Así son las sinergias investigativas entre las ciencias sociales y naturales

Así son las sinergias investigativas entre las ciencias sociales y naturales

Uno de los retos centrales del encuentro de Exposemilleros, organizado por la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, es formular un proyecto de investigación en el que se aborde una problemática a través de la unión de diferentes disciplinas.

Con la propuesta Minería e incidencia de enfermedades de transmisión sexual (ETS): Un estudio interdisciplinar en dos departamentos de Colombia (Antioquia y Boyacá), los semilleros Estudios estructuralistas, de la Facultad de Antropología, e ISPOR Javeriana Student Chapter, del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística, lograron unir las ciencias sociales y las de la salud para profundizar sobre las infecciones de transmisión sexual de los trabajadores de las minas.

Este es un logro más de los investigadores del grupo de Estudios estructuralistas, quienes ya han presentado sus resultados académicos en ciudades como Paris, Filadelfia, Atenas, Zaragoza, Bogotá, México, Buenos Aires, entre otros. Sus nombres ya figuran en algunos capítulos de libros, sus artículos académicos han sido publicados en revistas indexadas y otros en grandes medios del país. Así lo informó a Pesquisa Javeriana el profesor Jairo Clavijo Poveda, líder del semillero de Antropología.

¿Cómo lo hacen?

Las ciencias no solo son biología, química, física o exactas; y no todos los científicos pasan sus días en laboratorios, con bata, gafas de protección y el ojo puesto en la lente de un microscopio. Según Clavijo, el semillero de Estudios estructuralistas es muestra de ello pues los antropólogos se dedican a investigar el mundo desde otro punto de vista: el del “macroscopio”. Día a día se encargan de demostrar que la ciencia va más allá de un laboratorio o de los lugares donde se hacen las salidas de campo, pues “el campo de estudio se construye a partir de lo que nos interesa saber del mundo”, complementa Juan Camilo Ospina Deaza, coordinador del grupo.

Para seleccionar los temas, sus integrantes tienen un único filtro: “Por extrañas que puedan llegar a ser las cosas que deseamos indagar, deben despertar un interés personal para que cada uno de los miembros del equipo disfrute la experiencia investigativa y que ésta sea una completa aventura para escudriñar los insumos que dan respuesta a las preguntas que nos planteamos”, complementa el profesor Clavijo.

En el proceso, los investigadores centran su labor en la puesta en práctica de las teorías estructuralistas de diferentes pensadores, para comprender problemáticas sociales que están presentes a diario. Ejemplo de ello es que empiecen a proponer pesquisas que pueden ir desde la política hasta series de la plataforma Netflix, que posteriormente son analizados desde estas posturas teóricas.
Clavijo Poveda propone “entender las teorías estructuralistas y posestructuralistas como un medio para observar el mundo social desde sus relaciones complejas”. En sus proyectos se encuentran análisis de la serie americana Doctor House, Star Wars, el videojuego Pokémon Go, la tauromaquia, la mitología y otros temas pocas veces estudiados en el país.

Además, lo que este profesor destaca del proceso del semillero es el modelo pedagógico que utilizan como guía, el cual toma varios aspectos de la misma teoría que ha inspirado su camino como la pedagogía participativa y la producción colectiva del conocimiento. “El trabajo en equipo es fundamental. Investigando en las biografías de Pierre Bourdieu, Michel Foucault y Lévi Strauss, nos dimos cuenta que ellos nunca trabajaron solos. A pesar de que los antropólogos tienden a ser muy individualistas, en nuestra pedagogía tratamos de no dejarnos llevar por eso”, asegura.

Los integrantes de este semillero han logrado profundizar en diferentes temáticas, han viajado por diferentes partes del mundo para mostrar sus hallazgos y han demostrado la capacidad de unir esfuerzos para hacer de la ciencia un trabajo colectivo. Hoy en día son un espacio que reafirma las diversas posibilidades para investigar más allá de las ciencias naturales, para cuestionarse, para tener en cuenta el contenido teórico y aplicarlo en la marcha. Muestra de ello es el planteamiento metodológico para indagar sobre las enfermedades de transmisión sexual en el sector minero, lo que los hizo ganadores de Exposemilleros 2019.

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

El COVID-19, un asunto de salud y responsabilidad social

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los coronavirus son una familia de virus que causan, principalmente, enfermedades relacionadas con el sistema respiratorio, que pueden ir desde un resfriado común hasta padecimientos más graves. Llamamos COVID-19 a la enfermedad infecciosa causada por un nuevo coronavirus que se conoció cuando comenzó su brote en diciembre en Wuhan, China.

De igual manera, la OMS señala que su transmisión se da a través del contacto con gotículas respiratorias procedentes de la nariz o la boca, las cuales salen cuando el infectado tose o exhala. Si estas son inhaladas por otro individuo, este puede contagiarse. Así mismo, estas gotas pueden entrar en contacto con superficies que toca la persona infectada, por tal razón, aquellos que palpen estos objetos y luego pongan en contacto sus manos con sus ojos, nariz o boca pueden adquirir el virus.

Por lo mencionado anteriormente, las sugerencias para prevenir esta enfermedad van desde el lavado de manos a fondo; mantener distancia; evitar tocarse los ojos, nariz o boca; cubrirse con el codo doblado al toser o estornudar; permanecer en casa; hasta mantenerse informado de la situación a nivel nacional y local, entre otras.

Los síntomas más comunes son fiebre, tos seca y cansancio. Las personas mayores y las que padecen otras afecciones relacionadas con dificultades respiratorias, problemas cardiacos y diabetes presentan mayores probabilidades de sufrir una enfermedad grave cuando son infectadas por este virus. Cuando pienso en esta última parte es cuando considero necesario hacerse una pregunta: ¿Esto solo es un asunto de salud o también nos hace un llamado a la responsabilidad social, a la empatía y a pensar en el cuidado no solo de nosotros mismos sino del otro?

Sabemos que en el país al momento de escribir esta columna contamos con 75 personas infectadas, según el Ministerio de Salud. Aunque evidentemente esto es un asunto de salud, las últimas medidas tomadas por el gobierno colombiano tales como restringir la entrada de extranjeros al país y cancelar las clases en todos los colegios y universidades a nivel nacional no solo nos hacen un llamado a pensar en la salud a nivel personal, sino a recapacitar en que cada uno de nosotros puede contagiar a ciudadanos que son más vulnerables a sufrir una enfermedad grave y, también, al hecho de que si una gran cantidad de colombianos se enferman al tiempo se puede colapsar el sistema de salud. Con respecto a esta última situación, Oscar Franco, epidemiólogo e investigador en entrevista con El Tiempo, nos expresa que la idea es postergar el contagio para contar con la disponibilidad de recursos médicos y así los contagiados puedan ser atendidos.

Es decir, estas últimas medidas nos hacen un llamado a pensarnos en sociedad, en comunidad, a tener empatía y a pensar también en el cuidado del otro. Considero que este último aspecto es muy importante a nivel educativo, pues nos permite recordarles a todos que como seres humanos que nos desarrollamos en un contexto social, estos deberían ser aspectos que se deben enseñar y que todos deberíamos tener en cuenta no solo en esta situación sino durante toda nuestra vida.

De igual manera, esto nos permite reflexionar sobre la situación del otro y así evidenciar realidades que no hacen más fácil lo que está pasando en el país. Por ejemplo, las personas que no tienen hogar o acceso a agua para seguir las medidas preventivas que dicta el gobierno; los niños que no cuentan con acceso a internet; aquellos que deben seguir trabajando porque no cuentan con empleo formal y usan transporte público, o la situación de los centros de salud de muchas partes de nuestro territorio nacional, entre muchas otras situaciones.

Como bióloga, docente y como estudiante de Maestría en Educación de la Universidad Javeriana, reconozco que debemos abordar una situación que afecta directamente nuestra salud y la de la sociedad, pero es muy importante tener presentes las reflexiones sociales que nos plantea esta problemática para repensarlas y reflexionar en cómo se pueden generar cambios y no olvidar que el cuidado del otro no solo se trata de salud, se trata de un todo, de tener una vida digna y de contar con los recursos mínimo para vivirla.

