Una vez más, los hipopótamos en Colombia acaparan los titulares. El 13 de abril la ministra de Ambiente (e) Irene Vélez anunció la activación de un plan de choque para enfrentar la expansión de estos animales por el Magdalena Medio. Se trata de la primera vez que se expide, desde el gobierno nacional, un protocolo técnico para sacrificar a 80 individuos de la especie Hippopotamus amphibius durante el segundo semestre del 2026, de acuerdo con la ministra. Esta medida hace parte del plan de manejo que se ha implementado desde varios gobiernos atrás. Sin embargo, no escapa a la controversia.
Académicos y expertos coinciden en que es necesario reducir la cantidad de hipopótamos que viven en Colombia. Desde que el narcotraficante Pablo Escobar introdujo de forma irregular cuatro individuos en su hacienda Nápoles, en 1981, estos animales pasaron a ser responsabilidad de la extinta Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) y de la autoridad ambiental en la región: la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare). Estas instituciones no dieron abasto.
“La población fundadora de hipopótamos no tuvo un manejo adecuado, lo que condujo a que los animales se reprodujeran durante varios años sin control alguno. Sumado a ello, los ejemplares no enfrentaron ninguna presión por la presencia de enfermedades, depredadores o competidores que diezmaran su crecimiento”, dice una investigación publicada en la Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Desde el punto de vista ecológico, se dieron las condiciones para que la población de hipopótamos creciera de manera exponencial hasta el día de hoy, según el estudio. El ministerio de Ambiente estima que la población ya excede 200 individuos, y de no implementarse medidas de control, podría alcanzar los 500 ejemplares en 2030 y cerca de 1.000 en 2035.

Las alternativas que se han probado en el pasado para el manejo de los hipopótamos
Las autoridades colombianas han explorado diversas alternativas antes de considerar el sacrificio: Esterilización quirúrgica, vacunas anticonceptivas, traslados internacionales, confinamiento en zoológicos, restauración ambiental. Aunque, se han implementado, los resultados no han sido los esperados. Altos costos, complejidad logística y una población que crece muy rápido, han impedido que estas sean exitosas.
La esterilización quirúrgica para impedir su reproducción se ha realizado desde 2010. Cornare y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional lograron intervenir alrededor de 30 animales hasta el 2023. Cada cirugía cuesta entre 25 y 40 millones de pesos y requiere la captura del animal, el trabajo de un equipo de ocho veterinarios y la sedación profunda para poder intervenirlo.
En 2021 se inició la esterilización química con GonaCon, una vacuna inmunocontraceptiva del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Se trata de un tratamiento más económico que la cirugía y menos invasivo. En febrero de 2022, Cornare aplicó dosis a 24 hipopótamos en un piloto que la misma entidad calificó como “la opción más viable sin sacrificio masivo”.
No obstante, también ha presentado sus propias limitantes. El tratamiento requiere un seguimiento riguroso, que implica la recaptura para aplicar refuerzos. Además, la vacuna, que no se comercializa en Colombia, no tiene estudios de efectividad a largo plazo en hipopótamos, pues apenas está en evaluación.
La idea de trasladar los hipopótamos a otro país también ha estado sobre la mesa. Desde 2018, Colombia ha negociado con siete países: Ecuador, Uruguay, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana y Sudáfrica. Durante este tiempo solamente dos hipopótamos pudieron ser enviados a Ecuador y dos a Uruguay.
En 2023, un santuario mexicano manifestó interés en recibir 10 ejemplares, pero la autoridad ambiental del país impuso una restricción legal para importar especies invasoras. Filipinas había aceptado 15, el Ministerio de Ambiente autorizó cinco, pero el zoológico receptor desistió por los costos de transporte. India respondió en abril de 2026 tras un primer contacto diplomático que aún está en evaluación, según dijo la ministra encargada Vélez en rueda de prensa.
