¿Cómo comunicarnos sin daño?

¿Cómo comunicarnos sin daño?

El señor Palomar está en la orilla del mar mirando cómo van y vienen las olas. “No se puede observar una ola –dice– sin tener en cuenta los aspectos complejos que concurren a formarla, y los otros igualmente complejos que provoca”.

La reflexión del personaje del escritor Italo Calvino, en su obra Palomar, es precisa. Observar con detenimiento las acciones humanas, personales y sociales, se ha vuelto cada vez más importante. Y en la medida en que las sociedades se tornan más complejas, la necesidad se acentúa y acrecienta. Las razones son muchas: los problemas necesitan conocerse para poder generar soluciones efectivas y creativas; la participación se ha convertido en una dimensión fundamental de la vida social y el aprendizaje permite que no se cometan errores que han sido suficientemente detectados.

La comunicación ha ido ganando protagonismo de una manera generalizada y vertiginosa. Los medios de comunicación pertenecen desde hace tiempo a la rutina de la vida diaria y son uno de los instrumentos para circular información, generar imaginarios y producir representaciones sobre los problemas de una sociedad. Es verdad que su papel se ha ido transformando y que ellos mismos están sumergidos en una crisis de grandes proporciones, que ha fracturado su modelo de negocio, sus relaciones de confianza con la comunidad y, finalmente, su mayor capital: la credibilidad. Aunque siguen siendo importantes, los medios de comunicación ya no tienen el poder, ni el alcance que tenían en el pasado.

Entretanto, el paisaje de la comunicación se ha poblado de nuevos habitantes. Las tecnologías han sofisticado los soportes y las infraestructuras de transmisión de información, las redes sociales se han convertido en uno de los lugares privilegiados para la interacción entre los seres humanos, y los computadores, internet y los teléfonos móviles forman parte activa de la vida comunicativa de todas las personas, particularmente de los jóvenes.

En un estudio reciente sobre la apropiación social de las tecnologías (2020), el Centro Nacional de Consultoría constató que Internet ya es el medio más importante para acceder a la información general en Colombia, con un 50 %, seguido por la televisión (37 %) y muy lejos por la radio (8 %) y la prensa (5 %). En valoración de información confiable aparece en primer lugar la televisión (37 %), seguida de cerca por internet (33 %), la radio (16 %) y la prensa (15 %).

Lo que llama la atención de este análisis de la apropiación social de las tecnologías es la caída de la confianza en los medios de comunicación. Cuando se consultan los datos por edad, se constata que los jóvenes confían más en internet (41 %) que en cualquier otro medio.

 

La comunicación más allá de medios y redes

Sin duda la comunicación es mucho más que medios, internet y redes sociales. Forma parte de la vida diaria, se manifiesta en los diálogos y en las formas de interacción cotidianas, permea las relaciones familiares, las celebraciones o los duelos, los contextos de la educación, el mundo de los afectos y del trabajo. Lo interesante de esta ampliación de la comunicación es que las personas, sin exclusiones, pueden llevar a cabo prácticas comunicativas que no produzcan daño.

Este es uno de los objetivos del proyecto titulado Comunicación para la reconciliación y la salud mental, de las Facultades de Medicina y de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana.

¿Cómo unir medicina y comunicación en la perspectiva de los cambios que está viviendo nuestro país? ¿Cómo poner a dialogar a la salud con los diversos caminos de la comunicación para encontrar buenas prácticas que promuevan la paz, la convivencia y la reconciliación?

La evidencia sugiere que una gran variedad de problemas o síntomas de la esfera mental como por ejemplo, insomnio, angustia constante, miedo sin causa aparente y tristeza intensa, están asociados a formas problemáticas de comunicación. Sus repercusiones van más allá de lo personal y el malestar interfiere con el normal funcionamiento familiar, social, laboral y académico del individuo. En otras palabras: la comunicación puede intervenirse o modificarse para estar atentos a las situaciones de conflicto y las vulneraciones que genera y aportar a su solución.

El Observatorio para comunicarnos sin daño, en marcha desde 2019, entiende la comunicación como una apuesta ética y política que involucra a diferentes sujetos y sectores sociales y va mucho más allá de la emisión de mensajes y la difusión de contenidos sobre la reconciliación y la salud mental. Cuenta con un equipo interdisciplinario y la convocatoria a jóvenes estudiantes para incorporarse a la iniciativa. De esa manera se conjugan el observatorio, que tiene reminiscencias de la astronomía, y el semillero, que nos recuerda los afanes de la agricultura. Mirar al cielo y tener polo a tierra, son buenas metáforas para definir un observatorio.

En la comunicación, el Observatorio explora aquellas prácticas que pueden producir daño y se proponen esas otras que ayudan a superarlo. Por ejemplo, a veces la comunicación prioriza información para confirmar creencias o suposiciones, ignorando alternativas que las controviertan. Esta acción, que puede ocasionar daño, se puede contrastar con el pluralismo, la verificación juiciosa y la crítica de los prejuicios.

Hay muchas más posibilidades: frente al uso de una sola fuente está la opinión diversificada; frente al horror que seduce está el contexto que garantiza memoria e historia; frente a la revictimización está la dignidad de toda persona.

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La comunicación desde sus relatos

En un comienzo el Observatorio funcionó a partir del análisis de tres clases de relatos: los relatos mediáticos, que son las narraciones, informaciones y noticias producidas por los medios de comunicación; los relatos digitales, que tramitan significados que circulan especialmente por redes sociales como Twitter y que son generados por líderes de opinión; y los relatos vitales, que son mensajes construidos a partir de las historias de ciudadanos, colectivos e instituciones tras su experiencia del conflicto y su trabajo por la reconciliación y su papel como veedores.

El país ha vivido durante décadas un conflicto interno, con repercusiones psicosociales de enorme gravedad, degradación e injusticia que inclusive ha adquirido formas nuevas, se ha concentrado en regiones y ha visto aparecer a nuevos actores que acuden a la violencia por afirmar su poder y hegemonía en los territorios. Por eso, los relatos que inicialmente se han analizado en el Observatorio han tenido que ver con el proceso de paz, el post acuerdo y la reconciliación.

La polarización y la estigmatización de los otros, las confusiones y la generación intencionada de desinformación son algunas de las características que no cesan. Basta ver los acontecimientos recientes.
Si bien la comunicación sin daño tiene sus actores entre los periodistas y editores, los productores sonoros y visuales, los constructores de opinión a través de las redes sociales y los grupos e instituciones que inciden comunicativamente en los procesos de paz, no está circunscrita solamente a ellos. Al acudir a diario a muchas formas de comunicación, todas las personas están llamadas a revisar sus prácticas comunicativas y evitar todo aquello que produzca daño a sí mismo y a otros.

La observación de los relatos mediáticos mostró que una parte importante de sus historias respeta la dignidad de los protagonistas y suscita interés y confianza. Pero falta contexto, las fuentes son poco diversas y los géneros reducidos especialmente a las noticias.

En los relatos digitales la interacción se construye a través de identidades de grupo muy marcadas y excluyentes, que rápidamente se posicionan alrededor de líderes de opinión y que suelen estar apoyadas en la simplificación, en la repetición obsesiva de los puntos de vista y, no pocas veces, en emociones desbordadas.

