Durante los primeros días de diciembre, la Pontificia Universidad Javeriana recibió la visita de un científico colombiano que trabaja en uno de los frentes estratégicos de la biotecnología farmacéutica. Roger Castillo, doctor en Farmacia dedicado al desarrollo industrial de tecnologías basadas en ARN mensajero, regresó temporalmente al país como parte de una misión de cooperación internacional orientada a fortalecer las capacidades locales para la producción autónoma de vacunas y terapias biotecnológicas.
La visita hace parte de un programa de la Agencia Alemana de Cooperación Internacional (GIZ por sus siglas en alemán), diseñado para conectar a expertos de la diáspora científica con instituciones de países en vías de desarrollo. Castillo no vino a traer soluciones, como explicó él mismo, sino a diagnosticar el terreno, identificar capacidades, vacíos, y posibilidades para que Colombia pase de ser consumidor a creador de tecnología y conocimiento aplicado.
¿Qué es la biotecnología farmacéutica?
La biotecnología farmacéutica explica Castillo, “es el uso de tecnologías y recursos basados en biológicos y en la farmacia para trabajar compuestos de diferentes orígenes y así tratar dolencias animales y humanas”. Algunos ejemplos conocidos son las vacunas, terapias génicas y tratamientos basados en ARN mensajero.
A diferencia de la investigación básica, cuya meta es comprender cómo funciona la naturaleza, la biotecnología farmacéutica reduce la distancia entre la generación de conocimiento y su aplicación. Como explica Castillo, su objetivo es convertir los hallazgos científicos en un producto que beneficie a la sociedad.
Roger Castillo comenzó su formación investigativa trabajando con microorganismos (Actinobacterias) capaces de producir moléculas capaces de producir moléculas de interés farmacéutico, como antibióticos, antitumorales entre otros. Con el tiempo, Castillo fue orientando su interés hacia la aplicación de la ciencia, específicamente hacia la transformación del conocimiento básico en soluciones concretas para la salud de las personas.
Tras completar su formación doctoral, se incorporó a la industria farmacéutica, donde ha ocupado cargos vinculados a la ingeniería de procesos y al desarrollo de procesos basados en ARN. Más recientemente, se ha desempeñado como gerente de procesos de nanopartículas lipídicas (LNP), el sistema de entrega que permite que el ARN mensajero (ARNm) llegue de forma íntegra a su destino dentro del organismo de los pacientes.
Desde 2022, Castillo trabaja en CureVac, una biofarmacéutica alemana pionera en el desarrollo de tecnologías basadas en ARNm. Allí ha participado en establecer instalaciones de producción industrial y en el desarrollo de procesos para terapias de nueva generación. Actualmente, CureVac se ha fusionado con BioNTech, una de las empresas líderes mundiales en inmunoterapia y vacunas basadas en ARN, integración que fortalece las capacidades ahora en una sola compañía enfocada en el desarrollo de terapias avanzadas.
ARN mensajero: instrucciones a larga distancia
Durante la pandemia de 2020, hablar de ARN mensajero se volvió curiosamente usual, pues esta tecnología hizo parte fundamental de una generación de vacunas que ayudaron a inmunizar a millones de personas frente al virus del COVID-19. Con este método, tanto vacunas como terapias basadas en ARNm funcionan como un sistema de mensajería sofisticado.
El ARNm, empacado dentro de partículas lipídicas (LNPs), transporta las instrucciones para que las células del organismo produzcan una o varias proteínas de interés. En el caso del COVID-19 se trató de la proteína Spike. Una molécula que le permitió al sistema inmune de los vacunados aprender a reconocer al virus sin tener que pasar por la enfermedad.
Aunque la pandemia fue un acelerador para esta tecnología, no fue su punto de llegada. Tras el COVID-19, el foco de empresas como CureVac ahora parte de BioNTech ha vuelto a su origen: la medicina personalizada y el tratamiento del cáncer.

Nuevas herramientas para tratar el cáncer
Uno de los grandes problemas del cáncer es que “las células (las tumorales) logran “disfrazarse”, explica Castillo, para pasar desapercibidas ante el sistema inmune. Las terapias basadas en ARNm buscan inutilizar ese “disfraz” entrenando al sistema inmune para que reconozca proteínas que solo aparecen en la superficie de las células cancerosas.
El ARNm funciona como una instrucción diseñada: le indica al sistema inmune qué células no deberían estar en el cuerpo y activa una respuesta dirigida. Esto permite construir una herramienta que acompañe los tratamientos actuales como: la cirugía, quimioterapia, la radioterapia entre otros, ayudando a reducir reincidencias de la enfermedad y a mantener la vigilancia inmunológica.
Uno de los grandes retos de esta inmunoterapia es: entender las diferentes variables clínicas de cada paciente. Por eso Castillo es cauto: “Hay mucho camino que recorrer, pero estamos más cerca de la medicina personalizada”.
Soberanía científica, más que financiamiento
La misión de Castillo en Colombia se inscribe en una conversación más grande: la de construir soberanía sanitaria y científica en un mundo que avanza rápido. En este escenario, desarrollar un producto farmacéutico sigue tomando mucho tiempo y recursos que pueden llegar a miles de millones de dólares. Además de financiación, se necesita personal especializado, infraestructura, regulación y sobre todo una cultura de colaboración, precisa el investigador.
Frente a este objetivo, Castillo identifica algunos caminos posibles: Una soberanía esencial, centrada en producir localmente las vacunas del Programa Ampliado de Inmunizaciones, entre otras enfermedades infecciosas, construir una producción subsidiaria, donde el país funcione como centro de manufactura para productos ya desarrollados; o bien la investigación y desarrollo propios, una apuesta que implica construir o al menos articular todo el ecosistema científico e industrial y sostenerlo durante décadas.
Para esto no existe una respuesta única; se requiere una conversación activa entre diversos sectores y expertos, tanto dentro del país como en el exterior. Sin embargo, Roger Castillo considera que es fundamental contar con un diagnóstico completo sobre las capacidades de Colombia, que permita ubicarla con claridad dentro de este proceso.
Más allá de la tecnología, la experiencia del investigador pone en evidencia el valor de la diáspora científica y lleva a reflexionar sobre la necesidad de dejar de hablar de “fuga de cerebros” para, en su lugar, pensar en “cerebros que circulan”: investigadores e investigadoras que actúan como puentes entre ecosistemas científicos del mundo, intercambiando conocimiento, perspectivas y conexiones.



