La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

La ciencia le dice no a la cadena perpetua para violadores

Los titulares son aterradores: A la cárcel profesor de escuela de fútbol que abusaba sexualmente de sus alumnos, Capturan abogado comprometido en abuso sexual y pornografía infantil, A prisión hombre que secuestró, abusó y asesinó a una niña de nueve años… Las cifras que muestran el panorama de la situación no son para nada optimistas: según Medicina Legal, entre enero y abril del año pasado (2019) se reportaron más de ocho mil casos de este delito. Aunque en la mayoría de estas denuncias el victimario es familiar del menor o lo conoce, lo que de entrada ya limita la denuncia, más del 80% de estos casos no pasa de la indagación preliminar y las víctimas terminan sin ser reparadas y nuevamente puestas en peligro ante su agresor.

El monstruo existe. Está ahí. Ha estado desde hace muchísimos años, cada vez toma más fuerza y nada parece controlarlo. Por eso, para el gobierno y algunos congresistas lo único que se podría hacer es aprobar el proyecto de Acto Legislativo 21 de 2019 del Senado, acumulado con el proyecto de acto legislativo 047 de 2019 de la Cámara, que busca modificar la Constitución para darle hasta cadena perpetua a quienes abusen sexualmente de niños, niñas y adolescentes. Según sus defensores, este proyecto garantizará y protegerá definitivamente los derechos de los menores, y así se solucionaría un problema que parece infinito.

Pero esa misma propuesta ha generado debate en el país desde hace más de una década, pues para varios expertos las penas dispuestas para este delito ya son lo suficientemente altas y coinciden en decir que se trata de un acto facilista que no le atina al blanco. Yesid Reyes Alvarado, exministro de Justicia y profesor del área de derecho penal de la Universidad de los Andes, asegura que una ley como esta da una falsa sensación de tranquilidad. Según él, “se hace uso del derecho penal para satisfacer las demandas populares de justicia haciendo creer que ya hubo una intervención del problema, pero detrás de eso están absolutamente descuidadas y no intervenidas las causas del delito”.

El profesor Norberto Hernández, tutor del semillero en derecho penitenciario de la Pontificia Universidad Javeriana, califica esta medida como una cortina de humo y afirma que la propuesta obedece al uso del nefasto populismo punitivo. La razón, según él, es que “este tipo de iniciativas son utilizadas por los gobiernos para generar votos y aceptabilidad política, más en tiempos de crisis como el actual, generando en el pueblo una percepción de seguridad que no es cierta”.

A la fecha el proyecto ha pasado por siete de los ocho debates necesarios en el Congreso para ser aprobado. Aun así y suponiendo que sea votado a favor en último debate, algunos expertos en derecho penal como Hernández aseguran que existe una alta probabilidad de que la Corte Constitucional declare inexequible esta pena, “por lo que esto puede significar un mal uso del tiempo y recursos legislativos invertidos en una propuesta que no tiene viabilidad”, afirma el profesor.

Y es que incluso quienes redactaron el proyecto saben que la cadena perpetua es un trato cruel, inhumano, degradante, inconstitucional desde muchos puntos de vista y además viola tratados internacionales de derechos humanos. Por esa razón, decidieron aclarar en el proyecto que la pena, después de cumplidos 25 años de prisión, puede ser revisada para determinar si la persona condenada continúa recluida o pasa a otra medida sustitutiva de la pena como la libertad condicional.

Pero la inconstitucionalidad no es el único problema que tiene el proyecto, porque la investigación científica ha demostrado que el incremento de penas no logra disminuir la incidencia del delito, y asegura que esta medida no es más que un despropósito político por su ya comprobada ineficacia.

 

Ni viable ni funcional

Uno de los argumentos del acto legislativo para instaurar la cadena perpetua es la reincidencia o la reiteración del delito por parte del victimario, o sea la probabilidad de que una vez salga en libertad, después de pagar su pena, vuelva a abusar sexualmente de algún menor. Esa preocupación queda justificada en el papel al explicar que, en los últimos años, ha habido un alto incremento de delitos sexuales y violentos en contra de niños, niñas y adolescentes. Pero lo que hay que tener en cuenta también, como explica el profesor Manuel Iturralde, ¿de dónde? es que “las denuncias por este tipo de delitos han aumentado de manera notable, pero no hay estudios rigurosos que expliquen por qué ha sido así”. Con esto, el experto se refiere a que el hecho de que haya más denuncias no responde al interrogante de si los victimarios son reincidentes o no.