Además de lo que sucede en los medios y en las redes, el Observatorio se ha preocupado por analizar la comunicación en los liderazgos comunitarios. En ellos se ven matices importantes y en cierta forma diferentes. Muchos de ellos han sido afectados directa o indirectamente por el conflicto armado colombiano, y entre sus discursos es valioso identificar cómo están entendiendo la reconciliación y cómo la aplican en sus procesos cotidianos En sus respuestas, los entrevistados subrayaron su relación con las comunidades, resaltando su proximidad con el proceso de paz, sus propósitos de movilización y su estrecha conexión con problemas concretos que sus comunidades vivieron como el desplazamiento o la violencia sexual. Un alto porcentaje utiliza un lenguaje sencillo y una parte de ellos recurre a apoyos audiovisuales en su tarea comunicativa. Hay una certeza en la comprensión de que las soluciones no pueden ser individuales sino colectivas y todos trabajan pensando en lo comunitario más que en lo personal.

El Observatorio ha asumido una tarea social muy importante. Ya ha empezado a hacer aportes al explorar los relatos que sobre la paz y la reconciliación están haciendo los medios, las nuevas tecnologías y los liderazgos comunitarios. Y al hacerlo está mostrando los caminos para llevar a cabo una comunicación sin daño.

Para leer más:
“Comunicación sin daño: convivencia y salud mental”, Editorial Pontificia Universidad Javieriana, 2020. https://doi.org/10.11144/Javeriana.9789587815610

* Directores e integrantes del Observatorio para comunicarnos sin daño en su versión 2019. Facultad de Medicina y Facultad de Comunicación y Lenguaje, Pontificia Universidad Javeriana

Ansiedad y depresión, ‘verdugos’ de los jóvenes en la pandemia

Ansiedad y depresión, ‘verdugos’ de los jóvenes en la pandemia

No es un cuento chino. La realidad es que los jóvenes de Colombia y otros lugares del mundo están sufriendo depresión y ansiedad en esta época de aislamiento preventivo. Dos estudios evidencian los trastornos que causa la Covid-19 en la salud mental de las personas.

Mujeres y adultos jóvenes, más propensos

Investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) lideraron un estudio internacional que busca poner a disposición de investigadores y de entidades de salud pública evidencia científica actualizada sobre los efectos en la salud mental en las personas durante la cuarentena.

Los hallazgos del primer informe demuestran que durante el tiempo transcurrido de la pandemia en Colombia las mujeres, los adultos jóvenes entre los 18 y los 29 años y las personas con bajos ingresos son quienes más han visto afectada su salud mental. El 35% de la población ha presentado síntomas de depresión, el 31% somáticos, el 29% de ansiedad y el 21% de soledad.

 

 

Juan Pablo Sanabria Mazo, magíster en Investigación en Psicología Clínica y uno de los coordinadores de la investigación en el país, señala que las mujeres jóvenes con bajos ingresos son el perfil poblacional en mayor riesgo al reportar 53% de síntomas de depresión, 45% de somatización y un 40% de ansiedad. En cambio, el perfil en menor riesgo son los adultos mayores hombres con altos ingresos, quienes reportaron 11% de síntomas de ansiedad, 11% depresión y 2% en somatización.

Los síntomas de depresión, de ansiedad y de somatización de la población colombiana en estos últimos meses se relacionan, entre otros factores, con las nuevas dinámicas de trabajo y la disminución de los ingresos económicos. Los resultados de la encuesta señalan que el 74% de las personas sienten amenazados sus ingresos y el 69% la continuidad de su empleo o sus estudios. Asimismo, durante la pandemia se ha visto desmejorada la actividad laboral en un 63%, los ingresos económicos en un 55%, la actividad física en un 50% y los hábitos de sueño en un 49%.

Por medio de la aplicación de encuestas anónimas en línea, el estudio ha logrado, hasta la fecha, más de 75.000 respuestas a nivel mundial, con la participación de alrededor 80 investigadores de 40 universidades. Colombia registró 18.061 réplicas en cuatro semanas y contó con la colaboración del Colegio Colombiano de Psicología (COLPSIC), investigadores de la Javeriana Cali, 25 instituciones aliadas y más de 1.500 agentes de difusión.

 

La salud mental en Bogotá

Otra investigación realizada Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana evidencia que la depresión y la ansiedad se siguen saliendo con la suya.

A través de 1.178 encuestas se evaluó la presencia estas alteraciones emocionales en los jóvenes. Uno de los hallazgos más llamativos de este ejercicio fue descubrir que el 17% de las personas encuestadas presentó niveles severos de depresión.

Teniendo en cuenta una escala de ponderación de 1 a 20, el estudio deja en evidencia que el 46,9% de los hombres y el 56,3% de las mujeres presentan niveles altos de ansiedad (en este rango los entrevistados respondieron mayor a 10).

Además, esta investigación consultó las respuestas de los jóvenes con relación a su futuro laboral, dificultades familiares, cambios en la alimentación, apoyo emocional, entre otros. (Ver gráficos)

 

Este estudio fue realizado por los departamentos de Psiquiatría y Salud Mental y de Epidemiología Clínica y Bioestadística javerianos en adultos jóvenes de 18 a 24 años durante y después del distanciamiento social obligatorio por la COVID-19 en Bogotá, Lima y Buenos Aires.

Descargue aquí el estudio completo

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Interdisciplinariedad ante la pandemia y el confinamiento

Un panel de expertos convocado por la revista Lancet evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario para dar respuesta en forma eficiente a los diversos y crecientes problemas que surgen en medio de esta pandemia. Creemos que la necesidad de este llamado surge de una conceptualización fracturada del ser humano, una separación arbitraria y artificial de la salud física y la salud mental, que genera problemas a la hora de producir acciones para afrontar las múltiples consecuencias derivadas de los temas de salud en general y en particular de la crisis ocasionada por el Covid-19, las medidas de aislamiento y la recesión económica que empieza a vislumbrarse. Resulta evidente que necesitamos una perspectiva interdisciplinar, multidimensional y ecosistémica para dar soluciones que atiendan a la complejidad creciente del problema.

Aunque para muchos profesionales y para las entidades internacionales de salud resulta clara la artificialidad de la separación entre la salud física y psicológica, un anacronismo reduccionista del dualismo mente/cuerpo, aún encontramos dificultades para articular en la práctica un concepto integral de salud, que se refleje en acciones efectivas en la formación, la investigación, el desarrollo de políticas públicas y, en especial, en la articulación del trabajo de profesionales en diversos campos de actuación.