Impuestos al capital en la era de la robotización

Impuestos al capital en la era de la robotización

 

Por años, economistas de todo el mundo han defendido la idea de que no es necesario ponerle un impuesto al capital. Es decir, si usted es dueño de una empresa, no tendría por qué contribuir monetariamente al Estado por sus activos (maquinarias, instalaciones, materias primas, trabajo, entre otros). Sin embargo, investigaciones recientes sobre el tema, han demostrado que en algunos casos podría ser apropiado, tal y como lo afirmó el profesor Iván Werning, durante su visita con motivo del evento de lanzamiento del programa de doctorado en economía de la Pontificia Universidad Javeriana.

Para comprender este argumento, Werning, quien es reconocido como uno de los economistas jóvenes más influyentes en el escenario mundial, según la revista The Economist, señaló la diferencia entre los conceptos capital y trabajo. Si los impuestos a los ingresos laborales son comunes, ¿por qué debería ser diferente con los derivados del rendimiento del capital? Por un lado, los impuestos a los ingresos juegan un rol redistributivo más directo, lo que ayudaría a mejorar la distribución de los ingresos. Por otro, la acumulación de capital proviene de ahorros e inversiones pasados. Impuestos al capital podrían generar distorsiones indeseadas que afecten negativamente al crecimiento de la economía. En estos argumentos se escudaban los economistas que recomendaban no gravar al capital, pero sí a los ingresos laborales.

Sin embargo, hay razones para reconsiderar este antiguo consenso. Si la consolidación de las firmas más exitosas se debe al esfuerzo y trabajo de los empresarios, entonces el valor de estas empresas proviene del fruto del trabajo y, como tal, debería ser gravado como los demás salarios.

Otro argumento a favor de los impuestos al capital es que, al ser utilizados para evitar que la riqueza de un país termine concentrada en pocas manos, pueden contribuir a que por la vía democrática no ascienda al poder algún gobierno con la bandera de expropiar las grandes fortunas. Esto sería aún peor para los incentivos al ahorro y al emprendimiento.

“La propuesta que estamos escuchando en los países de Latinoamérica es ponerle impuestos a la riqueza, en algunos casos hasta el 6% del patrimonio. Si no tuviéramos ningún impuesto al capital, la desigualdad en la riqueza sería muy grande e incluso crecería en el futuro”, afirmó Werning.

Iván Werning
Iván Werning. Impuestos en tiempos modernos: robots, riqueza y comercio

Impuestos a los robots

Por su parte, la utilización de robots en el proceso productivo de las empresas modernas es una forma de progreso tecnológico al que se enfrentan las economías de hoy. ¿Son bienvenidas estas tecnologías a pesar de realizar las tareas tradicionalmente a cargo de los trabajadores? ¿Deberían ser reguladas? ¿De qué forma? Los resultados de las investigaciones más recientes del profesor Werning son concluyentes en afirmar que las sociedades deberían abrazar las nuevas tecnologías, y que su efecto sobre la distribución del ingreso puede ser contrarrestado con un sistema óptimo de impuestos sobre las empresas que se beneficien de ellas. Argumentos similares pueden ser aplicados a la regulación del comercio internacional frente a la globalización.

Cabe mencionar que la participación de Werning en el lanzamiento del Doctorado en Economía busca incentivar en los candidatos a este programa el poder abordar durante el desarrollo de sus agendas de investigación, este y otros temas de relevancia social. Al respecto, el profesor Werning lamenta la escasez de doctorados en América Latina “…porque hay muchas preguntas de investigación que son particulares a los países, a sus instituciones y a su situación […] Muchas veces se ha dicho que es muy difícil competir con el resto del mundo, pero no hay que quedarse con la idea de que hay que competir en la misma dimensión, en el mismo margen; hay otras dimensiones donde los posgrados locales pueden agregar valor”, concluye.

Para conocer más remas relacionados con el impuesto al capital y la economía colombiana, lo invitamos a visitar los siguientes artículos:

La reforma tributaria que no se vio

¿Cómo va la economía en el contexto global?

Un año con Iván Duque

¿Qué es la clase media en Colombia?

Del salario mínimo y la Ley de Financiamiento

Producción Académica Javier Maldonado

PRODUCCIÓN BIBLIOGRÁFICA

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

ARTÍCULOS CIENTÍFICOS

Variation in freshwater fish assemblages along a regional elevation gradient in the northern Andes, Colombia

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Climbing behaviour of Cordylancistrus sp. in the Colombian Andes

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA

Opinion Paper: how vulnerable are Amazonian freshwater fishes to ongoing climate change?

FERNANDO CARVAJAL VALLEJOS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN ORTEGA

Peces de la zona hidrogeográfica de la Amazonia, Colombia. Biota colombiana

JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Akawaio penak, a new genus and species of Neotropical electric fish (Gymnotiformes, Hypopomidae) endemic to the upper Mazaruni River in the Guiana Shield

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, HERNAN LOPEZ FERNANDEZ, DONALD C. TAPHORN, CALVIN BERNARD, WILLIAM G.R. CRAMPTON, NATHAN R. LOVEJOY

Peces de la cuenca del río Pauto, Orinoquia colombiana

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER VICENTE PRECIADO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY

Returning to the Colombian Amazon

LIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del Oriente de Antioquia, Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Abundancia relativa y dieta de Grundulus bogotensis (Characiformes: Characidae) en el altiplano Cundiboyacense, Colombia

CAMILO ROA, SAUL PRADA PEDREROS, RICARDO ALVAREZ ZAMORA, CARLOS RIVERA RONDON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Checklist of the freshwater fishes of Colombia: a Darwin Core alternative to the updating problem

CARLOS DONASCIMENTO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, ARMANDO ORTEGA LARA, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JOSE SAULO USMA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Fishes of the Cusiana River (Meta River basin, Colombia), with a key to its species

ALEX URBANO BONILLA, GUSTAVO ADOLFO BALLEN CHAPARRO, GUIDO ALBERTO HERRERA RODRIGUEZ, JHON ZAMUDIO, EDGAR ESTEBAN HERRERA COLLAZOS, CARLOS DONASCIMENTO, SAUL PRADA PEDREROS, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Two new trans-­‐Andean species of Imparfinis (Siluriformes: Heptapteridae) from Colombia

ARMANDO ORTEGA LARA, NADIA MILANI, CARLOS DONASCIMENTO, FRANCISCO ANTONIO VILLA NAVARRO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Altitudinal variation in fish assemblage diversity in streams of the Central Andes of Colombia

URSULA JARAMILLO VILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, FEDERICO ESCOBAR SARRIA

Peces del departamento de Santander, Colombia

CESAR A. CASTELLANO MORALES, LAURA L. MARINO ZAMUDIO, LERNEY GUERRERO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

A regional perspective on the diversity and conservation of tropical Andean fishes

ELIZABETH P. ANDERSON, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Peces del piedemonte del departamento del Casanare, Colombia

JHON ZAMUDIO, ALEX URBANO BONILLA, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, JUAN DAVID BOGOTA GREGORY, GILBERTO CORTES MILLAN

Checklist of the freshwater fishes from Colombia

JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO, RICHARD P. VARI, JOSE SAULO USMA

Damming Fragments Species. Ranges and Heightens Extinction Risk

JUAN DAVID CARVAJAL QUINTERO, TIANXIN CAI, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Effects of Aquatic Vegetation on the Spatial Distribution of Grundulus bogotensis, Humboldt 1821 (Pisces: Characidae)

CARLOS RIVERA RONDON, SAUL PRADA PEDREROS, DIANA GALINDO, JAVIER ALEJANDRO MALDONADO OCAMPO

Valorar las artes para transformar la academia

Valorar las artes para transformar la academia

Hay un inefable proceso de atracción, conexión, repulsión y diálogo entre el arte y la ciencia. ¿Cómo sería viajar en el tiempo a través del —hasta ahora teórico— agujero de gusano? Esta y muchas otras preguntas que se formulan desde el campo de la ciencia son, en principio, imaginadas desde el arte. Pero también desde el arte se hace uso de la ciencia cuando es necesario encontrar respuestas para producir una creación artística, como lo hizo Leonardo dVinci. 

Este fructífero diálogo ha resultado en hallazgos y creaciones memorables. ¿Cómo viaja un impulso neuronal a través del cerebro? Sin este intercambio entre lenguajes y lógicas, tanto las neurociencias como la pintura se habrían perdido de la producción intelectual de Santiago Ramón y Cajal. 