Pero vamos más allá. En 2005 en Colombia se expidió una ley que castiga el abuso sexual seguido de la muerte del menor con 60 años de prisión – una de las penas más altas en el país – y rebajas de hasta 20 años por estudio, trabajo o enseñanza. El abogado Reyes reflexiona con un ejemplo de una persona condenada justo en el momento en el que salió dicha ley: “si tiene 30 años y logra reducir la pena, saldrá de la cárcel en el 2045. De tal manera que el primer momento en el que vamos a saber si la ley expedida en el 2005 funcionó y se evitó la reincidencia será a partir del 2045, cuando esta persona tenga 70 años y salga libre”. Por esa razón, según Reyes, antes de aprobar tal proyecto el Congreso debe darse la oportunidad de verificar si su última gran reforma legislativa funciona, y agrega que “asumir anticipadamente, 25 años antes, que la ley no va a servir para que con base en esto se incrementen las penas es, a mi modo de ver, populismo punitivo”.

Por otro lado, es claro que en un estado social de derecho, específicamente el colombiano, la finalidad de la detención carcelaria es la de resocializar a las personas privadas de la libertad, pero eso no se logra hoy en día por las precarias condiciones del sistema penitenciario colombiano. “Si actualmente no logramos la resocialización en un sistema que no tiene cadena perpetua, mucho menos lo vamos a poder hacer con la cadena perpetua, e implementar esta medida agudizaría la crisis”, indica el profesor javeriano Hernández.

 

Hacinamiento carcelario

Las condiciones en las que viven la mayoría de las personas privadas de la libertad en Colombia vulneran constantemente sus derechos fundamentales. Bruno*, un recluso de la cárcel La Modelo de Bogotá, ha visto con sus propios ojos la desigualdad y la corrupción que cobijan al sistema penitenciario del país. Cuenta que allí hay gente que gracias a sus recursos puede hacer compras en el expendio oficial de la cárcel, adquirir tarjetas para hacer llamadas y acceder a ciertas comodidades. Pero al mismo tiempo, él asegura que “de forma ilegal, especialmente en los patios donde hay hacinamiento y debido a la corrupción, hay personas que pueden comprar una celda adjudicada de forma exclusiva, así tengan que sacar a dos o tres personas que estaban ahí y hacerlas dormir en los pasillos”.

Llegó a la cárcel en 2017 por cuestiones muy diferentes a la violencia sexual contra menores, y desde que puso un pie ahí se dio cuenta de la crisis: “debido al hacinamiento nos tocaba esperar en fila para ir avanzando hacia la zona del patio donde había menos humedad. Si yo hubiera tenido dinero, seguramente habría llegado directo a una celda, pero no. Luego de un tiempo se hizo el esfuerzo y logré comprar un espacio para vivir con dos personas más”. Bruno asegura que no todos los internos cuentan con esa suerte. Incluso hay personas que no pueden pagar por una celda y tienen que dormir en los baños, al lado de los inodoros, que muchas veces no tienen agua y sus colchonetas terminan llenas de deshechos humanos. Es tanta la gente que ni siquiera hay cupos para trabajar, hacer otro tipo de actividades o incluso caminar por el patio.  En cuanto a la alimentación, dice que ha venido mejorando progresivamente, pero que los alimentos no cumplen con las porciones adecuadas y a veces pueden estar crudos.

Está demostrado con la experiencia estadounidense que, contrario a lo esperado, “las personas que están condenadas a cadena perpetua son muy problemáticas por algo racionalmente normal y es que no tienen nada que perder”, asegura Hernández, quien coincide con la postura de Iturralde: “pueden ser personas que se vuelvan aún más antisociales, mucho más reacias a seguir órdenes e incluso negadas a recibir un proceso de resocialización”.

A esto hay que añadirle el costo económico que representa para el sistema el encarcelamiento de una persona. Según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC), una persona privada de la libertad puede costar aproximadamente dos millones de pesos mensuales, es decir, 24 millones al año, y no hay suficiente dinero para hacerlo sostenible. En los países nórdicos, donde hay menor comisión y reincidencia del delito, las cárceles tienen un modelo ejemplar. En Noruega, la prisión de alta seguridad de Halden lo representa: tiene tan solo 258 internos con penas no mayores a 30 años y con todas las condiciones dignas para estar ahí: espacios físicos adecuados, talleres altamente especializados, acompañamiento profesional personalizado, ayuda de las empresas para conseguir empleo y funcionarios cualificados con especialidad en el manejo del sistema penitenciario. Como en Colombia no existe nada parecido a esto, los expertos coinciden en que es iluso creer que con las condiciones y recursos con los que se cuenta actualmente pueda generarse la resocialización dentro de una cárcel.

