Elaborar un cartel con tipos móviles, aquella técnica centenaria de poner tipos móviles con tinta sobre papel y que permitió la impresión masiva de libros en el mundo occidental, puede resultar en apariencia un acto simple: seleccionar los tipos, ordenarlos, entintarlos, situar la superficie sobre la que se imprimirá y presionar. En realidad, es un proceso con varias capas, en el que hay tensión, búsqueda de control sobre la alineación de cada letra y fuerza que se acumula en los hombros y las manos, esperando ser plasmada. En un taller de tipos móviles la creación no es pasiva, es un contraste entre la resistencia de la madera y el flujo de la tinta.
Esta dinámica estuvo presente en la jornada del 9 de marzo en el Colegio Próspero Pinzón, al sur de Bogotá, como extensión del reportaje transmedia sobre salud mental en jóvenes Lo normal es (no) sentirse mal. En este espacio, integrantes del semillero de Artes Visuales Seré(s) Breve(s) y el equipo de Pesquisa Javeriana le dieron forma a una experiencia para estudiantes de grados 10º y 11º. La jornada buscaba, más que enseñar la técnica artística, generar un escenario donde fuera posible crear una conversación sobre la experiencia emocional de los jóvenes de la institución.
Para materializar esta conversación, se dispusieron dos momentos de tránsito en un pasillo del colegio. En uno de ellos, los estudiantes se encontraban con un interrogante: “¿Cuándo te pesó el mundo?” y una grabadora de mano dispuesta a recibir relatos sobre duelos, fracturas familiares, la presión del rendimiento académico y la soledad de la adolescencia. En paralelo, una estación de carteles invitaba a otro movimiento, “¿Qué sirve para sentirse mejor en un mal día?”. A través de la composición tipográfica, los jóvenes plasmaron en frases simples las estrategias que usan para navegar el malestar emocional.
Una huella de historia y activismo gráfico
El semillero Seré(s) Breve(s) nació hace poco más de cuatro años en los talleres de grabado de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana y ha funcionado como un organismo vivo que cambia según las inquietudes e intereses de quienes lo habitan. Según relata Wilson Alfredo Vargas Tamayo, auxiliar del taller de grabado y docente del departamento de Artes Visuales, las estudiantes Sophie Páez y Juanita Ocampo representan un cambio de ruta en la dinámica académica de este espacio: ellas llegaron al taller movidas por la curiosidad. Aprendieron la técnica, el manejo de los tipos y el lenguaje de la prensa desde la práctica y la experimentación, incluso antes de recibir la instrucción teórica de las aulas.
Este aprendizaje “al revés” las ha dotado de una libertad experimental que lograron transmitir durante la experiencia en el colegio. Para ellas la textura, el error e incluso una rotura en el papel son parte de la expresión que es posible alcanzar a través del cartel. Esa disposición a abrazar lo imprevisto es lo que permite que el semillero trascienda el ejercicio técnico, comenta Sylvia Juliana Suárez, directora de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana.
Para la profesora esta evolución no es un accidente, sino una consecuencia de lo que ella denomina “remedialidad”: un diálogo donde tecnologías antiguas, como la imprenta manual, conviven con canales contemporáneos para generar nuevos sentidos. Según Suárez, este principio ha sido clave en la carrera de Artes Visuales durante los últimos años.
Además, explica que la madurez del grupo les ha permitido conectar su vocación artística con una forma de movilización social, transformando a Seré(s) Breve(s) en un “activismo del cuidado” donde la gráfica se pone al servicio de los demás, como en este caso con la salud mental. Wilson Vargas Tamayo añade que el proceso técnico de componer una frase letra por letra actúa como un mecanismo de ralentización, en lo cual coinciden Juanita y Sophie. Para las estudiantes, el acto de crear cada momento del cartel exige un tipo de presencia que interrumpe el ritmo acelerado de la vida cotidiana y los retos de lo emocional.
En los carteles, el error técnico se resignifica. Durante la actividad, por ejemplo, a algunos de los estudiantes se les rompía el papel al intentar imprimir o entintar, lo cual los frustraba y desanimaba. Pero bajo la mirada de Seré(s) Breve(s) si un cartel se rompe por la presión o una letra queda invertida, no se asume como una falla, sino como una marca de autenticidad, algo que hacía de su cartel “uno de uno”. Así, durante el taller, los jóvenes ponían una “curita de cinta” al papel, una metáfora poderosa que los jóvenes adoptaron fácilmente, y así sus piezas se convertían en “una curita de cartel al corazón”, un objeto físico que validaba su experiencia personal de resiliencia.

Cartel y tinta para hablar de salud mental
Desde una perspectiva de gestión artística social, el cartel no es un mero soporte publicitario, sino un dispositivo de comunicación masiva que interpela el espacio urbano. En el hacer de Seré(s) Breve(s), el cartel es definido por Sophie Páez como “un espacio para gritar lo que tienes adentro”, una herramienta que permite compartir lo que resuena en la cultura y en el individuo.
Para el semillero, el cartel debe entenderse también como un objeto que ocupa un espacio y a diferencia de lo digital, requiere de un tiempo de secado y de fricción real. La tinta no es solo un pigmento, sino un rastro material de una decisión personal que al imprimirse se hace colectiva.
Sophie Páez describe este proceso como una negociación con sus propios límites. “Siempre es esa lucha”, entre tenerlo controlado y explorar las posibilidades del error, explica. Para ella, el cartel es el lugar donde esa ansiedad se materializa y se resuelve a través de la mancha.
Por su parte, Juanita Ocampo encuentra en la relación con la tinta un ejercicio de desaceleración. Frente a la inmediatez, el cartel impone su ritmo. En la lentitud de entintar y presionar, el mundo deja de pesar por un instante para convertirse en una imagen que se puede sostener entre las manos, explica la estudiante.
Llenarse las manos de tinta y concentrar la fuerza del cuerpo en una cuchara de madera, herramienta utilizada para trasladar la tinta del sello al papel requiere tiempo y esfuerzo. Aunque la herramienta a veces se rompe, la tarea crea una materialidad que posibilita diferentes grados de expresión de un momento único que queda plasmado en el cartel.
Al finalizar la jornada sobre salud mental, cuando el bullicio se disolvió, los tipos móviles dejaron de moverse en las prensas y las cucharas de marcar el papel, el área que ocupaba el taller se había transformado en una galería improvisada. El área que ocupó el taller se había cubierto de carteles con mensajes que navegaban el error, la resiliencia y lo colectivo de la experiencia juvenil, de vivir y navegar un camino de retos que muchas veces hacen que el mundo pese.



