Durante los momentos más difíciles de la pandemia de COVID-19, vimos como país que no estábamos listos para enfrentar una presión así en el sistema de salud. Como muchos otros países, tuvimos que esperar nuestro turno en la fila para comprar capacidades diagnósticas, tratamientos y vacunas que permitiera el manejo de una crisis sin precedentes en los últimos 500 años.
Esa espera reveló el peligro de depender científica y tecnológicamente de otros países y quedó claro que, ante la crisis, Colombia no es dueño ni de su tiempo ni de sus soluciones. Con el fin de evitar que algo así suceda de nuevo y fortalecer las capacidades de la ciudad para gestionar sus propias soluciones en salud nace el Ecosistema Distrital de Innovación en Biotecnología y Salud Digital.
Se trata de una iniciativa liderada por la Pontificia Universidad Javeriana en alianza con la Agencia ATENEA y la Secretaría Distrital de Salud que busca construir soberanía sanitaria en Bogotá y cuyo lanzamiento será el próximo 13 de abril. Esta red no busca aglomerar ser una serie de proyectos de investigación aislados, sino construir un ecosistema vivo cuyos actores (universidades, startups, hospitales y la administración distrital) construyan un sistema de defensa para la salud de la ciudad y el país.
¿Qué es la soberanía sanitaria?
Cuando hablamos de soberanía solemos pensar en fronteras, en balanza comercial o en recursos energéticos. Pero cuando lo consideramos en clave de salud, tiene que ver con la capacidad científica y técnica de cuidarnos y construir nuestras propias soluciones, explica Carlos Javier Alméciga Díaz, profesor titular del Instituto de Errores Innatos del Metabolismo y director científico del Ecosistema.
“No es solo cómo hago un medicamento, sino cómo puedo tomar decisiones para mi población con base en mis propios datos” Carlos Alméciga.
La idea es que, en el futuro, Bogotá tenga la capacidad real de ofrecer tecnologías sanitarias (medicamentos, datos e intervenciones) sin depender de mercados internacionales o la disponibilidad de inventarios en países productores de estos recursos, explica el investigador javeriano. “No es solo cómo hago un medicamento, sino cómo puedo tomar decisiones para mi población con base en mis propios datos”, añade el investigador.
Según el experto, Colombia tiene una industria farmacéutica robusta en la producción de genéricos, medicamentos cuya patente ya venció y de los cuales ya conocemos la “receta”, pero estamos atrasados en la innovación biotecnológica. Hoy, el país es un experto cocinero de platos ajenos, pero el ecosistema quiere que Bogotá comience a escribir su propio libro de recetas. El reto, comenta el investigador, es pasar de la manufactura y el ensamblaje de moléculas al diseño de soluciones originales.

Tres frentes para una ciudad biotecnológica
El ecosistema está formado por tres ejes temáticos que funcionan como los pilares de una casa y responden a necesidades importantes de la ciudad. Estos pilares, a su vez, están integrados por 9 proyectos que aprovechan entre sí las capacidades técnicas y científicas que aporta cada uno.
El primer pilar es el de Salud Digital e Inteligencia Epidemiológica y está focalizado en la soberanía y seguridad de los datos para agilizar la toma de decisiones de salud pública y el desarrollo de capacidades diagnósticas en la ciudad. El segundo pilar es el de Biodiversidad en Salud, una apuesta para el aprovechamiento de recursos biológicos locales, que, a través de una comprensión profunda de las plantas, permita transformarlas en medicina de precisión con resultados finales como, por ejemplo, en adyuvantes para vacunas o tratamientos contra el cáncer.
El tercer pilar apunta al desarrollo de Terapias Avanzadas, reduciendo así la dependencia de importaciones de productos de alto costo. Este pilar busca atender enfermedades raras o crónicas que no responden a tratamientos tradicionales y reparar el origen de la enfermedad desde su base genética.
Construir este ecosistema ha requerido una apuesta importante, lograr que investigadores que antes competían se conecten, colaboren y sumen capacidades en un objetivo común: consolidar una política de ciudad que pueda atraer recursos internacionales y privados, manteniendo su enfoque de salud pública.