Por último, y como punto esencial de lo que se espera con esta medida hay que mencionar que para varios expertos, contrario a quienes defienden el proyecto, la prisión perpetua para violencia sexual contra menores no garantiza ni protege los derechos de los niños, niñas y adolescentes, incluso puede resultar peligroso para la víctima. Por un lado, y aunque como dice la senadora Angelica Lozano, “imaginarlo suene aberrante”, delitos como el homicidio podrían llegar a ocultar el abuso sexual, pues al cometer un crimen que tiene menos años de condena como el homicidio, el atacante podría abusar sexualmente y luego recurrir al asesinato para que sea condenado por este último y así evitar la cadena perpetua. Por otro lado, el abuso sexual, al ser un delito cometido dentro del entorno familiar o cercano del menor, puede incrementar la impunidad por la omisión de denuncias para evitar las consecuencias de la cadena perpetua.

En palabras de Yesid Reyes, “es imposible hablar de que se protege la vida de un niño al encerrar en la cárcel de por vida a quien cometió el delito cuando la vida del niño no estuvo protegida previamente”. Para no ir muy lejos, a modo de llamado de atención, Ómar Bravo, doctor en psicología y profesor de la Universidad ICESI, recuerda el imborrable caso Garavito: “la pregunta es ¿qué pasa en una sociedad en la que decenas de niños y niñas pueden ser victimizados sin que esto genere un escándalo? ¿Por qué el alboroto solo se genera cuando se identifica esta monstruosa brutalización?”.

 

¿Qué medidas tomar?

No hay discusión en que el bienestar de los niños, niñas y adolescentes debe primar en la sociedad y los actos de violencia contra ellos no son justificables. Sin embargo, la dignidad humana no puede ser sacrificada en un estado social de derecho. “Lo que tenemos que entender es que hay unas necesidades especiales de una población que ha sido victimizada y hay una serie de garantías de derechos que debemos respetar. Son dos problemáticas que debemos atender”, asegura Luis Vélez Rodríguez, profesor de derecho penal y criminología de la Universidad de Manizales.

Considerando las medidas que se deben tomar cuando el delito ya se ha cometido, los expertos aseguran que la apuesta del sistema penal debe estar encaminada a la resocialización y acompañamiento de las personas privadas de la libertad para que puedan reinsertarse a la sociedad y evitar que vuelvan a cometer el delito. Para esto, insisten en que es necesario pensar en una política criminal basada en la resocialización y no en el populismo punitivo e incremento de penas que de por sí ya son altas.

Adicionalmente, los programas de protección a víctimas tienen que fortalecerse, pues una de las preocupaciones centrales dentro de la administración de justicia es la operatividad del sistema vigente. Tal como dice Gloria Carvalho, representante de la alianza para la niñez, “el proceso de investigación contra un agresor sexual puede durar hasta siete años y la administración de justicia en ese sentido es negligente”, y eso sin profundizar en que el 94% de los casos que dice Carvalho quedan impunes y hacen parte de la cifra negra de criminalidad al nunca ser conocidos por el sistema judicial.

Antes que pensar en la condena hay que preocuparse por la impunidad, y para acabarla totalmente es necesario primero fortalecer los mecanismos de investigación judicial especializada para la niñez, así como garantizar la formación de los jueces para la adecuada aplicación de las medidas de justicia. Por eso, los científicos afirman que es mucho más sensato ocuparse de intervenir las causas del delito, que finalmente es lo único que puede evitarlo, y así realmente proteger los derechos de los niños. Además, en este proceso hay que prestarle mayor atención al hecho de que el 83% de los victimarios son personas que pertenecen al entorno familiar o íntimo de las víctimas, de las cuales en su mayoría son mujeres. Entonces, ¿qué está pasando en los núcleos familiares?, ¿se está haciendo el debido seguimiento? Es necesario buscar una solución real a ese problema antes de que los derechos de los menores sean vulnerados, insiste Carvalho.

