Para nadie es un misterio cómo llegamos hasta aquí. Hace más de trescientos años que inventamos una máquina que podía transformar un combustible fósil en trabajo mecánico. Desde ese entonces, fumarolas grises y negras han llenado nuestra atmósfera con gases que, aunque dejan entrar la luz solar, no permiten su escape.
Gracias a esto, la tierra se calienta más cada año y la mayoría de nosotros somos conscientes de cómo estamos convirtiendo nuestro único hogar en un horno inhóspito. Pero los gases de efecto invernadero que producimos hacen mucho más que eso. Además de aumentar las temperaturas globales, también están envenenando nuestros océanos poco a poco, a través de un fenómeno que, si no se atiende inmediatamente, acabará siendo devastador.
Se trata de la acidificación, uno de los nueve procesos fundamentales a los que la Organización de las Naciones Unidas y científicos de todo el mundo le han adscrito un límite planetario, o un punto que, al ser superado, tendrá un efecto irreversible en los ecosistemas de la Tierra. A mediados de 2025, la acidificación de los océanos superó este punto, lo que hace su estudio y mitigación más urgentes que nunca.
Alberto Acosta, profesor del Departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana, explica cómo funciona este fenómeno; los resultados de los primeros monitoreos de acidificación de alta resolución realizados en el Pacífico colombiano, los cuales llevó a cabo junto al grupo de investigación Unidad de Ecología y Sistemática (Unesis); y las implicaciones de superar un límite planetario.
¿Cómo se vuelve ácido el océano?
Al mirar al horizonte desde la playa, el cielo y el mar parecen dos mundos completamente distintos, separados como el agua y el aceite. Pero, a nivel molecular, están en un constante intercambio. “El agua de mar tiene una gran capacidad de capturar dióxido de carbono (CO2) en forma gaseosa, y el océano está capturando el 35 % del que está almacenado en la atmósfera. Así, este cuerpo acuático se convierte en el reservorio más importante del CO2 que producimos”, explica Acosta.
Esta captura ocurre porque el dióxido de carbono reacciona químicamente con el agua, lo que produce un compuesto llamado ácido carbónico, que queda disuelto en ella, liberando iones de hidrógeno. “Esto causa la acidificación, que hace que baje el pH de un 8,1, que era el promedio global de los océanos, a valores inferiores. Se ha investigado que un pH menor a 7,9 ya genera problemas en los organismos marinos que calcifican”, añade.
Lo preocupante de un océano ácido es que el carbonato de calcio, un compuesto necesario para que los organismos marinos, como los corales y los moluscos, formen sus conchas y esqueletos, reacciona con los iones de hidrógeno y se convierte en bicarbonato, una forma química que impide que sea usada por dichos organismos. Acosta advierte: “Esto es grave porque a nivel mundial se han reportado muchos organismos que están perdiendo carbonato de calcio. Por eso, por ejemplo, los erizos pierden sus espinas, y los corales se deshacen y no pueden crecer, lo que lleva al colapso de los organismos marinos que requieren este mineral”.
Sin carbonato de calcio, estos animales ―y los que dependen de ellos― no pueden sobrevivir. A medida que el pH baja, desaparecerán ecosistemas enteros, como los arrecifes de coral. Evidentemente, la pérdida de la biodiversidad del mar también afectará profundamente el sustento económico y la seguridad alimentaria de los millones de personas que viven de la pesca.
“A nivel mundial se han reportado muchos organismos que están perdiendo carbonato de calcio. Por eso, por ejemplo, los erizos pierden sus espinas, y los corales se deshacen y no pueden crecer, lo que lleva al colapso de los organismos marinos que requieren este mineral”.
“A nivel mundial se han reportado muchos organismos que están perdiendo carbonato de calcio. Por eso, por ejemplo, los erizos pierden sus espinas, y los corales se deshacen y no pueden crecer, lo que lleva al colapso de los organismos marinos que requieren este mineral”.
Alberto Acosta
Monitoreando un océano cambiante
No obstante, para saber cómo la acidificación afecta los océanos y tomar así decisiones al respecto, se necesitan datos de alta resolución que puedan integrarse en grandes modelos globales. Por eso, Acosta y su grupo de investigación realizaron monitoreos de este tipo en la isla Gorgona, para estudiar los niveles de pH y los intercambios de dióxido de carbono océano-atmósfera en el Pacífico colombiano.
