Lo que hemos visto en Chile en los últimos días podríamos verlo en Colombia

Lo que hemos visto en Chile en los últimos días podríamos verlo en Colombia

En las últimas semanas en América Latina han estallado fuertes protestas en Ecuador y ahora en Chile, que se suman a otras que están ocurriendo alrededor del mundo.

La Silla Académica entrevistó a Carolina Cepeda, profesora de movimientos sociales y relaciones internacionales de la Universidad Javeriana, autora de “Resistencias contra el neoliberalismo: una conceptualización de su ejercicio entre lo local y lo global” y “La ciudad de Bogotá: entre el “giro a la izquierda” y el “giro a la derecha” en América Latina”, sobre cómo ha sido la evolución de las movilizaciones sociales en el mundo, a qué responden y qué se puede esperar de ellas.

Cepeda cuestiona la creencia de que los colombianos no nos movilizamos y analiza los efectos que pueden tener las medidas del presidente Iván Duque e, incluso, los resultados de estas elecciones en la movilización social.

La Silla Académica: Usted ha estudiado muchas de las movilizaciones desde los 90 como resistencias al neoliberalismo ¿las recientes en Chile y Ecuador, pero también en Hong Kong o Cataluña, pueden considerarse parte de eso?

Carolina Cepeda: Hay una gran tentación a meterlo todo en el mismo paquete.

En el caso de Chile y Ecuador sí son reacciones contra el neoliberalismo, pero no entendido como una sola cosa, que funciona igual en todo el mundo.

En Londres, por ejemplo, ha habido manifestaciones desde el año pasado para presionar al Gobierno para que tome medidas contra el cambio climático; uno podría pensar que se trata de ambientalistas solamente, pero al desagregar las organizaciones que hay detrás, muchas de ellas tienen vínculos con actores que se oponen a los modos de producción y consumo capitalistas y al neoliberalismo.

Lo de Cataluña obedece a razones políticas, identitarias, de reconocimiento, pero en esas reivindicaciones se cuelan también las otras.

Carolina Cepeda, foto de Cesar Pachón

LSA: ¿Es posible que estas movilizaciones no sean ni de derecha ni de izquierda, sino que agrupen a personas diversas afectadas en sus condiciones de vida?

C.C.: Uno no tiene que ser de izquierda para marchar y en ese sentido el caso de los chalecos amarillos en Francia es interesante. En esas movilizaciones confluyeron también sectores conservadores, proteccionistas, que se opusieron al neoliberalismo en la forma que los estaba afectando a ellos que era el alza de la gasolina.

En Bolivia, ahora mismo, hay protestas porque un grupo de ciudadanos ya le había dicho a Evo que no se reeligiera y ahora le está reclamando un presunto fraude electoral.

Posiblemente, ahí está metida la élite reaccionaria, pero hay otros sectores populares que también están pidiendo que se rote el poder, gente que posiblemente habría votado por un candidato de la línea de Evo, pero diferente a él por una cuestión de principio.

Hay muchas razones que motivan a la gente a movilizarse y no todos los movimientos son progresistas. También hay unos reaccionarios, los movimientos pro vida, por ejemplo, que cumplen con todas las características: son organizados, solidarios, comparten valores, tienen diferentes formas de acción.

LSA: Usted entiende el neoliberalismo como una forma de racionalidad política ¿qué implica eso?

C.C.: Wendy Brown, una filósofa estadounidense, lo define así, lo que implica que el neoliberalismo no solo se refleja en las políticas económicas, o en las políticas sociales, sino que termina disciplinando a las personas.

Es la lógica del costo/beneficio empresarial, la lógica economicista, que se traslada a todos los aspectos de la vida social, incluso individual y que permea incluso las relaciones afectivas. Como dice Brown, toca el alma de los sujetos y los transforma.

Suena como algo fatalista de lo que no hay escapatoria, pero ayuda a entender que para que el neoliberalismo funcione tiene que operar en muchas esferas y no solamente tiene los impactos estructurales ya conocidos de la desigualdad, desmejora de las condiciones laborales, sino otros que afectan directamente la vida de las personas y contra los que éstas terminan reaccionando.

LSA: En el caso de los chalecos amarillos en Francia y de Ecuador, el detonante fue el alza en la gasolina. En el de Chile fue el alza en el tiquete del metro ¿tiene que ver esto con esos otros impactos a los que usted se refiere?

C.C.: Es importante distinguir la movilización hacia adentro y hacia afuera.

Hay personas que constantemente están construyendo movimientos sociales hacia adentro, reuniéndose con gente, haciendo educación popular y formación política.

Generalmente, lo que vemos es el pico de las movilizaciones, cuando la gente bloquea una avenida o se salta los torniquetes del metro. En esas movilizaciones se encuentran los de los movimientos sociales que se han venido formando y también la gente que ese día dijo ya no más. Que venía acumulando malestar y encuentra una vía de escape cuando los tocan muy en su vida cotidiana.

El caso de Chile lo ilustra bien porque arranca por el metro y luego la gente conecta con otras frustraciones que tiene.

Puede que el aumento del pasaje del metro no sea significativamente mayor al de años anteriores, pero se junta con el hecho de que invierto demasiado tiempo en transporte, de que el salario que estoy recibiendo no ha aumentando de la misma forma, y de que quizá el trabajo que tengo no me permite desarrollar todas mis capacidades.

LSA: Algunos medios han registrado que hace dos décadas aproximadamente Chile no vivía algo así, ¿por qué ahora?

C.C.: No estoy de acuerdo del todo con esa afirmación. Chile tuvo un movimiento estudiantil muy fuerte entre 2010-2011, con manifestaciones grandes que también le tocaron a Sebastián Piñera.

Eso podría llevar a pensar que todo le ha tocado a la derecha, pero a Michelle Bachelet, en 2006, también le tocaron las movilizaciones de los “pingüinos”, que eran estudiantes de secundaria.

Chile ha venido en una escalada de movilización social. Estoy de acuerdo que no en la magnitud de ahora, pero eso no significa que no hubiera habido antes estallidos de descontento.

Hay que entender que no todos los momentos son buenos para movilizarse ni para expandirse, pero las movilizaciones son todo menos espontáneas. No se dan porque un loco se para en la calle y le dice a los demás ‘vamos a bloquearla’.

LSA: ¿Cuándo es un buen momento para movilizarse?

C.C.: Siempre hay unos líderes, los “madrugadores”, que son los primeros que salen, que tienen experiencia porque han convocado a marchas antes. Unas veces los demás les copian y otras no; depende de que logren construir un símbolo que aglutine a otros.

Sidney Tarrow, un estadounidense experto en movimientos sociales, dice que la pregunta más importante no es por qué ni cómo sino cuándo. Siempre hay opresión, discriminación, hambre, pero la gente no se moviliza todo el tiempo.

Lo hace cuando salir a la calle es más rentable que seguir llevando su vida cotidiana.

Estamos en un momento de auge de la movilización que es muy interesante en el contexto latinoamericano.

LSA: ¿Por qué?

C.C.: Después de que en la mayoría de países de la región se diera una transición hacia la democracia, se implementaron políticas neoliberales y se le vendió a la gente la idea de “un mejor mañana”: ‘ahora nos abrochamos el cinturón pero vendrá un futuro mejor’. Lo que ha pasado es que ese futuro cada vez está más distante o la gente se ha dado cuenta que no era para ellos sino para el vecino.

Chile no está mucho peor que otros países de la región en desigualdad, según cifras de la Cepal de 2017. De hecho, está por debajo del promedio de la región que es 0,47.

La desigualdad, entonces, no solo hay que medirla en términos de lo que la gente gana o los servicios a los que accede sino de lo que a la gente le dijeron que podía tener en una economía de mercado y de lo que puede lograr en la realidad. Los estudiantes son un buen ejemplo porque en muchos países para estudiar pueden acceder a créditos pero quedan endeudados por muchos años.

En contraste, hay una clase alta que sigue concentrando los ingresos sino que tiene bienes de consumo a los que los demás no pueden aspirar.

En sociedades como la chilena o la colombiana la desigualdad es palpable, no hay que escarbar mucho.

Hay una tentación de decir que es puro resentimiento y en todo caso es entendible que a una persona le produzca un poco de rabia que le muestren lo que hay en el mundo: ‘esta es la finca que tiene su patrón, pero usted nunca va a tener algo así’ pero es, sobre todo, una cuestión de frustración.

LSA: Usted estudia la evolución de los movimientos sociales desde los 90, ¿estamos viendo algo diferente?

C.C.: En América Latina se implementaron políticas neoliberales en dos grandes fases. Al comienzo, para estabilizar las economías y, una vez relativamente estables, para abrirlas al mercado. Para ello se recurrió a la privatización de empresas y a la reducción del tamaño del Estado en cuanto a sus obligaciones sociales, por ejemplo.

Los primeros en movilizarse fueron los directamente afectados con esas medidas, sobre todo trabajadores sindicalizados y después, todos los demás que fueron despedidos o dejaron de tener acceso a servicios públicos (como en Bolivia que a varias personas les expropiaron los acueductos comunitarios en la zona periférica de Cochabamba).

Se trata de una movilización muy sectorizada hasta ese momento.

Hay organizaciones de los 90 como los zapatistas en México, los Sin Tierra en Brasil, sectores del movimiento Piquetero (de los trabajadores desocupados) en Argentina, que siguen haciendo parte de la movilización y son referentes en el plano simbólico. Pero del 2005 en adelante aparecen otros actores en escena, como el movimiento estudiantil que ya existía pero se expande o el feminista, por ejemplo, y la movilización se vuelve más diversa y plural.

LSA: ¿Cuál es la razón?

C.C.: Lo que ha pasado es que los efectos de esas políticas han ido abarcando una porción más grande de la sociedad: los que trabajan en bancos u otros sectores privados, son de clase media, han tenido educación, pero ahora sus salarios no alcanzan porque el costo de vida es muy alto.

Dado que el neoliberalismo impacta muchas esferas de la sociedad, se pueden unir en su contra sectores que en principio serían antagónicos.

LSA: ¿Es factible que, como ha dicho Maduro, las movilizaciones que hemos visto recientemente hayan sido planeadas en el Foro de Sao Paulo que se celebró en Caracas?

C.C.: Ese tipo de aseveraciones le hacen mucho daño a los movimientos sociales, no tanto porque los alineen con Maduro, que soñaría con tener tal control y ser así de poderoso, sino porque tratan de vender la idea de que los movimientos son marionetas de una cabeza maestra, sea quien sea, y eso les quita agencia y autonomía.

A los movimientos les conviene tener aliados que puedan canalizar sus demandas pero Maduro no tiene capacidad para evitar que aumenten el tiquete del metro, o más aún, para lograr que reformen los fondos privados de pensiones o mejoren el acceso a la educación que son peticiones de fondo de los chilenos, o para que bajen el precio de la gasolina en Ecuador, por ejemplo.

El Foro de Sao Paulo, además, no concentra el poder de la izquierda en el Continente.

LSA: Muchos han comparado las protestas con el suicidio con la idea de que ambos son contagiosos ¿está de acuerdo?

C.C.: En los movimientos sociales hay ciclos de protesta. Siempre que hay un gran estallido, se puede esperar que pase lo mismo en otros países. Ha sido así a lo largo de la historia. Entre los 50 y 60 hubo manifestaciones por derechos civiles en muchos lugares, después vino el movimiento pacifista y luego el estudiantil de 1968, del que hicieron parte México, Francia, Checoslovaquia con la Primavera de Praga.

Es sencillo: si una persona lo hace y le funciona, otros pueden pensar que a ellos también les puede funcionar.

El miércoles, el presidente Sebastián Piñera dijo que hará reformas. En otras palabras, cedió ante la presión de la movilización social, lo que la legitima como una vía de cambio y transformación social.

LSA: ¿Usted cree que en Colombia la única forma de participación política que tenemos instaurada son las elecciones?

C.C.: No lo creo. Es cierto que en Colombia no nos movilizamos de la misma manera que en otros países de la región, pero es injusto decir que no lo hacemos. Generalmente los referentes que tenemos son de nuestro círculo, pero por fuera de él hay gente que se moviliza o que está creando movimiento hacia adentro desde hace décadas, así no la veamos.

Durante los gobiernos de Uribe, Pastrana, Samper hubo manifestaciones, aunque no de gran magnitud, pero con la Mane en 2011 se inauguró la movilización masiva en la calle en el país, que es claro que ha venido en aumento.

LSA: ¿Por qué no hay más movilización?

C.C.: Hay varias razones que explican que en Colombia la movilización de quienes siempre están movilizados no se expanda al resto de la sociedad.

La protesta ha sido fuertemente estigmatizada. En el marco del conflicto armado, durante décadas se le asoció con la guerrilla.

Además somos la sociedad del miedo. En Colombia la primera desaparición de que tenemos registro oficial fue en 1977, pero a diferencia de Chile o Argentina, no sabemos cuál es la última porque no ha cesado. Hemos sido disciplinados para ‘no meternos en problemas’.

La tutela también ha permitido que la gente tramite de forma individual demandas que podrían ser sociales y con razón, porque tienen la posibilidad de que en 72 horas le den una solución a su caso concreto, mientras que vía movilización quizá tenga que esperar cinco meses, sin saber el resultado.

Algo similar pasa con el clientelismo. El congresista o el concejal, por ejemplo, tramitan asuntos que afectan directamente la vida de las personas como pavimentar la vía, conseguir una cita médica o cupo en un colegio, lo que calma los ánimos de la gente, pero cambios estructurales en el sistema de salud o en el educativo siguen pendientes.

LSA: ¿Podríamos ver algún tipo de “contagio” en Colombia?

C.C.: En los últimos años la cultura política ha ido cambiando.

Las marchas a favor del Acuerdo de Paz fueron muy importantes. No eran las más contestatarias ni estaban pidiendo un cambio en el statu quo, de hecho estaban respaldando al Gobierno de turno, pero por eso mismo fueron pacíficas y eso ayudó a que gente que nunca antes había salido a marchar le perdiera el miedo y desmitificara que es una práctica sólo de vándalos o de la “chusma”, sino una forma de acción política al alcance de cualquier ciudadano.

Lo que hemos visto en Chile en los últimos días también podríamos verlo en Colombia si se dan algunas condiciones.

LSA: ¿Cuáles?

C.C.: Los estudiantes, de las universidades públicas pero también de las privadas, como hemos visto, juegan un papel muy importante. No es solo cuestión de que están en la “primavera revolucionaria” sino de problemas prácticos como el alto costo de los créditos del Icetex, las altas tasas de desempleo en los jóvenes o salarios muy bajos.

A esto se suma que si este Gobierno sigue profundizando las políticas regresivas más gente va a salir a las calles.

Quizá ampliar la base gravable del IVA, aunque nos afecta a todos, no es tan visible porque son 200 o 300 pesos más en cada alimento o en los bienes de consumo, pero cuando empieza a tocar temas como el salario mínimo que impacta al grueso de la sociedad en su cotidianidad o las pensiones de la gente que hoy tiene entre 30 y 40 años, las causas de movilización se vuelven más sólidas y palpables para la gente.

LSA: ¿Cree que en las protestas de los últimos años el uso de la violencia se ha intensificado? pienso en las cerca de 70 estaciones de metro de Santiago afectadas y en el incendio de edificios también en Quito.

C.C.: Es importante cuestionar qué se espera de los manifestantes. Claramente uno ve en las imágenes fuego y se asusta, pero no creo que sea la constante.

Las Madres de Plaza de Mayo en Argentina hacen una ronda todos los jueves a las 3 p.m., pero empezaron haciéndola los sábados, que era cuando no tenían que trabajar, y se dieron cuenta que habían sido poco hábiles porque ese día sólo había familias departiendo.

El efecto que tiene entre semana es que incomoda: le obstruye el paso al que va para la oficina, logra la atención de los que trabajan en el Ministerio del Interior. La movilización social por esencia es disruptiva e implica hacer cosas para las que el sistema político no está preparado y no puede responder de forma inmediata, generar caos.

El problema es fijar los límites porque la noción de violencia varía de persona a persona. Quizá desnudarme y pintarme el torso ya es violento para algunos. Es muy difícil pedirle a un grupo de manifestantes que no bloqueen una calle, que no rayen una pared, que no rompan un vidrio, lo que pasa es que no estamos acostumbrados.

Como sociedad fallamos cuando frente a una protesta nos preguntamos qué está pasando pero no por qué. Si lo hiciéramos, seríamos más comprensivos con la movilización social y con las vías de hecho.

Tampoco se le puede pedir al Estado que no actúe, pero su capacidad de respuesta no es igual a la de los manifestantes.

Con la militarización de la ciudad que ordenó Piñera casi que autocumplió su profesía de que estaban en un escenario de guerra.

Los cocteles Molotov o las piedras que normalmente usan los protestantes no se comparan con las armas ni tanquetas que tiene la fuerza pública, por ejemplo.

LSA: En Cataluña han registrado que los protestantes se están coordinando a través de una aplicación que se llama Tsunami Democràtic, ¿Cómo ha cambiado la tecnología la protesta social?

C.C.: Los movimientos sociales se caracterizan, sobre todo, por ser creativos en la medida que son capaces de apropiarse de lo que parece más negativo y volverlo una oportunidad.

Charles Tilly en su libro “Los movimientos sociales 1768 a 2008” muestra cómo han construído su repertorio a lo largo del tiempo con lo que tienen a la mano, desde la imprenta o el telégrafo, hasta llegar al uso de las redes sociales, pero éstas no son la causa ni la esencia de la movilización social.

Las aerolíneas de bajo costo, que posiblemente explotan a sus trabajadores y hasta representan un riesgo para la seguridad de los usuarios, también les dan una ventaja para poder viajar y conectarse con grupos de otras regiones, y por eso las usan.

LSA: ¿Qué implicaciones tiene para la movilización el giro hacia la izquierda o la derecha que se está jugando con las elecciones de Bolivia, Uruguay, Argentina, Canadá?

C.C.: No es posible desconectar lo electoral de las movilizaciones pero tampoco construir relaciones de causalidad.

En América Latina sí se dio cierto giro hacia la izquierda o por lo menos hacia gobiernos distintos a lo que había antes, y ese cambio estuvo precedido por fuertes movilizaciones sociales en la calle o por la acción de movimientos hacia adentro muy fuertes en los diferentes países.

En 2015 la región cambia y ganan opciones de derecha, con el slogan de “recuperar algo”, incluso ese fue el de Peñalosa en Bogotá.

Pero eso no significa que los electores se hayan vuelto de derecha. Los electores en general son muy variados, no son tan juiciosos al escoger por quién o por qué votan y tampoco representan a toda la sociedad.

Lo que está claro es que la gente en América Latina ha logrado conquistas y no está dispuesta a perderlas. Esto se observa, por ejemplo, con el hecho de que en Argentina están a punto de volver a elegir el proyecto kirchnerista aunque en otra presentación, después de que Macri los devolviera a 1999, 2000.

También se observa en el hecho de que con las recientes protestas en Ecuador, Lenin Moreno, que se hizo elegir con el programa de su antecesor pero está gobernando con el de la oposición, está bastante avisado.

LSA: ¿En esa clave, hace alguna diferencia quién gane en estas elecciones en Bogotá o Medellín?

C.C.: El neoliberalismo necesita individuos convencidos en instituciones clave que permitan la continuidad de políticas, no es una cosa que tenga vida propia, por eso las elecciones siguen siendo importantes.

No es lo mismo un Estado o una ciudad gobernados por un partido de derecha neoconservador alineado con políticas neoliberales, que por un progresista.

Un ejemplo claro lo demuestra. Con Gustavo Petro el tiquete de Transmilenio era más barato en las horas valle, Peñalosa lo desmontó y de hecho aumentó la tarifa argumentando un hueco en el sistema. Más allá de si es así o no, este cambio afecta a la gente en su día a día, sobre todo a aquellos que literalmente cuentan monedas para alcanzar el final del mes.

LSA: ¿A dónde cree que nos van a conducir estas movilizaciones?

C.C.: Lo que está pasando en Chile encendió una chispa que va a empoderar el movimiento social, gente que probablemente no estaba organizada en ese país, lo va a hacer y en el mediano o largo plazo tal vez tenga un impacto en los resultados electorales.

En el libro “Los Días del Arcoíris” se narra cómo previo al plebiscito que terminó con la dictadura de Pinochet la gente iba en el metro, muerta del susto, y de repente alguien empezaba a tararear la canción “Chile, la alegría ya viene” y aunque no hablaban, había gente que sonreía; se dieron cuenta que había muchos más como ellos, que no son los locos del paseo y que había que hacer algo al respecto. Una persona sola no lo hace, pero si son muchos se puede animar.

No son un actor unificado y probablemente van a tener muchas diferencias, pero ya saben que tienen cosas en común.

En Ecuador, Lenin Moreno ya sabe que no va a poder distanciarse tanto del programa de su antecesor como hubiera querido.

En cuanto a nuestro país, en redes está circulando un meme que dice que Colombia despertó pero está mirando una chancleta. No creo que sea así. Colombia siempre ha estado despierta pero intentan dormirla a golpes, aunque ahora los golpes parecen ser menos efectivos que en años anteriores.

De repente la gente quiere ver en llamas la Séptima, pero eso no se compadece ni con el movimiento estudiantil ni con la minga indígena que acaba de pasar, por ejemplo. La gente poco a poco está perdiendo el desprecio por la protesta social.

Para citar:

Cepeda, C. (2018). Resistencias contra el neoliberalismo: una conceptualización de su ejercicio entre lo local y lo global. Revista Relaciones Internacionales n.39.

Cepeda, C. (2019). La ciudad de Bogotá: entre el “giro a la izquierda” y el “giro a la derecha” en América Latina. Revista Estudios Sociales del Estado v.5 n.9

Cepeda, C. (2011). Levantamientos Sociales en la Unión Europea: ¿un Ciclo de Protestas Contemporáneo? Revista Sul-Americana de Ciência Política, v.1 n.2

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

De pasturas a cultivos de palma de aceite: ¿una reconversión sostenible?

Según datos oficiales del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en 2018 Colombia perdió 197.159 hectáreas de bosque por actividades de deforestación. En concordancia con estas cifras y con el permanente llamado de alerta que hacen diferentes líderes ambientales a nivel mundial, en el país empiezan a salir propuestas científicas para hacer uso sostenible de sus suelos.

Un nuevo estudio realizado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) y el Instituto Federal Suizo de Investigación sobre Bosques, Nieve y Paisajes (WSL) y la participación de la Pontificia Universidad Javeriana, publicado este miércoles por la revista Science Advances, demuestra que la conversión de grandes territorios de potreros de ganadería de baja productividad en plantaciones de palma de aceite puede ser neutral en términos de emisiones de carbono. Este estudio hace parte del proyecto OPAL (Oil Palm Adaptive Landscapes), financiado por el Fondo Suizo de Investigaciones, en el que participan investigadores de Suiza, Indonesia, Camerún y Colombia.

Juan Carlos Quezada, estudiante de doctorado del Laboratorio de Sistemas Ecológicos (ECOS) de EPFL y autor principal del estudio, y Andrés Etter, profesor de la facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana y co-investigador del proyecto, afirman que este estudio ejecutado en los Llanos Orientales muestra a los principales países productores de aceite de palma que tienen grandes áreas de transformadas en pastizales para ganadería, que estos podrían convertirse favorablemente a cultivos como la palma de aceite, lo cual limitaría la pérdida masiva de carbono resultante de la deforestación y sería una alternativa para proteger los bosques tropicales.

Cabe tener en cuenta que la producción de aceite de palma ha sido criticada por los ambientalistas debido a su gran huella de carbono y su impacto negativo en la biodiversidad. Por ejemplo, la expansión de la palma de aceite en Indonesia y Malasia, los dos productores más grandes del mundo, ha causado directa o indirectamente pérdida de millones de hectáreas de bosques tropicales, reduciendo así la flora y fauna y liberando cantidades significativas de CO2 a la atmósfera.

El estudio

Para el investigador Quezada, una de las claves de éxito de su trabajo es que se ha demostrado con datos de campo que la transformación de pasturas a cultivos de palma de aceite que ocurre en los Llanos Orientales de Colombia es mucho más sostenible en emisiones de carbono comparada con la realidad que se presenta en el sudeste asiático, donde la conversión se da en el bosque primario tropical  y genera altos impactos ambientales por destrucción de la biodiversidad y emisiones de carbono como consecuencia de la deforestación.

Una de las características de los pastizales, especialmente aquellos mal manejados y degradados, es que reúnen grandes áreas de pastos con pocos árboles dispersos. Al plantar cultivos densos de palma de aceite que pueden alcanzar hasta 15 metros de altura, se incrementa la tasa de captura de carbono por unidad de superficie, gracias a las raíces, troncos y hojas de las palmeras, así como a la vegetación que los rodea.

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“Nuestro estudio tiene mucha importancia porque hemos logrado encontrar plantaciones de palma de aceite de 56 años que derivaron de pasturas en el Piedemonte Llanero. Esto es bastante novedoso en materia de investigación de la palma ya que la mayor parte de los estudios analizan los efectos durante un ciclo que son 25 o 30 años dependiendo del manejo, mientras que nosotros en los Llanos tuvimos la oportunidad de encontrar plantaciones que van terminando su segundo ciclo”, afirma el experto.

Otro aspecto importante para tener en cuenta es la profundidad del muestreo. Para el científico en mención, la toma de muestras se realizó a una profundidad de 50 centímetros en el suelo mientras que la mayor parte de las investigaciones solo analizan los primeros 20 centímetros de profundidad. “Hemos visto que a nivel del subsuelo hay un cambio importante en la dinámica del carbono y en el largo plazo, cuando hicimos los cálculos a nivel del ecosistema, evidenciamos que no hubo pérdidas de carbono. Esto es ampliamente beneficioso comparado con lo que pasa en los países donde más se produce palma de aceite, ya que no se incurre en esa deuda de carbono que llega a ser hasta de 180 toneladas por hectárea”, especifica Quezada.

Andrés Etter, co-investigador del estudio, resalta que esta es la primera vez que se hace un estudio tan exhaustivo, donde se toma en cuenta más de un ciclo de cultivo de la palma. Esto permite tener una visión mucho más completa de qué es lo que realmente pasa con las reservas de carbono aéreo y subterráneo en el agroecosistema palmero.

Cuando se le pregunta al profesor de la Javeriana por el impacto sobre la biodiversidad de las zonas, es categórico en responder que por ser áreas previamente transformadas y en parte degradadas donde no se están reemplazando bosques nativos o sabanas, la afectación de la flora y la fauna es menor.

Juan Carlos Quezada finaliza explicando que “en nuestro estudio se tomaron datos de campo y demostramos que el cambio de uso de tierra en Colombia (cuarto productor mundial de aceite de palma) es diferente al del sudeste asiático y esto le puede permitir al país y a otros con situaciones similares aprovechar esa ventaja competitiva debido a que en los países consumidores ubicados en Norteamérica y Europa existe una preocupación permanente por la deforestación que se genera en los principales estados productores”.

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Antes de votar, revise a qué se pueden comprometer los candidatos

Antes de votar, revise a qué se pueden comprometer los candidatos

Quedan pocos días para que los colombianos vayan a las urnas a escoger a los próximos gobernadores y diputados departamentales, alcaldes y concejales municipales y ediles de las Juntas Administradoras Locales del país, por los siguientes cuatro años. La participación en este proceso, además de ser un derecho constitucional –Artículo 258– también es un deber ciudadano, pues es responsabilidad de cada colombiano participar democráticamente en la elección de sus mandatarios.

Para completar esta tarea efectivamente, es necesario tener una noción clara de cuáles son los ingresos y los gastos de los gobiernos locales, con el fin de saber qué tan realistas son los planes de gobierno propuestos por los candidatos a cargos públicos y evitar la corrupción. Según el informe La Integridad Pública en América Latina y el Caribe 2018-2019 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -OCDE- y el Mapa del Índice de Corrupción de Transparencia Internacional, Colombia es uno de los países más corruptos de la región.

Los municipios en Colombia tienen tres tipos de ingresos: sus recursos propios (32%), transferencias del Gobierno Nacional (43%) y recursos de capital (25%).

La Guía de Finanzas Territoriales es una reciente publicación del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana que entrega herramientas suficientes para votar de manera informada, pues presenta cómo funciona la distribución de los recursos económicos en las regiones.

Adicionalmente, el Observatorio viene trabajando desde mediados del 2019 en una serie de fichas que presentan el manejo dado a los recursos públicos por las administraciones municipales actuales de cerca de 400 municipios del país. Así, habitantes de municipios como Tuchín en Córdoba o Caucasia en Antioquia, por ejemplo, que no suelen recibir cubrimiento periodístico detallado de sus finanzas públicas, podrán encontrar información acerca cómo se ha gastado el presupuesto educación, salud y seguridad.

“Los datos vienen de los reportes enviados por los mismos municipios al gobierno central en un formato técnico y complejo que es difícil de entender incluso para los especialistas en finanzas territoriales”, dice a Pesquisa Javeriana el economista Luis Carlos Reyes, director del Observatorio. “La presentación de los datos ha sido simplificada y puesta en un formato amigable por los expertos en hacienda pública y diseño de la información del Observatorio Fiscal”.

En el siguiente video Reyes presenta un panorama general de las finanzas regionales, las fuentes de ingresos que tienen los municipios del país, y algunas recomendaciones para reconocer la veracidad de las propuestas hechas por los candidatos con base en el desempeño del actual gobierno municipal. En caso de requerir las fichas municipales, contactar al Observatorio Fiscal aquí.

¿Cómo son los papás colombianos?

¿Cómo son los papás colombianos?

El papel del padre de familia está cambiando en Colombia y en el mundo. Ya no se trata de “el donante biológico para la concepción, el que abandona o violenta a los hijos, el que no sabe cuidarlos, el accesorio de la familia, y el que, en el mejor de los casos, provee dinero y genera estabilidad económica al hogar”, apreciaciones poco positivas y que se han vuelto comunes a lo largo del tiempo. No quiere decir que este tipo de padres haya desaparecido del todo. Sin embargo, el cambio de las estructuras familiares en el siglo XXI ha roto muchas de esas nociones estereotipadas y posiblemente anticuadas a las que los padres han sido sometidos.

Ante la propagación de tales afirmaciones, el psicólogo e investigador javeriano Milton Bermúdez-Jaimes se propuso, en compañía de colegas de otras universidades como la del Magdalena en Santa Marta, la ICESI de Cali, la Universidad Bolivariana de Palmira, estudiar la realidad actual del hombre en la pareja, en la familia y como padre. Esta vez habla no como profesor sino como papá, dice: “con mi propia experiencia de la paternidad yo decía ‘no, no creo que seamos tan de segundo nivel’; ¿qué pasa con los que no somos así? Aquí nos estamos viendo como los malos de la historia. Teníamos que ver si era así o no”. Entonces, en dónde quedan los padres colombianos que han sido más que los ‘donantes’ de aquella miguita biológica necesaria para traer a un bebé al mundo.

Con 32 departamentos y un Distrito Capital, Colombia se considera un país multiétnico y multicultural por la gran diversidad social y cultural que hay en cada una de sus regiones, diversidad que ha trascendido a las familias que las pueblan. Por esto, la investigación Contribuciones del involucramiento a la calidad de la relación y la competencia parental al nivel de seguridad y bienestar de los hijos, transcurrió en tres contextos distintos del país: Santa Marta, Cali y Bogotá, e incluyó a 422 familias de estas ciudades para explorar el rol actual del padre de familia en Colombia, distinguiéndolo por regiones.

La apuesta de esta investigación fue la de estudiar al padre, pero no de forma individual. Por un lado, leer a la familia como todo un sistema y ver cómo resolvían sus problemas, cómo enseñaban a las nuevas generaciones a enfrentar las dificultades, cómo vivían el bienestar familiar, etc., y, por otro lado, ver aspectos tanto de mamá como de papá: qué hace cada uno en términos de cuidado, la crianza de los hijos, la economía, las labores del hogar; aspectos de la vida tan sencillos pero tan dicientes como ¿el papá realmente se sienta a ayudarle a aprender las tablas de multiplicar a los niños?, y con ello determinar cómo son estos nuevos padres de la sociedad contemporánea.

Los resultados que evidencia el estudio parecen ser alentadores, pues esta aseveración de la figura paterna como simple proveedor de recursos de la casa, lo que no deja de ser una responsabilidad básica importante, hoy pasa por una transición, la que Bermúdez identifica como la transición del nuevo padre. Papás que actúan de formas que en épocas pasadas habrían sido inimaginables: están pendientes de la salud de sus hijos, ya preguntan más por quiénes son sus compañeritos, se preocupan más por sus sentimientos, asumen la responsabilidad de llevarlos a las actividades, y los hijos, incluso, se convierten en sus mejores amigos. “Yo recuerdo a un papá que me decía ‘mire, mi mejor amiga es mi hija, es con la que yo me puedo abrir (era una niñita de 8 años), yo a ella le cuento todo y le digo cómo me fue en el trabajo’” relata el psicólogo.

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El nuevo padre está en medio de nosotros

Pedro* es uno de estos nuevos padres, tiene un empleo de medio tiempo en una empresa de importaciones y exportaciones. Aun así, no sufre de apuros económicos pues su esposa tiene un empleo a tiempo completo con una muy buena remuneración. Pedro, a pesar de no tener el empleo que quisiera, se siente muy feliz de poder compartir tiempo con sus hijos.

Los de hoy son padres que, como Pedro, “están más involucrados, son más responsables; e independientemente de que muchas veces se rompa el vínculo conyugal reconocen el compromiso que tienen con sus hijos” dice Bermúdez-Jaimes. No obstante, para muchos aún resulta difícil de creer, como la mamá de Pedro, quien critica el hecho que sea él quien lleva a sus hijos al colegio y a otras actividades extracurriculares, los bañe y en muchas ocasiones prepare sus alimentos. “Después de todo, fueron tantos años en los que el machismo se impuso, que pensar en un padre que lleve a su hija al ballet, le haga trenzas para ir al colegio, le dé tete al bebé o lleve a los niños al pediatra, es algo que cuesta creer”, reconoce el psicólogo.

Según la investigación, esta transición tiene mucho que ver con el estrato socioeconómico y la región de la que provenga el padre. Los de estratos altos y bajos son los que menos comparten con su familia y “tienen el mismo argumento: tengo que buscar la comida”, expresa el investigador. “Supongamos que el de estrato bajo es celador, y de lunes a viernes tiene que salir a las 4 a.m. e irse en bicicleta para llegar al norte de Bogotá. Regresa en la noche y los fines de semana necesitan algo de esparcimiento, por lo que se va a jugar tejo con los amigos, así es su día a día y nunca tiene tiempo para sus hijos. Por su parte, con el padre de estrato alto sucede lo mismo: es el gerente de la compañía, toda la semana está ocupado y el fin de semana se va a jugar golf, pero también tiene poco tiempo para sus hijos” complementa Bermúdez.

En cambio, los que están en estratos medios, como Pedro, son los que hacen todas las maniobras para lograr mantener cierta calidad de vida. “Hemos encontrado que curiosamente eso también ha transformado nuestra propia identidad de género, porque estos son varones que ya no tienen dificultades para expresar libremente su lado femenino. Por ejemplo, en mi caso, yo comparto mis sentimientos, yo también me siento y veo El Rey León con mi hija y lloro”.

En relación con las regiones, Bermúdez-Jaimes encontró que, en la región del Valle, desde el punto de vista afectivo, los padres son los que más se involucran con sus hijos “tal vez porque ancestralmente ha sido así”, asegura el investigador. Los que son más lejanos son los de la Costa Caribe, pero son los que creen ser mejores papás. Al respecto el investigador dice que “eso tiene que ver con un fuerte peso del machismo que hay en la región”. Bogotá está en el medio, pero son los que más participan en el cuidado y la crianza de los hijos.

Evidentemente hay diferencias significativas y esto también influye en el bienestar no solo de sus hijos sino en el de toda la familia.

La realidad es que “los padres no son esenciales, porque cómo se explicaría la cantidad de hogares monoparentales de hoy en día en la población latinoamericana, que alcanzan el 48% ¿Acaso todos esos niños son desgraciados o tienen una vida terrible? No. Pero los padres, evidentemente, son importantes” señala el investigador javeriano.

En este sentido, decir que todos los padres no son más que un adorno o quienes proveen la economía de la casa es un error. Hoy, tal como lo demuestra esta investigación, hay padres diferentes, más interesados en el hogar y sin temor a reconocerlo.

*Nombre ficticio

Una ventana a la memoria de los colombianos

Una ventana a la memoria de los colombianos

Queda poco para iniciar la función. Unos diez minutos apenas, antes de que suene el tercer timbre, apaguen las luces y empiece la función. Aún hay tiempo para asegurarse de ocupar la fila indicada, el asiento correcto, y ser testigo de la variada selección de cortometrajes, documentales y videoclips que se reproducirán por primera vez en Centro Ático como parte de la Muestra Audio-Visual Universitaria Ventanas 2019.

Se trata de un espacio creado a inicios del 2005 a manera de laboratorio artístico y cinematográfico que da vida, para algunos, a años de trabajo y, para otros, a solo meses de rodaje; esto, con un fin particular, motivar el intercambio de opiniones y reflexión de estudiantes universitarios de todo el país sobre su creatividad, expresada en propuestas audiovisuales, radiales, publicitarias y fotográficas.

Aunque en principio, este espacio era exclusivo para estudiantes de la Universidad Javeriana, con los años la necesidad de vincular a jóvenes universitarios del resto del país llevó a Maria Urbanczyk, profesora de la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Javeriana y coordinadora del proyecto, a ampliar su visión y apuntarle a una meta mucho más ambiciosa: hacer un encuentro anual para la presentación de producciones audiovisuales y así dar a conocer el talento y conocimiento —a veces oculto– en todas las regiones del país, con un espíritu participativo y fuera de un contexto competitivo.

Para el 2015, Urbanczyk ya había sido curadora y jurado del material presentado en las últimas 11 ediciones de la Muestra Ventanas, junto con un equipo de cineastas, documentalistas, video artistas, artistas sonoros, realizadores de radio, críticos de cine y televisión, académicos. Esa experiencia fue suficiente para que la polaca reconociera un patrón común en cada uno de los trabajos que había evaluado: una mirada constante a la memoria colectiva del país, tejida alrededor de la historia nacional. Es decir, cómo los jóvenes recurrían a sus productos audiovisuales como medio para presentar los significados e imaginarios del pasado en Colombia y las necesidades comunitarias del presente, con la intención de modificar el futuro.

Este tema llamó profundamente la atención de Urbanczyk, lo que la motivó a iniciar un doctorado en Ciencias Sociales y Humanas en la Universidad Javeriana. Su propósito inicial era comprender cómo a partir de las narrativas audiovisuales de trabajos universitarios se construye la memoria en Colombia. Usó como fuente los trabajos que había evaluado en la Muestra Ventanas, por un periodo de diez años, de 2005 a 2014.

“La Muestra Ventanas ha reproducido más de 450 productos audiovisuales a lo largo de sus XV ediciones.”

Fueron más de cien videos analizados. Cortometrajes de ficción, documentales y otros formatos como animaciones, videos experimentales y video clips; días completos reproduciendo una y otra vez los mismos trabajos para construir una matriz de información que le permitiera encontrar características en común y así clasificar los tipos de memoria (memoria de alteridad étnica, memoria del conflicto armado, memoria intergeneracional y memoria de conciencia ambiental). Así, los personajes principales, los escenarios en que se desarrollan los videos y las temáticas y problemáticas abordadas en cada trabajo, le permitieron comprender cómo perciben los jóvenes al país.

“Con frecuencia los videos universitarios no logran transcender las aulas de clase porque quedan archivados u olvidados, y la misma academia parece desconocer el valor que tienen estas obras universitarias como constructoras del sentido, de la memoria y de la comprensión de la complejidad de lo social, lo humano y lo artístico”, menciona Urbanczyk, quien también es una apasionada por la literatura rusa y los dramas polacos.

Los hallazgos

A inicios del 2018, Urbanczyk finalizó la investigación Itinerarios de la memoria colectiva del país en las narrativas audiovisuales universitarias colombianas: Muestra Ventanas 2005 – 2014 , gracias a la cual encontró hallazgos reveladores. Por ejemplo, identificó la reiterada intención de los jóvenes de narrar el conflicto armado en Colombia a partir de experiencias de sufrimiento y dolor como un factor determinante en sus obras, y la importancia de exaltar la paz como un elemento supremo en el pensamiento universitario.

Contar con un panorama nacional también le permitió a la investigadora comprender los intereses narrativos de los jóvenes por regiones. Por ejemplo, identificó la afrocolombianidad y el reconocimiento de las comunidades indígenas como un asunto de especial interés para los estudiantes del Valle y Cundinamarca. De hecho, las muestras audiovisuales presentaron la preocupación por preservar a las comunidades indígenas y la exaltación de características de identidad de los afrocolombianos a partir de sus sonidos, su música -la mayoría del Pacífico- y sus costumbres.

Para sorpresa de la investigadora, los modelos y los estilos de vida contemporáneos que están centrados en el consumo, la tecnología y la inmediatez fue el tema de mayor inconformidad de los estudiantes, pues, su real interés está concentrado en la preservación del medio ambiente.

Con esta información, la investigadora javeriana, quien es miembro del grupo de investigación Comunicación, Medios y Cultura de la Universidad, se propuso crear un producto interactivo para visualizar los videos que analizó en estos años de trabajo y que recogen de manera completa el proceso de producción audiovisual que realizan los jóvenes universitarios, desde el nacimiento de la idea hasta el producto final, la circulación y la socialización del mismo.

Así, año tras año y ahora que se lleva a cabo la XV versión de la Muestra Audio-Visual Universitaria Ventanas 2019 en la Universidad Javeriana del 16 al 18 de octubre, Urbanczyk valida su hipótesis, aquella que dice: “la mayor contribución que tienen los jóvenes universitarios, a través de sus narrativas audiovisuales, es la construcción de memorias de un país multiétnico, pluricultural y multilingüe que está en constante transformación”.

¿Cómo va la economía en el contexto global?

¿Cómo va la economía en el contexto global?

China, como la mayoría de los países orientales, ha estado bajo la lupa de las grandes potencias mundiales, como Estados Unidos y Rusia, durante las últimas décadas. El crecimiento económico del gigante asiático desde los años 80, la oferta de su mano de obra a bajo costo y su competitividad en el mercado internacional con la tecnología de punta han hecho que países latinoamericanos, como Chile y Panamá, le sigan la pista en su justa medida. Pero, aunque el de China es un caso exitoso, Colombia, cuyas condiciones de desarrollo han sido similares, aún está muy por debajo de alcanzar a sus vecinos y consolidar un modelo económico, político y social que apunte a reducir las brechas de equidad que aún permanecen.

Con el fin de encontrar respuestas sólidas y argumentadas a esta situación, el economista colombiano Luis García Echeverría recopiló documentos institucionales, cifras nacionales e internacionales provenientes del Banco de la República de Colombia, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otras fuentes, y analizó minuciosamente el escenario en relación con las teorías económicas, producto del conocimiento empírico adquirido en sus cerca de 40 años de vida docente. Resultado de este proceso, y de más de tres años de reescritura y edición con la Editorial Javeriana, es el libro La economía colombiana y la economía mundial, 1950-2017.

Se trata de una ruta de navegación que comprende las dinámicas políticas y sociales de la historia económica mundial a partir de un análisis de las teorías económicas globales, y de sus efectos en eventos socioeconómicos que han tenido lugar durante los últimos 67 años. García Echeverría seleccionó este periodo (1950-2017) por la solidez y consistencia del material obtenido de sus fuentes y en cuya fiabilidad basa el análisis.

Colombia, en relación con la economía mundial, es uno de los casos de estudio de este libro, pues García, quien también fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Pontificia Universidad Javeriana, se propuso presentar una serie de reflexiones y críticas sobre el modelo económico del país a la luz de algunos periodos clave, como la era del café en los años 50, el sistema de valor constante (UPAC), el narcotráfico, la gran crisis global de finales del siglo XX y la era del petróleo en el siglo XXI. De ahí su premisa: Colombia no ha superado la barrera del subdesarrollo económico y social, ni tampoco ha mejorado efectivamente las condiciones de vida de la mayoría de las personas para otorgarles bienestar.

En sus palabras, “los costos sociales, no fácilmente cuantificables, de la violencia y el conflicto armado no solamente retrasaron el desarrollo de la economía y la población, sino que también resquebrajaron sensiblemente el tejido social […]. El reto pendiente es mejorar la distribución de las oportunidades”.

El fin último de esta obra es proporcionarle al lector herramientas para repensar la economía, evidenciarla en su cotidianidad y, como en el aula de clase, poner a prueba el instinto, perspicacia y rigor investigativo. García, quien ha trabajado como analista de modelos económicos y desarrollo regional en el Fondo Monetario Internacional, insiste: “Si las teorías económicas no se enseñan de manera práctica, se quedan en eso, en meras teorías puestas en libros”.

De esta manera, quien abra las páginas de esta cartografía económica no solo se encontrará con un análisis profundo de la historia de la economía colombiana y mundial, sino que también verá un material actualizado, comprensible y bien fundamentado, pues esta obra no solo está dirigida a estudiosos de la economía sino a lectores de otras disciplinas que buscan enlaces con esta ciencia social.

De la prosperidad al caos: la vía venezolana

De la prosperidad al caos: la vía venezolana

Alguna vez hubo en la esquina superior de Suramérica un país diferente: con carreteras e infraestructuras de lujo, una clase media que se daba el lujo de adquirir productos de las mejores marcas e ir fines de semana completos a Estados Unidos, y una clase alta que se preciaba de comprar apartamentos de lujo en Miami. En aquel país, bendecido con unas reservas petroleras enormes y con precios internacionales altos para sus exportaciones, el desempleo se mantenía en niveles considerables frente a los de sus vecinos, el nivel de consumo estaba por encima de la media regional y, pensando en un futuro mejor, se invertían grandes presupuestos en educación universitaria y servicios sociales. Solían llamarlo la ‘Venezuela Saudita’.

Pero a la vuelta de 40 años pasó de un extremo a otro: en términos económicos, al desabastecimiento repetido de productos básicos y una inflación en alza; en los sociales, a la mayor expulsión de población en su historia, que ha llegado a ser calificada de ‘crisis humanitaria’; y en los políticos, a un régimen autoritario cerrado, hoy prácticamente aislado en el escenario internacional.

Las causas, los protagonistas y el desarrollo de aquella transformación serán abordados durante el XV Congreso La Investigación en la Pontificia Universidad Javeriana. El 12 de septiembre, durante el segundo día de actividades, se realizará el panel Mitos y realidades sobre Venezuela, en el cual la académica colombiana Socorro Ramírez, postdoctora en Ciencia Política e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia, y el venezolano Tomás Straka, doctor en Historia y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Caracas, dialogarán sobre el pasado, presente y futuro del vecino país, con Martha Lucía Márquez, directora del Instituto Pensar de la Javeriana.

Con motivo de este diálogo, Pesquisa Javeriana conversó con Márquez sobre los cambios que están ocurriendo en Venezuela, las decisiones de sus dirigentes y los efectos que todo esto tiene en la política interior y exterior de Colombia.


Pesquisa Javeriana: ¿Cómo se dio el tránsito de Venezuela de un país modelo en la región a uno tan problemático, tan conflictivo…?

Martha Lucía Márquez: Para comenzar, no estoy de acuerdo con esa definición de ‘país modelo’. Venezuela hizo su transición a la democracia en el año 1958 y en 1961 redactó una Constitución que garantizaba los derechos sociales, en un escenario en el que había los recursos para cumplir con esas garantías gracias a los ingresos petroleros. Pero desde ese momento se construyó también un modelo de Estado, que algunos autores han llamado ‘Estado mágico’, porque satisfacía las necesidades de los ciudadanos y parecía hacer realidad sus sueños. Por ejemplo, con el recurso petrolero se podían garantizar altos salarios a los empleados públicos, a los trabajadores petroleros, subsidios a las clases bajas y apoyo a los empresarios.

Por eso, se puede decir que la crisis económica actual de Venezuela tiene mucho de histórico porque se mantuvo ese mismo modelo de Estado a pesar de que en un momento se agotaron los recursos para financiarlo. Específicamente, el chavismo sobredimensionó el ‘Estado mágico’ incurriendo en más gastos de los que podía pagar, gastos no sólo para los venezolanos sino, incluso, para subsidiar a otros países como lo que se hizo en el marco de PetroCaribe.

A esta crisis contribuyó también algo coyuntural, como fue que a partir del año 2008 comenzaron a caer los precios del petróleo y el Estado se quedó sin poder pagar todos esos compromisos que había adquirido; adicionalmente, muchísimos recursos se perdieron por cuenta de la corrupción. En conclusión, la fórmula fue la de un Estado gigante e hiperactivo, originado en 1958, que se magnificó en la Revolución Bolivariana, llegando incluso a atender gastos de otros países. Por eso no se puede decir que el Estado venezolano haya sido un Estado modelo.

Ahora bien, en el campo político, aunque se puede decir que la democracia venezolana nació en 1958 puesto que desde ese entonces los presidentes fueron elegidos por elecciones regulares más o menos transparentes, el sistema político  se edificó sobre la capacidad del Estado de repartir la renta petrolera para crear consenso entre la población. Por eso, la crisis de la democracia venezolana comienza justamente cuando a finales de los años 80 el Estado no tiene cómo pagar para crear consenso entre los ciudadanos y ni atender sus demandas, lo que es antecedente de la llegada al poder de Hugo Chávez .


PJ: ¿Y los otros países de la región, lo consideraban un modelo regional?

MLM: Esta pregunta es más complicada, porque depende de cuándo y desde dónde se mire a Venezuela. En los años 70, cuando Caracas impulsó el tercermundismo, era modelo para América Latina pero no para Estados Unidos. En tiempos de Chávez, Venezuela vuelve a ser mal vista por Estados Unidos por el cuestionamiento al ALCA y la creación del ALBA pero era bien vista por los países que recibían petróleo subsidiado y que tenían acuerdos de cooperación regional con ella.

Hoy, para muchos países de la región, a excepción tal vez de Bolivia, Nicaragua y Cuba, Venezuela aparece como una amenaza a la seguridad regional por el número de venezolanos que han emigrado, que ―dicen algunos― son cerca de cerca de 4 millones que han salido por la crisis económica. La mala imagen del país también se relaciona con la connivencia del régimen con el narcotráfico.


PJ: ¿Y Colombia?

MLM: En cuanto a las relaciones binacionales ha habido una larga historia de cooperación así como momentos de conflicto ―lo que se comentará en el panel del Congreso― . Por ejemplo, desde la desgolfización de las relaciones al finalizar los años 80 primaron las relaciones de cooperación puesto que el mayor desafío para Colombia era su conflicto armado, lo que no quiere decir que en el pasado no hubiera cierto recelo por las compras y la dotación de las Fuerzas Armadas Venezolanas. Estas compras se hicieron porque Venezuela era consciente del valor estratégico del petróleo, razón por la cual ha hecho siempre una inversión grande para defender sus reservas de amenazas externas.

Más recientemente, durante el gobierno de Hugo Chávez que coincidió con la presencia de Álvaro Uribe en el poder, hubo momentos de distanciamiento entre los países, pero también de cooperación, por ejemplo, Caracas actuó como facilitador del Proceso de Paz; también fue mediador en procesos de liberación con los secuestrados. No obstante, tras la muerte de Chávez  y la sucesión de Maduro, las relaciones entraron en una fase de deterioro que permanece.

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Martha Lucía Márquez, directora Instituto Pensar. / Cortesía, archivo particular


PJ: La semana pasada se reveló que el gobierno de Nicolás Maduro está sosteniendo diálogos con EE.UU. para aliviar las tensiones y las sanciones impuestas. ¿Cree, entonces, que la salida militar a la crisis venezolana queda descartada?

MLM: Creo que Estados Unidos está endureciendo sus sanciones para lograr una salida negociada, en otras palabras, que las sanciones han sido escalonadas. Una de las últimas fue el bloqueo de activos de CITGO, y el anuncio de que los países y las empresas que compraran crudo venezolano, serían sancionadas por Estados Unidos. Con esto evidentemente, los directamente impactados van a ser los ciudadanos, pero progresivamente lo van a ser también las burocracias del Estado y los militares… eso aumenta la posibilidad de que ellos, que son los que finalmente están apoyando al gobierno ―y me estoy refiriendo a rangos medios― puedan apartarse del régimen, como ya ha ocurrido, porque de hecho hay un número enorme de ellos en las cárceles. Eso también lleva al aislamiento de la cúpula en el poder, que se lucra al mantener el control del Estado ―lo que uno podría llamar una cleptocracia de gobierno que se apropia de los recursos―, pues la pone en una situación mucho más difícil que debe llevarla a una negociación.

En otras palabras, lo que se quiere construir es un escenario en el cual, quien está en el poder, sienta que es muchísimo más costoso y riesgoso permanecer ahí que dejar su puesto, y será entonces un escenario de negociación en el que participaran no solo Estados Unidos y la oposición, sino China y Rusia. Allí el régimen buscará su salida en las mejores condiciones.

Este escenario cada vez está más cerca pero no a la vuelta de la esquina puesto que las transiciones tienen su timing; son procesos largos, y lo digo en teniendo en mente la transición del Frente Nacional en Colombia, que fue una negociación que duró dos años. Lo que sí es claro es que el régimen de Maduro no es sostenible en el tiempo por su baja legitimidad, su aislamiento internacional, por la migración descontrolada y por la precaria situación económica.


PJ: Estamos hoy a menos de año y medio de que se acabe esta década. Pensando ya en los próximos 10 años, ¿hay posibilidad de que haya un gobierno socialista en América Latina? Y si la hay, ¿qué lecciones debería aprender de Venezuela y su socialismo del siglo XXI?

MLM: Lo que se ha conocido y en algunos casos se ha autonombrado como socialismo del siglo XXI son, en realidad, regímenes políticos muy distintos. En él se incluyen la propuesta indigenista de Evo Morales, las laboristas de Luis Inazio Lula da Silva y Dilma Rousseff, que contaban con un apoyo obrero muy grande, y, por supuesto, el socialismo bolivariano de corte militarista. Son experiencias todas muy distintas que, en los últimos cinco años, fueron reemplazadas por gobiernos de derecha. Sin embargo, en las últimas semanas, a raíz de la derrota de Macri se avizora un nuevo ciclo de gobiernos de izquierda con el posible regreso del partido justicialista en Argentina.

Estos partidos de izquierda, y entre ellos las propuestas socialistas , siempre tendrán eco entre la población latinoamericana mientras la región continúe siendo el continente más inequitativo del mundo. Sería de esperar que esos gobiernos aprendan de la experiencia venezolana un sentido de realismo político, particularmente que entiendan que los Estados no pueden incurrir en gastos que no puedan sufragar y que lo que tienen que hacer es priorizar gastos dirigidos a los sectores muchísimo más vulnerables, sin poner en riesgo la estabilidad macroeconómica. Adicionalmente, deben prevenir  los riesgos del autoritarismo, explorando formas de construir consensos sin la necesidad de darle excesivos poderes a los presidentes. Finalmente,
deben abocarse a una tarea que tiene que librar prácticamente todo el mundo, esta es la batalla contra la corrupción, que se ve muchísimo más favorecida cuando hay autoritarismo y no existe la alternancia del poder.


PJ: ¿Por qué la academia colombiana tiene que estudiar a Venezuela? ¿Y qué es lo que debe estudiar?

La ciencia puede nutrirse del arte

La ciencia puede nutrirse del arte

El ‘bichito’ de la divulgación científica picó a Ángela Posada-Swafford en los años 80. Para entonces supervisaba la sección de cocina en El Nuevo Herald, la edición en español del periódico estadounidense Miami Herald, y entre las recetas, las fotos de algunos platos y las reseñas de restaurantes decidió incluir información sobre ciencia. Cuando el experimento funcionó, esta colombiana, escritora de profesión (se licenció en idiomas en la Universidad de los Andes y se graduó de la Maestría de Periodismo en la Universidad de Kansas) pero bióloga marina frustrada, encontró su camino. Seguiría escribiendo, por supuesto, pero sobre estrellas, climas extremos, los vehículos que exploran el universo, los científicos… En fin, sobre ese sueño que no pudo ser.

Entre ensayo y ensayo, prueba aquí y prueba allá, se ha consolidado como una de las periodistas científicas más importantes de Colombia. Lo ha logrado a pulso, escribiendo de todo y para todos: ha publicado en las revistas Muy Interesante, National Geographic y Esquire, en diarios como El Tiempo, y también ha dejado su sello en medios tan diversos como National Public Radio (NPR, la cadena de emisoras públicas más grande de EE.UU.) o en el Discovery Channel.

Ese recorrido como periodista independiente le ha enseñado que la ciencia siempre es interesante para el público, incluso en los formatos menos pensados. “Ahora soy consultora científica de guiones en cine, y eso es genial porque uno le dice al director cómo tiene que tratar el tema desde el punto de vista científico, y también involucro a los investigadores. De hecho, tengo ahora a cuatro implicados en un libreto”, explica con una sonrisa.

De paso por Bogotá, donde dictó un taller y la conferencia inaugural de la Maestría en Periodismo Científico que ofrecerá la Javeriana el año entrante, y aprovechó para dirigir una serie de charlas científicas en escenarios como Maloka y la Biblioteca Luis Ángel Arango. Posada-Swafford habló con Pesquisa Javeriana sobre la percepción que tiene el público de la ciencia y el papel que deben jugar todos los integrantes de la comunidad científica colombiana para divulgar con éxito las investigaciones que se realizan en el país.


Pesquisa Javeriana: ¿Por qué es tan difícil que el medio ambiente tenga la misma importancia para los medios que las noticias políticas, deportivas o de farándula?

Ángela Posada-Swafford: En los años 70 el movimiento ambientalista estaba en su clímax, pero después la gente se comenzó a aburrir. Y sucedió lo que en EE.UU. llaman backlash, o un efecto contraproducente sobre qué tanto se le dijo a la gente  que los seres humanos éramos una bacteria en el planeta. Ese fue uno de los pilares del ambientalismo, y se resumía en decir que La Tierra estaba muriéndose “porque usted existe”.

Muchos ―yo misma incluida― se dejaron llevar por esa corriente, que era aleccionadora. Y llegó el ‘aburrimiento del verde’, haciendo que el tema medioambiental cayera en un letargo. Ahora se empezó a despertar nuevamente esa conciencia de que estamos acabando con el planeta. Lo chévere es que esta conciencia ahora la tienen los jóvenes del mundo entero, estilo Greta Thunberg, la niña sueca que aboga por el cambio climático, y también las corporaciones; cuando yo cubría medio ambiente para el Miami Herald, en 1995, eso no se daba: las grandes casas automotrices, por ejemplo, no lo hacían, pero ahora pensar en verde hace parte no solo de su responsabilidad social empresarial, también se están dando cuenta de que no hacerlo les puede afectar gravemente la billetera.


PJ: ¿Cómo puede el periodismo científico aprender de ese error y aprovechar este entusiasmo de las audiencias más jóvenes?

AP: Tenemos que hacer un trabajo desde la raíz y no ser ni castigadores ni aleccionadores, ni hablar desde el púlpito, sino muy cercanos. Yo creo que debemos comenzar con los niños y seguir con ellos. Me ha funcionado trabajar con los jóvenes, porque son permeables a ciertos temas y se interesan. En mis libros, en la colección Juntos en la aventura, toco algunos de esos temas; de hecho, el próximo es sobre calentamiento global: en Arde la tierra les enseño a los niños mucha ciencia a través de un relato y explico qué es la geoingeniería, una disciplina del futuro que pretende modificar el clima; en esta novela presento además a unos investigadores basados en científicos reales, que estudian la respuesta de los insectos al cambio climático… ¡a punta de música rock! Es decir, hay que enseñarles a los chicos la ciencia de forma muy lúdica, con personajes y temas con los que se puedan relacionar, en plataformas y temas que les interesen. Es un trabajo que nos falta hacer también con los medios masivos de comunicación, especialmente con la radio y la televisión.

/ Cortesía, archivo particular.
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PJ: Precisamente, ¿por qué es tan difícil que los medios masivos se interesen por el medio ambiente y resalten por ejemplo, la advertencia de la ONU de que los ecosistemas globales sufrirán un cambio drástico para 2050?

AP: Porque a los medios les parece que es llover sobre mojado. Las alertas se producen cada rato en mayor o en menor medida, y se vuelven como el pastorcito mentiroso… Y sí, el de la ONU es un tema importantísimo, pero el editor de noticias pensará que es otra alerta más. Hay que presentar eso de otra forma. Por ejemplo, si presentáramos un gran especial, un documental con todos los fierros, en un medio masivo que, como en el caso de Colombia, lo vean en horario prime time, tendría un pequeño impacto, pero hoy para la televisión es más rentable pasar Betty la fea ―que es una historia maravillosa― que hacer este documental: no tienen el dinero ni el interés. Los pocos periodistas ambientales que hay en el país necesitan el apoyo de sus jefes para hacer este tipo de contenidos, para que les den más de un minuto y medio en el noticiero de vez en cuando.

Y por otro lado, como sector ambiental y científico, no hemos hecho industria, no hemos hecho el trabajo de hacerles entender a los medios que esto también puede ser rentable.


PJ: ¿Ese interés por parte de los medios masivos existe en otros países?

AP: Por lo menos en EE.UU. y en Europa le ponen interés, de ahí el gran éxito que tuvieron Discovery Channel y National Geographic, o el mismo History Channel, porque a la gente le gusta la ciencia, le gusta aprender, entender y deleitarse con imágenes importantes y entrevistas a gente importante. Claro que son medios que también sufren y tienen problemas de baja sintonía, no es un mundo perfecto, pero de vez en cuando emiten unos especiales impresionantes que vuelven a sacudir a la audiencia; allá Nat Geo le invierte los US$2 millones o lo que cueste un conjunto de episodios sobre la Antártida, por ejemplo, y aquí necesitamos que un Caracol y un RCN hagan eso, que se unan. ¡Qué maravilla que todas hicieran un grupo de medios!, incluso con los internacionales, y presenten un especial específicamente para nuestra región. Por ejemplo, sobre cambio climático: que nos muestren qué está pasando en Cartagena con la subida en el nivel de mar, por qué estamos sufriendo en el país con las sequías, cuál es el estado de nuestros ríos. ¡Pero algo bien lindo, bien hecho, con buenas fuentes!

Nos falta mostrar más el territorio nacional a fondo, no en la noticia de 60 segundos.


PJ: En esa especie de mundo ideal, ¿qué papel debe jugar la academia?

AP: La academia, así como la industria privada, tiene un papel fundamental. Son varios ejes: periodismo, academia, industria privada, es como un trípode. La academia tiene en sus manos ni más ni menos que la investigación, y lo que le hace falta es no solo tener publicaciones sino sacarlas al público en general de forma lúdica.

Qué lindo que la academia también se uniera en un sector. ¿Por qué no nos unimos cinco universidades importantes del país para hacer un especial con nuestras investigaciones sobre el territorio nacional, y le metemos la plata que haya que meterle para que la gente se entere? No solo por televisión, hay otras vías, como las redes sociales, pero necesitamos que sea más visible.

Yo pienso en la unión. En EE.UU. uno ve que la Universidad de Wisconsin en Madison se une con el Instituto Lamont-Doherty para hablar de geología en el Polo Sur porque sí, porque son los expertos en ese tema. Eso es lo que necesitamos en Colombia.


PJ: ¿Y qué estrategia debería seguir esa unión de ejes científicos para enamorar a las audiencias?

AP: Es un reto gigantesco. Europa y EE.UU. hacen algo que me encanta, que trato de implementar cuando puedo porque me estoy enamorando de eso, que es unir la ciencia con el arte. Tenemos que llegarle a la gente de forma que jale su corazón y sus emociones, y que, además, use los cinco sentidos para describir lo que Humboldt llamaba “la poesía descriptiva de la naturaleza”. Tenemos las artes escénicas, las plásticas, el cine… ¿Por qué no hacer por el medio ambiente lo que Jurassic Park hizo por los dinosaurios? No importa que la película no fuera exacta científicamente, pero gracias a ella la cantidad de paleontólogos que se formaron fue enorme.

En Colombia hemos tenido películas sobre medio ambiente pero no ha habido algo nacional, y eso que tenemos unos cineastas maravillosos… Yo estoy incursionando en el cine porque creo que es el camino. Por ejemplo, en series de Netflix, que cada vez necesita más contenido de América Latina. Pero que, en lugar de los temas tradicionales del conflicto, traten thrillers científicos.

Maravilloso también que se una la academia con la industria cinematográfica, con los artistas. No hay que pensar solo en un científico, un periodista o un profesor, la ciencia y el medio ambiente nos tocan a todos. Tenemos que convencer a los productores y a los consumidores. El punto es que tenemos que llegarle a la gente en las plataformas que consume. Sí, sé que estoy siendo un poco inocente en el hecho de, por ejemplo, hacer un vallenato sobre medio ambiente, ¿y por qué no? Tenemos que meter al medio ambiente y a la ciencia dentro de la vida cotidiana.

/ Cortesía, archivo particular.
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PJ: ¿Qué nos falta para llegar a ese escenario?

AP: Nos falta la voluntad. Obviamente falta plata, pero hay proyectos que siempre se pueden hacer más baratos… Nos falta la voluntad y unirnos como hormiguitas, estamos muy separados. Hoy el periodista científico no tiene que ver nada con el artista ni el conferencista, pero podemos unirnos de forma consciente. Como decía Mr. Spock en Star Trek: “El bien común pesa más que el bien individual”. Yo lo aplico como el bien de la ciencia, del público allá afuera, que es el que recibe las noticias y, en última instancia, las acciones de una industria o de una decisión política que ayude al problema ambiental. Ese beneficio en común pesa más que solo el periodismo científico, que solo el artista, que solo el comunicador de la ciencia.

Yo soy muy de unión, y lo veo en países como Noruega, donde piensan como colmenas de abejas. Eso es lo que tenemos que hacer.

Los imborrables años 70

Los imborrables años 70

Por las carreteras colombianas circulaba incólume, con sus inconfundibles curvas, el Renault 4. Concebido originalmente en Francia como un carro para la naciente clase media urbana, se consolidó como el ícono de las vacaciones familiares al cruzar el Atlántico y llegar a nuestras tierras. ‘El Cuatro’ se posicionó como el carro aspiracional por excelencia de una década que inició con una elección polémica y políticas regresivas que inspiraron un levantamiento popular a favor de distintas reivindicaciones sociales.

Todas estas ideas y su representación en el arte visual colombiano son abordadas en Múltiples y originales: arte y cultura visual en Colombia, años 70, el trabajo de los artistas plásticos e investigadores javerianos María Sol Barón y Camilo Ordóñez Robayo, publicado este año por la Editorial Javeriana. En sus páginas se redescubren las tensiones políticas, el auge de los medios visuales y la publicidad, la situación económica, las instituciones artísticas y todas las demás influencias en la obra de artistas colombianos como Bernardo Salcedo, Antonio Caro, Carlos Mayolo y Luis Ospina, entre otros.

 

 


FICHA TÉCNICA
TÍTULO:
Múltiples y originales: arte y cultura visual en Colombia, años 70
AUTORES: María Sol Barón Pino y Camilo Ordóñez Robayo
NÚMERO DE PÁGINAS: 502
AÑO DE PUBLICACIÓN: 2019
Editorial Javeriana