La violencia sexual a niños, niñas y adolescentes es un monstruo que, sin discusión, hay que atacar. Sin embargo, los expertos se mantienen en que no vale la pena perder el tiempo en proponer falsas soluciones que al final terminan dándole largas a una problemática que requiere de otras acciones puntuales. Algunas recomendaciones de los investigadores para prevenir este delito se basan en el seguimiento a los núcleos familiares vulnerables, así como una mayor inversión social destinada a educación sexual y reconocimiento de comportamientos que puedan ser señal de abuso. También se podrían tener en cuenta medidas como el fortalecimiento del ICBF, de canales de atención a víctimas y campañas de reivindicación de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Sea como sea, es muy importante que los congresistas que están votando el proyecto tengan en cuenta estas propuestas y la investigación científica para tomar decisiones que logren cambios significativos.

*Nombre ficticio por solicitud de la fuente.

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

Ciencia colombiana, en manos de los más pequeños

También hay científicos que van al colegio, salen a recreo y comparten la lonchera con sus amigos en diferentes rincones del país.

En el marco del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0, celebrado del 6 al 8 de noviembre, alrededor de 90 niños pertenecientes a 36 grupos de investigación dieron a conocer los resultados de sus proyectos, que más allá de mostrar estadísticas y teorías, evidenciaron la solidaridad y compromiso que la infancia y la juventud tienen con sus comunidades.

El evento contó con la participación de 9 delegaciones internacionales provenientes de Costa Rica, Panamá, México y Ecuador.

“Queremos que nuestros padres sepan que podemos aportarles, ayudarles y demostrar que la juventud de ahora también puede seguir adelante”, afirma Valentina Rodas, estudiante de La Unión (Valle del Cauca) y protagonista de dicho evento, celebrado en la Pontificia Universidad Javeriana.

Pesquisa Javeriana decidió mirar desde la perspectiva de los futuros científicos del país y saber qué los está motivando a investigar. Por eso esta serie de fotografías no solo muestra proyectos; también revela los rostros de estos pequeños que dejaron volar su imaginación para responder preguntas que para algunos resultan ‘bobas ’ pero que para ellos significaría solucionar grandes problemas de salud pública, agricultura y medio ambiente, entre otros.

Proyecto de investigación: Diseño de estrategias para disminuir el índice de consumo de cocaína en estudiantes de la institución basándose en el uso ancestral de la coca de la cultura Murui.

Foto 6

En Puerto Leguízamo (Putumayo), el 80% de la población es indígena y por eso la coca se considera una planta tradicional y medicinal capaz de curar dolores, que ha sido utilizada de generación en generación. Cristian Cortés y Fernanda Medina hacen parte de un grupo de 15 estudiantes que buscan resignificar la coca mientras dan a conocer la ritualidad de su uso y disminuyen el consumo de estupefacientes entre sus compañeros.


Proyecto de investigación: Kispichidurkuna Sachakunata “Protectores de la plantas”.

Foto 1

Luis Becerra mezcla 70 gramos de barbasco, 60 de ortiga y 50 de ají picante en un frasco de un litro para crear un insecticida natural que elimina las plagas de un vivero de su resguardo. Para ello se basaron en la sabiduría de los mayores sabios y así preservar el conocimiento ancestral. Él trabaja con otros 14 compañeros y una docente en Yurayaco (Caquetá) y al graduarse del colegio quiere estudiar ingeniería ambiental, ayudar a su comunidad y validar los productos que hace.


Proyecto de investigación: Hallazgo de un método de clonación in vitro de una especie frutal en condiciones de manejo de laboratorio.

Foto 2

La Unión (Valle del Cauca) es un municipio dedicado a la agricultura. Valentina Rodas, como sus amigos, tiene padres que cultivan la papaya y por eso sabe que el cultivo de esta fruta les puede generar pérdidas, pues solo una de cada 15 cumple con los estándares de exportación. Con este antecedente decidió crear un método de clonación para que los cultivos mejoren y este fruto también deleite paladares en otros países.


Proyecto de investigación: Robot Hydrocleaner.

Foto 3

En Cartago (Valle del Cauca) hay un parque. En el parque hay un lago. Y en el lago hay basura. “Ahora, ¿cómo la sacamos?” Con esta pregunta Luna Chaverra creó Hydrocleaner, un robot que remueve los residuos sólidos del lago hasta la orilla para mejorar la calidad del agua y la supervivencia de tortugas, peces, patos y otros animales que viven en este hábitat. Ella, al graduarse, quiere seguir con sus pasiones: la mecatrónica y la química.


