactos ambientales ex-ante dentro de un marco de sistemas socioecológicos, utilizando las herramientas tecnológicas disponibles con el fin de tratar de modelar los efectos que pueden generar los proyectos y actividades humanas en diferentes escenarios sociales y naturales, articulando los instrumentos de política pública, algunos como planes de ordenamiento territorial, planes de riesgos ambientales, planes de gestión y conservación del recurso hídrico. Este nivel de análisis permite cuestionarse si los instrumentos establecidos son realmente eficientes o si, por el contrario, a pesar de que se cuenta con un amplio número de ellos, en la práctica, son inoperantes.

En definitiva, el agua debe entenderse como un eje articulador del territorio, que soporta el funcionamiento de los ecosistemas, la diversidad biológica y el desarrollo social, y por ello, su gestión integral debe ser prioritaria, pues a partir de ella se construyen realidades socioculturales y se moldean los socioecosistemas. Referirse a la sostenibilidad del territorio en torno al agua, y a su relación con la esfera socioeconómica y cultural de las regiones a diferentes escalas, en un marco de análisis de los sistemas socioecológicos, permite comprender al agua, no sólo como un servicio ecosistémico de suministro, sino como un componente fundamental para hablar de planeación ambiental del territorio, estructura ecológica y servicios ecosistémicos. De manera complementaria, incorporar nuevas formas de trabajo en redes, que articulen los instrumentos de planificación del agua y el territorio desde lo local, lo regional hasta lo nacional, es una necesidad para crear una coordinación interinstitucional que aporte a la sostenibilidad ambiental de los hidrosistemas de nuestro territorio.


* Autores: Rosa Hernández-Gómez, Clara Morales-Rozo, Hélmer Llánez, José María Castillo, Natalia Espinosa, Andrés Blanco, Andrea Luna-Acosta.

¡Hasta pronto, Antártida!

¡Hasta pronto, Antártida!

En los últimos días tuve la oportunidad de conocer la base italiana Mario Zucchelli. Nos organizaron por grupos para poder bajar y pisar por primera vez la Antártida. En aproximadamente dos horas hicimos un recorrido para conocer las instalaciones de la base y a algunas personas que trabajan allí; nos llevaron también a una casita de madera donde todos los que visitan la base escriben lo que quieran y plasman su firma. Fue una experiencia diferente e interesante, pues llevábamos más de un mes abordo, sin hacer mucho ejercicio y con el movimiento constante del barco.

Luego llegó el día del adiós. Dejamos el ‘Continente Blanco’ y tomamos rumbo a Nueva Zelanda. En ese instante me di cuenta de que el tiempo se había acabado. No sé en qué momento se pasaron casi 30 días en ese paraíso. Nos encontrábamos en frente de la estación italiana cuando la jefe científica de la expedición hizo sonar la bocina del barco en tres ocasiones, en señal de despedida. Yo simplemente me quedé afuera, observando el hermoso paisaje, mirando por última vez al volcán Melbourne, un volcán activo de alrededor 2700 metros de altura. En ese momento empecé a tomar fotos de la espectacular Antártida y me embargaron muchos sentimientos, no pude evitar que las lágrimas rodaran por mis mejillas. Sentí mucha alegría por haber tenido esta mágica experiencia, pero mucha tristeza por dejar el que, para mí, es el lugar más hermoso de la Tierra. Tengo mucha gratitud con el universo y con todas las personas que hicieron posible que este sueño se hiciera realidad. Hay muchos deseos de repetirlo.

Volcán Melbourne
Volcán Melbourne.

Así empezamos seis días de navegación con rumbo a Lyttelton (Nueva Zelanda). Desafortunadamente nos tocó pasar entre dos tormentas en el Pacífico Sur, por lo cual el movimiento se hizo más fuerte a medida que salíamos del mar de Ross. Tengo que confesar que no fueron días muy placenteros, de nuevo muchos de los investigadores se sintieron mal y tuvieron que pasar el mayor tiempo del viaje en cama. Yo sentía un poco de dolor de cabeza, pero lo malo es que no se puede hacer ninguna actividad, no podía sentarme a trabajar en el computador porque me mareaba, solo estuve los dos primeros días en el puente de la embarcación tratando de ver algún mamífero marino, luego me tocó estar en la parte más baja del barco, conversando con otros investigadores, tratando de tocar guitarra, tratando de hacer que el tiempo pasara rápido. Sin embargo, le dije a un investigador que si ese era el precio que tenía que pagar para ir a la Antártida, estaba dispuesta a pagarlo todas las veces que fuera necesario.

Cuando nos encontrábamos llegando a Nueva Zelanda, el clima se calmó un poco y pude volver a retomar los avistamientos. Así fue como observé saltando el lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri), sacando su cabeza del agua para ver el bote y nadando en varias ocasiones.  Su distribución se restringe a Nueva Zelanda y al suroccidente de Australia; puede llegar a medir entre 1.5 y 2 metros; tienen orejas externas y aletas traseras que rotan hacia delante; pueden bucear de 10 a 15 minutos y bajar a profundidades de hasta 300 metros. En la isla sur de Nueva Zelanda hay varias colonias de esta especie.

 

Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)
Lobo marino de Nueva Zelanda (Arctocephalus forsteri)

El último avistamiento que tuve fue el de los delfines de Héctor (Cephalorhynchus hectori). Fueron solo dos minutos en los que cuatro individuos se acercaron a la embarcación, luego jugaron en la proa y desaparecieron. Esta especie es endémica, es decir que solo la podemos ver en Nueva Zelanda. Desafortunadamente esta especie se encuentra en peligro de extinción, las mallas de pesca han sido las principales responsables de su estado de amenaza ya que muchas son hechas con materiales muy delgados y que en muchos casos estos animales no detectan cuando se alimentan. Este es uno de los cetáceos más pequeños, llegando a medir aproximadamente 1.5 metros y a pesar aproximadamente 50 kilogramos.

Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)
Delfín de Héctor (Cephalorhynchus hectori)

Quiero agradecer a la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana, especialmente al director del Departamento de Biología, Carlos Rivera Rondón, y a la productora general de la revista Pesquisa Javeriana, Claudia Marcela Mejía Ramírez, por su trabajo, apoyo y compañía, para vivir este sueño conmigo. También al jefe de la expedición, Riccardo Scipinotti, quien con su esfuerzo y alegría constante generó un muy buen ambiente de trabajo abordo; además, gracias a toda la tripulación del buque Laura Bassi y a los  investigadores con los que compartí momentos que quedarán por siempre en mi memoria.

>> Conoce aquí la aventura completa.


* La participación de la egresada javeriana en biología Nohelia Farías Curtidor a esta expedición cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

De mentiras y bichos: lea nuestra nueva edición impresa

De mentiras y bichos: lea nuestra nueva edición impresa

No se pierda las más recientes investigaciones sobre entomología, ambiente, filosofía, economía, salud y botánica en las páginas de la tercera edición de 2019 de la revista Pesquisa Javeriana.

Encuentre en nuestras edición número 49:

  • La radiografía que tres filósofos javerianos realizan de la mentira política, la estrategia de los políticos, usada principalmente en época de campaña electoral, de ofrecer información falsa con un objetivo calculado de antemano.
  • Colombia aún tiene mucha biodiversidad por descubrir. Por ejemplo, se estima que quedan al menos 65.000 especies de insectos por ser identificados, muchos de los cuales serían chinches. ¿Por qué son tan raros? ¿Cómo se comunican? ¿Cómo eligen a su pareja reproductiva?
  • La investigación académica que se adentró en la selvas del Guaviare para, inicialmente, centrarse en la relación de los campesinos con el ambiente, y que derivó en el fortalecimiento de los procesos ecoturísticos de la región.
  • La gesta de una microbióloga, una abogada y un químico para llevar agua limpia a más de 1.800 pobladores de Simití, en el departamento de Bolívar.
  • Aserrín y bacterias componen el desarrollo javeriano que creó un abono orgánico de alto rendimiento. Gracias a ello recibió la concesión de patente en Estados Unidos.
  • Investigadoras de la Javeriana Cali adelantan una exhaustiva clasificación de las diferentes variedades de vainilla silvestre que se dan en Colombia; su cultivo tendría grandes réditos económicos.
  • Conozca los avances médicos para salvarles la vida y fortalecer la unión en familias cuyos hijos nacen con cardiopatías congénitas y malformaciones faciales.
  • La investigación que llevó a economistas, financieros, contadores y abogados de diversas universidades colombianas a proponer una reforma fiscal más efectiva, justa y equitativa que la aprobada por el Congreso.
  • Perfil de Carlos Andrés Vergara, el joven médico que investiga nuevos métodos para tratar el cáncer de cuello uterino.
  • Reseña de Historia, nación y hegemonía. La Revolución Bolivariana en Venezuela (1999-2012), el libro que analiza el ascenso, evolución y crisis del modelo chavista en el vecino país.

Nuestra edición circula hoy, con la edición dominical que el diario El Espectador entrega a sus suscriptores. Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor, puede acceder a la versión digital, en formato PDF, por medio de este enlace.

Un instituto para el agua

Un instituto para el agua

Conocer las consecuencias ecosistémicas de construir obras como Hidroituango, entender las dinámicas del agua en el rio Magdalena, analizar las implicaciones ambientales del fracturamiento hidráulico, o fracking, y aportar a la discusión sobre la implementación de macroproyectos como el canal de Dique en la región de la Mojana, al norte de Colombia, y la ampliación de la vía Santa Marta – Barranquilla, son algunos casos en los que, de ahora en adelante, el Instituto Javeriano del Agua (IJA) participará con sus aportes, conceptos y visiones tras su lanzamiento, el 30 de julio, en la Pontificia Universidad Javeriana.

De acuerdo con Nelson Obregón Neira, doctor en ciencias hidrológicas y su actual director, estos son algunos ejemplos que conforman los nuevos retos que asumirá el centro de pensamiento, pues, además de pensarse como un ente integrador, interdisciplinar y multisectorial, el IJA tiene el compromiso de generar, aplicar y transferir un conocimiento científico capaz de aportar al manejo racional de los recursos naturales, contribuir a los procesos de transformación social y de construcción de paz, y favorecer la solución de problemas en la gestión integral del agua en el país.

“La lucha por el agua y el problema de escasez no solo son asuntos de grandes ciudades como Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, sino también son problemas que hacen parte de la realidad colombiana”, reconoció Alexis Carabalí Angonla, profesor de la Universidad de La Guajira durante el lanzamiento del IJA, quien además puso de ejemplo a su departamento porque “en Rioacha, la mayoría de los pobladores, reciben el líquido una vez por semana, mientras que en ciudades como Maicao, Uribia y Maure, el suministro de agua no llega pues depende de los carrotanques que dan el servicio en una mezcla de inoperancia y corrupción por parte de los entes locales”.

El IJA trabajará en cuatro líneas base de investigación: gestión del recurso hídrico y sistemas socioecológicos; seguridad hídrica; el recurso hídrico, ecosistemas y biodiversidad, y el aprovechamiento, conservación e infraestructura sostenible del agua. Estas temáticas se articularán con experiencias provechosas de países referentes como Israel, el cual, a pesar de sostener una relación de supervivencia con el ambiente por cada gota de agua y rayo de sol que recibe, cuenta actualmente con un sistema de riego por goteo que permite cultivar en condiciones de sequía, así como asegurar el récord mundial de reciclaje de aguas residuales y la planta de desalinización más avanzada del mundo en Askelon, tal como lo resaltó Marco Sermoneta, embajador israelí en Colombia.

Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, durante el evento de lanzamiento. / Tatiana Avellaneada - FEAR
Nelson Obregón, director del Instituto Javeriano del Agua, durante el evento de lanzamiento. / Tatiana Avellaneda – FEAR

Para Obregón, el IJA se centrará en generar valor agregado en torno al recurso hídrico por medio de dos estrategias: “Con proyectos especializados que requieren la participación de varias disciplinas en las regiones, o con grandes proyectos en áreas hidrográficas como en el Amazonas”.