Y aunque algunas veces parece obvia esta conexión, en otras ocasiones ciencia y arte se observan mutuamente con sospecha, como si se tratara de universos irreconciliables. Sobre todo en lo tocante al arte en la academia. 

En Colombia, hasta hace pocos años los artistas ubicados dentro de las universidades no encontraban su lugar, pues el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) medía la producción académica bajo lógicas que excluían la producción artística. Esta situación tuvo un giro paradigmático gracias a largas, profundas y difíciles discusiones, producto de las cuales hoy en día el SNCTI contempla criterios para evaluar la producción artística dentro de las métricas académicas. 

Para comprender mejor cómo se produjo este cambio, en qué consiste y cuáles han sido sus implicaciones, PESQUISA JAVERIANA dialogó con Óscar Andrés Hernández Salgar, asistente para la creación artística de la Pontificia Universidad Javeriana, quien fue una de las voces más activas para lograr esta transformación. 

Óscar Andrés Hernández Salgar
Óscar Andrés Hernández Salgar

PESQUISA JAVERIANA: ¿Qué era lo que ocurría en el contexto educativo y de investigación académica en el país antes de que se produjera el cambio en el Sistema? 

Óscar Andrés Hernández Salgar: Hay dos grandes sistemas que cobijan a las universidades: el sistema educativo, con el Ministerio de Educación a la cabeza, y el SNCTI. Lo raro es que cada uno de esos dos sistemas corresponde a paradigmas distintos de universidad. Como está planteado, mucho de lo que define al sistema educativo corresponde a un paradigma de universidad que está centrado en la formación de profesionales para reproducir una fuerza de trabajo, en el que el conocimiento es más algo que se reproduce, no algo que se produce. 

Por otro lado, para el SNCTI lo importante es que las universidades produzcan conocimiento nuevo que llegue al sector productivo. Entonces ¿qué pasa? Que las funciones universitarias —que son docencia, investigación y extensión— empiezan a cambiar sus pesos: antes docencia era el gran foco y las universidades que formaban profesionales hacían además investigación. Ahora cada vez más se les pide que enseñen y transfieran lo que investigan. 

¿Qué pasaba con los artistas dentro del SNCTI? El arte no tenía ninguna cabida, porque se asumía que las artes y las humanidades no producían conocimiento capaz de impactar el sector productivo, lo cual no es cierto. Esta exclusión parte de una idea de conocimiento en la que las ciencias naturales, las ingenierías y las ciencias de la salud son las únicas que realmente pueden impactar las dinámicas económicas a través de una idea más bien lineal de innovación. Es una visión muy economicista. 

PJ: ¿De qué maneras la producción artística impacta el sector productivo? 

ÓAHS: Esto se explica comprendiendo cómo las industrias creativas y culturales se vuelven competitivas: esto ocurre, no por su infraestructura, sino por la originalidad de los contenidos. Y quienes crean contenidos originales son diseñadores, músicos, artistas plásticos, etcétera. La sociedad necesita que haya un aparato de producción de contenidos que conecte la diversidad cultural con procesos de generación de valor económico para darles mayor competitividad a las empresas. Si no, lo que pasa es que se copian fórmulas. 

Ahora, obviamente no todo el arte es para vender. Para que existan contenidos que renueven la industria se necesita que haya experimentación y creación libre, no orientada a públicos (al igual que para que exista investigación aplicada se necesita investigación básica). Por fuera de la universidad los productores de contenidos no tienen espacio para experimentar. Una empresa que produce contenido audiovisual, por ejemplo, no se puede dar el lujo de estar ensayando narrativas, formatos, sensibilidades; esto hace que se reduzca la diversidad. 

De manera que lo que nosotros sustentamos es que las universidades son espacios privilegiados de experimentación. Es ahí donde se vuelve importante la investigacióncreación. Entonces lo que logramos en Colciencias fue empezar a posicionar la investigacióncreación como una forma de generación de valor cultural, estético y eventualmente económico, desde las disciplinas artísticas. 

PJ: ¿Qué ocurría con los docentes-artistas antes de que los criterios cambiaran? 

ÓAHS: Se quedaban rezagados en la carrera académica porque toda la estructura de incentivos se enfocaba en la producción intelectual escrita, en la producción de investigación. Por esa razón la ‘pelea’ en Colombia fue la de reconozcamos la producción artística como producción intelectual. No había unos criterios claros de evaluación y, como consecuencia, se detuvo la evaluación de producción intelectual artística de profesores durante varios años. Entonces, en la Javeriana se creó un comité de valoración de producción artística que empezó a definir unos criterios, que fueron los que llevé a la mesa de Artes, Arquitectura y Diseño, en Colciencias, para ver en qué casos se puede reconocer la creación artística como conocimiento nuevo y cómo se puede valorar: no desde cero, sino acudiendo a las mismas instancias de legitimación que reconocen los actores del campo del arte. 

PJ: ¿En qué consiste esta ‘homologación’ de criterios que ya existían con respecto a los que se produjeron para evaluar la investigación-creación? 

ÓAHS: Nosotros presentamos el modelo de valoración que se había creado dentro de la Universidad. Propusimos que se aprovecharan las instancias en las que ya circula el arte. Ocurre de forma similar a como es valorado un artículo académico: si el artículo fue evaluado para publicarse en una revista que está en cuartil uno en Scopus, entonces se deduce que es un indicador de calidad y no hay que volver a evaluarlo. Con el mismo nivel de estructuración existen unos circuitos que legitiman la carrera académica de los artistas. Por ejemplo, si yo soy un artista y puse una instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se deduce que allí hay un reconocimiento de la calidad. Hay unas instancias por las que el arte va circulando y que tienen procesos de curaduría, arbitraje o selección, y, existiendo esto, no tenía sentido que nosotros nos enfrentáramos a una evaluación adicional. 

PJ: ¿Qué retos o contradicciones afronta la puesta en marcha de estos criterios de valoración para las creaciones artísticas? 

ÓAHS: Este modelo de medición es automático y no tiene gente de carne y hueso detrás pensando. Es un algoritmo: uno presiona un botón y ya. No hay paneles, no hay pares. Entonces debimos parametrizar todo y eso nos obligó a tomar decisiones difíciles, por ejemplo, que la trayectoria del espacio que tuviera 10 años de existencia era mejor que la que tuviera ocho. Y esto es muy problemático, porque esa lógica termina privilegiando los circuitos tradicionales del arte, y el arte más disruptivo, que realmente ha producido cambios en la sensibilidad y que ha hecho cosas diferentes, ocurre por canales emergentes. 

PJ: ¿Qué transformaciones se han producido dentro de la Javeriana a raíz de este cambio? 

ÓAHS: Ha permitido que los grupos de investigación e investigadores que estaban muy mal escalonados en Colciencias suban su clasificación, haciendo lo que hacen: creación en su ámbito académico. El incremento en el volumen de los productos registrados es brutal. En las últimas tres convocatorias es muy, muy pronunciado. Pero, por otro lado, también ha hecho que la gente empiece a hablar más en términos de investigacióncreación. Hay un auge de la investigacióncreación en las áreas artísticas y en el diseño. 

Esto ha hecho que se empiece a ver que estamos generando una nueva dinámica académica alrededor de las artes, que la gente hasta ahora está empezando a vislumbrar. También han ocurrido otras cosas, por ejemplo, empieza a haber más cruces entre departamentos y entre disciplinas para generar proyectos de creación cada vez más ambiciosos. Todo esto apenas está empezando, pero definitivamente promete transformar el entorno académico. 

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Nuevos vientos en la Antártica, un efecto del cambio climático

Pesquisa Javeriana contó con una corresponsal en la Antártica durante enero y febrero de este año, quien nos narró su experiencia como investigadora de la XXXV Expedición Italiana a la Antártica, en el Buque Rompehielos Oceanográfico Laura Bassi. En este recorrido, la bióloga javeriana Nohelia Farías Curtidor estuvo recogiendo datos sobre los mamíferos acuáticos que viven en esta zona del mundo para colectar datos e información sobre la ocurrencia, abundancia y comportamiento de mamíferos marinos en el mar de Ross, además de identificar y corroborar las áreas principales de uso de estos animales y tratar de hacer una relación de su presencia con las condiciones oceanográficas del área. También pudo percibir y reconocer junto a sus colegas italianos algunas transformaciones en el cambio del clima del llamado Continente Blanco.