Todo esto implicó un año entero de viajes constantes a la isla, muestreos de agua que debían ser enviados inmediatamente a Bogotá para evitar que se contaminaran y luchas contra la marea para utilizar algunos equipos de medición que debían mantenerse a una profundidad constante. “El objetivo era tener los primeros datos de acidificación en nuestro Pacífico y ver si este emite CO2 a la atmósfera o lo captura de ella. La respuesta es que somos ligeramente emisores de CO2. En la época de lluvias, el océano incrementa la liberación de CO2 a la atmósfera, mientras que, durante los tres meses secos del año, el mar captura una gran cantidad del gas”, afirma.

Un efecto futuro de la acidificación sería que el océano se sature de carbono y pierda la capacidad de absorberlo, con lo que se convertiría en una fuente que acelerará el calentamiento global. Por esta razón, monitorear estas dinámicas se hace fundamental.
Los investigadores, así mismo, midieron el pH en distintas profundidades y hallaron valores muy ácidos por debajo de los cuarenta metros. “A estas profundidades ya teníamos 7,5 o 7,6, que es lo que se proyecta en 100 años para todo el océano si continuamos con nuestras emisiones. Con estos valores, la probabilidad de que los organismos produzcan carbonato de calcio es mínima. Es por eso por lo que los arrecifes de Gorgona son tan someros, más abajo se disolverán”, continúa
Hemos sobrepasado el límite, ¿ahora qué?
Superar un límite planetario significa llegar a un nivel que ocasionará cambios a largo plazo o cambios irreversibles en los sistemas de la Tierra. La acidificación de los océanos es el séptimo límite ―de nueve― en ser superado, y tendremos que estar preparados para lidiar con las consecuencias.
“Hicimos muestreos discretos y continuos durante un año. Es tal vez el muestreo más completo que tiene el país en términos de acidificación marina”.
Alberto Acosta
Para Acosta, el futuro es oscuro, pero hay algunas cosas que pueden hacerse para mitigar los impactos. Lo primero es que las emisiones de gases de efecto invernadero cesen de inmediato. “Lo único que salvaría al planeta de este colapso es que paremos el uso de gas, petróleo y carbón, tanto por el calentamiento global como por la acidificación”, señala.

Otra medida podría ser utilizar fertilizantes en el océano, para promover el crecimiento de fitoplancton ―organismos capaces de hacer fotosíntesis―, dejar que capture el carbono y, al morir aquel, llevarlo al fondo del océano, donde no pueda volver a emerger. No obstante, esto también le quitaría oxígeno al agua y causaría daños enormes a la biodiversidad.
Según el investigador, “si hay un cáncer que hace metástasis, se utilizan todas las estrategias para combatirlo. Las terapias tienen unos efectos secundarios dañinos, y si hacemos esto con los océanos vamos a causar muchos problemas, pero a largo plazo tenemos que eliminar el CO2 del océano para sobrevivir”.
El mensaje es claro: para salvar el océano ―y a nosotros mismos―, las emisiones deben frenarse urgentemente. Incluso las medidas más desesperadas no funcionarán si esto no ocurre. Sí, quizás la historia de cómo hemos envenenado el agua y el aire de nuestro hogar ya haya sido escrita, pero eso no significa que el futuro también lo esté.
Para leer más:
Murcia, A., Acosta, A., García, A. P., Corredor-Acosta, A., Hernández-Ayón, J. M., Gutiérrez, S., Celis, C. y Ruiz-Pino, D.. (2025). High-resolution monitoring of the pH under strong La Niña conditions in Gorgona Island, Colombian Pacific, Panama Bight. Frontiers in Marine Science, 12, 1-16. Article 1595871.
Gutiérrez Duque, S., Acosta, A., Murcia, A., García, A. P., Corredor-Acosta, A., Hernández-Ayón, J. M., Coronado Álvarez, L. de L. A., Kahl, L. C. y Ruiz-Pino, D. (2025). Seasonal air sea CO2 flux dynamics in Colombia’s Gorgona Marine Area during La Niña 2021-2022. Frontiers inMarine Science, 12, 1-22.