De momento, la investigación Oportunidades para el abordaje de escenarios complejos de desaparición es su primicia, y con ella el Instituto aportará conocimientos en mecánica de fluidos y una articulación de trabajo interdisciplinario con el apoyo de las ciencias forenses para identificar posibles sitios donde estarían los cuerpos de víctimas de desaparición forzada por el conflicto armado colombiano, mientras que simultáneamente se prepara para responder al papel que debe asumir el agua en los 17 objetivos de desarrollo sostenible propuestos por la Organización de las Naciones Unidas, en pro del desarrollo y bienestar de las comunidades.

*Reviva en este video el evento de lanzamiento del IJA.

 

Para leer más:

No te pierdas nuestra nueva edición impresa

No te pierdas nuestra nueva edición impresa

La segunda edición de 2019 de la revista Pesquisa Javeriana circula a partir de este domingo, 21 de julio, con las más recientes investigaciones sobre ciencia, salud, ganadería, sociología e historia, entre otras disciplinas.

Encuentre en nuestras páginas:

  • La investigación liderada por académicos de la Pontificia Universidad Javeriana que busca reevaluar los mitos sobre el cultivo de palma de aceite en Colombia, como la propiedad de las tierras en que se siembra y las grandes cantidades de agua que se emplean por hectárea cultivada.
  • Informe especial sobre los avances científicos para combatir el virus de leucosis bovina (VLB), el puede perjudicar la salud humana.
  • La historia del filósofo javeriano que esculcó las obras de Immanuel Kant para descifrar su afirmación de que el Salto del Tequendama era la caída de agua más alta del mundo, encontrando, de paso, alusiones a la expedición del naturalista Alexander von Humboldt por la Nueva Granada.
  • El proyecto entre la academia y la comunidad de Bosa que generó nuevos diálogos e interacciones a través de un mural, y cómo esta estrategia busca rescatar tradiciones culturales milenarias.
  • Los proyectos de innovación en salud para mejorar las vidas de pacientes con falla cardiaca y con la enfermedad hereditaria de Morquio A.
  • La llamada de nuestro Editorial para que se aproveche el actual momento de la ciencia colombiana y se diseñe una verdadera política pública que la consolide.
  • El análisis académico que le mide el pulso a la evolución de la economía colombiana durante los últimos 67 años.
  • Perfil de Nini Vanesa Rueda, la joven ingeniera electrónica que trabaja para encontrar soluciones a la contaminación del agua por medio del plasma frío.

No se pierda el homenaje que en nuestras páginas hacemos a la investigadora académica Maryluz Vallejo, quien ha dedicado sus investigaciones a escudriñar diversos aspectos del periodismo en Colombia. Encuentre todos estos temas en la edición que el diario El Espectador destina a sus suscriptores.

Si usted desea consultar el contenido de nuestra edición impresa y no es suscriptor de El Espectador, puede acceder a la versión digital de la revista, en formato PDF, por medio de este enlace.

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Los peces de agua dulce vistos con otros ‘ojos’

Para estudiar a los animales es necesario conocerlos, verlos en vivo, seguirlos día tras día, descubrir sus costumbres, incluso tocarlos. ¿Y qué pasa cuando se trata de los peces de agua dulce que, por lo general, no los vemos en su ambiente natural y son tan rápidos y escurridizos que literalmente se ‘escapan entre los dedos’, como por ejemplo estas miniaturas?

/ Jorge Enrique García-Melo
/ Jorge Enrique García-Melo

Estos peces, muy pequeñitos y transparentes (Belonion dibranchodon y Gymnorhamphichthys rondoni), se encuentran en las remotas aguas del río Bita (Vichada), uno de los primeros afluentes protegidos en el mundo. Son especies que por sus características muy pocas veces han sido documentadas en vivo.

Para describirlas científicamente, los ictiólogos (biólogos dedicados al estudio de los peces) regularmente lo hacen a través de especímenes de museo, pero características como los colores o la forma de nadar pueden no ser tan evidentes debido a la falta de métodos estandarizados en campo que permitan su documentación en vida, especialmente en áreas apartadas.

Esta situación impide ver la multitud de formas, colores y adaptaciones de las casi 1.500 especies con las que cuenta el país, posicionándolo como el segundo grupo vertebrado más diverso después de las aves. Pero, ¿qué se puede hacer para VER todas sus características?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Investigadores javerianos, docentes de las universidades del Tolima y de Ibagué y de la Institución Educativa Técnica Ismael Santofimio Trujillo, de la capital tolimense, desarrollaron un sistema de fotografía de peces y otros organismos acuáticos usando un innovador acuario para capturarlos en acción, obteniendo fotos de alta calidad y con un alto grado de detalle. ¿Alguna vez había pensado, por ejemplo, en las diferentes bocas de los peces?

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

La posición y la forma de la boca es una característica muy especial; se relaciona con sus costumbres alimenticias —no todos los peces tienen los mismos gustos gastronómicos— y son datos importantísimos para clasificar las especies, es decir, para realizar su taxonomía.

Por ejemplo, el siguiente detalle  fue revelador para los científicos, pues muestra la disposición de los poros del sistema latero-sensorial de su cabeza, que, en el caso de este pez eléctrico (Sternopygus aequilabiatus), les permite detectar a su presas y potenciales depredadores.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Con esta innovación técnica es mucho más fácil  fotografiar diferentes especies que regularmente viven en los mismos ambientes de los ríos. El movimiento —o baile— captado por la cámara expresa la naturalidad y el dinamismo que tienen los peces; así se convierte en una herramienta clave para la difusión, educación y conservación.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

Llegó el momento de conocer este equipo que han bautizado con el nombre de Photafish. De acuerdo con el biólogo y fotógrafo Jorge E. García-Melo, es un sistema práctico, portátil, versátil y económico que puede implementar en campo cualquier persona con conocimientos mínimos de fotografía. Puede llevarse a lugares lejanos durante expediciones biológicas y se instala en tan solo 15 minutos.

