“Yo me vinculé al proyecto por puro chisme”, comienza María Ángela Echeverry-Galvis, profesora experta en aves de la Pontificia Universidad Javeriana. Charlaba por teléfono con Augusto João Piratelli, colega ornitólogo de la Universidad Federal de San Carlos (Brasil), una tarde a principios de 2020. Un golpe en en el vidrio de su oficina puso un punto y aparte a la conversación. “Augusto, se estrelló un pájaro”, alcanzó a decir antes de colgar y bajar ocho pisos corriendo hasta la entrada del parqueadero de su oficina, justo bajo su ventana. En la talanquera encontró el cuerpo roto y sin vida de una Piranga olivácea, un ave que migra a Colombia entre octubre y marzo.
Más tarde le contó el episodio a Piratelli. “Justamente estoy trabajando en un proyecto de colisiones de aves en ventanas”, respondió él. Motivada por esa conversación, Echeverry-Galvis se unió al proyecto. Era el inicio de la primera base de datos de colisiones de aves contra ventanas en el neotrópico, publicada en la revista Ecology en abril de 2025. El artículo reúne 4103 reportes, de 11 países, desde México hasta Argentina, identificados entre 1946 y 2020. Un diagnóstico que ofrece oportunidades para estudiar y enfrentar sistemáticamente esta problemática.
Volar hacia la ilusión, chocar con la realidad
Las colisiones de aves contra ventanas son un resultado directo de la transformación de los ecosistemas. No solo se trata del establecimiento de ciudades, plagadas de amenazas, sino de la presencia de estructuras antropogénicas en áreas urbanas y rurales.
Son pocas las edificaciones que no tienen vidrio. Ventanas, puertas corredizas, fachadas: este material es parte esencial de la arquitectura moderna. Su transparencia regala luz, amplitud y belleza. Está presente en momentos memorables, como observar un atardecer desde un edificio con vista a la ciudad, y también en otros menos dignos de recordar, como ese golpe en la nariz contra una puerta de vidrio que no vimos venir.
Ese mismo accidente ofrece una idea de la tragedia de las aves y de su causa: el efecto de continuidad del paisaje. “Como no distinguen el vidrio, creen que pueden pasar”, explica Echeverry-Galvis. Las superficies que reflejan árboles u otros elementos naturales también son trampas: las aves vuelan hacia ellas y chocan con el cristal.
Gina Patiño, egresada de la Maestría en Conservación y Uso de Biodiversidad de la Javeriana, y Jasbleady Castañeda, bióloga con maestría en Planificación Territorial y Gestión Ambiental, son creadoras de la Red de Colisión de Aves (Rebeca), una iniciativa de ciencia participativa que recopila y analiza datos de colisiones en todo el país, divulga, educa, acompaña investigaciones y ofrece alternativas para mitigar esta problemática en Colombia. Las investigadoras señalan que hay otros factores asociados a ella, como la altura de los edificios y mantener las luces encendidas durante la noche. “La probabilidad de colisión es mayor en estructuras que no superan los cuatro pisos”, puntualiza Patiño.

4103 reportes, 134 colaboradores e infinitas preguntas
La problemática de las colisiones de aves contra ventanas no es algo nuevo. Países del norte global, como Canadá y Estados Unidos, llevan más de una década estudiándola y estiman un billón de muertes anuales como consecuencia de ella, según refieren los autores de la base de datos. No obstante, la información con la que se cuenta sobre el tema en el neotrópico es escasa y las políticas públicas al respecto, pocas. He ahí el vacío que comienza a llenar la labor de los investigadores.
La construcción de una base de datos es muy similar a hacer una tarea en grupo en el colegio. Cuando llega la hora de juntar todas las partes, resultan disparejas y disonantes. El trabajo, entonces, de los investigadores fue unir fragmentos de 134 fuentes distintas y decantarlos hasta formar una sinfonía rigurosa, sustancial y útil.
La búsqueda inició en mayo de 2020, cuando Piratelli, junto con Bianca Ribeiro y Wesley Dáttilo, las otras cabezas del equipo, lanzaron una convocatoria para que, quien tuviera datos sobre colisiones de aves, pudiera enviarlos bajo ciertos estándares de calidad de la información. “Cuando publicaron la primera pregunta, todo el mundo empezó a bombardearlos y se les salió de las manos”, comenta Echeverry-Galvis entre risas.
En Canadá y Estados Unidos se calcula mil millones de muertes anuales de aves por colisión. En el neotrópico no se tiene información suficiente. Allí radica el valor de esta base de datos.
Dado el volumen de respuestas, acordaron nombrar coordinadores nacionales con la tarea de manejar la información de sus países. Así, Echeverry-Galvis tomó este papel para Colombia: “Generar una base estandarizada es complicado. Uno al principio quiere todos los detalles y cuando se da cuenta de que hay un montón de ceros y datos vacíos, esa cantidad de detalles realmente produce ruido y problemas”. Fueron los coordinadores nacionales quienes decidieron qué datos eran realmente fundamentales. “Una cosa es la base que nos soñamos, otra la que logremos”, explica.
Los datos llegaban de colecciones biológicas, museos, estudios, además de fuentes tan variopintas como los registros personales de los aficionados a los pájaros en los barrios. “De pronto las personas te mandan las fotos de sus diarios: ‘estaba sentado tomándome un tinto cuando de repente se estrelló un ave contra mi ventana’, y yo me preguntaba: ‘¿Cómo recupero la información de aquí para ponerla en la base de datos?’”, recuerda Echeverry-Galvis.
“Todos los reportes son importantes, siempre y cuando podamos hacerlos de la manera más completa posible. Los cuentos, las anécdotas… todo eso son datos, pero necesitamos decantarlos y que nos aporten en problemáticas concretas. Porque si no se nos queda en chisme. Y este per se no nos lleva nada”, concluye.
Al final, el equipo logró organizar todos los elementos para que la base de datos fuese rigurosa y útil. Productos científicos como este son la materia prima para que los investigadores formulen preguntas que permitan comprender la problemática y abordarla, de manera que cada vez menos vidas aladas terminen en la ventana de un edificio.
Las aves se estrellan, ¿y qué?
El neotrópico supera la diversidad de aves presente en el resto del mundo, incluso en sus áreas urbanas. Además, es visitado por poblaciones de aves migratorias que huyen de los meses fríos en su lugar de cría. Esto hace que la responsabilidad del neotrópico de ser un buen hogar y un buen anfitrión para las aves se convierta en un asunto de relevancia mundial. No obstante, los datos muestran que las ciudades pueden convertirse en trampas de las que pocos individuos salen con vida y, con las zonas urbanas aumentando en el neotrópico, es importante tomar medidas.
Las aves migratorias son las que enfrentan un destino más cruel. Sus largos viajes, que se dan en la noche por lo general, pueden terminar abruptamente en la ventana de un edificio con las luces encendidas. Uno de los resultados preliminares de la base de datos arroja que el mayor número de colisiones se da entre marzo y abril, y entre octubre y noviembre, los dos picos migratorios del año.
Así, las colisiones pueden llegar a ser una causa de la disminución poblacional de aves en la región. Iniciativas como la base de datos y Rebeca se lanzan a una carrera contra el tiempo en la que los vacíos de información se traducen en muertes e inacción, mientras la información arroja luces sobre lo que se puede hacer para mitigar este problema.
Pero esta carrera no solo es de estas iniciativas. Usted también puede salvar miles de vidas desde casa, ya sea reportando una colisión o previniéndola. Pesquisa Javeriana, en conjunto con Rebeca y la profesora Echeverry, le cuenta cómo hacerlo (→).

Para leer más:
Piatelli, A. J. et al. (2025). Bird-window collisions: a comprehensive dataset for the Neotropical region. Ecology, 106(6): e70126. https://esajournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/ecy.70126
TÍTULO DE LA INVESTIGACIÓN:
Bird-window collisions: a comprehensive dataset for the Neotropical region
INVESTIGADORA PRINCIPAL:
María Ángela Echeverry-Galvis
CO-INVESTIGADORES:
134 investigadores, coautores de la base de datos
INSTITUCIÓN:
Departamento de Ecología y Territorio
Facultad de Estudios Ambientales y Rurales
Pontificia Universidad Javeriana
PERIODO DE LA INVESTIGACIÓN:
2020–2025