Es la primera vez que una colombiana recorre el mar de Ross por la ruta que lo hizo Nohelia Farías Curtidor, desde Nueva Zelanda, gracias a la alianza lograda por el Programa Antártico Colombiano con el Programma Nazionale di Ricerche in Antartide (de Italia). La información por esta nueva ruta plantea una oportunidad valiosa para el país ya que permite tener datos de los mamíferos acuáticos por una zona que se desconocía y que sirve para comparar con los datos que se tienen del recorrido por la península antártica a la que la expedición colombiana visita desde hace cinco años.

Desde el mar de Ross, Farías Curtidor escuchó las noticias sobre las altas temperaturas en la Antártica, especialmente en las cercanías con el sur del continente americano. Según los reportes de la NASA, se alcanzaron 20° de temperatura en el continente de hielo, el mayor récord en la historia. Esto generó un derretimiento de más de 10 centímetros de capa de hielo en Eagle Island. Sin embargo, por el sur de este continente los climas nunca fueron superiores a 3°, lo que tampoco indica que esté exento del impacto climático sobre los ecosistemas.

Igualmente, del costado oriental del continente los investigadores de la expedición científica italiana evidenciaron un derretimiento del glacial y por el lado occidental del mar de Ross están entrando las tormentas y corrientes del mar Pacífico Sur, lo que antes no ocurría. Aún no se puede afirmar a “ciencia cierta qué pasará, pero sí podemos imaginarnos o tratar de evaluar ciertos escenarios porque están cambiando la dinámica del lugar y sus características”, explicó la bióloga javeriana.

La cadena alimenticia puede ser un claro ejemplo de cómo se evidencia el impacto climático en las formas de vida de las especies y cómo se transforman sus hábitats y sus hábitos:

Estos impactos que se generan en la Antártica pueden afectar especies de animales que llegan hasta Colombia, Ecuador o Panamá como la ballena jorobada. ¿Qué pasaría si estos mamíferos no se alimentan lo suficientemente bien en la Antártica para recorrer 8.000 kilómetros hasta llegar a las costas de estos países para reproducirse?

El efecto del cambio climático se está viendo no solo en la Antártica sino en todo el mundo. “Por ejemplo, en el Ártico en 2006 o 2007 se midió la capa de hielo más pequeña que se había encontrado porque se desprendió un pedazo de hielo tan grande como Italia”, relató Nohelia en su expedición. El reto ahora es evaluar las consecuencias y considerar qué se puede hacer para tratar de que esto pare o por lo menos baje la intensidad y la rapidez con la que está ocurriendo. Por ello, la bióloga javeriana hace recomendaciones para que los ciudadanos aporten en contrarrestar el impacto de la huella ambiental.

Nohelia Farías Curtidor regresó esta semana de su expedición, luego de siete días de viaje de vuelta. Logró identificar, por ejemplo, el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que puede medir 120 centímetros, pesar entre 20 y 40 kilogramos y caminar entre 50 y 120 kilómetros para llegar a su colonia. También, el petrel gigante del sur (Macronectes giganteus), un ave que con sus alas extendidas puede medir hasta dos metros. Además, la foca leopardo (Hydrurga leptonyx), solitaria y agresiva, que vio solo una vez y que puede llegar a medir entre tres y cuatro metros, además, de pesar entre 300 y 500 kilogramos. Su amor por la naturaleza, en particular los mamíferos acuáticos, es una preocupación latente en medio de noticias que cuestionan las prácticas de los humanos frente al cuidado del planeta. Por ello, continuar investigando sobre estos lo considera como una forma de disfrutar la vida y de aportar en su conservación.

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Para conocer la bitácora completa de Nohelia Farías Corredor, consulte este enlace: https://www.javeriana.edu.co/pesquisa/opinion/javeriana-en-antartida/


* La participación en esta expedición de la egresada javeriana en biología, Nohelia Farías Curtidor, cuenta con la financiación de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Javeriana.

Especial Javier Maldonado

Especial Javier Maldonado

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

Tras un año de su fallecimiento, Pesquisa Javeriana hace un homenaje a este ictiólogo que se convirtió en un referente por el conocimiento de los peces que nadan por los ríos del país.

SU TRAYECTORIA CIENTÍFICA

Además de su experiencia como profesor universitario, su paso por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, entre otras entidades con fines de conservación e investigación natural, Javier Maldonado dedicó parte de su vida a estudiar ecosistemas y la interacción humana con estos. A continuación, encontrará un repositorio de sus más de 50 investigaciones en revistas indexadas y libros desde 1999 hasta 2019, con aportes y avances para la ictiología nacional e internacional.

UN RECORRIDO DE ENSEÑANZA

Bajo el calor del Magdalena Medio, en lo que fue un trabajo de campo con cuatro comunidades olvidadas de la cartografía del país (Bocas del Carare, Las Islas, Barbacoas y San Rafael de Chucurí), Javier Maldonado recorrió la zona con el fin de trabajar con los niños y niñas que la habitan y así transmitir sus conocimientos acerca de la taxonomía y conservación del bagre rayado.

EL LEGADO DEL ICTIÓLOGO

Se cumple un año del fallecimiento del ecólogo y doctor en Zoología Javier Maldonado. Por eso, Pesquisa Javeriana destaca sus aportes y trayectoria académica, además de un sinnúmero de contribuciones a la apropiación social del conocimiento científico en zonas vulnerables del país y comunidades rivereñas.

ARTÍCULOS PESQUISA

La divulgación de la ciencia fue uno de los compromisos que el investigador asumió, lo cual lo llevó a hacer parte del proyecto periodístico Pesquisa Javeriana, en el que a través de un trabajo conjunto se publicaron más de 10 artículos alrededor de sus proyectos y aportes científicos. Encuentre aquí las notas del ecólogo.

JAVIER MALDONADO: EL CIENTÍFICO DE LOS PECES EN COLOMBIA

La reforma tributaria que no se vio

La reforma tributaria que no se vio

El encuentro comenzaría hacia la hora del almuerzo. Uno a uno, fueron llegando a la Pontificia Universidad Javeriana; uno a uno recorrieron los pasillos y subieron por el ascensor; uno a uno fueron recibidos por César Ferrari, doctor en Economía y profesor de política económica, entre otras materias, quien los condujo al sitio de reunión. Tras los saludos y las anécdotas de rigor, y alguno que otro bocado, los asistentes entraron en materia. Así comenzaba, hacia finales del primer trimestre de 2015, su reunión para arreglar la economía colombiana.

“Empezábamos discutiendo los temas, la perspectiva global y las opiniones que teníamos al respecto, y lo que pensábamos que debería generarse como objetivo de una reforma tributaria, y luego más adelante una del gasto público”, recuerda Ferrari. Aquellas discusiones eran variadas, profundas; no se centraban en una sola definición. El grupo comenzó a llamarse a sí mismo Comisión Académica Fiscal, debido a los orígenes de sus miembros: economistas, abogados y contadores, todos afiliados a universidades como la Javeriana, la Nacional, el Externado y la Escuela Colombiana de Ingeniería.

Tras alcanzar algunos acuerdos básicos, regresaban a su cotidianidad, se sentaban frente al computador y redactaban propuestas que contemplaban las políticas económica y tributaria, y el sistema financiero colombiano, entre otros aspectos. Todo terminaba en el correo electrónico de Ferrari, quien compiló, editó y ordenó las propuestas en un documento. Días después todo el grupo se reunía, discutía los avances y sumaba nuevas propuestas, que el editor organizaba.

Aquel documento sería la voz de la academia ante un tema sensible: la reforma tributaria. A comienzos de 2015, al anunciar su intención de mejorar el recaudo de impuestos, el presidente Juan Manuel Santos había convocado a una comisión de expertos para analizar el estado de la economía colombiana y recomendar la mejor reforma posible.