“El sistema tiene tres componentes esenciales: el equipo fotográfico (cámara, lente, trípode); el Acuario Ensamblable para Fotografía (APP), construido en acrílico y vidrio templado; y la iluminación (flashes y fondos). Además, cuenta con algunos accesorios que facilitan la obtención de imágenes en sitios remotos donde es difícil acceder a agua transparente, como, por ejemplo, un sistema de filtrado para reutilizar el agua y una lámpara conectada a una batería recargable para hacer fotos en la noche, con la posibilidad de alternar entre fondos negros y blancos de manera rápida”, explica García-Melo.

Los investigadores pensaron en todo: explican que los fondos homogéneos de las fotos permiten enfocar la mirada del espectador solo en el pez y contemplarlo en toda su dimensión, eliminando aquellos elementos distractores  que lo rodean. Pero también concluyeron que es importantísimo el uso de fondos negros y blancos, porque cada uno puede acentuar un color diferente en alguna estructura del cuerpo, como las aletas. Además, sugieren intercambiar los fondos para conseguir información más precisa.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

De esta forma, los autores introducen el término Fotos Taxonómicamente Informativas, o TIPs por sus siglas en inglés (Taxonomically Informative Photos), para referirse a “una imagen auténtica y de alta calidad tomada en campo, de la cual es posible extraer información útil para la identificación o descripción precisa de un organismo con un alto nivel de confianza. El sistema permite obtener TIPs gracias a que el uso del acuario facilita la toma de una gran cantidad de fotos de los organismos en diferentes planos. Así, el pez permanece vivo mientras se fotografía con diferentes niveles de detalle”, explica García-Melo.

/Cristian Granados
/Cristian Granados

Este producto es parte del estudio de doctorado del ictiólogo javeriano Jorge E. García-Melo, en cuya investigación también participaron sus hermanos, el biólogo Luis J. García-Melo y Jesús D. García-Melo; la bióloga Diana K. Rojas-Briñez y el ecólogo Giovany Guevara, así como el profesor investigador Javier A. Maldonado-Ocampo (QEPD).

Todos ellos son autores del artículo Photafish system: An affordable device for fish photograhpy in the wild, publicado en febrero de 2019 en la revista Zootaxa.

Fotografías como esta son posibles gracias a Photafish.

/Jorge Enrique García-Melo
/Jorge Enrique García-Melo

“Sin el Photafish System, conseguir la imagen de la boca desde una vista dorsal hubiese sido casi imposible”, explica Jorge García-Melo. La especie —Gnathodolus bidens— “se caracteriza por tener una boca muy extraña, de forma invertida, poco común entre los peces, con una modificación que les permite alimentarse en sitios asociados a raudales con muchas rocas y donde son notoriamente difíciles de muestrear, como lo son los hábitats en el río Vaupés”.

Y tiene razón: lo lograron con la ayuda de la comunidad local indígena donde se encontraban el pasado mes de marzo, “entre ellos, niños que tenían claramente más habilidad que nosotros para pescar. Fue una de las últimas fotos hechas junto a Javier Maldonado utilizando el Photafish System, precisamente el día de nuestro accidente”.

Phota 11

Para ellos lo importante no es solamente aportar nuevo conocimiento a la ciencia, sino compartirlo con otras audiencias, mejor aún si es con las mismas comunidades que les ayudan a realizar su trabajo en campo. García-Melo recuerda a Maldonado diciendo que el Photafish “era un gran aporte a la ictiología neotropical porque permite democratizar la fotografía de peces”. En esa salida al Vaupés también cumplieron con ese objetivo: “Hacer las fotografías en campo y, con la ayuda de un panel solar, una impresora portátil y una laminadora, entregar las fotografías impresas a las comunidades locales (en este caso, indígenas), para apropiarles de ese intercambio de conocimientos que se estaba generando de manera inmediata. No pueden imaginar la forma en que se sorprendían estos pescadores viendo sus peces más diminutos o coloridos, ‘vistos con otros ojos’”.

El equipo ya se encuentra trabajando en la versión 1.1 del sistema y el desarrollo de una posible patente, la cual incluye varias mejoras en cuanto a portabilidad, comodidad para el transporte y uso. Lo presentarán durante el XV Congreso de Ictiólogos Colombianos y el V Encuentro de Ictiólogos Suramericanos, que se realizará los días 15 y 16 de julio de 2019 (Enlace a) en Medellín, en donde rendirán un homenaje póstumo al profesor Maldonado; allí, los investigadores dictarán un curso sobre el Photafish System.

Norcasia, el edén al que le quitaron el agua

Norcasia, el edén al que le quitaron el agua

‘Don Clemiro’, como le dicen sus vecinos en el corregimiento de Berlín, en el departamento de Caldas, se despierta todas las mañanas para disfrutar del amanecer desde su finca ‘Media divisa’. Él no necesita ni de gallos o alarmas para hacerlo. A sus 64 años, y con 10 hectáreas por cultivar, lo único que le preocupa es que haya agua en su vereda, tierra bien abonada y que el machete de mango negro y la peinilla estén afilados.

Clemiro Calderón es fuerte, de manos firmes y piel trigueña. Ha pasado más de 30 años labrando la tierra y horas enteras entre árboles, cortando la maleza al unísono del roce de sus botas con las hojas secas sobre el suelo. Su mayor placer es escuchar el sonido del agua viajando por las quebradas que bordean su finca; sin embargo, la corriente de agua dejó de sonar desde hace aproximadamente 10 años.

De los cántaros que llenaba con agua para regar sus plantas no queda sino el recuerdo, y eso se debe a la construcción del Transvase Manso, obra hidráulica entre los municipios de Samaná y Norcasia, que secó 22 quebradas.

El problema, según recuerda Clemiro, inició con la construcción de un túnel para llevar el agua del río Manso hasta la quebrada Santa Bárbara y, luego, al embalse Amaní de la central hidroeléctrica Miel I.