Las limitantes del transporte de un hipopótamo, que puede pesar entre una y tres toneladas, incluyen que este proceso requiere anestesia prolongada, grúas, camiones especializados, a veces helicópteros, jaulas reforzadas. Esto sin contar la principal barrera: los permisos sanitarios internacionales que requiere mover un animal así, pues al ser una especie en peligro en África, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres exige cumplir requerimientos técnicos, científicos y médicos, sin los cuales no ha sido posible mover algunos ejemplares a otros países.
“Trasladar al interior de Colombia es igualmente difícil por falta de instalaciones apta”, explica el profesor Germán Jiménez, del departamento de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana y quien ha investigado estos animales por más de una década. “Los zoológicos colombianos son pequeños y no están preparados para semejante escala. Y confinarlos en un santuario en Hacienda Nápoles, como se ha propuesto, crearía un zoológico gigante que costaría miles de millones mantener, todo, sin resolver el problema de los cientos que ya están dispersos por el Magdalena Medio”, sostiene el investigador javeriano.
Cabe recordar que los hipopótamos originales eran tres machos y una sola hembra. Esto hace que tengan baja diversidad genética y deformidades por endogamia, lo que también los hace más propensos a enfermedades genéticas.

“Tanto la esterilización o la reubicación no funcionan porque es dejarle el problema al Magdalena Medio. Los animales siguen consumiendo recursos, dañando los ecosistemas tanto acuáticos como terrestres, El promedio de edad de un hipopótamo en vida silvestre puede ser de 45 o 50 años. Es decir, aunque se impida que nazcan nuevos animales, los efectos ambientales seguirán durante varias décadas”, afirmó el profesor Jiménez.
En 2009, un intento de “caza de control” fue suspendido tras protestas masivas cuando cazadores mataron a Pepe, uno de los hipopótamos originales. Tres años después, un juez prohibió la caza de hipopótamos. A pesar de toda la información científica disponible, solo en 2022 fueron declarados oficialmente especie exótica invasora. “Desde el 2005 el problema se ha dejado crecer. Ha habido desidia, tanto de los gobiernos de turno como de las agencias ambientales, a dejar que el problema se salga de las manos”, añadió Jiménez.
Las autoridades también han intentado otras estrategias complementarias de mitigación ambiental como restaurar riberas con vegetación resistente al pisoteo de hipopótamos, controlar nutrientes en el agua, monitorear algunos individuos con GPS y drones y programas de pedagogía con las comunidades ribereñas. Las recomendaciones de Cornare a pescadores y campesinos de la región incluyen no transitar de noche, alejar el ganado de las orillas y evitar canoas sin protección.
Estas acciones, aunque han reducido incidentes, no atacan el problema ambiental. Un hipopótamo adulto deposita hasta 70 kilos de excremento diario en los ríos. Esto es una carga considerable de materia orgánica que puede generar un descenso de la concentración de oxígeno disponible que afecta a peces nativos y desplaza especies como el manatí, tortugas de río o nutrias.
Una investigación, en la que participó el profesor Jiménez, publicada en 2023 en Scientific Reports, una revista de Nature, comparó los esfuerzos e inversión monetaria de las alternativas para tratar a esta especie. El estudio llegó a la conclusión de que la medida más económica, la que implica menos tiempo y logística, es la eutanasia.
Eutanasia para los hipopótamos, ¿es viable?
El protocolo anunciado en los últimos días por el Ministerio establece dos modalidades alineadas con criterios científicos internacionales y que buscan el menor impacto y dolor en el animal. Una es la eutanasia química, que implica el aislamiento de cada individuo, sedación y sobredosis de un analgésico que permite una muerte indolora e inconsciente del animal. Ahora bien, como última opción, y en caso de que la sedación falle, se contempla la eutanasia física. Esto implica el disparo con arma de fuego en la cabeza del animal.