Proyecto de investigación: Significado de la simbología en los tejidos artesanales de la comunidad Inga, del municipio de Colón.

Foto 4

Reconocer el sol, una rana, un colibrí y hasta la figura de una mujer en los tejidos artesanales impulsó a estos niños investigadores a conocer y difundir el significado de los 12 símbolos más representativos del pueblo iInga en el municipio de Colón (Putumayo). Así, los más pequeños de la comunidad están recuperando las tradiciones milenarias y generando apropiación en las nuevas generaciones.


Proyecto de investigación: Diseño de un dispositivo electrónico basado en lenguaje braille.

Foto 5

En Atlántico, María Camila Puello y su grupo de investigación piensan que la discapacidad no se puede ver como una barrera de comunicación y por eso trabajan en un dispositivo electrónico efectivo, económico y portátil, basado en el lenguaje braille, que le permite a una de sus compañeras de colegio, con discapacidad auditiva y visual, una comunicación más asertiva.


Proyecto de investigación: Patrones ecoepidemiológicos que determinan la distribución espacio temporal del aedes aegypti del sector urbano del municipio de Soledad, Atlántico.

Foto 7

¿La cámara de un celular y una aplicación sirven para prevenir el dengue? Pues sí. Luego de observar y clasificar más de 2.500 larvas en parques, viviendas y espacios públicos de Soledad (Atlántico) pequeños científicos detectaron en su barrio la presencia del Aedes aegypti, el mosquito portador del virus de esta enfermedad. Desde ese momento se dedican a combatir este problema de salud pública por medio de campañas de prevención e información sobre los posibles criaderos del insecto.

Conozca los ganadores del evento aquí.

Reviva los mejores momentos del IX Encuentro Nacional Ondas 4.0

 

“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

“La creatividad está en ser como niños”: Alberto Levy

Alberto Levy está sentado en un sofá frente a un auditorio de más de 70 personas. Alrededor de su cabeza, un encefalograma portátil, que es como una diadema blanca que capta las ondas de su cerebro. Mientras tanto, suena la guitarra interpretada por Carlos Posada, profesor de música de la Pontificia Universidad Javeriana. El proyector muestra los trazos en una circunferencia,proyectados por las señales que emite el cerebro de Levy. Eso es BrainArt.

Cuando sus padres le regalaron un computador, a la edad de 11 años, junto con su hermano prometió valorar ese regalo, que para la época era muy costoso. Aprendió a programar de manera autodidacta en Brasil; mucho tiempo después hizo su maestría en Telecomunicaciones en la Universidad de Nueva York (NYU), el mismo lugar por donde pasaron sus ídolos: Martin Scorsese, Elon Musk y Pharrell Williams.

Levy ha venido a Colombia en varias oportunidades como conferencista invitado. En esta ocasión, la Javeriana fue el espacio para presentar su conferencia Arte, ciencia y tecnología. Pesquisa Javeriana habló con él, sobre su tesis de que el ser humano es por naturaleza creativo y su recomendación de volver a ser niños.

Para Levy la colaboración es una palabra clave. Esto implica poder trabajar con diferentes profesionales: comunicadores, programadores, diseñadores, inversionistas, tomadores de decisiones, etc. Todo este trabajo solo puede derivar en una mezcla entre arte y tecnología.

Alberto Levy ha trabajado con compañías de la talla de Kellogs, Scotiabank, Nestlé y Fundación Telefónica, con la que diseñó La nube de los deseos, invento hecho de algodón, metal y software que le permitía al público subir, a través de redes sociales, una foto y escribir su deseo en la sección de comentarios; entonces, la nube imprimía esa foto para que las personas colgaran ese deseo en el árbol de Navidad. Sin embargo, hay un deseo que esa nube no puede realizar, el más ambicioso de Levy: impactar con su arte a más de un billón de personas.

 

La infancia en la pintura histórica

La infancia en la pintura histórica

¿Qué es la infancia? Esta fue la pregunta que se planteó el doctor Gabriel Lago Barney cuando asumió un proyecto convocado por la Presidencia de la República a inicios de los años 90. En aquel tiempo Colombia vivía momentos difíciles, con el protagonismo violento de Pablo Escobar, el desarrollo de la epidemia del VIH, la catástrofe de Armero, la toma del Palacio de Justicia y, posteriormente, los asesinatos de candidatos presidenciales, algunos llevados a cabo por menores de edad. Ante este contexto y con la iniciativa de una nueva Constitución Política, Lago, junto a un grupo de profesionales, llevó a cabo aquel proyecto con el fin de abordar el tema del maltrato infantil desde una perspectiva científica.