“Cuando salió esa noticia, me pareció sumamente importante que la universidad, independientemente del Gobierno, planteara su propia propuesta de reforma tributaria”, dice Ferrari, idea que encontró el apoyo de Gonzalo Hernández, entonces director del Departamento de Economía en la Javeriana, y de otros profesionales con saberes específicos: “Los sabios se murieron en la Grecia antigua, o en el Renacimiento… Hoy nadie sabe todo, por eso la importancia de rodearnos de gente con otras visiones sobre el mismo tema tratando de construir una percepción compleja”.

Y nada tan complejo en Colombia como los impuestos. Desde sus inicios, la estructura tributaria del país ha garantizado exenciones a ciertos sectores, con la idea de incentivarlos, creando, en últimas, un desequilibrio estructural. Por eso hoy se cuenta con impuestos indirectos (como el IVA) y directos (como el de renta), pero no son suficientes para que el Estado reúna todo el dinero necesario para cubrir sus gastos: según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mientras en 2014 Colombia recaudaba en impuestos el 20,3 % de su producto interno bruto (PIB), el promedio de América Latina se situaba en el 21,7 % y el del primer mundo, en 34,4 %.

¿De dónde viene este problema? De múltiples fuentes. Por ejemplo, en los años ochenta se estableció que el impuesto a la renta lo pagarían las empresas y no los empresarios, imponiendo unas tasas que les resta competitividad, sin mencionar que se dejan de recabar grandes sumas porque no se gravan apropiadamente las grandes fortunas. Otro inconveniente es mantener impuestos antitécnicos, como el que grava las transacciones financieras (el conocido cuatro por mil), que aún está vigente a pesar de los permanentes anuncios sobre su eliminación.

La propuesta académica

Todo esto fue discutido en los almuerzos y consignado más tarde en el documento final, en el cual los académicos propusieron, entre otros puntos, tener una estructura de impuestos sencilla y transparente, eliminar múltiples beneficios, gravar las fortunas personales de acuerdo con el nivel de ingresos (que quien más gane o más dividendos reciba, pague más), eliminar las cargas que socavan el crecimiento de las empresas y, teniendo en cuenta los compromisos derivados del Acuerdo de Paz con las Farc, invertir en infraestructuras públicas (como carreteras) para fortalecer las economías regionales y consolidar el crecimiento en todo el país.

Sobre el papel, esta propuesta concebida desde la academia tiene efectos claros. “Como les dejamos más recursos a las empresas, siempre y cuando la estructura tributaria no incentive a distribuirlos, ellas pueden invertir más y por eso la economía puede crecer mejor; pero además, como reducimos el IVA, las personas disponen de mayor ingreso y eso mejora la distribución”, explica Ferrari. Gracias a su experiencia como gerente del Banco Central del Perú y como asesor económico del Fondo Monetario Internacional en los bancos centrales de Angola y Guinea-Bissau, Ferrari proyectó la evolución que se generaría a 2020 en el país: $ 12,2 billones adicionales recaudados en impuestos, una reducción progresiva del déficit fiscal (el hueco generado por los escasos ingresos frente a los gastos que hay que cubrir) y un crecimiento consistente del PIB del 4,09 % (partiendo de los precios de 2010).

Pero este trabajo no tuvo eco alguno. Hacia finales de 2015, la comisión convocada por el Gobierno entregó su informe final y sus propuestas, con las que se conformó la reforma tributaria sancionada en 2016, la cual elevó el IVA y gravó algunos productos que no lo incluían, disminuyó os porcentajes a cargo de las empresas, mantuvo el cuatro por mil y, entre otras medidas, amplió la base de quienes deben declarar renta.

Por la misma época, el documento final de los académicos quedó listo y fue publicado en revistas científicas, pero nadie en el Gobierno, a excepción de uno que otro asesor, revisó sus propuestas. Lo que sí continuó para la Comisión Académica Fiscal fue la costumbre de hablar del país a la hora del almuerzo: empezaron a trabajar en un nuevo documento con recomendaciones sobre el gasto público, que se editó en 2018, y, más adelante, gestaron otro ―hoy en proceso de publicación― sobre el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022. De ese ejercicio también nació el Observatorio Fiscal de la Javeriana, para analizar y hacerles seguimiento a cuestiones más concretas, y compilar sistemática y ordenadamente la información fiscal del país.

Claro que en esa misma época hubo cambio de Gobierno e Iván Duque impulsó una nueva reforma, bajo el nombre de Ley de Financiamiento, debido a las repetidas quejas en lo tocante a que el dinero no es suficiente para tapar el hueco fiscal. Para los académicos, se trata de un guion ya conocido sin un resultado claro, pues esa es la decimosexta reforma introducida en Colombia desde 1980 para resolver un problema que, parece, está destinado a crecer.

Esas 16 propuestas, dice Ferrari, están construidas bajo la misma mirada: “Son peleas que tienen que ver con percepciones aparentemente distintas, pero, en términos económicos, similares, construidas con la misma lógica”.

Para leer más:

  • J. A. Ocampo (comp.), Historia económica de Colombia, Bogotá, Planeta, Fedesarrollo, 2007.
  • J. Espitia, C. Ferrari et al., El gasto público en Colombia: reflexiones y propuestas. Revista de Economía Institucional, 21(40), 2019, 291-326

 

 


 

TÍTULO DE LAS INVESTIGACIONES: Sobre la reforma tributaria estructural que se requiere en Colombia: reflexiones y propuestas El gasto público en Colombia: reflexiones y propuestas.
INVESTIGADORES ASOCIADOS: Jorge Espitia, César Ferrari, Gonzalo Hernández, Isidro Hernández, Jorge Iván González, Luis Carlos Reyes, Carlo Tassara, Jairo Orlando Villabona, Gustavo Zafra, David Varela.
Pontificia Universidad Javeriana Universidad Externado de Colombia Universidad Nacional de Colombia Escuela Colombiana de Ingeniería
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN: 2015-actualmente

Lo que hemos visto en Chile en los últimos días podríamos verlo en Colombia

Lo que hemos visto en Chile en los últimos días podríamos verlo en Colombia

En las últimas semanas en América Latina han estallado fuertes protestas en Ecuador y ahora en Chile, que se suman a otras que están ocurriendo alrededor del mundo.

La Silla Académica entrevistó a Carolina Cepeda, profesora de movimientos sociales y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, autora de “Resistencias contra el neoliberalismo: una conceptualización de su ejercicio entre lo local y lo global” y “La ciudad de Bogotá: entre el “giro a la izquierda” y el “giro a la derecha” en América Latina”, sobre cómo ha sido la evolución de las movilizaciones sociales en el mundo, a qué responden y qué se puede esperar de ellas.

Cepeda cuestiona la creencia de que los colombianos no nos movilizamos y analiza los efectos que pueden tener las medidas del presidente Iván Duque e, incluso, los resultados de estas elecciones en la movilización social.

La Silla Académica: Usted ha estudiado muchas de las movilizaciones desde los 90 como resistencias al neoliberalismo ¿las recientes en Chile y Ecuador, pero también en Hong Kong o Cataluña, pueden considerarse parte de eso?

Carolina Cepeda: Hay una gran tentación a meterlo todo en el mismo paquete.

En el caso de Chile y Ecuador sí son reacciones contra el neoliberalismo, pero no entendido como una sola cosa, que funciona igual en todo el mundo.

En Londres, por ejemplo, ha habido manifestaciones desde el año pasado para presionar al Gobierno para que tome medidas contra el cambio climático; uno podría pensar que se trata de ambientalistas solamente, pero al desagregar las organizaciones que hay detrás, muchas de ellas tienen vínculos con actores que se oponen a los modos de producción y consumo capitalistas y al neoliberalismo.

Lo de Cataluña obedece a razones políticas, identitarias, de reconocimiento, pero en esas reivindicaciones se cuelan también las otras.

Carolina Cepeda, foto de Cesar Pachón

LSA: ¿Es posible que estas movilizaciones no sean ni de derecha ni de izquierda, sino que agrupen a personas diversas afectadas en sus condiciones de vida?

C.C.: Uno no tiene que ser de izquierda para marchar y en ese sentido el caso de los chalecos amarillos en Francia es interesante. En esas movilizaciones confluyeron también sectores conservadores, proteccionistas, que se opusieron al neoliberalismo en la forma que los estaba afectando a ellos que era el alza de la gasolina.

En Bolivia, ahora mismo, hay protestas porque un grupo de ciudadanos ya le había dicho a Evo que no se reeligiera y ahora le está reclamando un presunto fraude electoral.