La actual situación que atraviesa el mundo es un buen ejemplo de cómo las dinámicas comportamentales (los hábitos de alimentación de un grupo poblacional), pueden tener efecto en la salud (la trasmisión de un virus y el número creciente de muertos e incapacidad de respuesta del sistema de salud), la economía (la pérdida de empleos y quiebra de empresas, el deterioro de los ingresos de los trabajadores), la política (el deterioro de las democracias y las amenazas contra los derechos humanos, entre otros), la seguridad (el incremento de hurtos y otros delitos, parcialmente relacionados con la búsqueda de alimento y del aseguramiento de condiciones mínimas de supervivencia) y en las condiciones de riesgos denominados psicosociales, que favorecen el despliegue de comportamientos como el consumo de sustancias, los conflictos de pareja, las diversas formas de violencia intrafamiliar e incluso violencias que surgen de la convivencia en comunidades que, de nuevo, inciden en la salud, la economía, la política y otras áreas de la vida humana.

Consideremos un ejemplo, Perú, que a pesar de ser uno de los países de Latinoamérica que más oportuna y estrictamente estableció límites en el confinamiento, se ha convertido en el segundo país con mayor número de casos de COVID-19 del continente. Para entender esto, debemos tener en cuenta algunas dinámicas comportamentales.

Por ejemplo, el hecho de que sólo cerca de una quinta parte de las familias del país cuenten con un refrigerador se relaciona con la necesidad de buscar constantemente comida fresca, aunque quizás ¿es el aprecio por la comida fresca la que facilita que las familias no cuenten con refrigeradores? Las compras de los alimentos se realizan en mercados que se convirtieron rápidamente en focos de contagio, esta situación se empeoró con las restricciones que estableció el gobierno, buscando enlentecer la pandemia, en la apertura de estos mercados, que lejos de cumplir su cometido llevó a concentrar la aglomeración. Adicionalmente, se debe tener en cuenta que también influyen el hacinamiento, la informalidad y otras tantas variables que serían imposibles de enumerar. Es claro cómo las dinámicas para adquirir bienes básicos, la forma como preparamos nuestros alimentos y hasta los mismos elementos de nuestra dieta, pueden tener un efecto directo en la transmisión de un virus, incluso cuando este no se transmite en la comida.

Estamos presenciando cómo la expansión de un virus y las medidas que se han establecido para contenerlo están incidiendo en un aumento sistemático de trastornos de ansiedad, depresión y estrés postraumático, así como también de la violencia, el consumo de alcohol y las conductas de autolesión. Se ha reportado un aumento en los factores de riesgo en salud tales como desconexión social, pérdida del sentido de vida, sensaciones de agobio y agotamiento por el cambio en las condiciones laborales, angustia ante la pérdida del empleo, baja de ingresos, deterioro de la calidad de vida y problemas derivados de la dificultad de elaborar duelos luego de las pérdidas al no seguir rituales culturales. Estos aspectos psicológicos tendrán una repercusión directa en la salud y la economía, dando inicio de nuevo a un ciclo de interacciones múltiples que se alimentará de forma permanente.

En el contexto de una visión ecosistémica, interdisciplinar, diferencial y multidimensional aparecen un sin número de preguntas y desafíos de investigación. Por ejemplo, estudiar la eficacia diferencial de las intervenciones en telesalud, en particular la teleorientación, como estrategia mediadora en la promoción y prevención de la salud, y la telemedicina, como herramienta para desarrollar el trabajo terapéutico, evaluando su utilización en atención psicológica, contención emocional e incluso acompañamiento. Se identifica también la necesidad de evaluar el efecto que tiene la mediación virtual en el desarrollo de vínculos afectivos y su efectividad como alternativa para el fortalecimiento de redes de apoyo social, al igual que los efectos del teletrabajo en la salud.

De igual modo, estas perspectivas también exigen nuevas condiciones. Es ineludible diseñar nuevas infraestructuras de conocimiento, organizacionales, tecnológicas e incluso sociales que permitan la evaluación, intervención e investigación interdisciplinaria. Es necesario establecer controles éticos sobre el quehacer de los profesionales y demarcar los límites de lo que podemos hacer, en cuanto al efecto que tiene en las comunidades, en razón de su eficacia y efectividad. El uso que se le ha dado a las tecnologías como estrategia de evaluación de la expansión del virus abre un debate sobre la privacidad, lo cual tiene también importantes connotaciones psicológicas y sociales.

Igualmente, es preciso pensar estrategias de comunicación y de rendición de cuentas a la sociedad. En este sentido, hoy, como nunca, estamos viendo que los procesos de transferencia responsable de conocimiento son una parte determinante de la supervivencia de la sociedad. Se ha hecho certera la necesidad de fortalecer las estrategias de comunicación, de manera que permitan, en forma más inmediata, conocer las necesidades de las personas y las comunidades, identificar sus carencias y recursos, y hacer un seguimiento a la compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales que tienen.

Estamos, por tanto, ante un momento en el que se requiere asumir una perspectiva ecosistémica, multidimensional, interdisciplinar y transdisciplinar, que permita generar, desde ese mismo enfoque, investigación e intervención, de forma que sea inevitable un dialogo entre académicos y profesionales de diversos campos y se construyan soluciones que realmente den cuenta de la compleja y critica coyuntura que estamos transitando.

*Wilson López López: Profesor titular de la Universidad Javeriana. lopezw@javeriana.edu.co
**Pedro Pablo Ochoa: Director del equipo de respuesta psicológica frente al Covid-19 en Colombia. Colegio Colombiano de Psicólogos.

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Migración y salud: el reto nacional en época de coronavirus

Desde que se conoció la existencia del coronavirus procedente de Wuhan, China, la Organización Mundial de la Salud dio a conocer una serie de recomendaciones para la población viajera alrededor del mundo, como por ejemplo la obligación de solicitar atención médica en caso de presentar síntomas respiratorios agudos antes, durante o después de su tránsito. Sin embargo, con el paulatino crecimiento del número de personas contagiadas de COVID-19, el gobierno colombiano tomó la decisión de cerrar sus pasos fronterizos desde el 17 de marzo de 2020 hasta el próximo 30 de mayo.

Cancillería y Migración Colombia adoptaron medidas como la repatriación de migrantes a sus países de origen y el contacto con ciudadanos colombianos en el exterior. Recientemente, cerca de 600 ciudadanos venezolanos retornaron a su país por el Puente Internacional Simón Bolívar mediante la implementación de un corredor humanitario, previo al paso para el país vecino la Secretaría de Salud de Cúcuta les hizo a los migrantes venezolanos un chequeo médico con el fin de que no arriesgaran su integridad al intentar cruzar por pasos no autorizados.

Pesquisa Javeriana conversó con Andrés Cubillos-Novella, doctor en Estudios Internacionales e Interculturales y máster europeo en Migraciones, Conflictos y Cohesión Social de la Universidad de Deusto (España), sobre la población migrante en Colombia, su condición ante la pandemia y el estado actual del sistema de salud para afrontar la actual crisis sanitaria, a propósito del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, que se realizó este lunes 20 de abril.

Pesquisa Javeriana: ¿Cuál es la situación actual de los migrantes en Colombia con relación al sistema de salud? 

Andrés Cubillos: Hoy en día tenemos más de un millón 700 mil migrantes en Colombia, de los cuales cerca de un millón está en condición de irregularidad, lo que afecta su acceso a los servicios de salud. Por eso, es importante saber qué está pasando con esta población, específicamente en temas asociados con enfermedades no transmisibles, enfermedades transmisibles y su salud mental.