Este proyecto hidráulico, Transvase Manso, fue diseñado por Isagen en 2010 para aumentar la capacidad de producción de energía de la represa Miel I; sin embargo, la obra trajo consigo graves consecuencias para la región, denunciadas por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, ANLA, como el rompimiento de los acuíferos —bolsas subterráneas de agua—, la filtración de este líquido a través de las paredes del túnel y la reducción en los afluentes que abastecían las quebradas en el municipio de Norcasia. Eran las mismas que no solo don Clemiro, sino un grupo de campesinos usaban para sus actividades diarias.

 

Ante esta delicada situación y para evitar la suspensión del inicio de operaciones del Trasvase rio Manso, lsagen se comprometió a adelantar actividades de restauración ecológica de los ecosistemas terrestres y acuáticos afectados y desarrollar programas de reparación social teniendo en cuenta a los propietarios de las fincas.

Y fue en febrero de 2014 que la empresa contactó a José Ignacio Barrera, docente del departamento de Biología, de la Facultad de Ciencias de la Javeriana, y a Milena Camargo, ingeniera forestal, ambos de la Escuela de Restauración Ecológica (ERE) adscrita a la universidad, para que crearan e implementaran estrategias de recuperación del ecosistema.

“Hicimos un estudio del impacto ambiental y un ejercicio de planificación respecto a la restauración ecológica”, dice Héctor Javier Sandoval, representante ambiental de Isagen, quien menciona que “el grupo de profesionales contratado hizo un análisis de la información en la zona y luego formuló los proyectos de rehabilitación ambiental a partir de diagnósticos, mapas de cobertura, los factores limitantes y tensionantes en el ambiente”.

Norcasia E2-1


Acciones restauradoras

El proyecto de restauración ecológica de los municipios de Norcasia y Samaná, en Caldas, inició a finales de 2014 con dos objetivos: restablecer la estructura, función y composición de las microcuencas afectadas con la construcción del túnel, y mejorar las prácticas ecológicas con el apoyo de las comunidades través de actividades de restauración de la vegetación.

Para lograrlo, el equipo de trabajo de la ERE le apuntó al cumplimiento de tres metas: determinar y construir los planes de restauración, luego desarrollarlos en las veredas o fincas afectadas con la construcción del Transvase y, finalmente, examinar la continuidad de las estrategias de recuperación en la región.

Milena Camargo recuerda que intervinieron 720 hectáreas durante esta etapa, incluyendo las fincas aledañas a las quebradas. La metodología, explicó, consistió en “buscar información sobre qué producían las comunidades antes de la construcción del transvase y luego de ello. Se hicieron salidas de campo para caracterizar la vegetación, fuimos a las veredas y fincas para observar las especies […]. Luego, con la información recogida, empezamos a trabajar en el diagnóstico”.

La primera etapa duró un año (2014-2015). En ella, cinco profesionales y cuatro auxiliares de campo, expertos en el tema, crearon el Plan de restauración ecológica del trasvase río Manso y el Plan de conservación de la especie amenazada Gustavia romeroi, árbol propio de las zonas tropicales en Suramérica que actualmente está en condición de amenaza (EN) debido a la deforestación y a las actividades agropecuarias en los departamentos de Cáldas, Antioquia y Santander.

En este periodo el grupo de investigadores encontró que la construcción del túnel no solo afectó las condiciones de reproducción y alimentación de especies como la rana endémica del Magdalena Medio, Pristimantis viejas, o la salamandra de bosque húmedo, Bolitoglossa lozanoi, también perturbó el estado de conservación de la especie Gustavia romeroi, mejor conocida como ‘Chupo rosado’.

A inicios de 2016 se desarrolló la segunda etapa del proyecto. Para ese momento, la ERE ya había visitado las comunidades, presentándose como “los doctores del ecosistema”, para hacerles saber que les estarían informando sobre los síntomas del territorio y la ‘receta’ para curarlos.

“En esta fase lo que buscamos fue tener una salud integral del territorio”, dice Milena Camargo. “Encontramos zonas afectadas por intervención del ser humano y, en ese sentido, necesitaban ser recuperadas, rehabilitadas o restauradas para cumplir nuevamente sus funciones ecosistémicas”, añade, motivo por el cual el equipo de investigadores creó cuatro estrategias de restauración para llevar a cabo con las comunidades.

La primera consistió en la recuperación de nacimientos de agua mediante la plantación de especies nativas; luego, se sembraron árboles en parcelas aisladas del ganado para evitar que los bovinos dañen su crecimiento —sistema silvopastoril— y a la orilla de las quebradas, con el propósito de formar corredores de arbustos —riparios— para proteger sus cauces.

En tercer lugar, tanto la comunidad como el equipo de investigadores hicieron cercos vivos con árboles para delimitar las fincas y plantaron palos de aguacate y cacao —sistema agroforestal— para potenciar las actividades productivas de los campesinos afectados con la construcción del Transvase.

Finalmente, la ERE trabajó en la estrategia de participación social a través de mingas o convites en donde los habitantes del corregimiento de Berlín y los estudiantes de la clase Restauración de ecosistemas, de las facultades de Ciencias y de Estudios Ambientales y Rurales de la Javeriana, tuvieron un encuentro de saberes para socializar prácticas de restauración ecológica. Cabe destacar que José Ignacio Barrera, líder del proyecto, también es el docente de esta asignatura.

“Una de las cosas que hacemos desde el curso  consiste en traer a los alumnos a los proyectos que se manejan desde la Escuela para que compartan en campo las vivencias con los campesinos, vivan de primera mano todo y ayuden a construir los procesos”, indica Barrera. “El propósito de estas actividades es pensar el tema de la rehabilitación ambiental para mejorar las tierras degradadas por intervención del hombre o por causas naturales”, resume.

Norcasia E2-2


Contexto y cierre del proyecto

Pesquisa Javeriana estuvo presente en el cierre de la segunda etapa de la investigación que se llevó a cabo en las instalaciones del Colegio Institución Educativa Berlín, en el municipio de Samaná.

Allí, los investigadores presentaron los resultados obtenidos hasta abril de 2018, entre ellos: 13 núcleos de facilitación del proceso de restauración del ecosistema, ocho corredores riparios, la implementación de sistemas silvopastoriles en 15 hectáreas, talleres con las comunidades para enseñarles a hacer compostaje y abono orgánico, la creación de viveros en la escuela de Berlín y el diseño de los planos de las fincas hechos por sus dueños, quienes dibujaron los mapas del estado actual de sus terrenos y de cómo quieren verlos en un futuro.

“Esta investigación ha sido muy importante porque ahora sabemos que se nos ha estado secando el agua, la fauna y flora inclusive. Conocemos la deforestación tan tremenda que ha habido”, dice ‘Don Clemiro’ mientras reacomoda su un sombrero blanco. “Ahora sabemos que podemos restaurar lo que se ha perdido, sabemos que hay que hacerlo muy bien”.

Norcasia E2-3
El encuentro también contó con la presencia de delegados de Isagen, representantes de las veredas, asociados e investigadores de la ERE, la banda musical del colegio y más de 30 estudiantes javerianos, quienes, además de compartir sus conocimientos con los pobladores, participaron en actividades de restauración ecológica como la siembra de árboles de aguacate y cacao en la finca ‘Media divisa’, la limpieza de la bocatoma de Berlín y la presentación de la primera guía de conservación de la especie Gustavia Romeroi a la comunidad educativa.

Aunque estos resultados son positivos, aún son bastantes los retos que se presentan de cara al futuro. Uno de ellos, de acuerdo con los investigadores javerianos, es pensar iniciativas de restauración ecológica a largo plazo y evaluar cómo pueden perdurar durante el tiempo.

“La idea es que las personas se apropien de los conocimientos y las comunidades los entiendan. Es decir, que todos estos métodos que iniciamos puedan tener una continuidad”, menciona Barrera. Por su parte, Camargo añade: “Cuando los proyectos son de corto plazo, muchas veces las inversiones que se hicieron en tiempo y en dinero no se ven y eso es un aspecto importante, porque se pueden retrasar los procesos”.

Así, finalizada esta segunda etapa, el equipo de trabajo de la ERE se encuentra a la espera de una nueva contratación por parte de Isagen para continuar con la tercera fase de seguimiento a las estrategias implementadas en Norcasia. Con el fin de que no solo el ecosistema se restablezca para que mejoren las prácticas sostenibles de personas como Clemiro Calderón, Luis Wilches, y Luis Eduardo Loaiza, campesinos de la zona, sino que también sus lazos interpersonales se afiancen a pesar de las diferencias políticas y sociales que han tenido tras años de diferencias surgidas por el conflicto armado que ha afectado a la región.

La continuidad del proyecto se definirá luego de que profesionales ambientales de Isagen evalúen las propuestas hechas por oferentes a través de un proceso de licitación pública.

“Nosotros quisiéramos estar trabajando acá en una tercera fase porque creemos que todavía hay mucho por hacer, hay estrategias que no se han desarrollado en su totalidad y, sobre todo, en las áreas de las fincas privadas”, reconoce Milena Camargo.

Norcasia E2-4

Luz ultravioleta purificadora de agua

Luz ultravioleta purificadora de agua

En 2010, investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana propusieron una forma de desinfectar agua por medio de una lámpara de luz ultravioleta excimer, cuya longitud de onda daña el ADN de los microorganismos dañinos. Unidos por esa meta se conformó un grupo en el que participaron los departamentos de Ingeniería Electrónica, Ingeniería Civil y Microbiología.

Debido a que los rayos ultravioleta son dañinos para el ser humano, la lámpara está encerrada dentro de una cápsula de acero inoxidable por la que circula el agua, diseñada para instalarse en tuberías gracias a su apariencia de pequeño cilindro: por un lado entra el agua con bacterias y por el otro sale desinfectada.

“Esa lámpara mata todo lo que le pongamos. Es peligrosa”, dice Rafael Diez, líder de este proyecto, aunque sí hay microorganismos que le son más fáciles de eliminar que otros. Por ejemplo, una bacteria E.coli puede ser eliminada en cuatro segundos pero otras, como la Cryptosporidium, puede tomar hasta cuatro minutos. Su tarea fue, entonces, hacer pruebas con muchos microorganismos y así descubrir cuál era la dosis necesaria de radiación que debían implementar para eliminar a cada uno de ellos.

Otra ventaja de este prototipo es que funciona cuando alguien abre una llave de agua, pero cuando la cierra, la lámpara se apaga. Así no se desperdicia energía, a diferencia de otros sistemas de desinfección de agua con lámparas que deben estar prendidos todo el tiempo. La lámpara que utilizan mide 17 cm de largo?’ aproximadamente, no está diseñada para desinfectar grandes cantidades de agua pero sí para el consumo normal de un hogar colombiano.

INFOGRAFÍA LAMAPARA EXCIMER

¿Medio lleno o medio vacío?

¿Medio lleno o medio vacío?

No se trata de optimismo ni de psicología. El problema del vaso medio lleno o medio vacío recuerda, más allá de su curioso juego de palabras, que el problema también está en la calidad del recurso que llena una cantidad cualquiera de ese vaso y, de cómo, si seguimos contaminando, terminará por evocar un mundo en el que aún podíamos llenarlo o desocuparlo. El agua, sí, de eso hablamos.

Considerando que el riesgo ambiental en el que se encuentra el agua va más allá de una ecuación con fórmulas matemáticas, y de que es una parte de muchos problemas y un problema con muchas partes, es importante reconocer que es una cuestión que nos compete a todos. En Bogotá, la condición y calidad del agua es uno de los temas que más preocupa. El sistema hídrico, un conjunto de cuerpos de aguas naturales y artificiales que hacen parte del drenaje y que en Bogotá está conformado por el canal Torca y los ríos Salitre, Tunjuelo, Fucha y Bogotá y las diferentes quebradas que confluyen en estos ríos, presenta inconvenientes que ponen en la mesa un gran interrogante, ¿qué calidad tienen nuestra agua y el sistema que la transporta?

Un grupo de investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, liderado por el ingeniero Nelson Obregón y acompañado por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y la Secretaría Distrital de Ambiente, buscaron la respuesta a esta pregunta con una investigación de monitoreo de los caudales y redes que ven correr el agua de la ciudad. La publicación del libro Calidad del sistema hídrico de Bogotá, resultado de este proyecto, es un gran avance y un estimativo contundente para el estudio de las problemáticas que la mayoría de ciudadanos desconocen y que, sin saberlo, los involucra de forma directa.

Por fortuna, la valoración de la calidad del agua potable no está contemplada en esta publicación ya que, a conocimiento de todos, Bogotá cuenta con agua potable de muy buena calidad. No obstante, lo que preocupa es el estado del drenaje y el alcantarillado del agua contaminada y de las aguas lluvias que terminan circulando por la ciudad en los ríos y caudales, que hacen parte del sistema hídrico.

El investigador principal, Nelson Obregón, explica que aun con un sistema hídrico en buen estado y con las plantas de tratamiento que se tienen, no tenemos la certeza de que podamos recuperar por completo los ríos ya contaminados, y lo que inquieta en ese caso es que si no cumplimos con el compromiso ambiental que nos exige mantener y circular las aguas residuales en buen estado, terminaremos por convertir el agua en una amenaza.

Así pues, la problemática crece a la misma velocidad en la que el agua recorre la ciudad y, sin lugar a dudas, es una consecuencia de las dinámicas metropolitanas y del comportamiento ciudadano frente al uso y cuidado del recurso. Estos temas, al ser contemplados por este grupo de investigadores, presentan un estimativo importante que sobrepasa el tecnicismo, para establecer puntos de partida que permitan entender la problemática y ofrecer posibles métodos de reparación y prevención.

Del método al monitoreo

La investigación comenzó en 2006 con el convenio entre las diferentes entidades, las mismas que más adelante, entre 2007 y 2008, trazaron una línea de estudio, impulsada desde el programa de monitoreo aleatorio en puntos clave del sistema hídrico de Bogotá: el Canal de Torca y los ríos Salitre, Fucha, Tunjuelo y Bogotá. Esto permitió esclarecer resultados, no sólo de la calidad del agua, sino también de la variabilidad del
sistema, determinada por elementos espaciales y temporales. Después de establecer 37 puntos de monitoreo, estudiados en nueve meses del año, en los siete días de la semana, en las tres jornadas del día, se generaron 740 datos que permitieron analizar 29 parámetros físicos, químicos y bacteriológicos de cada río y canal estudiado.

Más allá de los saltos numéricos, el desarrollo metodológico empleado permitió un estimado, que si bien no es único ni exacto, se postula como punto de partida para los estudios de calidad del agua; es además una herramienta clave para iniciar un plan de acción, que sirva para los planes de saneamiento actuales y para proponer a los técnicos y a los ciudadanos, soluciones y acciones simples para contribuir a disminuir el problema. Por ejemplo, el reciclaje de aguas lluvias o el uso medido del recurso.

La metodología, rígida y organizada, contempló diferentes etapas: la primera y más importante, fue la ejecución de aforo y la recolección de muestras, que se lograron gracias a la aplicación de métodos como el área de velocidad. Ésta consiste en determinar una cantidad específica para calcular el caudal y la profundidad de cada tramo.

En términos más accesibles, se intervinieron los volúmenes de cada trayecto, para obtener muestras en diferentes proporciones, de forma específica, clasificada y bien preservada, necesarias para alcanzar una calificación cualitativa en el laboratorio.

Una vez obtenidas y preservadas las muestras de los diferentes puntos de cada caudal, se desarrolla la segunda etapa, en la que se analiza, compara y clasifica lo preservado. Es un momento determinante, tanto en el trabajo de campo, como en el laboratorio, pues mientras en los puntos de monitoreo existen sensores de temperatura, turbidez, conductividad y de pH, en el laboratorio se utilizan dichos datos para hacer un mantenimiento adecuado de la muestra de agua.

Después de recopilar las diferentes muestras, fue necesario desarrollar un análisis estadístico, para validar los datos e impulsar la etapa final. En ésta se utiliza la estadística descriptiva; es decir, una exploración minuciosa de cada dato obtenido en el muestreo; la prueba de hipótesis, comparaciones entre los factores usados en el modelo como corrientes, puntos y tiempos de monitoreo; el análisis de conglomerados, agrupación de elementos que presenten los mismos resultados; y la clasificación y elaboración de gráficas y mapas, que dan origen a un sistema gráfico, donde se sintetiza la información recopilada y que permite aproximar resultados a cada problema visualmente.

Ahora, lejos de los tecnicismos y cerca de los resultados que éstos arrojan, es determinante tomarse el tiempo para observar que esa red que diariamente circula bajo nuestros pies, hace parte de cada uno de nosotros. Es un interrogante que brota en nuestras casas cada vez que abrimos una llave o descargamos una cisterna. Nelson Obregón, consciente de la situación, asegura que “aunque el estudio sirve como una radiografía de lo que puede pasar en ciertos momentos en los ductos y en el flujo de las aguas residuales, pensar en tener un indicador que refleje el problema en tiempo real aún hace parte de un sueño; el reto ahora es establecer sistemas tecnológicos cada vez más precisos”.

Río que suena…

Las palabras que siguen a esos puntos suspensivos parecen obvias, pero no lo son. Después de muchos esfuerzos, el grupo de investigadores de la Universidad Javeriana y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, descubrieron que los ríos de nuestra ciudad no sólo llevan piedras; los niveles de contaminación que han alcanzado ahora han hecho sonar al río por las razones contrarias y con certeza, son resultados que vale la pena tener presentes.