Posiblemente, ahí está metida la élite reaccionaria, pero hay otros sectores populares que también están pidiendo que se rote el poder, gente que posiblemente habría votado por un candidato de la línea de Evo, pero diferente a él por una cuestión de principio.

Hay muchas razones que motivan a la gente a movilizarse y no todos los movimientos son progresistas. También hay unos reaccionarios, los movimientos pro vida, por ejemplo, que cumplen con todas las características: son organizados, solidarios, comparten valores, tienen diferentes formas de acción.

LSA: Usted entiende el neoliberalismo como una forma de racionalidad política ¿qué implica eso?

C.C.: Wendy Brown, una filósofa estadounidense, lo define así, lo que implica que el neoliberalismo no solo se refleja en las políticas económicas, o en las políticas sociales, sino que termina disciplinando a las personas.

Es la lógica del costo/beneficio empresarial, la lógica economicista, que se traslada a todos los aspectos de la vida social, incluso individual y que permea incluso las relaciones afectivas. Como dice Brown, toca el alma de los sujetos y los transforma.

Suena como algo fatalista de lo que no hay escapatoria, pero ayuda a entender que para que el neoliberalismo funcione tiene que operar en muchas esferas y no solamente tiene los impactos estructurales ya conocidos de la desigualdad, desmejora de las condiciones laborales, sino otros que afectan directamente la vida de las personas y contra los que éstas terminan reaccionando.

LSA: En el caso de los chalecos amarillos en Francia y de Ecuador, el detonante fue el alza en la gasolina. En el de Chile fue el alza en el tiquete del metro ¿tiene que ver esto con esos otros impactos a los que usted se refiere?

C.C.: Es importante distinguir la movilización hacia adentro y hacia afuera.

Hay personas que constantemente están construyendo movimientos sociales hacia adentro, reuniéndose con gente, haciendo educación popular y formación política.

Generalmente, lo que vemos es el pico de las movilizaciones, cuando la gente bloquea una avenida o se salta los torniquetes del metro. En esas movilizaciones se encuentran los de los movimientos sociales que se han venido formando y también la gente que ese día dijo ya no más. Que venía acumulando malestar y encuentra una vía de escape cuando los tocan muy en su vida cotidiana.

El caso de Chile lo ilustra bien porque arranca por el metro y luego la gente conecta con otras frustraciones que tiene.

Puede que el aumento del pasaje del metro no sea significativamente mayor al de años anteriores, pero se junta con el hecho de que invierto demasiado tiempo en transporte, de que el salario que estoy recibiendo no ha aumentando de la misma forma, y de que quizá el trabajo que tengo no me permite desarrollar todas mis capacidades.

LSA: Algunos medios han registrado que hace dos décadas aproximadamente Chile no vivía algo así, ¿por qué ahora?

C.C.: No estoy de acuerdo del todo con esa afirmación. Chile tuvo un movimiento estudiantil muy fuerte entre 2010-2011, con manifestaciones grandes que también le tocaron a Sebastián Piñera.

Eso podría llevar a pensar que todo le ha tocado a la derecha, pero a Michelle Bachelet, en 2006, también le tocaron las movilizaciones de los “pingüinos”, que eran estudiantes de secundaria.

Chile ha venido en una escalada de movilización social. Estoy de acuerdo que no en la magnitud de ahora, pero eso no significa que no hubiera habido antes estallidos de descontento.

Hay que entender que no todos los momentos son buenos para movilizarse ni para expandirse, pero las movilizaciones son todo menos espontáneas. No se dan porque un loco se para en la calle y le dice a los demás ‘vamos a bloquearla’.

LSA: ¿Cuándo es un buen momento para movilizarse?

C.C.: Siempre hay unos líderes, los “madrugadores”, que son los primeros que salen, que tienen experiencia porque han convocado a marchas antes. Unas veces los demás les copian y otras no; depende de que logren construir un símbolo que aglutine a otros.

Sidney Tarrow, un estadounidense experto en movimientos sociales, dice que la pregunta más importante no es por qué ni cómo sino cuándo. Siempre hay opresión, discriminación, hambre, pero la gente no se moviliza todo el tiempo.

Lo hace cuando salir a la calle es más rentable que seguir llevando su vida cotidiana.

Estamos en un momento de auge de la movilización que es muy interesante en el contexto latinoamericano.

LSA: ¿Por qué?

C.C.: Después de que en la mayoría de países de la región se diera una transición hacia la democracia, se implementaron políticas neoliberales y se le vendió a la gente la idea de “un mejor mañana”: ‘ahora nos abrochamos el cinturón pero vendrá un futuro mejor’. Lo que ha pasado es que ese futuro cada vez está más distante o la gente se ha dado cuenta que no era para ellos sino para el vecino.

Chile no está mucho peor que otros países de la región en desigualdad, según cifras de la Cepal de 2017. De hecho, está por debajo del promedio de la región que es 0,47.

La desigualdad, entonces, no solo hay que medirla en términos de lo que la gente gana o los servicios a los que accede sino de lo que a la gente le dijeron que podía tener en una economía de mercado y de lo que puede lograr en la realidad. Los estudiantes son un buen ejemplo porque en muchos países para estudiar pueden acceder a créditos pero quedan endeudados por muchos años.

En contraste, hay una clase alta que sigue concentrando los ingresos sino que tiene bienes de consumo a los que los demás no pueden aspirar.

En sociedades como la chilena o la colombiana la desigualdad es palpable, no hay que escarbar mucho.

Hay una tentación de decir que es puro resentimiento y en todo caso es entendible que a una persona le produzca un poco de rabia que le muestren lo que hay en el mundo: ‘esta es la finca que tiene su patrón, pero usted nunca va a tener algo así’ pero es, sobre todo, una cuestión de frustración.

LSA: Usted estudia la evolución de los movimientos sociales desde los 90, ¿estamos viendo algo diferente?

C.C.: En América Latina se implementaron políticas neoliberales en dos grandes fases. Al comienzo, para estabilizar las economías y, una vez relativamente estables, para abrirlas al mercado. Para ello se recurrió a la privatización de empresas y a la reducción del tamaño del Estado en cuanto a sus obligaciones sociales, por ejemplo.

Los primeros en movilizarse fueron los directamente afectados con esas medidas, sobre todo trabajadores sindicalizados y después, todos los demás que fueron despedidos o dejaron de tener acceso a servicios públicos (como en Bolivia que a varias personas les expropiaron los acueductos comunitarios en la zona periférica de Cochabamba).

Se trata de una movilización muy sectorizada hasta ese momento.

Hay organizaciones de los 90 como los zapatistas en México, los Sin Tierra en Brasil, sectores del movimiento Piquetero (de los trabajadores desocupados) en Argentina, que siguen haciendo parte de la movilización y son referentes en el plano simbólico. Pero del 2005 en adelante aparecen otros actores en escena, como el movimiento estudiantil que ya existía pero se expande o el feminista, por ejemplo, y la movilización se vuelve más diversa y plural.

LSA: ¿Cuál es la razón?

C.C.: Lo que ha pasado es que los efectos de esas políticas han ido abarcando una porción más grande de la sociedad: los que trabajan en bancos u otros sectores privados, son de clase media, han tenido educación, pero ahora sus salarios no alcanzan porque el costo de vida es muy alto.

Dado que el neoliberalismo impacta muchas esferas de la sociedad, se pueden unir en su contra sectores que en principio serían antagónicos.

LSA: ¿Es factible que, como ha dicho Maduro, las movilizaciones que hemos visto recientemente hayan sido planeadas en el Foro de Sao Paulo que se celebró en Caracas?

C.C.: Ese tipo de aseveraciones le hacen mucho daño a los movimientos sociales, no tanto porque los alineen con Maduro, que soñaría con tener tal control y ser así de poderoso, sino porque tratan de vender la idea de que los movimientos son marionetas de una cabeza maestra, sea quien sea, y eso les quita agencia y autonomía.

A los movimientos les conviene tener aliados que puedan canalizar sus demandas pero Maduro no tiene capacidad para evitar que aumenten el tiquete del metro, o más aún, para lograr que reformen los fondos privados de pensiones o mejoren el acceso a la educación que son peticiones de fondo de los chilenos, o para que bajen el precio de la gasolina en Ecuador, por ejemplo.

El Foro de Sao Paulo, además, no concentra el poder de la izquierda en el Continente.

LSA: Muchos han comparado las protestas con el suicidio con la idea de que ambos son contagiosos ¿está de acuerdo?

C.C.: En los movimientos sociales hay ciclos de protesta. Siempre que hay un gran estallido, se puede esperar que pase lo mismo en otros países. Ha sido así a lo largo de la historia. Entre los 50 y 60 hubo manifestaciones por derechos civiles en muchos lugares, después vino el movimiento pacifista y luego el estudiantil de 1968, del que hicieron parte México, Francia, Checoslovaquia con la Primavera de Praga.

Es sencillo: si una persona lo hace y le funciona, otros pueden pensar que a ellos también les puede funcionar.

El miércoles, el presidente Sebastián Piñera dijo que hará reformas. En otras palabras, cedió ante la presión de la movilización social, lo que la legitima como una vía de cambio y transformación social.

LSA: ¿Usted cree que en Colombia la única forma de participación política que tenemos instaurada son las elecciones?

C.C.: No lo creo. Es cierto que en Colombia no nos movilizamos de la misma manera que en otros países de la región, pero es injusto decir que no lo hacemos. Generalmente los referentes que tenemos son de nuestro círculo, pero por fuera de él hay gente que se moviliza o que está creando movimiento hacia adentro desde hace décadas, así no la veamos.

Durante los gobiernos de Uribe, Pastrana, Samper hubo manifestaciones, aunque no de gran magnitud, pero con la Mane en 2011 se inauguró la movilización masiva en la calle en el país, que es claro que ha venido en aumento.

LSA: ¿Por qué no hay más movilización?

C.C.: Hay varias razones que explican que en Colombia la movilización de quienes siempre están movilizados no se expanda al resto de la sociedad.

La protesta ha sido fuertemente estigmatizada. En el marco del conflicto armado, durante décadas se le asoció con la guerrilla.

Además somos la sociedad del miedo. En Colombia la primera desaparición de que tenemos registro oficial fue en 1977, pero a diferencia de Chile o Argentina, no sabemos cuál es la última porque no ha cesado. Hemos sido disciplinados para ‘no meternos en problemas’.

La tutela también ha permitido que la gente tramite de forma individual demandas que podrían ser sociales y con razón, porque tienen la posibilidad de que en 72 horas le den una solución a su caso concreto, mientras que vía movilización quizá tenga que esperar cinco meses, sin saber el resultado.

Algo similar pasa con el clientelismo. El congresista o el concejal, por ejemplo, tramitan asuntos que afectan directamente la vida de las personas como pavimentar la vía, conseguir una cita médica o cupo en un colegio, lo que calma los ánimos de la gente, pero cambios estructurales en el sistema de salud o en el educativo siguen pendientes.

LSA: ¿Podríamos ver algún tipo de “contagio” en Colombia?

C.C.: En los últimos años la cultura política ha ido cambiando.

Las marchas a favor del Acuerdo de Paz fueron muy importantes. No eran las más contestatarias ni estaban pidiendo un cambio en el statu quo, de hecho estaban respaldando al Gobierno de turno, pero por eso mismo fueron pacíficas y eso ayudó a que gente que nunca antes había salido a marchar le perdiera el miedo y desmitificara que es una práctica sólo de vándalos o de la “chusma”, sino una forma de acción política al alcance de cualquier ciudadano.

Lo que hemos visto en Chile en los últimos días también podríamos verlo en Colombia si se dan algunas condiciones.

LSA: ¿Cuáles?

C.C.: Los estudiantes, de las universidades públicas pero también de las privadas, como hemos visto, juegan un papel muy importante. No es solo cuestión de que están en la “primavera revolucionaria” sino de problemas prácticos como el alto costo de los créditos del Icetex, las altas tasas de desempleo en los jóvenes o salarios muy bajos.

A esto se suma que si este Gobierno sigue profundizando las políticas regresivas más gente va a salir a las calles.

Quizá ampliar la base gravable del IVA, aunque nos afecta a todos, no es tan visible porque son 200 o 300 pesos más en cada alimento o en los bienes de consumo, pero cuando empieza a tocar temas como el salario mínimo que impacta al grueso de la sociedad en su cotidianidad o las pensiones de la gente que hoy tiene entre 30 y 40 años, las causas de movilización se vuelven más sólidas y palpables para la gente.

LSA: ¿Cree que en las protestas de los últimos años el uso de la violencia se ha intensificado? pienso en las cerca de 70 estaciones de metro de Santiago afectadas y en el incendio de edificios también en Quito.

C.C.: Es importante cuestionar qué se espera de los manifestantes. Claramente uno ve en las imágenes fuego y se asusta, pero no creo que sea la constante.

Las Madres de Plaza de Mayo en Argentina hacen una ronda todos los jueves a las 3 p.m., pero empezaron haciéndola los sábados, que era cuando no tenían que trabajar, y se dieron cuenta que habían sido poco hábiles porque ese día sólo había familias departiendo.

El efecto que tiene entre semana es que incomoda: le obstruye el paso al que va para la oficina, logra la atención de los que trabajan en el Ministerio del Interior. La movilización social por esencia es disruptiva e implica hacer cosas para las que el sistema político no está preparado y no puede responder de forma inmediata, generar caos.

El problema es fijar los límites porque la noción de violencia varía de persona a persona. Quizá desnudarme y pintarme el torso ya es violento para algunos. Es muy difícil pedirle a un grupo de manifestantes que no bloqueen una calle, que no rayen una pared, que no rompan un vidrio, lo que pasa es que no estamos acostumbrados.

Como sociedad fallamos cuando frente a una protesta nos preguntamos qué está pasando pero no por qué. Si lo hiciéramos, seríamos más comprensivos con la movilización social y con las vías de hecho.

Tampoco se le puede pedir al Estado que no actúe, pero su capacidad de respuesta no es igual a la de los manifestantes.

Con la militarización de la ciudad que ordenó Piñera casi que autocumplió su profesía de que estaban en un escenario de guerra.

Los cocteles Molotov o las piedras que normalmente usan los protestantes no se comparan con las armas ni tanquetas que tiene la fuerza pública, por ejemplo.

LSA: En Cataluña han registrado que los protestantes se están coordinando a través de una aplicación que se llama Tsunami Democràtic, ¿Cómo ha cambiado la tecnología la protesta social?

C.C.: Los movimientos sociales se caracterizan, sobre todo, por ser creativos en la medida que son capaces de apropiarse de lo que parece más negativo y volverlo una oportunidad.

Charles Tilly en su libro “Los movimientos sociales 1768 a 2008” muestra cómo han construído su repertorio a lo largo del tiempo con lo que tienen a la mano, desde la imprenta o el telégrafo, hasta llegar al uso de las redes sociales, pero éstas no son la causa ni la esencia de la movilización social.

Las aerolíneas de bajo costo, que posiblemente explotan a sus trabajadores y hasta representan un riesgo para la seguridad de los usuarios, también les dan una ventaja para poder viajar y conectarse con grupos de otras regiones, y por eso las usan.

LSA: ¿Qué implicaciones tiene para la movilización el giro hacia la izquierda o la derecha que se está jugando con las elecciones de Bolivia, Uruguay, Argentina, Canadá?

C.C.: No es posible desconectar lo electoral de las movilizaciones pero tampoco construir relaciones de causalidad.

En América Latina sí se dio cierto giro hacia la izquierda o por lo menos hacia gobiernos distintos a lo que había antes, y ese cambio estuvo precedido por fuertes movilizaciones sociales en la calle o por la acción de movimientos hacia adentro muy fuertes en los diferentes países.

En 2015 la región cambia y ganan opciones de derecha, con el slogan de “recuperar algo”, incluso ese fue el de Peñalosa en Bogotá.

Pero eso no significa que los electores se hayan vuelto de derecha. Los electores en general son muy variados, no son tan juiciosos al escoger por quién o por qué votan y tampoco representan a toda la sociedad.

Lo que está claro es que la gente en América Latina ha logrado conquistas y no está dispuesta a perderlas. Esto se observa, por ejemplo, con el hecho de que en Argentina están a punto de volver a elegir el proyecto kirchnerista aunque en otra presentación, después de que Macri los devolviera a 1999, 2000.