PJ: A propósito de la salud mental, ¿existen efectos psicológicos, producto del aislamiento preventivo en la población migrante venezolana?

AC: El confinamiento ha afectado la vulnerabilidad de las poblaciones ubicadas en zonas de frontera, ya que muchas se ven en situaciones de hacinamiento, desprotección e inclusive a futuro generando condiciones de precariedad, pánico, violencia y xenofobia -rechazo al extranjero-; además de la generación de aporofobia, que en palabras de Adela Cortina es el rechazo al pobre o al extranjero pobre. Sin ninguna duda el aislamiento preventivo está afectando la salud mental de los migrantes con ansiedad, angustia y depresión, debido a la precariedad en la que muchos de ellos viven.

 

Antes del cierre de la frontera existió una migración pendular que varía entre 34.000 y 40.000 personas pasando entre Colombia y Venezuela en un solo día.

 

PJ: ¿Qué medidas debería tomar el Gobierno para mitigar estos efectos?

AC: Fortalecer las redes familiares de los migrantes para apoyar su reunificación y mantener ese contacto a través de redes virtuales; es decir, apuntarle al ‘transnacionalismo’ que consiste en conservar la relación entre el extranjero y su población de origen.

En este momento, el Ministerio de Salud y Protección Social ha diseñado planes, lineamientos y estrategias. Ejemplo de ello es la creación del Plan de Respuesta Sectorial al Fenómeno Migratorio, el Conpes 3950, que establece estrategias de atención en salud, educación, primera infancia y adolescencia en relación con trabajo, vivienda y seguridad social para población migrante y la apertura de las líneas 123 y 192 para su atención.

PJ: ¿Cómo se podría acompañar a la población migrante en la actual crisis?

AC: Lo primero es entender que ser migrante no significa ser portador de la COVID-19. Segundo, tener en cuenta que nosotros también fuimos un país con población en el exterior, por lo cual la sensibilidad por los migrantes debería estar presente. Lo tercero es saber que muchos de los migrantes venezolanos han apoyado el desarrollo del país en la medida de sus posibilidades. Es necesario tener sensibilidad con quien sea en condición de vulnerabilidad, con los colombianos, con los no colombianos, con todo el mundo.

PJ: ¿Qué significa que un migrante esté en situación de regularidad e irregularidad? 

AC: La regularidad o irregularidad de una persona la define la posibilidad de estancia en un país, la cual puede ser acordada entre países. En el marco de la Unión Europea, las personas se pueden mover entre sus fronteras en condición de regularidad debido a acuerdos binacionales. Pero para el caso de los venezolanos en Colombia la situación es diferente, ya que la mayoría de los ciudadanos que pasan el punto de frontera no tienen pasaporte, el Permiso Especial de Permanencia (PEP) -creado para regularizar a esta población en el territorio nacional- o la Tarjeta de Movilidad Fronteriza (TMF), les permite a circular entre ambos países de manera regular. Hoy en día hay en Colombia más de un millón de migrantes venezolanos irregulares, lo que limita el acceso a servicios sociales.

PJ: En ese sentido, el acceso a los servicios de salud es muy limitado para quienes son migrantes en condición de irregularidad, ¿inclusive en medio de la actual crisis sanitaria?

AC: Si. Aunque la capacidad de respuesta del país es limitada cada vez más por la situación de contingencia social en la que nos encontramos, la priorización de la prestación del servicio de salud en urgencias para cualquier habitante del territorio es un compromiso, un acuerdo internacional que está consignado en Constitución y la Ley 100, indistintamente de dónde venga la persona.

 

La frontera internacional de mayor extensión que tiene Colombia es con Venezuela: son 2.219 kms con un territorio absolutamente permeable.

 

PJ: El creciente número de contagiados por COVID-19 en Latinoamérica ha generado un tipo de éxodo de los migrantes, usando a Colombia como un corredor para regresar a sus zonas de origen. ¿Cómo se debería entender esa situación?

AC: La razón por la cual los migrantes venezolanos que intentaron ingresar al territorio ecuatoriano hace algunos días no pudieron hacerlo es porque Venezuela no forma parte de la Comunidad Andina, lo que genera una barrera para acceder a este país. De esta forma, los acuerdos internacionales evitan la circulación de venezolanos hacia el resto de América Latina, lo que se convierte en una migración embudo acá en Colombia. Solo por dar otro ejemplo, en Chocó y Antioquia existe población migrante asentada en el territorio intentando llegar a países centroamericanos. Además, la actual situación de pandemia ha exacerbado el retorno de los migrantes venezolanos hacia su país, lo cual ha sido evidente en las noticias de los últimos días.

PJ: ¿Cómo está avanzando el Gobierno en materia de retorno de los migrantes a sus lugares de origen?

AC: En el caso de los migrantes venezolanos, se han hecho corredores humanitarios a través de acuerdos binacionales entre Colombia y Venezuela para que regresen a su país, pero también se está trabajando para que la población procedente de Haití, de Belice y de otros países retorne.

PJ: ¿Qué hace que una persona tome de la decisión de migrar?

AC: Esto obedece a que en muchos casos la gente migra hacia contextos mucho más ricos y prósperos y emigra de contextos donde la condición y la calidad de vida no es adecuada para poder continuar con su proyecto de vida.

En el caso de Colombia, las políticas, el conflicto armado y su situación económica hicieron que desde 1960 parte de sus habitantes migraran a países europeos como España y Alemania, y en la región EE. UU. y Venezuela (solo por dar unos ejemplos), buscando una mejor calidad de vida. Con los años, mucha de esta población retornó del exterior. Pero  desde el año 2014 el país empezó a recibir un volumen de migrantes procedentes de Venezuela que como sugiere el Conpes 3950 podrían no solo ser venezolanos, sino también población colombiana retornada.

PJ: Finalmente, ¿qué nos puede decir del foro ‘Acceso a los servicios de salud para la población migrante en Colombia: retos y perspectivas’, ¿que se realizó este 20 de abril?

AC: Lo que hicimos, junto con la Red de migración y Salud, con el apoyo de Lancet Migration e investigadores de universidades nacionales e internacionales, fue mirar el tema de acceso a los servicios de salud por parte de la población migrante en Colombia y otras latitudes, con el fin de establecer, en cierta medida, un análisis a partir de las estrategias que ha tomado el país para la inclusión de esta población en el contexto nacional. Fue una jornada muy provechosa y concurrida e invito a quienes no pudieron estar presentes para que la vean. Ingrese aquí para ver la transmisión.

Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Actividad física, la mejor aliada en la cuarentena

Uno de los efectos de la actual cuarentena generada por la COVID-19 es la limitación de espacios y la restricción para hacer actividades al aire libre. Esto afecta directamente la actividad física que hacen las personas, pues si bien muchas no tienen una rutina de ejercicios definida, sí existía al menos la necesidad de caminar para ir a colegios, trabajo u otros lugares. Por esa razón la Organización Mundial de la Salud y el Colegio Americano de Medicina del Deporte recomiendan una rutina de ejercicio mínimo tres veces por semana o más de 75 minutos en el mismo período de actividad física vigorosa.

