Por: Mónica Isabel Sierra y Francisco Javier Valencia
A 2.900 metros de altitud, en el bosque altoandino del Parque Embalse del Neusa (Cundinamarca), investigadores javerianos descubrieron un diminuto escarabajo parecido a una hormiga. Este pequeño insecto, que había pasado desapercibido para la comunidad científica, hoy sale del anonimato y recibe finalmente su reconocimiento como una nueva especie para la ciencia y para Colombia.
José Manuel Ramírez Salamanca, entomólogo y doctor en Ciencias Biológicas, ha dedicado sus investigaciones al estudio de la familia de escarabajos Staphylinidae de América del Sur. Gracias al trabajo realizado en conjunto con sus colegas del laboratorio de Entomología de la Pontificia Universidad Javeriana, hoy se conoce más sobre este insecto, que ahora se suma al gran inventario de la biodiversidad colombiana.
La especie la bautirzaron Monstrophennium bachue en honor a la diosa de la cosmovisión muisca, la matriarca que surgió de la Laguna de Iguaque y enseñó a sus hijos a tejer, construir y usar el barro. Este insecto, contrario a la gran Bachué mide apenas un milímetro y medio, el tamaño de la cabeza de un alfiler.
Para verlo, los investigadores utilizaron un potente estereoscopio, un microscopio que permite visualizar imágenes en relieve. Con este instrumento lograron amplificar los detalles de las estructuras morfológicas más distintivas que lo hacen único dentro de la familia Staphylinidae. De color pardo rojizo, el escarabajo tiene un cuerpo cubierto por finas setas (pelitos) y con un llamativo borde lateral dentado en el tórax, con pequeñas proyecciones puntiagudas que recuerda a una sierra.
El hallazgo ocurrió por casualidad en 2014 mientras el biólogo investigador Esteban Tulande Marín analizaba la composición de los suelos en las plantaciones de pino en el Neusa, introducidas en la década de 1950 para su aprovechamiento forestal. Su objetivo principal era evaluar cómo cambiaba la fauna del suelo (en especial los artrópodos) con la presencia de esta especie originaria del norte global, según las diferentes edades de tala. Para ello, comparó estos ambientes con un pequeño remanente de bosque altoandino nativo.
“Fue precisamente en ese remanente de bosque nativo donde apareció el diminuto escarabajo. En las plantaciones de pino no se encontró ningún ejemplar”, explicó José Manuel Ramirez. El descubrimiento de Monstrophennium bachue, más allá de una novedad científica más, les permitió pensar a los investigadores que el pequeño escarabajo no aparece de forma aislada, sino que su presencia se asocia en particular a especies vegetales nativas como el encenillo (Weinmannia tomentosa).
Esta relación refuerza la idea de que la restauración con flora nativa funciona: recupera el paisaje visible y reconstruye redes ecológicas invisibles y esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.
Al no encontrar la especie en las plantaciones de pino permite pensar que estos bosques introducidos han modificado las condiciones del suelo y desplazado parte de la fauna nativa.
¿Cuál es la labor de los escarabajos en el bosque?
Los escarabajos desempeñan roles fundamentales dentro de los ecosistemas del suelo: se encargan de descomponer la materia orgánica, reciclar nutrientes, airear suelos, mantener la estructura del suelo y tienen la capacidad de reducir los procesos de erosión. Por eso, su presencia suele considerarse un buen indicador de la salud de un ecosistema.
Hace 158 años fue registrada por primera vez la única especie conocida hasta ahora del género Monstrophennium. Fue bautizada spinicolle, y desde 1866 no se había hallado otro escarabajo de este género, hasta que los investigadores describieron a su especie hermana, Monstrophennium bachue, en un artículo publicado en la revista Zootaxa (Q2).
La especie Monstrophennium spinicolle fue hallada en un valle del río Magdalena, a menos de 1.000 metros sobre el nivel del mar. El lugar y ecosistema donde fue encontrado su pariente más cercano hallado hasta ahora revela algunas pistas sobre su rango de distribución. Es decir, que, aunque son del mismo género, una es más calentana y la otra, montañera.



Giovanny Fagua González, líder del grupo de investigación, destacó: “Existen aproximadamente entre 350.000 y 400.000 especies descritas de coleópteros (cucarrones o escarabajos) en el planeta Tierra, lo que representa aproximadamente el 25% de todas las formas de vida animal conocidas y el 40% de todos los insectos descritos. Habitan prácticamente en todos los ecosistemas terrestres”.
Fagua hizo énfasis en que a veces lo más extraordinario no es lo gigantesco ni lo más visible, sino aquello que permanece oculto a nuestros pies, y recordó la deuda con el estudio de la biodiversidad de los suelos en Colombia. Este insecto compatriota recientemente identificado deja la puerta abierta a nuevas investigaciones y ya es parte de las valiosas colecciones de la Universidad, el testigo de las investigaciones biológicas que realiza.
Para leer más: https://mapress.com/zt/article/view/zootaxa.5686.4.9