También se observa en el hecho de que con las recientes protestas en Ecuador, Lenin Moreno, que se hizo elegir con el programa de su antecesor pero está gobernando con el de la oposición, está bastante avisado.

LSA: ¿En esa clave, hace alguna diferencia quién gane en estas elecciones en Bogotá o Medellín?

C.C.: El neoliberalismo necesita individuos convencidos en instituciones clave que permitan la continuidad de políticas, no es una cosa que tenga vida propia, por eso las elecciones siguen siendo importantes.

No es lo mismo un Estado o una ciudad gobernados por un partido de derecha neoconservador alineado con políticas neoliberales, que por un progresista.

Un ejemplo claro lo demuestra. Con Gustavo Petro el tiquete de Transmilenio era más barato en las horas valle, Peñalosa lo desmontó y de hecho aumentó la tarifa argumentando un hueco en el sistema. Más allá de si es así o no, este cambio afecta a la gente en su día a día, sobre todo a aquellos que literalmente cuentan monedas para alcanzar el final del mes.

LSA: ¿A dónde cree que nos van a conducir estas movilizaciones?

C.C.: Lo que está pasando en Chile encendió una chispa que va a empoderar el movimiento social, gente que probablemente no estaba organizada en ese país, lo va a hacer y en el mediano o largo plazo tal vez tenga un impacto en los resultados electorales.

En el libro “Los Días del Arcoíris” se narra cómo previo al plebiscito que terminó con la dictadura de Pinochet la gente iba en el metro, muerta del susto, y de repente alguien empezaba a tararear la canción “Chile, la alegría ya viene” y aunque no hablaban, había gente que sonreía; se dieron cuenta que había muchos más como ellos, que no son los locos del paseo y que había que hacer algo al respecto. Una persona sola no lo hace, pero si son muchos se puede animar.

No son un actor unificado y probablemente van a tener muchas diferencias, pero ya saben que tienen cosas en común.

En Ecuador, Lenin Moreno ya sabe que no va a poder distanciarse tanto del programa de su antecesor como hubiera querido.

En cuanto a nuestro país, en redes está circulando un meme que dice que Colombia despertó pero está mirando una chancleta. No creo que sea así. Colombia siempre ha estado despierta pero intentan dormirla a golpes, aunque ahora los golpes parecen ser menos efectivos que en años anteriores.

De repente la gente quiere ver en llamas la Séptima, pero eso no se compadece ni con el movimiento estudiantil ni con la minga indígena que acaba de pasar, por ejemplo. La gente poco a poco está perdiendo el desprecio por la protesta social.

Para citar:

Cepeda, C. (2018). Resistencias contra el neoliberalismo: una conceptualización de su ejercicio entre lo local y lo global. Revista Relaciones Internacionales n.39.

Cepeda, C. (2019). La ciudad de Bogotá: entre el “giro a la izquierda” y el “giro a la derecha” en América Latina. Revista Estudios Sociales del Estado v.5 n.9

Cepeda, C. (2011). Levantamientos Sociales en la Unión Europea: ¿un Ciclo de Protestas Contemporáneo? Revista Sul-Americana de Ciência Política, v.1 n.2

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

Según datos oficiales del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en 2018 Colombia perdió 197.159 hectáreas de bosque por actividades de deforestación. En concordancia con estas cifras y con el permanente llamado de alerta que hacen diferentes líderes ambientales a nivel mundial, en el país empiezan a salir propuestas científicas para hacer uso sostenible de sus suelos.

Un nuevo estudio realizado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisajes (WSL) y la participación de la Pontificia Universidad Javeriana, publicado este miércoles por la revista Science Advances, demuestra que la conversión de grandes territorios de potreros de ganadería de baja productividad en plantaciones de palma de aceite puede ser neutral en términos de emisiones de carbono. Este estudio hace parte del proyecto OPAL (Oil Palm Adaptive Landscapes), financiado por el Fondo Suizo de Investigaciones, en el que participan investigadores de Suiza, Indonesia, Camerún y Colombia.

Juan Carlos Quezada, estudiante de doctorado del Laboratorio de Sistemas Ecológicos (ECOS) de EPFL y autor principal del estudio, y Andrés Etter, profesor de la facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana y co-investigador del proyecto, afirman que este estudio ejecutado en los Llanos Orientales muestra a los principales países productores de aceite de palma que tienen grandes áreas de transformadas en pastizales para ganadería, que estos podrían convertirse favorablemente a cultivos como la palma de aceite, lo cual limitaría la pérdida masiva de carbono resultante de la deforestación y sería una alternativa para proteger los bosques tropicales.

Cabe tener en cuenta que la producción de aceite de palma ha sido criticada por los ambientalistas debido a su gran huella de carbono y su impacto negativo en la biodiversidad. Por ejemplo, la expansión de la palma de aceite en Indonesia y Malasia, los dos productores más grandes del mundo, ha causado directa o indirectamente pérdida de millones de hectáreas de bosques tropicales, reduciendo así la flora y fauna y liberando cantidades significativas de CO2 a la atmósfera.

El estudio

Para el investigador Quezada, una de las claves de éxito de su trabajo es que se ha demostrado con datos de campo que la transformación de pasturas a cultivos de palma de aceite que ocurre en los Llanos Orientales de Colombia es mucho más sostenible en emisiones de carbono comparada con la realidad que se presenta en el sudeste asiático, donde la conversión se da en el bosque primario tropical  y genera altos impactos ambientales por destrucción de la biodiversidad y emisiones de carbono como consecuencia de la deforestación.

Una de las características de los pastizales, especialmente aquellos mal manejados y degradados, es que reúnen grandes áreas de pastos con pocos árboles dispersos. Al plantar cultivos densos de palma de aceite que pueden alcanzar hasta 15 metros de altura, se incrementa la tasa de captura de carbono por unidad de superficie, gracias a las raíces, troncos y hojas de las palmeras, así como a la vegetación que los rodea.

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“Nuestro estudio tiene mucha importancia porque hemos logrado encontrar plantaciones de palma de aceite de 56 años que derivaron de pasturas en el Piedemonte Llanero. Esto es bastante novedoso en materia de investigación de la palma ya que la mayor parte de los estudios analizan los efectos durante un ciclo que son 25 o 30 años dependiendo del manejo, mientras que nosotros en los Llanos tuvimos la oportunidad de encontrar plantaciones que van terminando su segundo ciclo”, afirma el experto.

Otro aspecto importante para tener en cuenta es la profundidad del muestreo. Para el científico en mención, la toma de muestras se realizó a una profundidad de 50 centímetros en el suelo mientras que la mayor parte de las investigaciones solo analizan los primeros 20 centímetros de profundidad. “Hemos visto que a nivel del subsuelo hay un cambio importante en la dinámica del carbono y en el largo plazo, cuando hicimos los cálculos a nivel del ecosistema, evidenciamos que no hubo pérdidas de carbono. Esto es ampliamente beneficioso comparado con lo que pasa en los países donde más se produce palma de aceite, ya que no se incurre en esa deuda de carbono que llega a ser hasta de 180 toneladas por hectárea”, especifica Quezada.

Andrés Etter, co-investigador del estudio, resalta que esta es la primera vez que se hace un estudio tan exhaustivo, donde se toma en cuenta más de un ciclo de cultivo de la palma. Esto permite tener una visión mucho más completa de qué es lo que realmente pasa con las reservas de carbono aéreo y subterráneo en el agroecosistema palmero.

Cuando se le pregunta al profesor de la Javeriana por el impacto sobre la biodiversidad de las zonas, es categórico en responder que por ser áreas previamente transformadas y en parte degradadas donde no se están reemplazando bosques nativos o sabanas, la afectación de la flora y la fauna es menor.

Juan Carlos Quezada finaliza explicando que “en nuestro estudio se tomaron datos de campo y demostramos que el cambio de uso de tierra en Colombia (cuarto productor mundial de aceite de palma) es diferente al del sudeste asiático y esto le puede permitir al país y a otros con situaciones similares aprovechar esa ventaja competitiva debido a que en los países consumidores ubicados en Norteamérica y Europa existe una preocupación permanente por la deforestación que se genera en los principales estados productores”.

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