Lo primero es conocer qué es actividad física. Es cualquier movimiento de los huesos y los músculos que genere un gasto energético. En este sentido, actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o incluso barrer, se pueden entender como actividad física. Y aunque su nombre lo define como una acción del cuerpo, también tiene beneficios para la salud mental de las personas.

Marlucio de Souza, docente investigador de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que hacer ejercicio disminuye la ansiedad que puede generar el encierro, pues produce hormonas de sensación de bienestar como endorfina, dopamina, serotonina, las cuales reducen el estrés, el sedentarismo, la irritabilidad y los síntomas de la depresión. Como efectos físicos aumenta la producción cerebral, previene problemas cardiorrespiratorios, aumenta la masa muscular, fortalece el sistema óseo y acorta la probabilidad de diabetes.

Con esta cantidad de beneficios para mente y cuerpo, De Souza recomienda aprovechar la cuarentena para fortalecer la actividad física en casa. Sin embargo, es necesario tomar precauciones, pues hacer ejercicio de forma inadecuada puede generar lesiones. Lo primero que recomienda el investigador es hacer una autoevaluación del estado físico. Este primer paso es fundamental para que cada persona sea consciente de sus capacidades. En él se debe tener en cuenta si realiza ejercicio de forma regular, con qué intensidad, si siente dolores o molestias en músculos o articulaciones o si tiene problemas cardiorrespiratorios. A partir de esta autoevaluación se toman decisiones sobre los objetivos y el tipo de actividades que debería hacer.

Para las personas que no tienen una rutina, este especialista recomienda hacer ejercicios calisténicos durante las primeras semanas. Estos son lo que usan el propio peso corporal y que no generan sobrecarga muscular. Entre ellos están las sentadillas, las flexiones, las barras, saltar lazo y los abdominales. Luego se incorpora, progresivamente, peso adicional para ganar masa muscular; también se puede aumentar la duración y la intensidad. Además, se pueden usar elementos cotidianos, pero siempre manteniendo una postura correcta. Por ejemplo, un palo de escoba serviría para hacer estiramientos, para ajustar posición y hacer yoga; los libros pueden usarse para hacer ejercicios de fuerza, y balones y pelotas para hacer rutinas de coordinación.

Para las personas que ya tienen una rutina de ejercicio es muy importante mantenerla, buscando actividades que sustituyan aquellas que se realizan al aire libre o en gimnasios. Sea cual sea el nivel de exigencia, se recomienda involucrar acciones cardiorrespiratorias, de fortalecimiento muscular, estiramiento y flexibilidad. Cabe tener en cuenta que el tiempo de duración, intensidad y volumen estén dentro de las capacidades de cada persona.

Pero si no tiene mucha experiencia en actividad física, hay herramientas tecnológicas que podrían ayudar como aplicaciones, rutinas o videos tutoriales. Estas ayudas son útiles como una guía, pero es clave hacer seguimiento a la respuesta del propio cuerpo. Durante todo ejercicio es importante monitorear la frecuencia cardiaca. La fórmula más tradicional para medirla es: 220 menos la edad. Ese es el número máximo de latidos por minuto a la que puede llegar cada persona. Para la actividad física en casa el investigador recomienda trabajar entre 60% y 70% de su frecuencia cardiaca. Esta sería una actividad moderada que no supone riesgos.

Existen también otras alternativas para quienes quieren actividades más “informales” y es la posibilidad de hacer ejercicios en pareja o grupos, en los que se pueden incluir a miembros de la familia o compañeros de vivienda. Un ejemplo de estos es el reto que el profesor De Souza envió recientemente a sus alumnos. Estas son rutinas lúdicas que fortalecen lo cardiorespiratorio y la coordinación.

Una sugerencia adicional: el baile. En él pueden participar niños y personas mayores, cada uno haciéndolo según sus capacidades. Además, es de gran ayuda para fortalecer los lazos con las personas con las que se comparte la cuarentena.

Finalmente, De Souza recomienda:

  • Tener un espacio para hacer las actividades.
  • Una vestimenta adecuada y cómoda.
  • Mantenerse hidratado.
  • Mantener una rutina. Cada día puede hacer un ejercicio diferente.
  • Incluir a otras personas, preferiblemente.

Mantener una alimentación balanceada según el gasto de energía.

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

El desafío de comunicar la homosexualidad en la familia

¿Qué pasa cuando algunos jóvenes empiezan su lucha por decir a viva voz que sus gustos e intereses son diferentes a los tradicionales, que son homosexuales o, incluso, aún no saben cómo definirse? ¿Cómo reciben la noticia sus amigos y conocidos?, pero, sobre todo, ¿cómo la reciben sus padres y el resto de la familia?

Con la idea de reflexionar acerca del papel que juega el apoyo familiar en este proceso y conocer las diferentes reacciones de los padres cuando sus hijos deciden confesar su homosexualidad, la psicóloga y magíster en Familia de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Linda Teresa Orcasita, realizó un estudio con 15 familias de personas gays y lesbianas que ya experimentaron dicha situación.

A partir de las conclusiones de cada escenario ella construyó con su equipo de investigación una línea de tiempo interactiva, denominada ‘Mi Viaje’, como medio para que cada familia, a través del dibujo, contara su historia.

“A veces usamos muchas técnicas tradicionales que no tienen efecto en la población que estudiamos. Lo interesante de nuestra propuesta es que el proceso investigativo hace las veces de una intervención terapéutica; en la medida en que yo estoy diciendo lo que me pasó con mi hijo de una forma no invasiva como con el dibujo, también tengo la posibilidad de reflexionar en qué falle, qué no sirvió como familia y cómo puedo actuar mejor a partir de las narrativas construidas”, explica la científica.

El proyecto ‘Dinámicas familiares en los procesos de revelación y aceptación de la orientación sexual en madres y padres con hijos gays e hijas lesbianas’ da cuenta de que el proceso de revelación de las familias es muy diverso. “No es algo que pase de manera unilineal, no podríamos decir que las 15 familias pasaron por los mismos momentos en la revelación, pues depende de la historia, experiencia y dinámicas que haya construido cada una a lo largo de su vida. Pero, sí hay encuentros comunes”, comenta la investigadora

Ella explica que hay etapas, que si bien no son generalizables, tienden a repetirse en muchos de los casos (el shock, la negación, el enojo, la negociación), donde se experimenta un proceso de aceptación parcial: el silencio, la tristeza profunda, la nostalgia, que están ligados a sentimientos de culpa y, finalmente la aceptación que, según Orcasita, es un proceso al que no todas las familias llegan plenamente.

La científica logró identificar en las narrativas de los y las participantes tres tipos de casos en las familias:

–           Familias nutritivas: en las que la aceptación se da porque han establecido redes de apoyo fuertes, el nivel de información acerca de la diversidad sexual es amplio, la comunicación entre padres e hijos es muy cercana y los espacios de diálogo son más abiertos y afectivos.

En este grupo, por lo general, se ubican las personas que tienen mayor acceso a la educación porque, afirma Orcasita, “tienen la posibilidad de tener mejores fuentes veraces de información frente a la diversidad sexual y de géneros; no se quedan con el mito o el prejuicio de los estereotipos sociales sino que tienen más recursos en cuanto a información científica y acceso a profesionales que amplíen el significado de la diversidad sexual y de género”. En este sentido, la investigación evidencia que, a mayor información científica y experiencias cercanas de personas que han vivido el proceso, mayores posibilidades de tener actitudes favorables frente a la homosexualidad.

–           Familias ambivalentes: las que realmente quieren aceptar a sus hijos, pero sus creencias religiosas los limitan, especialmente los temores y la culpa sobrepasan el deseo de reconocerlos o alguno de los padres no acepta la homosexualidad de su hijo o hija, creando así barreras difíciles de romper.

–           Familias centrípetas: aquellas que dicen ‘ya lo sabemos, pero no queremos que nadie más lo sepa’, pues en su interior no lo aceptan porque guardan la esperanza de que la decisión de su hijo o hija sea transitoria.

Ante esta última, la investigadora advierte que “en la orientación sexual, para que uno realmente diga soy gay o soy lesbiana debe existir una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otras personas; diferente a una práctica sexual homoerótica transitoria”.

El proceso: una mezcla de sentimientos

Investigaciones previas han encontrado que las edades de la revelación homosexual en los contextos familiares y sociales, generalmente, está entre los 15 a 25 años. “La edad que abarcó este estudio fue de 18 a 25, pero tenemos personas que hicieron su revelación antes”, explica, agregando que son pocos los casos en los que el anuncio fue recibido de una manera natural y sin controversia.

“De ahí que ver a su hijo o hija cambiar de opinión, se vuelve un deseo latente al interior de las familias”. A esta esperanza de los padres y desesperanzadora para los hijos, dice Orcasita, se suman estigmas y etiquetas alrededor de las personas gays y lesbianas como “todos los gays son promiscuos” o, la asociación de las personas homosexuales con infecciones de transmisión sexual.

Todo esto hace que el proceso de revelación esté lleno de cargas emocionales y psicológicas tanto para el o la joven como para su círculo más cercano. Por un lado, siendo la familia el primer agente de socialización y de reconocimiento, el rechazo puede traer efectos devastadores para los jóvenes. Cuenta Orcasita: “muchos chicos me decían: ‘solo el hecho de que mi familia me apoye es fundamental para mi bienestar emocional’”. Por esto, tal como lo evidencian diversos estudios, el pensamiento suicida, la ansiedad y la depresión aumentan cuando la población percibe que tienen menor apoyo social.

Por su parte, la familia pasa por momentos de ira, tristeza y, como afirma la investigadora, experimenta una culpa enorme. “Algunos decían ‘de pronto mi hijo es gay o mi hija es lesbiana porque yo me separé del papá’. ‘Eso debe ser porque yo le di mucho afecto y lo sobreprotegí, entonces por eso se volvió así’, afirmaban otros, o, ‘debe ser que él tuvo malas experiencias afectivas, por eso no le gustan más los hombres’”, comenta la investigadora sobre algunas de las respuestas que recibió en dicho estudio. De hecho, llama la atención la baja participación de la figura paterna en el estudio. La mayoría que aceptó participar fueron las madres. “Para el caso de los padres hombres se generan temores asociados a su proceso de masculinidad frente a otros”, complementa.

Finalmente, la profesora Linda Teresa recomienda a los terapeutas dirigir su foco de atención al sistema de creencias y a los imaginarios. Además, pide acompañar esos relatos, en un principio nutridos de insatisfacción, de penas y de vergüenza, para que sean narraciones liberadoras. Otra herramienta que sugiere es la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, dispuesta para facilitar este proceso y que le sirva a todos los que requieran algunas estrategias de cómo actuar en esta etapa de revelación, cómo crear un camino confortable y asegurar una salud mental positiva tanto para quienes se identifican como gays o lesbianas como para sus familias.

Para mayor información del proyecto y conocer la “Guía de apoyo a familias con hijos e gays e hijas lesbianas”, puede escribir a ltorcasita@javerianacali.edu.co

Migración venezolana: un asunto de salud pública

Migración venezolana: un asunto de salud pública

La hoja de vida de Jesús David, de 31 años de edad muestra que es profesional en informática y tecnología de la Universidad Central de Venezuela. Como la empresa donde laboraba cerró, decidió migrar a Colombia. Aquí ha trabajado como mesero; sin saber mucho de construcción ha sido ayudante de obra; cuando no ha tenido otra opción para reunir los $15.000 de la habitación de paso, se ha subido más de una vez al transporte público para vender dulces. Además no ha podido legalizar su estadía en el país.

David hace parte del casi millón y medio de venezolanos que hasta octubre de este año han ingresado a Colombia en busca de nuevas oportunidades, cifra que supera en un 39% a la alcanzada en el 2018. También es una de las 737.000 personas consideradas como irregulares, es decir, que continuaron viviendo en el país sin autorización y superaron el tiempo de permanencia establecido.

Experiencias como la suya se repiten en cada uno de los migrantes de formas diferentes. Así lo demuestran los resultados preliminares de una investigación que desarrolla el profesor javeriano Andrés Cubillos con un equipo de investigadores de la Universidad Central de la Florida.

Hay que tener en cuenta, de acuerdo con este especialista en migraciones, que son miles los venezolanos que al llegar a su lugar de destino tienen que lidiar con la nostalgia de dejar la familia, cambiar sus hábitos, acostumbrarse a un nuevo clima o enfrentar el rechazo de colombianos, lo cual les afecta considerablemente su salud mental.

"El trabajo psicosocial es fundamental para reconocer las necesidades del migrante. Por lo tanto, se trata de un trabajo integral en donde la atención sea pensada de forma indiscriminada, no para los colombianos o para los venezolanos, sino para todos los que habitan el territorio nacional”, afirma el investigador javeriano.
El trabajo psicosocial es fundamental para reconocer las necesidades del migrante y debe ser una preocupación de salud pública, afirma el investigador javeriano.

La radiografía del estudio
El foco de atención debe estar en la salud mental de los migrantes , opina el experto. Aunque la prioridad de los países ha sido, en el mejor de los casos, atender las necesidades en salud de las maternas y neonatos, es un tema que, según Cubillos, debe tratarse de manera apropiada para que las dificultades no se conviertan en enfermedades mentales. “El hecho de que el estado mental del migrante sea un tema que merece mayor atención, por ningún motivo se debe desconocer la salud de los colombianos. Así las cosas, el Estado debe potenciarla e integrar a ambos grupos de personas, pues el derecho a la salud no tiene nacionalidad .

“Nos hemos dado cuenta de que cuando los migrantes llegan a los hospitales se les brindan primeros auxilios en salud mental, pero no hay continuidad en el tratamiento y ni siquiera hay atención primaria para estas personas. Esto puede significar un futuro problema de salud pública”, explica este integrante del Instituto de Salud Pública de la Javeriana, quien reconoce que este tema es un reto para el país y debe enfocarse desde diferentes ópticas. “El principal reto en salud está en dar respuestas a las necesidades de la población migrante, que son las mismas que presenta gran parte de la población colombiana, y el trabajo psicosocial es fundamental para reconocer dichas necesidades. Por lo tanto, se trata de un trabajo integral en donde la atención sea pensada de forma indiscriminada, no para los colombianos o para los venezolanos, sino para todos los que habitan el territorio nacional”, puntualiza.

Otro de los temas a tener en cuenta en esta problemática es la búsqueda de alternativas para hacer de la salud mental una prioridad que sirva de apoyo al proceso migratorio, lo cual se confirmó en un simposio sobre esta temática realizado en agosto en la Universidad Javeriana. Dentro de las propuestas más representativas para alcanzar este objetivo, y en la misma línea de Cubillos, se destacó la importancia del acompañamiento psicosocial para reducir impactos emocionales, reconstruir la confianza, restablecer vínculos de afecto, identificar y potenciar recursos de afrontamiento y generar una perspectiva de futuro y esperanza.

Bajo esta perspectiva, lo que puede llegar a representar un problema no es la migración en sí misma sino la forma como se asume la política pública y en salud para los migrantes en Colombia, según argumenta el investigador. Para esto es necesario un trabajo educativo en el que se incluya tanto a la población migrante como a la colombiana, tal como se propuso en el simposio: identificar cuáles son sus temores, imaginarios, estereotipos e incluir la detención de la estigmatización de las personas que llegan.

“No es posible que vivamos en choques constantes cuando lo que queremos es establecer unas culturas pacíficas de relaciones entre los que vienen y los que están acá. El deber ser es que entre todos construyamos país y que la migración nos sirva para conocernos y unirnos como humanidad”, asegura Cubillos.

¿Por qué no se debe entender la migración como un problema?

Para este profesor “los medios y las redes sociales se han encargado de apoyar la estigmatización de los migrantes”, lo que fomenta los comentarios xenófobos de algunas personas.

Millones colombianos en los 60, 70 y 80 buscaron refugio en otros lugares. Venezuela, fue uno de los países que acogió.
Millones colombianos en los 60, 70 y 80 buscaron refugio en otros lugares. Venezuela, fue uno de los países que acogió.

Sin embargo, en su concepto, la historia alude a que esta situación no es nueva y se ha repetido más de una vez en diversos escenarios, siendo Colombia uno de los países expulsores de su población por mucho tiempo. En las décadas de los 60, 70 y 80 una densa ola de colombianos salió de sus hogares para buscar caminos más favorecedores, y “uno de los países que recibió a la población colombiana fue Venezuela. De hecho, durante esos años esa nación fue considerada el ‘sueño latinoamericano’ por sus recursos y posibilidades económicas”, enfatiza Cubillos.

Al respecto argumenta que a los países receptores no llegan las personas que la ciudadanía desearía pues son gente con niveles socioeconómicos bajos. No obstante su arribo obedece a las consecuencias de sus propias necesidades, no a las necesidades de un país. “Si bien es verdad que algunos, solamente algunos, llegan a delinquir, a afectar las condiciones nacionales, esto no es un asunto masivo, la mayoría de las personas vienen con la mentalidad de aportar cosas positivas. Es más, muchos llegan con nuevas ideas que pueden contribuir al desarrollo del país”, destaca.

Andrés Cubillos, quien se ha dedicado a estudiar el fenómeno migratorio desde el 2006, invita a entender la migración como la explica la ciencia, es decir, “como un asunto que tiende a repetirse. No se está presentando solamente de Venezuela hacia Colombia, es global. La gente se mueve hacia otros países por la cercanía, por la posibilidad de buscar otras oportunidades, por compartir la cultura y otros factores de distinta naturaleza”. Él finaliza afirmando: “No por esto se puede estigmatizar la migración de los venezolanos”.

El cuidado: clave para la salud mental

El cuidado: clave para la salud mental

Cuidar. Cuidar nace del alma. Cuidamos y necesitamos que nos cuiden. Ese verbo tan común es definido por la psicóloga e investigadora Cecilia de Santacruz como una función humana, tanto para hombres como para mujeres, que está presente en cualquier ámbito de nuestras vidas y en todo momento. No necesitamos tener a alguien enfermo para ejercer esta función. Cuidamos todo el día… cuando cruzamos la calle, cuando salimos de paseo, cuando estamos en una reunión de trabajo, cuando cocinamos o hacemos deporte.

Es un concepto en el que el respeto por el otro, la conciencia sobre la importancia de cuidarlo y la de cuidarnos son la clave. Es construir la salud mental del ciudadano desde que somos niños. Para que de adultos entendamos la palabra ‘cuidar’.

Y a partir de ese verbo tan sencillo, un programa que ejecutó la Pontificia Universidad Javeriana con el Hospital Universitario San Ignacio (HUSI), apoyado por Colciencias, dio lugar a 46 proyectos de investigación enmarcados en la atención primaria en salud mental (APS), buscando reducir el impacto de los trastornos mentales en quienes los sufren ―los pacientes, su familia, el entorno cercano y la sociedad que con frecuencia los estigmatiza y excluye―, pero también para promocionar la salud mental en su sentido más llano.

“Para nosotros, los problemas de la salud mental no son las enfermedades”, afirma, categórica, la profesora Santacruz, quien actuó como gerente del gran proyecto, “las enfermedades son los trastornos mentales. Los problemas de salud mental son las relaciones que no son cuidadosas, que son de explotación, violentas, que no facilitan las condiciones de vida para todos. Esos son los problemas de salud mental”.

Con esa mirada, y muchos años de experiencia investigando, se reunieron psiquiatras, psicólogos, geriatras, pedagogos y comunicadores, entre otros profesionales, para definir diferentes estrategias de actuación que abarcaran todo el campo de la salud mental, concebido en su definición más amplia, que incluye la salud, los problemas, los trastornos, las resistencias y las acomodaciones, todo ello resumido en cinco áreas de trabajo (ver infografía).

/ Camila Mejía Valencia.
/ Camila Mejía Valencia.


Desde lo preconcebido hasta lo novedoso

Tanto para las personas de la tercera edad, aquellas con alguna discapacidad, las que padecen un trastorno mental o bien aquellas que experimentan un sufrimiento provocado por un accidente de trabajo, los investigadores diseñaron intervenciones y herramientas clínicas, algunas a partir de sofisticadas técnicas ―clínicas, neurocognoscitivas y genéticas―, pero que se pueden utilizar en cualquier nivel de atención del sistema de salud. En esta línea, han avanzado en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de las demencias, como es el caso de la enfermedad de Alzhéimer, el trastorno afectivo bipolar, las secuelas neuropsiquiátricas del trauma craneoencefálico o la demencia frontotemporal.

También estructuraron o evaluaron modalidades de intervención, entre ellas, atención domiciliaria de psicogeriatría, modelo de apoyo a personas de la tercera edad que viven solas, y contemplaron dentro de sus estudios los comportamientos de conductores de automóviles y motocicletas, relacionados con el consumo de alcohol.