Gabriel Lago estudió medicina, se especializó en pediatría, hizo maestría en Administración en Salud y Seguridad Social en la Pontificia Universidad Javeriana, y posteriormente su doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Si bien en su formación académica no encontramos estudios relacionados con el arte, ha hecho un recorrido exhaustivo por esta área, especialmente a partir de la pintura, con el fin de entender cómo se ha representado la infancia a lo largo de la historia.

Sobre el proceso de rastreo de la infancia, en el proyecto de la Presidencia de la República, Lago recuerda: “Cuando pidieron las estadísticas a distintas áreas para construir los denominadores y los índices de maltrato infantil en el país, el área de salud reportaba datos referenciando a los menores de 15 años; el área de justicia, a los menores de 18; el área trabajo, a los menores de 12; y el área de bienestar, a los menores de 7. En conclusión, no había un parámetro general que definiera el concepto de niño”. Un dato esencial, pues los expertos, considerando que su trabajo debería centrarse en la alta mortalidad infantil y los procesos judiciales que se acumulaban por cuenta de la violencia al interior de las familias, dieron con el concepto de ‘menor de edad’.

“En aquel momento se estaba desarrollando la nueva Constitución, la cual contempla los artículos 42 y 44 que hablan de la familia, los hijos y los derechos fundamentales de los niños, lo cual dio bases para que se generara el actual Código de Infancia”, agrega Lago, quien, al notar que existía cierta ambigüedad en la conceptualización de la niñez, optó por investigar el tema históricamente. Al buscar en la bibliografía se dio cuenta de que el concepto de infancia no estaba bien construido desde la antigüedad, lo que explica que, por ejemplo, Puyi -el último emperador chino- fuera proclamado como tal a los dos años de edad. Sin embargo, el pediatra encontró que la literatura no abarca este tema con la suficiente profundidad y, de hecho, son muy pocos los autores que hablan de manera conceptual del tema.

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‘Baco’, de Pieter Paul Rubens (hacia 1640). /Pinterest


Una percepción de los niños no muy acertada

Cuando Lago inició su búsqueda en el arte, se dio cuenta de que en la Grecia antigua se les daba mayor importancia a los amigos por encima de la familia, lo cual daba la posibilidad de que se dieran amistades entre los adultos y los adolescentes, muchas veces retratadas en pinturas de bacanales. “En el arte de Grecia y Roma se aprecia la desnudez de los niños como un signo de pureza”, comenta.

Posteriormente, durante un largo periodo, se percibe la ausencia de niños en el arte y vuelven a aparecer con la representación de tres personajes clave. La primera es en la Edad Media en la representación de la Virgen María con el niño Jesús; en esta primera imagen, Lago resalta que los niños “tienen corporalidad de adultos, es decir, son adultos miniatura y adicionalmente se muestran inexpresivos”. Posteriormente se representa a María siendo niña y, en varias pinturas, siendo educada en la lectura de los evangelios; al igual que en la primer imagen, la representación es de una mujer en miniatura. La tercera es la representación de San Juan Bautista jugando con Jesús.

Santa Ana y la Virgen niña, de castillo (siglo XVII). /Pinterest
‘Santa Ana y la Virgen niña’, de Castillo (siglo XVII). /Pinterest


Los niños protagonizando pinturas

'Niña pelando papas', de Albert Anker (1886). /Wikimedia
‘Niña pelando papas’, de Albert Anker (1886). /Wikimedia

En el Renacimiento empieza a quedar en un segundo plano la importancia de representar lo divino y se le da mayor foco a retratar a las personas. El condado de Holanda (actualmente Holanda) y España fueron los primeros en representar en la pintura a los niños con su corporalidad, la imagen retratada se acerca mucho más a la real. Posteriormente se empiezan a hacer mucho más notables pinturas de niños y niñas. Pintores como Bartolomé Esteban Murillo y Francisco de Goya retratan paisajes con niños y familias; a su vez, se hacen notables sus roles en las pinturas, como en el caso de las realizadas por Pieter Brueghel el Viejo en 1560 con más de 230 niños en escena jugando.