El listado es grande y las páginas son pocas para clasificar el gran número de agentes contaminantes que disminuyen cada vez más la calidad del sistema hídrico de Bogotá, encontrados por los investigadores y recopilados en la publicación del libro. Con un ejemplo como el del río Bogotá, ese mismo donde alguna vez la gente se bañaba y disfrutaba una tarde de sol, la preocupación crece, hoy es en algunos de sus tramos un espeso caudal de desechos que, a pesar de los esfuerzos, no se encuentra ni a la mitad de su proceso de saneamiento.

En la investigación realizada en puntos específicos de la cuenca media de este río, donde se articulan parte del área urbana y rural de la capital, se encontró que el nivel de contaminación es bastante alto, debido a que porta niveles de plomo, cobre, manganeso y níquel que sobrepasan los límites permitidos para el uso del agua en el área agrícola, pecuaria e, incluso, de preservación acuática.

No hay duda de que el estado de sus aguas es una alarma de peligro constante, más allá de no poder utilizarlas para nuestro bienestar, preocupa también que circulen y sobre todo, que sea éste el que desemboca en el río Magdalena, fuente de agua de otros acueductos.

Ahora, no por esto se puede decir que la contaminación general del sistema se deba a que todos los caudales entregan sus aguas a uno ya contaminado, pues también es determinante el hecho de que los otros ríos presenten niveles de contaminación como los encontrados en la investigación. Por ejemplo, el río Salitre, que nace en los cerros orientales con el nombre de río Arzobispo y que corre paralelo a las avenidas 39, 40 y 22 hasta la carrera 30 muestra un exceso de materia fecal tal que el agua se ha convertido en un agente portador de bacterias y enfermedades; la fuente de esta contaminación empieza, sin duda, en los vertimientos de aguas residuales domésticas, problema que es importante solucionar, por diferentes razones, pues demuestra que el problema también empieza en la forma como se drenan las aguas residuales y las aguas lluvias; en muchos puntos de la ciudad estas aguas comparten drenajes.

Los problemas son varios, el Salitre también presenta un aumento en la Demanda Química de Oxígeno, que mide la cantidad de materia orgánica, susceptible de ser oxidada por medios químicos, pasa de un promedio de 16 y 32 miligramos por litro en sectores de la ciudad como el Parque Nacional, y llega a 316 cuando desemboca en el río Bogotá. Esta variación de materia orgánica total y el aumento del grado de contaminación bacteriológica es un índice claro en la forma como los ciudadanos intervenimos en el problema.

Por otro lado, el río Tunjuelo, que nace en el Páramo del Sumapaz y drena la zona sur de la ciudad: Ciudad Bolívar, Usme y los cerros sur orientales hacia el río Bogotá, se ve afectado diariamente por los residuos industriales, que a lo largo de los años han convertido sus 28.27 kilómetros en una corriente de contaminación constante. Las descargas de los vertimientos de origen residual y las aguas servidas en la localidad de Usme, son parte de este problema, pues en muchos sectores existen incluso descargas residuales directas; por ejemplo, en el sector comprendido entre el río Bogotá y la autopista sur se descubrieron residuos y agentes contaminantes producidos por las industrias y los sectores domésticos. En esta zona los negocios de curtiembres se destacan como una fuerte fuente contaminante, así como la influencia del Relleno Sanitario Doña Juana que carga el río de tóxicos como amonio y arsénico.

Basta pensar en todos los ríos que pasan o circundan la ciudad para horrorizarse con la idea de permitir y aumentar ese desastre ambiental.

El río Fucha recibe aguas de quebradas como San Cristóbal, San Francisco y La Peña y de los canales San Blas, Albina, río Seco y Los Comuneros. Éste fue parte fundamental de la investigación y permitió esclarecer que alrededor de 31 vertimientos descargan constantemente niveles muy altos de contaminación, lo que pudo demostrarse gracias al monitoreo en diferentes puntos. Se vio también que a medida que aumentaba el recorrido del río, aumentaban los agentes contaminantes. El níquel, ese metal pesado, es generado en muchos casos por la influencia del sector mecánico y metalmecánico, lo que resulta en un aumento de la materia orgánica total.

Pese a que gran parte de la mala calidad del agua es causada por incidencia de las zonas industriales (que en el caso del río Fucha se presenta en la Avenida de las Américas), el impacto de los residuos domésticos también se postula como un agente pequeño, silencioso y con mucho poder contaminante.

Entonces, algunas recomendaciones de los investigadores son no mezclar el agua con grasas o con elementos líquidos contaminantes como varsol o ACPM, tratar de reutilizar el agua con la que se lavan los platos para limpiar otras cosas y hacer uso de las aguas lluvias para las cisternas. Esta propuesta se hace porque en cierto punto del proceso y recorrido del drenaje de esta agua se encontrarán con el agua que se descarga en los ríos.

“Es importante entender que esta investigación también es un llamado de atención sobre el cuidado y el uso del agua en la ciudad, los problemas no solo son de calidad sino también de cantidad. El uso del recurso en un restaurante, por ejemplo, preocupa por la cantidad de agua que es contaminada y que se acumula en el alcantarillado y esto, progresivamente se adhiere a otro tipo de problemas como el cambio climático, y esto con certeza hará de este problema una ola imposible de parar”, asegura Obregón.

La realidad del estado del agua se acerca también a un signo de identidad en el que el creer ser civilizados nos ha llevado a ser más incivilizados. Sí. Debemos entender que el tiempo traerá resultados y consecuencias tanto de la calidad del agua, como de la calidad de nuestras vidas. La tierra no podrá resguardarnos más y dejará de importar un dilema tan simple como mantener, o no, el vaso lleno más no vacío. Esta consciencia se puede tomar a partir de los resultados de este estudio o no.


Para leer más…
Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaría Distrital de Ambiente, Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Calidad del sistema hídrico de Bogotá. Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2008.
+Rebolledo, F., Campos, P., Obregón, N. (2004). “La gestión del agua potable en Colombia”. En Evaluación de plantas potabilizadoras-Manual. México, Ripda Cyted.
 

Descargar artículo