Con la misma dedicación trabajaron junto a quienes están al lado de las personas con trastornos mentales: los cuidadores. Porque con esta categoría el espectro se amplía a 360 grados, ya que generalmente se trata de los miembros de la familia, casi siempre una mujer, y lo que se busca es que se conformen ‘redes de apoyo’ entre vecinos, amigos o compañeros de trabajo, el personal de salud. El mensaje del programa, casi su lema, ha sido hacer un esfuerzo por modificar la concepción de cuidado, para que no se entienda como una sobrecarga asociada con el papel femenino, pues de ese modo quienes cuidan, a su vez, se enferman psicológica y físicamente.

Para estos cuidadores, los diferentes estudios recopilaron información sobre los recursos legales, de salud y de conocimiento que pueden facilitar su tarea. Esa información forma parte de un conjunto de talleres que los investigadores han diseñado bajo la modalidad ‘intervenir investigando’, en la que ‘todos ponen’ ―como en la pirinola― de una manera muy horizontal y democrática, tanto talleristas como participantes. Estos espacios dieron lugar a un diplomado en Cuidado abierto a cualquier persona porque aborda el ‘cuidado’ desde todas las dimensiones.

También crearon otros programas de formación dirigidos a distintos grupos profesionales, entre ellos un diplomado para docentes y orientadores de las instituciones educativas que dio origen a la Maestría en Salud Mental Escolar, cuya aprobación está en trámite, y un diplomado sobre demencias para profesionales de la salud, todos ellos virtuales. Además, un Doctorado en Neurociencias, que ofrecerá la Facultad de Medicina próximamente, con un planteamiento original centrado en la interacción del cerebro y la conducta con respecto al entorno y al grupo social, vinculando las neurociencias con otras disciplinas, como la filosofía o la teoría de la mente. Con este énfasis, cualquier profesional podrá cursarlo.

/ Diederick Ruka.
/ Diederick Ruka.


Cuando el mensaje llega…

Los investigadores han participado en diferentes actividades de socialización y promoción de esta novedosa manera de asumir la salud mental, a través de programas de radio, blogs, videos, boletines y varios documentos de apoyo, como la “Agenda cuidadores”, o folletos explicativos, como “¿Qué es un accidente de trabajo?”. Además, tienen página en Facebook y un portal en la red, en el que el navegante puede encontrar información sobre salud mental, incluyendo una línea de tiempo que da cuenta de la historia de este campo de estudio en el país, así como el listado de las instituciones en salud mental de todos los departamentos.

Ese concepto de salud mental, reflejado en todos los productos comunicativos que han implementado, hace énfasis en lo ético. Es el resultado de muchos años de trabajo, lo que se demuestra en los contenidos que están centrados en la vida diaria, señala Santacruz, “la vida buena en términos de hacer cosas para que la vida sea mejor para todos”, como por ejemplo, continúa, “el papá que cuida al bebé; no es que esté ayudando; simplemente está ejerciendo la paternidad”. Y eso es un cambio de mentalidad, lo que en últimas busca el programa, el cual, aunque haya terminado su ciclo con Colciencias, continúa en el quehacer diario de los investigadores. Además, es una iniciativa con sello javeriano, por su énfasis en la proyección social: “se trabaja por los otros”.

Claro, todos tienen que ‘poner’. La salud mental requiere que haya cumplimiento de derechos, que haya posibilidades para la vida colectiva, especialmente para quienes han sido maltratados, excluidos o violentados. “Creo que la gente hace muchas cosas, crea, construye, pero también requiere”. Nos tenemos que cuidar. Entre todos.


Para leer más:

 


TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN: Programa de intervenciones en salud mental orientadas por APS y reducción de la carga de trastornos mentales generadores de mayor cronicidad y discapacidad. Fase 2
INVESTIGADORES PRINCIPALES: Carlos Cano G., Carlos Gómez R., Diana Lucía Matallana E., Pablo Reyes G., Claudia Irene Giraldo y Martha Inés Solano
GERENTE E INVESTIGADORA: Cecilia Escudero de Santacruz
Unión Temporal Pontificia Universidad Javeriana y Hospital Universitario San Ignacio
Con el apoyo de Colciencias y diferentes instituciones públicas y privadas.
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-2017

Cerramos 2018 enfocados en salud mental, educación y… ¡magia!

Cerramos 2018 enfocados en salud mental, educación y… ¡magia!

Hoy, en el primer fin de semana, en el último mes del año, Pesquisa Javeriana presenta al público su edición 46 para culminar un 2018 de arduo trabajo, intensos desafíos tanto en sus páginas impresas como en su estrategia web y nuevos retos, los cuales abordaremos a lo largo de 2019.

Y para cerrar el presente año con broche de oro, encuentre en las páginas de esta edición:

  • Informe especial sobre el programa en atención primaria en salud mental, ejecutado por la Pontificia Universidad Javeriana y el Hospital Universitario San Ignacio, con apoyo de Colciencias, que generó 46 proyectos de investigación para reducir el impacto de los trastornos mentales en los pacientes y en sus familias.
  • A partir de una investigación con moscas silvestres, científicos de la Javeriana Cali y de la Universidad Icesi buscan alternativas para tratar a pacientes con autismo.
  • Presentamos Codifico, la aplicación móvil que, por medio del juego, enseña a diagnosticar enfermedades y a codificarlas según la clasificación convenida mundialmente.
  • La investigación que revela los beneficios para la salud de los niños que comen alimentos cocinados con aceite de soya.
  • El sociólogo Nelson Gómez nos explica las implicaciones históricas, sociológicas y etnográficas que ha tenido la música salsa en la educación sentimental de los colombianos.
  • El papel fundamental de las maestras y sus estrategias pedagógicas en la educación inicial para ayudar a los niños a superar los problemas que encuentran a su paso.
  • Carlos Gómez-Restrepo, decano de Medicina de la Javeriana, relata su trayectoria académica y personal así como revela una faceta desconocida: su afición por la magia
  • El trabajo de Bryann Avendaño, biólogo y ecólogo javeriano, se enfoca no solo a enseñar ciencia a poblaciones con difícil acceso al conocimiento, también busca convencer a los científicos colombianos en el exterior para que regresen al país y produzcan ciencia de calidad.
  • En nuestra editorial abordamos el papel que las universidades pueden jugar bajo el nuevo enfoque de industrias creativas, propuesto por el nuevo Gobierno.
  • Encuentre las novedades de la Editorial Javeriana de cara al inicio de 2019.
  • Una mirada a la discografía de los compositores javerianos: estudiantes, profesores y egresados de la carrera de Estudios Musicales.
  • Reproducimos la entrevista que la revista internacional Nature le hizo a Jorge Humberto Peláez S.J., rector de la Javeriana, sobre el papel de la universidad en el entorno de innovación colombiano.

Por esta vía, les agradecemos su compañía a lo largo de este 2018 y les deseamos una inmensa alegría y felicidad en las fiestas de fin de año, deseando siempre que compartan con sus familias y seres queridos; asimismo, extendemos nuestras mejores intenciones para que la prosperidad los cobije en todo 2019.

En esta recta final, Pesquisa Javeriana continuará renovando su página web con nuevas historias para que no perdamos de vista los progresos y avances científicos producidos desde las aulas y laboratorios javerianos.

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