Por: Ana Sofía Zea, Katerine Ariza, José Andrés Ocaña, David Olaya, José Andrés Corredor, Marino Mejía, Ana Lucía Torres, Enrique Peñaloza, Gina Polo.
Desde hace varios años el cambio climático se ha posicionado en la agenda pública como una de las grandes preocupaciones de los gobiernos y las poblaciones. Informes como los de la CEPAL para Centro America o de The Lancet Countdown para América Latina sobre salud y cambio climático, muestran cómo el aumento de la temperatura media del planeta y las emisiones de CO₂ están afectando a millones de personas, quienes quedan expuestas a olas de calor, inundaciones, brotes de dengue, escasez de agua y alimentos, entre otros.
Además, se ha encontrado evidencia científica de que la crisis climática no afecta a todas las personas por igual. Las comunidades que ya vivían en condiciones de desigualdad –con menos acceso a servicios básicos y en condiciones de vulnerabilidad –, son las más expuestas y las que tienen menos margen para adaptarse. Para ellas el aumento de enfermedades respiratorias, las infecciones transmitidas por vectores, la desnutrición asociada a la inseguridad alimentaria o la pérdida de fuentes de agua segura son problemas cotidianos que requieren una atención urgente.

Desde el Centro de Cambio Climático y Salud Pública para América Latina y el Caribe (CLIMAS Hub) de la Pontificia Universidad Javeriana se han analizado distintos enfoques que tienen como fin ayudarnos a comprender mejor la relación entre salud, ambiente y sociedad. Tres de ellos, One Health, Planetary Health y EcoHealth comparten una idea de fondo: la salud humana no puede entenderse sin la de los ecosistemas que habitamos.
Tres maneras de mirar el cambio climático
One Health es el enfoque más conocido y antiguo, aunque su formulación más reciente proviene del One Health High-Level Expert Panel, conformado por organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Salud Animal (OIE). Nació ligado al estudio de las enfermedades transmitidas por animales, como la rabia o la gripe aviar, y cobró nueva fuerza con la pandemia de COVID-19. Hoy, este enfoque reconoce que la salud humana, la de los animales y la del ambiente están entrelazadas.
Por ejemplo, ante un aumento de casos de dengue en una comunidad afectada por el incremento de temperaturas y lluvias irregulares, One Health propondría que médicos, epidemiólogos y expertos ambientales trabajen de manera coordinada para vigilar el comportamiento del mosquito, identificar factores ambientales que favorecen su proliferación y fortalecer la respuesta sanitaria de forma articulada.
Planetary Health surge por iniciativa conjunta de la Fundación Rockefeller y la revista The Lancet. Entiende la salud como la consecución del mayor nivel de bienestar posible por medio del relacionamiento de los sistemas humanos y naturales. Parte de la premisa de que la salud del planeta se está degradando y que el cambio climático está siendo causado por la actividad humana.
Los análisis realizados desde esta perspectiva reconocen que existe un límite ambientalmente seguro, dentro del que la población humana puede desarrollarse sin comprometer la integridad de otras formas de vida que habitan el planeta, tanto en el presente como en las generaciones futuras. En el mismo caso de dengue, esta perspectiva no solo atendería el brote, sino que lo relacionaría con transformaciones más amplias como la deforestación, la expansión urbana desordenada o el aumento global de emisiones.

EcoHealth, por su parte, surge de diversos antecedentes relacionados con problemáticas que han afectado la salud humana, como la presión sobre los ecosistemas, los cambios en los patrones climáticos y las tensiones sociales relacionadas a estos. Se pregunta por la relación profunda entre los ecosistemas, las desigualdades sociales y económicas y los esfuerzos por mejorar la salud humana. Por esto, promueve la integración de diferentes disciplinas de las ciencias sociales con las de las ciencias naturales y saberes comunitarios, para analizar la relación entre salud y los ecosistemas.
Con el ejemplo del dengue, EcoHealth indagaría por quiénes están más expuestos y por qué, cómo influyen el acceso al agua, las condiciones de vivienda o las desigualdades sociales, e involucraría a líderes locales y personal de salud en la identificación de soluciones. Desde esta perspectiva, la respuesta no se limita al control del vector, sino que busca fortalecer capacidades comunitarias y reducir vulnerabilidades estructurales.
La comunidad no es “objeto de estudio” sino aliada
Entre los enfoques que analizan la relación entre cambio climático y salud, las perspectivas que sitúan a las comunidades en el centro de la investigación han cobrado especial relevancia. En esta línea, CLIMAS Hub desarrolla su trabajo desde el enfoque EcoHealth, que promueve la integración entre investigación científica, saberes locales y acción colectiva para enfrentar los impactos del cambio climático en la salud.
De forma más específica, una de las principales fortalezas de EcoHealth es que prioriza la transdisciplinariedad con saberes locales, la equidad y una lógica de conocimiento-acción que busca que la investigación produzca soluciones situadas y sostenibles construidas con los actores implicados. El enfoque apuesta por ubicar a las comunidades en el centro.
Esto significa cuestionar la imagen clásica de la investigación, donde un equipo externo estudia una problemática y, después de tomar datos, se marcha. En su lugar propone construir proyectos en los que habitantes, líderes locales, personal de salud y autoridades participen desde el inicio, definiendo los problemas, discutiendo métodos, recogiendo información y diseñando soluciones.

En distintos países se han documentado experiencias en las que esta forma de trabajo ha permitido, por ejemplo, reducir riesgos de enfermedades transmitidas por vectores, mejorar rendimientos agrícolas o fortalecer la seguridad alimentaria. Los cambios no se limitan a indicadores sanitarios, también se han observado comunidades más organizadas, liderazgos fortalecidos (especialmente de mujeres y jóvenes) y mayor capacidad de negociar con autoridades locales o exigir políticas públicas que respondan a sus realidades.
Otro aporte clave de EcoHealth es su énfasis en la equidad. Si el cambio climático afecta de manera diferenciada a las personas según su género, edad, etnia o posición socioeconómica, entonces las investigaciones y las respuestas no pueden ser neutras. Se busca visibilizar esas desigualdades y entender cómo grupos históricamente marginados se relacionan con los ecosistemas, los riesgos que enfrentan y qué formas de cuidado han desarrollado.
Investigar para transformar
Los enfoques de One Health, EcoHealth y Planetary Health ofrecen perspectivas complementarias para analizar la relación entre cambio climático y salud, al integrar la interacción de factores ambientales, biológicos, sociales y culturales. En particular, las aproximaciones que sitúan a las comunidades en el centro de la investigación las reconocen como actores clave en la co-construcción de conocimiento y en la puesta en marcha de soluciones ajustadas a sus contextos.
Esta participación puede traducirse en mejoras en las condiciones de vida, fortalecimiento del tejido social y mayor capacidad de incidencia en políticas públicas y en la gestión ambiental. Por ello, incorporar estos principios en las políticas y programas de salud y ambiente resulta fundamental para diseñar respuestas sostenibles y equitativas que fortalezcan la resiliencia comunitaria frente a los impactos del cambio climático.
En ese sentido, el CLIMAS Hub, se ha propuesto como objetivo democratizar el conocimiento sobre la mitigación de los efectos adversos del cambio climático en la salud, fortalecer la resiliencia de los sistemas, apoyar procesos comunitarios y mejorar los resultados de los proyectos mediante la colaboración, las asociaciones y los esfuerzos de movilización de conocimiento. Esto mediante un enfoque que busca integrar la investigación, las políticas públicas y la participación comunitaria.