De la probeta al paciente: El puente ATLAS
Para asegurar que los hallazgos científicos lleguen a las personas, el ecosistema integra el componente ATLAS (Articulación, Transferencia, Liderazgo, Apropiación y Sostenibilidad). Este eje trabaja para asegurar que el conocimiento circule y se convierta en bienestar social. Su función es trascender la temporalidad del periodo financiado y garantizar la transferencia tecnológica a actores estratégicos del ecosistema.
Un ejemplo es el proyecto PRETEP, una prueba para detectar el riesgo de preeclampsia antes de la semana 20 de gestación. Cuando alcance su madurez se busca que pueda ser transferido a una startup o un actor del sector de salud, permitiendo que una persona gestante en cualquier hospital de la ciudad reciba un diagnóstico temprano y sea posible prevenir una de las principales causas de muerte materna en Colombia.
“Nuestro sueño es que podamos ser un hub de innovación en biotecnología y salud para Colombia y para la región” Carlos Alméciga.
El proyecto tiene una hoja de ruta de 60 meses y le apuntan a que, en menos de cinco años, los primeros frutos de este ecosistema ya estarán en los consultorios clínicos. Entre los resultados que esperan traer para Bogotá están la reducción de costos y tiempos de los diagnósticos, el acceso a mejores tratamientos, y, en últimas, producir soluciones a los retos de salud del futuro que atiendan el contexto y las necesidades de los habitantes de la ciudad.

La arquitectura de un ecosistema
Para alcanzar la soberanía sanitaria se requiere una articulación estratégica bajo el modelo de triple hélice, una colaboración estrecha entre la academia, la industria y el gobierno. En este ecosistema, la Pontificia Universidad Javeriana funge como la Institución de Educación Superior ancla, liderando una red de 13 entidades participantes que garantizan la viabilidad científica y comercial de cada proyecto. Este ecosistema se sustenta en una inversión total de $9.232.824.394 COP, respaldada por la Secretaría Distrital de Salud (SDS) y la agencia Atenea, y da lugar a una estructura colaborativa integra diversos sectores:
- Academia: Universidad de los Andes (enfoque en Metabolómica y Genómica) y Universidad Nacional de Colombia (especializada en Síntesis de péptidos).
- Sector Productivo y Clínico: BogotáBio para el escalamiento industrial, el Instituto Distrital de Ciencia, Biotecnología e Innovación en Salud (IDCBIS) en el desarrollo de productos de medicina regenerativa, junto con el Laboratorio de Salud Pública (Secretaría Distrital de Salud), la IPS Javesalud, el Hospital Universitario San Ignacio y el Instituto Nacional de Cancerología (INC).
- Startups y Spin-offs: DreamBio y CellRep, que actúan como los receptores naturales de la transferencia tecnológica para la escala y comercialización de las terapias.
- Aliados Internacionales: Harvard Data Science Institute y la Universidad Federal de Rio Grande del Sur (UFRGS – Brasil), esta última fundamental para la validación de terapias en modelos de primates no humanos.
La expectativa es producir cambios en la salud de Bogotá en la próxima década. Carlos Alméciga cita la película En un abrir y cerrar de ojos para ilustrar su visión: “imagine un niño que nazca en el 2030 en Bogotá. Gracias a este ecosistema, su madre habrá pasado por un tamizaje de preeclampsia que salvó ambas vidas; sus datos de nacimiento ayudarán a prevenir brotes de enfermedades en su barrio y, si alguna vez lo aqueja el cáncer, la ciudad tendrá la capacidad de ofrecerle terapias celulares hechas aquí”.
Así, cuando llegue el próximo desafío sanitario de una magnitud similar a la pandemia, porque seguramente llegará, insiste el director científico, la ciudad no estará de nuevo al final de la fila. Tendrá una red de laboratorios, universidades, centros de datos e industria que con sus propias herramientas y recetas podrán trabajar juntos para proteger la vida de todos sus habitantes.