“Individuos de gran tamaño necesitan volúmenes muy grandes de analgésicos para su sacrificio, lo que lo hace más complicado y con mayores riesgos para el personal y mayor sufrimiento para el animal”, justifica el documento del ministerio. “Métodos físicos como el disparo por arma de fuego resultan más humanitarios, rápidos y poco dolorosos cuando son llevados a cabo por personal con experiencia y habilidad”, agrega.
Sin embargo, persisten dudas sobre qué tan viable es que el plan de eutanasia se ponga en marcha. Para Jiménez la meta es muy alta. Con planes anteriores se pudo atender hasta 30 hipopótamos en un año. El anuncio de la ministra implica más del doble de individuos en apenas un semestre. A pesar de que se informó que se disponen de $7.200 millones para esta estrategia, el investigador no está seguro si los recursos serán suficiente.
Para la implementación del protocolo, que sigue lineamientos internacionales de bienestar animal, quedó establecido que debe contar con un equipo de médicos veterinarios expertos en grandes mamíferos, un equipo interdisciplinario capacitado en el manejo de fauna silvestre, cazadores profesionales. Además de indumentaria como corrales metálicos de mínimo 15 m2, maquinaria amarilla para el entierro de los cuerpos y los fármacos de sedación y eutanasia. A esto se suma el tiempo de espera, pues el procedimiento se debe hacer en tierra y esta especie permanece la mayor parte del día dentro del agua.
A las dificultades técnicas se debe agregar la coyuntura del país, que está en plena época electoral, por lo que están en vigencia las limitantes en contratación de la Ley de Garantías. Esta norma busca asegurar equidad en los procesos electorales, evitando que los gobernantes desvíen recursos públicos para favorecer campañas políticas. ¿Cómo se puede entonces contratar todo lo descrito anteriormente?
Asimismo, cuatro meses, que coinciden con los tiempos planeados para el programa de eutanasia, vendrá el cambio de gobierno. Con el nuevo presidente vendrá un remezón en los que la nueva administración puede cambiar a los funcionarios técnicos. “Eso sería lo menos problemático. El nuevo gobierno puede llegar y cambiar completamente el enfoque, o simplemente no dar la prioridad a esta problemática, como ha pasado con todos los gobiernos anteriores”, añade Jiménez.
¿Cuál es el futuro de los hipopótamos en Colombia?

Finalmente, existe una problemática socio-económica ligada a los hipopótamos. Comunidades locales de municipios como Puerto Triunfo han construido durante 35 años una economía turística alrededor de estos animales. En la zona se ofrecen parques temáticos, avistamientos, tours en lancha. “Hay que hacer un trabajo previo con las comunidades. Yo no soy partidario de que se entre a practicar estos procedimientos sin haber primero sensibilizado a las comunidades y empezar a ofrecerles otras alternativas productivas”, señala el investigador.
Para el profesor Jiménez la principal opción debería ser mantener y dar financiación al plan de eutanasias. Sin embargo, ante la incertidumbre y mientras se conoce qué puede pasar, propone adaptarse y aprender a vivir con la especie invasora. “No se trata de rendirse, sino diseñar un sistema de alertas tempranas robusto que permita evaluar constantemente cuándo la situación se vuelve crítica. A partir de eso podemos tomar decisiones que salven vidas humanas y permitan proteger las especies de la región”, puntualiza.
Si bien no está asegurada su implementación, lo importante es que desde el gobierno central ya se puso como una opción real la eutanasia. Investigaciones, expertos y académicos siguen insistiendo en la necesidad de implementar esta estrategia. Los Institutos del Sistema de Investigación Ambiental – SINA, como el Humbolt, Instituto Sichi, el Invemar, así como diversos académicos de universidades colombianas y extranjeras, ONG de investigación e investigadores independientes han mostrado su respaldo a esta decisión que fue consultada con al menos 20 expertos.
Vea a continuación la conversación con el profesor German Jiménez sobre el anuncio del ministerio de ambiente.