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‘Niño durmiendo en el heno’, de Albert Anker (1897). /Kunstkopie

“Los niños son representados en el medio externo acompañados de medios de transporte como caballos y vehículos, mientras que las niñas son retratadas en roles maternos u hogareños, acompañadas de muñecas”, comenta Lago. Estos elementos característicos van definiendo poco a poco ciertos roles sociales que se empiezan a atribuir según el género: por ejemplo, al retratar las actividades de la infancia, se muestra a las niñas al interior del hogar dedicadas al aseo, la cocción de alimentos, el cuidado de la casa y de otros niños, a aprender de la mano de otra mujer cómo leer, bailar y tocar instrumentos musicales o a acicalarse. Muy pocas veces se retratan niñas en el exterior de su hogar y, cuando sucede, no están solas sino en compañía de adultos realizando actividades como recogiendo flores o leña, mercando o lavando la ropa, mientras que, en el caso de los niños, se retratan generalmente fuera del hogar jugando en la calle, hablando con sus amigos o, simplemente, descansando.

Al retratar el contexto escolar de los niños, en primera estancia, se hacen visibles escuelas masculinas y, a medida que pasa el tiempo, las niñas van apareciendo de manera marginal, sentadas en la parte de atrás del salón de clases o en bancas laterales. “Es hasta el siglo XIX que aparecen retratos de escuelas femeninas y mujeres enseñando en el aula; sin embargo, la representación de los profesores hombres es mucho más rígida y estricta en comparación de la representación de profesoras, en donde se ve perdido ese rigor”, explica el doctor Lago.

'Escuela de pueblo', de Morgan Weistling (1857). /Pinterest
‘Escuela de pueblo’, de Morgan Weistling (1857). /Pinterest


La infancia como un tema importante

Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia
Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia

El arte pasó por distintas corrientes, como el Romanticismo y el Impresionismo, hasta surgir el abstracto. Al aparecer la fotografía, se retoma el registro de lo que está sucediendo socialmente con la infancia para capturar fielmente el contexto, y solo a partir del siglo XIX surge una oleada de sucesos que marcan la historia de la infancia. Lago resalta el ejemplo de Mary Ellen Wilson, la niña que protagonizó el primer rescate por una asociación protectora de animales (en la época no existía el concepto de maltrato infantil ni la sociedad se movilizaba a favor de los infantes) que sufrió por sus padres adoptivos. Con este tipo de historias se alzó la voz para hacer realidad la adopción de la Declaración de Ginebra por parte de la Sociedad de Naciones en 1924, donde por primera vez se reconoce el hecho de que los niños tienen derechos y los adultos una responsabilidad sobre esta población vulnerable.

“Todo lo que abarca el término de infancia es una construcción social con una trayectoria histórica”, concluye Lago. Aspectos como la nutrición, la higiene, la educación, la apariencia, la obediencia y la familia son parámetros que se fueron estableciendo a lo largo del tiempo como condiciones necesarias que debían tener los niños. “Pero, -dice- en el análisis situacional del proyecto de la Presidencia de la República surgió un punto de discordancia: los adolescentes”.

Ellos eran los tristes protagonistas de la violencia en Medellín, considerada a inicios de los años 90 como la ciudad más violenta del mundo por cuenta del narcoterrorismo y el sicariato. “En un mes se llegó a registrar que el 90% de homicidas y el 95% de víctimas eran menores de edad. Era casi lógico pensar en que no se podía tratar a los adolescentes como niños, por esto el Código de Infancia contempla un manejo jurídico diferente sin dejar de reconocer su condición de menor de edad. Por ello su articulado contempla conceptos como ´menor maduro´ o ´menor emancipado´, teniendo en cuenta aquellos menores en capacidad de hacer ciertas cosas que, de pronto, no todos los demás tenían la madurez de hacer. Al final, las dos variables trazadoras que pueden definir la infancia en Colombia son la reproducción de la niña y la posibilidad de fuerza laboral del niño”, reflexiona Lago.

Eso sí, resalta que, ante todo, deben ser protegidos por la ley ya que son personas en proceso de desarrollo, pero, al fin y al cabo, personas: “No podemos permitir que los niños solo tengan derechos y no deberes porque, en últimas, lo que se busca es formar personas autónomas. La autonomía conlleva responsabilidad, entonces se debe volver a los niños responsables”.

Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano
Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano