La infancia en la pintura histórica

La infancia en la pintura histórica

Por: Carolina Gómez Pulido // Fotografía:

El médico pediatra Gabriel Lago Barney, de la Pontifica Universidad Javeriana, habló con Pesquisa Javeriana sobre las concepciones de la infancia y como su trabajo lo llevó a relacionarse con el arte.

¿Qué es la infancia? Esta fue la pregunta que se planteó el doctor Gabriel Lago Barney cuando asumió un proyecto convocado por la Presidencia de la República a inicios de los años 90. En aquel tiempo Colombia vivía momentos difíciles, con el protagonismo violento de Pablo Escobar, el desarrollo de la epidemia del VIH, la catástrofe de Armero, la toma del Palacio de Justicia y, posteriormente, los asesinatos de candidatos presidenciales, algunos llevados a cabo por menores de edad. Ante este contexto y con la iniciativa de una nueva Constitución Política, Lago, junto a un grupo de profesionales, llevó a cabo aquel proyecto con el fin de abordar el tema del maltrato infantil desde una perspectiva científica.

Gabriel Lago estudió medicina, se especializó en pediatría, hizo maestría en Administración en Salud y Seguridad Social en la Pontificia Universidad Javeriana, y posteriormente su doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid. Si bien en su formación académica no encontramos estudios relacionados con el arte, ha hecho un recorrido exhaustivo por esta área, especialmente a partir de la pintura, con el fin de entender cómo se ha representado la infancia a lo largo de la historia.

Sobre el proceso de rastreo de la infancia, en el proyecto de la Presidencia de la República, Lago recuerda: “Cuando pidieron las estadísticas a distintas áreas para construir los denominadores y los índices de maltrato infantil en el país, el área de salud reportaba datos referenciando a los menores de 15 años; el área de justicia, a los menores de 18; el área trabajo, a los menores de 12; y el área de bienestar, a los menores de 7. En conclusión, no había un parámetro general que definiera el concepto de niño”. Un dato esencial, pues los expertos, considerando que su trabajo debería centrarse en la alta mortalidad infantil y los procesos judiciales que se acumulaban por cuenta de la violencia al interior de las familias, dieron con el concepto de ‘menor de edad’.

“En aquel momento se estaba desarrollando la nueva Constitución, la cual contempla los artículos 42 y 44 que hablan de la familia, los hijos y los derechos fundamentales de los niños, lo cual dio bases para que se generara el actual Código de Infancia”, agrega Lago, quien, al notar que existía cierta ambigüedad en la conceptualización de la niñez, optó por investigar el tema históricamente. Al buscar en la bibliografía se dio cuenta de que el concepto de infancia no estaba bien construido desde la antigüedad, lo que explica que, por ejemplo, Puyi -el último emperador chino- fuera proclamado como tal a los dos años de edad. Sin embargo, el pediatra encontró que la literatura no abarca este tema con la suficiente profundidad y, de hecho, son muy pocos los autores que hablan de manera conceptual del tema.

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‘Baco’, de Pieter Paul Rubens (hacia 1640). /Pinterest


Una percepción de los niños no muy acertada

Cuando Lago inició su búsqueda en el arte, se dio cuenta de que en la Grecia antigua se les daba mayor importancia a los amigos por encima de la familia, lo cual daba la posibilidad de que se dieran amistades entre los adultos y los adolescentes, muchas veces retratadas en pinturas de bacanales. “En el arte de Grecia y Roma se aprecia la desnudez de los niños como un signo de pureza”, comenta.

Posteriormente, durante un largo periodo, se percibe la ausencia de niños en el arte y vuelven a aparecer con la representación de tres personajes clave. La primera es en la Edad Media en la representación de la Virgen María con el niño Jesús; en esta primera imagen, Lago resalta que los niños “tienen corporalidad de adultos, es decir, son adultos miniatura y adicionalmente se muestran inexpresivos”. Posteriormente se representa a María siendo niña y, en varias pinturas, siendo educada en la lectura de los evangelios; al igual que en la primer imagen, la representación es de una mujer en miniatura. La tercera es la representación de San Juan Bautista jugando con Jesús.

Santa Ana y la Virgen niña, de castillo (siglo XVII). /Pinterest
‘Santa Ana y la Virgen niña’, de Castillo (siglo XVII). /Pinterest


Los niños protagonizando pinturas

'Niña pelando papas', de Albert Anker (1886). /Wikimedia
‘Niña pelando papas’, de Albert Anker (1886). /Wikimedia

En el Renacimiento empieza a quedar en un segundo plano la importancia de representar lo divino y se le da mayor foco a retratar a las personas. El condado de Holanda (actualmente Holanda) y España fueron los primeros en representar en la pintura a los niños con su corporalidad, la imagen retratada se acerca mucho más a la real. Posteriormente se empiezan a hacer mucho más notables pinturas de niños y niñas. Pintores como Bartolomé Esteban Murillo y Francisco de Goya retratan paisajes con niños y familias; a su vez, se hacen notables sus roles en las pinturas, como en el caso de las realizadas por Pieter Brueghel el Viejo en 1560 con más de 230 niños en escena jugando.

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‘Niño durmiendo en el heno’, de Albert Anker (1897). /Kunstkopie

“Los niños son representados en el medio externo acompañados de medios de transporte como caballos y vehículos, mientras que las niñas son retratadas en roles maternos u hogareños, acompañadas de muñecas”, comenta Lago. Estos elementos característicos van definiendo poco a poco ciertos roles sociales que se empiezan a atribuir según el género: por ejemplo, al retratar las actividades de la infancia, se muestra a las niñas al interior del hogar dedicadas al aseo, la cocción de alimentos, el cuidado de la casa y de otros niños, a aprender de la mano de otra mujer cómo leer, bailar y tocar instrumentos musicales o a acicalarse. Muy pocas veces se retratan niñas en el exterior de su hogar y, cuando sucede, no están solas sino en compañía de adultos realizando actividades como recogiendo flores o leña, mercando o lavando la ropa, mientras que, en el caso de los niños, se retratan generalmente fuera del hogar jugando en la calle, hablando con sus amigos o, simplemente, descansando.

Al retratar el contexto escolar de los niños, en primera estancia, se hacen visibles escuelas masculinas y, a medida que pasa el tiempo, las niñas van apareciendo de manera marginal, sentadas en la parte de atrás del salón de clases o en bancas laterales. “Es hasta el siglo XIX que aparecen retratos de escuelas femeninas y mujeres enseñando en el aula; sin embargo, la representación de los profesores hombres es mucho más rígida y estricta en comparación de la representación de profesoras, en donde se ve perdido ese rigor”, explica el doctor Lago.

'Escuela de pueblo', de Morgan Weistling (1857). /Pinterest
‘Escuela de pueblo’, de Morgan Weistling (1857). /Pinterest


La infancia como un tema importante

Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia
Fotografía de Mary Ellen Wilson (1874). /Wikimedia

El arte pasó por distintas corrientes, como el Romanticismo y el Impresionismo, hasta surgir el abstracto. Al aparecer la fotografía, se retoma el registro de lo que está sucediendo socialmente con la infancia para capturar fielmente el contexto, y solo a partir del siglo XIX surge una oleada de sucesos que marcan la historia de la infancia. Lago resalta el ejemplo de Mary Ellen Wilson, la niña que protagonizó el primer rescate por una asociación protectora de animales (en la época no existía el concepto de maltrato infantil ni la sociedad se movilizaba a favor de los infantes) que sufrió por sus padres adoptivos. Con este tipo de historias se alzó la voz para hacer realidad la adopción de la Declaración de Ginebra por parte de la Sociedad de Naciones en 1924, donde por primera vez se reconoce el hecho de que los niños tienen derechos y los adultos una responsabilidad sobre esta población vulnerable.

“Todo lo que abarca el término de infancia es una construcción social con una trayectoria histórica”, concluye Lago. Aspectos como la nutrición, la higiene, la educación, la apariencia, la obediencia y la familia son parámetros que se fueron estableciendo a lo largo del tiempo como condiciones necesarias que debían tener los niños. “Pero, -dice- en el análisis situacional del proyecto de la Presidencia de la República surgió un punto de discordancia: los adolescentes”.

Ellos eran los tristes protagonistas de la violencia en Medellín, considerada a inicios de los años 90 como la ciudad más violenta del mundo por cuenta del narcoterrorismo y el sicariato. “En un mes se llegó a registrar que el 90% de homicidas y el 95% de víctimas eran menores de edad. Era casi lógico pensar en que no se podía tratar a los adolescentes como niños, por esto el Código de Infancia contempla un manejo jurídico diferente sin dejar de reconocer su condición de menor de edad. Por ello su articulado contempla conceptos como ´menor maduro´ o ´menor emancipado´, teniendo en cuenta aquellos menores en capacidad de hacer ciertas cosas que, de pronto, no todos los demás tenían la madurez de hacer. Al final, las dos variables trazadoras que pueden definir la infancia en Colombia son la reproducción de la niña y la posibilidad de fuerza laboral del niño”, reflexiona Lago.

Eso sí, resalta que, ante todo, deben ser protegidos por la ley ya que son personas en proceso de desarrollo, pero, al fin y al cabo, personas: “No podemos permitir que los niños solo tengan derechos y no deberes porque, en últimas, lo que se busca es formar personas autónomas. La autonomía conlleva responsabilidad, entonces se debe volver a los niños responsables”.

Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano
Gabriel Lago, médico pediatra e investigador de la Facultad de Medicina en la Pontificia Universidad Javeriana. /Felipe Abondano

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